Temas básicos de Creatividad



Descargar 188.5 Kb.
Página4/8
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño188.5 Kb.
Vistas297
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8

Los fracasos afectivos


Tradicionalmente se ha dicho que las emociones son la principal causa de los fracasos de la inteligencia. A la vista del poder absorbente y perturbador de las pasiones, la ataraxia, la apatheia, la abolición del deseo parecen condición indispensable para el uso racional de la inteligencia. Las emociones influyen en el conocimiento, pero el conocimiento influye en las emociones. Nuestra actividad consciente emerge desde el campo afectivo. La verdadera inteligencia, la que termina en conducta, es una mezcla de conocimiento y afecto. Uno tiene que ver con datos y el otro con valores. Vivimos entre ambas cosas inevitablemente.

La moda de la inteligencia emocional –iniciada por Peter Salovey y lanzada al estrellato por Daniel Goleman– le atribuía cinco competencias fundamentales:



  1. El conocimiento de las propias emociones.

  2. La capacidad de controlar las emociones.

  3. La capacidad de motivarse a sí mismo.

  4. El reconocimiento de las emociones ajenas.

  5. El control de las relaciones.

Estos autores recogen dos venerables consejos: conócete a ti mismo y no dejes que la pasión se adueñe de tu alma. La razón es el cochero de un carro movido por las pasiones.

La multiplicidad de las experiencias afectivas puede organizarse en tres grupos: impulsos, sentimientos y apegos.

El nivel impulso incluye los deseos, las necesidades, las tendencias, los móviles. Abre el mundo de la motivación, del dinamismo que nos lleva a los valores y nos aparta de los contravalores. La sed, el hambre, el sexo, el afán de poder, la necesidad de ser amado, la curiosidad, perteneces a este nivel radical.

En el nivel sentimiento los sentimientos son el balance consciente de nuestra situación, del modo como están funcionando nuestros deseos o proyectos en contacto con la realidad. La satisfacción, la calma, la alegría nos indican que nuestras metas se están cumpliendo. El miedo nos dice que nuestras expectativas están amenazadas, la furia que están siendo bloqueadas por algún obstáculo, la tristeza es la constatación de una pérdida. La decepción o la frustración nos informan de que nuestras esperanzas no se han cumplido, la desesperación, de que nunca se van a cumplir.

En el nivel apego son relaciones psicológicas que enlazan profundamente a un sujeto con otra persona o con determinado tipo de experiencias o de objetos. El apego infantil, los hábitos, las adicciones, los condicionamientos, los distintos tipos de dependencia, la costumbre, el amor, el odio, lo que llamamos relaciones de objeto, son fenómenos de ese tipo o pueden serlo.

El primer fracaso de la inteligencia afectiva puede consistir en confundir los afectos. Los fracasos amorosos son frecuentes, normalmente dolorosos y resulta útil saber a qué se deben. Tienen dos causas obvias: 1) No era amor lo que sentía; 2) Era amor pero desapareció.

El amor es esencialmente un deseo y hay tantos tipos de amor como objetos de deseo. El dinero, la fama, un cuerpo, una persona, los hijos, la patria, yo mismo, Dios. Podemos definir el amor más generoso como el deseo de la felicidad de otra persona.

El deseo de ayudar o de aliviar el dolor de otra persona o de salvarla puede confundirse fácilmente con el amoroso. También la vanidad, que es un deseo excesivo de ser elogiado, favorece las equivocaciones. Lo que parece amor puede ser vanidad satisfecha. La vanidad es un deseo estúpido y con frecuencia ruinoso. La vanidad es “un afán excesivo y predominante de ser admirado”, dice María Moliner. Se basa en una torpe alteración de la jerarquía de los marcos. El parecer se sobrepone al ser. Conquistar es un potente deseo, pero no específicamente amoroso. Estos ejemplos ilustran la primera causa del fracaso amoroso.

Para aclarar la segunda causa conviene volver a la distinción entre deseo y sentimientos. El amor es un deseo, y hay deseos con fecha de caducidad. El deseo de conquistar a una persona desaparece irremediablemente una vez saciado.

Hay otro motivo para la decadencia del amor. El desenvolvimiento de los deseos es evaluado por los sentimientos. Los sentimientos no el amor, sino acompañantes inevitables del amor. Es fácil predecir que los amores eróticos se agostarán si sólo van acompañados de sentimientos desagradables. La inquietud, el aburrimiento, los celos, el miedo, van anemizando el deseo. El aburrimiento –el deseo de experiencias– bajo su inocua apariencia guarda un potencial destructivo sorprendente.

Un caso especial es el amor por los hijos, con el que aparece el amor desprendido. Es un apego fundamental, que no desaparece aunque vaya acompañado de persistentes sentimientos dolorosos.

Los sentimientos son sólo experiencias que nos informan acerca de cómo se están comportando nuestros proyectos o deseos en su enfrentamiento con la realidad. Dejan de cumplir su función cuando informan sesgada o falsamente de esta situación. La estructura afectiva de una persona, lo que he llamado estilo afectivo, puede alterar dramáticamente el ajuste con lo real. Parece que estamos inermes frente a esos estilos afectivo, que forman, por aprendizaje, parte de nuestra inteligencia computacional. Heráclito decía: “El carácter del hombre es su destino”.

La envidia es un estilo afectivo intrigante. Vives decía que era hija de la soberbia y de la pequeñez y se percata de que es un sentimiento vergonzoso. “Por ello nadie se atreve a confesar que envidia a otro”. Esto revela que para el mismo sujeto que lo siente. La envidia es manifestación de una carencia. Muy cercanos a la envidia están los celos, un sesgo afectivo que oscila entre la normalidad y la patología.

El resentimiento es otro estilo afectivo que suplanta la vida entera, y es la contumacia en no olvidar un daño. Es, como la envidia y los celos, con los que está muy emparentado, un estilo afectivo que conduce al fracaso vital, porque la víctima vive una vida enajenada, dirigida desde fuera por el agresor cuyo daño hace pervivir irrestañablemente.

Los estilos afectivos, que son laboriosas construcciones biográficas, forman parte de nuestro carácter. Son aprendidos y, a veces, pueden ser desaprendidos. Una psicología evolutiva y evaluativa tiene como meta ayudar a la aparición de una personalidad inteligente, y tiene su prolongación en una pedagogía de la posibilidad, de la creación y de los recursos personales.

Distingo tres etapas en la emergencia de la personalidad. A partir de una matriz biológica se van construyendo las otras dos, mediante complejos procesos educativos, madurativos y experienciales. Las tres etapas son:



Personalidad recibida, es la matriz personal, genéticamente condicionada. Sus elementos principales son las funciones intelectuales básicas, el temperamento y el sexo.

Personalidad aprendida, es el carácter. El conjunto de hábitos afectivos, cognitivos y operativos adquiridos a partir de la personalidad base. Aquí hay que situar los estilos afectivos. Constituye, junto a la interior, la inteligencia computacional.

Personalidad elegida, es el modo como una persona concreta en una situación concreta se enfrenta o acepta su carácter y juega sus cartas. Incluye el proyecto vital, el sistema de valores, el modo de desarrollar ese proyecto en una circunstancia concreta. Es obra de la inteligencia ejecutiva.

Los estilos afectivos son uno de los componentes del carácter. Como todos los hábitos, acaban formando parte de la inteligencia computacional. Son fuente de ocurrencias, mecanismos activos de la memoria. Seleccionan información, dirigen la experiencia, animan a la acción o la disuaden. Pero son aprendidos y eso nos abre la puerta para intervenir en la construcción de nuestra maquinaria mental, de nuestra inteligencia computacional. Tres son sus integrantes principales y es fácil ver que se mezclan hábitos afectivos y hábitos cognitivos.

En el primero nuestros deseos básicos se prolongan en proyectos, que nos permiten dirigir la acción y seducirnos desde lejos. Pero ello son uno de los vectores dinámicos que intervienen en nuestro balance emocional.

El segundo factor lo componen las creencias sobre cómo funciona el mundo y las expectativas que podemos tener sobre la realidad. Por debajo de sentimientos que parecen espontáneos y originales actúan creencia, fundamentalmente implícitas.

A partir del deseo básico comienza la intervención cognitiva. La identificación con el grupo se ve determinada por dos elementos. En primer lugar, por la definición del grupo. En segundo lugar, por las relaciones entre el individuo y el grupo que impone cada cultura. La definición del grupo se inculca como una creencia básica y peligrosa, porque se convierte en absoluto un criterio relativo. Otro método simplificador consiste en reducir la percepción de los demás grupos a un estereotipo.

En resumen, sobre la matriz personal, y con la participación de distintos tipos de creencias, cada persona va configurando sus hábitos afectivos, es decir, sus formas de apego, sus estilos de motivación y sus estilos sentimentales.





Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos