Teorías del aprendizaje


Participación en las actividades educativas



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Participación en las actividades educativas

Este es a juicio nuestro el factor decisivo en la influencia de la familia sobre el desempeño académico. Puede atenuar la influencia de variables desfavorables de la misma (bajo nivel socioeconómico y educativo por sólo citar algunas) u optimizar los elementos positivos (altas expectativas con respecto a la educación de los hijos y otros).

La participación de los padres y madres en la educación de los hijos comprende todas aquellas actividades que realizan éstos con los hijos, con la escuela o con la comunidad que favorecen el logro académico de los estudiantes.

La participación de los padres y las madres permite desarrollar, tanto con los educadores como con la comunidad en general, una interacción más efectiva que permita una mejor comprensión de los puntos de vista de cada uno, la formulación de metas comunes para los estudiantes y una comprensión de los esfuerzos y el papel de cada uno. Epstein & Sheldon (2008), sostienen que estas interacciones permiten el intercambio de información que se acumula como un capital social, y se puede usar para mejorar las escuelas de los niños y crear experiencias de aprendizaje efectivas.

Un elemento muy importante es considerar que la participación de los padres es un factor que atenúa la influencia negativa de factores tales como el bajo nivel socioeconómico y de escolaridad de los padres (Bazán, Sánchez & Castañeda, 2007; Valdés & Echeverría, 2007; Sánchez, 2008; Silas, 2008). Un medio para promover una mayor equidad en la educación es el desarrollo en los padres de los conocimientos y habilidades necesarios para su participación efectiva en la educación de los hijos.

Cuando se estudia la participación de los padres en la educación de los hijos es necesario tener en cuenta los aspectos siguientes:


  1. El ejercicio de la responsabilidad compartida entre padres, educadores y comunidad en la educación de los estudiantes produce mejores resultados en éstos.

  2. La participación se puede dar en diferentes niveles y ámbitos (escuela, municipio, estado y federación).

  3. Ésta se da en diferentes formas desde la información hasta la gestión.

  4. La participación es efectiva si se enfoca en mejorar el aprendizaje de los estudiantes.

  5. La comunicación entre los diferentes actores debe darse de forma recíproca.

Modelos para el estudio de la participación

Modelo de los niveles de participación

Bellei, Gubbins & López (2002), sostienen que la participación de los padres puede darse en diferentes niveles y que lo óptimo es que los padres logren participar en el nivel de consulta, dado que esto sería la forma más completa de participación siendo la que garantiza verdaderamente la aspiración de la construcción de una democracia participativa donde todos participemos de una forma u de otra en la construcción de instituciones más eficientes.

Los niveles de participación de los padres se definen en orden de complejidad ya que los niveles de mayor participación integran y necesitan de los niveles de menor participación. Es de apuntar que el logro del mayor nivel de participación de los padres se ve obstaculizado no sólo por la falta de políticas educativas claras al respecto y la falta de acciones desde la escuela destinadas a promover una mayor interacción con los padres, sino también por las propias concepciones de los padres acerca de la misma, ya que éstos quieren, por sobre todo, estar informados sobre el aprendizaje, la gestión y las actividades de extensión a la comunidad.

Es decir, por lo general, se conforman con saber lo que ocurre en la escuela, especialmente en el ámbito del aprendizaje, y en segundo lugar, con colaborar con la misma. Sin embargo, no desean ejercer acciones de control y menos aún tomar decisiones sobre el ámbito del aprendizaje (Oyanedel & Polanco, 2002).

Según Bellei et. al. (2002), los distintos niveles en los que puede darse la participación son:


  1. Información: La información debe darse desde la escuela hacia las familias y desde la familia a la escuela. Este es el nivel básico y una precondición para la existencia de otros niveles de participación. Los padres buscan contar con la información necesaria para formarse una opinión con relación al funcionamiento de la escuela y las expectativas de la misma acerca de sus hijos y de ellos como padres. La escuela recibe información acerca de los padres con relación de sus preocupaciones, necesidades y del comportamiento de sus alumnos fuera de la misma.

  2. Colaboración: Aquí la participación se expresa en forma de participación en actividades de la escuela y apoyo a la misma para su mejoramiento. Los padres por lo tanto asisten a eventos sociales y de carácter productivo destinados al mejoramiento de la escuela que buscan mejorar la infraestructura de las mismas, adquirir equipamiento escolar y material didáctico entre otros. Colaboran con la escuela apoyando la adquisición y consolidación de los conocimientos y habilidades establecidas dentro del currículo y de normas de disciplina que apoyen las que promueve ésta.

  3. Consulta: Aquí pueden existir varios subniveles. En un primer subnivel, la escuela y los tomadores de decisiones educativas realizan evaluaciones de las opiniones de los padres aunque en última instancia son ellos los que toman las decisiones sin que tengan que tener en cuenta necesariamente las opiniones de éstos. En el segundo subnivel, los padres o un representante no sólo tiene voz sino también voto en las distintas decisiones que se toman en la escuela o en otras instancias educativas, ya sean de carácter administrativo o pedagógico.

Dimensiones de la participación de padres según Martiniello

La taxonomía propuesta por Martiniello (1999) propone analizar la participación de los padres desde las siguientes cuatro dimensiones:



  1. Padres como responsables de la crianza del niño: Se refiere al desempeño por parte de los padres de las funciones propias de la crianza, cuidado, protección y estimulación del desarrollo; éstas proveen al niño las condiciones que permiten al mismo asistir con los prerrequisitos físicos, psicológicos y sociales necesarios para poder aprender de manera efectiva.

  2. Padres como maestros: Los padres deben realizar en el hogar acciones para continuar y reforzar el proceso de aprendizaje del aula especialmente a través de la supervisión y la ayuda que le brindan a sus hijos en la elaboración de las tareas y proyectos de aprendizaje indicados por la escuela.

  3. Padres como agentes de apoyo a la escuela. Se refiere a las distintas actividades que realizan los padres para ayudar en la mejora de la escuela. Estas contribuciones pueden ser en forma de dinero, tiempo, trabajo o bienes materiales.

  4. Padres como agentes con poder de decisión: Aquí los padres desempeñan roles en organizaciones de toma de decisión que afectan las políticas de la escuela y sus operaciones.

Modelo de Epstein, et al.

Epstein, et al. (2002) desarrollaron la teoría de las esferas de influencia, en este modelo tres contextos: el hogar, la escuela y la comunidad se superponen en una única y combinada influencia en los aprendices a través de la interacción de los padres, educadores y demás elementos del contexto.

Según Epstein & Sheldon (2008) los padres participan de manera eficiente en la educación de los hijos cuando desempeñan funciones en seis dimensiones:


  1. Crianza: comprenden aquellas acciones que permiten el desarrollo adecuado de los hijos y establecer en la casa un ambiente que dé soporte a éstos como estudiantes.

  2. Comunicación: desarrollan habilidades para establecer una comunicación efectiva con la escuela acerca de los programas, planes de estudio, normatividades y el progreso de los hijos.

  3. Voluntariado: ayuda y soporte a la escuela en las diferentes actividades dentro o fuera de la misma que sirvan de ayuda al aprendizaje de los estudiantes.

  4. Aprendizaje en la casa: ayudar a los estudiantes con las tareas y los proyectos de aprendizaje.

  5. Toma de decisiones: Pueden funcionar adecuadamente como representantes y líderes en los comités escolares y participar en diferentes decisiones que se toman en la escuela.

  6. Colaboran con la comunidad: Habilidad para identificar e integrar recursos y servicios de la comunidad para apoyar a las escuelas y sus familias, y organizar actividades en beneficio de la comunidad que incrementan las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.

Importancia de la participación de los padres en la educación de los hijos

La necesidad de la integración familia-escuela ha sido reconocida como esencial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2004) para elevar la calidad educativa. En los últimos años este tema ha sido asunto de atención por tres razones: en primer lugar, por la relación encontrada en las evaluaciones realizadas en la educación básica entre la articulación familia y escuela y mejores aprendizajes en los niños. En segundo lugar, por el reconocimiento de la importancia de una educación temprana de calidad por parte de los padres en el desarrollo y aprendizaje de los niños. Y en tercer lugar, porque la familia aparece como un espacio privilegiado para lograr una ampliación de la cobertura de la educación de la primera infancia (citada por Blanco & Umayahara, 2004).

El desarrollo de la participación de los padres en la educación es una estrategia para promover una mejor calidad educativa ya que éstos pueden apoyar en la casa la adquisición de los aprendizajes y las normas de comportamientos establecidas por la escuela, funcionan como apoyos para el mejoramiento de los recursos de la misma y se constituyen en un mecanismo de supervisión y demanda de resultados educativos de calidad.

Los estudios realizados muestran de manera consistente que la participación de los padres tiene efectos positivos en los aprendizajes de los estudiantes e incluso en los demás actores del proceso educativo. Navarro, Pérez, González & Mora (2006) encontraron que la participación de los padres tiene efectos positivos en los estudiantes ya que se asocia con el desarrollo en éstos de una actitud positiva hacia el colegio, mayores logros en lectura, tareas de mayor calidad y mejor rendimiento académico general. Por su parte, los padres aumentan su autoconfianza, desarrollan estrategias más efectivas para apoyar a los hijos, muestran mayor conocimiento de los programas educacionales y una visión más positiva de los profesores. Por último, los profesores se sienten que cuentan con el apoyo de las familias y a su vez desarrollan una visión más positiva de las mismas.

Arnold, Zeljo, Doctoroff & Ortiz (2008), encontraron que los padres que participan en la educación preescolar y primaria de los hijos tienen mayores conocimientos acerca de sus actividades escolares, y también más habilidades para complementar el aprendizaje de las clases. La participación de los padres ayuda a construir relaciones positivas entre los niños y sus maestros, promueven en sus hijos sentimientos positivos hacia la escuela, y generalmente apoyan el desarrollo social y académico de los hijos, todo lo cual facilita el aprendizaje.

Catsambis (2001) refiere que la participación de los padres en la educación primaria, secundaria y preparatoria de sus hijos trae como resultados que éstos obtengan mejores aprendizajes y participen más en las clases. También se ha observado que obtienen mejor desempeño en lectura (Sheldon & Epstein, 2002), mejores puntajes en escritura y tareas de ciencia más completas (Van Voonhis, 2004).



Estudios realizados en México

En el contexto nacional ha ido ganando terreno la idea acerca de la importancia de la participación de los padres. Al respecto el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE, 2003) sostiene que para la mejora continua de la calidad de la educación es indispensable lograr una interacción efectiva entre los padres de familia y los docentes, y en general de todos los sectores de la sociedad.

Estas ideas han dado lugar a algunas reformas dirigidas entre otras cosas a lograr este propósito; un ejemplo de estas lo constituye el Programa de Escuelas de Calidad (PEC), entre cuyos objetivos se encuentra promover en las escuelas las relaciones horizontales donde se compartan responsabilidades entre los directores, los docentes y los padres de familia para mejorar la educación de los niños y las condiciones de las escuelas (Secretaría de Educación Oficial [SEP], 2006).

No obstante las acciones emprendidas aún no han dado los resultados esperados y ésto se debe, entre otras cosas, a que es aún insuficiente la investigación realizada acerca de este tema en el país. Autores como Guzmán (1996) y Guevara (1996) sostienen que en comparación con otros países el estudio de la relación familia- escuela continúa siendo esporádico y, en consecuencia, la forma en que los padres de familia se involucran en el desempeño académico de sus hijos dentro de nuestro contexto aún no se encuentra suficientemente documentada ni descrita a nivel nacional. Al respecto Schmelkes (1997) menciona que la investigación educativa acerca del tema de las relaciones familia-escuela en México es muy deficiente ya que se trata de un campo de estudio no del todo construido, por lo que se posee información reducida y dispersa.

Lo anteriormente expuesto es una realidad indiscutible y aún hay mucho que hacer dentro de la investigación mexicana; sin embargo, también es justo reconocer que en los últimos 10 años han ido aumentando paulatinamente los estudios realizados en México que de una u otra forma abordan esta temática. A continuación, sin el ánimo de ser exhaustivos, referiremos algunos de los estudios realizados y sus principales hallazgos.

Victoria (1995), encontró que los padres referían como obstáculo para ayudar a sus hijos el hecho de no entender las tareas que los maestros les asignaban a sus hijos.

Valdés (2001), halló en una muestra de menores infractores que sólo un 20% reportaba ayuda en las tareas por parte de la madre y ninguno dijo haber recibido apoyo para la realización de las mismas por parte del padre.

Guzmán & Del Campo (2001), estudiaron una escuela secundaria con baja participación de los padres y encontraron entre las causas de la misma: 1. Problemáticas en la interacción familia-escuela, la cual se manifestaba en relaciones autoritarias y de marginación de la escuela hacia los padres de familia; 2. Ausencia de acciones propositivas por parte de los padres; 3. Carencias en la formación de los padres, lo cual originaba poco apoyo a las necesidades escolares de los hijos y 4. La creencia de que la escuela es la única responsable de la educación de los hijos.

Tzec, Esquivel & Sánchez (2004), encontraron que la mayor parte de las madres trabajadoras de maquiladoras cuyos niños cursaban estudios de primaria, desconocían el nombre de las asignaturas que cursaban los hijos y cerca del 70% no los ayudaba en la realización de las tareas.

García & Martínez (2005), investigaron a padres de estudiantes de preparatoria y descubrieron que un 72% desconoce tanto los métodos como los contenidos que enseña la escuela. La mitad de estos adolescentes refería que su vida familiar no estaba debidamente organizada y el 43% que los padres no los apoyaban nunca en las actividades escolares.

Bazán et. al. (2007), determinaron que el apoyo que les brinda la familia a los hijos con relación a su educación predice mejor que el nivel socioeconómico y educativo de éstas el desempeño de los niños en lengua escrita.

Valdés & Echeverría (2008), por su parte hallaron en una muestra de estudiantes universitarios con éxito académico, que todos referían contar con el apoyo económico y moral de la familia. Sus familias definían los estudios de éstos como una prioridad para la misma.

Moreno, Valdés & Sánchez (2008), compararon la participación en la educación de los hijos de padres y madres de estudiantes de secundaria con bajo y alto rendimiento académico. Estos autores hallaron en ambos grupos de estudiantes un bajo nivel de participación de padres y madres; ésta era significativamente más bajo en los padres que en las madres.

Aunque a nivel global no se encontraron diferencias en la participación de los padres y madres de ambos grupos de estudiantes, sí encontraron diferencias cuando analizaban por separado a padres y madres; en el caso de las madres, se encontró que las de bajo rendimiento participan más que las de alto a la inversa de los padres, donde la más alta participación se da entre los estudiantes de alto rendimiento.

Estos autores concluyen que en el caso de las madres quizás lo que influya de manera positiva en el desempeño de los hijos no sea tanto la cantidad de participación sino la calidad de la misma, pero que en el caso de la participación del padre ésta establece diferencias sólo por el hecho de presentarse.

Medina (2008), realizó una comparación entre la participación de los padres de estudiantes de primaria con alto y bajo desempeño académico, evidenciando que existen diferencias significativas entre la participación de ambos grupos de padres en los aspectos referidos al conocimiento, comunicación y participación en las actividades que organiza la escuela. Esta autora señala que son precisamente los aspectos de la participación que

involucran una relación con la escuela los que establecen las diferencias entre ambos grupos de padres.

Valdés, Martin & Sánchez (2009), muestran que en los aspectos referidos a comunicación (22%) y conocimiento de la escuela (31%), una parte pequeña de los padres y madres es la que dice tener una participación buena. Incluso en la dimensión relativa a la supervisión del aprendizaje en casa, que es donde una mayor parte de los padres y madres valoran su participación como buena, ésta sólo alcanza a un 49% de padres y madres.

Estos autores muestran que existen diferencias significativas en la participación de padres y madres en las actividades educativas de los hijos. Dichas diferencias se dan en las dimensiones de comunicación y conocimiento de la escuela siempre a favor de las madres.

Márquez et al. (2006) realizaron un estudio de los padres de estudiantes de recién ingreso a una universidad pública. Establecieron con base en los resultados niveles de participación de los padres y encontraron que la participación de éstos pudiera ubicarse en el nivel medio, esto a pesar de que en la dimensión de voluntariado (54%) y la de colaboración con la comunidad (60%) la participación fue baja.

También encontraron que una parte importante de los padres refiere necesidades de orientación en aspectos tales como: ansiedad (86%), alcoholismo (77%), drogadicción (75%), sexualidad (68%), depresión (67%) y buena nutrición (58%).

Concluyen que el nivel de participación medio encontrado en los padres refleja el hecho de que por lo general estos estudiantes han tenido éxito académico. El bajo nivel de participación de los padres en aspectos tales como voluntariado y colaboración con la comunidad apunta una realidad de todo el sistema educativo mexicano que es la escasa relación que existe entre familia-escuela-comunidad.

Otra conclusión de este estudio es que estos padres presentan importantes necesidades de orientación con respecto a problemáticas emocionales y conductuales propias de la adolescencia y la juventud.

Urías et. al. (2006), llevaron a cabo un estudio con padres de estudiantes de dos secundarias públicas, los autores encontraron que en general la participación de los padres en la educación de los hijos era alta. Sin embargo, en los factores de comunicación y voluntariado la participación de los mismos fue baja.

Evidenciaron que existía una correlación significativa aunque baja entre el nivel de participación de los padres y algunas variables sociodemográficas. Así muestran que a mayor grado escolar del hijo, menor participación de los padres; el estar casado se relaciona positivamente con el nivel de participación, al igual que el grado de estudios de los padres.

Estos resultados concluyen, según los autores, que a pesar de que los padres se interesan por la educación de sus hijos aún, subsisten dificultades en la comunicación padres-docentes y en la participación de los padres en actividades de mejoramiento de la escuela y que la participación se ve más afectada en los padres con menores estudios y aquellos que asumen la crianza de los hijos solos.

Esta panorámica de la investigación en México acerca de la participación de los padres muestra que este tema ha ido ganando interés entre los investigadores mexicanos, aunque aún falta mucho por hacer al respecto para que estos estudios se constituyan un sólido apoyo a las tomas de decisiones acerca de la mejora de la calidad educativa.

Factores que influyen en la participación de los padres

En casi todos los estudios realizados en nuestro contexto se puede apreciar que la participación de los padres en la educación de los hijos es baja, especialmente en lo que se refiere a los aspectos relacionados con la interacción con las escuelas. Existen múltiples factores que pueden estar obstaculizando esta participación; en este apartado con fines didácticos pretendemos dividirlos en concernientes a los mismos padres, a la escuela o a la comunidad. De sobra está en decir que existen relaciones de sinergia entre los diversos factores.



Concernientes a los padres

Muchas veces la falta de conocimientos, habilidades o la existencia de algunas creencias en los padres hace que se limite la participación de los mismos en la educación de los hijos. Dentro de los diferentes aspectos que reducen de una manera u otra la participación de los padres se encuentran:

  1. Poco conocimiento acerca de las características de las etapas del desarrollo y déficit en las habilidades de crianza.

  2. La creencia de que el desempeño académico de los hijos depende fundamentalmente de la escuela y que su participación es poco importante para el mismo.

  3. Bajas expectativas con relación a la escuela y al desempeño académico del hijo.

  4. Experiencias negativas de la relación con los maestros y la escuela.

  5. Falta de los conocimientos y las habilidades necesarias para apoyar a sus hijos con las tareas y proyectos escolares.

  6. Falta de motivación para participar en las actividades relacionadas con el aprendizaje de los hijos.

  7. La creencia de que la participación debe reducirse sólo al ámbito del hogar con el consiguiente poco interés por participar en actividades de toma de decisiones y supervisión del funcionamiento de la escuela.

  8. Dificultades en el funcionamiento de las asociaciones de padres (los dirigentes de las mismas por lo general tienen poca capacidad de gestión ante las autoridades de la escuela, poca interacción con sus agremiados e incluso a veces están más interesados en el aprendizaje de sus propios hijos que en el mejoramiento de la escuela).

  9. La creencia de que el hecho de no poseer ellos estudios no les permite involucrarse en el aprendizaje de los hijos.

  10. El desconocimiento de acciones concretas que los padres pueden utilizar para influir en el aprendizaje de los hijos y que no están relacionadas con el nivel socioeconómico o educativo de ellos.

Aunque es innegable que muchas de estas dificultades están asociadas con un bajo nivel socioeconómico y educativo de los padres (Fotheringham & Creal, 2001; Sheldon, 2003;

Valdés et. al., 2009) resulta también evidente que muchas de éstas pueden ser subsanadas si se trabajara con los mismos desde la escuela, capacitándolos para poder participar adecuadamente en la educación de los hijos.



Concernientes a la escuela

Como dijimos anteriormente, la escuela juega un papel importante en la promoción de la participación de los padres en la educación y en uso de los recursos disponibles en la comunidad (Ver Figura 5).



Figura 5. Interrelación entre los factores que afectan el logro escolar


Algunos de los aspectos de la escuela que dificultan la participación de los padres son:

  1. Creencias de directivos y maestros que la participación de los padres en la educación de sus hijos no es importante en el desempeño académico de los estudiantes.

  2. La creencia de que la participación de los padres debe reducirse al ámbito del hogar y no abarcar los procesos que ocurren en la escuela.

  3. La creencia de que los padres no tienen la disposición ni las habilidades necesarias para ayudar a los hijos en sus aprendizajes.

  4. Experiencias negativas de los directivos y docentes de su relación con los padres de familia las cuales generan desconfianza hacia la participación de los mismos.

  5. Inadecuada preparación de los maestros para relacionarse de manera positiva con los padres.

  6. Poca disposición de los docentes a otorgar tiempo para la interacción con los padres.

  7. Ausencia de recursos destinados por la escuela para fomentar la participación de los padres.

  8. Ausencia de actividades concretas destinadas a favorecer la participación de los padres.

Concernientes a la comunidad

Resulta importante que a nivel de la comunidad y los que toman de decisiones

acerca de política educativa, adquieran conciencia de que la calidad de la educación se ve favorecida si interactúan efectivamente la familia, la escuela y la comunidad. Por lo tanto se deben de desarrollar políticas sociales y educativas destinadas a favorecer la misma.

Algunos ejemplos de acciones que no se han desarrollado y que constituyen trabas al incremento de la participación de los padres son:



  1. Falta de obligación de las empresas de otorgar permisos por cierta cantidad de horas al mes para que los padres puedan asistir a la escuela de los hijos.

  2. Poca sistematicidad y divulgación de los programas de Escuela para Padres.

  3. No inclusión en el proceso de certificación de escuelas, de indicadores concretos de acciones de la misma destinadas a favorecer la participación de los padres.

  4. No existencia dentro de los reglamentos de tiempos de la actividad docente y recursos específicos destinados a incrementar la participación de los padres.

  5. Falta de estímulos económicos para las escuelas que generen acciones concretas dirigidas a favorecer la participación de los padres.

Hemos podido apreciar que los factores que impiden una participación efectiva de los padres se generan desde los distintos actores del proceso educativo lo cual implica que las acciones destinadas a lograr un incremento de la misma deben ser integrales y no excluyentes.

Sugerencias para incrementar la participación de los padres

Como vimos en el apartado anterior los obstáculos para la participación efectiva de los padres pueden surgir dentro de cualquiera de los diversos actores del proceso educativo padres-escuela o comunidad, es necesario tener en cuenta que las sugerencias que se pretende realizar no pueden tomarse como recetas universales y es necesario que cada familia, escuela y comunidad las adapte a las particularidades de su contexto y a las características diferentes de los estudiantes en cada nivel educativo.

Para la realización de estas sugerencias se tomaron en cuenta las aportaciones de autores tales como Redding (1991), Paulu (1998), Bellei et. al. (2002) y Epstein et. al. (2002).

Sugerencias dirigidas a las escuelas

La escuela juega un rol esencial en la promoción de la participación de los padres ya que la misma, por su posición privilegiada, desempeña un papel central para propiciar una mejor interacción entre los actores del proceso educativo padres-escuelas y comunidad. Para organizar la presentación de estas acciones vamos a utilizar el modelo de Epstein et. al. (1992) acerca de las dimensiones en que se expresa la participación de los padres y donde por lo tanto, la escuela debe desarrollar acciones para efectivizar la misma.

Antes de hablar de sugerencias específicas es necesario hacer notar que este papel de la escuela sólo va a ser posible si directores y docentes comprenden que la participación de los diversos actores sociales, especialmente de la familia, favorece la adquisición de aprendizajes efectivos por parte de los estudiantes, y que la calidad educativa es una responsabilidad de todos. Debe procurarse desarrollar en directores y docentes una actitud positiva hacia la participación de los padres que se caracterice por la confianza y el respeto a los mismos.

Desarrollo de habilidades de crianza. Los padres participan efectivamente si promueven en los hijos el desarrollo de habilidades y actitudes que faciliten su adaptación y éxito en la escuela. Dentro de las acciones que puede desarrollar la escuela al respecto podemos mencionar:


  1. Organización de conferencias sistemáticas acerca de temas relacionados con la crianza.

  2. Organización de un programa de Escuela para Padres.

  3. Servicios de apoyo en orientación para padres.

  4. Elaboración de folletos informativos sobre las características del desarrollo

humano y de las estrategias para el manejo efectivo de los hijos.

Comunicación con la escuela. Desde la escuela se deben generar acciones

para promover una comunicación efectiva de los padres con la escuela y de ésta con los padres. Algunas de las acciones que podrían desarrollarse son:



  1. Reuniones periódicas con los padres para informar acerca de aspectos referidos al funcionamiento de la escuela y el desempeño de los hijos.

  2. Desarrollar actividades que involucren la participación de los padres donde éstos se sientan bienvenidos a la escuela (festivales, concursos, día de la familia entre otros).

  3. Establecer horarios flexibles para reuniones de los padres con el director y los maestros.

  4. Utilizar la tecnología para desarrollar interacción con los padres (creación de página Web donde se publiquen avisos de las actividades de la escuela, foros de maestros y padres, periódicos murales).

  5. Entrega de reportes periódicos a los padres acerca de los logros, dificultades y sugerencias para mejorar el aprendizaje de los hijos.

  6. Publicación y entrega a los padres del calendario de actividades de la escuela (festivales, evaluaciones, reuniones y otras actividades).

  7. Creación de un buzón de sugerencias donde los padres puedan hacer saber a las autoridades de la escuela sus preocupaciones y demandas acerca de la misma.

  8. Información clara acerca de las políticas de la escuela, programas y reformas.

Aprendizaje en el hogar. Aquí se promueve el desarrollo de habilidades en los padres para apoyar desde la casa la adquisición por parte hijos de los aprendizajes requeridos por el currículo escolar. Desde la escuela se puede entonces:

  1. Informar a los padres sobre las habilidades requeridas por los estudiantes en las distintas materias.

  2. Comunicar a los padres acerca de la política de tareas y estrategias para apoyar en las mismas.

  3. Informar acerca de los temas que deben ser discutidos y reforzados por los padres.

  4. Desarrollar programas de capacitación de padres para que éstos puedan apoyar efectivamente a los hijos en las tareas.

  5. Indicaciones a los padres acerca de cómo mejorar las habilidades en los hijos en diversas materias y en las evaluaciones escolares.

  6. Reportes de progresos periódicos que requieran la firma de los padres.

  7. Actividades extracurriculares que se pueden realizar como apoyo al aprendizaje escolar.

Toma de decisiones. Se debe procurar que los padres participen en las decisiones relativas al mejoramiento de la escuela. Para esto la escuela debe apoyar:

  1. La creación y el funcionamiento efectivo de las Sociedades de Padres de Familia.

  2. Promover que estas sociedades de Padres de Familia actúen como elementos de presión con las autoridades correspondientes para mejorar la escuela.

  3. Apoyar las actividades realizadas por las Sociedades de Padres que involucren participación de estudiantes y maestros.

  4. Apoyar las actividades de las Sociedades de Padres destinadas al mejoramiento de la escuela.

  5. Promover la participación de los padres en las decisiones relativas al funcionamiento de la escuela y los aprendizajes de los estudiantes.

  6. Establecer claramente los ámbitos de participación de los padres.

Voluntariado. Esta es una de las formas de participación de los padres que menos se dan en nuestro país, por lo que constituye un valioso recurso poco aprovechado dentro del sistema educativo.

Es necesario que las escuelas desarrollen programas destinados a que los padres comprendan la importancia de su participación a través de actividades destinadas al mejoramiento de la escuela. Para lograr la participación en esta dimensión la escuela debe:



  1. Desarrollar proyectos de padres voluntarios para ayudar a la escuela, a otros padres o a otros estudiantes.

  2. Orientar a las Sociedades de Padres acerca de las formas efectivas de apoyar al mejoramiento de la escuela.

  3. Promover la organización por parte de las Sociedades de Padres de actividades productivas y de obtención de recursos para el mejoramiento de la escuela.

Colaboración con la comunidad. La escuela debe apoyar a los padres para que estos conozcan y puedan utilizar los recursos de la comunidad que sirven de apoyo al aprendizaje de los estudiantes. Para lograr este objetivo la escuela debe:

  1. Informar a los padres acerca de los distintos programas de la comunidad (salud, culturales etc.) que pueden servir de apoyo a los estudiantes.

  2. Informar a los padres acerca de los diferentes recursos de la comunidad que puedan gestionar para el mejoramiento de la escuela.

Sugerencias dirigidas a los padres

Aquí nos vamos a referir a cómo los padres pueden apoyar el logro escolar de sus hijos. Al igual que en el caso anterior utilizamos el modelo de Epstein et. al. (1992) para agrupar las diferentes acciones que pueden realizar los padres.

La base para que los padres dediquen energías y tiempos a participar en la educación de sus hijos es que se apropien de la idea de que su participación es importante para el logro de mejores aprendizajes por parte de éstos, y que la responsabilidad por el logro académico de los hijos la deben compartir con la escuela.

Los padres deben desarrollar una actitud positiva hacia la escuela y los maestros confiando en que éstos hacen todo lo posible porque sus hijos aprendan. De manera específica pueden apoyar la educación de sus hijos a través de:



Habilidades de crianza. Los padres deben procurar que sus hijos posean las habilidades y actitudes necesarias para adquirir los conocimientos que demanda la escuela. Para esto deben:

  1. Velar porque los hijos tengan satisfechas sus necesidades básicas (alimentación, salud, descanso, sueño, vestido entre otras).

  2. Crear un clima de afecto y confianza con los hijos.

  3. Darle a los hijos los recursos básicos para desempeñarse en la escuela (uniformes, útiles escolares, por sólo mencionar algunos).

  4. Promover que los hijos utilicen adecuadamente el lenguaje.

  5. Conversar con los hijos acerca de los hechos cotidianos, programas de televisión, amistades, entre otras cosas.

  6. Conocer los intereses académicos y los académicos de los hijos.

  7. Crear un ambiente intelectualmente estimulante para los hijos en la casa. Por ejemplo, procurando que existan en la casa libros, enciclopedias, periódicos, revistas, computadora e Internet.

  8. Desarrollar con los hijos actividades recreativas con valor cultural y que apoyen sus aprendizajes tales como visitas o zoológicos, museos, lugares históricos u otras.

  9. Desarrollar en los mismos una actitud positiva hacia la educación, la escuela y los maestros, evitando desacreditar la labor de maestros y escuelas.

  10. Fomentar actitudes que son necesarias para triunfar en la escuela tales como responsabilidad, gusto por el trabajo etc.

Apoyo del aprendizaje en casa. Los padres apoyan en la casa el aprendizaje de los hijos de los contenidos y habilidades del currículo cuando:

  1. Procuran que los hijos comprendan el valor de la educación.

  2. Se informan de las tareas que deben realizar los hijos.

  3. Demuestran a sus hijos que consideran las tareas y su aprendizaje como muy importantes.

  4. Dan prioridad a los deberes escolares por encima de otras actividades.

  5. Ayudan a sus hijos a organizarse para cumplir los deberes escolares tales como tareas y presentación de evaluaciones.

  6. Apoyan y supervisan la realización de las tareas por parte de los hijos.

  7. Establecen horarios para la realización de las tareas.

  8. Asignan un espacio para la realización de la tarea.

  9. Controlan las distracciones que pueden afectar a los hijos.

  10. Proveen a los hijos de los recursos necesarios para la realización de sus tareas y proyectos.

  11. Trasmiten a los hijos expectativas positivas acerca de su desempeño.

  12. Apoyan a sus hijos en sus decisiones académicas y vocacionales.

  13. Sirven de ejemplo de responsabilidad y trabajo duro.

Comunicación con la escuela. Los padres deben procurar mantener una comunicación frecuente con los directivos y docentes de las escuelas donde estudian sus hijos con el propósito de informarse acerca de:

  1. Políticas y actividades que se realizan en la escuela.

  2. Las materias que cursan sus hijos y las habilidades que requieren desarrollar en las mismas.

  3. Política de tareas y proyectos para realizar en la casa.

  4. Sistema de evaluaciones.

  5. Problemas y dificultades que presenten los hijos.

  6. Logros y avances alcanzados.

  7. Calificaciones obtenidas.

Por otra parte los padres también deben comunicarse con la escuela de manera efectiva para poder hacer llegar a maestros y directivos sus preocupaciones acerca de la conducta y el aprendizaje de sus hijos y sus opiniones acerca de distintos aspectos de las políticas y el funcionamiento de la escuela y las aulas.

Toma de decisiones. Los padres deben procurar que sus opiniones sean tomadas en cuenta en las diversas acciones que se realicen con vistas en el mejoramiento de la educación en general y las escuelas de sus hijos en particular. Para esto los padres deben:

  1. Formar parte de las Asociaciones de Padres de distintas formas y niveles (escuela, región, municipio, estado, federación).

  2. Presionar para que sus voces sean escuchadas y tomadas en cuenta en las acciones de mejoramiento de la educación en distintos niveles.

  3. Los dirigentes deben procurar formas efectivas de comunicarse con las diversas autoridades educativas y los docentes.

  4. Los representantes de los padres deben generar estrategias para comunicarse con los demás padres e involucrarlos en las acciones de mejoramiento de la escuela.

Voluntariado. Una fuerza poderosa para el mejoramiento de la infraestructura y los recursos de aprendizaje con que cuenta la escuela pueden ser los propios padres. Desde este rubro los padres pueden contribuir al aprendizaje de sus hijos a través de:

  1. Dedicar tiempo y trabajo a actividades de mejoramiento de la infraestructura y los recursos para el aprendizaje de la escuela.

  2. Organizar actividades donde se recauden fondos destinados al mejoramiento de la escuela.

Colaborando con la comunidad. Los padres participan apoyando la educación de sus hijos si conocen y desarrollan habilidades para aprovechar los diversos recursos de la comunidad que pueden actuar como apoyo a las escuelas y al aprendizaje de sus hijos. Para lograr esto deben:

  1. Conocer y utilizar los diversos servicios y programas de la comunidad (educativos, de salud y culturales) que pueden apoyar el aprendizaje de sus hijos.

  2. Conocer y gestionar recursos de los diversos programas comunitarios para el mejoramiento de la escuela.

Sugerencias dirigidas a la comunidad

Cuando hablamos de comunidad nos estamos refiriendo a los diversos ámbitos donde se encuentra inserto el individuo desde su colonia, municipio y estado hasta la federación.

Desde cada uno de estos ámbitos de deben generar políticas que favorezcan la participación de los padres en la educación de los hijos con vistas a mejorar los indicadores educativos en los diferentes niveles educativos. Pueden realizarse muchas acciones al respecto y es tarea de los que toman decisiones en política educativa diseñarlas e implementarlas, por lo que aquí sólo nos atreveremos a dar algunas sugerencias sin pretender tener la última palabra al respecto.

Proponemos entre otras acciones las siguientes:



  1. Que se considere en la Ley General del Trabajo permisos a los padres para asistir a actividades y juntas de la escuela.

  2. Procurar la existencia y el fácil acceso de las familias a servicios de la comunidad que sirvan como apoyos al aprendizaje de los estudiantes (salud, educación, cultura y otros).

  3. Estimular económicamente a las escuelas que cumplan con los indicadores requeridos para fomentar la participación de los padres.

  4. Incluir en la evaluación del desempeño docente indicadores objetivos que evidencien la comunicación de los maestros con los padres.

  5. Incluir como parte de los deberes de los directivos y docentes el fomento de la participación de los padres y supervisar el cumplimiento de los mismos.



CAPÍTULO V. Familia y Adolescencia
Mtro. Angel Alberto Valdés Cuervo

Departamento de Educación

Instituto Tecnológico de Sonora

México
Mtra. Dunia Ferrer Lozano

Mtra. Teresa Herrera Simón

Facultad de Psicología

Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas

Cuba
Los padres no sabrán donde va el adolescente; en realidad él tampoco lo sabe bien. Pero sabrán que irá donde él quiera y no contra ellos sino con la ayuda de ellos. Y el adolescente sabrá que sus padres no pueden compartir sus ideales y deseos, ni sus experiencias, pero que no están en contra de él y además lo ayudarán en la medida de lo posible porque lo quieren. Este camino del no dañarse y ayudarse mutuamente puede ser la base de un acuerdo. Acuerdo móvil que tiene por objetivo final la emancipación del adolescente”.

Borrás de Quadras (2003)

Visión panorámica del capítulo
La adolescencia es una de las etapas más dinámicas de la vida, los cambios rápidos que ocurren en el individuo no sólo lo sorprenden a él mismo sino a todos los que lo rodean, en especial a los padres. Los padres deben reformular casi todos los aspectos de la relación con sus hijos para lograr comunicarse efectivamente con ellos y mantener su función de guías del desarrollo de los mismos. Comenzamos el capítulo haciendo una breve descripción de los cambios que ocurren en la adolescencia y del impacto de los mismos en la relación con los padres. Se describen las principales tareas de desarrollo durante la adolescencia, las características de la relaciones padres-hijos en esta etapa de la vida y los factores que aumentan la resilencia del adolescente. Para finalizar se establecen una serie de factores familiares tanto de riesgo como de resilencia para el desarrollo del adolescente y se elaboran sugerencias dirigidas a los padres para que puedan actuar como favorecedores del desarrollo de los hijos durante esta etapa de la vida.
Los cambios de la adolescencia

Tener hijos adolescentes es uno de estos momentos de posible crisis, no sólo por los cambios de todo tipo que se gestan en la descendencia, sino por el impacto que los mismos tienen en la familia en general.

La familia como unidad social primaria ocupa un papel fundamental en la comprensión del adolescente; la llegada de hijos a la adolescencia ocasiona una crisis en el seno de la familia, lo cual ocasiona la necesidad de la realización de cambios y ajustes en el funcionamiento de la misma y deben estar destinados en última instancia a brindarle al adolescente los apoyos que necesita para enfrentar el estrés de las demandas internas y externas propias de esta etapa de la vida.

La adolescencia es un concepto moderno que como tal fue definida como una fase específica en el ciclo de la vida humana a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Comprende una etapa de la vida que se encuentra entre la niñez y la edad adulta la cual se inicia con los cambios puberales y se caracteriza por profundas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales, muchas de ellas generadoras de conflictos y contradicciones.

Esta etapa no es solamente un periodo de adaptación a los cambios corporales, sino una fase de grandes determinaciones hacia una mayor independencia psicológica y social. Durante la misma hay rupturas y pérdidas, pero también ganancias, pues aunque muchas veces el adolescente se siente fuera de lugar y las normas que antes aceptaba de forma acrítica empiezan a ser cuestionadas ya que irrumpen en él nuevos valores, es innegablemente una etapa de definiciones y del comienzo de la elaboración de un proyecto de vida propio. Aunque algunos se transforman en muchachos difíciles, la gran mayoría asume estos cambios sin grandes aspavientos, ávidos de crecer.

La adolescencia es quizás, después del primer año de vida, el período de la vida donde se producen la mayor cantidad de cambios en el individuo. Estos abarcan aspectos físicos, intelectuales y socio-psicológicos dando como resultado al final de esta etapa un individuo muy diferente al que inició la misma.

Desde el punto de vista físico es notable el crecimiento en tamaño y en fuerza muscular alcanzando niveles que lo acercan al individuo adulto; sin embargo, es el desarrollo de los caracteres sexuales y la aparición del interés sexual el cambio que más impacta y preocupa a toda la familia.

El pensamiento del adolescente también sufre una evolución que lo lleva a la posibilidad de desarrollar ideas abstractas acerca de las cosas que le rodean, y con ello la capacidad de hipotetizar acerca del origen de los sucesos tanto del mundo físico como psicológico y considerar varias opciones para el análisis de los mismos. Esto va a tener un impacto particular en las relaciones con los padres y otros adultos, ya que el adolescente va a estar en la posibilidad de cuestionar sus decisiones al reconocer que existen otros puntos de vista y otras alternativas.

Desde el punto de vista psicológico adquiere fuerza la necesidad de formar su identidad y desarrollar un proyecto de vida propio. Existe un cambio en la posición subjetiva del adolescente que busca ubicarse en un lugar diferente al asignado por sus padres. Esto le permite resignificar las diferentes experiencias que ha tenido a lo largo de la vida, tanto las positivas como las negativas, desde la nueva posición que empieza a ocupar dentro de la familia en particular y la sociedad en general.

El adolescente se caracteriza entonces por el hecho de buscar ubicarse en una posición diferente frente a su familia, a los adultos, a las figuras de autoridad e incluso ante sus coetáneos. Es por esto que lo vemos constantemente enseñando posturas y posiciones en sus relaciones dando a veces la impresión de inestabilidad en las mismas.

Según Ammaniti & Sergi (2003) los mayores cambios durante la adolescencia se relacionan con las siguientes áreas:


  1. Las transformaciones corporales y sexuales de la pubertad que afectan profundamente la percepción de él mismo y de los otros.

  2. Los cambios afectivos o más exactamente el progresivo desinterés por las figuras de afecto anteriores.

  3. Los cambios cognitivos tendientes a la madurez y al desarrollo de la progresiva capacidad de reflexionar acerca del propio pensamiento (metacognición, autoreflexión, posibilidad de comprensión y explicar la ambivalencia).

  4. Las fuertes asociaciones con los grupos de pares.

Tareas de desarrollo en la adolescencia

Las tareas de desarrollo comprenden todos aquellos logros físicos, intelectuales y socioemocionales que debe lograr el adolescente para que se le facilite su entrada a la etapa de la primera juventud.



Cuidado de su bienestar físico

Es en esta etapa de la vida donde el adolescente debe de apropiarse de una serie de conocimientos, habilidades y actitudes que le permitan un cuidado de su bienestar físico. Entre otras cosas debe aprender a cuidar su alimentación, desarrollar un estilo de vida saludable y evitar el consumo entre otras cosas de alcohol, drogas y tabaco.

En ocasiones el déficit en el desarrollo de estas competencias ocasiona problemas físicos como la obesidad, que pueden relacionarse con dificultades en la autoestima y las relaciones interpersonales. Estas dificultades de los adolescentes para desarrollar competencias relacionadas con el cuidado físico se evidenció en un estudio realizado por Briones & Cantú (2003) quienes encontraron en estudiantes de secundaria que un 42% de los hombres y un 37% de las mujeres tenían sobrepeso o riesgo de sobrepeso.

Aunque será tratado con detenimiento en un capítulo posterior, basta señalar que casi 7 de 10 usuarios de alcohol y drogas comenzaron a ingerir estas sustancias durante la adolescencia (Sánchez & Valdés, 2003).

En otros casos la ausencia de esta capacidad de autocuidarse desde el punto de vista físico no ocasiona problemas evidentes en esta etapa de la vida pero sí en etapas posteriores. Es un hecho que muchas enfermedades tales como la hipertensión, la diabetes y otras se asocian con un estilo de vida inadecuado cuyas bases se sentaron desde la adolescencia.

Desarrollo de competencias intelectuales

Uno de los cambios más notorios de esta etapa de la vida lo constituye el desarrollo de la habilidad para el pensamiento abstracto. Sin embargo, esto no resulta suficiente ya que el adolescente debe mostrar actitudes y hábitos de trabajo acordes a las nuevas demandas que se le hacen desde el punto de vista intelectual, especialmente las derivadas de su vida escolar.

Resulta sumamente deseable que el adolescente desarrolle la capacidad de autorregularse y asumir las responsabilidades relativas al estudio y al trabajo en general. Un aspecto central lo constituye el desarrollo de habilidades intelectuales que le permitan obtener éxito en las demandas que establece la escuela, ya que el fracaso escolar y específicamente el abandono de la escuela lo pone en riesgo de desarrollar conductas desadaptativas tales como abuso de sustancias e incluso conductas delictivas, eso sin mencionar que disminuye sus posibilidades de acceder en el futuro a un mejor empleo y a mejores condiciones de vida (Sánchez & Valdés, 2003).

También es de hacer notar que este desarrollo intelectual va a afectar las relaciones del adolescente ya que el desarrollo del pensamiento hipotético-deductivo da la posibilidad al adolescente de vislumbrar multitud de causas detrás de una misma conducta y con ello la crítica y el cuestionamiento hacia los comportamientos y las normas establecidas por los adultos. Es decir, mientras el niño podía cumplir o no la regla, pero nunca la cuestionaba ni cuestionaba a los padres y sus intenciones, el adolescente no sólo en ocasiones no cumple las reglas sino que cuestiona la validez de la misma y a los propios padres.



Desarrollar un concepto de sí mismo y una autoestima positiva

El concepto de sí mismo se refiere a cómo el adolescente se percibe a sí mismo en las distintas áreas de la vida (física, académica y social), mientras que la autoestima se refiere a cómo valora estas percepciones.

Tanto el concepto de sí mismo como la autoestima son el resultado de la comparación que realiza el sujeto con otros sujetos, es decir, qué tan competente se percibe el sujeto con relación a los otros y está influida por las experiencias de los mismos con los compañeros, con la familia y en la escuela.

El poseer una autoestima positiva le brinda al adolescente la seguridad para desenvolverse de manera efectiva en los diferentes contextos de su vida. Por otra parte, una autoestima negativa se asocia con inseguridad e inadecuación social, problemas emocionales y un incremento de la probabilidad de que los adolescentes se involucren en conductas desviadas como una forma de aumentar la misma.



Desarrollar habilidades para afrontar las demandas de la vida

Los adolescentes deben desarrollar habilidades para relacionarse de manera efectiva con los adultos y otros adolescentes; desde la nueva posición que se encuentra ocupando McWhirter et. al. (1993) sostienen que estas habilidades les permiten a los adolescentes responder al estrés y manejar los conflictos con las otras personas.



Desarrollo de la identidad

Es importante señalar que la definición de la identidad es un proceso que abarca toda la vida. Sin embargo, durante la adolescencia se sientan las bases de un sentido de sí con cierta firmeza. Después de un proceso de búsqueda y dudas el adolescente debe llegar a la formación de convicciones relativamente firmes.


Características de las relaciones padre-hijo en la adolescencia

Tres características van a marcar el cambio en las relaciones de los padres con el adolescente; la primera de ellas se refiere al distanciamiento que se produce en las relaciones de los adolescentes con los padres; la segunda, al aumento del nivel de conflictividad en las relaciones y la tercera, la tendencia hacia una mayor simetría o igualdad en las mismas. A continuación vamos a referirnos a cada uno de estos cambios.



Distanciamiento en las relaciones del adolescente con los padres.

Con la llegada de la adolescencia ocurre un fenómeno que muchas veces angustia a los padres y es la aparente pérdida del interés por parte del adolescente por comunicarse con los padres. Esto coincide con el valor afectivo que adquieren figuras fuera del núcleo familiar, especialmente los amigos.

Este distanciamiento se hace más evidente durante la adolescencia temprana y poco a poco va disminuyendo y por consiguiente se va incrementando la comunicación del adolescente con los padres. Esta relativa separación cumple una función importante en el desarrollo de los adolescentes ya que les permite sentir que tienen espacios para tomar sus propias decisiones y resolver sus problemas, lo cual contribuye a su sentimiento de autonomía y les permite establecer relaciones afectivas sólidas fuera del hogar que les generan visiones alternativas de la vida y constituyen elemento de comparación social que intervienen en la formación de su autoconcepto y autoestima.

Aunque los padres deben comprender y permitir esta relativa separación por los efectos antes mencionados en el desarrollo del adolescente, no deben interpretar la misma como falta de afecto e interés del adolescente hacia ellos y mucho menos como que éste ya no necesita del afecto y supervisión de los mismos. Es necesario que comprendan que los hijos los siguen necesitando en esta edad tanto o más que antes por lo que es necesario que se muestren disponibles cuando los adolescentes los necesitan, ya que se ha observado que cuando existe una buena relación de los padres con los adolescentes, éstos siguen consultando y siguiendo los consejos de sus padres con respecto a las decisiones realmente importantes de su vida.

A pesar del relativo distanciamiento en las relaciones padre-hijo durante la adolescencia que describíamos anteriormente, Parra & Oliva (2002) encontraron que los temas de conversación más frecuentes de los adolescentes con los padres versan acerca de sus amigos, gustos, intereses, planes a futuro o normas de la familia, mientras que por lo general hablan poco acerca de temas como sexualidad, política o religión.

Aunque la comunicación con ambos padres disminuye en frecuencia durante la adolescencia, es de señalar que tanto los hijos e hijas tienden a comunicarse más con las madres ya que éstas son percibidas como más abiertas, comprensivas e interesadas en sus asuntos (Noller y Bagi, 1985).



Aumento de la conflictividad con los padres.

Aunque es indiscutible que los conflictos entre padres e hijos aumentan en la adolescencia y que éstos por lo general se han considerado como un indicador de de disfunción familiar; autores como Motrico, Fuentes & Bersabé (2001) hacen énfasis en el valor adaptativo de los mismos, tanto para el desarrollo del adolescente como para los cambios necesarios en el funcionamiento familiar, ya éstos contribuyen a desarrollar en todos los miembros de la familia la tolerancia a las diferencias de opinión y a desarrollar estrategias para manejar los conflictos manteniendo la relación.

De acuerdo con Collins (1997), los conflictos entre padres e hijos son propios del proceso evolutivo de transformación de las relaciones que surgen en la adolescencia, en el cual los adolescentes, a la vez que negocian con sus padres la transición hacia nuevos niveles de autonomía e interdependencia acordes con su edad, mantienen los vínculos afectivos existentes con ellos.

A pesar de los desacuerdos que existen entre padres e hijos la mayor parte de ellos continua manteniendo relaciones armoniosas con los padres. Montemayor (1984) encontró que un 60% de éstos tienen relaciones armoniosas, el 20% experimenta problemas de forma intermitente y sólo el 20% presenta problemas graves en la relación con los padres.

Según Laursen, Coy & Collins (1998) los principales conflictos de los adolescentes con los padres se refieren a opciones y costumbres sociales, responsabilidad, los estudios, relaciones familiares y valores morales. Estos mismos autores refieren que tanto los hombres como las mujeres tienen más conflictos con las madres que con los padres.

Laursen et. al. (1998) analizaron las discrepancias en la percepción de los conflictos familiares entre padres e hijos adolescentes y encontraron: a. una alta coincidencia entre padres e hijos respecto a la cantidad y naturaleza de los temas que producen conflicto; b. qué conflictos se refieren a temas de la vida cotidiana; c. los padres tienen representaciones más precisas del punto de vista de los adolescentes que a la inversa, aunque éstas aumentan en la medida en que éstos se hacen mayores; d. ambos son optimistas con respecto al conocimiento por parte del otro de su punto de vista, creen por lo general que el otro conoce más de su punto de vista de lo que realmente es y e. a mayor precisión en la percepción del punto de vista del otro menores son los conflictos.

Motrico et. al. (2001) encontraron que por lo general existe un bajo nivel de conflicto entre padres e hijos adolescentes y que los temas más frecuentes de discusión referidos por los adolescentes son en este orden: la hora de llegar a la casa, el dinero y las compras y las tareas en la casa. Por su parte los padres reportaban como las mayores fuentes de conflicto las tareas de la casa, tareas del colegio y ver la televisión.

Según Motrico et. al. (2001) los conflictos más intensos entre los adolescentes y sus padres se relacionan con drogas, conducta sexual y la elección de carrera o profesión.



Tendencia hacia una mayor simetría o igualdad en las mismas.

El desarrollo físico, intelectual y emocional del adolescente lo acerca mucho más a los adultos en cuanto a habilidades e incluso en algunas áreas pueden superar a los adultos. Esto trae como consecuencia que por lo general empiezan a evidenciarse relaciones más simétricas con ambos padres, es decir, aunque los padres siguen siendo las figuras de autoridad, su comunicación con los hijos debe cambiar en el sentido de darle más independencia, permitirle tomar decisiones siempre que no se pongan en riesgo ellos o los demás y pasar de la posición de imponer y ordenar a la posición de aconsejar y apoyar.

A pesar de los cambios y desacuerdos que existen entre padres e hijos en esta etapa, la mayor parte de los mismos continúan manteniendo relaciones armoniosas con los padres. Al respecto Montemayor (1984) encontró que un 60% de adolescentes refieren poseer relaciones armoniosas, el 20% experimenta problemas de forma intermitente y sólo el 20% presenta problemas graves en la relación con los padres.

Factores que contribuyen a la resilencia en los adolescentes

La resilencia se refiere a la capacidad que tienen los individuos para hacerle frente a las dificultades de sus entornos y las demandas de los mismos sin ver afectado su desarrollo emocional y social. La resilencia no es un atributo sino un proceso que resulta de la interacción de factores propios del individuo y de su contexto, por lo tanto puede variar en diversos momentos de la vida.



Los factores que contribuyen a la resilencia comprenden tanto características de los individuos como de sus familias y su comunidad, que aumentan la probabilidad de que éste pueda hacerle frente a las dificultades de su entorno y a las diversas demandas que se le plantean de manera eficiente (Ver figura 6).

Figura 6 Factores que aumentan la resilencia en adolescentes


De más está decir que estos factores tienen un efecto sinérgico, es decir, que su acción conjunta es más protectora que la acción de cada uno por separado. Por lo general éstos se clasifican en concernientes al propio individuo, a la comunidad y a la familia. En este apartado nos vamos a referir a los dos primeros, ya que por el ser el tema central del capítulo vamos a tratar la temática de la familia del adolescente en un apartado especial.

Factores de resilencia propios del adolescente

Se considera que los adolescentes que poseen un adecuado desarrollo de sus competencias escolares y adecuadas estrategias para afrontar el estrés por lo general presentan mayor resilencia.



Competencias escolares.

Son aquellas que aumentan la probabilidad de que el adolescente triunfe en la escuela. Esto es sumamente importante ya que en la mayor parte de las sociedades industrializadas el logro escolar se asocia un mejor nivel socioeconómico, mayores posibilidades de empleo y una vida más productiva.

En general existen dos grupos de habilidades que favorecen la competencia escolar: las primeras son aquellas propiamente intelectuales tales como las de lectura, escritura y matemáticas por sólo mencionar las más generales; mientras el segundo grupo está compuesto por aquellas que sin ser propiamente intelectuales facilitan la expresión de las primeras, dentro de las que se encuentran algunas tales como los hábitos de trabajo, la motivación hacia el estudio y la facilidad para trabajar efectivamente en grupos por mencionar algunas.

El déficit en el desarrollo de competencias escolares se asocia a distintos patrones de conducta social disfuncional tales como apatía y conductas de evitación, o la inversa disruptivos o agresivos (Kagan, 1988), e incluso a una mayor probabilidad de consumo de drogas y conductas antisociales (Valdés, 2001; Castro, 2003).



Habilidades de afrontar el estrés.

Al respecto Gómez, Luengo, Romero, Villar & Sobral (2002) refieren que los adolescentes resilentes se caracterizan por utilizar un estilo de afrontamiento productivo de los problemas y en específico algunas estrategias propias de este estilo tales como el esforzarse, el concentrarse en resolver los problemas y fijarse en lo positivo.

Cumberland-Li, Eisenberg & Reiser (2004) encontraron que los adolescentes resilentes pueden controlar su atención y su conducta cuando la situación lo amerita y también pueden ser espontáneos e impulsivos cuando la situación lo requiere, es decir, poseen habilidad de ajustar su comportamiento a las demandas de la situación.

La habilidad para ejercer un autocontrol con respecto a sus esfuerzos y su conducta en general se manifiesta a través de:

1. Habilidades para tomar decisiones que estén dirigidas al logro de sus metas y dirigidas a establecer las operaciones cognitivas y afectivas que les permitan responder a las demandas internas y externas. Estos adolescentes logran acceder a información relevante para tomar sus decisiones y procuran comprender la misma. Son capaces de personalizar esta información de acuerdo a sus creencias, sentimientos y actitudes, además evalúan las soluciones teniendo en cuenta las consecuencias de las mismas.

2. La posibilidad de posponer las gratificaciones, ya que son capaces de atrasarlas voluntariamente, mantener el autocontrol y persistir en las conductas dirigidas al logro de sus metas hasta lograr alcanzarlas.

3. Elaboración y compromiso con un proyecto de vida; éstos se han propuesto propósitos en la vida los cuales consideran como potencialmente alcanzables y realizan esfuerzos por lograrlos. Estos propósitos los orientan hacia el futuro, además son capaces de elaborar metas realistas en el corto plazo y de relacionar sus acciones presentes con sus metas futuras.

Los adolescentes con dificultades para manejar el estrés y las diversas demandas de la vida se caracterizan por utilizar estrategias de evasión tales como conductas impulsivas y negación de los problemas y las necesidades de ayuda con el consiguiente deterioro de su bienestar psicológico y adaptación social.



Comunicación efectiva con otros.

Los adolescentes resilentes tienen la habilidad para construir y mantener relaciones positivas con los compañeros y adultos. Las habilidades interpersonales se asocian a salud mental, con un mejor desarrollo de habilidades cognitivas y a un rendimiento académico superior.

Éstos cumplen con importantes criterios de adaptación social como son el responder a las expectativas de diversos grupos, presentar actitudes favorables hacia las personas y los papeles que desempeña en grupos valorados socialmente y la satisfacción personal de su pertenencia a los grupos anteriormente mencionados (Hurlock, 1982).

Estos adolescentes logran comprender de manera adecuada los puntos de vista, los razonamientos y los sentimientos de los demás y los logran separar de los suyos propios lo cual facilita sus relaciones interpersonales.

Por último cabe mencionar que estos adolescentes poseen la habilidad para reconocer cuándo necesitan ayuda de los otros, especialmente de los adultos, y para pedirlas de manera directa, es decir, se acercan a los padres, maestros y otros adultos (e incluso a los propios amigos) cuando tienen problemas y están dispuestos a recibir consejo y apoyo.

Existe una alta incidencia de problemas mentales, delincuencia juvenil, abandono de la escuela y otras conductas de riesgo en los adolescentes que presentan dificultades en la comunicación con los otros.



Desarrollo de la identidad.

Erikson (2002), sostiene que la formación de la identidad es un proceso de autodefinición. Éste permite un sentido de coherencia entre el pasado, el presente y el futuro. Permite integrar y organizar las conductas en diversas áreas de la vida ya que contribuye a darle dirección y sentido.

El establecimiento de una identidad es un proceso que comienza desde que nacemos y no termina hasta que dejamos de existir; sin embargo, durante la adolescencia se establecen las bases de la misma por las posibilidades cognitivas y afectivas que surgen de los cambios que ocurren en esta etapa y por las demandas que se establecen con respecto a los sujetos que se encuentran en este período de la vida.

Marcia (1980), sostiene que existen cuatro modos de formar una identidad al terminar la adolescencia y cada uno de estos tiene consecuencias en el desarrollo socioemocional de los adolescentes. Cada uno de estos estados implica una posición diferente ante la toma de decisiones con respecto a elementos centrales de la vida y el grado de compromiso con las mismas.

Tomando como base lo propuesto por Marcia (1980) a continuación realizaremos una descripción breve de estas formas y de las posibles consecuencias asociadas a las mismas:


  1. Exclusión: Estos adolescentes ya hicieron compromisos sin dedicarle mucho

tiempo a la exploración. Escogieron una profesión, una religión y otras cosas muy influidos por los padres y maestros. Aunque sienten poca ansiedad y mantienen relaciones positivas con los padres y otros adultos, por lo general sostienen valores autoritarios y son fácilmente influenciables.

  1. Difusión: Aquí se encuentran los adolescentes que carecen de una orientación

específica y además no parecen mostrar mucho interés en encontrarla. Se muestran orientados hacia las gratificaciones inmediatas. Éstos corren un riesgo mayor de involucrarse en actividades peligrosas tales como el consumo de alcohol o drogas.

  1. Estado de moratoria: En este estado los adolescentes toman decisiones con

respecto a aspectos importantes de su vida tales como la profesión y valores, por mencionar algunos, pero aún dudan de las mismas y no logran comprometerse con ellas. Se manifiesta en éstos cierto nivel de ansiedad y preocupación.

  1. Consecución de la identidad: Aquí se hallan los adolescentes que después de

explorar lograron tomar decisiones relativas a los aspectos importantes de su vida y comprometerse con las mismas.

Consideramos que el hecho que los adolescentes hayan alcanzado el estado de consecución de la identidad actúa como un factor protector ya que les brinda por una parte seguridad en los proyectos que han establecido y la fortaleza para enfrentar las demandas y las dificultades provenientes de la consecución de los mismos.



Concernientes a la comunidad

Existen una serie de características de la comunidad que actúan como factores protectores aumentando la resilencia del adolescente. Dentro de estas podemos mencionar:



Existencias de redes de apoyo social.

La existencia dentro de la comunidad de instituciones de apoyo a la familia y a los adolescentes tales como las asociaciones de vecinos, grupos de autoayuda entre otras constituyen un apoyo tanto para los padres como para los propios adolescentes cuando éstos se encuentran con dificultades que exceden los recursos personales o familiares.



Existencia de espacios y ambientes adecuados para la recreación.

Resulta importante que la comunidad cuente con instalaciones deportivas, culturales y recreativas donde los adolescentes de manera sana puedan hacer uso de su tiempo libre al mismo tiempo que desarrollan habilidades sociales, atléticas y de apreciación de la cultura.



Buenos servicios educativos.

El hecho de que la comunidad cuente con escuelas suficientes para garantizar el acceso a todos los adolescentes a algún tipo de estudio y que éstas sean de calidad (buenos maestros, programas educativos de calidad e infraestructura adecuada) constituye un importante factor protector.



Buenos servicios de salud.

Es importante que la comunidad cuente con servicios de salud suficientes y de calidad. Con éstos se pueden tratar o prevenir problemas físicos o psicológicos que pueden afectar el desarrollo armónico del adolescente.



Poca tolerancia a las conductas desviadas.

En las comunidades donde existe escasa permisividad con respecto a conductas desviadas tales como el consumo de drogas, el alcoholismo entre otras, este tipo de conducta tiende a presentarse con menor frecuencia.



Valores relacionados con conductas prosociales.

Resulta fundamental que dentro de la comunidad se estimulen y promuevan valores prosociales tales como la honestidad, la solidaridad, el trabajo honesto y la familia por sólo señalar algunos.

Por ser la familia el tema central de este texto vamos a describir tanto los factores de la misma que dificultan como los que favorecen el desarrollo del adolescente.

Factores de riesgo familiares

Existen varios factores inherentes tanto a la estructura familiar como a su funcionamiento que aumentan el riesgo de que los adolescentes no puedan enfrentar de manera efectiva el estrés y desarrollar las habilidades para tener éxito en las distintas áreas de la vida. A continuación describiremos algunos de ellos.



Familias no estimulantes para el desarrollo cognitivo.

Cuando el adolescente se desarrolla dentro de una familia que ya sea por dificultades económicas, déficit de educación en los padres, bajas expectativas de éstos con respecto a la educación de los hijos o dificultades en su participación en las actividades educativas de los mismos, no crean un ambiente que estimule el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas que favorezca su éxito en la escuela.



Familias con estructuras diferentes a la nuclear.

Los adolescentes que crecen en familias con padres divorciados o incluso en aquellas denominadas reconstituidas o poligenéticas (donde uno o los dos padres se han vuelto a casar) presentan mayor vulnerabilidad, ya que al estrés propio de la etapa se suman las derivadas de las dificultades de los padres para ejercer sus funciones de manera efectiva.



Familias donde los padres no se encuentran disponibles para los adolescentes.

En ocasiones los padres debido a diversas circunstancias no se encuentran disponibles para los hijos. Estos padres por lo general no supervisan las actividades de los hijos ni les brindan apoyo cuando éstos tienen dificultades. Dentro de las causas más comunes que hacen que los padres no se encuentren disponibles se encuentra las demandas del trabajo, las enfermedades o la inmadurez emocional de los hijos la que los hace eludir las responsabilidades de su crianza.



Familias donde los padres no constituyen modelos efectivos.

Existe un aumento de la vulnerabilidad en los adolescentes que crecen en familias donde uno o los dos padres presentan problemas tales como abuso de sustancias, problemas emocionales o problemas conductuales. Estas familias se caracterizan por poseer un funcionamiento caótico y por ser tolerantes ante las conductas desviadas de los hijos (Valdés, 2001, Sánchez & Valdés, 2003).



Familias donde existe violencia.

La violencia y el enojo constante entre los padres se asocian con problemas en los adolescentes. Tanto el hecho de que el adolescente sea el objeto de la violencia por parte de los padres como que se vea expuesto a la violencia física o verbal entre los padres resulta dañino para la autoestima y confianza del mismo (Garbarino, Guttman & Seeley, 1986); además por lo general estos adolescentes tienen dificultad para controlar su propio enojo (Widom, 1989).



Familias con problemas emocionales.

Las familias donde uno o los dos padres presentan problemas emocionales tales como esquizofrenia, depresión o de personalidad por sólo mencionar algunos, se caracterizan por presentar conflictos entre los padres y bajo nivel de apoyo y solidaridad entre éstos.

Los adolescentes que crecen en estas familias se caracterizan por tener pobre control emocional y conductual. Estos presentan problemas de disciplina en la escuela y se involucran en conductas de riesgo, además de que en muchos casos ellos mismos presentan algún tipo de psicopatología (Sloan & Meir, 1983).

Familia con problemas en el ejercicio de la autoridad.

Según Valdés et. al. (2007) la palabra autoridad etimológicamente quiere decir ‘ayudar a crecer’, de esto se deriva que su principal función del ejercicio de la autoridad dentro de la familia es ayudar a los jóvenes en el proceso de la elaboración de sus propias metas y en la elección de las acciones a través de las cuales las llevarán a cabo.

Los adolescentes que se desarrollan en familias donde los padres no ejercen de manera adecuada la autoridad ven afectado de una forma u otra su desarrollo. Las dificultades en el ejercicio de la autoridad pueden deberse a una actitud excesivamente permisiva o autoritaria por parte de los padres.

McWhirter et. al. (1993) refieren que la crianza permisiva puede expresarse como negligencia o indulgencia por parte de los padres. Los padres negligentes se caracterizan por permitir libertad a los hijos con pocas regulaciones. En muchas ocasiones estos padres no tienen en cuenta las necesidades de sus hijos disfrazando su falta de disposición a involucrarse en la crianza de los mismos con una necesidad de independencia de éstos. Por su parte los padres indulgentes se caracterizan por establecer pocos roles para sus hijos adolescentes, los cuales pueden violar los mismos con pocas consecuencias. Por lo general estos adolescentes tienden a controlar la conducta de sus padres.

Los adolescentes hijos de padres negligentes desarrollan pocas habilidades para adaptarse a los roles adultos y dificultades sociales, mientras que los hijos de padres indulgentes tienden a ser desobedientes y demandantes. En ambos casos aumenta la probabilidad de que se desarrollen conductas antisociales, agresivas y narcisistas.

Por otra parte McWhirter et. al. (1993) refiere que la crianza autoritaria también puede adoptar varias formas, como por ejemplo el control rígido y el autoritarismo. Los padres con control rígido se caracterizan por establecer un alto número de roles y regulaciones para los hijos y controlar de manera rígida el cumplimiento de los mismos y parecen deleitarse en castigar a los hijos por sus errores de conducta. Por otra parte los padres autoritarios también establecen una gran cantidad de roles y regulaciones; por lo general se muestran enojados con respecto a los hijos y acuden a los gritos o al castigo físico para hacer cumplir sus demandas.

McWhirter et. al. (1993) refieren que los adolescentes que se desarrollan en estos ambientes se caracterizan por presentar miedo y rechazo ante las figuras de autoridad. Desarrollan en muchas ocasiones todo un repertorio de conductas manipulatorias para expresar la agresividad. En los casos más extremos estos adolescentes desarrollan conductas impulsivas y delictivas.

Factores familiares que aumentan la resilencia.

Los factores que aumentan la resilencia pueden ser también inherentes tanto a la estructura como al funcionamiento familiar. Éstos actúan fortaleciendo al adolescente para enfrentar de manera efectiva el estrés y permitiendo el desarrollo de las habilidades necesarias en los mismos para tener éxito en las distintas áreas de la vida.

Familias estimulantes para el desarrollo cognitivo.

El hecho de que la familia cree un ambiente dentro del hogar que estimule el desarrollo de habilidades cognitivas en los adolescentes y apoye el desempeño académico de los hijos permite a éstos responder de manera efectiva a las demandas intelectuales de su contexto. Esto favorece el desarrollo de la autoestima del adolescente y la elaboración de un proyecto de vida socialmente aceptado.



Familias donde los padres cumplan con las funciones parentales básicas.

Resultaría insensato pedirles a los padres cuando no se sienten satisfechos con su matrimonio y los conflictos se han tornado intolerantes, que no opten por el divorcio o que no vuelvan a casarse si así lo deciden; además de que el hecho de que mantengan el matrimonio no significa que cumplan efectivamente sus funciones parentales.

Lo que resulta indispensable es que independientemente de si ambos padres vivan juntos o separados, éstos cumplan de manera efectiva con sus funciones parentales especialmente las referidas a garantizar el bienestar económico de los hijos, que cuenten con apoyo emocional, supervisión y guía adecuadas.

Familias donde los padres se encuentran disponibles.

Aunque durante esta etapa los adolescentes dan en ocasiones la impresión de no necesitar de los padres, esto dista mucho de ser real. Como dijimos con anterioridad los padres siguen siendo el principal apoyo al que recurren los adolescentes cuando tienen problemas, por lo tanto estos deben ser sensibles y estar disponibles para los hijos cuando lo requieran con la función de apoyarlos en sus conflictos y atenuar sus preocupaciones.



Familias donde los padres constituyen modelos efectivos.

Los adolescentes que se educan en familia donde los padres constituyen modelos de valores y comportamientos sociales positivos favorecen el desarrollo de estos comportamientos en los hijos. La adquisición de estos comportamientos prosociales se ve favorecida por la observación y de la conducta de los padres en diversas esferas tales como el estudio, el trabajo con las demás personas y con la comunidad en general. Otro aspecto importante resulta del refuerzo que ven los hijos que los padres tienen por la ejecución de estas conductas.



Comunicación efectiva entre los integrantes de la familia.

Cuando los padres mantienen entre ellos mismos y con relación a los hijos relaciones caracterizadas por el respeto. Cuando existe una comunicación clara y fluida que permita que los adolescentes puedan expresar sus inquietudes, opiniones e incluso reconocer sus errores en el marco de un ambiente de tolerancia, se favorece por parte de los padres el desarrollo en los hijos de una autoestima positiva y la toma de decisiones acertadas por parte de estos ante los diferentes problemas que les surgen.



La adopción de un estilo de crianza con autoridad.

Aunque es cierto lo que sostienen autores como Valdés et. al. (2007) que no siempre el estilo con autoridad es el que mejor funciona y que la eficiencia del mismo está influida por aspectos tales como las características del hijo y del ambiente, también es cierto que por lo general este es el más efectivo.

Los padres con un estilo de crianza con autoridad se preocupan por ejercer su autoridad pero se caracterizan por apoyar y permitir que los hijos externen sus opiniones y por discutir con los mismos acerca de los roles y regulaciones existentes en la familia y tolerar un rango más amplio de conductas permitidas.

Según McWhirter et. al. (1993) y Valdés et. al. (2007) estos adolescentes tienden a ser más activos, sociables, extravertidos, por adoptar una postura crítica acerca de las cuestiones sociales y asumir roles adultos más temprano. Tienden a ser más creativos y más independientes en decidir lo que es importante para ellos.



Sugerencias dirigidas a la familia del adolescente

En este libro creemos haber mostrado la idea de que ser padres es una tarea que dista mucho de ser fácil; la misma requiere además de paciencia y sentido común, conocimientos y habilidades para promover de manera efectiva el desarrollo de los hijos. La adolescencia particularmente pone a prueba toda la paciencia y las habilidades de los padres como conductores del desarrollo de los hijos; aquí nos proponemos brindar algunas sugerencias a los padres.

Además de las cuestiones básicas en cuanto a que los padres deben procurar que los hijos tengan satisfechas sus necesidades básicas y desarrollen hábitos que les permitan una vida saludable, éstos deben tomar conciencia que el hecho de que su influencia sobre los hijos sea efectiva, es decir que los hijos se apropien de sus valores, depende básicamente de tres factores:


  1. Sus estrategias de disciplina: los padres que utilizan un estilo de disciplina con autoridad promueven la interiorización de valores por parte de los hijos, ya que esto les permite a los mismos comprender el significado y sentido de estos valores y por lo tanto apropiarse de ellos.

  2. El clima emocional: la adopción de valores por parte de los hijos ocurre mejor dentro de un clima emocional de respeto a los puntos de vista de todos los miembros de la familia y de tolerancia a la diversidad de ideas y proyectos de vida. Vale la pena recordar a Roger (1988) cuando dice que el desarrollo pleno del individuo sólo es posible en un clima emocional donde se siente querido y valorado, independientemente de la diferencia en sus ideas y puntos de vista.

  3. Percepción de las intenciones parentales: Resulta esencial para lograr una influencia de los padres sobre los hijos que éstos perciban como bien intencionadas sus acciones, es decir, los adolescentes deben percibir que las reglas y los valores que les trasmiten los padres tienen como fin el bienestar de ellos. Los padres por lo tanto deben mostrar a los hijos la utilidad de los valores y reglas familiares para el desarrollo de ellos como personas.




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