Teologia II cristologia y soteriologia cngo. Lic. Marcelo Mateo



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INSTITUTO ARQUIDIOCESANO DE CIENCIAS SAGRADAS



TEOLOGIA II




CRISTOLOGIA Y SOTERIOLOGIA


Cngo. Lic. Marcelo Mateo



INDICE GENERAL
PARTE POSITIVA
SAGRADA ESCRITURA
I. El dinamismo de la Encarnación en la Antigua Alianza

A. La estructura de Encarnación de la fe véterotesta­men­ta­ria

1. La Alianza, encarnación de las relaciones divino-humanas

a. El pacto

b. Paternidad y filiación

c. La unión matrimonial

d. La Nueva Alianza

2. Encarnación de la Palabra, de la acción y de la presen­cia

a. La Revelación, encarnación de la Palabra de Dios

b. La historia, encarnación de la acción divina

c. La encarnación de la Presencia divina

B. Los presentimientos de una figura divina del Mesías

1. La vía ascendente

a. La aplicación de un Nombre divino al rey o al Mesías

b. La atribución de la filiación divina

2. La vía descendente

a. La venida de la Sabiduría entre los hombres

b. Anuncio de la venida de un "Hijo de hombre"

3. Conclusión
II. La fe de la primitiva comunidad cristiana

A. La primera predicación apostólica

B. Cristología paulina

1. El Hijo de Dios

2. Preexistencia divina

3. El Nombre de Dios reservado al Padre

4. El Señor

C. La Carta a los Hebreos

D. El testimonio de los Evangelistas

1. La presentación "desde arriba" común a los Sinópti­cos

2. Marcos: Evangelio del Misterio

a. Los aspectos humanos

b. El misterio de la Persona

3. Mateo: Evangelio del Reino

4. Lucas: el Evangelio del Señor y del Espíritu

5. Juan: el Evangelio del Verbo y del Hijo

a. Evangelio del Verbo

b. Evangelio del Hijo

c. Evangelio de la Encarnación

E. Conclusiones

1. Unidad de la cristología primitiva

2. El punto de partida


III. El testimonio de Jesús sobre sí mismo

A. Encarnación de la Alianza

1. La alianza

2. El Esposo

B. Encarnación de la filiación divina

1. La invocación "Abba"

2. La expresión "Hijo del hombre"

a. El uso de la expresión por parte de Jesús

b. El "Hijo del hombre" en su vida terrena

c. El "Hijo del hombre" glorioso

d. Condición humana del "Hijo del hombre"

e. Teología implícita de la expresión "Hijo del hombre"

C. Encarnación de la Palabra, de la Acción y de la Presencia divinas

1. Encarnación de la Palabra

a. Autoridad de la Palabra

b. Palabra y Persona

2. Encarnación de la acción divina

a. Recapitulación de las grandes figuras de Israel

b. Misión de instaurar el Reino de Dios

c. Los milagros

3. Encarnación de la Presencia

a. Templo y Casa de Dios

b. Egó eimí

4. La presencia, fuente de vida


TRADICION
A. La orientación del desarrollo doctrinal

B. Los tres riesgos iniciales

1. El desconocimiento de la divinidad de Jesús

2. La negación de la realidad humana de Jesús

3. La reducción de Cristo a un mito

C. Primeros ensayos de la teología de la Encarnación

1. Ireneo

2. Tertuliano

D. La divinidad del Verbo: la controversia arriana

1. Arrio: el Verbo, criatura

2. Nicea: el Hijo, consubstancial al Padre

E. El alma humana de Cristo: la controversia apolinarista

1. La inadvertencia del problema: Atanasio

2. La doctrina de Apolinar de Laodicea

3. La reacción: afirmación del alma de Cristo

F. La única Persona de Cristo: la controversia nestoriana

1. El dualismo de la escuela de Antioquía

2. Nestorio

3. Reacción: la fe auténtica en la unidad de Cristo

G. Las dos naturalezas: controversia monofisita y Concilio de Calcedonia

1. Eutiques, portavoz del monofisismo

2. La definición de fe de Calcedonia

H. Las dos voluntades: la controversia monoteleta

1. Desarrollo del monotelismo

2. Afirmación de las dos voluntades

I. Conclusión sobre el período patrístico


PARTE ESPECULATIVA
I. El acto de la Encarnación

A. El acto del Hijo como despojo, devenir y venida

1. Despojo

2. Devenir

3. Venida

B. El compromiso del Padre

C. El compromiso del Espíritu Santo

II. La Unión Hipostática

A. El Problema

B. Búsqueda del constitutivo formal de la persona

C. La persona a la luz de la Trinidad y de la creación

1. Preliminares

2. La noción de persona en teología trinitaria

3. Esclarecimiento por la teología de la creación

4. Esclarecimiento por la experiencia psicológica

5. Originalidad y comunión

D. Explicación del ser de Cristo por el "ser relacional"

1. El "ser relacional" de Cristo

2. El Yo de Cristo en su relación con las personas humanas

3. La relación de las personas humanas con Dios

E. Cristo Alianza

1. Identidad de Cristo con la Alianza

2. La Alianza considerada en la relación con el Padre

3. La Alianza considerada en relación con los hombres


III. La obra de Cristo: la Redención

A. La Obra salvífica de Cristo

1. Pluralidad de aspectos

2. Terminología

3. Concepto de Redención en el AT

4. Concepto de Redención en el NT

5. Del Nuevo Testamento a la Iglesia

6. Teoría de la Recapitulación

7. Teoría de la Divinización

8. Teoría de la Redención o Rescate

9. Teoría del Sacrificio

10. Teoría de la Satisfacción

11. La Satisfacción en la teología posterior

12. La doctrina del Mérito

13. Otras posiciones y la reforma

14. El Magisterio de la Iglesia

a. Intervenciones históricas sobre el tema

b. Afirmaciones sistemáticas

B. La muerte de Jesús

1. El marco histórico

2. La perspectiva escatológica

3. El significado soteriológico

C. El Cristo resucitado y glorificado

1. Fundamento de la fe en la Resurrección de Jesús

2. Presupuestos hermenéuticos

3. Fundamentación teológica

4. Contenido de la fe en la Resurrección de Jesús

a. La Resurrección de Jesús, acto escatológico

b. La Resurrección como exaltación

c. El carácter físico de la Resurrección

d. La Resurrección de Jesús, acontecimiento salvífico

BIBLIOGRAFIA FUNDAMENTAL



EL INEFABLE CONOCIMIENTO DE CRISTO
-Queremos señalar el clima en el que ha de transcurrir la contemplación teológica.
-Nuestro objeto es Cristo: estamos en el corazón del Misterio y, por lo tanto, en el corazón de la realidad. Nada es más real que el Misterio.
-Nos interesa el ser de Cristo. Porque afirmamos una primacía de lo óntico sobre lo noético (Kant) y lo funcional (utilitaris­mo).
-Cristo es la teología personificada. Él, la máxima penetra­ción del hombre en el Misterio de Dios (hasta el punto de que Él es Dios); Él, el Verbum abbreviatum (en la carne); Él, la puerta de los misterios.
-Conocer a Cristo es la condición de posibilidad de toda antropología. Sólo en Cristo el hombre llega a ser hombre (Ignacio de Antioquía); sólo conociendo a Cristo develo mi propio misterio (GS 22).
-El proyecto es, pues,

* conocer (teología),

* con todos los santos (in ecclesia: Tradi­ción-Magiste­rio),

* la altura y la profundidad, la anchura y la longitud,

* del Misterio de Cristo.
-Para hacer de modo privilegiado la síntesis de la eternidad y el tiempo. Afirmación fundamental: hubo un hombre que era Dios (y al que no le hubiéramos creído de ser sus contemporáneos). Afirmamos, pues, desde el principio, la irrefutabilidad del hecho histórico.
-Además, si la teología es eminentemente sintética, en Cristo alcanza como nunca su gozne y punto de unión.
-Este conocimiento requiere experiencia de Jesucristo: El pecho del Señor es el conocimiento de Dios; el que se recueste sobre él se hará teólogo (Evagrio Póntico). He cruzado el umbral de las dichosas moradas para quedarme allí contigo (Metodio: "Simposio de las Vírgenes"). Quisiera disolverme para estar con Cristo (San Pablo).
-Por ello para este estudio es necesaria la oración y con necesidad metodológica. Vamos a hacer "teología arrodillada" (Hans Urs von Balthasar: Teología y santidad, en "Ensayos Teológicos I. Verbum Caro: pp. 260-264).
-Es necesario, también, el esfuerzo moral. El conocimiento no es algo neutral. El modo humano de conocer depende de una opción moral. Por ello el pecado oscurece la inteligencia. Y, en nuestro caso, ¿cómo conocer al Santo de Dios sin santidad? Se conoce, siempre, por "connaturalidad", por sintonía. Lo único que nos sintoniza con Cristo es la santidad vital.
-Algunas categorías necesarias para conocer a Cristo:

* encarnación

* paso

* continuidad y discontinuidad



* inconfuso e indiviso

* tiempo (pasado, presente y futuro).


PARTE POSITIVA
SAGRADA ESCRITURA
I. El dinamismo de la Encarnación en la Antigua Alianza
A. La estructura de Encarnación de la fe véterotesta­men­ta­ria
1. La Alianza, encarnación de las relaciones divino-humanas
a. El pacto

- El AT revela un dinamismo de encarnación, el cual no sólo inspira textos particulares sino que es la estructura fundamental de la religión bíblica.



- Entendemos por dinamismo de encarnación el movimiento por el cual Dios entra en el mundo de las relaciones humanas y parti­cipa de la existencia del hombre.

- El elemento más característico de la religión de Israel es la Alianza. Israel existe como pueblo sólo por su peculiar rela­ción con Dios. Es un pueblo teológico (no sociológico) desde la raíz.

- La Alianza está concebida al modo de un pacto huma­no -supone cierta igualdad entre las partes-, que com­porta relaciones recíprocas entre los aliados. Escandalosa y libre­mente Dios quiere "nivelarse", en cierto sentido, con su pue­blo.



- Se trata de un compromiso recíproco, que establece un vínculo indisoluble. Por ello se la sella con sangre y se la concluye con una comida común1.

- La Alianza conlleva ya cierta "encarnación de Dios", el cual debe asumir la "gramática humana" para poder alcan­zar al hombre y hacerse entender por él. Dios, infinitamente superior, "Aquél sobre el cual nada más grande puede ser pensa­do", se obliga a obrar humanamente. No quiere imponerse por su propia superioridad. El amor lo lleva a pedir un acuerdo mutuo.

- Por esta dimensión personal, la Alianza supera el marco puramente jurídico y externo.

- La teología de la Alianza, además, se ha desarrollado en el pueblo de Israel conforme a un movimiento de interio­ri­zación. Esto ha llevado a ver, después de muchos vaivenes e infidelidades humanas, la necesidad de una Nueva Alianza, consistente en la mutua y perfecta pertenencia del pueblo a Dios y de Dios al pueblo2.
b. Paternidad y filiación

- La relación que surge de la Alianza asume la forma de paternidad y filiación: "Israel es mi hijo, mi primogénito"3.

- En contraposición a la paternidad física de los dioses paganos, la paternidad de Dios se presenta en Israel como adop­ción4.

- Pero expresa sobre todo un amor creador que está en el origen del pueblo5. Paternidad quiere decir elección y gracia.

- La paternidad divina se manifiesta esencialmente como misericordia y ternura6 y la filiación es considerada en Israel no tanto como un estado adquirido e inmóvil sino como un ideal a alcan­zar7.

- Por todo esto, la paternidad muestra las relaciones humanas que Dios ha querido establecer con su pueblo, más aún, es una encarnación de esas relaciones. Esto indica algo más profun­do que la conclusión jurídica de un pacto, porque revela los sentimientos íntimos de Dios.



- Y, aún tratándose de paternidad moral, no deja de tocar el ser del Pueblo de Dios. De hecho, coincide con su creación como pueblo. Por ello se la fue asociando paulati­namente a la idea de creación: "Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos la arcilla y tú el alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros"8.

- Si bien la paternidad indica la superioridad y sobe­ra­nía divinas, no deja por esto de establecer unas relacio­nes más horizontales, puesto que exige reciprocidad de afecto e implica cierta ascendencia de los hijos sobre el corazón del padre com­prensivo y misericordioso9.
c. La unión matrimonial

- Imagen intensa, de sentido horizontal más acentuado, para expresar las relaciones de amor entre Dios e Israel.



- A veces va unida a la imagen de filiación: Israel es hijo rebelde y esposa infiel10.

- La imagen esponsal acentúa la voluntad de igualdad y la intensidad del amor. El matrimonio era considerado como la forma más perfecta de amor humano, prevalente sobre cual­quier vínculo familiar11.

- Aún así, el Esposo divino no pierde su trascendencia. En cuanto Esposo El es el Creador: "Tu esposo es tu hace­dor"12. El crea la belleza de la esposa13 y es autor del noviazgo14. Todo lo que el noviazgo conlleva (amor, ternu­ra, fidelidad, justicia, derecho) es obra de Dios.

- Pero, a su vez, se afirma la reciprocidad: "Tú conoce­rás a YHWH"15. El "Cantar de los Cantares" intensifica el tema de la reciprocidad. Recuérdese la expresión "leit motive" de la esposa: "Mi amado es para mí y yo soy para mi amado"16, que traduce al lenguaje del amor la fórmula carac­terística de la Alianza: "Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo"17.

- La mutua pertenencia es signo de la condescendencia de Dios y muestra hasta qué punto se abaja Él hasta el nivel de la humani­dad. Dios quiere encarnar al máximo -por el signo de la unión conyugal- su modo de entrar en contacto con el pueblo de Israel.
d. La Nueva Alianza

- La ruptura de la primera Alianza suscita el anuncio profé­tico de la Alianza Nueva y Eterna.

- Puesto que Israel falta a sus deberes de hijo y esposa, se proyecta hacia el futuro la representación del hijo afec­tuoso y de la esposa fiel.

- La ruptura para nada significa que Dios se aleje del hombre y retorne a su trascendencia. Al contrario, se afirma una encarna­ción mayor: "Pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré"18. La Ley, expresión de la vo­lun­tad y alianza divinas, no queda ya en el exterior (en las tablas de piedra) sino que se encarna de manera tal que la voluntad del hombre pueda coincidir con la de Dios.

- Dios creará, pues, en el hombre disposiciones nuevas, comunicándole su Espíritu. Tal comunicación permite atisbar las honduras de la encarnación. Dios no se limita a ser "part­ner" del hombre sino que penetra en él para animarlo y dirigir su respues­ta. Dios quiere así responder a Dios en el hombre y éste no encuen­tra su principio más profundo en sí mismo sino en el Señor.

- De esta manera, la estructura de alianza, que desde el comienzo caracterizó las relaciones entre Dios e Israel, ha evolucionado en el sentido de una penetración más íntima en la vida humana, es decir, de una encarnación más profun­da.
2. Encarnación de la Palabra, de la acción y de la presen­cia de Dios
a. La Revelación, encarnación de la Palabra de Dios

- La Revelación pertenece al dinamismo de la Encarna­ción. Dios habla en lenguaje humano. Esto supone que El acepta todos los límites e imperfecciones de la palabra humana para comuni­carse.

- Esta comunicación es mucho más que una traducción. Porque el pensamiento divino se da a conocer con la ayuda del pensamiento humano. Los hombres que transmiten la Reve­lación no son meros copistas. Entran activamente en el proceso y contribuyen a la formación de la misma.

- Se verifica así una identificación entre pensamiento divino y humano. Ya no son separables. De allí la necesidad de acoger el pensamiento humano integral del hagiógrafo si es que se quiere descubrir la intención de Dios.

- Queda establecido así el principio fundamental de la cristología: lo humano es la gramática de Dios.

- A su vez, la cristología habrá, por lo tanto, de desarro­llarse desde la teología de la Palabra de Dios19.
b. La historia, encarnación de la acción divina

- La historia del pueblo elegido revela la encarnación de la acción divina. En base a los compromisos de la Alian­za, la poten­cia de Dios actúa en el pueblo dirigiendo su destino. El Éxodo es la expresión más intensa de esto.

- Tal acción es tan plena que implica una especie de identi­ficación entre el plan de Dios y el destino de Israel.



- La acción de Dios conoce dos modos fundamentales. Por una parte, el Señor corrige al pueblo por sus pecados, en orden a su conversión y al perdón. Por otra, Dios lo prote­ge, lo preserva del peligro y le confiere la vida20.

- De este modo se realiza la compenetración más profunda entre Dios y su pueblo, la encarnación más radical de la acción de Dios en la acción del hombre. La historia de Israel resulta así obra de Dios, de su misericordia.


c. La encarnación de la Presencia divina

- La Presencia de Dios en medio del pueblo ("en el seno", según Zac y Sof) no es mera presencia moral de ayuda y asis­ten­cia. Es una Presencia real.

- YHWH se encuentra en Israel de modo misterioso e invi­sible pero auténtico. Esto nos permite hablar de una verdade­ra encarna­ción de su Presencia.

- Tal encarnación reviste una importancia esencial porque manifiesta el don íntimo que Dios hace de sí mismo. El entrega su ser, no sólo su acción. Su presencia es el Don en plenitud.

- Y su encarnación se va concretando en formas cada vez más intensas. Desde la columna de nube y fuego hasta la tienda (y últimamente el templo), los que buscan a Dios pueden ha­llarlo de un modo muy próximo al humano. Se percibe así máxi­mamente el horizontalismo típico de la encarnación.

- Esto para nada significa una renuncia a la trascen­den­cia. La tienda de la Presencia está "fuera del campamen­to" (de la vida profana ordinaria). La manifestación en la nube susci­ta religioso temor, el Dios cercano y presente escapa a toda manipulación mágica o blasfema (el que toca indebidamente el arca muere fulmi­nado).

- Pero la presencia (schekinah) indica siempre esta voluntad de habitar entre los hombres, de encuentro, de re­unión con ellos. Dios quiere ser el Dios de los hombres.

- En el templo la Presencia se vuelve más cultual. Es ella la que confiere sentido al templo. Si la "schekinah" lo abandona, éste se convierte en una casa vacía.



- El hecho de que YHWH tenga casa revela hasta qué punto, aún sin estar circunscripto en ningún lugar particu­lar21, ha querido hacerse presente de manera humana.
B. Los presentimientos de una figura divina del Mesías
El dinamismo de la encarnación no se agota en el plano colectivo. Determinados textos del AT completan bajo una perspec­tiva mesiánica más individual la unión del hombre con Dios.

Tal orientación sigue dos direcciones, una ascendente y otra descendente.

En la primera, un ser humano aspira a entrar en la condi­ción divina y se separa del pueblo para recibir los atributos de Dios, bien por la aplicación de un Nombre divino, bien por la atribución de una divina filiación.

En la segunda, un personaje celeste tiende a separarse de Dios o a salir de la esfera divina para alcanzar la humani­dad (la Hokmah y el Hijo del Hombre).
1. La vía ascendente
a. La aplicación de un Nombre divino al rey o al Mesías

- En el Salmo 45,7 el rey es llamado "elohim" (Dios). Aunque no se pueda dar a la expresión un sentido fuerte, indicativo de la divinidad del rey, el título afirma la gran­deza divina de un hombre.

- Esta tendencia aparece en muchos pasajes de la SE. A pesar del estricto monoteísmo bíblico, se siente la necesi­dad de encon­trar lo divino, especialmente la potencia de Dios, en aquellos que ejercen un poder sobre los hombres. El Uno, inalcanzable, pide mediaciones.
- Is 9,5 confiere un largo título compuesto al niño-rey: "Admirable Consejero, Dios fuerte, siempre Padre, Prín­cipe de Paz". Según los exégetas, "Dios fuerte" ha de entender­se en sentido metafórico. Los oyentes de Isaías comprendie­ron per­fectamente que YHWH era distinto del niño mesías, si bien su potencia se manifes­taba en éste.

- El título puede, pues, parangonarse a los nombres teóforos. Así, por ejemplo, el nombre de Jesús, común en el mundo bíblico, no significa que aquél que lo lleva sea Dios salvador, sino que en su persona se manifiesta y comunica la salvación divina.

- De hecho, es inconcebible que el Profeta identificara a YHWH con el niño maravilloso. Pero, al llamarlo así, expresa su intención de levantar muy alto, lo más alto posible, la condición del Mesías y de reconocer en él la revelación más particular de la potencia de Dios. Se trata, por tanto, de una identificación dinámica, de energía más que de naturaleza.
- Jeremías 23,6 llama al Mesías, contraponiéndolo al rey Sedecías, "YHWH, justicia nuestra". Porque el nombre de Sedecías significaba "YHWH, mi justicia" y a nadie se le hubiera ocurrido identificar a este rey con Dios. Por consiguiente, la aplicación del título al Mesías no afirma directamente su divini­dad sino que a través de él (y no del rey malvado) se ejercerá la justicia divina. Hay también aquí una identificación dinámica.
- La atribución de un nombre divino al Mesías podría parecer un indicio poco importante, más formal que real, de una orienta­ción hacia el misterio. Sin embargo, hay que recor­dar la importan­cia que los judíos daban al nombre. Para ellos, éste ence­rraba la realidad esencial de la persona.

- Por consiguiente, los títulos mesiánicos significan que la realidad de la potencia y justicia de Dios se mani­festarán de manera única en este personaje. En el Mesías, como en ningún otro, estará presente Dios para manifestarse.


b. La atribución de la filiación divina

Los textos que atribuyen al rey la filiación divina deben ser leídos desde la antigua tradición que asocia el rey a YHWH de manera peculiar. La filiación subraya al máximo esta aso­ciación.


- En la profecía de Natán22, donde se afirma el ori­gen del mesianismo regio, YHWH promete compor­tarse como un padre para con el hijo de David. Promesa interesante desde el punto de vista de la encarnación, porque indica cómo la paternidad permite a Dios actuar de manera humana.
- El Salmo 89,27-28 hace eco a esta profecía: El me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y Roca de mi salvación! Y yo haré de él mi primogénito, el altísimo entre los reyes de la tierra. Adviértase cómo el acento es puesto sobre la dignidad del rey davídico. En cuanto hijo, recibe la seme­janza del que tiene por padre, llegando así a ser el "altísi­mo" entre los reyes.
- El Salmo 2,7 pone en boca del rey la afirmación de la filiación divina en el momento de su entronización: "Voy a anunciar el decreto del Señor. El me ha dicho: tú eres mi hijo; Yo te he engendrado hoy". Se trata de un acto de alian­za, porque al anunciar el decreto divino el rey aceptaba un pacto personal con YHWH.

- Además, aunque el Salmo se refiera a un rey históri­co, con el tiempo irá adquiriendo un valor mesiánico ideal.

- Pero, ¿cuál es el valor de esta filiación? Ella es, cierta­mente jurídica, como una adopción. En esto se funda la legitimidad del poder del rey.

- Sin embargo, el Salmo parece decir algo más, ya que alude a una generación y ésta no se reduciría a expresar los sentimientos personales de Dios. De hecho, hay cierto para­lelismo con fuentes asirio-babilónicas y egipcias que afir­man un nacimiento místico del rey y una cierta participación de la divinidad a partir de su entronización23.

- En esta línea, la afirmación del Salmo podría aludir una verdadera generación por parte de Dios, que implicara la comunica­ción de su divinidad. Esto, a la vez, se probaría por los efectos: dominio de los enemigos y cierto carácter divino vinculado a la persona del rey.


- El Salmo 110,3 no presenta un texto del todo seguro. Siguiendo el método de la comparación, podría reconstruirse así: "A ti el principado en el día de tu nacimiento sobre las montañas sagradas; del seno de la aurora, como el rocío, yo te he engendra­do".

- Los paralelos fenicios, egipcios y ugaríticos confirman esta versión y nos permiten entender cómo la afirmación de la genera­ción divina del rey pudo introducirse en la SE24.

- Aquí, más que en el Salmo 2, la visión jurídica es superada por la filiación mística.



- La versión de los LXX traslada esta generación al cielo, significando que el Mesías es engendrado desde la eternidad de Dios, antes de la creación de las estrellas: Contigo está la soberanía en el día de tu potencia en los esplendores de los santos; del seno, antes de la estrella de la mañana, yo te he engendrado. Este texto se aproxima, de manera sorprendente, a la idea de una filiación eterna y atestigua una corriente de pensa­miento que en los últimos siglos del judaísmo anterior a Cristo sitúa al Mesías en una esfera celeste y trascendente.


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