Temas de neurociencia en el tratamiento psiquiátrico moderno



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Temas de neurociencia en el tratamiento psiquiátrico moderno (III)

Dr. Félix E. F. Larocca


El entendimiento desde la perspectiva de la neurociencia de los trastornos del comer
Para comprender en detalle los cuatro trastornos del comer, el esquema del continuo de las disorexias disponderósicas (Dysorexia/Dysponderosis Continuum) que Meermann y Vandereycken conceptualizaran como una línea progresiva que se extiende desde el consumo restringido de alimentos, la ingestión normal de la comida, seguida por el exceso en consumo de la misma con la resultante acumulación en demasía de tejido adiposo; y finalmente con el cuadro clínico de la bulimia como “remedio” contra la gordura.
La línea como nosotros la hemos modificado, incluye en su estructura la dieta restrictiva que todos usan para tratar en vano esfuerzo de controlar el sobrepeso.
Por medio de la aplicación de este esquema Meermann y Vandereycken nos proporcionan en una línea progresiva (un continuo o secuencia) un esbozo del desarrollo lineal en las divisiones del peso en el ser humano, que se extiende desde la delgadez desproporcionada de la anorexia (magersucht), pausando dentro de los niveles “normales” del peso y continuando hasta el trastorno de la obesidad morbosa, finalizando en el caos dietario y comportamientos impulsivos que caracterizan la bulimia y algunas formas de la obesidad.
En otras palabras, los trastornos del comer y sus efectos en el peso son parte del mismo proceso, difiriendo sólo en el lugar que ocupan en un momento dado.
Luego que entendemos lo que son en el espectro, es útil recordarnos que las enfermedades del comer, o las disorexias, representan, como todos bien sabemos, problemas serios de salud y que su tratamiento es tan complicado como refractario.
Por ello, para evitar caer en la trampa de la sobre simplificaciones con que nos venden las dietas y los spas, desde el comienzo, debe ser establecido que todos quienes dedican sus tareas profesionales al manejo de estas condiciones las consideran a todas como entidades recalcitrantes, y muy difíciles de tratar exitosamente.
Prosigamos
Para entenderlas mejor, hagamos una pausa recurriendo a una sinopsis en forma de anamnesia de la evolución natural de nuestra especie.
Nuestro entorno primordial
Esencialmente, el récord antropológico sitúa nuestra estirpe como una que ya existía en su forma actual en el paleolítico superior subsistiendo en su presente configuración, adaptaciones, y fisiología exactamente como hoy somos. Lo que significa que, como orden, no hemos experimentado ninguna mutación adaptante que nos haga diferentes de nuestros antepasados por los últimos 120,000 años. Lo que hace que nuestros ajustes y estrategias para la supervivencia son las mismas hoy que fueran en ese pasado tan remoto, como asimismo tan fugaz, en el sentido del tiempo cósmico.
Por razón tan simple es que reconocemos que nuestra estrategia del comer, como tanto antes hemos recalcado, y aun, a menudo, seguimos insistiendo, es esencialmente la que fuera cuando vivíamos nuestra vida selvática.
Éramos entonces cazadores/recogedores, fabricábamos herramientas de características rudimentarias, aplicábamos la agricultura, no existía la gordura (por ser mal adaptante), domesticábamos algunos animales y dependíamos de los efectos del establecimiento de un instinto socio-jerárquico suficientemente elaborado y bien instituido para poder medrar. En efecto, las bases de los avances prácticos y descubrimientos científicos que en el futuro nos aguardaban, yacían escondidas, desde siempre, en el cerebro poderoso que nos define como la más avanzada e inteligente de todas las especies. Es posible, por consiguiente, aseverar que todas nuestras innovaciones y desarrollos presentes, estuvieran contenidos y representados en nuestro ADN y, por ende, integrados en nuestra mente, producto de la actividad del encéfalo, esperando su expresión en el instante preciso.
Y no sólo que esos avances estuvieran grabados en nuestros cerebros sino que su aparición a veces simultánea y no por serendipia fueran regulados por la misma Naturaleza, para que la presencia de redundancia asegurara el proceso de la evolución.
De ello deducimos que no somos tan libres en nuestro albedrío como nos gustaría pretenderlo.
Veamos…
Pensemos. No nos parece extraño que otros animales como son las abejas, puedan recordar las rutas que deben de seguir para aventurarse fuera de la colmena, viajar distancias considerables sin la ayuda de instrumentos para navegar y retornar sin dificultades a su punto de origen sin previa experiencia.
No nos sorprende que un gato encuentre la dirección de la casa nueva de su amo sin haber tenido mundo de su nueva dirección y sin contar con la asistencia de pistas que lo orienten.
No nos preguntamos cómo es que algunas castas de avispas instintivamente depositan sus huevos dentro del cuerpo de ciertos gusanos, a quienes paralizan con su veneno para que les sirvan de huésped a sus larvas, quienes consumirán sus víctimas vivas de adentro para fuera.
Aquí sería oportuno repetir las palabras de Alfred Lord Tennyson quien en uno de sus poemas llamó a la Naturaleza “Roja (sangrienta) en colmillo y garra”, refiriéndose al modo, singularmente despiadado con que nos rige.


Man...
Who trusted God was love indeed
And love Creation's final law --
Tho' Nature, red in tooth and claw
With ravine, shrieked against his creed.
(Alfred, Lord Tennyson)

Richard Dawkins utiliza estas palabras, en su libro The Selfish Gene, como una advertencia correctiva, recordándonos que nosotros, los seres humanos, nacimos en un mundo con imperativos genéticos pre-existentes que nos obligan a ser competidores a pesar de los esfuerzos denodados provenientes de la educación y de la religión para suprimirlos.



Porque tendemos al olvido de estas cosas, en el transcurso de estas lecciones tendremos que recordarnos de nuestro origen y naturaleza de animal continuamente.Bottom of Form

Así lo haremos porque es en esa misma facultad de ser (y a la vez, de no ser) animales que nuestros mayores y nobles atributos nos distinguen, nos caracterizan y (a veces) nos apartan de miembros de nuestro género que, por razones propias no son beneficiarios genéticos de haber nacido con los atributos éticos, a algunos, conferido por la posesión de un cerebro humano.


De esa manera delimitaremos nuestros esfuerzos al entendimiento y cura de los trastornos que son producto de nuestras dificultades en la reducción de nuestras ansiedades y no con los problemas propios y extraños que el Narcisismo Patológico engendra.

La psicoterapia en los trastornos del comer
Ajenos, como tantos son, de las técnicas que se enseñan durante el entrenamiento riguroso de la ciencia y arte de la psicoterapia y del psicoanálisis, muchos profesionales caen víctimas del vicio de amonestar sus pacientes, víctimas de las disorexias, por ser incapaces del cambio voluntario, recurriendo al soborno, a la extorsión y al hábito de instilarles sentimientos de culpa porque:


  1. Rehúsan ganar el peso que han perdido

  2. Objetan al abandono de sus actividades purgativas y dietéticas

  3. Ignoran la realidad de que se están haciendo daño

  4. Se empecinan en permanecer como están

Quienes así proceden lo hacen ignorando las sabias palabras del pionero Ernest Charles Làsegue quien en el año 1873 nos señala que ruegos o amenazas no bastan para persuadir la paciente a que renuncie sus comportamientos.


Obviamente, las anoréxicas o las bulímicas no son personas carentes de inteligencia o de buen juicio. Lo importante es reconocer que algunas (sino muchas) de sus funciones y actividades cognitivas y emocionales, han cesado de operar normalmente. Tan obvio es que las actividades del cerebro han dejado de servir sus procesos adaptantes que en ciertas de sus características nos recuerdan el cuadro clínico de algunas de las entidades psiquiátricas conocidas.
Por ejemplo, la negación de la realidad que caracteriza al histérico clásico es común en la anorexia. Las distorsiones de la imagen del cuerpo y del sistema propioceptivo que caracteriza algunas enfermedades de origen neurológico son propias a todas las disorexias y asimismo las alteraciones del afecto que son típicas de muchas condiciones que tratamos, son hoy reconocidas como resultado de trastornos neurológicos en áreas específicas del cerebro.
En resumen podemos establecer con parsimonia que las enfermedades del comer son emocionales, pero que así lo son en la medida en que son respuestas y manifestaciones de trastornos de la anatomía, de la fisiología del cerebro, o de ambas. Lo que significa que a la vez son trastornos físicos y orgánicos, definiendo en sí el significado de lo que llamamos “psicosomático”.
Entonces nos resta decir que si, admitimos que las pruebas nos sobran para pensar en que su terapia es asimismo terapia dirigida a cambios en la fisiología y, aun en la anatomía del encéfalo en medidas discretas, pero de relevancia extrema, entonces estaremos en una posición más cierta para entender el proceso tanto de la enfermedad como de la cura, como en futuras lecciones veremos.
Para concluir queremos enfatizar antes de dar fin a esta lección que nuestra perspectiva deriva del conocimiento meticuloso de las neurociencias como hoy se aplican y en una forma de terapia que se basa en esos conocimientos.
Referencias

Dawkins, R; The Selfish Gene (1976) Oxford University Press NY

Barondes, S: Mood Genes (1998) W. H. Freeman NY

Dennet, D. C: Kinds of Minds: Toward an Understanding of Consciousness (1996) Basic Books NY



Larocca, F.E.F. (ed): EATING DISORDERS: THE FACTS: New Directions for Mental Health Services, No. 31, (1986) Jossey-Bass







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