Teologia II cristologia y soteriologia cngo. Lic. Marcelo Mateo


d. La Resurrección de Jesús, acontecimiento salvífico



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d. La Resurrección de Jesús, acontecimiento salvífico

La Resurrección de Jesús no es algo aislado, sino que inicia y anticipa la resurrección universal.

Käsemann ha destacado la importancia del horizonte escatoló­gico-apocalípti­co para entenderla correctamente. Pannenberg, por su parte, ha mostrado como esta visión no es ajena al hombre contemporáneo, en cuanto responde a la vocación infinita del mismo y a la esperanza que de allí brota.

Moltmann sacó las consecuencias que de allí derivan para una comprensión del mundo, del hombre y de Dios mismo. Así, Jesús es la regla de la escatología y corrige el esquema apocalíptico que no conocía una resurrección individual en relación con la univer­sal. Tal corrección es importante para conocer lo específico cristiano. No se afirma sólo que le futuro se ha iniciado en Jesús, sino que El es el futuro del mundo: por la resurrección, Cristo ha llegado a ser la salvación del mundo.

Lo dicho corrige todas las utopías de signo no cristiano o las ideologías cristianas de la historia. Estas discurren en dos sentidos acentuando ya la "fuga mundi", ya la inserción radicalizada en el mundo (progresista, evolutiva, revolucionaria). Ambos sentidos desconocen la fundación cristológica de la relación cristiana con el mundo y la unidad de Cruz y Resurrección, del gozo pascual y del camino del calvario.

La "fuga mundi" no es cristiana: el cristiano espera la consu­mación actuando en el mundo. Tampoco lo es el inmanentismo triun­falista, porque el reino de Dios no es fruto del progreso históri­co. Se trata, al contrario, de que la muerte y la vida de Jesús se manifiesten en nuestro cuerpo (2 Cor 8,10).

Desde otra perspectiva, lo esencial es vivir en el amor (1 Jn), que hace presente en el mundo la pascua de Jesús. La obra del amor es eterna, permanece hasta la consumación.

Por el amor, además, la nueva creación avanza ocultamente en la historia. Este nuevo ser recibe en la Escritura muchos nombres. Quizá el más intenso para la actual sensibilidad sea el de liber­tad. La libertad cristiana es libertad del pecado, de la muerte, de la ley.

Por fin, fruto también de la pascua es la existencia de la Iglesia, movimiento de reunificación en torno al Resucitado de todos los que adhieren a El por la fe y la caridad.

En la vida terrena de Jesús se hallan ya los "vestigia ecclesiae", la cual aparece plenamente formada después de la resurrección.

La Iglesia es una estructura y forma convivial: encuentro y comunión del resucitado y los suyos, cuya figura acabada es la Eucaristía. La Iglesia es, pues, ámbito de perdón y paz, definiti­vamente posibilitadas por la Resurrección, ya que el Señor la ha juntado luego de la fuga cuando la cruz.

Todo el misterio de la Iglesia está ya presente en la resu­rrección: comunión, perdón, reconciliación, unidad. Entrando en el ámbito del único acontecimiento escatológico, la Iglesia se vuelve ella misma escatológica y definitiva. Permanecerá siempre, pero en cuanto unida a Jesús. De allí que garantice la verdad y se manten­ga en la verdad. Por ella Cristo asegura su estar presente en el mundo. La Iglesia es, entonces, el Cuerpo de Cristo.



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1  Ex 24,3-8.

2  Ex 6,7; 20,2.

3  Ex 4,22.

4  Dt 32,10.

5  Os 11,1.

6  Jr 31,20.

7  Jr 3,19.

8  Is 64,7.

9  Adviértase que en Is 63,16 se afirma que la paternidad de Dios es superior a cualquier paternidad humana. Es una paternidad "sin límites", en contraste con la limitada paterni­dad de los padres humanos. Dios es Padre desde los orígenes, Padre de los Padres, Padre infinitamente, lleno de vida y constantemente presente a todos sus hijos de todas las generaciones. El ve, conoce, entiende y comprende desde siempre y por siempre puede ejercitar su función de go'el, de familiar afectuoso de los suyos, de redentor.

10  Jr 3,19-22.

11  Gn 2,24.

12  Is 54,5.

13  Ez 16,1-14.

14  Os 2,21-22.

15  Ibid.

16  6,3

17  Jr 31,­33.

18  Jr 31,33.

19  La Palabra de Dios es el arranque de la cristología: El concepto y sobre todo la realidad de la Palabra de Dios tal y como se presenta en el AT se estudian como el primero y más fundamental preámbulo de toda cristología (L. Bouyer, Le Fils éternel, Paris, 1974, p. 39).

20  Sal 33,16-19.

21  1 Re 8,27; Is 61,1.

22  2 Sm 7,1-16.

23  Al respecto, la inscripción del rey Haremheb (1329-1306 a. C.), en Menfis, donde se dice: Entonces Amón dijo a Haremheb: tú eres mi hijo y mi heredero, que has salido de mis miembros.

24  Así, siéntate a mi derecha alude a la representación de los faraones sentados al lado de la imagen de una divinidad. El ser engendrado desde el seno de la aurora recuerda el hecho de que Faraón es engendrado por Atón, el dios sol. Tal acto creador hace del rey una imagen del dios, semejante a éste en todo.

25  Prv 8,22; Sir 24,3; Sab 7,25-26.

26  Prv 8,30.

27  Sab 8,31; Br 3,38.

28  Prv 8,34-35.

29  Sir 24,8.­17.

30  Sb 7,27.

31  Prv 9,1-12.

32  Sir 24,20.

33  Prv 8,14.23.6.

34  Cf. Ez 1,26-28.

35  Gn 1,26.

36  Por ejemplo, en el Libro de las Parábolas del Libro de Henoc Etiópico (s. 1 a. C.).

37  Una huella de arcaísmo es el modo poco explícito de referirse a la divinidad de Jesús.

38  Act 2,36.

39  Act 4,12.

40  Act 2,38; 8,16.

41  Mt 26,24.

42  El adopcionismo fue una antiquísima herejía que consideraba a Cristo un simple hombre adoptado por Dios en el bautismo en el Jordán o en la Resurrección.

43  Recuérdese lo que el AT afirma sobre la Sabiduría: es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad (Sab 7,26).

44  Hay aquí una reminniscencia de Isaías 45,23, que pone en boca de Dios: Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará.

45  Jesús es el Señor. Cf. Rom 10, 9; 1 Cor 12,3.

46  Rom 10,13; 1 Cor 10,21; 1,8; 4,15; 2 Cor 5,11; 3, 18; 1 Tes 1,8; 4,15; 2 Tes 3,1.

47  En sordina puede verse aquí una alusión al Sacrificio de Cristo prefigurado por el de Isaac.

48  Mc 10,16. Mt 19,15, en cambio, más hierático, se limita a afirmar que les impuso las manos.

49  Por ejemplo: Is 4l,4; 10,25.

50  Por ejemplo, en la narración de la Pasión.

51  Mt 9,27; 12,23; 15,22; 20,30; 21,9.15.

52  Son excepción Mc 11,3 y Mt 21,3.

53  Cf. Lc 24,49 y Act en su totalidad.

54  Tanto es así que en Act la Iglesia reproduce las etapas de la vida de Jesús.

55  Cf. Is 40,1ss.

56  Jn 5,17.19.26; 17,10; 10,75; 10,38; 15,10; 10,30; 17,21.

57  Cf. 1 Jn 4,8-9; 4,10.14; Jn 3,16.

58  Is 42,6; 49,8.

59  La alianza es, en primer lugar, obra y don de Dios que la llamaba "mi alianza" (Gen 6,18).

60  Forma hebraica para indicar la totalidad. En est caso se refiere a la humanidad. El mismo uso de "muchos" como equivalente de "todos" puede verse en Rom. 5,15.

61  Mt 9,14.

62  Jn 3,29.

63  Mt 22,2.

64  Mt 25,1-13.

65  Lc 12,36.

66  Ef 5,25; 2 Co 11,2; Ap 19.

67  Is 54,7-8.

68  La única excepción sería Mc 15,34. Pero se trata de una excepción aparente, pues allí sólo se cita el Sal 22,2.

69  Por otra parte, tal conciencia fifial se remonta a los orígenes de Jesús (Lc 2,49). El relato del Niño perdido y hallado en el templo, con sus tres días de angustia, prefigura ya el Misterio Pascual.

70  Esto se indica por la respuesta de Jesús a sus oyentes escandalizados por la promesa que El hace de dar a comer su carne: ¿Esto os escandaliza? ¡Pues si viérais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? (Jn 6,62).

71  Literalmente: Vi como un hijo de hombre (Dn 7,13).

72  Jn 8,24-25.58.

73  Prov. 8,23.

74  Nunca se halla una acción análoga a la ejercida por Pablo para enceguecer al mago Elimás (Act 13,11). Jesús reprende, además, a Santiago y a Juan cuando quieren hacer descender fuego destructivo del cielo (Lc 9,54-55). La maldición de la higuera estéril sería, según los exégetas, una parábola ilustrada, no un milagro.

75  Jn 8,51.

76  Cf. Is 43,1-3.

77  Gregorio Nacianceno: Epist. 101 ad Cledonium. PG 37 c. 181. El principio ya estaba menos formalmente en San Ireneo.

78  Bastaría tener en cuenta las cristologías de H. Küng, E. Schillebeeckx y de algunos teólogos de la liberación.

79  2 Jn 7; 1 Jn 4,2; Jn 1,14.

80  Ignacio de Antioquía: Smyr. 1-4; Trall. 9; Magn. 9,11.

81  Más que en teologías, esto puede verse en ciertas espiritualidades o creencias comunes de la gente. La mística de la humanidad de Cristo de Santa Teresa ofrece en este orden un valiosísimo correctivo.

82  Adv. Haer. 4,6,7. SC 100 p. 452.

83  Ibid. 4,33,4 SC 100 p. 811.

84  Ibid. 3,18,7 SC 34 p. 325. Cf. SC 211 pp. 365-367.

85  Ibid. 3,22,1 SC 34 p. 373; SC 211 p. 431.

86  Ibid. 3,21,10.

87  Adv.Haer. 3,18,1.

88  Adv. Praxeam 27,11.

89  Nótese que las expresiones literales del himno son: no consideró "presa de rapiña", "un botín codiciable" la condición divina.

90  S.Tomás de Aquino, "Summa Theologiae" III q.48 a.3 ad 1.

91  Cabría tener en cuenta aquí la profunda reflexión de J. Jeremias en su obra "Abba. El mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca. 1981.

92  No hay todavía en el Evangelio de Lucas una expresión formal de la Trinidad, sino que se comienza a insinuar la distinción de Personas.

93  El mejor comentario está en la "Elevación a la Trinidad" de la Beata Isabel de la Trinidad: "¡Oh fuego consumidor, Espíritu de Amor! Ven a mí para que se realice en mia alma como una encarnación del Verbo. Quiero ser para El una humanidad suplementaria donde renueve todo su misterio".

94  Para ampliar el tema se sugieren las siguientes lecturas: Art. "Espíritu Santo" en Conceptos Fundamentales de Teología. Cristiandad. Madrid, 1979. S. Vergés: "Imagen del Espíritu de Jesús". Secretariado Trinitario. Salamanca. 1977.

95  J. Jolif: "Comprendre l'homme. Introduction a une anthropologie philosophique". Paris, 1967. p. 135.

96  Al respecto es esencial analizar el proceso de autopercepción del niño pequeño, el cual despierta por el contacto con la madre (o de quien haga sus veces). Por este contacto el bebé sale de la indiferenciación con la naturaleza en la que está sumido. Cf. H. U. von Balthasar: "El acceso a la realidad de Dios". En Mysterium Salutis II. Cristiandad. Madrid. 1977. pp 29-54.

97  Según el Aquinate, de tres modos puede constituirse una unidad a partir de varios principios: a.- A partir de dos seres perfectos e íntegros, que permanecen como tales. Pero la unidad de Cristo no puede ser así, ya que se trata de una unión accidental, que da origen a una unidad relativa (piénsese en la unidad de los ladrillos que constituyen una pared); b.- a partir de dos seres perfectos que uniéndose cambian. Pero no puede ser así la unidad del ser de Cristo porque la naturaleza divina no cambia ni puede convertirse en otra cosa y porque la naturaleza humana no puede "combinarse" con la divinidad. Esta unidad es la del mixto (dos metales que se mezclan) y no cabe para el Señor; c.- a partir de dos seres diversos pero imperfectos que se piden mutuamente (unidad cuerpo-alma). Imposible también para Cristo porque ambas naturalezas son perfectas e íntegras en su nivel propio y porque la divinidad no puede funcionar como principio complementario de la humanidad. Cf. Summa Theologiae III, q. 2, a 1.

98  Summa Theologiae, III, q. 3, a. 3.

99  "El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido". "Me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20).

100  Al respecto, recuérdese la celebérrima homilía de S. León Magno en Navidad, cuando afirma: "¡Reconoce, oh cristiano, tu dignidad!" PL 54 cc. 190-193.

101  Como iluminación espiritual de estas verdades se recomienda la lectura del capítulo "El verdadero rostro del Reino" del teólogo suizo Hans Urs von Balthasar. En "El corazón del Mundo". Encuentro. Madrid. 1991.

102  Para conocer la problemática contemporánea cf. C. Molari: art. Liberación, en "Nuevo Diccionario de Teología". Cristiandad. Madrid, 1982. Vol I, pp. 919ss. Puede leerse también Evangelii Nuntiandi nn. 25-33 y la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación: Libertatis Nuntius X, 11-12.

103  Cf. J. Ratzinger: art. Substitución en "Conceptos fundamentales de Teología". Cristiandad. Madrid. Vol. II.

104  Cf. A. Grillmeier: El efecto de la acción salvífica de Dios en Cristo. En "Mysterium Salutis. Ed. Cristiandad. Madrid, 1980. Vol. III.

105  El giro antí pollôn significa originariamente substitución; secundariamente, "a favor de".

106  Cf. A. Grillmeier, art. cit. pp. 854-855.

107  Protrépticos I,8,4 PG 8 c. 64.

108  De Inc. 54 PG 25 c. 192 B.

109  Para Máximo, la Encarnación es el principio y el caso supremo de la divinización. En ella ya está asegurada la salvación. Además, comprende la redención como restauración (renovación interior) y presencia de Dios. Cristo es arquetípico para el hombre: es el Hombre Nuevo y el Templo d Dios. La divinización y la unión con Dios no son un límite para el hombre: en Cristo, el Dios cercano sigue siendo el Otro trascendente, por lo cual el hombre no debe buscar su salvación abandonando su naturaleza. Por ello es tan importante en esta doctrina la libertad humana de Cristo, el cual permite a Máximo superar el excesivo carácter "físico" de la teología griega. Por último, Cristo es la suma identidad y la suma no identidad del hombre con Dios (inconfuse et indivise). El hombre unido a Dios, por tanto, no desaparece sino que es más él mismo.

110  Cont. Arianos 3,57 PG 26 c. 444.

111  Epist. 72,8 PL 16 c. 1299.

112  De Lib. Arb. 3,10,31 PL 32 c. 1286.

113  De Trin. 13,12,16.

114  Moralia 17,30,46 PL 76, 32-33.

115  Recuérdese que en la antiguedad la absolución tenía lugar después de las obras de satisfacción (satisfacere Deo). Cf. Tertuliano: De Paenit. 9,2 PL 1 c. 1243.

116  De Anima 55 PL 2 c. 742.

117  In Psal. 54,12 PL 9 c. 344.

118  De Fuga Saeculi 7,44 PL 14 c. 344.

119  In Psal 37 Enarr. 53 PL 14 c. 1036.

120  I, 11 PL 158 cc. 376 B y ss.

121  La necesidad estricta ha de entenderse en el contexto misional y apologético de la teología anselmiana. A través de las "necesidades" lógicas y contundentes, Anselmo pretende imponer la verdad a los infieles. De allí el rigor de su pensamiento.

122  Cf. Santo Tomás de Aquino: S.Th. III,46,2 ad 3.

123  S.Th. III,46,5.

124  S.Th. III,79,5 c.

125  III Sent. d. 18, q. 1, a. 6, sol.

126  Cf. 1 Cor 15,3-5 y los relatos de la cena.

127  Así llega a afirmar el exégeta J. Jeremías que se trataría de una etiología cultual que da justificación a la veneración a la tumba de Jesús. Nosotros no estamos de acuerdo con esta visión.

128  Cf. 1 Cor 15.

129  Véase la relación palabras-hechos del Concilio Vaticano II: DV 2.


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