Teología Pastoral Fundamental



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CAPITULO VIII

MODELOS DE LA ACCIÓN PASTORAL


  1. MODELO TRADICIONAL




  1. Situación a la que corresponde

La mayoría de la gente pertenece a la Iglesia. Se ha creado una cultura cristiana; la educación, las costumbres van transmitiendo los valores de la fe. Hay tres consecuencias: preocupación por su vida interior, despreocupación por la evangelización pues se suponía su transmisión, el reconocimiento social.




  1. Ideas eclesiológicas básicas

Se considera la Iglesia como sociedad perfecta, piramidal. Es una Iglesia estratificada, la relación es de obediencia, poco se cede al que está abajo. Lo que importa es la norma y la ley. Entre más arriba se está mayor responsabilidad. La Iglesia es dueña de la salvación, para obtenerla, hay que venir a ella. Existe triunfalismo y veneración a ella.


  1. Planteamiento pastoral

Centra su acción pastoral en la parte espiritual del hombre. Todo se reduce a la cura de almas. Hay una sacramentalización. El creyente es practicante, fiel, sacramentado, individualista. Es trabajo pastoral recae en la persona del sacerdote “imagen del Buen Pastor” y el fiel, solo recibe, sin ningún protagonismo pastoral y misionero.




  1. Acción pastoral

La fundamental: el culto sacramental. Los complementos son: la acción catequética, de forma memorística;



la pastoral de la palabra, reducida a movimientos; la vida común, disfraz del control del párroco, que es figura central y la caridad, de modo asistencial. La práctica cristiana es recetario.


  1. MODELO COMUNITARIO




  1. Situación a la que corresponde

Ya no puede sostenerse la “masa”, porque la comunidad humana ha cambiado, se ha perdido el conocimiento personal. Este modelo surge a partir del Vaticano II, para renovar la antigua situación de cristiandad y buscar la vivencia comunitaria de la fe, en pequeñas comunidades.




  1. Ideas eclesiológicas básicas

Se concibe la Iglesia como misterio de comunión que tiene su origen en el misterio mismo de Dios. La eclesiología del Pueblo de Dios ha descubierto el carácter profético, sacerdotal y real de todos los miembros de la Iglesia por el bautismo. La renovación se dará desde las CEB, la parroquia, la diócesis y la Iglesia Universal.




  1. Planteamiento pastoral

Edificar la Iglesia partiendo de la pequeña comunidad, que será como célula para ella. No importa tanto la estructura dogmática, sino el amor de los que forman las pequeñas comunidades. La norma será los Hechos de los apóstoles. Esta estructura comunitaria es plural, carismática y se integra en la parroquia.


  1. Acción pastoral

La comunidad es el elemento cristalizador de todo lo demás. La comunidad intenta ser un signo vivo de salvación en medio de la comunidad humana. La evangelización es muy fuerte. La liturgia, la pastoral y los ministerios son de toda la comunidad eclesial.




  1. MODELO EVANGELIZADOR




  1. Situación a la que corresponde

Se refiere más al anuncio primero del evangelio que provoca la fe que al tono de la EN. La situación que la provoca es un cristianismo sociológico que no es manifestación de la fe, a la sacramentalización sin evangelio, al infantilismo y la increencia religiosa y al divorcio fe-vida, con todas sus consecuencias.




  1. Ideas eclesiológicas básicas

La misión como autentificación de la comunión. La sacramentalidad de la Iglesia para el mundo, significativa y eficaz. Ambas ideas definen una Iglesia para el mundo, con una propuesta de salvación y con nuevas actitudes de respeto, diálogo, servicio, pluralismo y participación. Los miembros de la Iglesia son ciudadanos de este mundo.




  1. Planteamiento pastoral

Todo es evangelizador: el servicio, la comunión, la liturgia, etc. porque se necesita evangelizar a los alejados, la iniciación cristiana para una fe madura y auténtica. Para esto necesitamos una actitudes: Romper con la pastoral de mantenimiento, valorar el mundo de hoy con actitud profética para evangelizarlo, que la propuesta de salvación sea histórica.




  1. Acción pastoral

La iniciación cristiana incluye una celebración sacramental auténtica. Acción misionera de la Iglesia en los distintos sectores. Empeño y trabajo por la transformación social (cercanía a los pobres y marginados). Nueva espiritualidad desde la vida y la misión: encarnación, religiosidad, atención a jóvenes.




  1. MODELO LIBERADOR




  1. Situación a la que corresponde

Brota de la dimensión práctica de la Teología de la Liberación y tiene su geografía propia: América Latina. La situación de injusticia personal y estructural urge a una práctica pastoral liberadora.




  1. Ideas eclesiológicas básicas

La Iglesia de salvación histórica, desde el Reino de Dios. La autonomía de las iglesias locales. La distinción clara entre Iglesia-Reino. Iglesia en diálogo con el mundo de acuerdo a la GS, para buscar la justicia.




  1. Planteamiento pastoral

Toma de conciencia de la situación. Eficacia de la evangelización para transformar la realidad. La Eficacia implica la toma de decisiones pastorales para liberar a partir del Evangelio


  1. Acción pastoral

La catequesis como medida para el proceso de concientización. Iniciar un proceso de emancipación, siendo el sujeto, el pueblo de Dios a la luz de la Palabra La opción preferencial por los pobres.

VI. OTROS MODELOS
1. UNA IGLESIA DE CONSUMIDORES. Es una Iglesia en la que los cristianos piden lo que necesitan al párroco, vicario, religiosas y catequistas, cuyo papel principal consiste en dar los servicios. El sacerdote es la figura central, alrededor del cual todo se desarrolla; El lleva la responsabilidad de todas las actividades, solo él decide todo. Se preocupa de cada uno de sus fieles laicos y procura responder a sus peticiones: bautismos, 1ª comunión, catequesis, consejos, ayudas materiales, intenciones de misa, etc. Ellos esperan de él una completa disponibilidad, que él atienda todo y a todos, y siguen sus consejos y directivas. Se han habituado a permanecer pasivos y consumidores; ellos no quieren cambiar, ni comprometerse con la vida pastoral, quieren que todo lo haga el sacerdote, la religiosa, los coordinadores o los catequistas.
2. UNA IGLESIA DE AYUDANTES. El sacerdote trabaja con los fieles laicos, comparten juntos la preocupación de la vida parroquial. Hay consejos parroquiales, catequistas, ministros de la Eucaristía, Lectores, encargados de coro, etc., que colaboran activamente. Sin embargo, los fieles entienden su compromiso parroquial-pastoral como una “ayuda al sacerdote y a los otros agentes de pastoral”. Esperan órdenes claras y precisas. Dejan de servir si no se les dice qué tienen que hacer o si cambian al sacerdote.
3. UNA IGLESIA QUE DESPIERTA. Los fieles se sienten cada vez más comprometidos, más responsables en la vida de la Iglesia. Experimentan juntos con el sacerdote los gozos y las dificultades, sufren, sienten cuestionados su lugar, su servicio, su autoridad, su manera de actuar, se sienten rebasados en las exigencias de la comunidad, se preguntan si todavía son competentes y capaces de continuar con su misión. Esto les ayuda a aceptar su responsabilidad en la vida parroquial y a comprender que “ser responsable” es estar llamados a rendir cuentas.
4. UNA IGLESIA DE DISCÍPULOS. Los responsables de los diferentes servicios comunican al consejo de pastoral sus iniciativas, reflexiones, aportes y decisiones y el consejo a su vez se interesa por ellos comparten su reflexión, sus experiencias, sus gozos y penas e invitan a todos los miembros activos a una colaboración real. Los laicos se sienten responsables de poner sus talentos al servicio de la comunidad, de llevar una vida de oración intensa y de formarse continuamente, ya no se sienten ayudantes del sacerdote sino enviados de Cristo con un compromiso profundo. Están por convicción personal. En adelante, las actividades ya no tendrán lugar solo en el templo, sino también donde vive la gente; así la Iglesia se hace presente en las realidades concretas de la gente. Se unen para reflexionar la vida a la luz de la Palabra de Dios. Dos peligros: 1) querer hacer demasiado hasta sentirse agobiados por el trabajo, 2) convertirse solo en organizadores.
5. UNA IGLESIA DE MANTENIMIENTO. Aquí los sacerdotes y laicos comprometidos trabajan arduamente, tratan de mantener lo que se ha logrado pastoralmente, pero cualquier cambio para mejorar cuesta aceptarlo. Como ya se logró estabilidad, se prefiere que las cosas sigan tal y como siempre han funcionado. Es trabajar por mantener las estructuras ya establecidas, los modos de trabajo resultan seguros para los que están al frente. O las oportunidades que nos ofrece el cambio se siente como amenaza a la estructura y modelo con que se trabaja y a lo que ya se ha alcanzado
6. UNA IGLESIA DE EVENTOS. Es la que planea y hace sus acciones pastorales, sus eventos, según su rumbo. Lo importante es realizar una serie de eventos que promuevan la fe: retiros, encierros de tres días, jornadas, ejercicios espirituales, celebraciones masivas, predicaciones para todo el público, en fin, todo aquello que atraiga a la gente, a los más alejados, que llame la atención y despierte entusiasmo. El sacerdote y los organizadores (coordinadores) mantienen una agenda apretada de actividades para todo el año dependiendo del tiempo. Sin embargo, faltan acciones programadas a largo plazo que lleven un proceso que tengan la suficiente cohesión pastoral, unidad y articulación. Falta proceso formativo. Al final todos terminan cansados de haber realizado una serie de actividades pero falta calar hondo en la vida de las personas y familias. No faltan los celos pastorales de quienes quieren sobresalir y ser reconocidos por sus actividades y eventos.
7. UNA IGLESIA DE MOVIMIENTOS. Es una iglesia donde las pastorales están poco organizadas y fortalecidas y prevalecen más bien los Movimientos. Favorecen la etapa kerigmática y permiten “sacudir a las personas en su fe y atraer a los alejados”. Pueden existir en la parroquia muchos movimientos: Encuentros con Dios, Cursillos, Renovación carismática, Legión de María, Adoración Nocturna, Encuentros matrimoniales, etc., todos ellos muy buenos y recomendables, pero “cada quien atrae para su propio movimiento pero no para la Iglesia, surgen así instancias paralelas a los que tiene la iglesia”. El sacerdote y los coordinadores saben que pueden contar en cualquier momento con los servicios de estos movimientos. No faltarán los celos y rivalidades pues cada cual quiere que toda la gente entre en su movimiento.
8. UNA IGLESIA MISTERIO DE COMUNION A LA LUZ DEL VATICANO II
El Concilio Vaticano II nos ofrece un modelo de Iglesia que vale la pena retomar en nuestra diócesis. Primero dice que la “Iglesia es misterio” en el sentido de inabarcable e inagotable, precisamente porque es portadora de una realidad divina y humana que constituye su mismo ser. Fundada por Jesucristo, guiada por el Espíritu Santo, hace presente el amor del Padre al proclamar y mostrar su plan de salvación, por eso es santa y santifica por los sacramentos; pero a su vez está marcada y constituida por una realidad humana y por lo mismo limitada; sus miembros, su organización, sus estructuras y todo lo humano puede mancharse y deteriorarse por el pecado. Lo divino, lo santo, se hace presente y se comunica a través de lo humano (limitado e imperfecto), es el mensaje del misterio de la Encarnación.
Fundamento de que es comunión:

La Iglesia es en su identidad más profunda, misterio de comunión, realidad dialógica, comunión vital con la Santísima Trinidad y sacramento del encuentro de Dios con el hombre. Ella es imagen de la Trinidad. Su fuente es la Vida Trinitaria, la comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y ella es en su vida, en su unidad y aun en su estructura externa, la imagen en la que se reflejan la Vida, la unidad y comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Tres personas distintas y ella una en la diversidad de sus miembros, cada uno con dones y carismas.


Esta comunión es el proyecto de Dios, su Plan trazado desde antiguo, por eso Dios Padre: “determinó convocar a los creyentes en Cristo en la santa Iglesia (LG 2). Lo hizo, enviando a su Hijo al mundo para reunir a los hombres en un solo pueblo, como familia de los hijos de Dios.

Jesucristo con su misterio pascual fundó la Iglesia y la hizo sacramento de salvación para la humanidad. “Ella es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1 y 9). Ella, en su forma de vida y en su acción pastoral, es signo e instrumento de esta comunión querida por Dios.



La praxis de Jesús fundamenta la comunión o koinonía de la Iglesia. Come con sus discípulos y con la gente, visita los hogares, participa con ellos en las fiestas de su pueblo. Vive con ellos “la comunidad de mesa”. GS 32 dice: “El mismo Verbo encarnado quiso participar de la vida social humana, asistió a las bodas de caná, bajó a la casa de Zaqueo, comió con publicanos y pecadores. En su oración pidió que sus discípulos fueran una sola cosa (Jn 17,21)… Instituyó una nueva comunión fraterna que es la Iglesia… Instituye una nueva comunión fraterna en su Cuerpo, que es la Iglesia, en el que todos, miembros los unos de los otros, se ayuden mutuamente según los diversos dones que les han sido concedidos”.
LG 4 señala: El Espíritu Santo, conduce a la Iglesia a la verdad total (Jn 16,13), la une en la comunión y el servicio, la construye y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la adorna con sus frutos. Él es el autor de la comunión en la Iglesia.
La Iglesia antes de su realidad estructural, es la comunidad de quienes el Padre ha llamado para ser sus hijos en el Hijo, por la acción del Espíritu Santo, es comunión de los creyentes en Cristo, mediante una misma fe, una sola esperanza y una unidad de amor. Las estructuras e instituciones pastorales y el quehacer pastoral son necesarios en cuanto que expresan la comunión y son a su vez medios para lograr la comunión, es la visión exacta de que el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Ella, es más que una sociedad perfecta con estructura piramidal donde el papa, los obispos y los sacerdotes sólo mandan, y los laicos obedecen y reciben lo que se les dé.
Base bíblica: Cristo quiere la unidad y la comunión de los suyos: “Que todos sean uno, como tu padre y yo somos uno” (Jn 17,21). “Jesucristo vino para reunir a los hijos de Dios dispersos” (Jn 12,52). “La primera comunidad tenían un solo corazón y una sola alma”
Implicaciones pastorales:
Ante un mundo roto y deseoso de unidad, dividido, disperso, fragmentado, es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que llama a todos los hombres a que participen de esta comunión trinitaria.
Antes de preocuparnos de las acciones pastorales, de qué debemos hacer para construir la Iglesia de comunión hay que mirar las actitudes pastorales que testimonien la comunión: amabilidad, respeto, colaboración activa y creativa, la escucha pastoral. No se trata de tener un recetario o fórmulas para la comunión. Es concretizar el principio de circularidad y reciprocidad. Esto permite superar el individualismo, egoísmo, celos pastorales, la competitividad, el deseo de poder y de aparecer, de sobresalir y de quedar bien, la autonomía al margen de la vida eclesial.
Ser testigos de la comunión, pastores y fieles, en la parroquia, en el decanato, en la diócesis, más las acciones pastorales irán en orden a construir la unidad y comunión de Iglesia. Más que ejecutores y organizadores de la comunión es ser testigo de unidad. He 2,42.
Implica una espiritualidad de la comunión según NMI 43 lo cual significa:

1) una mirada del corazón hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros

2) sentir al hermano de fe en la unidad del cuerpo de Cristo, “como uno que me pertenece” pasa saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad

3) Ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios

4) es saber dar espacio al hermano llevando mutuamente la carga de los otros.

Sin este camino espiritual de poco sirven los instrumentos externos de la comunión.


Conversión a la comunión de los agentes de pastoral: pastores y fieles, como forma de vida. Más allá de cambiar las acciones pastorales o modificar cosas, es cambiar el corazón, la actitud interior y las acciones vienen como consecuencia.
Comunión en las pastorales fundamentales: profética, litúrgica y social, y una pastoral de la comunión que dinamice toda las pastorales. Implica que toda la estructura organizativa de la parroquia, decanato esté permeada por la comunión.
Esta comunión pastoral, se alimenta con la Palabra de Dios, con la Celebración de la Eucaristía y con otras celebraciones litúrgicas, y se expresa en el servicio a los demás principalmente los pobres: pastoral social.
Una Iglesia de comunión desde la diversidad de carismas y ministerios que el Espíritu Santo suscita para anunciar el Evangelio y edificar el cuerpo de Cristo en la unidad. La unidad no es uniformidad sino unidad en la diversidad, se trata de respetar y valorar los carismas y ministerios de los demás. Es comunión en la acción pastoral, en el apostolado que cada uno realiza edificando la comunidad: como catequista, miembros del Consejo, ministros de la Comunión, Lectores… La unidad en la diversidad, cada uno con sus talentos, pero desde ahí ha de colaborar en la edificación de la Iglesia en comunión y participación (Apostolicam Actuositatem 2).
Aceptar la comunión apostólica: “Así como, por disposición del Señor san Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles” (LG 22,a).
En cada Diócesis está la comunión jerárquica que debe existir entre el obispo y los sacerdotes (presbiterio), y de ellos entre sí (PO 7 y 15). “Cada Uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de la unidad en sus iglesias particulares” (LG 23). Y la comunión entre pastores y todo el pueblo de Dios, con los religiosos y religiosas, con las asociaciones y movimientos (NMI 45)
La Diócesis encarna la comunión orgánica, al unir la diversidad y complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios y carismas, y las demás responsabilidades que hacen crecer al pueblo de Dios. En ella, las parroquias y demás comunidades, asociaciones e instituciones, no son entidades autónomas, sino concretizaciones de esa comunión vital de Iglesia particular que anuncia el Evangelio en comunión de carismas y ministerios.
La parroquia es comunidad de comunidades y movimientos, debe haber participación activa de los fieles en la acción pastoral con la misión de evangelizar, celebrar la liturgia, impulsar la promoción humana.
CAPITULO IX

CÓMO PLANEAR LA ACCIÓN PASTORAL

MODELOS DE ACCIÓN PASTORAL



  1. MODELOS DE ACCIÓN PASTORAL




  1. Pastoral voluntarista.

Ausencia de planes, más no de planeación. La Iglesia siempre ha pensado su acción, ha proyectado al futuro, más no siempre lo hizo técnica y científicamente. Este modelo es típicamente del Régimen de cristiandad, en que predomina un eclesiocentrismo, con una teología del Cuerpo Místico: Cristo Cabeza y laicos Cuerpo. Traspasando esta teología a la práctica el clero es la Cabeza y los laicos sus colaboradores. Mas el poder de mando, de decisiones, de visión, de administración y de acción es la cabeza. Es decir, todo se mueve a voluntad del Párroco. En este tipo de acción eclesial predomina lo administrativo sobre lo pastoral, lo sacramental sobre la evangelización, la voluntad del clero sobre la decisión eclesial. Este modelo ni crea comunidad ni genera procesos ni afronta los desafíos de la realidad.




  1. La pastoral colectiva.

Este modelo responde a la neocristiandad, basada en una eclesiología de la “sociedad perfecta”. Como su objetivo es re-cristianizar a la sociedad moderna, se convoca a los laicos y se les manda como extensión del brazo del clero. Los laicos pasan a participar de la misión del clero. El laico continúa siendo “aquel que no es”. En esto juegan un papel importante las diversas asociaciones que todavía conservan su ciudadanía. Aquí no hay un objetivo común, son acciones paralelas, hay una misma fe, pero no un plan común. Es todavía una acción ad intra, no busca edificar el reino, sino implantar la Iglesia, esta se sirve del mundo y no viceversa.




  1. Pastoral orgánica y de conjunto

Su teología subyacente es la de “Pueblo de Dios” y supera el eclesiocentrismo. Nace cuando se toma conciencia de la acción diocesana de la pastoral, confinada a la parroquia. Se afronta la realidad de manera más efectiva con planes que hacen realidad la dimensión social de la fe. Nacen los planes técnicos adaptables a la realidad cambiante con nuevas directrices.




  1. La pastoral de comunión y participación

Se inscribe en la perspectiva de Medellín y Puebla que realizaron una recepción creativa del Vaticano II. La eclesiología subyacente es conciliar, a partir de la auto-comprensión de la Iglesia como “comunión”, toda ella ministerial y “participación” cuerpo de servicio de Dios en un mundo marcado por el pecado social. Ad-intra, este modelo supera el binomio clero-laicos, substituyéndolo por el de comunidad-ministerios. Se evidencia la corresponsabilidad eclesial de todos los bautizados, todos tienen derecho en las decisiones relativas a la vida pastoral de la Iglesia. Con este modelo se va a dar el paso de lo “administrativo” al primado de lo “pastoral”, de lo institucional al “carisma” de la Iglesia.




  1. METODOLOGÍAS DE PLANEACIÓN

Planeación es un pensar la acción de la Iglesia, a través de un método de reflexión apropiado en un instrumento técnico. Lo más importante es la acción pensada, el método y el instrumento técnico son solo “medios”. Puede ayudar a encontrar el camino y a hacer el camino, pero no puede constituirse en el propio caminar. Esto nos muestra que los métodos y las técnicas no son meros instrumentos neutros, pues en la medida en que cambia la realidad así cambian también las metodologías y las formas de actuación y realización.

Exigencias básicas de una buena planeación:


  • Tener los pies sobre la tierra, no ignorar, dialogar, participar, convivir, analizar la realidad.

  • Tener los ojos puestos en el horizonte. Es prever la acción futura, mirar lejos, es esperanza, confianza en la posibilidad del futuro deseable, sin esta actitud no hay metodología.

  • Tener el coraje de ensuciarse las manos.




  1. Planeación normativa. A partir de la autoridad.

Su origen es la pastoral voluntarista.

Sus pasos: Toma de decisión, reglamentación a través de una norma, promulgación en forma de decreto, definición de los mecanismos de tributo

Esta planeación es como una camisa de fuerza.




  1. Planeación Estratégica. A partir de la institución.

Su origen a partir de la administración de empresas.

Pasos: Momento normativo, momento analítico, momento estratégico, momento táctico operacional.

Tiene sus ventajas y desventajas.




  1. Planeación Prospectiva. A partir de lo ideal.

Su origen es pagano y luego se hace eclesial

Sus pasos: La actitud prospectiva, definición del modelo ideal, va del problema a la utopía.

Reflexión prospectiva. Elaboración del modelo de situación y el diagnóstico.

Programación prospectiva. Elaboración del modelo operacional, planes específicos y programación.

Apreciación: centrado, punto de partida y de llegada




  1. Planeación Participativa. A partir de la acción.

Origen. En las prácticas populares, eclesiales y ciudadanas. Su originalidad está en partir de la acción y desembocar en ella.

Pasos:


Marco referencial. Marco de realidad, doctrinal y diagnóstico pastoral.

Marco operacional. Pronóstico y programación pastoral

Marco organizacional. Organización de la institución, seguimiento-control y evaluación.


  1. Método renovado de planeación pastoral participativa

Nuestra diócesis de Tuxtla y sus métodos pastorales

En sus cuarenta años de vida, nuestra diócesis ha seguido básicamente dos métodos: desde sus comienzos (1965) hasta el 1988 siguió el método que podríamos llamar “voluntarista” y que consistió en que cada parroquia, de manera individual, hacía lo que podía y como podía, tratando siempre de realizarlo de la mejor manera posible. Había líneas generales de pastoral señaladas por el Obispo en turno, según las principales necesidades, pero no había un plan específico para toda la diócesis, tomada en su conjunto. Pero, desde 1988 se optó por realizar una pastoral de conjunto o pastoral orgánica, a través del método llamado: “Planificación pastoral participativa”. Así describe el Documento de Puebla este modo de trabajar: “Es la respuesta específica, consciente e intencional, a las necesidades de la evangelización. Deberá realizarse en un proceso de participación en todos los niveles de las comunidades y personas interesadas, educándolas en la metodología de análisis de la realidad, para la reflexión sobre dicha realidad a partir del Evangelio, la opción por los objetivos y los medios más aptos y su uso más racional para la acción evangelizadora” (Puebla 1307). El método de planificación pastoral participativa trata de involucrar a todos y tiene tres pasos fundamentales en su proceso: ver, juzgar y actuar. Se concretiza a través de un conjunto de técnicas o principios metodológicos, en su mayoría tomados de las ciencias administrativas. Los principales elementos de este método son 1) El Marco referencial, que abarca el análisis de la realidad, el marco doctrinal y el diagnóstico pastoral; y 2) El Marco operativo, que abarca los objetivos (general y específicos), los criterios de acción (políticas y estrategias) y los programas.
Desde la década de los 70s el método de planificación pastoral participativa es el que más se ha utilizado en la mayoría de las diócesis de América Latina y el Caribe, por ser el que mejor ha respondido hasta hoy a la eclesiología de comunión señalada por el Concilio Vaticano II. Sin embargo, dicho método ha presentado algunas deficiencias o límites, que plantean la necesidad de recrearlo a partir del contexto pastoral actual.

Entre las deficiencias más notables se encuentran las siguientes:


a) Su tendencia tecnicista. Este es el límite más palpable. Por ser un método importado de las ciencias administrativas aún no ha sido suficientemente recreado a partir del contexto pastoral, quedándose con frecuencia en la mera aplicación técnica, fría, sin corazón;
b) Una aplicación inadecuada. Con el afán de simplificarlo, con frecuencia se omiten aspectos o fases esenciales del método, dando pie a la obtención de escasos resultados, con sus consiguientes frustraciones. Por ejemplo, hay quienes omiten el marco referencial, lo cual les conduce a inventar objetivos; otros omiten los criterios de acción, propiciando la dispersión en la acción; algunos omiten la programación, la evaluación o la organización, dejando mutilado el proceso;
c) La falta de una adecuada pedagogía o mística. Es decir, que así como está diseñado propicia la aplicación de la técnica desprovista de sus fundamentos, de su filosofía, de su eclesiología y de su mística; d) Su carácter praxisista: Todo está dirigido hacia la acción, hacia el servicio, dejando de lado la gratuidad, la afectividad, la dimensión festiva de la vida, la espiritualidad. Esto, a menudo lleva a los agentes de pastoral a realizar muchas tareas, pero no les favorece su crecimiento en la vida de santidad, dejándolos desgastados y vacíos interiormente.


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