Teorías del aprendizaje


CAPÍTULO VII. Familia y Tecnología



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CAPÍTULO VII. Familia y Tecnología
Mtro. José Manuel Ochoa Alcántar

Departamento de Educación

Instituto Tecnológico de Sonora

México
Visión panorámica del capítulo
La tecnología ha invadido nuestro mundo en una forma abrumadora llegando hasta el seno familiar y sus relaciones. Tecnologías como el la computadora y el Internet, reproductores de música digital, teléfonos celulares y los videojuegos son miembros más de nuestras familias con los que hay que saber convivir y usar a nuestro favor. En este capítulo se presenta la exposición que la familia actual sufre ante el acoso de las nuevas tecnologías, las formas de comunicación de las que antes no se disponían y cómo una familia puede verse perjudicada, o en un mejor escenario, beneficiada por éstas; se ofrece además por cada tema analizado, una sugerencia en cuanto a reglas, distribución del tiempo y espacio y alterativas de convivencia para su mejor aprovechamiento dentro de la familia.

Introducción

Es un hecho incuestionable: la tecnología está influenciando nuestra vida en la escuela, el trabajo y hasta nuestras familias. Así es, sin duda alguna la tecnología es ya parte de nuestro hogar, es un inquilino más en nuestra casa con el que hay que saber tratar, con el que a veces no sabemos qué esperar pero ahí lo tenemos, y vive con nosotros en forma de televisión, de computadora, de Internet, de chat, en forma de teléfono celular, de consola de videojuegos o de reproductor de música mp3. ¡Vaya! ¡Un hijo más! ¡Un hermano más! ¡Y hay que mantenerlo, cuidarlo y prestarle la debida atención!

Es muy común escuchar frases parecidas a esta: “cómo han cambiado los tiempos”. Y esto es cierto en algunas formas: ¿Recuerdas que antes para marcar un número telefónico había que discarlo número por número? No nada más ya no es necesario hacer eso (y mucho menos con los números telefónicos de 10 dígitos actualmente vigentes), sino que muchos números de teléfono ni siquiera los recordamos o los sabemos de memoria, eso ya no es necesario ya que todos están grabados en nuestro teléfono celular. ¿Grabar nuestra música favorita en cassettes para escucharla en un paseo? No más, el cargar con esas enormes grabadoras para poder escuchar nuestra música en cualquier lugar ha sido sustituido por minúsculos aparatos reproductores de mp3 que caben en la palma de nuestras manos, aparatos que la juventud lleva dondequiera con por lo menos 250 canciones (y pensar que mis cassettes de 90 minutos sólo podían con 20). ¿Juegos de mesa? ¿Qué te parece mejor, consola de videojuegos? Y así podemos seguir: televisión vs YouTube, bibliotecas vs Internet, etcétera.

La tecnología ya es parte de la vida de los papás y de los hijos de todas las edades. En el trabajo y en la escuela. Pero aquí nos enfocaremos a analizar su papel dentro de la familia: qué tecnologías están más presentes, en qué aspectos nos unen, en cuáles nos separan, qué podemos hacer para sacarles partido a nuestro favor y cómo ser una familia tecnificada sin perder la comunicación, el respeto, la convivencia, las responsabilidades y la unión.



De los 0 a los 15 años de edad en tecnología

¿Se le debe permitir usar el Internet a un niño en edad preescolar? ¿Cuál es la mejor edad para permitirles tener su propio teléfono celular? Esas son algunas preguntas difíciles de contestar para padres de familia de estos tiempos. Algunos padres toman la postura de “más es mejor” y deciden comprarles todo, los últimos juegos y aparatos. Otros prefieren esperar y ver qué es lo que hay alrededor. Pero, ¿cuál postura es mejor? A continuación presento un cuadro relacionando ciertas tecnologías con las habilidades que los niños típicamente poseen en su proceso de maduración.

Cuadro 1

Tecnologías sugeridas por edades


6 meses

Exploración



Si a esta edad quieres darle un juguete electrónico, que sea alguno que recompense la exploración por medio de luces, sonidos o movimiento. Típicamente a esta edad una sonaja es suficiente.

< 2 ½ años

Uso de los sentidos



Más que darles algo que necesita baterías para su funcionamiento, piensa que a esta edad los niños aprenden por medio del tocar, morder o chupar y de experimentar directamente con los objetos. Todavía los juguetes “tradicionales” son suficientes.

2 ½ años

Imitación y representación



En estas edades los niños gustan de los juegos de representación usando los aparatos que ven que sus propios padres usan todos los días: cosas como celulares, controles remotos y teclados. Esta es la forma en que el mundo cobra sentido para ellos, y es una actividad de aprendizaje valiosa.

3 ½ años

Juegos educativos en computadora



Debido a que ya pueden señalar y dar click con un mouse, niños de esta edad pueden empezar a usar una computadora y un navegador, pero siempre será importante el tener sitios pre-seleccionados adecuados a su edad que le puedas mostrar, sitios que enfaticen los colores, las formas y los sonidos. Esta es una buena edad para iniciar con sistemas de juegos educativos ya que los niños de esta edad saben que el movimiento de un mouse puede desencadenar un evento en una pantalla. Son lo suficientemente adeptos con habilidades motoras finas además que puede usar un control de juego del Wii o una pantalla táctil como la del Nintento DS.

5 ½ años

Google


A esta edad puede que algunos ya empiecen a leer, así que ya pueden teclear sus primeras palabras en Google para buscar temas de interés. Sólo hay que asegurarse de que los filtros de contenido inapropiado estén activados y siempre tener el monitor a la vista de uno para ver qué es lo que están haciendo.

6

Videojuegos



Los video juegos no son malos en sí, entre otras cosas permiten estar en contacto con situaciones en las que hay que solucionar problemas complejos. La única recomendación es que es muy bueno jugar con ellos y verificar las edades permitidas para cada uno de los videojuegos en la parte de atrás de la envoltura.

8 años

Cámara digital



Darles a los niños de esta edad su propia cámara digital puede ser una experiencia poderosa y una ventana al mundo desde su propia perspectiva. Es también una excusa muy buena para enseñarles a insertar la memoria de la cámara en la computadora, mantener las baterías cargadas y enviar fotos digitales por correo a los abuelos. Habilidades muy útiles si es que en tu casa hay una de estas cámaras.

11 años

Reproductores de mp3



Algunos empezarán antes, pero esta es una edad promedio en la cual están listos para iniciar sus propias colecciones de música. Ojo: hay que ser muy cuidadosos de los derechos de autor y piratería, recordemos que estos son los ciudadanos del mañana, seguirán tus pasos a la letra, así que por favor, no los presentes con software para descargar contenido ilegalmente.

13 años

Teléfono celular



Llegan los teléfonos celulares a esta edad, para ellos es muy importante en su vida social ya que se acercan poco a poco al bachillerato en donde no sólo es suficiente que haga y reciba llamadas, el teléfono debe verse bien además de tener muchos y llamativos tonos.

14 años

Redes sociales



Al tiempo que se van acercando al bachillerato, es cuando empiezan en a inmiscuirse en redes sociales más intensas usando servicios como Facebook para estar al día con sus amigos. El hacer amistades ya no es como en los viejos tiempos. El concepto de la aldea global cobra sentido.

15

Laptop


Este es un momento decisivo para todo padre, el cual envuelve confianza, apoyo y supervisión. No es un juguete barato, mucho menos un juguete. Bien utilizado ayudará a la búsqueda y organización de información y a tener su vida escolar ordenada.

Las edades previamente mencionadas pueden variar según el nivel de desarrollo de cada niño, joven y adolescente. El conocimiento que cada padre y madre de familia tengan de su hijo es mucho más certero que cualquier teoría. Pero hay un aspecto básico para ser recordado en todo momento: la tecnología no es sustituto de nuestra atención, no es niñera, no es premio ni castigo. Es un medio para conseguir algo, para crecer, para comunicarse, para desarrollar habilidades. Como tal, y con prudencia deben ser utilizados.

A continuación exploraremos cuatro tecnologías que por su nivel de penetración en la sociedad y en las familias, hemos considerado prudente el tratarlas un poco más a fondo; estamos hablando del Internet, los teléfonos celulares, reproductores de música digital y consolas de videojuegos.

Cuando hay Internet en tu casa

Es probable que el Internet sea una de las tecnologías que más han influenciado nuestra vida en la familia así como nuestro trabajo. Consideraciones sobre cómo tomar ventaja de esta herramienta en el lecho familiar deben ser tomadas en cuenta si se quiere tenerlo como amigo en vez de enemigo.

Pero, ¿por qué es tan importante este tema? Solamente en México, se estima que para el año 2011 tendremos aproximadamente 39.5 millones de usuarios (Emarketer, 2009). He aquí unas cifras interesantes al respecto (AMIPICI, 2007):


  • En el 2008 tuvimos 27.4 millones de usuarios de Internet

  • Para 2012 tendremos 43 millones

  • 73% de los usuarios son miembros activos de redes sociales

  • La penetración en telefonía móvil es de 68% de la población y se espera que para 2010 se llegue al 91.5%

  • En temas de Web 2.0 se encuentra que hay 4.9 millones de personas (8%) que comparten fotos en línea; 3.9 millones (6.3%) que comparten videos; 6.4 millones (10.4%) que ven video; 4.8 millones (7.9%) que bajan podcasts; 3 millones (5.8%) que están suscritos a un feed RSS.

Si tienes niños o adolescentes e Internet en tu familia, te darás cuenta de lo inseparables que se han vuelto hoy en día. El Internet (y todo lo que conlleva) puede convertirse en el cordón umbilical para su diversión, tareas y conectividad social (Buckleitner, 2009).

Estas nuevas conductas hacia el mundo exterior pueden traernos preocupaciones que antes no teníamos y algunos padres de familia optan por “desenchufar” el Internet, o más aún, nunca “enchufarlo”. Otros padres inundan a sus hijos con todo tipo de tecnología con la esperanza de que algún día ésta le ayude a encontrar un mejor trabajo en el futuro. Pero entonces, ¿cuál será la mejor forma de proceder?

La respuesta correcta depende mucho en las circunstancias individuales de cada quien, pero basándome en mi propia experiencia y algunos estudios (Consumer Report, 2009) es que se pueden ofrecer ideas de cómo convertir el tiempo en línea en tiempo de calidad:


  1. Mantén la computadora en lugares abiertos, nunca en cuartos cerrados.

  2. Selecciona y marca sitios de calidad por adelantado.

  3. Juega con tus hijos. Este es el mejor momento de tu vida para tomar otro “control” y redescubrir el niño que llevas dentro, lo cual te ayudará a familiarizarte con diversos juegos en línea y enterarte si realmente hay algo por qué preocuparse.

  4. Invierte en una buena suscripción de contenidos en línea.

  5. Guíalos primero, patrúllalos después. La combinación de un padre de familia que esté presente y un poderoso motor de búsqueda no tienen rival al momento de satisfacer la curiosidad de los hijos al usar el Internet. Enséñales a encontrar cosas con el uso de palabras clave.

  6. Ayúdales a convertirse en consumidores exigentes de información, que no se conformen con cualquier cosa.

  7. Crea un plan de uso de la computadora y el Internet que no interfiera con sus actividades establecidas: horas de uso, días, actividades permitidas, cantidad de tiempo permitido. Premia el uso correcto, pero habla, razona y soluciona sobre la violación a los principios de la familia al respecto.

  8. Una cosa a la vez. Muchas personas te pueden decir que el ser humano es multitarea. Pero una ventana abierta con conversaciones de chat requiere del más alto sentido de autocontrol para no desviar la atención de sus tareas escolares a conversaciones no relacionadas, que lo único que ocasionarán es hacer perder la concentración.

  9. Pídeles tú a ellos que te ayuden. Que te ayuden a organizar tus fotografías digitales, o crear álbumes digitales en línea.

  10. Averigua, investiga. ¿Sabes si tu hijo tiene perfil de Facebook? ¿Sabes lo que es eso? ¿Sabes qué tipo de información sobre las amistades de tus hijos puedes encontrar en ese sitio? De vez en cuando, y sin anuncio, preséntate para ver qué están haciendo, qué sitio están visitando, qué música escuchan.

  11. Crea un momento libre de tecnología. Los teléfonos celulares, correos electrónicos y mensajes instantáneos (SMS) pueden interrumpir el tiempo familiar. No hay que tener miedo de pedirle a los hijos que dejen el celular en casa o el automóvil cuando hagan una visita a familiares. Pide que no se tomen llamadas durante las comidas y momentos en que la familia está reunida. Y da el ejemplo.

El trabajo de un padre de familia del siglo XXI es el mismo que el de los padres de familia del siglo pasado que de alguna forma nos hicieron sobrevivir sin tanta tecnología alrededor de nosotros. Es bueno recordar que todos queremos lo mejor para nuestra familia, y no importa que estemos hablando de darles un cachorrito o una computadora con Internet, nunca habrá un reemplazo tecnológico para el tradicional, simple y sencillo apoyo, comunicación y calor familiar. Tómate el tiempo de enseñar conductas, disciplina y valores a tus hijos. Tómate el tiempo para aprender. Tú eres su ejemplo.



Mira quién habla

Los teléfonos celulares son la forma número uno de comunicación para nuestros adolescentes y jóvenes, quienes a diario se comunican con sus amigos, envían mensajes y toman fotografías por este medio. ¿Por qué son importantes? Porque permiten acceso privado y portátil al mundo sin que puedas monitorear lo que están diciendo o escribiendo. Y porque es el medio de comunicación con más crecimiento y popularidad entre niños y jóvenes: 75 millones usuarios de telefonía celular en México en el 2008 no es poca cosa (Select, 2008). Durante el mismo año se vendieron aproximadamente 25 millones de teléfonos y se estima que para el año 2009 seremos 90 millones de usuarios sólo en este país.

Desafortunadamente, este acceso provee de muchas formas de uso irresponsable si no se educa a la familia a hacerlo de una forma correcta: textos humillantes, fotografías y videos tomadas sin permiso que pueden ser subidos instantáneamente al Internet, conducir al mismo tiempo que hablar o mensajear, por mencionar algunos.

Los cada día más utilizados mensajes de texto pueden conducir a hacer trampa en los exámenes por medio del envío de mensajes o de la navegación al momento de presentar un examen; usarlos en el salón de clase es muy fácil ya que no producen casi ruido, o enviar y recibir mensajes a altas horas de la noche ya que no pueden ser detectados o escuchados por los adultos.



Ideas para el uso de celular en niños de primaria

  • Antes que nada pregúntate a ti mismo: ¿realmente necesitan un teléfono celular o es solamente porque todo mundo tiene uno?

  • Asegúrate de que entiendan las reglas. Si les das un celular, verifica que los números principales estén grabados y adviérteles que no deben contestar alguna llamada que el identificador no conozca.

  • Haz reglas acerca de cuánto tiempo se les permite usar el teléfono, que sepan claramente cuál es el uso que se le debe dar a este aparato, y muy importante, que sepan cuándo debe de estar apagado o en silencio.

  • Niños de esta edad no necesitan tener acceso a mensajes de texto.


Ideas para el uso de celular en adolescentes de secundaria

  • Trabaja con ellos algunas líneas guía para el uso apropiado: no teléfonos en la clase, el teléfono deberá estar apagado (no en silencio) en las noches, los teléfonos no son permitidos en el comedor, entre otras cosas.

  • Asegúrate que tus hijos estén usando los teléfonos apropiadamente. Esto significa que nada de mensajes ofensivos, rudos o sexuales, tampoco videos o fotos vergonzosas tomadas sin permiso.

  • El monitorear sus celulares puede ser para ellos una idea terrible, pero de vez en cuando no es mala idea verificar los mensajes que envían y reciben en su teléfono y las horas a las que hacen y reciben llamadas y mensajes para ver si están en los límites previamente establecidos para su uso.

  • Establece consecuencias reales para las violaciones a tus reglas, como el quitarles el teléfono por cierta cantidad de tiempo.


Ideas para el uso de celular en jóvenes de bachillerato

  • El hablar o mensajear al mismo tiempo que manejar está prohibido. Esta es la fuente de accidentes más frecuente entre jóvenes de esta edad.

  • Asegúrate que contesten tus llamadas. Muchos jóvenes tratan a las llamadas de los padres como algo incómodo y molesto. Mientras tú pagues el teléfono debe de haber una regla: siempre deben de contestar el teléfono cuando les hables. Siempre.

  • Pídeles que revisen un estado de cuenta enfrente de ti para que sepan exactamente cuántos minutos consumen hablando o mensajeando.

  • Marca los límites. Los teléfonos no son permitidos en el comedor familiar, en el automóvil (por lo menos).

Es indudable que el teléfono celular acerca a las personas y a las familias, pero valores como la honestidad, la no invasión a la privacidad de los demás y la ética deben ser recordados a cada momento y no pensar que el teléfono viene con un código de conducta incluido al momento de ser adquirido. El no permitir que se proporcione el número del teléfono en una forma indiscriminada, publicarlo en sitios de Internet y el uso de manos libres son recomendaciones extras que no están de más.

¿Y quién paga la cuenta? La respuesta a esta pregunta depende de una variedad de circunstancias. Pedirle a tus hijos que paguen su teléfono al 100% es una forma de hacerlos responsables de su uso. Pero al mismo tiempo, si ellos lo pagan completamente, será un poco difícil para ti el regular su uso. Una idea útil: paga una renta básica mensual que les permita estar comunicados, pero que ellos paguen los minutos extra consumidos y todo mensaje de texto que sea enviado.

El sonido de la música

¿Cuál sería el logotipo perfecto de esta generación de adolescentes y jóvenes? La silueta de un joven con audífonos en sus orejas. Y probablemente no nada más de esta generación, sólo que ahora es tal vez más común dada la abundancia de aparatos reproductores de música, desde un Ipod, hasta un simple teléfono celular.

¿Qué tiene esto que ver con tu familia? Audífonos con el volumen demasiado alto, jóvenes usando audífonos mientras conducen un automóvil, o mientras hablan con personas adultas, e inclusive durante exámenes en la escuela. Por lo que es bueno, dada su penetración en la juventud, tener en cuenta algunas situaciones en las que su uso podría salirse de las manos. Lo principal es poner ciertos límites, no sólo para ellos, inclusive para uno mismo; el establecer límites de dónde usarlos y para qué usarlos es benéfico, por ejemplo: no deben usarse mientras se conduce un auto, mientras se habla con los papás o cualquier persona adulta, no mientras se contestan exámenes y principalmente, no mientras se hacen tareas escolares.

El tener en cuenta algunos aspectos positivos tanto como negativos de esta tecnología nos puede permitir el saber que su uso correcto e incorrecto siempre dependerá de nosotros.





Pros

  • Usos educativos: no todo lo que se puede escuchar en estos aparatos es música, también existen en Internet libros, “podcasts” y hasta lecciones de idiomas que pueden ser escuchados en esos momentos de transporte por autobús a la escuela o en esos viajes largos. Ayuda a tu familia a buscar algún archivo de este tipo en la red y por qué no, trata de que se nivele su uso, esto es, un poco de música, un poco de contenido educativo. No dolerá.

  • Felicidad: esto es muy simple, la música pone de buen humor a las personas (normalmente). Buena música y audífonos equivale a escaparse por un momento de la realidad y del ruido y tener un espacio personal de felicidad con esas canciones que tanto nos gustan. Si no lo has hecho, ¡inténtalo! (y permítete cantar de vez en cuando).




Contras:

  • Daño del oído: hay que tener cuidado con el volumen. Verifica el de tus hijos, es para que lo escuchen ellos, no todo el cuarto. Muchas veces te ha tocado viajar enseguida de alguien, que aún así con audífonos puestos, se puede escuchar lo que tienen en su reproductor en ese momento. Multiplica esos momentos por 365 días, por 10 años. El sentido de la audición no será el mismo.

  • Mala educación: es muy común que mientras uno habla, haya jóvenes con audífonos puestos. Como padre no se debe permitir que se haga esto, no con uno mismo, no con los demás.

  • Dejas de escuchar al mundo exterior: si manejas con audífonos puestos puede que no escuches a una ambulancia aproximándose, o cuando alguien quiere llamar tu atención usando su claxon. De vez en cuando los sonidos naturales de la vida son agradables.


Vamos a jugar

Los videojuegos son un tema muy debatido desde sus orígenes y seguirán estando en la mira de padres de familia, investigadores e instituciones educativas. Pero la respuesta final siempre la tendrán los padres de familia. Algunas personas dicen que ciertos videojuegos pueden “enseñar” habilidades valiosas como el trabajo en equipo y la toma de decisiones en forma rápida y efectiva (Escobar-Chavez & Anderson, 2008; Gentile & Anderson, 2006; Swing & Anderson, 2008). Opiniones en contra puede argumentar acerca de la violencia y estilos de vida sedentarios que pueden ser ocasionados al jugarlos frecuentemente.

Investigaciones muestran que jóvenes y niños que juegan frecuentemente con videojuegos violentos se comportan más violentamente que aquellos que no juegan o al menos no lo hacen tan frecuentemente (Anderson, 2007; Anderson et al., 2008; Bushman & Anderson, 2007; Swing, Gentile & Anderson, 2008). Todo padre de familia debería de “jugar” con el videojuego, o pedirle a alguien que lo juegue por ellos antes de dárselo a sus hijos. Así de simple. ¿Pero cuántos han hecho esto? Es más fácil sólo regalárselos que poner atención a todos los aspectos que el juego envuelve: violencia, sexismo, y peor aún, si el videojuego recompensa esas situaciones.

¿Qué puedes hacer para saber si un videojuego es potencialmente dañino?



  • Prueba el juego por ti mismo antes de dárselo a tus hijos o regalarlo a alguien

  • Pregúntate lo siguiente: ¿existen situaciones en el juego donde haya caracteres tratando de dañar o lastimar a otros? ¿Qué tan frecuente pasa eso? ¿Más de dos veces en menos de media hora? Si existe violencia, ¿es recompensada? ¿Se muestra la violencia en una forma humorística? Si contestaste que sí a dos o más de estas preguntas, piensa muy cuidadosamente acerca de las lecciones que este juego le pueden enseñar a tu hijo.

Hay más cosas que puedes hacer al respecto: sé un consumidor inteligente y compra juegos que sean de ayuda a tus hijos, lee, pregunta por ellos, haz tu tarea. Trata de averiguar qué es lo que están jugando en la actualidad los jóvenes, lee al respecto, no les permitas tener acceso a juegos que está comprobado son violentos, aún así que estén de moda; restringe el tiempo que pasan jugando con las consolas (más de dos horas al día ya es demasiado); explícales por qué les permites jugar con unos y no jugar con otros, privilegia la razón antes que la censura.

Si sabemos jugar con todos estos aspectos a nuestro favor, no hay razón para que nuestras familias puedan compartir tiempo juntos con uno de estos juegos. ¿Qué tal una noche familiar de videojuegos? Olvida los tiempos de los jugadores solitarios, esta nueva era puede sorprendernos, ya que existen juegos que permiten a toda una familia participar juntos (Family Game Night para Wii y PlayStation 2; Game Party 2 del Wii); hacer ejercicio (Active Life Outdoor y toda la gama Fitness del Wii); juegos de roles y dramatización (You're in the Movies para el Xbox 360); los muy famosos para todas las edades que incluyen instrumentos musicales interactivos (Rock Band para el Wii, Playstation 2, Playstation 3 y Xbox 360). Inténtalo, puede que te conviertas en el mejor amigo de tu hijo, en el padre de moda, en un experto en videojuegos, o en la estrella entre los hijos de tus amigos.

Palabras finales

La tecnología ciertamente ha venido a invadir todos los aspectos de nuestra vida, incluyendo a la convivencia familiar. Estos aparatos electrónicos, computadoras e Internet no deben sobrepasar nuestro conocimiento, nuestra autoridad y nuestra vida familiar. Son instrumentos que deben estar para facilitar la vida y la comunicación, no para complicarla.

Todos los temas que en este capítulo se han tratado, desde el teléfono celular, el Internet, los reproductores de música y los videojuegos, hacen de seguro que las opiniones al respecto se dividan; pero hay un aspecto en el que todo mundo debe de estar de acuerdo: los padres de familia deben de estar involucrados en todos ellos y en la toma de decisiones. La verdadera solución a cualquier problema que envuelva cualquier tecnología es el balance. Recordemos que parte del trabajo de un padre de familia es asegurarse que los hijos tengan una vida balanceada. Nada mejor para esto que estar informados, involucrarse, privilegiar la educación sobre la coerción, y sobre todo, comunicación en todo momento.

Desde mi punto de vista, el ser una familia lleva implícito el llevar a cabo “cosas” juntos: ver televisión, acampar, viajar, comer y platicar entre muchas otras actividades más. La familia no es una unidad que simple y sencillamente exista, se define por acciones. Entonces usemos la tecnología para eso, para hacer cosas juntos. Que sea un medio de unión, de conocimiento, de respeto y de crecimiento. Los padres le enseñan a los hijos, pero los hijos le enseñan también a sus padres. Bienvenida sea la tecnología a nuestra familia.


CAPÍTULO VIII. Violencia Familiar.
Mtra. Dunia Ferrer Lozano

Facultad de Psicología

Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas

Cuba
Visión panorámica del capítulo
La violencia es un mal presente en todos los niveles de la sociedad humana y la familia no es la excepción, es sin embargo donde la misma adquiere los matices más devastadores para el desarrollo de la persona. Uno de los grandes logros al respecto es que nuestra sociedad ha hecho público este tema y ha generado un discurso social acerca del mismo; esto entre otras cosas hace posible y necesaria la existencia de este aparatado en un libro acerca de la familia.

Este capítulo comienza definiendo qué es y cómo se expresa la violencia en el marco de la familia, aborda los factores que legitiman a la misma. Posteriormente se abordan los mitos acerca de la violencia familiar y las consecuencias de la misma. Se termina describiendo algunas de las formas más comunes que adopta la violencia familiar: el maltrato infantil y la violencia contra la pareja y se termina brindando sugerencias para prevenir la violencia en el marco de las relaciones familiares.



Hacia una definición de la violencia intrafamiliar

Según el INEGI (2005) de cada 100 hogares, en 33 existe alguna forma de violencia; los miembros que más comúnmente ejercen la violencia son el hombre (49.5%) y la mujer (44%) y los que la sufren con mayor frecuencia son los hijos e hijas (45%) y cónyuges (39%).

La violencia familiar no se refiere únicamente a la violencia física, sino a las múltiples formas de violencia que pueden tener lugar dentro de la familia: sexual, económica, psicológica y generacional entre otras, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio.

Tampoco se hace alusión a un acto totalmente intencional y con el marcado objetivo de producir daño, se hace referencia a la violencia que puede aparecer desde diferentes niveles de mediatización consciente, y que si bien puede estar claramente representada en un golpe o en un grito, en muchos casos acontece de manera invisible en el diario transcurrir de la cotidianidad, sin estar registrada en las estadísticas ni en la conciencia individual de quien la recibe o genera, por su legitimación y naturalización cultural, de manera que podemos estar siendo víctimas o victimarios en nuestras familias sin apenas percatarnos.



Dentro de los núcleos teóricos comunes en los que se han movido los autores para la definición de la violencia, se encuentran:

  1. El uso de la fuerza a partir de un desequilibrio de poder (Artiles, 2001; Corsi, 2003; Domenach et. al., 1981; García & Ramos, 1998; Organización Panamericana de la Salud OPS y Organización Mundial de la Salud OMS, 2003).

  2. La producción de un daño como consecuencia (Acosta, 2002; Artiles, 2001; Corsi, 2003; OPS, y OMS, 2003).

  3. Su carácter relacional (Artiles, 2001; Corsi, 2003; Durán & Díaz, 2005).

  4. La intencionalidad del acto violento (Artiles, 2001; OPS y OMS, 2003).

  5. La posibilidad de expresarse por acción u omisión (Acosta, 2002; OPS y OMS, 2003).

A continuación explicaremos brevemente cada una de las perspectivas desde donde se ha definido en fenómeno de la violencia familiar (Ver figura 8).

Figura 8 Elementos desde donde se conceptualiza la violencia


El uso de la fuerza a partir de un desequilibrio de poder.

Toda persona según sus capacidades y características personales, ambiente familiar y social tiene cierto poder, derivados de por ejemplo: ser buen comunicador; tener dominio sobre cierto tema, recursos económicos, y/o destrezas para una actividad. Estos poderes pueden facilitar la convivencia si no se sobredimensionan en detrimento de las capacidades, conocimientos y posibilidades del otro. En este último caso se habla entonces de un desequilibrio de poder.

El desequilibrio de poder en el que se basa la relación de abuso no siempre es objetivable para un observador externo, como sería el caso de tener mayor fuerza física, o la posesión de una capacidad intelectual superior. Con frecuencia, es el producto de una construcción de significados que sólo resultan comprensibles desde los códigos interpersonales de los implicados. Resulta suficiente que alguien crea en el poder y en la fuerza del otro para que se produzca el desequilibrio, aún cuando desde una perspectiva ‘objetiva’ no tenga existencia real. Basta con que uno de los miembros de la pareja se crea inferior al otro desde cualquier punto de vista para que asuma posiciones de subordinación, que de generalizarse harán legítima la violencia en esa relación.

Detrás de toda la violencia está el poder real o atribuido (simbólico) de determinado miembro: del dueño de la casa, del que trae el dinero, del que tiene la potestad sobre los menores. Es el círculo de los más fuertes sobre los más débiles.



La producción de un daño como consecuencia

Todo acto violento produce daño en la persona a la cual va dirigido aunque éste puede ser percibido o no como tal. Los efectos pueden ir desde daños físicos y sensaciones de malestar hasta la configuración de una personalidad insegura, dependiente, con baja autoestima, aislada y carente de una red de apoyo social por la reiteración de tales hechos.

La violencia conlleva al control, la desvalorización y el sufrimiento no sólo de quien la recibe, sino que impacta también en las personas cercanas a la relación violenta. Se manifiesta en la exigencia a la obediencia, en la culpabilización sin motivo real; en limitaciones y restricciones económicas y expresiones verbales como ofensas, insultos, humillaciones y menosprecio.

Su carácter relacional

La violencia se gesta en las relaciones interpersonales y en la comunicación la cual en su sentido más amplio constituye una de las vías esenciales de expresión y potenciación de la misma. De la forma en que se haya constituido una relación interpersonal, ya sea simétrica con libertades y responsabilidades equitativas o bien en forma asimétrica, jerarquizada, de acuerdo con una posesión autoritaria del poder, seguirán las diferentes formas de resolución de conflictos inherentes a toda relación humana.

Por lo general la violencia se presenta con mayor frecuencia en las relaciones asimétricas ya que los conflictos se resuelven sólo teniendo en cuenta los intereses de quien tiene un mayor poder, mientras que en las relaciones simétricas la negociación es el mecanismo necesario para resolver los problemas.

La intencionalidad del acto violento.

La violencia se da en diferentes niveles de mediatización consciente. Es decir, para que exista la violencia, no es necesario que el sujeto tome conciencia de que está dañando al otro.

La violencia puede darse entonces independientemente del interés explícito o no de causar un daño al otro. Lo que es común al acto violento no es el daño en sí, sino la intención de someter la voluntad del otro mediante el uso de la fuerza.

La posibilidad de expresarse por acción u omisión.

La violencia incluye manifestaciones muy diversas. Algunas tienen una expresión más directa en el comportamiento, tal es el caso de la humillación, el grito, las limitaciones, el control y las amenazas. Otras manifestaciones son más sutiles y aunque atentan igualmente contra la integridad física y psíquica de quien la recibe, lo hacen de manera enmascarada, por ejemplo: la indiferencia, hacerse el sordo y no tomar en cuenta de manera sistemática los intereses del otro por mencionar sólo algunas formas de este tipo de violencia

A lo anterior se unen diferentes aspectos que no quedan enunciados con lo expuesto, así por ejemplo, la violencia incluye todos los actos que atentan contra los derechos de los individuos sean públicos o privados, sean reactivos o activos y tanto si tienen carácter delictivo como si no lo tienen.

Llevando esta problemática al contexto familiar se encuentra que la violencia familiar abarca todas las formas de relación dirigidas a dominar, someter y controlar, dentro o fuera del domicilio familiar, a cualquiera de sus miembros, o a personas que tengan alguna relación de parentesco ya sea legal o por consanguinidad.



¿Cómo se legitima la violencia?

En este ámbito autores reconocidos en el estudio de la violencia, como Alberdi y Rojas (2005) y Artiles (2000a) apoyados en sus investigaciones señalan que la posición de género y generacional son ejes cruciales por donde discurren las diferencias de poder en la familia. De ahí que se encuentren dos modalidades representativas de la violencia familiar según la persona que la recibe: la violencia conyugal o de pareja (referida fundamentalmente hacia la mujer) y el maltrato infantil.

La violencia resulta un errado mecanismo de solución de conflictos para muchas personas en tanto permite una salida rápida en la que no se aprecian siempre las consecuencias negativas (sobre todo si se ha hecho frecuente la aceptación por otros de estas conductas) y que además, posibilita el ataque ‘justificado’ como respuesta a agresiones anteriores. Precisamente estos argumentos, unido a la oportunidad de exteriorización de emociones que ofrece, perpetúan la propia violencia y la hacen cada vez más habitual en nuestro comportamiento.

Compartiendo las ideas de Corsi (2003), se asume que existen dos procesos básicos estrechamente interrelacionados que dificultan la comprensión y reconocimiento de la violencia: la invisibilización y la naturalización, ambos referidos a la aceptación acrítica de las formas de violencia que se dan en la realidad, que quedan enmascaradas detrás de conductas ‘normales’ y socialmente aprobadas.

La naturalización se apoya en construcciones culturales de significados que atraviesan y estructuran nuestro modo de percibir la realidad, traduciéndose en expresiones populares que recogen la pauta cultural legitimadora (‘aquí hace falta una mano dura’, ‘la letra con sangre entra’). De este modo las víctimas quedan atrapadas en medio de un consenso social que les impide tomar conciencia de sus derechos y del modo como están siendo vulnerados. Estas manifestaciones muchas veces se interpretan como parte de la compleja dinámica de las relaciones de pareja, incluso como muestras de amor posesivo, pero raras veces son identificadas como formas de agresión.

Muy en relación con lo anterior, la visibilidad de la violencia se define como el grado de transparencia que tiene la sociedad el cual implica el nivel de aceptación y reconocimiento de sus formas de violencia. Esto ha estado directamente vinculado con diversos obstáculos para la conceptualización y evaluación de la violencia en el marco de la familia.

Este condicionamiento de la normalización de la violencia es asumido y trasmitido de manera diferente por los numerosos agentes socializadores (familia, escuela, entre otros) llegando a configurarse en proyectos de vida, intereses, ideales, valores, motivaciones, todos a nivel individual, que orientan el comportamiento y permiten un nuevo espacio de legitimación en las relaciones que la persona construya.

Violencia vs. Familia

Paradójicamente aunque la familia es el primer grupo de socialización y por ello una fuente inagotable de experiencias, afectos y aprendizajes, las normas culturales que la definen como grupo privado estimulan indirectamente la violencia dentro de ella. La familia se debate entre ser red de sostén económico y emocional, y el ser instrumento de violencia entre sus miembros. Lamentablemente, es en la familia el contexto donde se encuentran los más altos niveles de interacciones conflictivas, lo cual constituye un factor de riesgo para la violencia (Strauss, 1980 citado por Corsi, 2004).

La familia, en tanto grupo humano, es un medio especialmente propicio para la emergencia de conflictos entre sus miembros por compartir un mismo espacio durante gran parte de su vida, siendo natural que existan por lo tanto interpretaciones distintas de los acontecimientos diarios, propuestas diferentes para solucionar los problemas, e incluso, en algunos casos, objetivos familiares diversos y concepciones dispares de cómo interactuar cotidianamente como pareja (Garda & Huerta, 2006), lo cual demandará de sus miembros la puesta en juego de sus recursos personológicos en aras de traducir este momento de contradicciones en crecimiento para sus integrantes y no en centro de desarmonía y discordia.

Al respecto Gelles & Straus (s/f citados por Corsi, 2004) señalan que factores como el tiempo que permanecen juntos los miembros de la familia, la intensidad de los vínculos interpersonales, las diferencias de edad y sexo, los roles atribuidos, el estrés propio del ciclo vital, la hermeticidad otorgada a los problemas familiares, entre otros, incrementan la vulnerabilidad de este grupo y transforman el conflicto inherente a toda interacción en un factor de riesgo para la violencia.

A lo anterior se suma como potenciador de conflictos, en un plano más macrosistémico, la flexibilización que en la actualidad toman los roles de género y con ello la representación de lo femenino y lo masculino, colocando a hombres y mujeres ante la contradicción entre el legado cultural y el mandato social de cambio. La convivencia resulta problemática y contradictoria, tanto para quienes intentan seguir la cultura hegemónica, al ser cuestionados sus principios en el orden social (‘la mujer para la casa y el hombre para la calle’), como para quienes quieren buscar caminos alternativos, ya sea por las presiones externas que reciben o por los mandatos internos claramente inscritos en lo consciente e inconsciente del individuo producto de la socialización (‘es un mandilón por cooperar con las labores de la casa’).

Este condicionamiento social de la violencia, brevemente expuesto, se apoya en un conjunto de mitos construidos y compartidos que contribuyen a invisibilizar la violencia al interior de la familia y como creencias erróneas se trasmiten de una generación a otra con total acriticidad. Muchos de ellos han sido incorporados en nuestra experiencia cotidiana como verdades absolutas que enmascaran la violencia.



Mitos sobre la violencia intrafamiliar

Corsi (2004) y Artiles (2006) refieren algunos de los mitos más comunes acerca de la violencia intrafamiliar:



  1. Los casos de violencia intrafamiliar son escasos, no representan un problema grave. Esto está muy lejos de la realidad ya que la violencia es un problema muy preocupante y extendido en México, lo cual se constata en los datos de la Encuesta Nacional sobre Violencia Intrafamiliar de 1999, elaborada por el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI, 1999), donde se indica que en un tercio de los hogares, es decir, en 7.4 millones de los 22.7 millones que existen en el país, se viven diversas formas de violencia, como maltrato emocional, intimidación, abuso físico y sexual.



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