Teología Pastoral Fundamental



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>, o simplemente por los <>, es el pueblo de Dios escatológico. En la Iglesia de los tres primeros siglos no hay una concepción individualista sino comunitaria de la realización de la vida cristiana. Los cristianos son unos para otros, en cuanto portadores de Dios o de Cristo, compañeros de camino. Tiene gran influencia la concepción de Ecclesia Mater como mediadora de salvación.
Bajo la imagen de una virgen, la iglesia aparece como guardiana y protectora de la fe. El Señor engendra en su esposa, por la palabra y la acción sacramental, la vida eterna de Dios. Convertida en madre fecunda, la Iglesia ejerce su acción pastoral como mediadora de verdad y de vida.
Para la antigüedad cristiana la comunidad local aparece realmente como una comunidad viviente y no como una estructura jurídica; presidida por el obispo y su presbiterio, la Iglesia local, por su dinamismo y vida cultual, sobre todo eucarística, representa la realización concreta de la fraternidad cristiana y la presencia en el mundo del pueblo de Dios; dotada de cierta autonomía, vive en comunión con las otras Iglesias, percibiendo y expresando así la realidad de la Iglesia universal que en ella se actualiza. La eclesiología de la antigüedad cristiana, basada en el concepto de la Iglesia como misterio y comunión, es eclesiología comunitaria. Desde finales del s. II, los cristianos tienen conciencia clara de la universalidad de la Iglesia, por su propia constitución y por extenderse hasta los extremos del orbe entonces conocido.


  1. Acciones pastorales

En la Iglesia primitiva, la proclamación de la fe en Jesús, el testimonio de vida y la enseñanza de la palabra de Dios están en primer plano. La actividad pastoral de la Iglesia se centra en el anuncio del misterio de Cristo y en su celebración cultual. La predicación y el culto sacramental, junto a las actividades complementarias de la catequesis y reflexión teológica, polarizan el dinamismo de la comunidad cristiana.


La predicación misionera y la homilía litúrgica nacen con los apóstoles y discípulos; quienes reconocen al Señor como único profeta y maestro.
La predicación y catequesis primitivas, entrañablemente unidas, son distintas según se trate de judíos o paganos convertidos. En el caso de los judíos sigue pronto el bautismo, a los paganos hay que mostrarles la verdad del único Dios y la falsedad de sus dioses. Desde finales del s. II aparece la instrucción en común, que posteriormente daría origen al catecumenado. La primera escuela de catequistas fue la de Alejandría a finales del s. II. A pesar de las primitivas influencias de los retóricos paganos, el lenguaje es bíblico.
El bautismo se fija durante el s. II en la fiesta de la pascua, previa una preparación bautismal basada en la primitiva catequesis de las dos vías. De ordinario, el bautismo primitivo, celebrada en los ríos, se practica por inmersión (Didajé 7), con el significado teológico de consepultura y conresurrección en el nombre de Cristo. Según la Tradición de Hipólito (comienzos del s. III), los adultos convertidos que desean recibir el bautismo son recomendados por un padrino (sponsor); los candidatos ingresan en el catecumenado después de un examen de su conducta moral y permanecen en dicha institución unos tres años. Al mismo tiempo que un catequista les enseña la Escritura, se comprometen a llevar una vida cristiana moral. En una fase posterior, estrictamente eclesial, los candidatos, transformados en electi o competentes, reciben la inmediata preparación al bautismo y a la participación en la asamblea eucarística.
En resumen el rasgo pastoral más sobresaliente del s. III es el catecumenado, dividido en dos estadios: uno primero, largo, de instrucción y ejercicio de vida cristiana; otro segundo de preparación inmediata al bautismo. También adquiere en el s. III gran importancia la reconciliación, concebida penitencialmente de modo paralelo al catecumenado.
Tertuliano, Hipólito e incluso Orígenes, opinan que los cristianos deben rechazar el servicio militar, la aceptación de cargos públicos y el ejercicio de algunas profesiones paganas relacionadas con los circos. Si bien no se plantea explícitamente la abolición de la esclavitud, el cristianismo transforma la condición de los esclavos bautizados por medio de una caridad efectiva, desconocida entre los paganos. La mayor parte de los creyentes pertenecen a los humiliores, es decir, al pueblo sencillo. Por su condición modesta, los cristianos son criticados por sabios y políticos paganos de ignorantes, malos ciudadanos, que aceptan el incesto y practican la antropofagia y en el fondo son ateos. Para salir al paso de estas calumnias, se escriben las apologías. Junto a largos periodos de paz religiosa, los cristianos de los tres primeros siglos conocen persecuciones a veces sangrientas. Durante los periodos de paz los cristianos evangelizan, hacen crecer las comunidades y desarrollan la teología y el culto. A finales del s. III, la Iglesia es la fuerza espiritual más importante en el imperio romano.
El centro de la Iglesia de los tres primeros siglos radica en la asamblea eucarística dominical. Los cristianos –afirma la Didajé (14,1)- deben reunirse para <
>. Esto lo hacen en le día del Señor de un modo festivo, ya que celebran la resurrección de Cristo. La liturgia recibe influencias de los ritos judíos y de los misterios paganos. Herencias hebreas son la liturgia de la palabra (lectura y homilía), la acción de gracias (núcleo de las anáforas actuales), el oficio de la mañana y de la tarde con sus salmos correspondientes, el sanctus, amen, aleluya y maranatha. Los misterios paganos tienen probablemente influencia menor. El cristianismo añade abundantes elementos originales a estas dos fuentes, y, sobre todo, una nueva significación, ya que la liturgia cristiana es el culto de la nueva alianza, actualizada en el misterio pascual.
Por la asamblea comunidad de <> se denomina la comunidad cristiana parroquia, centro de toda la actividad pastoral. En el s. III hay comunidades-parroquias en las grandes ciudades e incluso en las zonas rurales pero dependientes siempre del obispo de la ciudad.


  1. Agentes del ministerio

Los creyentes se distinguen de los no cristianos por la fe que los incorpora a Cristo a través del gesto bautismal y de la participación en la mesa fraternal eucarística. Todos son discípulos del Señor y hermanos entre sí. Sus responsables, llamados al principio -en la Iglesia misionera de Antioquia- apóstoles, profetas y doctores, terminan por ser epíscopos, presbíteros y diáconos, verdaderos organizadores de comunidades, cuya unidad se logra por medio del colegio presbiteral, siendo su cabeza un epíscopo o delegado apostólico con misión itinerante. Pero al principio ni el apóstol ni los componentes del colegio presbiteral son llamados sacerdotes; ciertamente, forman con todos los bautizados un pueblo sacerdotal un sacerdote santo. Los responsables son ministros de conjunto Cristo-eclesial, cuya función es una diaconía que engloba todos los servicios. Cristo mismo <> (Ef 4, 11-12).


Durante esta época el laicado se corresponsabiliza intensamente de la vida eclesial. Clemente de Alejandría y orígenes autorizaban a los carismáticos a oír confesiones, práctica que estará en vigor hasta bien entrada la Edad Media; los laicos guardan y administran la eucaristía; hasta el siglo III son ellos los que ejercen normalmente el ministerio de la educación de la fe, participan en las asambleas de la comunidad, en las elecciones de los presbiterios y obispos y en la administración de los bienes eclesiásticos; en muchas diócesis existen para este fin un consejo de laicos, denominado seniores laici. Recordemos que junto al grupo de <> y de <>, destacan en el s. III en Siria las <>, que reciben la imposición de manos, con un ministerio semejante al de los diáconos.
En realidad el término laico, aunque fue usado por Clemente (1 Clem 40,5) en relación al AT, es empleado escasamente en el siglo II. A partir del siglo III cuando ya se ha impuesto la triada de obispos, presbíteros y diáconos, comienza a usarse el sustantivo laico. Se hace cada vez más patente la distinción entre clérigos y laicos. El laico terminará por ser el <> o <> secular o plebeyo, que pertenece al pueblo, ya se entienda en oposición al clero o en cercanía del mismo. En cambio, kleros (en latín ordo) es la <
> o el grupo dedicado a <> formada por la triada de los ministros mencionados.
Precisamente por entenderse la eucaristía en el siglo III desde la noción de culto más que del dinamismo misionero de la comunidad, los laicos terminan por ser pueblo de los sacerdotes en lugar de pueblos enteramente sacerdotal.


  1. Época patrística: acción pastoral de la Iglesia

en el imperio cristiano (s. IV – VII)


  1. Concepción de la Iglesia

A partir del siglo IV la Iglesia adquiere una nueva fisonomía pastoral al dejar de ser el cristianismo religión prohibida y convertirse en religión oficial o de Estado, previa la conversión del soberano, por medio de lo que tradicionalmente se llama el <> del año 343. Hacia el año 300 el cristianismo está establecido por todo el imperio romano, incluso en sus provincias más alejadas, como es el caso de Inglaterra y España. Por otra parte, no es ya la fe asunto exclusivo de cardadores de lana, zapateros y lavanderos, es decir, de esclavos y pobres; a comienzos del siglo IV hay cristianos entre magistrados, filósofos y gobernadores de provincia. Pero al cesar la persecución disminuyen el martirio y el testimonio; se dan conversiones masivas y se debilita la misión y el catecumenado; se erigen nuevos templos y cobra primacía el culto. El estado interviene en la vida de la Iglesia y la Iglesia se convierte en soporte ideológico del estado. Aunque se habla de una <>, en realidad el cristianismo se convirtió en religión de estado con Teodosio en el año 380. Constantino dio en el 313 libertad de conciencia y permiso para practicar cualquier culto.


La Iglesia es la mediadora de la salvación,. La imagen de la solicitud pastoral es la madre o esposa que cuida a los hijos, a lo que ha engendrado con su palabra y sacramento. Contribuyen poderosamente a este pensamiento la generación patrística de finales del s. III: Ireneo, Hipólito de Roma, Tertuliano, Cipriano, Clemente de Alejandría, Orígenes y Metodio de Filipo. En la organización pastoral de la Iglesia influye la administración civil del imperio. Así surgen las diócesis y las provincias eclesiásticas. Las parroquias nacen por necesidades rurales. En los s. IV y V se crean en España y Francia parochiae con sacerdotes propios.


  1. Acciones pastorales

En los s. IV y V se convierte al cristianismo grandes masas de paganos. Por este motivo el acento de los escritos patrísticos recae sobre la fe. No solamente los padres combaten las herejías, como lo hacen Ireneo, Cipriano y Agustín, sino que exponen la doctrina de la salvación siguiendo la narración bíblica.


El catecumenado, reducido al a cuaresma, conoce una segunda expansión pero con síntomas de decadencia. Poco a poco desciende el número de adultos para el bautismo y crece el de infantes.

Mientras dura la época patrística, el cristianismo tiene un sello misionero por el cuidado que ponen los obispos en la proclamación de la fe y el mantenimiento del catecumenado. En el s. III la mayor parte de la población romana aun habla griego; pero ya comienza en este tiempo a introducirse el latín, lengua definitivamente usada en el occidental desde el 380, tiempos del papa Dámaso.


La palabra y la vida sacramental no son mera protección de la vida ética, sino su verdadero fundamento. Para los padres, ser santo es seguir o imitar a Cristo desde la palabra y la gracia sacramental; no es un ejercicio ascético sino un quehacer profético y litúrgico.
Destacan en este tiempo las escuelas presacerdotales para la formación de clérigos. Sin embargo falta en este tiempo espíritu misionero, hay una excesiva intromisión de los poderes públicos en los asuntos eclesiales.


  1. Agentes del ministerio

Los Padres, que son al mismo tiempo responsables de a comunidad y comentadores de la Escritura, tienen la preocupación de edificar el pueblo de Dios por un concepto de Iglesia que pretende mantener un admirable equilibrio entre la jerarquía y los fieles, la catolicidad universal y la asamblea local, el poder del obispo de Roma y la asamblea de obispos, el valor objetivo sacramental y la importancia de la fe como conversión, el misterio cristiano y el poder secular.


Sin embargo decae poco a poco el ministerio profético y la liturgia queda anclada desde el s. VII en el latín, lengua que el pueblo ya no entiende; las insignias y gestos imperiales son apropiadas por los obispos y el papa, y las relaciones entre el clero y los laicos pierden su carácter religioso y adquieren un sello jurídico. Pero todavía se mantienen algunas formas pastorales del laico muy activas, como el catecumenado familiar y la predicación y confesión hechas por los seglares.
El ministerio- según J. I. González Faus- se estructura a partir del s. IV como <>, <> por un afán lógico de santidad, experiencia y supresión de abusos. Se dibuja la jerarquía (hier-archia) como <
> y aparece el laicado como <
> o profano; el ministerio es <> más de función.


  1. Época medieval: la acción pastoral de la Iglesia

en la cristiandad (s. VIII – XV)


  1. Concepción de la Iglesia

La situación del pueblo en s. IX era deplorable: no se entiende ya el latín, se desvía el sentido del culto, se individualiza la penitencia, todos los bautismos son de infantes y la misa se hace privada.


Limitada la Iglesia al mundo occidental después de la ruptura entre Oriente y Roma, el concepto de cristiandad tiene un matiz claramente estatal o imperial. La christianitas, al menos hasta el s. XII, es entendida y vivida a la vez como realidad eclesiológica y política. En cuanto tal implica el sacerdotium y el imperium como dos poderes rectores, si bien la máxima autoridad sobre el populus christianus la detenta el romano pontífice, a quien se somete directamente o <> según las teorías, todas las cuestiones temporales o incluso el mismo poder temporal.
La lucha por la libertas ecclesiae ocupa casi todo el pontificado de Gregorio VII (1073 – 1085). <Predomina en este tiempo la eclesiología de la congregatio y de la potestas, es decir, se acentúa la concepción de la Iglesia como institución sociológica, en el doble sentido de sociedad y de factor estructurante de la sociedad política. Se consideran enemigos de la fe, hacia afuera los musulmanes y hacia adentro los herejes, de ahí la importancia que cobran las cruzadas y la inquisición.
En la perspectiva doctrinal, la realidad de la Iglesia, íntimamente asociada al hecho de la cristiandad, es entendida desde el punto de vista societario como congregatio fidelium. Para muchos tratadistas de la época, el tema paulino de Corpus Christi no sugiere tanto la realidad misteriosa de la Iglesia cuanto su dimensión sociológica bajo el nombre de cristiandad, cuyos dos costados son el papa y el emperador. El occidente es una realidad sociedad sacral cristiana.
A medida que avanza la edad media se consolida la convicción de que la misión de la Iglesia-institución es ordenar el mundo según las leyes de Cristo; de ahí que la imagen patrística de Mater Ecclesiae se sustituya por la más imperial de Ecclesia Regina, que pone de relieve la conciencia de soberanía y dominio sobre la humanidad, lejos de la perspectiva del misterio cristiano. Aunque a partir del s. XI ya se diferencian mejor Ecclesia y regnum, el papa continúa afirmándose como árbitro supremo de la cristianitas que integra tanto la comunidad eclesial como la sociedad política.
La preocupación de la Iglesia en este tiempo se centra básicamente en dos cuestiones: la organización sistemática de todo el material legislativo cristiano y la recepción del derecho romano en el derecho canónico. La Iglesia es sociedad cristiana sometida a la autoridad del papa. Solo el romano pontífice es considerado fuente de toda determinación de la vida del pueblo cristiano.


  1. Acciones pastorales

Pastoralmente hay que destacar en primer lugar la profunda inserción de la Iglesia en la comunidad humana de este tiempo. Con la autoridad de sus pontífices y obispos, sus instituciones docentes, el ímpetu de las órdenes mendicantes y el apoyo de los príncipes cristianos, la Iglesia-institución es promotora y sustentadora de civilización cristiana occidental. Ahora bien, más que cristianizar la sociedad se logra una intensa sacralización de la misma, en el sentido de que el mundo queda absorbido por la Iglesia, que, en nombre y poder recibido de Dios, es última instancia. EL mundo no existe fuera de la Iglesia sino en la Iglesia y según la Iglesia.


La predicación en este tiempo opera un cierto cambio, ya que nos encontramos en una época de fe espontánea. No se insiste en la importancia de la palabra, del kerigma o de la fe. Decaen la predicación homilética y la práctica catequística, debido también en gran parte a que el clero, elegido por los príncipes, posee una mala preparación exegética y teológica. Recordemos que en el s. XII ha culminado la evangelización de Europa con la conversión de los escandinavos y prusianos.
La catequesis de adultos desaparece con el catecumenado. Los ritos litúrgicos y la lengua latina, extraños, no favorecen la iniciación cristiana. Únicamente los padres, padrinos y familia transmiten domésticamente la fe, con la convicción elemental que se trata simplemente de introducir a la juventud en un vida religiosa existente. Se pretende salvaguardar un mínimo, que consiste en transmitir de memoria algunas fórmulas, como el credo, el padrenuestro y el decálogo. Se desenvuelven algunas alegorías imaginadas poco bíblicas y aprobadas. Se discuten problemas teológicos aislados y secundarios. Desde Alcuino cambia ostensiblemente la orientación de la piedad al perder su sello pascual y centrarse la devoción en el Cristo histórico del sufrimiento y de la cruz. Como reacción antiarriana se acentúan la divinidad de Cristo, quedando en la sombra la humanidad histórica de Jesús. De ahí que la pastoral acuse un acento trinitario más que histórico-salvífico.
Desde finales del s. VI hasta el s. XI se extiende una época de hegemonía litúrgica franco-germana. Las tradiciones galicana, romano-gelasiana y romano-gregoriana en colisión y se produce una liturgia llena de complejidades y poco transparente. Triunfa la explicación alegórica de los textos y ritos, se debilita la relación entre sacrificio y comunión, crece el individualismo religioso, aumentan las devociones al margen de la liturgia, se clericaliza el culto y el pueblo permanece sin participar, como mudo espectador. Gregorio VII mantuvo el latín como lengua litúrgica, y extendió por toda la cristiandad la liturgia romana. No obstante, con la decadencia teológica decayeron la liturgia y la predicación.
También se desvió la solicitud pastoral. La diócesis y la parroquia, más que campos de misión, se convierten en centro administradores de beneficios. Falta responsabilidad pastoral en los sacerdotes.
En algunas escuelas teológicas interesa el sistema más que el mensaje. En la piedad interesa más el sacramento que la palabra, para adorarlo de lejos más que para comulgarlo. El clero general está poco instruido, se pone al servicio de los señores y predica mal. Hay ruptura entre pastores y teólogos, que casi se desconocen. La teología escolar, de tipo especulativo, no tiene contacto con el mundo pastoral.
Desde mitad del s. XII se impone la idea de la Iglesia como cuerpo de Cristo; se habla del Corpus mysticum.
En el siglo XIII, bajo el impuso de san Agustín se considera a la Iglesia como congregatio fidelium o universitas fidelium de quienes están unidos a Cristo por la fe y el bautismo. Con santo Tomas, el tratado de Cristo como cabeza alcanza su plenitud, y el cuerpo místico de Cristo se estudia en su contexto Cristológico y soteriológico.
Un caso particular de reforma cristiana es el capitaneado por las ordenes mendicantes de santo domingo de Guzmán y de san Francisco de Asís. La inquisición nace hacia los años 1220-1230, con la idea de llevar a cabo una investigación (inquisitio) de los herejes para aplicarles el <>. Esto significa que la cristiandad fue un régimen totalitario y represivo que empleo la tortura y la pena de muerte en contradicción con el espíritu del evangelio.


  1. Agentes del ministerio

La eclesiología de la potestas contribuye con otros factores a oscurecer la conciencia eclesial de los laicos como ciudadanos del mundo y miembros del pueblo de Dios, ya que se produce una clericalización de la Iglesia y una sacralización de la sociedad. Se advierte en esta época una disgregación de la conciencia comunitaria de la Iglesia según una doble manifestación: 1) las relaciones de la jerarquía con los príncipes influyen negativamente en las relaciones de la jerarquía con el pueblo; 2) el grupo de fieles pasa a ser considerado masa de súbditos de ambos poderes, que dialogan entre sí más que con el mismo pueblo. A la hora de diferenciar competencias, se introduce una línea divisoria entre los negotia saecularia, propio de los seglares, y los negotia ecclesiastica, propio de los clérigos. De ahí que los seglares tiendan a considerar cada vez más los asuntos de la Iglesia como asuntos de los curas. Y cuando aparezca con el renacimiento y el humanismo un nuevo espíritu laico, los seglares bautizados se sentirán mas ciudadanos de este mundo que miembros vivo de la Iglesia.


Con la reforma gregoriana se incrementan la actividad normativa del romano pontífice y se limitan las responsabilidades episcopales. La intención de dicha reforma es liberar a las Iglesias locales y a toda la Iglesia de todas las intromisiones perniciosas de los príncipes y señores feudales, pero como contrapartida los obispos, con su comunidad local, pierden consistencia eclesial y misión original de su propio pueblo.
El hecho pastoral de singular relieve es la querella lamentable entre mendicantes y sacerdotes seculares que acontecen en los siglos XIII y XIV. Frente al clero secular, detenta la cura animarum ordinaria, diocesana y parroquial, las nuevas órdenes mendicantes instalan un estilo de acción apostólica mas adaptado a las nuevas exigencias y en directa colaboración y dependencia del romano pontífice. Se instalan en los suburbios de las ciudades, frecuentan a las universidades, prestan su servicio a las grandes obras papales como las cruzadas o la inquisición y gozan de privilegios pontificios, como el de predicar y confesar, incluso sin la previa autorización de los párrocos. Los teólogos del clero secular niegan la legitimidad y conveniencia de este ministerio de los religiosos, que consideraban contrario a la estructura episcopal y presbiteral de la Iglesia y anárquico por sus características supraparroquiales.
La raíz de la controversia reside en visiones eclesiológicas diversas. Los mendicantes se sitúan en una perspectiva eclesial universalista: un solo pueblo cristiano y una sola autoridad episcopal sobe todos los fieles, que es la del papa, de quien reciben misión y oficio pastoral, sin vinculación alaguna con la Iglesia local. Por el contrario, los seculares mantienen la perspectiva de la Iglesia local, llegando incluso a la afirmación exagerada del derecho divino de los párrocos; el papa no tendría autoridad para intervenir en la vida de la diócesis y parroquias, sino sólo para salvaguardar la unidad eclesial en caso de conflicto.


  1. Época moderna: acción pastoral de la Iglesia

en la Reforma y Contrarrreforma (s. XVI – XVII)


  1. Concepción de la Iglesia

Antes de que Lutero llevase a cabo en el s. XVI la reforma protestante puede decirse que se había roto la unidad religiosa medieval. Desde comienzos del s. XIV hasta finales del s. XV se pronuncian gritos contra el curialismo de Roma. El nuevo humanismo exalta al hombre y el protestantismo de Lutero pone en crisis la necesidad y función del aparato institucional de la Iglesia. La eclesiología de la institución es sustituida por una eclesiología mas espiritualista y personalista de la <>, de la <> y del <>. La reforma protestante sitúa la palabra por encima del sacramento, el sacerdocio de los fieles sobre el sacerdocio jerárquico y las iglesias locales en un plano superior a la Iglesia universalista de Roma. La atención se centra, por otra parte, en la promesa del perdón de los pecados por los méritos de Cristo y en la fe que debe poseer el fiel ante dicha promesa.


El concilio de Trento intenta ser punto de partida de la contrarreforma. No es posible restaurar la división creada, pero se intenta una revisión profunda dogmática y pastoral de la iglesia. Trento no aborda explícitamente las cuestiones de Ecclesia a pesar de que la controversia eclesiológica estaba planteada en toda su amplitud. Algunos han hablado de la laguna eclesiológica del concilio de Trento.
Trento especifica las líneas maestras de una eclesiología de la Iglesia-institución de salvación al afirmar la transmisión eclesial de la palabra revelada, la estructura sacramental de la justificación, la institución divina de los siete sacramentos y la constitución jerárquica de la Iglesia, precisamente en función del ministerium verbi et sacramentorum.
La eclesiología postridentina pone el acento en el aspecto institucional y visible de la Iglesia. Roberto Belarmino (1542-1621) define a la Iglesia como <>.


  1. Acciones pastorales

Desde el punto de vista pastoral la atención de la contrarreforma se centra en las funciones del ministerio jerárquico y en el opus operatum de los sacramentos. Lo que incide en el campo pastoral y en la conciencia de los fieles es una imagen de la Iglesia entendida como institución e instrumento eficaz de salvación, acentuando sobre todo su aspecto jerárquico.


Frente al peligro protestante, los padres conciliares aconsejan prudencia en la lectura de la biblia, y atención a la buena orientación de las devociones populares. Inquietaba la ignorancia religiosa, por lo que el concilio insiste en la iniciación cristiana, traza las bases de un gran catecismo y destaca la importancia de la institución familiar.
La codificación litúrgica es necesaria en este tiempo. Se editan en 1568 Breviarum romanum, en 1570 el Missale romanum, en 1596 el Pontificale romanum, en 1600 el Caeremoniale episcoporum y en 1614 el rituale romanum. De este modo el rito latino-romano se impone en la cristiandad occidental, con la ventaja de la unificación y la desventaja de la fijación. Se mantiene el latín frente a la decisión protestante de celebrar en la lengua del pueblo; se desarrollan las devociones populares al margen de la liturgia; prevalece la devoción al Cristo eucarístico, con un ceremonial preciso en las procesiones eucarísticas y exposiciones del Santísimo; la liturgia de la palabra permanece en la sombra y se minimiza la importancia de la fe en orden a la salvación. Los templos del Barroco son como salones de actos, con palcos y galerías, pinturas y mármoles, con impresionantes retablos y coros, en oposición a la severidad protestante. Frente a la espiritualidad de los reformadores, la pastoral católica gira en torno a la presencia real del santísimo sacramento, la devoción a la Virgen, la misa como sacrificio y el sacerdocio jerárquico.


  1. Agentes del ministerio

Trento intenta una reforma del ministerio episcopal. Tanto en Oriente con la crisis arriana, como en Occidente con la crisis protestante, el origen de las tensiones se debe a la falta de un episcopado adecuado. Trento se preocupa de restaurar la misión espiritual del obispo. Frente al beneficio, el concilio insiste en el oficio; pide control en el nombramiento de los obispos, exige integridad de costumbres en los altos eclesiásticos y destaca que los prelados sean <


>, no simples funcionarios o administradores. El obispo debe residir en su diócesis para poder ejercer la cura animarum como paterfamilias de su pueblo santo, sin descuidar la visita pastoral.
En segundo lugar, Trento se preocupa de la reforma sacerdotal. Desarraigados los sacerdotes de la Iglesia local, se administran las órdenes para cualquier parte, sin apenas control; hay emigraciones incesantes en busca de mejores beneficios y se ha perdido todo sometimiento a la obediencia jerárquica. Por este motivo, el primer principio de la reforma sacerdotal tridentina es constituir un clero diocesano territorial e incardinado. Se prohíben los <> y se manada que solo el obispo diocesano imparta las ordenes con seriedad.

Al estacar Trento el munus principalissimum de los obispos y sacerdotes, que es la predicación, se comienza a tener catequesis con niños los domingos y días festivos. La catequesis de adultos se tiene normalmente el domingo por la tarde. No olvidemos que el catecismo de Lutero se publica en 1529. De ahí que surgiesen por todas partes catecismos de acuerdo con el de san Pío V de 1566. Estos primeros catecismos, de acuerdo con Trento, exponen la fe como comienzo de salvación, siendo su estructura tradicional: símbolo, sacramentos, decálogo y padrenuestro. En 1560 se funda la Cofradía de la doctrina cristiana, cuyos miembros se comprometen a asistir asiduamente a la catequesis y a transmitirla a sus familiares.




  1. Época de la Ilustración y del Liberalismo: la acción pastoral

de la Iglesia postridentina y vaticana (s. XVIII y XIX)


  1. Concepción de la Iglesia

Frente a la eclesiología protestante, la postridentina enfatiza la Iglesia como instrumento eficaz de salvación en virtud de los poderes sagrados recibidos de Cristo, poderes que se vinculan, en último término, a los sacramentos.


La eclesiología postridentina se mueve, en primer lugar, en un clima de confrontación polémica con el protestantismo. Es una eclesiología de diferenciación más que de integración, la atención se centra en lo que separa y no en lo que une. A esta eclesiología responde una pastoral de la diferenciación, centrada en defender y preservar a los católicos de las herejías y contactos protestantes. En segundo lugar, se entiende la Iglesia hacia dentro. Sus ejes son la fundación de la Iglesia por Jesús, su constitución jerárquica y sus funciones salvadoras. Hay una oposición entre la Iglesia y el mundo, entendido este último como poderío y presencia del mal. Por ultimo, la eclesiología postridentina descuida situar a la Iglesia en la perspectiva de la historia de salvación. Por esta razón desconoce el pueblo la Biblia y no comprende la liturgia. Predomina la estabilidad más que el desarrollo.


  1. Acciones pastorales

Al mismo tiempo que decae la ciencia teológica en la época del Barroco y de la Ilustración, se desvía la cura de almas basada en una pedagogía moral, en una obediencia ciega a la jerarquía, en un sacramentalismo unilateral, en una enseñanza vaciada de contenido y en una piedad individualista. Los métodos pastorales son todavía de la época de la fe espontánea, sin tener en cuenta los cambios operados en la sociedad. El mundo industrial obrero emerge en una época de oratoria hueca, culto desvitalizado e ininteligible, catecismo antropocéntrico, escolástica desnutrida de savia bíblica, absolutismo estatal y centro teológicos alejados de la realidad social.


La catequesis entra en s. XVIII en una nueva fase, pero el interés se centra en la pedagogía, no en el contenido. Por parte del estado se implanta la asistencia obligatoria a la catequesis, considerada como clase de religión más que iniciación mistagógica. En este tiempo de ilustración y racionalismo, el peligro intelectualista es evidente, tanto en el catecismo como en la teología. Hay intentos de renovación kerigmática en Alemania con Sailer y con Hirscher, quien desea centrar la catequesis en la historia de salvación, pero vence la catequesis neoescolástica, basada en una doctrina abstracta, sin biblia ni liturgia, con un fuerte acento moral.
El ministerio litúrgico continúa estancado desde la fijación tridentina de la liturgia en el latín, lengua que el pueblo no entiende.
Los intentos de reformas de las disciplinas eclesiásticas fracasan por falta de verdadera renovación en la savia profunda de la Iglesia. Mientras el estado es absolutista, los eclesiásticos se convierten en meros funcionarios religiosos al servicio del sistema dominante. Un retraso enorme se origina en la pastoral social al reducirse la moral a una cuestión individual. El apostolado cristiano se clericaliza y el pensamiento de los teólogos –insensible a los problemas de la época- se limita a repetir machaconamente la tradición mal entendida.


  1. Agentes del ministerio

La eclesiología postridentina desarrolla con preferencia la estructura jerárquica y clerical de la Iglesia. Los sacerdotes son considerados sujetos de acción eclesial, los laicos se convierten en meros objetos de dicha acción. Se clericaliza la misión de la Iglesia y se fomenta indirectamente la pasividad de los laicos.


Al ser una pastoral de autoridad, se acentúa el gobierno, control y organización de la parroquia, a través de actividades administrativas y burocráticas. Lo que importa es la ejecución de las leyes, reglamentos y orientaciones, que viene siempre de arriba, a través del Boletín oficial diocesano.
La formación pastoral de los sacerdotes es deficiente porque también lo es su preparación teológica, basada en los manuales apologéticos.


  1. Primera mitad del s. XX: la acción pastoral

de la Iglesia, previa al Vaticano II


  1. Renovación en los comienzos del siglo XX

La renovación del pensamiento cristiano, tal como se presenta en la primera mitad del s. XX, tiene sus comienzos en las dos ultimas décadas del siglo pasado. Entre 1880 y 1900 empiezan, por una parte, las renovaciones bíblica, litúrgica y patrística, y, por otra, la renovación tomista y del pensamiento social. De hecho es San Pío X (1903-1914), con una gran preocupación pastoral, el papa que a comienzos de nuestro siglo sienta oficialmente las bases de la renovación eclesial con su expresión <<revertimini ad fontes>>. Unos quince años más tarde, el protestante Karl Barth pronuncia otra consigna <>”. Los teólogos más notables en esta época tienen sensibilidad pastoral al regresar a un contacto más íntimo con la palabra de Dios y a una adaptación más plena del pensamiento cristiano con las exigencias del mundo moderno social.


Sobrepasados en gran manera del subjetivismo y racionalismo del s. XIX, el mundo se abre en cierta medida a las realidades espirituales. Con todo, a principios de nuestro siglo aún está pujante el modernismo, fruto de una crítica racionalista extrema, que produce graves crisis religiosas en algunos ambientes. Según la encíclica pascendi de san Pio X, el modernismo contiene los errores del agnosticismo y del inmanentismo.


  1. Cambios entre las dos guerras mundiales

Frutos de una época que comienza hacia el año 1920 y acaba con el inicio de la segunda guerra mundial, son las nuevas aportaciones de una conciencia comunitaria eclesial, la vuelta a un contacto vital con la palabra de Dios, el deseo de una liturgia mas autentica, la participación del seglar en el apostolado, la indagación rigurosa de la historia de la Iglesia, la exigencia de una dogmática cada vez más bíblica, el redescubrimiento de la cristología evangélica y la aproximación de la Iglesia católica al ecumenismo.


Pastoralmente hay una nueva situación de la Iglesia debido al hecho masivo de la descristianización o de la no cristianización. Las masas obreras nacen fuera de la Iglesia. La comunidad cristiana, fundamentalmente parroquial, en lugar de ser un resto activo misionero se ve reducida a un ghetto cultual. No obstante, crece la conciencia de que la Iglesia es universal. Despierta la conciencia de las misiones y de la misión.


  1. Los movimientos contemporáneos de renovación

Los movimientos de renovación de esta época se caracterizan primordialmente por la vuelta a las fuentes, como el bíblico, que se centra en la palabra de Dios; el litúrgico, que fomenta la participación del pueblo en el culto; el eclesiológico, que ayuda a descubrir la naturaleza y misión de la Iglesia; y el ecuménico, que intenta restaurar la unidad de todos los cristianos. Otros movimientos de renovación seglar, que promueve la conciencia apostólica de los laicos en la Iglesia y en el mundo y la renovación de la teología de las realidades terrenas, que descubre el sentido cristiano que poseen las realidades, cuyo fin inmediato es intramundano.







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