Teología Pastoral Fundamental



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> (Mt 23, 8-9). La Iglesia es comunidad de servidores.


  1. Fe o práctica de los ojos y oídos (nivel ético-social)

El tercer nivel se refiere a los ojos o la mirada. Según H. Echegaray, <>. Intenta transformar las interpretaciones o visiones ideologizadas del Dios del reino y del reino de Dios. Ver con ojos de fe equivale a conversión o cambio de valores. Jesús propone a sus discípulos la dignidad de la persona humana, la justicia en la distribución de los recursos, la solidaridad con los pobres y oprimidos, el respeto a la libertad del otro, la disposición a servir, la capacidad para soportar los conflictos y un amor universal que supere todas las diferencias existentes entre los hombres. Frente al temor, Jesús suscita libertad; frente al miedo, confianza y frente al egoísmo, generosidad. La Iglesia es comunidad de creyentes en Jesús y en su evangelio.




  1. LA ACCIÓN PASTORAL DE LA IGLESIA PRIMITIVA

Para conocer la acción pastoral de la Iglesia primitiva es necesario examinar el NT y de un modo particular los Hechos y las Cartas apostólicas, especialmente las paulinas, teniendo en cuenta el judaísmo palestinense del primer siglo, así como los ambientes religiosos y sociales helenísticos y romanos correspondientes a ese tiempo. En Hechos prevalece el relato pastoral de la expansión de la Iglesia, no exento de interpretaciones teológicas; en las Cartas cobra Primacía el contenido doctrinal paulino del cristianismo, sin olvidar su relación con determinadas situaciones pastorales. Sin embargo, al ser escritas las cartas paulinas entre los años 50 y 60, y corresponder los Hechos a los últimos años del s. I, no conocemos bien el periodo importante de los años 30 al 50, clave en la formación del cristianismo primitivo.




  1. Momento histórico y espacio humano de la Iglesia primitiva




  1. Momento histórico

De acuerdo con muchos exegetas, <>. En síntesis, suele dividirse este tiempo en tres etapas: Jesús de Nazaret (6 a. C. – 30 d. C.), las comunidades (años 30-70) y la redacción de los escritos (años 70-100 d. C.). Recordemos que el concilio de Jerusalén tuvo lugar hacia el año 50, que san Pablo escribió sus cartas entre los años 51 y 63, y que a partir del año 70, fecha de la destrucción de Jerusalén, se comienzan a redactar por entero los evangelios y las cartas apostólicas no paulinas. En el 135 los romanos diezman la población judía a causa de una nueva sublevación. Por entonces los cristianos ya se habían extendido en toda la cuenca mediterránea. Por ser esta etapa un tiempo de referencia, forma parte del testimonio pastoral normativo del NT.




  1. Espacio humano

Así como la acción de Jesús se circunscribió a Palestina, el cristianismo naciente se extendió por todo el Mediterráneo, sobre todo el oriental, en las orillas e interiores de los países que lo bordeaban. Dos son los medios culturales en las que se desarrolló el cristianismo primitivo: el judío y el helenístico romano. Se fundaron iglesias en los núcleos urbanos correspondientes a los centros económicos, a saber, Antioquía, Éfeso, Corinto y Roma, y se extendieron las comunidades de Siria y Egipto.




  1. Mundo helenístico-romano

En el momento que aparece la iglesia primitiva, el vasto imperio romano ocupaba prácticamente todo el Mediterráneo y se extendía por muchas regiones del interior de Europa, África y Asia. Los ciudadanos romanos pertenecían mayoritariamente a la plebe, entre los que se encontraban los esclavos, reducidos a cosas pertenecientes a su dueño. El imperio estaba en manos de senadores, que el emperador divinizado nombraba y destituía según su capricho o voluntad. El culto a los emperadores fue en el judaísmo y en la iglesia naciente causa permanente de conflictos.


Existía diversidad de corrientes filosóficas. Cuando nació la Iglesia conservaban una cierta lozanía las religiones antiguas de la fecundidad y de la protección. Existían fiestas, lugares sagrados y santuarios en los que ofrecían sacrificios a los dioses; florecían las prácticas supersticiosas, religiones mistéricas.


  1. Mundo judío palestinense

La tierra de Israel fue conocida en el s. I como Judea; después del año 135 se llamó siria palestina y finalmente Palestina. La Palestina del tiempo de Jesús –formada por Judea, Samaria, Galilea y Perea- estaba sometida militarmente al imperio romano desde al año 63 a.C. y era regentada por la familia herodiana, odiada por el pueblo. Aunque el gobernador de Judea dependía del legado de Siria, en la práctica su autoridad era total. Residía en Cesárea, salvo en las grandes fiestas, que acudía a Jerusalén con una escolta. La justicia quedaba reservada en manos del sanedrín, salvo el derecho a la pena de muerte (ius gladii), propio del gobernador. Los impuestos romanos eran recaudados mediante unos arrendatarios llamados publicanos. La ley, el templo y el culto judío, junto al sanedrín y la circuncisión, fueron respetados por las autoridades romanas. Los romanos sentían por los judíos desprecio y temor, desconfianza y odio.


Palestina era un país pequeño, agrícola, superpoblado y con problemas de mestizaje. En la sociedad teocrática judía, profundamente jerarquizada, las clases sociales se diferenciaban claramente, aunque ahí no se daba la misma esclavitud que entre los romanos. El dinero estaba en manos de la aristocracia herodiana, de las grandes familias sacerdotales y del laicado saduceo. La mayor parte del pueblo era pobre; se ganaba la vida con dificultad, con oficios de ordinario despreciados. Agobiados por los impuestos, vendían lo que tenían para cumplir con las exigencias de los tributos.
La condición de la mujer era netamente inferior a la del varón. Estaba excluida de la vida pública, no participaba activamente en el culto y no podía ser testigo en ningún juicio. Se la asimilaba a los niños o a los esclavos. Se ocupaba de los trabajos domésticos.
Tanto en la Palestina como en la diáspora, el mundo judío se componía de diferentes grupos. Flavio Josefo distinguió tres partidos religiosos que dominaban las ideologías de las clases dirigentes: fariseos, saduceos y esenios. Los fariseos eran legalistas y suficientes, frecuentaban el templo y cumplían meticulosamente con la ley, tenían influjo en el pueblo, se oponían al sacerdocio saduceo, creían en la resurrección y esperaban al Mesías; constituían el ala liberal de la clase media. Los saduceos eran conservadores en lo religioso y en lo cultural, pero debido a su nivel de vida se acomodaban al invasor romano y a las costumbres helenísticas; todo lo centraban en el templo, lugar de culto y de negocios; representaban los intereses de la nobleza seglar, de los terratenientes y de la aristocracia sacerdotal. Los esenios, ignorados en los evangelios, pertenecían a los movimientos proféticos, se oponían al templo y a su sacerdocio y se caracterizaban por predicar la conversión, exigir condiciones de ingreso en su seno, utilizar con abundancia baños y vivir en comunidad esperando la llegada del Mesías.
Existían además en los movimientos mesiánicos grupos nacionalistas, como los zelotas, enormemente sectarios y fanáticos, que se oponían a la dominación romana y a los judíos colaboracionistas con el invasor; desencadenaron la guerra contra los romanos en los años 66 – 70. También destacan los movimientos del <>, como los bautistas, con esperanzas religiosas de salvación. Los sacerdotes, escribas y ancianos ejercían funciones relevantes. Como descendientes de Aarón, los sacerdotes se ocupaban del culto en el templo con la ayuda de unos subalternos llamados levitas. Los escribas eran juristas y peritos de la ley. Los ancianos eran <> o personas destacadas, nobles de familias ricas; su influencia en el sanedrín era ya reducida en tiempos del NT.
A partir del año 70 y hasta el 135 se observa una gran homogeneidad en el judaísmo, que comienza a ser fundamentalmente rabínico (al desaparecer los sacerdotes y el templo) y posteriormente talmúdico (talmud es el conjunto de la ley oral judía puesta por escrito). Esto quiere decir que la sinagoga (etimológicamente equivale a asamblea) ejerció un poderoso influjo posterior a la destrucción del templo. Cada comunidad judía tenía una sinagoga, edificio rectangular edificado hacia Jerusalén. En un nicho se guardaban las escrituras, puestas en un cofre. El jefe de la sinagoga o presidente de la misma, era elegido por los <>. El año litúrgico judío se desarrollaba de sábado en sábado y a través de algunas grandes fiestas: pascua, pentecostés y tabernáculos. Se hacia hincapié en las tres prácticas personales: la oración, la limosna y el ayuno. Evidentemente el rito por antonomasia de pertenencia era la circuncisión.


  1. La diáspora judía

No es fácil conocer el origen de la diáspora, en el que seguramente influyeron varias circunstancias como las deportaciones y exilios, el desarraigo socio-religioso, la superpoblación en Palestina y el comercio. En oriente la lengua de los judíos fue el arameo y en Occidentes prevaleció el griego.


El judaísmo era marcadamente proselitista. Se daban con frecuencia conversiones a causa del testimonio espiritual de una religión sin sacrificios ni imágenes, con una elevada moralidad y un concepto profundo del Dios único, con reuniones de fieles fraternales y comunitarias. Sin embargo, se desataba a veces un odio increíble contra los judíos, quizá debido a su nacionalismo, su solidaridad cerrada y suposición económica. Eran criticados por la circuncisión, la guarda del sábado y las reglas de pureza legal en las comidas.


  1. La misión evangélica (servicio de la palabra)




  1. El kerigma cristiano

Después de la muerte de Jesús inician sus discípulos una experiencia pascual, que los convierte en creyentes del resucitado y en predicadores misioneros. Podemos imaginar el tiempo transcurrido entre la crucifixión del viernes y la mañana del domingo siguiente, los discípulos de Jesús de Nazaret comienzan un proceso de conversión, mediante el cual se transforman en testigos de Cristo muerto y resucitado. El enunciado más primitivo es “El Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las escrituras, fue sepultado y resucito al tercer día, se apareció a Pedro y mas tarde a los Doce” (1 Cor 15, 3-5). Este mensaje, recibido y trasmitido por Pablo, es denominado kerigma o evangelio, es decir, buena noticia. Su formulación es anterior a los relatos de pascua y su contenido es un hecho de salvación. Al estar unido a la historia de Jesús de Nazaret, Marcos llama a si mismo a su relato evangelio. Esto significa que el mensaje cristiano predicado no procede sólo de la fe pascual sino de la historia total de Jesús de Nazaret. Pero su núcleo central es la resurrección de Jesús.




  1. La predicación del mensaje

El kerigma o contenido de la predicación misionera de la Iglesia primitiva se expresa como confesión de fe: Jesús de Nazaret, el crucificado, ha sido resucitado por Dios. Dicho de otra manera la resurrección de los muertos ha tenido lugar en Jesús de Nazaret, el crucificado, que no es un muerto que vuelve a vida terrena sino que su muerte abre paso a la nueva creación del reino de Dios. Jesús anuncia la llegada del Reino y de los apóstoles predican la muerte y resurrección de Jesús, en donde se revela la salvación de Dios.


Convencidos de la buena noticia, los apóstoles y discípulos se entregan a un ministerio de predicación acompañado de ciertos signos. Los Hechos (1,8) relatan la expansión misionera en tres etapas: “Jerusalén” (cap. 3-7), “Judea y Samaria” (cap. 8-12) y “los confines de la tierra” (cap. 13-28). Pedro es la figura dominante, tanto de la primera etapa, caracterizada por los denominados discursos misioneros (Hech 2, 14-36; 3, 12-26; 4, 8-12; 5, 29-32; 10, 34-43), como del segundo periodo, en el que se describe la conversión del primer pagano al cristianismo (Hech 10, 1-11-8). Pablo es el personaje central de la tercera etapa.
El término misión deriva del verbo apostellein (enviar) o del sustantivo apostollos (apóstol, enviado). Los apóstoles son enviados por Jesús resucitado como <> para que el evangelio llegue hasta el fin del mundo. Esta actividad es denominada asimismo con los verbos <> y <
>. Recordemos que el primer acto de Jesús consistió en “proclamar” (Mc), “enseñar” (Mt) o “testimoniar” (Lc, Hech).


  1. La celebración litúrgica (servicio sacramental)




  1. El culto como reunión

Para designar lo que hoy denominamos liturgia o celebración, el NT utiliza el término reunión y evita las palabras culto, sacrificio y sacerdocio, ya que el gesto cristiano principal se da en forma de reunión con una comida fraternal. La terminología del culto es descartada en el NT por su origen pagano o judío. En todo caso, culto <> (Jn 4, 10-24) es la entrega personal de Cristo hasta la muerte o la vida cristiana entera. La liturgia (de laos, pueblo y ergon, trabajo) es la obra o el servicio de Dios que se hace presente en su pueblo reunido como asamblea de creyentes. En definitiva, el sacramento primero del cristianismo es la comunidad, especialmente cuando está <>.


Algunos comentaristas de los Hechos señalan la importancia que tienen el culto y la oración en la primera comunidad cristiana y en la maduración de la fe. También se advierte en el evangelio de Lucas el valor de la oración de Jesús y de la celebración eucarística a propósito del relato pascual (Lc 22, 7-38).


  1. La cena del Señor

La eucaristía fue denominada en sus orígenes <> (Pablo) o <> (Lucas). Comenzó como reunión en el nombre del Señor a través del símbolo de la comida, con una doble dimensión: fraternidad de mesa que comparte bienes y rito eucarístico que hace real la comunión en Cristo.


En los comienzos del cristianismo la eucaristía se celebraba en el contexto de una comida que se tenía <> (Hech 2,46) la víspera del primer día de la semana. Aunque al principio no rompieron los creyentes con la sinagoga, llegó el momento –con su expulsión del judaísmo- en que incorporaron a sus asambleas lecturas de la ley y de los profetas, a las que siguieron los relatos de Jesús que darían cuerpo a los evangelios. Es probable que se cantasen <> (Ef 5, 19) y que la plegaria de acción de gracias, originalmente judía, se ampliase con <> (1 Tim 2, 1-2) y con la memoria de la última cena de Jesús. Pablo escribió hacia el año 55 que había recibido <> (1 Cor 11, 23) a propósito de la eucaristía. Con el tiempo, la cena del Señor y la comida fraternal se separaron sin que sepamos con exactitud los motivos.
En el mundo grecorromano, las comidas –incluso las de carácter sagrado- tenían el peligro de terminar en orgías. San Pablo llama la atención a la comunidad de Corinto por el peligro de contaminación pagana. En resumen, el rito eucarístico de la primitiva iglesia, símbolo de la vida comunitaria, nunca se separa de la palabra que interpreta la vida de Jesús el Cristo, ni del servicio a los pobres en la justicia que exige la llegada del reinado de Dios.


  1. El bautismo cristiano

Los convertidos por la predicación apostólica que aceptan la palabra son congregados a la comunidad por un baño de inmersión, denominado bautismo (Hech 2, 41). Es decir, la evangelización de la Iglesia primitiva termina su cometido con el bautismo, gesto fundamental de entrada en la comunidad de creyentes y acto por el cual el bautizado se asocia a la obra de Dios. Sin embargo el bautismo no fue un gesto típico de Jesús. Aunque Jesús fue bautizado por Juan e incluso bautizó durante algún tiempo (Jn 3, 22), se dedico casi exclusivamente a proclamar el evangelio del Reino sin utilizar el gesto ritual bautismal. Podríamos decir con todo rigor que la vida de Jesús es un acto bautismal o que el bautismo tiene una significación profundamente cristiana.


San Pablo sitúa al bautismo aparentemente en un segundo plano, ya que se propone evangelizar y no bautizar, quizá para dar a entender que el rito bautismal no se da en su propio nombre o para mostrar que no desea introducir grupúsculos propios (1 Cor 1, 14-17). Lo cierto es que para San Pablo el bautismo es una acontecimiento clave espiritual que transforma la personalidad del bautizado, al realizarse en el la muerte y resurrección de Cristo. Para que no sea un mero rito, al bautismo precede siempre la proclamación de la buena noticia, cuyo primer efecto es la fe o l adhesión al mensaje, que se traduce en <> (Hech 2, 47) o <> (Hech 5, 14). El bautismo –afirma J. Guillet- es la respuesta personal al anuncio del evangelio, es una relación nueva con Dios, es la purificación del corazón mediante el perdón de los pecados, es un vínculo que une a los discípulos de Jesús. Por esta razón el bautismo se daba al principio <> (Hech 2,38); después se utilizará la formula trinitaria.
Según el NT, el bautismo se vincula al espíritu, aunque difieran en su explicación los Hechos y las cartas de Pablo. En Hechos no coinciden siempre al acto bautismal y la donación del espíritu, pero se relacionan hasta tal punto que a los bautizados en Samaria por Felipe les imponen las manos Pedro y Juan (Hech 8, 14-17) y a los bautizados en Éfeso con el rito del bautista Pablo les impone asimismo las manos (Hech 19,5-6). De este modo se unifican prácticas bautismales neotestamentarias diferentes para dar a entender que el bautismo es recepción del don del Espíritu a través de dos gestos relacionados entre sí: inmersión en el agua e imposición de manos. La relación entre bautismo y efusión de Espíritu es motivo de reflexión de Pablo en varias ocasiones (Rom 6, 3-5; 1 Cor 12, 13; Gál 3, 26-28; Col 3,9-11).


  1. El perdón de los pecados


<perdón de los pecados sea expresión consagrada en el mensaje bautismal>>. Sin embargo, el perdón de los pecados de la iglesia primitiva no se redujo al bautismo. El perdón tiene una importancia capital en los evangelios, como se desprende de varias escenas significativas: Zaqueo, adultera, prostituta en casa de Simón, el hijo pródigo. En realidad, la metanoia o conversión pertenece al mensaje central de Jesús y de todo el NT. Ya en el comienzo de los Hechos (2, 37-38), la predicación de Pedro concluye con el arrepentimiento, el bautismo y el perdón de los pecados.
Después del bautismo, los cristianos pecadores podían asumir una segunda conversión. Para llegar al perdón, el cristiano debe convertirse y hacer penitencia, sinónimo de confesión. En el caso de faltas leves, bastaba un arrepentimiento general sin confesión personal detallada. Para las faltas graves, el pecador era separado de la comunidad hasta cumplir una penitencia proporcionada a su pecado. La reconciliación primitiva era retorno a la comunidad.


  1. La unción de los enfermos

En el NT ocupa un lugar relevante la enfermedad, signo de un poder enemigo que se opone al reinado de Dios. Al perdonar a los enfermos, rompe Jesús la nefasta dependencia entre pecado y enfermedad, y por medio de la expulsión de los demonios y de las curaciones inicia el comienzo del reinado de Dios (Mt 8, 17; Is 53, 5). Jesús propone la conversión y la curación; de este modo llega la salvación de Dios por medio de su Reino.


Los discípulos de Jesús, de acuerdo con el mandato de su maestro (Mc 16, 18; 6, 13), proclaman la buena noticia del reino (Jesús ha vencido a la muerte) y curan toda clase de dolencias y enfermedades (el reino de Dios está ya aquí). Pero las curaciones no son mágicas: presuponen la fe o la aceptación de que Jesús cura con el mismo poder de Dios. Son manifestaciones de la presencia activa del Señor resucitado o teofanías de Dios en su Reino. Hubo en la iglesia, desde sus comienzos, un <> o <> (1 Cor 12,9), cuyo significado es difícil de precisar. >Lo que sí puede afirmarse es que el ministerio de los enfermos es esencial a la Iglesia desde sus mismos comienzos.
En la carta de Santiago (5, 13- 16) se menciona la unción con aceite en el nombre del Señor hecha por los responsables de la comunidad. Aquí se fundamenta el ministerio especial de la Iglesia con los enfermos como tarea estrictamente comunitaria. Para explicar su fundamento, puede observarse la analogía entre la curación de enfermos confiada por Jesús a sus discípulos y el servicio de caridad con los dolientes recomendado por Santiago a los presbíteros. En el texto aludido de Santiago, la eficacia viene de la oración más que de la misma unción.
En las primitivas comunidades cristianas se observan, respecto del dolor y de la enfermedad, dos hechos: 1) los relatos de curación de la Iglesia apostólica son escasos en comparación con los contenidos en los evangelios; 2) los enfermos ocupan un lugar importante en la comunidad a parte de la actitud de servicio. La ayuda al enfermo se deriva del ministerio de caridad, no del carisma de curación o sanación. Lo que se busca no es el milagro físico sino la salud, en el sentido total de la palabra por medio de la presencia de Cristo.


  1. La comunidad eclesial (servicio de comunión)




  1. La Iglesia del Señor

Los judíos denominan al pueblo de Israel con la expansión qahal Yahveh o asamblea de Dios reunida para celebrar el culto. En la versión del AT al griego, echa en el s. III a.C. por unos helenistas conocidos como los setenta, tradujeron por ekklesia o <> del pueblo de Dios. Los judíos preferían denominar a su asamblea con el término sinagoga. En el mundo griego la palabra ekklesia significaba la <> convocado y reunido para elegir a sus representantes y aprobar las leyes. Los cristianos, para distinguirse de los judíos y acentuar la universalidad de su nueva asamblea, convocada por Dios en Jesucristo, la denominaron ekklesia.


La realidad de la Iglesia comprende dos dimensiones: la convocación de Dios hecha a los hombres por Jesucristo para la salvación, y la congregación de los convocados para compartir los bienes de la salvación. Por otra parte el término ekklesia traduce tres realidades: la asamblea litúrgica convocada para celebrar la palabra de Dios y el culto de la nueva alianza, la comunidad local de los cristianos que viven en un determinado lugar y la Iglesia universal de todos los creyentes esparcidos en comunidades por todo el mundo. Radicalmente nace la Iglesia de la fe pascual o se congrega después de la pascua como comunidad, gracias a la resurrección de Jesús y la efusión del Espíritu. Los miembros de la Iglesia se consideran el pueblo santo de Dios. Por esta razón se dan el nombre de <> (1 Cor 6, 2), <> (Rom 8, 33) y <> (Rom 1, 6; 1 Pe 1, 11). Con todo, el nombre que prevalecerá será de <> (Hech 11, 26). Surge en la Iglesia de Antioquía y procede del exterior, ya que son vistos como creyentes en Cristo. Los cristianos son la Iglesia, no están en la Iglesia.


  1. La primera comunidad cristiana

La Iglesia, escribe J. Hoffmann, <>. El texto eclesial más completo corresponde a los Hechos en el que se describe el ideal de la primera comunidad de Jerusalén mediante tres sumarios (Hech 2, 42-47; 4, 32-35 y 5, 12-14). Según estos resúmenes, la vida comunitaria primitiva tuvo estos rasgos: palabra apostólica y comunión fraterna (relaciones internas de la Iglesia), fracción del pan y oraciones (relación de la comunidad con el Señor).




  1. La enseñanza de los apóstoles

El término enseñanza (didajé) equivale aquí (Hech 2,42) a la instrucción o catequesis a los de dentro (en las casas), aunque también puede incluir la predicación a los de fuera (en el templo).




  1. La koinonía

El término koinonía (de koinos, común) procede del verbo poner en común o compartir; tiene varios significados. El principal se relaciona con los bienes materiales, pero también equivale la unión mutua en la fe y en la unanimidad de sentimientos. La unión espiritual exige la comunicación de bienes o, en casos especiales, los bienes en común. Al parecer no se trata en la primera comunidad de vender todos los bienes para hacer una propiedad común (pobreza personal a ultranza y acumulación comunitaria), sino que se pretende poner los bienes propios a disposición de todos.




  1. La fracción del pan

Con la expresión <> (Hech 2, 42) se designa una práctica domestica frecuentemente entre los primeros cristianos. Entre los judíos el pan redondo y plano era bendecido por el padre de familia, quien lo partía y lo distribuía. Esto lo hizo Jesús varias veces en la multiplicación de los panes, ultima cena y cena con los discípulos de Emaús después de la resurrección. En los Hechos, la fracción del pan no es mera comida en común sino rito eucarístico, al que se unía probablemente una comida. Algunos comentaristas opinan que este tipo de celebraciones era semanal, no diario.




  1. Las oraciones

El término en plural oraciones dice referencias a las plegarias litúrgicas según la tradición judía y en especial a los salmos. Los cristianos de Jerusalén <> (Hech 2, 46; 3, 1; 16, 16), lugar para ellos de oración más que de sacrificios; eran fieles a las horas de la oración judía. Pronto se constituye la oración genuinamente cristiana, como lo muestran las primeras confesiones de fe, himnos y cánticos. El padrenuestro es la señal de una diferencia entre la tradición judía y la cristiana en el ámbito de oración.




  1. Rasgos del movimiento comunitario primitivo




  1. Es movimiento popular profético en relación a Jesús

Según G Theissen, el movimiento cristiano primitivo fue fruto de la actividad de predicadores o carismáticos itinerantes. El denominado <> aparece en Palestina como movimiento profético de renovación, alineado con los movimientos bautistas. Surge después de la pascua del año 30. Cinco años más tarde es lapidado Esteban por sus violentas críticas al templo, a los sacerdotes y a los sacrificios. A partir del año 70 se advierte una transformación del judaísmo y un cambio profundo en el cristianismo, ya que los discípulos de Jesús son expulsados de la sinagoga y se esparcen por todo el mundo conocido. Este movimiento se consolida pronto en forma de Iglesia.


Algunos estudios sociales del cristianismo primitivo han aplicado apresuradamente al primer modelo de comunidad las características actuales de secta, que hoy entendemos mejor como grupo. Se pueden señalar algunos rasgos del cristianismo primitivo semejante a ciertos movimientos proféticos de renovación de base popular: emerge en tiempos de crisis entre los marginados, se manifiesta como protesta social con un profeta al frente, rechaza las imposiciones del sistema, intenta un cambio profundo de estructuras, es radicalmente igualitario, ofrece mesa compartida a los de dentro y exige de sus miembros una entrega radical.
La Iglesia primitiva se constituye en referencia total a Jesús, reconocido como Cristo y Señor, de tal modo que sus miembros se llamarán enseguida <>. Los discípulos de Jesús ponen sus esperanzas en el reinado de Dios, algo radicalmente nuevo que se espera con la intervención de Dios mismo en colaboración con el esfuerzo de la humanidad entera.


  1. Adopta una estructura doméstica y fraternal

Los lugares de reunión de los grupos paulinos, y probablemente de la mayoría de los otros grupos cristianos primitivos, fueron las casas privadas. El término casa significa en hebreo y en griego, como en casi todos los idiomas, vivienda y hogar.


Las comunidades cristianas primitivas aceptaron la casa como estructura básica. La comunidad cristiana primitiva era una comunidad doméstica. De hecho los creyentes se reunían en las casas, alrededor de una mesa, como <



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