Temas básicos de Aprendizaje



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AUTOCONSISTENCIA






Documento base:

Prescott Lecky (1977). Autoconsistencia: Una teoría de personalidad. Bilbao: Desclée de Brouwer.



Síntesis elaborada por:

Dr. Miguel Angel Rosado Chauvet








2010




Valores positivos de la obra de Lecky

  • Conceptos de Mente y Personalidad

Mente, personalidad, psique y otros términos similares, no se refieren a realidades objetivas, sino que son simples constructos conceptuales ideados para describir fenómenos psicológicos más complejos que no pueden ser observados ni medidos directamente, y tienen que ser inferidos de una manea racional. La necesidad de esos constructos se hace más patente cuando se intenta estudiar unidades superiores de conducta que no pueden ser interpretados significativamente en términos de la simple observación, sino que requieren la teoría de las configuraciones dinámicas (gestalten), cuya naturaleza esencial reside en sus pautas organizativas. La conciencia no puede ser explicada de modo objetivo a pesar de ser el hecho más patente de nuestra experiencia subjetiva.

  • Principio de la Unificación

La teoría de la motivación es incompleta si no se reconoce que la necesidad primordial de un organismo es la de mantener su organización mental en cuanto totalidad unificada. Lo mismo que los conceptos de mente y de personalidad, la unificación no puede ser observada ni puede ser medida objetivamente, sino que tiene que ser inferida de las pautas de organización.

  • Autoconsistencia

A niveles superiores de integración, las características de una persona vienen determinadas por su estilo de vida, es decir, por la organización individual de ideas y actitudes adquiridas a través de la experiencia y capaces de controlar las funciones intelectuales superiores. La esencia de esta organización de ideas y de actitudes es su autoconsistencia. La inconsistencia o ambivalencia lleva a un conflicto y paraliza la acción. La conducta expresa el esfuerzo por ser consistente y unitario, tanto en la organización como en la acción. Las ideas que son consistentes con la experiencia pasada tienden a ser asimiladas; en cambio, las que son inconsistentes, tienden a ser rechazadas.

  • Reinterpretación de la Teoría psicológica

La percepción, el aprendizaje, la memoria y el olvido, el sentimiento, el pensamiento y la imaginación tienen que reinterpretarse en términos de la pauta de valores de cada persona, es decir, en término de los pensamientos y sentimientos relativos a uno mismo y al mundo. Sólo a través del estudio e interpretación de grandes unidades de conducta, es decir, de actos completos que pueden durar mucho tiempo, conseguiremos comprender la verdadera dinámica de la personalidad total. Por tanto, la tarea consiste en descubrir cómo cooperan las distintas funciones psicológicas en aquello que está haciendo el organismo en cuanto a totalidad.
La influencia del conductismo

Watson, aun cuando declaró innecesarios e incompatibles con la psicología objetiva a conceptos mentalistas tales como la atención, la sensación, la percepción, la voluntad y las imágenes, sin embargo consideró que los de pensamiento, aprendizaje, memoria y emoción podían ser conservados como objetos capaces de ser estudiados sin la introspección.

Tolman sugirió que era posible definir objetivamente el propósito o la intención. El propósito es considerado como una inferencia necesaria derivada de la observación de la conducta persistente dirigida hacia una meta. Reconoció que los conceptos de impulso, tendencia y propósito son constructos teóricos no perceptibles directamente, de la misma forma que el espacio, el tiempo, la velocidad, la fuerza, la electricidad, etc., son conceptos físicos inventados para ordenar, dar coherencia y explicar las apariencias reales. Son entidades deducidas a partir de sus efectos. La indiferencia de una entidad denominada propósito para explicar las condiciones de meta persistentes es exactamente igual que la inferencia newtoniana de una entidad llamada “gravedad”. El análisis de vectores realizado por Lewin, y el concepto de campos de fuerza están sometidos a una crítica del mismo tipo.

Volviendo al conductismo, está claro que, una vez rechazado el propósito, el mecanicista se encuentra ahora en una posición difícil. Porque es obvio que tiene que emplear algún instrumento condensador que tenga la misma función que el concepto del propósito o intención, no importa cuál sea el nombre que le ponga.

La función psicológica del intencionalismo y del determinismo, dicho en otras palabras, es la misma. El principio de causalidad es simplemente un instrumento para unir conceptualmente dos hechos distintos, y el mecanicista considera que una misma causa pasa por toda una serie de sucesos, de la misma manera que el intencionalista ve a un mismo propósito pasando por todos ellos. Ambos son expresiones de la relación de orden secuencial que dan una perspectiva temporal a las instantáneas de nuestra experiencia perceptual. El teleologismo es tan susceptible como el determinismo. No somos capaces de ver una causa o de capturarla mediante el análisis, de la misma forma que somos incapaces de ver o analizar un propósito. Es cierto que se dan diferencias superficiales entre el determinismo y la teleología. El primero sostiene que el orden procede del empuje de la causa, mientras que el segundo afirma que es debido a la atracción del objetivo o meta; uno busca en el pasado las explicaciones, el otro mira hacia el futuro.

La técnica de la autoconsistencia

Lecky concibió a la personalidad como a la verdadera unidad lógica, aun cuando los sentidos sean incapaces de percibirla. Sería absurdo considerar a la personalidad en el sentido de objeto físico, pero, sin embargo, tampoco hay que considerarla como algo tan vago como “la manera de comportase de una persona”, o “la suma total de sus sistemas de hábitos”. Es una organización individual de potencialidades de reacción, que representa una la concepción organizada que un individuo tiene del mundo, y su único y peculiar sistema de valores. Mientras que la conducta objetiva está sometida a rápido y continuo cambio, la personalidad tiende a ser relativamente estable y no cambiante. Es un sistema que se resiste al cambio por la necesidad que tiene de conservar su integración y unidad esencial. El hecho de que la personalidad represente un sistema o estilo de vida, da origen automáticamente a un conjunto de normas para la aceptación o rechazo, gobernado por la exigencia de preservar el sistema. La conducta no es asunto de respuestas pasivas, sino de aceptación o rechazo activos de nuevas configuraciones o ideas. Toda experiencia nueva tiene que ser asimilada o aceptada, dada la inconsistencia con las ideas y actitudes anteriores del sujeto, o bien forzar una reorganización general. Por lo tanto, el problema del individuo es el de mantener su organización y estabilizar sus valores. La conducta positiva y negativa, el acercamiento y la huida, la aceptación o el rechazo de nuevas ideas, son todas ellas expresiones externas de esta tarea incesante1.



  • Educación

El mayor obstáculo para la organización constitutiva en educación es el dogma bien establecido de que el aprendizaje es resultado directo de la enseñanza, una reacción mecánica frente al ambiente escolar, y no un logro intencional. El aprendizaje no puede ser entendido como un proceso de formar hábitos separados, sino sólo en términos del desarrollo de la personalidad entera. Cuando una persona ha aceptado un valor, se resiste a aceptar todos aquellos otros que no sean consistentes con él. De ahí que debamos considerar a la resistencia como a un aspecto necesario y normal del aprendizaje. Más aún, sin ella no se podría mantener una organización unificada. Las primeras impresiones no sólo son importantes en sí mismas, sino también por establecer las condiciones de rechazo de todos aquellos valores, cualesquiera que fuera su naturaleza, que tenderían a desencadenar un conflicto.

Sin embargo, como la experiencia personal es más o menos azarosa desde un punto de vista educativo, en el sistema siempre hay un cierto número de valores aceptados sin la evidencia suficiente. Estos valores, cuya retención depende totalmente el éxito con que se los pueda racionalizar y convertir en consistentes, o al menos en no inconsistentes, dan lugar a resistencias que probablemente han de ser perjudiciales para el individuo.

Si un estudiante muestra resistencia hacia un determinado tipo de material, esto significa que, desde su punto de vista, sería inconsistente para él aprenderlo. Si pudiéramos cambiar la concepción de sí mismo que está debajo de este punto de vista, entonces cambiaría igualmente su actitud hacia ese material.

La pereza, la falta de concentración, etc., son debidas a la aceptación de definiciones contradictorias entre sí. Tales individuos no pueden actuar de acuerdo con una definición sin ser inconsistentes con la otra. Por otra parte, el alumno pretenderá que no puede concentrarse, y esta pretensión será perfectamente cierta. Esta parece ser la explicación del nivel de rendimiento típico. Mientras no sean cambiadas las definiciones del alumno, su tasa o grado de actividad característico se mantendrá constante.

Aquellos que pretenden “no tener una mente matemática” son víctimas de su propia resistencia. Tal estudiante puede haberse definido a sí mismo en la infancia a través de insinuaciones hechas por los padres o los maestros al niño, relativas a su falta de aptitud matemática. Estas sugestiones fueron aceptadas, y ahora forman parte de la concepción que el estudiante se ha forjado de sí mismo2.

La concentración energética significa simplemente que una persona está libre de conflictos y es capaz de concentrar su esfuerzo en la tarea. La capacidad o incapacidad de aprendizaje de una persona depende, al menos en gran parte, de lo que haya aprendido al definirse a sí misma3. En conexión con esto habría que recordar que toda persona puede aceptar cualquier definición, si es que previamente no ha aprendido nada en contra de la misma que se interfiera con su aceptación; mientras que la definición contraria le ofrece una especie de inmunidad.

La timidez, el aislamiento, los sentimientos de inseguridad y de inadecuación, la falta de amigo y otras cosas similares, son sintomáticos de autoevaluaciones que no son confirmadas por la situación en la que se halla el sujeto. No preparado para la lucha de extender su campo de acción, y sobreestimando sus dificultades, el sujeto se aferra a aquellos pocos objetivos o metas que mantiene con gran tenacidad. Si el sujeto tiene éxito, toda su actividad mostrará “popularidad”, y una única pauta estará al servicio conjunto de las necesidades de “acercamiento” y de “evitación”. Lo que llamamos síntoma de una enfermedad, para el sujeto es la solución de su problema. De este modo el sujeto llega a un diagnóstico totalmente contrario. Desde su punto de vista, sus valores le parecen tan consistentes unos con otros, que llega a considerarlos virtualmente como axiomas. En consecuencia, busca auxilio en la fantasía y echa la culpa de todas sus dificultades a la situación externa. Así, al defender la validez de su propio esquema de pensamiento y acción, el sujeto hace que su problema sea todavía más insoluble.

Por otra parte toda persona ha aceptado otros muchos valores además de aquellos que son los causantes de su infelicidad. Por consiguiente tenemos que dirigir la atención de aquellos valores que ofrecen una cierta esperanza de acción unificada.

A pesar de lo indeseable que desde un punto de vista social sea una definición determinada, ésta no será rechazada hasta que no le parezca inconsistente al propio sujeto. Nosotros no buscamos la coherencia con las demandas de la sociedad, sino con nosotros mismos. Nuestra meta es la autoconsistencia. El problema social desaparece cuando se resuelve el problema personal y se consigue la unidad de acción.

La conducta de los demás es algo lógico desde su propio punto de vista. Si a nosotros nos parece ilógica la conducta de otra persona, ello es debido a que no la comprendemos, y no a que sea irracional. La conducta de los demás únicamente parece irracional e incomprensible cuando las definiciones que están intentando mantener son muy distintas de las nuestras. La conducta de aquellos cuyas definiciones son similares a las nuestras parece totalmente racional y natural; ella es comprensible por la simple razón de que nosotros nos comportaríamos de la misma manera.



Enfoque clínico al estudio de la personalidad

Incluso los teóricos más importantes pueden equivocarse a menos que sus ideas estén sólidamente fundadas en observaciones empíricas. El enfoque empírico se ciñe al conocimiento basado en la observación directa y en la información científica. Al colocar el acento principal en el estudio del organismo en su totalidad, la información detallada sobre el funcionamiento de las partes es relacionada con la conducta global de todo el organismo. El empirista está interesado no tanto en las teorías, cuanto en las observaciones y hechos objetivos que él pueda producir y verificar por sí mismo. Los constructos teóricos pueden ser valiosos en determinados estadios de la investigación en los que quizá sea útil formular hipótesis para estimular investigaciones ulteriores; sin embargo, para el punto de vista empirista, el objetivo último es descubrir nuevos hechos, más que formular nuevas teorías. Si se descubren datos suficientes, entonces se hacen innecesarios los puntos de vista teóricos.

El método clínico se preocupa principalmente del estudio empírico de los individuos mediante el análisis minucioso del campo de la interacción del organismo con el medio ambiente. Aun concediendo cierta importancia a la relación existente entre el rendimiento individual y las medidas de tendencia central y de la variabilidad del grupo, esto es algo secundario en comparación con el propósito básico de comprender la dinámica individual. El método clínico supone describir detalladamente todas las situaciones individuales en que pueda encontrarse un organismo. En la práctica real, los fundamentos constitucionales y ambientales de la personalidad son lo suficientemente constantes y homogéneos como para poder identificar numerosos síndromes básicos, tanto de rasgos de personalidad como de pautas de desajuste.

Una característica distintiva de los niveles superiores de organización del organismo es la aparición de nuevas configuraciones, o emergentes, con propiedades distintas a las previsibles a partir del funcionamiento de las funciones a niveles inferiores de integración. La totalidad del organismo manifiesta pautas de conducta superiores a las características de los sistemas orgánicos contributivos del mismo. La psicología de la Gestalt hizo su principal contribución cuando descubrió los principios totalizantes y las demás características de las integraciones de nivel superior, particularmente en el campo de la percepción.

A niveles superiores de integración, la naturaleza esencial de la personalidad adulta madura es determinada por la pauta única de actitudes afectivas e intelectuales que dependen de la experiencia. Las diferencias individuales más amplias se dan a nivel de la conducta intelectual simbólica. Variaciones en los niveles celulares y en los sistemas orgánicos no determinan de modo tan significativo la configuración individual de la personalidad como lo hacen los sentimientos y actitudes característicos de la vida psíquica.

Lecky creyó que la configuración básica de a personalidad estaba determinada por la propia concepción que de sí misma tenía la persona. Consideró que esta concepción del sí mismo era el núcleo de la mente definida como totalidad de la experiencia consciente única de un individuo. Lo más importante de todo es tratar de averiguar qué una persona siente y piensa de sí misma y de la vida, es decir, lo importante no es tanto lo que una persona es, o el modo como adquirió tales hábitos, sino lo que va a hacer con ellos.

La personalidad efectiva sólo secundariamente está determinada por un cuerpo sano, una buena apariencia física, el nivel de inteligencia, el temperamento y otros factores constitucionales. Todos ellos pueden estar presentes en una persona muy inadaptada. Sólo cuando tales atributos deseables se consolidan, gracias a un entrenamiento eficaz, en un estilo de vida válido e internamente consistente, la personalidad se hará adecuada para enfrentarse con la vida. En la medida en que una persona es capaz de control volitivo sobre su conducta, este control es gobernado por sus concepciones de sí mismo con la relación al mundo. En situaciones en las que no está dominada de un modo impulsivo por los estados afectivos, una persona hace aquello que debe hacer, basada en su experiencia.

Es obvio que la conducta es selectiva y que la base de la selección tiene que estar dentro del organismo que hace la selección; no puede estar en los estímulos del medio, ya que, de lo contrario, todos los organismos de la misma especie puestos en una misma situación se comportarían de la misma manera.

Está claro que hay que suponer que todo cambio de conducta tiene que ir acompañado de un cambio en el estado fisiológico, pero que la conducta no puede ser adecuadamente conceptualizada en términos de tales estados fisiológicos.

En general, puede afirmarse que el significado que un estímulo tiene para un organismo depende primariamente del estado dinámico del organismo en el momento en que recibe al estímulo. Si tal estado dinámico no es desalojado con facilidad, entonces se tiende a pasar por alto estímulos que podrían evocar motivos conflictivos. Si el motivo presente no está muy organizado, o si el estímulo es de naturaleza que no puede ser pasado por alto o reevaluado, el organismo estará motivado en una nueva dirección, y si persiste aquél, entonces se producirá una condición de conflicto temporal.

El hecho de lo infrecuente de las desorganizaciones serias parece indicar que, el organismo posee la capacidad de reforzar un motivo a expensas del otro, ya que únicamente seleccionando ente una de las dos posibles líneas de acción es como es como puede conseguirse la unidad. Además, este reforzamiento no puede se entendido como una función del medio en la mayor parte de las veces, sino únicamente como una reorientación dinámica del organismo. El fenómeno de la elección de un único curso de acción, y de su posterior realización suele ser considerado como indicativo de cualidades tales como fuerza de voluntad, persistencia, interés, fuerza de carácter o, incluso, terquedad, estrechez mental y locura. Lo importante es que el sujeto persiste en un curso de acción independientemente de la estimulación ambiental. Por el contrario, la incapacidad de tomar y de ejecutar decisiones suele ser considerada comúnmente como evidencia de debilidad de carácter.

El mantenimiento de la unidad es la meta primaria de todo sistema viviente. El placer se relaciona con el logro de la unidad, mientras que el dolor, con el conflicto y la desorganización.



Una teoría nuclear de la mente

La mente es aquello que hay que mantener unificado e internamente coherente, es la organización de sentimientos, ideas y actitudes desarrollada a partir de la interacción del organismo con el medio ambiente. El núcleo de esta organización de sentimientos, ideas y actitudes constituyen las ideas que de sí misma tiene una persona. Estas ideas del sí mismo son arbitrariamente identificadas como positivas y negativas.

Según nuestra definición, una idea es una interpretación de una experiencia (la interacción del individuo, a través de los llamados órganos de los sentidos, tanto internos como externos, con los estímulos internos y externos) hecha por una persona. Una idea es el significado de una experiencia desde el punto de vista del individuo; puede ir desde una imagen mental vaga (auditiva, visual, etc.) hasta una alucinación; desde una observación de sentido común hasta un concepto científico.


  • El papel de la asimilación

Las primeras interpretaciones del niño son asimiladas de un modo automático y si crítica alguna, debido a la ausencia de puntos de referencia en qué apoyar la evaluación. Estas ideas primitivas, particularmente las de uno mismo, son fundamentales para determinar la naturaleza y la tasa de asimilación de las nuevas ideas, las cuales son plenamente aceptadas como parte integral de la organización total de ideas o mente. El criterio conforme al cual se acepta o se rechaza una idea es la conducta de la persona, ya que, una vez que se asimiló una idea, ésta tiene que ser mantenida por la persona, a no ser que sea desplazada por una nueva organización o reorganización de ideas. La conducta ambivalente en todas las áreas indica un núcleo inestable y falto de autoconsistencia, en el cual compiten en busca de aceptación ideas o interpretaciones contradictorias. Cuando, al fin, una de éstas es aceptada y la otra rechazada, desaparece la ambivalencia y se consigue la consistencia interna. Esta conducta ambivalente puede darse en un niño que no se haya identificado a sí mismo nunca, a causa de la conducta voluble de las personas significativas de su situación infantil.

Para que sea inmediatamente asimilada, toda idea nacida a resultas de una nueva experiencia, tiene que parecer al individuo consistente con la organización total de ideas, y especialmente de las ideas relativas al sí mismo. Las ideas coherentes tienden a ser rápidamente asimiladas. Las inconsistentes pueden: a) ser inmediatamente rechazadas o ignoradas, b) ser consideradas temporalmente, produciendo ambivalencia hasta que son aceptadas o rechazadas, c) obligar a una reorganización de la mente, cuando se presentan con la suficiente fuerza lógica, con la consiguiente eliminación de las ideas inconsistentes y la retención de las nuevas más consistentes; o, por último, d) puede llevar a una desorganización más o menos permanente si no se termina con la inconsistencia. Es obvio que la organización de ideas llamada mente es muy inestable e inconstante, ya que está siendo constantemente modificada por nuevas experiencias que llevan a un continuo proceso de asimilación y reorganización gobernado por el principio dinámico universal: el afán de unidad. Las ideas que han sido asimiladas, las cuales constituyen la organización ideacional global (mente) y que al individuo le parecen coherentes, tienen que ser mantenidas.



  • Crecimiento mental

Para que un individuo pueda funcionar con un grado razonable de estabilidad y de felicidad, es indispensable que se produzcan cambios graduales y genuinos en las ideas del sí mismo. Lo cual implica, entre otras cosas, que el conflicto y la reorganización son fenómenos naturales concomitantes de la maduración. El fallo de este proceso de asimilación y de reorganización sólo puede resultar en fijaciones y regresiones del desarrollo, las cuales guardan relación con la incapacidad que tenga la organización total de ideas de reflejar los cambios de los medios interno y externo.

  • Reorganización nuclear

Las ideas nucleares de una persona, concernientes al significado de sí misma y del mundo, sufren constantemente una revisión y organización a medida que se presentan nuevas experiencias que llevan a interpretaciones que entran en conflicto con las antiguas. Aunque las ideas de constelaciones de ideas complejas antiguas tienden a mantenerse, debido a su consistencia interna, y obliga a la persona a rechazar aquellas ideas nuevas que sean incompatibles con la organización existente, sin embargo, la organización existente sufre un continuo bombardeo de ideas nuevas con valores diferentes, las cuales tienden a forzar su aceptación y el rechazo de las antiguas ideas insostenibles.

La velocidad y extensión del proceso de reorganización vendrán determinadas por la magnitud y urgencia con se presenten las nuevas ideas que hay que asimilar, así como también por el grado de inconsistencia de las mismas con respecto a la organización existente. Si el choque producido por las idas es demasiado grande, es decir, demasiado difícil de asimilar dentro de la existente composición nuclear, el individuo puede llegar a desorganizarse hasta tal punto que le sea imposible la organización unificada. El grado de desorganización depende tanto del tipo de organización nuclear preexistente y anterior al impacto, como de la naturaleza exacta de la idea incompatible, desde el punto de vista del individuo. La velocidad o tasa de recuperación del proceso de desorganización están en función de esos dos factores y de la naturaleza del medio ambiente en que el individuo sigue viviendo.



  • El papel de la emoción

Las reacciones afectivas del organismo pueden ser consideradas como conductas instintivo-impulsivas que sirven al propósito biológico básico de movilizar los recursos a favor de las necesidades básicas del organismo. Aunque las pautas básicas emocionales están determinadas por la constitución del individuo, las actitudes y condiciones específicas parecen ser aprendidas de la experiencia. De acuerdo con la teoría de la autoconsistencia, los llamados fenómenos emocionales, más que entidades separadas, son consideradas como expresiones del único impulso fundamental de la unidad, autoconservación y producción. Aunque las reacciones emocionales puedan ser analizadas y descritas en términos fisiológicos, ya que incluyen perturbaciones fisiológicas del organismo, su importancia organísmica sólo puede concebirse en términos psicológicos. Todas las emociones pueden remontarse directamente a experiencias que son interpretadas por el individuo como soportes o amenazas para una o más ideas del sí mismo. Una experiencia que sea interpretada como un apoyo o confirmación de una o más ideas del sí mismo, será una experiencia unificante, y producirá respuestas emocionales positivas de distinta cualidad e intensidad, las cuales, de ordinario, son llamadas amor. En cambio, las experiencias que sean interpretadas como una amenaza a una o más ideas del sí mismo, estas serán desorganizativas y producirán respuestas emocionales negativas de miedo y cólera.

Tanto las reacciones afectivas positivas como las negativas actúan para reforzar y mantener la organización dinámica de ideas; el individuo reaccionando a la situación total lo mejor que puede, se moverá en la dirección de una mayor unidad y consistencia interna desde su propio punto de vista.

La respuesta fisiológica del organismo, resultante de la interpretación de lso estímulos externos e internos como fuerte apoyo a las ideas del sí mismo (amor) es una poderosa fuerza unificadora que, cuando es genuina y duradera, dejará ver sus efectos en la fuerza y composición nuclear produciendo cambios importantes en la conducta del individuo. Por otra parte, toda experiencia que sea interpretada por el individuo como una severa amenaza a las ideas del sí mismo, producirá respuestas fisiológicas desagradables, las cuales son comúnmente conocidas como odio y cólera.


  • Mecanismos dinámicos

La resistencia es determinada por la estructura nuclear (ideas del sí mismo), y sus configuraciones específicas están relacionadas con la distribución de las ideas positivas y negativas. Las experiencias que se perciben como amenaza a la unificación serán resistentes, ya que su asimilación requeriría reorganizar el núcleo.

La represión se produce cuando nuevas ideas o sentimientos son interpretados como amenazas a la organización existente. La distorsión y el simbolismo del sueño, la disociación, los chistes, el error (lapsus) y otros fenómenos pueden ser interpretados en términos de la dinámica de la organización nuclear y del afán por mantener la unidad, en aquellos casos en que las ideas inconsistentes reflejen fenómenos de desorganizaciones.

El infantilismo y la fijación reflejan una falta de reorganización en respuesta a los procesos madurativos normales; es decir, el núcleo se compone principalmente de ideas del sí mismo infantiles o inmaduras.

El conflicto es un fenómeno natural, un proceso en el que, mediante la asimilación constante de nuevas ideas y actitudes, la concepción que el individuo tiene de sí mismo va evolucionando constantemente a medida que aprende a definirse en términos de ideas más coherentes tanto consigo mismo como con la realidad. El conflicto únicamente es patológico cuando los fenómenos de desorganización se hacen tan agudos que destruyen la unidad y causan disolución del sí mismo.

La racionalización es un proceso en el que se intenta conservar la unidad de la organización de ideas mediante un método de auto-justificación, por el que se dan razones intelectuales que expliquen pensamientos o actos inconscientemente motivados. Una excusa plausible nos permite conservar las apariencias de autoconsistencia.

El pensamiento, el ensueño y los sueños en menor grado, son procesos dinámicos mentales que suponen una reorganización y recombinación de ideas reguladas por la necesidad de unidad y autoconsistencia.

La identificación se produce cuando se asimilan en la estructura nuclear ideas compuestas de interpretaciones de cualidades envidiables o admirables en otras personas o instituciones, con la consiguiente extensión del sí mismo.

Los sentimientos de inferioridad tienen su origen en áreas del comportamiento en las que la persona es incapaz de conservar una o más ideas del sí mismo. Una vez que se ha asimilado una idea negativa, la persona se comportará de modo consistente con su autoevaluación negativa. Entonces se producirá una restricción del campo de la conducta, y las actitudes negativas invadirán progresivamente la composición nuclear hasta resultar en una estructura neurótica o menos organizada.

La proyección describe el proceso de esforzarse por mantener la unidad y autoconsistencia atribuyendo a los demás las idas y complejos que pertenecen a uno mismo. Cuando se da en grado patológico, puede llevar a una composición nuclear enferma caracterizada por delirios lógicamente sistematizados, como en la psicosis.

La introversión caracteriza a un tipo de composición nuclear en el que hay una tendencia a interpretar subjetivamente el medio ambiente, tomando al sí mismo como un punto de referencia.

En la extraversión, la composición es mucho más sensible a la estimulación externa y mucho menos dependiente del punto de vista subjetivo.

El cumplimiento de deseos supone la satisfacción vicaria del afán de unidad a través de sueños y fantasías. Los deseos frustrados se reflejan en interpretaciones compensatorias de la experiencia.



  • Consideraciones teóricas

El sistema expuesto se compone de constructos o abstracciones conceptuales deducidas para explicar relaciones observadas. Estas concepciones no tienen realidad objetiva, y para nuestros propósitos no es demasiado importante conocer la naturaleza de las realidades implicadas, ya que el sistema psicológico versa sobre ideas, actitudes y valores que son emergentes (gestalten), productos del desarrollo, y que no pueden ser explicados ni traducidos directamente a sus elementos morfológicos o fisiológicos. El sistema psicológico es completo en sí mismo, y puede ser comprendido en términos de las evaluaciones subjetivas de las unidades de experiencia.


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