Teología paratodos un curso de religión -multimedia- a distancia y personalizado



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TEOLOGÍA PARATODOS

Un curso de religión -multimedia- a distancia y personalizado


Seminario: Teología Bíblica

Envío 6°

“Introducción General a la Biblia” del P. Miguel Ángel Tábet



CAPÍTULO III

los métodos y acercamientos bíblicos más recientes

A partir de la segunda mitad del siglo XX, junto al método histórico-crítico surgieron algunos nuevos métodos y algunas vías de acercamiento a la comprensión del texto inspirado, que se pueden dividir en metodologías que obedecen a un «conjunto de procedimientos científicos puestos en marcha para explicar los textos» (métodos) y análisis que responden a una «investigación orientada de según un punto de vista particular» (acercamientos). Entre los métodos merecen ser citados los nuevos métodos de análisis literario (análisis retórico, narrativo, y semiótico); los acercamientos se pueden clasificar en acercamientos basados sobre la tradición (acercamiento canónico, el recurso a las tradiciones interpretativas judías y la historia de los efectos), acercamiento a través la ciencias humanas (sociología, antropología cultural, psicología, psicoanálisis, el empirismo lógico, etc.) y acercamientos contextuales (hermenéutica de la liberación, enfoque feminista). En nuestro estudio dedicaremos también un espacio a la lectura fundamentalista, a pesar de no ser un método propiamente hablando, por las implicaciones exegéticas que ha tenido en nuestro tiempo.


1. Los nuevos métodos de análisis literario

Estos métodos completan el método histórico-crítico en algunos de sus aspectos. La exégesis bíblica actual ha utilizado, de modo particular, el análisis retórico, el análisis narrativo y el análisis semiótico.


Análisis retórico — Generalmente se entiende por retórica un arte muy antiguo, ya desarrollado por los sofistas griegos en el siglo VI AC: el arte de componer discursos persuasivos. Muchos estudios recientes han prestado gran atención a la presencia de la retórica en la Escritura. Esto se debe a que la Biblia no es simplemente un conjunto de enunciados veraces, sino que es un mensaje dotado de una capacidad de comunicación. En el análisis retórico se pueden distinguir tres diversos enfoques: uno se basa en la retórica clásica grecolatina; el segundo pone su atención en los procedimientos de composición semíticos; el tercero, recibe el nombre de ‘nueva retórica’. Este último procedimiento intenta ir más allá del simple inventario de figuras estilísticas, artificios oratorios o tipos de discurso, y pone su atención en los motivos que hacen que un discurso sea persuasivo o convincente: su carácter de mensaje dotado de una función pragmática, el dinamismo de la argumentación, la estrategia retórica, etc. Si estudia el estilo y la composición es por tanto en cuanto medio de ejercitar una acción sobre el auditorio. Con esta finalidad, el análisis retórico aprovecha las aportaciones recientes de disciplinas como la lingüística, la semiótica, la antropología y la sociología. Aplicada a la Biblia, la retórica moderna busca comprender el lenguaje de la revelación como lenguaje religioso persuasivo, y valorar su impacto en el contexto social de la comunicación.
Análisis narrativo — Este análisis literario, que estudia el modo en que se relata la historia para hacer partícipe al lector de la trama de la narración, tiene también una utilidad evidente en el estudio de los libros sagrados, porque corresponde a la naturaleza narrativa de un gran número de los textos inspirados. La exégesis narrativa propone así un método de comprensión y de comunicación del mensaje bíblico que corresponde a las formas de relato y de testimonio, modalidades fundamentales de la comunicación entre personas humanas, características también de la Sagrada Escritura. El Antiguo Testamento, en efecto, presenta una historia de salvación cuyo relato eficaz se convierte en sustancia de la profesión de fe, de la liturgia y de la catequesis (cf Sal 78,3-4; Ex 12,24-27; Dt 6,20-25; 26,5-11). Por su parte, la proclamación del kerigma cristiano comprende la secuencia narrativa de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo, acontecimientos de los cuales los evangelios nos ofrecen el relato detallado. La catequesis primitiva se presenta también bajo forma narrativa (cf 1 Co 11,23-25). El análisis narrativo puede contribuir a facilitar el paso, a menudo difícil, desde el sentido del texto en su contexto histórico originario —tal como el método histórico-crítico procura definirlo— a su significado para el lector actual. De hecho, mientras que el método histórico-crítico considera el texto como una ‘ventana’ que permite observar una época determinada (la situación de una comunidad), el análisis narrativo subraya que el texto funciona como un espejo, que presenta una determinada imagen del mundo y que ejercita su influencia sobre los puntos de vista del lector, llevándole a adoptar unos comportamientos en vez de otros. Si a este aspecto literario se asocia la reflexión teológica, entonces el análisis narrativo puede asumir también la tarea de estudiar las consecuencias que comporta, para la adhesión a la fe, el tipo de narración de la Escritura, de modo que se deduzca una hermenéutica de tipo práctico y pastoral.
El análisis semiótico — Denominado en un primer momento con el término genérico de ‘estructuralismo’, el análisis semiótico intenta examinar el significado de los textos a través de su forma o estructura, tal como nos ha llegado. Para esto parte de tres principios: principio de inmanencia (cada texto forma un sistema de significación autosuficiente); principio de estructura del sentido (el sentido no existe sino por la relación y en la relación, especialmente la relación de diferencia); principio de la gramática del texto (cada texto respeta una gramática, es decir un cierto número de reglas o estructuras). Aplicado al texto bíblico, la semiótica atrae principalmente la atención sobre el hecho que cada texto bíblico es un todo coherente, que obedece a mecanismos lingüísticos precisos. Desde este punto de vista, la diferencia con el método histórico-crítico resulta evidente. Mientras que la exégesis histórico-crítica analiza el modo en que se ha generado el texto bíblico, tratando de conocer su origen y evolución histórica antes de que se forjase su redacción última (tradiciones orales, fuentes, formas narrativas preexistentes y preliterarias, etc.), la lectura estructuralista asume la tarea de examinar el texto tal como se presenta. Su intención es poner de relieve la peculiaridad morfológica del texto escrito, tal como resulta de su organización semántica. Para esta tarea adopta los métodos y resultados de la moderna lingüística, que debe su nacimiento al filólogo suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913), que fue quien estableció los conceptos básicos para la formación de una ciencia nueva, la ‘lingüística’.

En su aplicación a la exégesis bíblica, el análisis lingüístico estructural ha tenido un desarrollo notable a partir de los años 70, especialmente en Francia. Los estudios siguen de modo predominante los principios del análisis semiótico propuestos por R. Barthes y A.J. Greimas. Sin embargo, la descripción detallada resulta muy compleja, y el lenguaje técnico utilizado es difícil de comprender. Se trata en definitiva de considerar el texto bíblico como un ‘tejido’ bien terminado, cuyos elementos se entrelazan y se combinan, dejando entrever la existencia de diversos niveles. El intérprete, más allá del ‘nivel narrativo’ y consciente (la estructura superficial de la obra), debe remontarse al ‘nivel discursivo’ de las estructuras narrativas y de argumentación, hasta alcanzar el ‘nivel lógico-semántico’ e inconsciente, es decir, la estructura profunda, que se descubre en el examen de la estructura superficial pero que constituye la verdadera estructura del texto, lo que le proporciona su organicidad y pone en sintonía el texto y el lector.


Posibilidades de aplicación de estos métodos — Resulta evidente la utilidad de estos métodos en sus aportaciones a la exégesis bíblica; pero es necesario también tener presente sus límites: algunos más generales, como el hecho de que se trata de métodos ‘sincrónicos’ (métodos que se centran en el estudio del texto bíblico tal como se presenta en su estado final), que no pueden desentenderse del método histórico-crítico con su capacidad de analizar las sucesivas fases de formación del texto a partir del momento originario de su formación; otros límites son específicos de cada método.

Por lo que se refiere al análisis retórico, su empleo debe ser bien precisado, de modo que proceda con un claro discernimiento de los problemas y pueda responder correctamente a preguntas del siguiente orden: ¿Los autores de los textos pertenecían a ambientes cultos? ¿Hasta qué punto han seguido las reglas de la retórica para componer sus textos? ¿Qué retórica es la más adecuada para analizar un escrito determinado: la grecolatina o la semítica? ¿No se corre el riego de atribuir a algunos textos bíblicos una estructura retórica excesivamente elaborada?.

Por lo que se refiere al análisis narrativo, la dificultad que surge en su aplicación es que se realice sobre la base de modelos preestablecidos, generalmente más conocidos, sin atender a la especificidad de los textos bíblicos; por otro lado, el método debe saber compaginar su tarea formal con la necesaria elaboración doctrinal, propia de los datos contenidos en las narraciones de la Biblia; sobre todo, en la aplicación del método narrativo se debe tener presente que no es posible considerar la eficacia existencial subjetiva de la palabra de Dios transmitida narrativamente, como criterio suficiente para juzgar la verdad del texto bíblico.

El análisis semiótico presenta a la vez la grave dificultad de estar basado sobre los presupuestos de la filosofía estructuralista, caracterizados por la negación de los sujetos y de las referencias extra-textuales. La Biblia es una palabra que habla de la realidad manifestada por Dios en la historia y que ha sido puesta por escrito por autores humanos. El enfoque semiótico debe estar por eso abierto a la historia: primero a la de los protagonistas de los textos; después, de los autores y de los lectores, y en última instancia de la palabra de Dios. El análisis semiótico corre el riesgo de detenerse en un estudio formal del contenido y no coger el mensaje de los textos.


2. Acercamientos basados sobre la tradición

En relación con los métodos precedentes, los acercamientos basados en la tradición se caracterizan porque conceden una atención mayor a la unidad interna de los textos bíblicos, considerando la Biblia como un conjunto de testimonios de una misma gran tradición.


El acercamiento canónico — Partiendo de la constatación de que el método histórico-crítico encuentra dificultades para alcanzar el nivel teológico en sus conclusiones, este enfoque ha asumido la tarea teológica de la interpretación a partir del marco explícito de la fe. Para esto, intenta interpretar cada texto bíblico a la luz del canon de la Escritura, considerando la Biblia la norma de fe de una comunidad de creyentes y buscando situar cada texto en el interior de un único plan divino, para llegar así a una actualización de la Escritura para nuestro tiempo. En este sentido, este enfoque ha tenido el mérito de reaccionar contra una valoración exagerada de lo que se supone ser original y primitivo, como si eso fuese solamente lo auténtico, y pone de relieve que la Escritura inspirada es la que la Iglesia ha reconocido como regla de la propia fe.
Acercamiento mediante el recurso a las tradición interpretativas judías — La utilidad de este acercamiento es indudable si se tiene presente que el judaísmo de los últimos cuatro o cinco siglos que precedieron la era cristiana y de los dos siguientes constituyó el ámbito religioso-cultural en el que el Antiguo Testamento adquirió su forma final y también el marco vital en que se originó el Nuevo Testamento y nació y se desarrolló la Iglesia primitiva. Los diversos procedimientos interpretativos practicados por las diferentes tendencias del judaísmo no son por eso extraños a los libros de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento. Concretamente, las tradiciones judías antiguas permiten conocer mejor la Biblia de los LXX, que fue la Biblia cristiana al menos durante los primeros cuatro siglos de la Iglesia, y en Oriente hasta nuestros días. La literatura judía extracanónica, abundante y diversificada, es también una fuente importante para la interpretación del Antiguo Testamento. Los variados procedimientos de exégesis practicados por las diferentes tendencias del judaísmo se encuentran claramente presentes en libros como Crónicas y, en el Nuevo Testamento, en ciertos razonamientos escriturísticos de san Pablo. La diversidad de las formas (parábolas, alegorías, antologías y colecciones, relecturas, pesher1, salmos e himnos, visiones, revelaciones y sueños, composiciones sapienciales) es común al Antiguo y al Nuevo Testamento, así como a la literatura de todos los medios judíos antes y después del tiempo de Jesús.
La historia de los efectos del texto (Wirkungsgeschichte) — La Wirkungsgeschichte reposa sobre dos principios fundamentales: un texto no se convierte en una obra literaria si no hay lectores que le dan vida, apropiándose de él; y esta apropiación del texto, que puede efectuarse de modo individual o comunitario, y toma forma en diferentes dominios del saber (literario, artístico, teológico, ascético y místico), contribuye a una mejor comprensión del texto. Este acercamiento, ya conocido en la antigüedad, comenzó a desarrollarse en los estudios literarios entre 1960 y 1970, cuando surgió una mayor conciencia, introducida por la hermenéutica filosófica, del significado hermenéutico de la ‘distancia’ necesariamente presente entre toda obra y su autor, así como entre la obra y sus lectores, es decir, del fenómeno de las interrelaciones existentes entre texto y lector. Posteriormente, la exégesis bíblica asumió esta investigación, introduciendo en el trabajo de interpretación una reflexión sobre la historia de los efectos provocados por un libro o por un texto de la Escritura. Se trata de analizar el proceso interpretativo en el curso del tiempo teniendo en cuenta las preocupaciones de los lectores, y de evaluar la importancia del papel de la tradición para aclarar el sentido de los textos bíblicos. Se trata, por tanto, de estudiar las relaciones entre el texto y sus lectores, para descubrir mejor las dimensiones de significado. Las publicaciones son ya numerosas. El estudio del Cantar de los Cantares, poniendo por caso, a través de la observación del modo en que este libro fue leído, meditado y estudiado en la época de los Padres, en el ambiente monástico latino de la Edad Media, y en místicos como san Juan de la Cruz, permite descubrir con mayor amplitud todas las dimensiones de contenido de este escrito. Del mismo modo, en el Nuevo Testamento, es posible y útil aclarar el sentido de una perícopa (por ejemplo la del joven rico en Mt 19,16-26) mostrando su fecundidad en la historia de la Iglesia.
Valoración crítica de estos enfoques metodológicos — Junto a los aspectos positivos ya señalados de los acercamientos basados sobre la tradición, existen también algunos límites puestos de relieve por la ciencia exegética. En cuanto al ‘acercamiento canónico’, resulta complejo el modo en que afrontan este análisis autores como J.A. Sanders, uno de los especialistas que más lo ha estudiado. Sanders se propone adoptar como regla de interpretación el mismo proceso de interpretación que ha llevado a la formación del canon, pero su procedimiento resulta problemático, porque se funda sobre un desarrollo que es todavía desconocido (de hecho, es muy problemático establecer cuando un texto se ha convertido en canónico) y, sobre todo, es muy discutible que el proceso de interpretación en la formación del canon deba ser reconocido como la regla de interpretación para la exégesis actual. En el procedimiento seguido por B.S. Childs, autor que se interesa por la forma canónica final del libro o del conjunto de libros aceptados por la comunidad, su estudio puede hacer perder de vista las complejas relaciones existentes entre el canon hebreo y el canon cristiano, y, sobre todo, que la Iglesia lee el Antiguo Testamento a la luz del evento pascual —muerte y resurrección de Jesucristo—, perspectiva que le confiere una radical novedad y que da un sentido decisivo y definitivo a las Escrituras. En síntesis, no se puede olvidar la centralidad de Cristo en la interpretación del canon de las Escrituras.

El acercamiento mediante el recurso a las tradiciones interpretativas judías necesita también ser aplicado con discernimiento, sobre todo porque el cuadro de conjunto de las comunidades judías y cristianas es fundamentalmente diferente: el judaísmo, en sus diversas formas, es una religión que define un pueblo y una práctica de vida a partir de un escrito revelado y de una tradición oral, mientras que el cristianismo consiste fundamentalmente en la fe en una persona, el Señor Jesús, muerto, resucitado y vivo para siempre, Mesías e Hijo de Dios. Estos dos puntos de partida crean, para la interpretación de las Escrituras, dos contextos que, a pesar de sus muchos contactos y semejanzas, son radicalmente diferentes.

Con respecto a la historia de los efectos del texto, para que este acercamiento se convierta en un instrumento útil en manos de la exégesis, es necesario establecer criterios precisos de discernimiento, porque «la historia atestigua también la existencia de corrientes de interpretación tendenciosas o falsas, con efectos nefastos, que han llevado, por ejemplo, al anti-semitismo o a otras discriminaciones raciales o a ilusiones milenaristas». Este enfoque, por tanto, no puede constituir una disciplina autónoma, sino que necesita de un preciso marco de referencia, de modo que se evite conceder a un momento determinado de la historia una preeminencia sobre los demás, haciendo de ese momento la regla única de interpretación.
3. Acercamiento por las ciencias humanas

Las ciencias humanas pueden ciertamente contribuir a una mejor comprensión de los textos bíblicos, puesto que la revelación divina se encuentra insertada en un contexto humano y ha actuado sobre personas conscientes y libres. Para valorar la importancia de los conocimientos de las disciplinas humanas en la exégesis bíblica es muy ilustrativa una imagen clásica que santo Tomás expresó con las siguientes palabras: «Los que usan los conocimientos humanos en [el estudio de] la Sagrada Escritura, poniéndolos al servicio de la fe, no mezclan el agua con el vino, sino convierten el agua en vino». Las disciplinas humanas, por tanto, desarrollan su más alta función en su servicio al trabajo teológico y exegético. El documento de la Pontificia Comisión Bíblica del 1993 ha hecho referencia particular a la sociología, la antropología y la psicología. Haremos primero algunas consideraciones más generales.


Algunas observaciones — Resulta oportuno distinguir entre el uso de las conclusiones de las ciencias humanas y el uso de los métodos de estas ciencias, porque un mismo objeto puede ser analizado con métodos diversos y porque la aplicación de los conocimientos humanos al estudio bíblico no supone necesariamente el uso de las técnicas del quehacer científico. Analizar el libro del Apocalipsis a través de un amplio conocimiento del simbolismo antiguo, por ejemplo, no implica el uso de las técnicas del estudio de la sociología de los pueblos. Con respecto al estatuto científico general que hay que establecer para el uso de las disciplinas humanas en la exégesis, se trata de un problema abierto, debido a que cada ciencia tiene su propia peculiaridad. Sin embargo, parece que se pueden señalar algunos criterios generales, tanto sobre el ámbito del servicio que estas ciencias pueden ofrecer al desarrollo de la exégesis bíblica, como sobre las principales características que la exégesis pide de ellas. De hecho, parece que se pueden aplicar a la exégesis bíblica, según su naturaleza específica, las tres funciones que santo Tomás atribuye a las disciplinas del hombre en la teología: contribuir a la determinación del alcance exacto del sentido literal de los textos inspirados; ofrecer argumentos racionales que defiendan el verdadero sentido de los textos bíblicos; demostrar todo lo que pertenece a los preambula fidei.

Sobre el primer aspecto, tal aplicación requiere tener en cuenta la analogía que existe entre la palabra divino-humana de la Biblia y la palabra humana en general. Los saberes históricos, lingüísticos, filológicos, etc., tienen, sin duda, una gran importancia, pues gracias a ellos la inteligencia humana se enriquece en una determinada esfera de la realidad: en el conocimiento de las diversas lenguas en las que se expresó la palabra de Dios, hebreo, griego y arameo, en las formas de expresión que eran habituales en el tiempo en que se escribieron los libros inspirados, en el mejor conocimiento de los hechos históricos narrados, y en todas las demás cosas pertinentes. Se trata de conocimientos que resultan indispensables para la investigación del sentido bíblico. Ahora bien, para aplicar rectamente estos saberes a la exégesis es necesario no perder de vista que nos encontramos ante una palabra, un texto, que también es divino, y que contiene la verdad salvífica. Debido a la inspiración, toda la ciencia que puso en juego el hagiógrafo se convirtió en vehículo de la manifestación de la sabiduría divina. Por esto, aunque no exista una ruptura entre el significado primario de las palabras que la ciencia humana puede alcanzar y el significado que adquirieron cuando fueron incorporadas a los libros sagrados, ha habido una superación: el lenguaje humano utilizado por Dios en el proceso de la inspiración fue enriquecido con un más amplio y profundo contenido y con un juicio más preciso sobre las realidades divinas y humanas. Colaborando en la clarificación del contexto histórico-social, en el significado primario de las palabras y en la relación lingüística que existe entre ellas, las disciplinas humanas permiten a la exégesis poder avanzar sobre un sólido terreno para dilucidar el sentido literal, en toda su profundidad.

De este modo, el desarrollo de las ciencias humanas puede favorecer el progreso de la teología y, en particular, de la ciencia bíblica; contribución que será tanto más eficaz en la medida que esas disciplinas desarrollen su índole científica, adecuándose a los principios de la recta razón y utilizando la luz de la fe, la única que puede conducir al hombre por los senderos que llegan hasta la verdad salvadora contenida en los libros inspirados.
Sociología, antropología, psicología — La importancia de estas ciencias deriva del hecho de que el estudio del comportamiento social y de las dimensiones económicas e institucionales (de las que se interesa la sociología) y el análisis de los aspectos que se reflejan en la lengua, en el arte, en la religión, en los vestidos, en los ornamentos, en las fiestas y de todo lo que concierne la etnografía (de la que se ocupa la antropología cultural), contribuyen con eficacia a comprender variados aspectos de los textos bíblicos; como también contribuyen el conocimiento de las experiencias de vida y las reglas de comportamiento (de las que se ocupan la psicología y el psicoanálisis). Este estudio resulta no rara vez más útil para el conocimiento de los textos, incluyendo los bíblicos, que los intentos puramente literarios de reconstruir un texto primitivo.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, es oportuno hacer notar que existen varias escuelas, con divergencias notables, sobre la misma naturaleza de las ciencias humanas. Por otra parte, existen algunas dificultades inherentes al correcto uso de los acercamientos exegéticos a través de las ciencias humanas, tanto por la dificultad de aplicarlos a ambientes históricos lejanos en el tiempo, como porque los textos bíblicos y extrabíblicos no siempre proporcionan una visión de conjunto suficiente de la sociedad de la época en que fueron escritos. Hay que tener también presente que estos enfoques, por sí solos, no son capaces de dar cuenta de las dimensiones específicas de la Revelación, lo que limita el alcance de sus resultados. En particular, el método sociológico, como es conocido, tiende a conceder mayor atención a los aspectos económicos e institucionales de la existencia humana, que a sus dimensiones personales y religiosas. En cuanto a la relación entre exégesis y psicología o psicoanálisis, este diálogo «evidentemente debe ser crítico, y respetar las fronteras de cada disciplina. En todo caso, una psicología o un psicoanálisis ateo serían incapaces de dar cuenta de los datos de la fe. La psicología y el psicoanálisis, aunque son útiles para precisar la extensión de la responsabilidad humana, no pueden eliminar la realidad del pecado y de la salvación. Se debe, por lo demás, evitar confundir religiosidad espontánea y revelación bíblica, o poner en duda el carácter histórico del mensaje de la Biblia, el cual le asegura su valor de acontecimiento único».


El empirismo lógico y sus derivaciones — La exégesis bíblica protestante anglosajona de los años 60 se caracterizó por un rechazo del teísmo, actitud que condujo a una interpretación secularizada de los evangelios y a la llamada teología de la muerte de Dios. Las raíces de este pensamiento se encuentran en el empirismo lógico de la filosofía del ‘círculo de Viena’ y del ‘círculo de Oxford’, vinculados, respectivamente, a las filosofías del ‘primero’ y del ‘segundo’ Wittgenstein (1889-1951), aunque en los teólogos de la muerte de Dios haya sido determinante la influencia de Friedrich Nietzsche (1844-1900).

Los principales autores de esta corriente han sido, en Inglaterra, J.A.T. Robinson y J.T. Ramsey y, en los Estados Unidos, Paul von Buren, con su interpretación secular del lenguaje religioso, y H. Cox. El portavoz más autorizado ha sido, sin duda von Buren. Su teología se desarrolla sobre la pregunta de cómo un cristiano, que es un hombre secular, puede comprender el evangelio de un modo secular. El paso desde esta hermenéutica a la hermenéutica de los teólogos de la muerte de Dios fue breve, también cronológicamente, y fue realizado por G. Vahanian, W. Halmiton y, principalmente, por Th.J.J. Altizer. La hermenéutica neopositivista se orientó por tanto, primero, a la interpretación secular del mensaje bíblico-cristiano, y después, a la relectura secular de la expresión de Nietzsche «Dios ha muerto». De esta hermenéutica, que en última instancia es radicalmente atea, se ha afirmado que, por intentar disolver la trascendencia, ha cometido una infidelidad con el hombre, antes incluso que con Dios.


4. Acercamientos contextuales

El acercamiento liberacionista y el acercamiento feminista son los dos análisis contextuales que han atraído particularmente la atención de los teólogos en época reciente. Evidentemente, ambos sistemas interpretativos no carecen de elementos positivos, aunque, con respecto al primero, se debe afirmar que es difícil discernir si existe propiamente una teología de la liberación y definir sus métodos y, respecto al segundo, hay que tener en cuenta que existen diversas hermenéuticas feministas, con enfoques muy diferentes.


La teología de la liberación — Es un fenómeno complejo que se consolida en los años 70 en América latina y que ha tenido como exponentes de mayor relieve G. Gutiérrez, H. Assmann y L. Boff. Su origen se encuentra en las reflexiones del teólogo alemán J. Moltmann y en la corriente teológica que inspiró, a la que pertenece J. B. Metz, es decir, en la llamada teología política y en la lectura de la Biblia vinculada a ella. La distingue de la teología política el contexto que la condiciona, es decir, la situación de América latina.

No es fácil describir el método exegético de los teólogos de esta corriente de pensamiento. De hecho, la teología de la liberación no adopta un método especial que permita una interpretación objetiva del texto en su contexto de origen, sino que practica un modo de entender la Biblia basado en el contexto sociológico y político al que se dirige. Es una teología que se elabora a partir de la praxis de la liberación, centrándose en la relación entre teoría y praxis, de modo que la primacía la tenga la praxis, y asumiendo no raramente el marxismo como instrumento de análisis histórico-social. A la luz de estos principios, la teología de la liberación hace una propia lectura de los textos bíblicos, interesándose en los pasajes que pueden ofrecer modelos de acción. Se trata, por tanto, de una lectura que tiende a disolver el contenido objetivo del evangelio, trasformándolo en instrumento de emancipación, entendida como lucha de clases.



Considerada en su conjunto, la teología de la liberación contiene «elementos cuyo valor es indiscutible: el sentido profundo de la presencia de Dios que salva; la insistencia en la dimensión comunitaria de la fe; la urgencia de una praxis liberadora que esté enraizada en la justicia y en el amor; un modo de leer la Biblia que busca convertir la palabra de Dios en luz y el alimento del pueblo de Dios en medio de sus luchas y sus esperanzas. De este modo se pone de manifiesto la plena actualidad del texto inspirado». Sin embargo, los riesgos que ha comportado la lectura de la Biblia hecha por la teología de la liberación han sido mayores. Estos proceden de tres frentes: el primero deriva de la selección parcial de los textos bíblicos, que se centra solo en aquellos textos narrativos y proféticos que pueden ser utilizados para iluminar situaciones de opresión e inspiran una praxis que tiende a un cambio social; la segunda, presente en algunas corrientes, consiste en la asunción de un análisis de la realidad inspirado en doctrinas materialistas y que considera la Biblia en ese trasfondo; por último, se pone el acento sobre una escatología terrena, a veces, con detrimento de la dimensión escatológica trascendente de la Escritura.
El enfoque feminista — La hermenéutica bíblica feminista nace a fines del siglo XIX en los Estados Unidos, en el contexto socio-cultural de la lucha por los derechos de la mujer. Para hablar con precisión, se deben distinguir varias hermenéuticas bíblicas feministas, porque los enfoques metodológicos utilizados son muy diversos. Existen tres formas principales: la forma radical, la forma neo-ortodoxa, y la forma crítica. La forma radical rechaza completamente la autoridad de la Biblia, afirmando que ha sido escrita por varones para asegurar el dominio del hombre sobre la mujer (androcentrismo). La forma neo-ortodoxa acepta la Biblia como profética y la retiene capaz de servir, en la medida en que toma partido por los débiles, a las reivindicaciones de la mujer. Esta orientación se interesa solo, por tanto, de lo que hay en la Biblia en favor de la liberación de la mujer y de sus derechos. La forma crítica utiliza una metodología más refinada y procura redescubrir la posición y el papel de la mujer cristiana en el movimiento de Jesús y en las Iglesias paulinas. El documento de la PCB del 1993 describe las contribuciones positivas de este último enfoque en los términos siguientes: «Las mujeres han tomado así parte activa en la investigación exegética, y han conseguido percibir, a menudo mejor que los hombres, la presencia, el significado y el papel de la mujer en la Biblia, en la historia de los orígenes cristianos y en la Iglesia. El horizonte cultural moderno, gracias a su mayor atención a la dignidad de la mujer y a su papel en la sociedad y en la Iglesia, hace que se planteen al texto de la Biblia interrogantes nuevos, que proporcionan ocasiones para nuevos descubrimientos. La sensibilidad femenina lleva a desvelar y corregir algunas interpretación corrientes, que eran tendenciosas y buscaban justificar el dominio del hombre sobre la mujer».

Las dificultades que, sin embargo, presentan los diversos enfoques feministas son grandes y muy diversificadas. En general se pueden reducir a las mismas dificultades que presentan los demás enfoques contextuales, sobre todo, al hecho de que realizan una lectura parcial de los textos bíblicos, acentuando algunos aspectos y dejando otros en penumbra. En la medida que un enfoque contextual se basa en una toma de partido, corre el riesgo grave de interpretar los textos bíblicos de modo tendencioso y, por tanto, discutible. No rara vez, por otra parte, quienes elaboran esta clase de exégesis han intentado reconstruir, apoyados en tenues indicios encontrados en la Escritura, una situación histórica diferente a la que suponen los textos, pero que se considera que es la que esos textos han querido esconder (la llamada ‘hermenéutica de la sospecha’). Este planteamiento no corresponde a un trabajo de exégesis propiamente dicho, ya que comporta el rechazo del contenido objetivo de los textos inspirados a favor de una reconstrucción hipotética.


5. La lectura fundamentalista

La lectura fundamentalista tuvo su origen en la época de la Reforma, cuando en el mundo protestante surgió una preocupación intelectual orientada a la búsqueda exclusiva del sentido literal-primario de la Escritura. Durante el período del Iluminismo, la lectura fundamentalista se presentó y fue acogida como una protección contra la exégesis liberal. El término ‘fundamentalista’, de hecho, se relaciona directamente con el Congreso Bíblico Americano tenido en Niágara, en el estado de New York, en 1895, donde los protestantes conservadores reafirmaron sus principios religiosos y defendieron la lectura bíblica basada sobre el ‘sentido literal’, puesto que la Biblia, siendo palabra inspirada por Dios, y por tanto exenta de error, debía ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles; solo que, por ‘interpretación literal’ se entendía una interpretación primaria, ‘literalista’, que excluía todo esfuerzo de comprensión de la Biblia que tuviera en cuenta su crecimiento histórico y su desarrollo. La lectura fundamentalista se opone, en efecto, al empleo del método histórico-crítico, así como de todo otro método científico para la interpretación de la Escritura.



Esta lectura, aparentemente, posee algunos aspectos que la asemeja a los principios de la exégesis católica, como son el hecho de insistir sobre la inspiración y la inerrancia bíblicas, y sobre otras verdades incluidas en los llamados «cinco puntos fundamentales». Sin embargo, se aparta de la exégesis católica en su modo de presentar esas verdades, enraizadas en una ideología que no es bíblica. Esta ideología se puede sintetizar afirmando que «exige una adhesión firme e incondicional a actitudes doctrinales rígidas e impone, como única fuente de enseñanza sobre la verdad cristiana y la salvación, una lectura de la Biblia que rechace cualquier tipo de actitud o investigación críticas». En otras palabras, la lectura fundamentalista se caracteriza por el rechazo a admitir que la palabra inspirada por Dios se ha expresado en un lenguaje humano y ha sido puesta por escrito, bajo la inspiración divina, por autores humanos que poseían capacidades y recursos limitados. Su concepto de inspiración es, por tanto, el de ‘dictado palabra por palabra’, no llegando a reconocer que la palabra de Dios ha sido formulada en un lenguaje y con una fraseología condicionados por las épocas históricas. Por este mismo motivo, el fundamentalismo no concede ninguna atención a las formas literarias y a los modos humanos de pensar presentes en los textos bíblicos; a menudo convierte en histórico lo que no tenía ninguna pretensión de ser histórico; y se vincula a una determinada traducción, antigua o moderna. Su visión de la Biblia, por todo esto, impide una concepción más abierta de las relaciones entre cultura y fe. Por otra parte, el fundamentalismo, como fenómeno radicado en el pensamiento protestante, se basa sobre el principio de la sola Scriptura, con la consiguiente separación entre Biblia y Tradición guiada por el Espíritu Santo; presentándose, por consiguiente, como una forma de interpretación privada, que no reconoce que la Iglesia está fundada sobre la Biblia y adquiere su vida e inspiración de las Escrituras. En definitiva, como indicamos más arriba, el error básico de esta corriente hermenéutica es la de considerar que por ‘interpretación literal’ se debe entender una ‘interpretación primaria, adherente a la letra’, que excluye cualquier esfuerzo científico de comprensión de la Biblia.
Reflexiones pedagógicas

Lea la pregunta, encuentre la respuesta y transcríbala o “copie y pegue” su contenido.

(Las respuestas deberán enviarse, al finalizar el curso a juanmariagallardo@gmail.com . Quien quisiera obtener el certificado deberá comprometerse a responder PERSONALMENTE las reflexiones pedagógicas;

no deberá enviar el trabajo hecho por otro).


  1. ¿Qué es el análisis retórico, el narrativo y el semiótico?

  2. ¿Cuál es la importancia derivada del uso de la sociología, antropología y psicología?

  3. ¿Qué riesgos comporta la lectura de la Biblia según la teología de la liberación?

  4. ¿Cómo describe la PCB el aporte positivo del enfoque feminista?

1 El ‘pesher’ es un género literario característico de los escritos de Qumrán cuya finalidad consistía en querer actualizar el texto bíblico en relación a la misma comunidad y en sentido escatológico.





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