Teorías de la personalidad



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George Kelly

1905 - 1967

Dr. C. George Boeree

Traducción al castellano: Dr. Rafael Gautier

George Kelly estaba enseñando psicología fisiológica en Fort Hays Kansas State College en 1931. Era la época de la depresión y los trastos sucios. Al reconocer las penurias y sufrimientos de las familias granjeras de esta parte del centro-oeste de Kansas, decidió hacer algo más humanitario con su vida: decidió desarrollar un servicio clínico rural.



Imagínense, esta empresa era difícil económicamente hablando. Muchos de sus clientes carecían de dinero; algunos no podían acudir, de manera que tanto él como sus estudiantes tenían que trasladarse continuamente a sus casas, a veces recorriendo trayectos durante horas.

En principio, Kelly usó el entrenamiento freudiano estándar que cualquier psicólogo licenciado recibía en esos días. Tenía a estas personas tumbadas en el diván, asociando libremente, contándole sus sueños. Cuando veía resistencias o símbolos de necesidades agresivas o sexuales, pacientemente transmitía sus impresiones con ellos. Era sorprendente ver cómo estas relativamente poco sofisticadas personas recibían fácilmente estas explicaciones sobre sus problemas. Era seguro que, dada su cultura, estas personas debían recibir como terriblemente raras las interpretaciones clásicas freudianas. Sin embargo, no era así. Aparentemente, las personas ponían su fe en él, el profesional.

No obstante, el propio Kelly no estaba conforme con las interpretaciones clásicas freudianas. Las consideraba un poco fuera de tiempo y lugar, como muy poco apropiadas para la vida de las familias granjeras de Kansas. Con lo que, a medida que pasó el tiempo, empezó a notar que sus interpretaciones de los sueños y demás se estaban volviendo cada vez menos ortodoxas. De hecho, empezó a hacerlas como ¡explicaciones! Sus clientes le escuchaban tan atentamente como siempre y empezó a mejorar lenta pero firmemente.

Empezó a creer que lo que verdaderamente le importaba a estas personas era que tenían una explicación para lo que les pasaba; que tenían una vía para comprender sus dificultades. Lo que importaba era que el “caos” de sus vidas desarrollaban un cierto orden. Y descubrió que, mientras que se aceptaba de buena manera cualquier orden que surgiera de una figura de autoridad, cualquier orden y comprensión que proviniera de sus propias vidas, de su propia cultura, era incluso mejor.

Aparte de estas introspecciones, Kelly desarrolló su teoría y su filosofía. La teoría vendría un poco después de una filosofía que llamó constructivismo alternativo, lo cual sostiene la idea de que si existe una sola realidad verdadera, la realidad siempre se experimenta desde una u otra perspectiva o construcción alternativa. Yo tengo una construcción, tú tienes otra, una persona al otro lado del planeta tiene otra, alguien que vivió hace tiempo tuvo otra, un científico moderno otra, cada niño tiene una e incluso alguien gravemente enfermo de la mente tiene una.

Algunas construcciones son mejores que otras. La mía, espero, es mejor que la de alguien que está severamente perturbado de la mente. La construcción de mi médico sobre mis enfermedades es mejor, confío, que la construcción que tiene del párroco de la comunidad. Sin embargo, la construcción de cualquiera nunca está del todo completa (el mundo es simplemente demasiado complejo, demasiado grande, para que alguien pueda lograr una perspectiva perfecta) Y la perspectiva de cualquiera de nosotros no debe verse completamente ignorada tampoco. De hecho, cada perspectiva es una perspectiva de la última realidad y tiene algún valor para esa persona en ese tiempo y lugares precisos.

Con razón, Kelly dice que existe un número infinito de construcciones alternativas que lanzamos al mundo, y si estas no funcionan, ¡podemos coger otras!

Biografía

George Kelly nació el 28 de abril de 1905, en una granja cercana a Perth, Kansas. Fue el único hijo de Theodore y Elfleda Kelly. Su padre era al principio un ministro presbiteriano que se había retirado a la granja por prescripción médica. Su madre era una profesora de colegio.

La escolaridad de George fue de lo más errática. Su familia se mudó en carreta a Colorado cuando George era chico, para más tarde ser forzados a volverse a Kansas cuando empezó a escasear el agua. A partir de aquí, George a duras penas completaba un curso del cole. Afortunadamente, sus padres tomaron parte en su educación. A los trece años de edad, finalmente se le envió al colegio en Wichita.

Después del instituto, Kelly era un buen ejemplo de alguien que está tanto interesado en cualquier cosa como básicamente sin dirección en la vida. Logró su bachiller en Física y Matemáticas en 1926 del colegio Park, seguido de un master en sociología de la Universidad de Kansas. Al trasladarse a Minesota, enseñó oratoria pública a organizadores laborales y banqueros y dio clases de ciudadanía a inmigrantes.

Se mudó a Sheldon, Iowa donde enseñó y supervisó clases de teatro dramático en un colegio. Allí conoció a la que sería su mujer, Gladis Thompson. Después de unos cuantos trabajos de corto plazo, recibió una beca para acudir a la Universidad de Edimburgo, donde recibió su título de grado en Educación dentro de Psicología. En 1931, recibió su licenciatura en psicología de la Universidad Estatal de Iowa. Entonces, durante la depresión y mientras trabajaba en el Fort Hays Kansas State College, fue cuando desarrolló su teoría y sus técnicas clínicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kelly prestó sus servicios como psicólogo de aviación dentro de la Marina, seguido de un trabajo obligatorio en la Universidad de Maryland.

En 1946, sustituye por la Universidad estatal de Ohio; un año después de que Carl Rogers se había ido, adquiriendo la dirección de su programa clínico. Fue aquí donde su teoría maduró; donde escribió sus dos volúmenes, La Psicología de los Constructos y donde influenciaría a un gran número de estudiantes.

En 1965, empezó a ocuparse de trabajos de investigación en la Universidad Brandeis, donde trabajaba Maslow. Por desgracia, murió muy poco tiempo después, el 6 de marzo de 1967.



Teoría

La teoría de Kelly empieza con lo que él llama “la metáfora prodigiosa”. Kelly había observado mucho tiempo atrás que tanto los científicos, como los terapeutas usualmente demostraban una actitud peculiar ante las personas: mientras que se veían a sí mismos de manera bastante bien, tendían a lo contrario con sus clientes; al tiempo que se consideraban como embarcados en las finas artes de la razón y el empirismo, veían a la gente común como víctimas de sus energías sexuales o de sus historias condicionantes. Pero Kelly, ayudándose de sus experiencias con sus estudiantes y granjeros de Kansas, notó que estas personas comunes también estaban envueltos en los temas de la ciencia; ellos también estaban intentando comprender lo que les ocurría.



O sea, que las personas comunes también son científicas. Tienen construcciones de su realidad, de la misma forma en que los científicos tienen teorías. Tienen expectativas o anticipaciones, como los científicos poseen hipótesis. Se embarcan en comportamientos que prueban esas expectativas, como los científicos hacen con sus experimentos. Mejoran su comprensión de la realidad sobre la base de sus experiencias, como los científicos ajustan su teoría para que encaje en los hechos. Toda la teoría de Kelly surge de esta metáfora.

El postulado fundamental

Kelly organizó su teoría en un postulado fundamental y en 11 corolarios. Su postulado fundamental dice así: “Los procesos de una persona son canalizados psicológicamente a medida que anticipan los eventos.” (Estas y las subsecuentes citas están extraídas del texto en inglés de Kelly de 1955 The Psychology of Personal Constructs) este sería el movimiento central en el proceso científico: desde la hipótesis al experimento u observación; desde la anticipación a la experiencia o comportamiento.

Kelly define los procesos como nuestras experiencias, pensamientos, sentimientos, comportamientos y cualquier otra cosa que nos dejemos en el tintero. Todas estas cosas están determinadas, no solamente por la realidad externa, sino por nuestros esfuerzos de anticiparnos al mundo, a otras personas, y a nosotros mismos, en todo momento y siempre, día tras día, año tras año.

De manera que, cuando me asomo a la ventana para ver la procedencia de un ruido ensordecedor, no veo exactamente ni completamente lo que está ahí fuera. Busco aquello referido a mis expectativas. Quizás estoy buscando un accidente de coche o un camión de basura. No estoy preparado para la obra en construcción del edificio de enfrente que produce un sonido similar al de un camión, o tampoco lo estoy para el aterrizaje de un OVNI en plena calle. Si el objeto volador fuese de hecho el productor del ruido, inicialmente no lo percibiré como tal. Percibiré algo. Estaré confuso y asustado. Intentaré comprender lo que estoy viendo. Me volcaré en miles de comportamientos para intentar ver lo que es o me retiraré rápidamente de la ventana por la ansiedad. Solamente después de un tiempo seré capaz de hallar la anticipación correcta, la hipótesis correcta: “¡OH, Dios Mío, si es un OVNI!”

Claro que si la aparición de ovnis fuese una cosa común en mi mundo, que producen ese tipo de sonidos, podría anticiparme con accidentes de coche, camiones de basura u ovnis; una anticipación que sería corroborada tan pronto me asomase a la ventana.

El Corolario de la Construcción

“Una persona anticipa los eventos cuando construye sus reproducciones exactas”.

Esto quiere decir que construimos nuestras anticipaciones usando nuestra experiencia pasada. Somos fundamentalmente criaturas conservadoras; esperamos que las cosas ocurran tal y como lo han hecho antes. Buscamos los patrones, las consistencias, en nuestras experiencias. Si preparo mi alarma de mi reloj, espero que suene a la hora en que lo he puesto, ya que esto lo ha hecho desde que lo tengo. Si me comporto de forma amable con alguien, yo espero que me respondan de la misma manera.

Este sería el paso que va desde la teoría a la hipótesis; o lo que es lo mismo, desde el sistema de construcción (conocimiento, comprensión) a la anticipación.

El Corolario de la experiencia

“El sistema de construcción de una persona varía a medida que sucesivamente construye las reproducciones exactas de los eventos.”

Cuando las cosas no ocurren de la manera en que esperamos que lo hagan, tenemos que adaptarnos, tenemos que reconstruir. Esta nueva experiencia altera nuestras futuras anticipaciones. Aprendemos.

Este sería el paso desde la experimentación y observación a la validación o reconstrucción: basándome en los resultados de nuestro experimento (los comportamientos que llevamos a cabo) o en nuestras observaciones (las experiencias que tengo), podemos mantener nuestra fe en la teoría de la realidad que creamos o la cambiamos por otra.

El corolario de la dicotomía

“El sistema de construcción de una persona está compuesto de un número finito de constructos dicotómicos.”

Guardamos la experiencia en forma de constructos, término al cual también Kelly ha llamado “conceptos útiles”, “ficciones convenientes” y “plantillas transparentes”. Lo que hacemos es “colocar” estas “plantillas” en el mundo, guiando nuestras percepciones y comportamientos.

Con frecuencia les llama constructos personales, enfatizando el hecho de que son tuyos y de nadie más; únicos para ti. Un constructo no es un título o categoría, o cajón de sastre, o dimensión que yo como psicólogo te coloco a ti, esa persona común. Es un poco el cómo ves el mundo.

Kelly también les llama constructos bipolares, para enfatizar su naturaleza dicotómica. Tiene dos extremos o polos: allí donde hay delgadez debe haber gordura, donde hay alto, debe haber bajo, donde hay arriba debe haber abajo y así sucesivamente. Si todo el mundo fuese gordo, entonces lo gordo se volvería insignificante (falto de significado) o idéntico en sentido a “cualquiera”. ¡Algunas personas deben llegar a ser delgados para darle un sentido a ser gordo y viceversa!

Realmente, esta introspección es bastante antigua. Por ejemplo, en la antigua China, los filósofos hablaron mucho del ying y del yang, los opuestos que juntos hacen el todo. Más recientemente, Carl Jung ha hablado mucho de esto. Los lingüistas y los antropólogos lo aceptan como un aparte fundamental de nuestro lenguaje y de nuestra cultura.

Un buen número de psicólogos, sobre los pertenecientes a la Gestalt, han señalado que con frecuencia no asociamos cosas separadas como entidades diferenciadas dentro de un contexto más o menos global. Al principio, vemos que se suceden “cosas” indiferenciadas (tal y como William James les llamó “confusión zumbante y floreciente”) Posteriormente, aprendemos a escoger ítems de todo ese tinglado que son más importantes; lo que establece la diferencia; lo que tiene significado para nosotros. Al chico pequeño no le importa si eres gordo o flaco, negro o blanco, rico o pobre, judío o musulmán. Sólo cuando las personas que le rodean transmiten sus prejuicios, entonces el niño empieza a percatarse de estas cosas.

Son muchos los constructos que tienen nombre o pueden nombrarse fácilmente: bueno-malo, contento-triste, introvertido-extravertido, fluorescente-incandescente...pero existen otros que no son nombrables. Los bebés, e incluso los animales, tienen constructos: comida-que-me-gusta vs. Comida-que-escupo; peligro vs. seguridad; mamá vs. extraño.

Probablemente, la mayoría de nuestros constructos son no-verbales. Piénsese, por ejemplo, en todos los hábitos que tenemos y que no nombramos, tal y como los detallados movimientos que llevamos a cabo cuando conducimos un coche. Piénsese en aquellas cosas que reconocemos pero no nombramos, como la formación anatómica que se halla justo debajo de nuestra nariz (llamada piltrum) O en aquellos matices encontrados bajo el término “enamorarse”.

Esta es la posición más cercana de Kelly para distinguir la mente consciente de la inconsciente: los constructos con nombres son más fácilmente “pensables”. Desde luego, ¡es mucho más fácil hablar de ellos! Es como si un nombre pudiese llevarse de un lado a otro; diseñarlo como constructo; enseñárselo a los demás y demás. E incluso, un constructo que no tenga nombre, sigue “estando ahí”, y puede ejercer cualquier efecto en tu vida.

A veces, aunque un constructo tenga nombres, pretendemos creer que un polo realmente no se refiere a algo o alguien. Por ejemplo, un apersona podría decir que no existe una persona totalmente mala en el mundo. Kelly diría que esta persona ha sumergido este polo (algo similar a la represión)

Podría considerarse que para que esta persona reconozca el significado de “malo”, debería tomar en cuenta mucho más: quizás, mamá debió haberlo considerado como malo, o papá o incluso yo mismo. En vez de admitir algo como esto, esta persona preferiría dejar de usar el concepto. Sin embargo y por desgracia, el constructo sigue ahí y se mostrará en los sentimientos y comportamientos de la persona.

Otra diferenciación que hace Kelly con respecto a los constructos se refiere a los constructos periféricos y centrales. Los constructos periféricos son aquellos más universales, propios de los demás aunque incluyen aspectos propios de uno mismo. Los centrales, por otro lado, son aquellos más significativos para uno mismo, hasta el extremo de que determinan lo que somos. Escriba los primeros 10 o 20 adjetivos que se le ocurran sobre sí mismo; esto sería algo muy cercano a los constructos centrales. Los constructos centrales es lo más cercano de Kelly a la idea de self.

El corolario de la organización

“De forma característica, cada persona desarrolla (en virtud de su conveniencia anticipando los eventos) un sistema de construcción que engloba relaciones ordinales entre los constructos”

Los constructos no están simplemente flotando sin conexión alguna. Si están ahí, no podríamos ser capaces de usar una sola pizca de información sin que eso nos lleve a otra (¡no seríamos capaces de anticipar!) Cuando nos mencionan la forma de ser de esa chica con la que vamos a salir y que no conocemos; de que tiene una gran personalidad y es guapa, llegamos a creer que cuando la veamos será como Cuasimodo. ¿Cómo hemos llegado desde “gran personalidad” a “Cuasimodo”? ¡Por la organización!

Algunos constructos están subordinados a otros, o “bajo” otros constructos. Hay dos versiones de esto. Primero, hay una especie taxonómica de subordinación, como las “ramas” de la vida animal o vegetal que aprendemos en la escuela cuando damos biología. Hay seres vivos versus seres no-vivos, por ejemplo: cosas subordinadas a seres vivos serían, digamos, plantas versus animales; bajo plantas, podría haber árboles versus flores; bajo árboles, podría haber coníferas versus decidias; y así, sucesivamente.

Imagínense, estos son constructos personales, no constructos científicos aunque de hecho son constructos taxonómicos. Podrían ser o no los mismos constructos científicos que usamos en biología o no. Tengo una planta conífera llamada árbol de Navidad.

Animales -- plantas
               |
       Flores -- árboles
                   |
         Decidias -- Coníferas
                        |
       Arbol de Navidad -- Otros

Existe también una clase específica de subordinación llamada constelación. Esta comprende montones de constructos, con todos sus polos alineados. Por ejemplo, bajo el constructo de coníferas versus árboles decidias, podemos encontrar madera suave versus madera dura; puntiagudos versus de hojas; conos versus floral y así sucesivamente.

   Coníferas -- Decidios
                        |
Madera suave -- madera dura
                        |
 Puntiagudos -- de hojas
                        |
       Conos -- florales

Esto sería también la base de la estereotipia: “nosotros” somos buenos, limpios, listos, morales, etc.; mientras que “ellos” son malos, sucios, tontos, inmorales, etc.

Por supuesto que muchos constructos son independientes entre ellos. Plantas-animales es independiente de fluorescente-incandescente, para dar un ejemplo obvio.

A veces, la relación entre dos constructos es muy estrecha. Si se usa consistentemente un constructo para que prediga a otro, tenemos una construcción estrecha. Prejuicio sería un buen ejemplo: tan pronto colocamos una etiqueta a alguien, inmediatamente y de forma automática asumimos otras cosas sobre esa persona. Llegamos a conclusiones.

Cuando “hacemos” ciencia, necesitamos usar construcciones estrechas. Llamamos a esto “pensamiento riguroso”, y es algo bueno. Después de todo, quien va a querer que un ingeniero que construya puentes solo use unos mapas que están defectuosos. Aquellas personas que se consideran realistas prefieren con frecuencia las construcciones estrechas.

Pero hay un pequeño paso entre lo riguroso y realista y lo rígido. Y esta rigidez puede tornarse patológica, de forma que una persona obsesivo-compulsiva tiene que hacer repetidamente cosas “solo porque sí” o romperá en una crisis de ansiedad.




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