Teorías del aprendizaje



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Familia y crisis

Familia y crisis

Estrategias de afrontamiento

Angel Alberto Valdés Cuervo

José Manuel Ochoa Alcántar
(Compiladores)
Instituto Tecnológico de Sonora

2009


Familia y crisis

Estrategias de afrontamiento

Autores
Mtro. Angel Alberto Valdés Cuervo

Mtro. José Manuel Ochoa Alcántar

Mtra. Maricela Urias Murrieta

Dr. Javier José Vales García

Instituto Tecnológico de Sonora

México


Mtra. Dunia Ferrer Lozano

Mtra. Teresa Herrera Simón

Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas

Cuba


Dr. Pedro Antonio Sánchez Escobedo

Universidad Autónoma de Yucatán

Mexico

Psic. Pedro Luis Arango Torrejón



Centros del Integración Juvenil Mérida A.C.

Hospital Psiquiátrico Yucatán

México

Índice


Capítulo I. Crisis normativas y no normativas del desarrollo familiar 9

Crisis y familia 10

Teoría de los eventos vitales 12

Teoría cognoscitiva 13

Teoría del afrontamiento 14

Teoría de la reactivación de historias pasadas 14

Tipos de crisis 15

Crisis no normativas 15

Crisis normativas 16

Afrontamiento efectivo de las crisis familiares 18




Capítulo II. Conformación de la pareja 20

Hacia una definición de la pareja 21

Etapas por las que atraviesa una relación de pareja 22

Ventajas y desventajas de una vida en pareja 26

Factores que influyen en la estabilidad de la pareja 27

Sugerencias para las parejas 30




Capítulo III. Nacimiento y crianza de los hijos 33

Familia e hijos 34

Relaciones padres-hijos 34

Estilos de crianza 41

Sugerencias para una crianza efectiva 43

Correcta satisfacción de las necesidades básicas 43

Ambiente estimulante para el desarrollo 44

Conocimiento de las características de las diferentes etapas de la vida 45

Aceptación de la individualidad de los hijos 46

Ejercicio adecuado de la autoridad 47

Establecimiento de límites claros 47

Comunicación con los hijos 48




Capítulo IV. Familia y logro escolar 50

Educación y desarrollo 51

Posturas acerca de la calidad de la educación 53

Factores de insumo o estructurales 55

Nivel socioeconómico de la familia 55

Nivel educativo de padres y madres 57

Factores procesales o de proceso 59

Expectativas acerca de la educación de los hijos 59

Participación en las actividades educativas 60

Modelos para el estudio de la participación 61

Modelo de los niveles de participación 61

Dimensiones de la participación según Martiniello 62

Modelo de Epstein 63

Importancia de la participación de los padres en la educación de los hijos 63

Factores que influyen en la participación de los padres 68

Concernientes a los padres 69

Concernientes a la escuela 70

Concernientes a la comunidad 71

Sugerencias para incrementar la participación de los padres 72

Sugerencias dirigidas a las escuelas 72

Desarrollo de habilidades de crianza 72

Comunicación con la escuela 73

Aprendizaje en el hogar 73

Toma de decisiones 74

Voluntariado 74

Colaboración con la comunidad 75

Sugerencias dirigidas a los padres 75

Habilidades de crianza 75

Apoyo del aprendizaje en casa 76

Comunicación con la escuela 76

Toma de decisiones 77

Voluntariado 77

Colaborando con la comunidad 77

Sugerencias dirigidas a la comunidad 78




Capítulo V. Familia y adolescencia 79

Los cambios de la adolescencia 80

Tareas de desarrollo en la adolescencia 81

Cuidado de su bienestar físico 82

Desarrollo de competencias intelectuales 82

Desarrollar un concepto de sí mismo y una autoestima positiva 83

Desarrollar habilidades para afrontar las demandas de la vida 83

Desarrollo de la identidad 83

Características de las relaciones padre-hijo en la adolescencia 84

Distanciamiento en las relaciones del adolescente con los padres 84

Aumento de la conflictividad con los padres 84

Tendencia hacia una mayor simetría o igualdad en las mismas 86

Factores que contribuyen a la resilencia en los adolescentes 86

Factores de resilencia propios del adolescente 87

Habilidades de afrontar el estrés 88

Comunicación efectiva con otros 89

Desarrollo de la identidad 90

Concernientes a la comunidad 91

Existencias de redes de apoyo social 91

Existencia de espacios y ambientes adecuados para la recreación 91

Buenos servicios educativos 91

Buenos servicios de salud 91

Poca tolerancia a las conductas desviadas 92

Valores relacionados con conductas prosociales 92

Factores de riesgo familiares 92

Familias no estimulantes para el desarrollo cognitivo 92

Familias con estructuras diferentes a la nuclear 92

Familias donde los padres no se encuentran disponibles para los adolescentes 92

Familias donde los padres no constituyen modelos efectivos 93

Familias donde existe violencia 93

Familias con problemas emocionales 93

Familia con problemas en el ejercicio de la autoridad 93

Factores familiares que aumentan la resilencia 94

Familias estimulantes para el desarrollo cognitivo 95

Familias donde los padres cumplan con las funciones parentales básicas 95

Familias donde los padres se encuentran disponibles 95

Familias donde los padres constituyen modelos efectivos 95

Comunicación efectiva entre los integrantes de la familia 95

La adopción de un estilo de crianza con autoridad 96

Sugerencias dirigidas a la familia del adolescente 96


Capítulo VI. Familia y envejecimiento 98

¿Qué es el envejecimiento? 99

Aspectos demográficos actuales del envejecimiento 101

¿Es posible el desarrollo en la vejez? ¿Cómo lograrlo? 103

La familia como fuente de apoyo social y determinante del desarrollo del adulto mayor 106

Comunicación, familia y adultez mayor 109

Reflexiones finales 112


Capítulo VII. Familia y tecnología 114

Introducción 115

De los 0 a los 15 años de edad en tecnología 115

Cuando hay Internet en tu casa 118

Mira quién habla 120

El sonido de la música 122

Vamos a jugar 123

Palabras finales 125




Capítulo VIII. Violencia familiar 126

Hacia una definición de la violencia intrafamiliar 127

El uso de la fuerza a partir de un desequilibrio de poder 128

La producción de un daño como consecuencia 129

Su carácter relacional 129

La intencionalidad del acto violento 130

La posibilidad de expresarse por acción u omisión 130

¿Cómo se legitima la violencia? 130

Violencia vs familia 131

Mitos sobre la violencia familiar 133

Consecuencias de la violencia familiar 135

El maltrato infantil 136

Participación de la familia en el maltrato infantil 137

Perfiles del niño maltratado 138

La violencia conyugal, violencia de género 139

Perfiles de víctimas y victimarios 142

El ciclo de la violencia 143

Reflexiones para el afrontamiento de la violencia intrafamiliar 145




Capítulo IX. La familia ante el divorcio o la separación 148

El divorcio como crisis 149

Consecuencias del divorcio en los hijos 152

Factores de riesgo 155

Disminución de los recursos económicos de la familia 155

Continuación de los conflictos entre los padres 155

Habilidades de crianzas disminuidas o incompetentes del progenitor custodio 157

Falta de involucramiento del progenitor no custodio 157

Pérdida de las relaciones de apoyo no parentales 158

Sugerencias para un afrontamiento efectivo del divorcio 158




Capítulo X. Familia y discapacidad 163

Familia y discapacidad 164


Características de la familia que influyen en el manejo de los hijos con discapacidad 167

Nivel socio-económico 167

Estructura de la familia 168

Género y etnia 169

Discapacidad y familia 170

Sugerencias para un manejo efectivo de los hijos con discapacidad 172



Capítulo XI. Familia y adicciones 174

El consumo de drogas en México 175

Las drogas y su clasificación 176

La adicción a las drogas 177

Consecuencias del consumo de drogas 178

Efectos de la marihuana o cannabis 178

Efectos por consumo de cocaína 179

Efectos por consumo de éxtasis 179

Efectos por consumo de heroína 179

Efectos por consumo de alcohol 179

Efectos por consumo de tabaco 179

Clasificación de usuarios de drogas 179

El adolescente en riesgo 180

La familia 181

El adicto y su familia 182

Factores de protección 184


Prólogo

El quehacer universitario nos lleva en su dinámica a realizar con esmero la labor de difundir los conocimientos en toda su expresión, es así como este grupo de expertos en los temas de educación y salud, nos exponen en su libro Familia y Crisis: Estrategias de Afrontamiento, una serie de capítulos con los que se acercan a las diversas aristas que se relacionan con ello, cuidando en todo momento los editores la presentación sistemática y ordenada de la información que aquí se presenta.


Es así como vemos que en el inicio de esta obra se definen y se contextualizan los aspectos relacionados con la crisis, analizándola de varias formas y valorando su impacto en el manejo intrafamiliar; un aspecto relevante tiene que ver con la conformación de la pareja, donde se delimita lo importante de esa decisión, ya que si se equivocan en esa parte del inicio de la futura vida familiar, traerá por consecuencia una relación no funcional, que impactará de manera negativa en los miembros de la familia; los hijos, que llegan a ser en primer lugar una aspiración para la mayoría de las parejas, ocasionando en algunos casos una probable crisis económica durante la crianza, por lo que en este capítulo se explican algunos motivos admirables sobre el deseo de tener hijos y posteriormente el impacto, los factores y los diferentes estilos de crianza que se presentan en el seno familiar de acuerdo al desarrollo armónico que se genere.
Una parte esencial de la crianza de los hijos es la educación, que para los padres de familia significa el motor del desarrollo personal, profesional y social, además de que existe una relación muy compleja y equitativa entre la educación y el desarrollo, por ser el interés del libro, se analizan los factores familiares dividiéndolos en factores estructurales, haciendo énfasis en la participación oportuna de los padres; hablar de adolescencia nos conlleva a pensar en nuestros mejores tiempos porque es de las etapas más dinámicas por las que pasa el ser humano, pero también es uno de los momentos más primordiales que los padres deben de estar en mejor comunicación y mantener su función como guías para el desarrollo de los mismos; en este capítulo se hace énfasis en las principales actividades que desarrolla un adolescente así como sugerencias dirigidas a los padres para que puedan actuar como favorecedores del desarrollo de los hijos durante esta etapa de la vida.
Claro está que el ciclo de vida de una persona pasa por la etapa de envejecimiento, y se considera un tema muy importante, por lo que nuestros expertos nos explican que a pesar de que los adultos de edad avanzada ocupan un alto porcentaje en nuestra sociedad, es necesario que existan políticas públicas para preparar a las familias futuras para manejar su propio envejecimiento, así como la comunicación de la familia con el adulto mayor.
Actualmente, una de las palabras más usadas en nuestra sociedad es la tecnología, así como su uso; por ejemplo: ¿qué familia no tiene en su casa una computadora, teléfonos celulares, reproductores de música digital, videojuegos, entre otros? Puedo asegurar que de al menos de diez familias, nueve cuentan con algún aparato tecnológico, sino es que las diez, por lo tanto, en este libro se trata de explicar cómo las nuevas tecnologías han venido transformando a las familias y el aprovechamiento que se ha obtenido de ellas.
Retomando nuevamente la crisis en el desarrollo familiar, desgraciadamente hace acto de presencia la violencia que es un término un poco no muy agradable que se presenta tanto en la sociedad como en el seno familiar, pero uno de los logros de nuestra comunidad es que se ha hecho público y eso ha permitido que se tomen medidas de control al respecto, siendo así este capítulo el que hace mención a la expresión, factores y mitos de la violencia en el marco familiar.
Uno de los tantos momentos críticos y mal vistos por la sociedad es el divorcio y/o separación que se da durante una relación de pareja, porque los más afectados resultan ser los hijos; probablemente es conveniente reconocer que quizás no podamos dar marcha atrás a este fenómeno que se asocia con cambios sociales e ideológicos, por lo que debemos hacerlo visible y ayudar a las familias a manejarlo de manera tal que no afecte el desarrollo del miembro familiar.
Por último, los autores expresan dos situaciones que están fuera de alcance para las familias: la discapacidad y las adicciones; por un lado se trata de explicar la importancia de la familia para el bienestar de un miembro con discapacidad, y por el otro se hace un análisis de los factores de protección para prevenir las adicciones, sobresaliendo la participación esencial de la familia.
Por todo lo anterior, este libro cumple a plenitud con la expectativa de abordar de manera seria y comprometida la realidad de la familia y los diversos factores que la afectan en el buen desarrollo de sus miembros.

Dr. Marco Antonio Gutiérrez Coronado

Vicerrector Académico

Instituto Tecnológico de Sonora


CAPÍTULO I. Crisis Normativas y no Normativas del Desarrollo Familiar.



Mtro. Angel Alberto Valdés Cuervo

Departamento de Educación

Instituto Tecnológico de Sonora

México
Visión panorámica del capítulo
Hoy más que nunca es necesario favorecer el desarrollo de recursos en las familias para que puedan cumplir efectivamente las tareas de crianza de los hijos. Uno de éstos resulta de la comprensión de los cambios que enfrentará durante su desarrollo y de la forma en que se puede comportar ante los mismos. En este primer capítulo definiremos primero qué es una crisis y el papel que juega en el desarrollo familiar, las teorías que explican la aparición de las crisis y los tipos de crisis que se presentan durante el desarrollo familiar. Asimismo se les presentarán a las familias algunas estrategias que pueden utilizar para afrontar de manera efectiva las crisis familiares.
Crisis y familia
Resulta difícil definir qué es la familia, por lo que a lo largo del estudio de la misma se ha conceptualizado de diferentes formas; sin embargo, todas adolecen de alguna limitación ya que no logran captar la amplitud del concepto de familia. Generalmente se han utilizado tres criterios para definir familia: a. consanguinidad, donde se sostiene que familia son todas las personas unidas por lazos sanguíneos; b. cohabitación, según el cual familia son todas las personas que viven bajo un mismo techo y c. el afectivo, en el que se define como familia a todas las personas unidas por vínculos afectivos estrechos.

Cuando se utiliza el criterio de consanguinidad para definir a la familia, se corre el riesgo de dejar fuera de su conceptualización a parientes políticos y otras personas afectivamente importantes para los sujetos o incluir a personas que aunque tengan vínculos sanguíneos por determinados motivos (alejamiento, conflictos, etc.) no son consideradas como familia por un sujeto concreto; por otra parte, si prima el criterio de cohabitación, se deja fuera a parientes biológicos y políticos que viven en lugares diferentes o se pudiera incluir a personas que aunque viven bajo el mismo techo no se consideran como familia (por ejemplo: empleados domésticos); por último, cuando la definición de familia se hace con el criterio afectivo y se corre el riesgo de ampliar demasiado el concepto, pues podrían incluirse dentro del concepto de familia a prácticamente cualquier persona con la cual tengamos algún vínculo afectivo.

Ante la dificultad evidente que existe para definir el término familia, autores como Andersen (1997) sostienen que “la familia como concepto abstracto no existe, sino que existen tantos tipos de familias como sujetos que las definan en su discurso” (p.10). Esto es, que cada persona considera de manera particular lo que para ella es familia e incluye en su definición a las personas que siente como parte de la misma.

A pesar de que cada persona tiene una definición diferente de lo que es familia, esta se constituye para la mayor parte de nosotros en la más importante red de apoyo social para las diversas transiciones que se han de realizar durante la vida: búsqueda de pareja, de trabajo, de vivienda, de nuevas relaciones sociales, jubilación, vejez, etc.; así como para el enfrentamiento de sucesos impredecibles que se presentan a lo largo de la vida: divorcio, muerte de un familiar y desempleo por sólo mencionar algunos.

Como dijimos anteriormente, la familia como sistema social enfrenta necesariamente crisis tanto predecibles (propias de su ciclo vital y por lo tanto esperadas) o impredecibles (sucesos total o parcialmente inesperados que afectan la vida de la familia). Las crisis constituyen estados temporales de malestar y desorganización caracterizados por la incapacidad de la familia para manejar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados y por el potencial para obtener resultados positivos o negativos (Slaikeu, 1996). Es decir, en el centro de la definición de la crisis se encuentra primero la existencia de la necesidad de cambio en distintos aspectos de la dinámica familiar tales como el tipo de comunicación, los patrones de autoridad, los límites y roles sólo por mencionar algunos. Y en segundo lugar, la potencialidad para producir tanto un daño como un crecimiento y desarrollo en la familia.

Lo anterior permite suponer que quizás lo que diferencia a las familias funcionales de las disfuncionales no es la ausencia de crisis, sino que las mismas han sido enfrentadas de manera tal que han contribuido al desarrollo y crecimiento del sistema familiar y sus integrantes.

Esto nos lleva a preguntarnos acerca de los factores que determinan que las crisis evolucionen hacia el daño o el mejoramiento. Por lo general estos factores se pueden agrupar en tres tipos: gravedad de los sucesos que precipitan las crisis, recursos familiares (características socioeconómicas y funcionales que facilitan el afrontamiento efectivo de las crisis) y los apoyos sociales lo cuales pueden ser provenientes de la misma familia, de los amigos u otras personas significativas y de la misma comunidad.

Existen sucesos que por su naturaleza o por el momento en que ocurren pueden sobrepasar los recursos de la familia para enfrentarlos y ocasionar por lo general un daño. Un ejemplo de esto sería la muerte del padre en una familia con hijos pequeños, donde la madre no trabaje fuera del hogar y no estén disponibles otros apoyos familiares y sociales.

Los recursos familiares son importantes también a la hora de predecir si una crisis tendrá consecuencias positivas o negativas. Por solo mencionar uno de los posibles recursos familiares, nos referiremos al grado de flexibilidad de los roles dentro de la familia; así por ejemplo, una familia con roles flexibles podría manejar más efectivamente una crisis no predecible tal como la enfermedad de la madre ya que en éste el padre o los hijos pueden suplir las funciones de la madre lo cual incluso puede ocasionar un mejoramiento y desarrollo familiar al sensibilizar al padre con las funciones de la madre y hacer a los hijos más responsables.

Como dijimos anteriormente estos apoyos sociales se pueden generar en la propia comunidad, por sólo ilustrar alguno mencionaremos el hecho de que las parejas que deciden divorciarse cuenten con mediadores y servicios de apoyo legal propicia que se logren acuerdos que minimicen los efectos dañinos de esta situación y favorezcan que la misma se convierta en una oportunidad de crecimiento.

Los apoyos que se reciben de los familiares son sumamente importantes dentro de nuestra cultura, ya que estos abarcan tanto aspectos instrumentales (dinero, cuidado de los niños etc.) como afectivos (apoyo emocional, compañía etc.). Al respecto resultan ilustrativos los hallazgos encontrados por Valdés, Basulto y Choza (2009), quienes al investigar la percepción que tenían las mujeres divorciadas acerca de los principales apoyos que habían tenido para manejar la separación, manifestaron que estos apoyos se originaron fundamentalmente dentro de la familia extensa y en especial en sus padres abarcando tanto aspectos económicos como emocionales.

Los amigos y otras personas significativas también pueden actuar como importantes apoyos de crisis. Valdés et. al. (2009) refieren que las mujeres que estaban enfrentando un proceso de apoyo mencionaban que después de la familia, su fuente de apoyo más importante había provenido de los amigos y que este era un apoyo moral y emocional fundamentalmente.

A lo largo del estudio de las crisis se han originado varias teorías para explicar cómo se originan y enfrentan las mismas por parte de los individuos y las familias. A nuestro juicio al respecto las teorías más importantes son la de los eventos vitales, cognoscitiva, la de afrontamiento y la de la reactivación de conflictos pasados. A continuación describiremos brevemente los postulados esenciales de cada una de estas teorías.

Teoría de los eventos vitales

Sostiene que las crisis son originadas por uno o varios sucesos específicos. Mientras que algunos sucesos parecen tener un carácter casi universal para producir una crisis en una familia, como son por ejemplo, un divorcio o la pérdida del empleo de alguno de los padres. Otros sucesos sólo son estresantes para una familia o grupo de familias en virtud del significado especial que éstas le otorgan al mismo; así tenemos que el enterarse de que la hija adolescente no es virgen puede generar una crisis en una familia conservadora y no así en una liberal.

Novack (1978 citado por Slaikeu, 1996) sugiere que la potencialidad de un suceso para producir una crisis depende del momento en que ocurra, su intensidad, duración y grado que interfiere el desarrollo del individuo.

El abandono de la mujer por parte del marido quizás tenga más potencial para producir una crisis si ocurre cuando la mujer se encuentra pasada de los 50 años, que cuando ésta tiene 30 años. Aunque es el mismo suceso, el momento de ocurrencia determina una vivencia diferente ya que por lo general una mujer pasada de los 50 se valora con menos recursos para iniciar una nueva relación.

La duración también es un factor que influye en el potencial de un suceso para originar una crisis. La pérdida del empleo del padre tiene más probabilidad de ocasionar una crisis si éste no encuentra otro empleo parecido en un período de tiempo corto.

El grado de interferencia del suceso en el desarrollo de la familia también potencializa el efecto del mismo para provocar la crisis. Vuelve mucho más vulnerable a una familia un divorcio si ocasiona daños económicos, los cuales impiden que los hijos asistan a la misma escuela y participen en las actividades recreativas que estaban acostumbrados, por estar afectando además el desarrollo educativo y social de los hijos. Esta potencialidad del divorcio para producir una crisis disminuiría si el mismo no limita de manera considerable los recursos económicos de la familia y ésta no resulta afectada en otras áreas de su desarrollo

Teoría cognoscitiva

La teoría cognoscitiva sostiene que la potencialidad de un suceso para originar una crisis está en dependencia de la evaluación que se haga del mismo, es decir, de cómo evalúa la familia la afectación de éste en su existencia.

Un suceso origina una crisis sólo si se evalúa como: a. Una amenaza a las necesidades físicas o emocionales de alguno de los integrantes de la familia; b. Una pérdida o c. Un reto que amenaza con sobrepasar las capacidades de la familia.

Lo anterior explica en parte el hecho de que un mismo suceso pueda convertirse en una crisis para una familia y para otra no. La incorporación de la mujer al trabajo puede ser evaluada como negativa por los integrantes de la familia y ocasionar una crisis. En el caso de los hijos por sentir que los afecta desde el punto de vista emocional, al no tener el mismo acceso a la madre y en caso del padre por vivenciarlo como una pérdida de su poder. Sin embargo, este mismo suceso no sería potencialmente crítico para una familia cuyos integrantes valoren el ingreso de la madre al trabajo como una oportunidad para mejorar su situación económica y para probar que pueden asumir nuevos roles.



Teoría del afrontamiento

Desde esta perspectiva las crisis se asocian con estrategias de afrontamiento inadecuadas para diversas situaciones que no permiten una solución efectiva a las mismas lo que hace que la familia se sienta indefensa ante éstas.

Según Lazarus (1980), cuando una familia enfrenta un suceso estresante realiza dos evaluaciones: la primera de ellas, dirigida a determinar si el suceso es amenazante o no y la segunda, dirigida a cómo enfrentar el mismo, lo cual conlleva cambiar la situación y manejar los componentes subjetivos asociados a la misma (sentimientos, pensamientos, bienestar físico y emocional). La crisis ocurrirá cuando se percibe la solución del problema como imposible y existe dificultad para manejar los aspectos subjetivos asociados al mismo.

La conducta rebelde de una adolescente se convertirá en una crisis para la familia si ésta percibe que no tiene ningún recurso para poder controlarla y además no pueden evitar sentirse deprimidos y enojados por la misma. Este mismo suceso perderá su potencial para producir una crisis si la familia vislumbra estrategias posibles para su manejo y/o deja de brindarle importancia a estos comportamientos eliminando a su vez los sentimientos negativos asociados.

De los planteamientos anteriores se puede deducir que la resolución de la crisis involucra el dominio cognoscitivo de la situación y el desarrollo de estrategias de afrontamiento que incluyen cambios en los comportamientos de la familia y el uso apropiado de los recursos externos.

Teoría de la reactivación de historias pasadas

Esta postura se desarrolla fundamentalmente dentro de autores de la corriente psicoanalítica que sostienen que los diversos sucesos originan crisis si reactivan traumas pasados. Así por ejemplo, la infidelidad de una mujer puede reactivar en el esposo traumas antiguos con respecto a su capacidad sexual, lo cual lleva a que éste valore dicho suceso como confirmatorio de sus dudas y le dé una magnitud aún mayor que la que pudiera tener.

Otro ejemplo de esta teoría sería el conflicto que se presenta en una familia entre el padre y el hijo, porque este último no quiso seguir practicando el futbol, deporte en que parecía tener talento. Este conflicto se origina realmente en la necesidad insatisfecha del padre de realizarse en este deporte.



Tipos de crisis

Como hemos visto a lo largo de su desarrollo, la familia debe enfrentarse a una serie de crisis las cuales pueden clasificarse en circunstanciales o impredecibles o del desarrollo o predecibles. A continuación describiremos brevemente las características de ambos tipos de crisis.



Crisis no normativas (circunstanciales o impredecibles)

Las crisis circunstanciales o impredecibles son accidentales o inesperadas y se originan por algún o algunos sucesos. Según Slaikeu (1996) las características principales de estas crisis son: a. aparición repentina, por lo general aparecen abruptamente; b. imprevisión, no se sabe cuando sucederán y c. calidad de urgencia, requieren de una respuesta inmediata por parte de la familia.

En ocasiones estas crisis no afectan la estructura de la familia y a pesar de su carácter aparentemente demoledor resultan ser resueltas generalmente de manera favorable. Podríamos mencionar el ejemplo de una familia que tiene que enfrentarse a pérdidas materiales originadas por el paso de un ciclón.

Sin embargo, en otras ocasiones la resolución de esta crisis se hace más compleja ya que sí involucra la capacidad de la familia para producir cambios en su estructura, en sus roles y en los sistemas de comunicación empleados. El hecho de que se produzcan estas modificaciones determinará la fluidez con que la familia resuelva las diferentes situaciones inesperadas de crisis que se le presenten.

La muerte del padre en una familia con hijos pequeños puede, como dijimos anteriormente, enfrentar a una familia a una crisis inesperada. La resolución adecuada de la misma requiere un reajuste en su estructura que quizás afecte la jerarquía de poder que existía en la familia, ya que la madre debe asumir el rol de autoridad del padre; también se redefinen sus fronteras con otros sistemas sociales, como son los abuelos con los cuales la relación pudiera tornarse más cercana al pasar a suplir éstos algunas funciones para apoyar a la madre en sus nuevas funciones. Cambian además los roles familiares, ya que la madre tiene que pasar a desempeñar el papel de proveedor único y los hijos, especialmente los mayores, van a tener que asumir roles que implican mayor responsabilidad.

Crisis normativas (de desarrollo o predecibles)

La noción de crisis del desarrollo o predecibles se fundamenta en la idea de que las familias cambian en su forma y función a lo largo del tiempo. Estas crisis se originan durante el tránsito de la familia de una etapa a otra de su desarrollo, ya que cada etapa requiere del cumplimiento de ciertas tareas que llevan implícito la necesidad de un cambio en la estructura y funcionamiento del sistema familiar.

Para Slaikeu (1996) las crisis de desarrollo se sostienen en varias hipótesis:


  1. La vida desde el crecimiento hasta la muerte se caracteriza por un cambio constante.

  2. El desarrollo se caracteriza por una serie de transiciones, cada una de éstas implica tareas diferentes.

  3. Cada transición origina una estructura cualitativamente diferente.

La familia como cualquier otro sistema social está en un constante proceso de desarrollo desde su origen, cada cambio esta caracterizado por transformaciones en su composición, reorganización de subsistemas antiguos y el surgimiento de nuevos, por modificaciones en las fronteras externas e internas de la familia y cambios en roles, reglas y estructura de la autoridad.

En cada etapa la familia debe saltar a una nueva forma de funcionamiento; ésta, para poder hacer frente a las diferentes crisis, debe realizar cambios de primer y segundo orden. Los cambios de primer orden mantienen la estructura del sistema y generalmente predominan dentro de las etapas, y los de segundo orden implican cambios en la estructura del sistema y predominan durante las transiciones.

Una transición puede convertirse en crisis cuando:


  1. Se dificultan actividades relacionadas con una etapa del desarrollo: por ejemplo, cuando la entrada de un hijo a educación primaria se convierte en un suceso crítico al no contar el niño con los conocimientos y habilidades necesarias para desempeñarse efectivamente en la escuela, lo que de una manera u otra afecta a toda la familia.

  2. Los miembros de la familia no aceptan los sucesos determinantes de la misma: así podemos tener a una familia que se niega a reconocer que el paso de hijos a la adultez joven va a determinar una mayor autonomía de éstos en su toma de decisiones.

  3. La familia en general o algún miembro de la misma se percibe fuera de fase según las expectativas de la sociedad: Uno de los miembros de una pareja que vive en unión libre desde hace varios años puede sentirse frustrado ante la negativa de la pareja de formalizar la relación argumentando que ya con el tiempo de relación que tienen y a su edad deberían estar casados.

  4. Existe una sobrecarga de exigencias: la llegada de los hijos puede tornarse en una situación de crisis para una pareja si las demandas de la tarea de la crianza se unen a exigencias derivadas de la vida académica y laboral de los integrantes de la misma, ocasionando que se presenten a la vez múltiples tareas, que si bien no son incompatibles por su naturaleza, los integrantes de la familia no las pueden llevar a cabo por falta de tiempo y energía.

Según Olson (1991) dos factores determinan que las familias enfrenten de manera efectiva las crisis, éstos son: la cohesión, la cual se refiere al grado de separación o conexión de un individuo con su sistema familiar y la adaptabilidad, que es el grado de flexibilidad y aptitud para el cambio.

Resulta esperado que el grado de cohesión familiar se modifique a lo largo del desarrollo familiar, por lo general es más alto cuando los hijos son pequeños que cuando éstos llegan a la adolescencia. No obstante, las familias que presentan un grado de cohesión moderada frecuentemente presentan un mayor grado de funcionalidad que las que presentan una cohesión alta o baja. Lo anterior es debido a que en las familias con una alta cohesión muchas veces se obstaculiza la autonomía de los integrantes y su toma decisiones; por otra parte, en las familias donde la cohesión es baja, los individuos pueden sentirse solos y poco apoyados en su desarrollo personal.



Al igual que en el caso anterior, las familias con un grado de adaptabilidad moderado son las que mejor enfrentan las crisis que se presentan a lo largo de su desarrollo. Esto se debe a que éstas, si bien tienen la facilidad para realizar cambios en su estructura y funcionamiento para afrontar nuevas circunstancias, también mantienen los patrones funcionales de momentos anteriores lo que les da estabilidad a sus miembros. Sin embargo, las familias con una baja adaptabilidad se estancan en viejas pautas de conducta aunque no resulten funcionales para la situación que enfrentan, mientras las que presentan una adaptabilidad alta o caótica cambian de manera abrupta ante las circunstancias ocasionando confusión a sus miembros y una baja identidad familiar (Ver figura 1).


Figura 1 Crisis predecibles e impredecibles del desarrollo familiar
Afrontamiento efectivo de las crisis familiares

Aunque las familias presentan características comunes relacionadas con los contextos sociales en que se desenvuelven, también presentan especificidades que son el resultado de una historia familiar irrepetible. Esto último origina que no existan recetas para resolver las crisis que funcionen para todas las familias y en todos los contextos. A lo más que podemos aspirar los expertos en el tema es a establecer una serie de aspectos generales que caracterizan a las familias efectivas, que en fin de cuentas son aquellas que afrontan las crisis tanto de desarrollo como inesperadas de manera tal que su solución contribuye al desarrollo de las mismas.

Los siguientes aspectos facilitarían el afrontamiento efectivo por parte de familias de los momentos de crisis:


  1. Capacidad de negociación de los integrantes de la familia: los diferentes miembros de la familia tienen que poseer estrategias efectivas para llegar a acuerdos en diferentes temas como la administración de los ingresos, la crianza de los hijos etc.

  2. Cumplimiento y flexibilidad en los roles: la efectividad en el cumplimiento de los roles por parte de los integrantes de la misma y la flexibilidad para suplir los roles que no pueda cumplir algún integrante de la misma son importantes para garantizar la funcionalidad familiar.

  3. Límites y reglas flexibles: Se deben establecer normas que regulen las relaciones entre los diferentes subsistemas familiares y con otros sistemas sociales (amigos, familias paternas etc.) de manera que se mantenga la comunicación y la autonomía entre los mismos.

  4. Comunicación clara y directa entre los integrantes: Los diversos integrantes de la familia han de poder expresarse claramente entre ellos sus ideas y sentimientos acerca de las diversas problemáticas que se presentan en su vida.

  5. Una estructura de poder bien establecida donde exista simetría en el poder del padre y la madre. Además en un principio la pareja parental debe poseer mayor poder con respecto a los hijos y este se debe ir tornando más simétrico en la medida en que los hijos vayan creciendo.

  6. Satisfacción con el matrimonio y con la familia por parte de sus integrantes: en los miembros de la pareja debe predominar una visión positiva de la pareja y de la relación. También los hijos deben evaluar positivamente a los padres y su permanencia en el hogar

Aunque las crisis parecen ser inevitables por ser parte del desarrollo de cualquier

familia y no existen recetas establecidas para superarlas, los aspectos anteriores caracterizan a las familias que por lo general afrontan de manera funcional las diversas crisis que se le presentan las cuales se convierten para éstas en oportunidades de desarrollo.




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