Tema 17: Orígenes y causas de las guerras



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TEMA 17:

Orígenes y causas de las guerras.

Cuando se habla de una guerra debemos decir causas ya que, por lo general, una guerra es la consecuencia de varias causas y no de una única.

Para abordarlas haremos una doble clasificación:


  • temporal: causas inmediatas, a corto plazo o largo plazo,….

  • Temática:motivos económicos, religiosos, políticos, étnicos,….

Es difícil definir de una manera sencilla cuáles son las causas de las guerras. Es causa y motivo de discusiones, estudios, ensayos. Para unos, el hombre es agresivo por naturaleza motivo por el cual ha sobrevivido y evolucionado en un entorno hostil, para otros es algo intrínseco con su naturaleza, una forma de dominio que se ha transmitido de forma cultural través de los siglos y que no parece que vaya a cambiar en un futuro. Lo cierto es que incluso hay libros que explican la Historia de la humanidad a través de las guerras.

Al hablar de causas podemos indicar un aspecto: no existe nunca una sola causa para explicar una guerra, siempre hay varias y unas están subordinadas a otras.

En este apartado haremos una doble clasificación. Para empezar estudiaremos las causas según un criterio cronológico, es decir, si son causas inmediatas, a corto o a largo plazo, o dicho de otra forma, inmediatas, lejanas o remotas. La segunda clasificación es más reveladora, hablaremos de los motivos de las guerras desde un punto de vista temático, así analizaremos causas económicas, ideológicas, políticas o religiosas.



1. Causas inmediatas, a corto plazo y a largo plazo.

Por causas inmediatas entendemos el motivo último que ha suscitadoel enfrentamiento, es decir, la chispa que ha encendido la mecha, o dicho de una manera más técnica el cassus belli, la causa de la guerra. Suele ser la causa más superficial y evidente pero no es, de ninguna manera la más importante. Si comparamos las causas de las guerras con un iceberg, las causas inmediatas son sólo la parte visible del bloque de hielo. Sin las otras no se entendería el estallido bélico. Si nos remitimos a la I Guerra Mundial la chispa o cassus belli sería el asesinato del archiduque Francisco Fernando en

Sarajevo el 28 de junio de 1914, pero este hecho aislado no nos dice nada, ni nos explica por qué la guerra tardó en estallar un mes desde el magnicidio. En la Guerra Civil Española sería el golpe de Estado de los militares rebeldes contra la República entre el 17 y el 18 de julio de 1936, golpe que al triunfar sólo en la mitad del país dividiría a España en dos mitades que se enfrentarían en una guerra sin cuartel de casi tres años de duración. En la II Guerra Mundial la causa inmediata fue la invasión de Polonia por Alemania el día 1 de septiembre de 1939 y la declaración de guerra por parte de Francia y Gran Bretaña a los alemanes el día 3 del mismo mes.

Por el contrario las causas a corto plazo, conocidas también como causas próximas, nos aclaran mucho más el fenómeno porque nos aportan mucha información sobre el contexto en el que se sitúa el estallido bélico. En el caso de la I Guerra Mundial las causas a corto plazo fueron el encuadramiento de los distintos países europeos en dos coaliciones militares secretas y enemigas, las distintas rivalidades económicas, militares y territoriales entre los distintos países antagónicos y el papel de los nacionalismos. Aquí encontramos una explicación más completa de los hechos. Si tratamos la Guerra Civil Española, por seguir con los ejemplos que poníamos antes, las causas a corto plazo serían la creciente tensión y radicalización de la vida política en el país, los enfrentamientos ideológicos previos que se enmarcan en el panorama que se está viviendo en Europa en los años treinta y la pérdida del poder por el bloque conservador al salir derrotado en las elecciones del 16 de febrero de 1936. En la II Guerra Mundial las causas a corto plazo fueron el expansionismo territorial de Hitler y sus aliados y la política de apaciguamiento por parte de Francia y Gran Bretaña que cedían ante Hitler en cada nueva incorporación territorial con la intención de evitar el estallido de una nueva guerra en Europa.

Para terminar hablaremos de las causas a largo plazo conocidas también como causas lejanas o remotas, aquellas que se remontan muy atrás en el tiempo y que explican las raíces más profundas del conflicto, a menudo estas motivaciones están ocultas por su lejanía con respecto al estallido bélico, pero complementan o aclaran muchas de las causas a corto plazo. En la I Guerra Mundial las causas remotas se pueden enmarcar en un pasado tan lejano como 1871 cuando Bismarck, canciller alemán, derrota a los franceses en la guerra francoprusiana, poniendo todo su énfasis a partir de ahí en aislar a

Francia y formando con todos los grandes países alianzas militares que tenían como único objetivo aislar a Francia para que ésta no pudiera presentar la revancha. Para empujar a los distintos países a aliarse con Alemania Bismarck no duda en hacer ver el riesgo inminente, pero falso, de una guerra europea, lo que por otra parte genera una

desenfrenada carrera de armamentos. Con tres sucesivos sistemas de alianzas consigue el Canciller de Hierro sus propósitos. Cuando en 1890 abandona la cancillería alemana sus sucesores no pudieron, o no quisieron, manejar las alianzas militares de la misma forma y así Francia rompe su aislamiento y se aproxima primero a Rusia y más tarde a Gran Bretaña, formándose así una alianza militar frente a la Triple Alianza de Alemania, Austria-Hungría e Italia. Casi todos los países europeos acabaron entrando en uno de los dos bloques y cualquier fricción podía haber desencadenado el conflicto que al final estalló a causa del asesinado de Francisco Fernando de Austria en Sarajevo. En la Guerra Civil Española podemos aludir a varias causas a largo plazo: el papel del Ejército que se hace cada vez más conservador y antidemocrático, la pérdida del poder por los sectores conservadores tradicionales al proclamarse la II República, la profunda desigualdad en el reparto de los bienes y las tierras y la política reformista acelerada de los gobiernos de izquierda durante la República que pretendieron en muy poco tiempo y de forma brusca cambiar las estructuras y el reparto de la propiedad en el país. Por último las causas a largo plazo de la II Guerra Mundial están implícitas en los tratados de paz que ponen fin a la Gran Guerra: el castigo excesivo y humillación de Alemania con el tratado de Versalles crearán el caldo de cultivo favorable para el ascenso del fascismo que tras la convulsión de 1929 encontrará el momento propicio; el fracaso de la Sociedad de Naciones (o Liga de Naciones) para mantener la paz a lo largo de los años treinta al

carecer de fuerza operativa por la ausencia de países como Estados Unidos y la actitud

poco dura de esta organización para con países que violaban claramente la paz: Japón o

Italia; por último la desorganización económica que genera la crisis de 1929 y su

extensión por Europa y el resto del mundo.

Causas económicas, ideológicas, políticas y religiosas.

Esta nueva clasificación de las causas de las guerras no se basa en criterios cronológicos sino temáticos y son más concretas que las causas de tipo cronológico.

Qué duda cabe que las causas económicas son las más antiguas de todas, desde que el mundo es mundo las guerras se han hecho para conquistar territorios, bienes o personas de países ajenos y la guerra de rapiña es la forma más antigua de enfrentamiento. En todo tipo de conflictos encontramos siempre las causas económicas, o bien porque son el detonante o bien porque para ir a una guerra hay que hacer cuentas y ver si compensa o no el enfrentamiento. Los cálculos que se hacen antes de un conflicto son, a menudo erróneos, pues n se sabe de antemano cuánto va a durar y cuanto va a costar. El siglo XX no es ajeno a estas consideraciones y las causas económicas siguen teniendo un peso destacado, y lo seguirán teniendo. La relación entre conflictos armados y recursos o bienes naturales esenciales para la supervivencia es profunda. Sin tener que pensar mucho todos podemos asociar el control del petróleo con alguna guerra más o menos próxima. Este tipo de causas tenderá a ser cada vez más importante a medida que los recursos naturales esenciales escaseen, y en el siglo XXI será la clave para entender muchos enfrentamientos.

En el primer gran conflicto del siglo XX, la I Guerra Mundial, las causas económicas son importantes. Gran Bretaña había sido la gran potencia industrial de Europa hasta finales del siglo XIX, y abastecía de productos elaborados a casi todo el continente, pero desde los inicios del XX tiene que sufrir el espectacular desarrollo de la industria alemana y su sustitución en los distintos mercados europeos. La política económica alemana era, además, agresiva, era un país proteccionista pero que fomentaba la exportación y la conquista de mercados por todos los medios posibles, los alemanes van a sustituir a los ingleses como abastecedores de Francia, Bélgica, Holanda, Rusia...

Además, la competencia entre empresas de distinta nacionalidad para conseguir contratos millonarios en terceros países para financiar ferrocarriles, barcos... determinan también la actitud de los distintos gobiernos. Dejamos aquí de lado las distintas ambiciones territoriales de los países contendientes pero no solamente mueven esas rivalidades ideas o principios nacionalistas, en el fondo es el dominio económico sobre materias primas, mercados… lo que está en juego. En el caso de la guerra de Biafra en Nigeria es el control del petróleo en la zona costera del país el detonante del conflicto entre el sur (Biafra) donde se encuentran los principales yacimientos y el gobierno central de Nigeria.

También en torno al petróleo podemos explicar la primera guerra del Golfo que libró la comunidad internacional liderada por Estados Unidos y bajo los auspicios de la ONU contra Sadam Hussein el dictador iraquí en el 2 de agosto de 1990 decidió invadir Kuwait, un pequeño emirato situado sobre una inmensa bolsa de petróleo. Estados Unidos, potencia hegemónica ante el colapso de la Unión Soviética, no podía permitir eso y la guerra se encaminó a liberar el territorio y a obligar a la retirada iraquí. Sin la

existencia del petróleo difícilmente se hubieran producido ni la invasión ni la rápida

respuesta de la comunidad internacional.

En cuanto a las causas ideológicas son fundamentales para explicar algunos conflictos, pero no todos. Por causas ideológicas entendemos el desarrollo teórico de una corriente de pensamiento y esta ideología puede o no cuestionar la realidad preexistente y proponer una visión nueva de la realidad y en ese contexto chocar con ideologías anteriores. Las causas ideológicas son fundamentales para entender el estallido de la Guerra Civil española pues en este conflicto confluyen, por lo menos tres ideologías diferentes y algunas de ellas excluyentes: la democracia parlamentaria, el fascismo y el marxismo internacionalista. Salvo en el caso del parlamentarismo las otras dos necesitan de la aniquilación de las demás para poder desarrollarse. Si nos vamos a la II Guerra Mundial está claro que repetimos nuevamente el mismo esquema, sólo que ahora el comunismo se alía provisionalmente con las democracias para derrotar al fascismo. De la misma forma el largo periodo de la guerra fría no tendría explicación posible sin las dos ideologías que sustentan a cada uno de los dos bloques enfrentados. También el largo proceso de independencia y descolonización de los imperios coloniales europeos, no se entendería sin la ideología nacionalista que anima el sentido de identidad propia frente al ocupante y que, desde el punto de vista político, se materializará en la aparición de partidos nacionalistas que serán el verdadero motor para conseguir la independencia de esos pueblos. El triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua en 1979 también se entiende si comprendemos la ideología que los sustenta y la realidad del país.

Muy relacionadas con las causas ideológicas y difíciles de separar de ellas son las causas políticas que realmente suponen la puesta en práctica de las ideologías. Así, la ideología nazi (superioridad de la raza aria, expansionismo territorial, el culto al líder…) se pone en pie una vez que el partido de Hitler llega al poder, eso es la política, aunque, por otra parte, no siempre la política es un fiel transmisor de la ideología. Dentro de las causas políticas se incluyen también todas las actuaciones y pasos que dan los distintos gobiernos en el camino hacia la guerra: la anexión de un territorio, la provocación al enemigo, la aprobación de determinada medida discutida…

Las causas religiosas han sido importantes históricamente y han explicado destacados movimientos y guerras: la reconquista en la España medieval, las cruzadas, las guerras de religión en la Europa de los siglos XVI y XVII…En las guerras del siglo XX el peso de la religión ha disminuido considerablemente y los factores religiosos simplemente se unen a la ideología o subrayan la identidad de un movimiento nacionalista. Su incidencia en las dos guerras mundiales no fue especialmente relevante si lo comparamos con otros factores. En la guerra de Argelia por su independencia contra

Francia el Islam se convierte en un ingrediente importante que subraya y potencia la identidad argelina frente al ocupante, pero no porque el ocupante sea cristiano sino para marcar distancia con respecto a la metrópoli. El largo conflicto árabe-israelí no es en esencia un conflicto religioso, la religión es la excusa para determinadas acciones, pero en sí es una lucha por el territorio, la religión es sólo un ingrediente más que potencia la identidad y la exclusión de un bando frente a otro. En las tres guerras que la India y Pakistán han mantenido desde su independencia en 1947 sí ha tenido un importante papel la religión: la división de la India británica entre los dos estados fue hecha con criterios religiosos, de la misma manera la disputa en torno a Cachemira debe ser solucionada de la misma manera para los pakistaníes, celosos musulmanes, mientras que la India, mayoritariamente hindú pero con un 20 % de musulmanes, quita peso a este argumento diciendo que es un país multirreligioso. En el conflicto que enfrentó a Irán e Irak entre 1980 y 1988 también encontramos un peso considerable de la religión: los dos son países musulmanes pero Irán pertenece a la rama chiíta y en Irak su gobernante Saddam Hussein es sunnita (la realidad religiosa de Irak es complicada, los chiítas suponen el 60% de la población pero en esta etapa están apartados del poder, los sunnitas representan el 40% y detentan los principales cargos).

Desde los años ochenta asistimos a un importante papel de la religión en los movimientos radicales islámico que abrazan con fuerza una visión extremista del credo musulmán y que tienen en el terrorismo islámico su última manifestación en el tránsito entre el siglo XX y el XXI.
Diferentes estrategias de guerra del siglo XX y naturaleza de las mismas.

El siglo XX ha sido calificado como el siglo de las guerras, de eso trata este tema que iniciamos con este apartado inicial. En un primer momento empezaremos con una introducción para calificar los conflictos en virtud de su intensidad y ver que la guerra es la última etapa de estos. Echaremos después un vistazo a las guerras del pasado siglo para meternos en ambiente. Tras esto nos meteremos en el núcleo del tema y veremos los distintos tipos de guerra, su naturaleza y sus estrategias, empezando por la guerra civil, seguiremos por la guerra de guerrillas y sus tipos y llegaremos al final al concepto de guerra limitada y guerra total, este último típico de las contiendas del siglo XX.



Distintos tipos de conflicto: las guerras.

a) Los conflictos y sus fases.

Entendemos como conflicto a las tensiones entre dos sectores que pueden o no desembocar en enfrentamiento armado. Las disputas entre dos partes pueden tratarse de

manera no violenta o de manera violenta y dentro de estas dos modalidades vemos varios niveles de intensidad. Los conflictos no violentos pueden ser latentes (que en potencia pueden llegar a hacerse abiertos) y manifiestos cuando la tensión es evidente pero no se ha llegado a un conflicto violento. Los conflictos violentos a su vez se dividen en tres tipos: crisis cuando se produce un riesgo coyuntural de enfrentamiento abierto; crisis severa cuando se vive un ambiente prebélico; y guerra que es ya el último estadio del conflicto. En esta última fase de un conflicto, la guerra, es en el que nos vamos a centrar para el desarrollo del presente tema.

b) Un breve vistazo al siglo XX: el siglo de las guerras.

Por guerra entendemos: una forma violenta de dirimir un conflicto entre sociedades humanas recurriendo a la lucha armada. Generalmente se llama así al enfrentamiento organizado y no ocasional ente dos o más ejércitos. Esta definición vale para cualquier guerra o enfrentamiento de la historia de la humanidad, pero adopta connotaciones nuevas en el siglo XX. Al siglo pasado se le suele considerar una centuria muy violenta, es cierto, durante la I G. Mundial perecieron 10 millones de personas, durante la II G. M. 55, y desde 1945 hasta principios del siglo XXI ha habido entre 25 y 45 millones de muertos en numerosos conflictos, una veintena de los cuales siguen abiertos hoy, pero no son noticia, son los llamados conflictos olvidados. En total podemos calcular de manera muy poco precisa que pueden haber perdido la vida en todo el siglo pasado más de 100 millones de personas.

La generalización de las guerras queda confirmada con el dato de que desde 1945, el final de la segunda contienda, sólo 63 países del mundo han estado exentos de conflictos armados, y el 90 % de esos enfrentamientos bélicos se han desarrollado en el denominado Tercer Mundo.

Si nos fijamos en la última década del siglo XX podemos encontrar otro dato significativo, tras el hundimiento del comunismo se han incrementado los conflictos intraestatales (guerras civiles), mientras que los conflicto interestatales (donde participan dos estados distintos) se mantienen con la misma frecuencia que durante la Guerra Fría, eso tal vez sea debido a que muchos conflictos potenciales entre dos países no llegan a la fase violenta por la mediación o intermediación de otros estados o de organizaciones como la ONU, la Unión Europea…

Otra idea importante es que con frecuencia la guerra tiene que ver con el grado de desarrollo tecnológico, a mayor grado de desarrollo le corresponde un mayor comercio mundial y esto conlleva menos guerras entre estados. Dicho de otra forma –y repitiendo lo que decíamos más arriba- los conflictos se producen sobre todo en países pobres, y esos enfrentamientos son más violentos que los que ocurren en los países ricos. En los países desarrollados las causas de los conflictos son fundamentalmente tres: secesión de un territorio, lucha por mantener el poder a nivel internacional o la lucha por el control de los recursos naturales.

Por último apuntar que aunque no nace ahora, sí adquiere cada vez mayor importancia un tipo de conflicto muy específico: el terrorismo internacional y la lucha contra él, que en un futuro inmediato parece que va a tener mucha importancia.




Tipos de guerra y su naturaleza.

Tras una primera definición de la palabra “guerra” y la profusión del fenómeno a lo largo del siglo XX, pasaremos ahora a definir o aproximarnos a los distintos tipos de guerras: civil, de guerrillas, limitada y total.



a) La guerra civil.

Es el enfrentamiento armado que se produce entre dos sectores en el interior de una misma sociedad o país, quedando el territorio dividido en dos y prolongándose el enfrentamiento armado hasta la victoria de una de las dos partes y la desaparición o eliminación de la contraria. Ejemplos de este tipo tenemos la Guerra Civil Española desarrollada entre 1936 y 1939 y cuyo resultado acabó con la experiencia democrática y parlamentaria e inauguró un régimen dictatorial que estaría vigente casi cuarenta años.

Otro ejemplo de guerra civil fue la Guerra Civil China que se desarrolló en dos fases (1927-1937 y 1946-1949) y acabó con el triunfo del Partido Comunista Chino sobre el Partido Nacionalista Chino. Los efectos de una guerra civil sobre la población son devastadores ya que el frente se encuentra siempre dentro del propio país y a menudo se va desplazando y afectando a las distintas zonas. Además, debido a las características de

las guerras del siglo XX, donde participa toda la población en el esfuerzo bélico, los efectos de las guerras llegan a todos los rincones.

A menudo en una guerra de este tipo las distintas potencias con intereses en la zona apoyan a uno u otro bando, ya bien sea por afinidad ideológica, intereses estratégicos o cualquier otro motivo, contribuyendo con este hecho a la prolongación del conflicto al aportar armas y recursos casi siempre inagotables a las dos partes en liza.

Realmente la guerra es un negocio para muchos sectores.

En algún caso concreto el enfrentamiento civil está motivado por el intento de secesión o separación de una parte de ese estado con la intención de conseguir la independencia y constituir un estado separado, un ejemplo de esto lo tenemos en la guerra civil de Nigeria (1967-1970), llamada también guerra de Biafra por el frustrado intento de separación de esa zona de Biafra del resto de Nigeria. Un caso similar ocurrió en el Congo con la llamada guerra de Katanga. En algunos casos, más bien excepcionales, el territorio que opta por la independencia logra triunfar, un ejemplo de este hecho lo encontramos en la independencia de Eritrea que tras varios enfrentamientos consigue su independencia de Etiopía.

Casi todas las guerras civiles acaban con la derrota de uno de los dos bandos que es eliminado y, por tanto, no acaba en una firma formal de un tratado que ponga fin a la contienda.

Tras una guerra civil la economía queda arrasada y los bienes más imprescindibles escasean dando lugar a una dura posguerra, etapa más o menos larga de hambre y privaciones cuya duración dependerá de las características del país.

La imposición de una parte de la sociedad por la fuerza a la otra parte raramente acaba en una reconciliación inmediata, siendo frecuentes los ajustes de cuentas, venganzas y regímenes de terror sobre el enemigo derrotado.



b) La guerra de guerrillas.

Por “guerrilla” se suele entender comúnmente a una partida de hombres armados que se echa al monte y lleva a cabo escaramuzas y ataques sorpresa contra un ejército extranjero o no que domina un territorio. Aunque hay precedentes anteriores el término tiene su origen en la lucha que durante la Guerra de la Independencia llevaron a cabo los guerrilleros españoles contra el todopoderoso ejército de Napoleón.

Cuando hablamos de guerra de guerrillas aludimos al enfrentamiento entre un ejército regular, casi siempre extranjero, imbatible en campo abierto y que domina un territorio. La única manera de presentar batalla por parte de la población ocupada es a través de una guerra de guerrillas, partidas coordinadas que plantan cara al ocupante a través de ataques sorpresa, golpes de efectos, sabotajes, ataque a convoyes y suministros… nunca una guerrilla ganaría en campo abierto al ejército ocupante, porque como podemos deducir de lo anterior la desigualdad entre los dos bandos es manifiesta.

Una característica importante de la guerra de guerrillas es que estas partidas están integradas por voluntarios o irregulares, es decir, no son militares profesionales y su adiestramiento y organización son muy deficitarios. Sólo en contadas ocasiones un movimiento guerrillero puede llegar a convertirse en un verdadero ejército y eso es debido los apoyos exteriores. Un ejemplo de esto es el movimiento del vietminh que en Vietnam dirigió la lucha contra el Ejército Francés y al final incluso lo derrotó en campo abierto (batalla de Diem Biem Phu).

Otro rasgo es que para que exista el movimiento es importante que cuente con importantes apoyos populares ya que los guerrilleros deben abastecerse de todo lo necesario para su subsistencia entre los habitantes de la zona. Es precisamente ese uno de sus puntos débiles y la tentación de cortar los suministros por parte del ejército ocupante es la reacción lógica a ese hecho. Un ejemplo de esto, pero no el único, lo tenemos en la guerra de Vietnam donde los americanos desplazaron a un gran número de aldeanos a zonas fáciles de defender y fáciles de controlar para cortar así las conexiones con el movimiento insurreccional para forzar su aislamiento. De todas formas todos estos intentos suelen ser infructuosos porque para que exista un movimiento guerrillero la causa que defiende este suele contar con un amplio apoyo popular.

Los movimientos guerrilleros desarrollan una guerra intermitente, conocen perfectamente el terreno, cuentan con importantes apoyos populares, pero no siempre están movilizados. Tras un golpe suelen desaparecer como por arte de magia para reaparecer al cabo de un tiempo y a veces en otro lugar. De esa manera el ejército ocupante se enfrenta a un enemigo sin rostro que golpea aquí y allá sin dejar ni rastro. La alternancia entre periodos de actividad y de inactividad unas veces viene determinada por los recursos y necesidades y otra por un calculado efecto sobre el enemigo. A este enemigo sin rostro que ataca y desaparece no se sabe como contrarrestarlo y esto mina la moral del ejército profesional y la guerra de nervios que esto genera beneficia claramente a los guerrilleros, hablamos entonces de guerra psicológica. Ejemplos de esto lo encontramos en casi todas las guerras de guerrillas: guerra de Indochina y guerra de Argelia contra los franceses, guerra de Vietnam contra los americanos…

Las guerrillas suelen tener otra baza a su favor y es el tiempo. En general el tiempo trabaja a su favor, cuanto más dure un conflicto más difícil es que lo gane la potencia ocupante y eso es debido a varios factores: la guerra psicológica hace que, como hemos visto antes, la moral sea baja al tener que enfrentarse con un ejército fantasma; por otra parte la opinión pública del país del ejército ocupante suele ponerse nerviosa cuando un conflicto dura más de la cuenta, esto suele ir parejo con la impopularidad creciente de la guerra que hace que se exploren otras alternativas negociadas que en cualquier caso benefician la causa de los movimientos rebeldes. Además de los ejemplos anteriores podemos incluir la guerra de descolonización de Indonesia contra los holandeses, la guerrilla de los Mau Mau en Kenya contra los ingleses…

Como podemos deducir de lo anteriormente expuesto esta forma de guerra se va a convertir en la más usual en la lucha por la independencia de los territorios colonizados por los europeos y que después de la II Guerra Mundial van a reclamar abiertamente su emancipación. Si la metrópoli opta por negociar y retirarse del territorio no suele haber problemas, el problema se presenta cuando la potencia colonial se encastilla en una negativa a cualquier posibilidad de independencia, es entonces, cuando esta debe conquistarse por la fuerza y dadas las posibilidades de partida de los dos bandos la guerra de guerrillas es la única salida.

A menudo la guerra de guerrillas es utilizada también por movimientos revolucionarios de signo comunista para acabar con un régimen capitalista y esta forma de enfrentamiento se convierte, además, en la estrategia elegida para extender la ideología citada, hablamos entonces de guerra revolucionaria. El ejemplo más claro lo tenemos en Cuba, la revolución cubana acabó con el régimen dictatorial y capitalista de Batista y revolucionarios como Fidel Castro, que al principio no era comunista, consiguieron el poder en 1959 tras varios años de luchas guerrilleras. Esta estrategia fue utilizada también para exportar el comunismo al continente americano por Ernesto Che Guevara. Como vemos no se trata de una guerra de independencia sino guerras revolucionarias para acabar con el poder constituido. Será muy típico este modelo de guerra revolucionaria en América Latina. Incluso hoy en día siguen existiendo movimientos de este tipo (las FARC en Colombia) pero están en franco retroceso.

El recurso que se encontrará en plena guerra fría para frenar este tipo de movimientos revolucionarios por parte de los gobiernos de los distintos países con apoyo de Estados Unidos será una forma de guerra que se llamará contrarrevolucionaria o contrainsurgente y consiste, de manera muy simple, en utilizar las mismas armas que los revolucionarios: partidas armadas, apoyo popular… y además un fuerte apoyo económico y militar por parte de Estados Unidos y los distintos gobiernos especialmente interesados en el freno del comunismo. Esta táctica será importante, por ejemplo, para luchar contra el gobierno sandinista de Nicaragua que se hizo con el poder a través de una revolución en el año 1979.

Por último señalar el parentesco que existe entre la guerra de guerrillas y el terrorismo. En ambos casos se pretende una guerra psicológica, la desestabilización del poder y provocar la represión por parte del ejército regular para así, a través del descontento popular por estas acciones de castigo sumar más adeptos a la causa.

c) Guerra limitada y guerra total.

Otra clasificación de las guerras es ver si las contiendas son limitadas o totales.

Por guerra limitada entendemos el tipo de guerra que, con algunas excepciones, se dio en el Antiguo Régimen y que duraría hasta el último tercio del siglo XIX. Este tipo de enfrentamiento bélico se caracteriza por tener un alcance limitado, prácticamente la guerra afectaba casi exclusivamente a los ejércitos y la población civil sólo veía alterada su cotidianidad por la subida de impuestos que la guerra generaba. Está claro que las víctimas eran casi exclusivamente militares. Podemos situar en Europa en la guerra francoprusiana de 1870-71 como la transición entre este tipo de guerra limitada y la guerra total que encontraría casi medio siglo después con la I Guerra Mundial su máxima expresión. En la guerra limitada los avances tecnológicos que el desarrollo científico aporta a la guerra son llevados a cabo por empresas o científicos que a nivel particular proponen al ejército determinadas innovaciones, limitándose los estados a comprar y desarrollar esas innovaciones.

Pero el término guerra limitada tiene también otra acepción y es aquella contienda que se circunscribe a una zona concreta y que no se generaliza o extiende por otros territorios, a este enfrentamiento se le llama también guerra localizada.

Pero desgraciadamente el siglo XX se caracteriza por un tipo de guerras totalmente distintas: la guerra total. El término fue utilizado por primera vez por el teórico de las guerras Clausewitz y de manera más o menos simple significa que toda la población se vuelca con el esfuerzo bélico, no solamente los ejércitos sino también la población civil. El papel de los estados es ahora mucho más activo, los gobiernos se vuelcan con las guerras y derivan gran parte de sus recursos a fines bélicos, sobre todo a financiar a científicos e investigadores que pueden aportar nuevas armas más eficaces para batir al enemigo. Los recursos de los estados provienen de la población que además de pagar tributos para sostener el esfuerzo bélico ahora se ve, de manera masiva, reclutada para crear ejércitos inmensos. Otra característica importante es que en Europa, Estados Unidos y Japón se ha producido en el último tercio del siglo XIX la llamada segunda revolución industrial y la capacidad de producción de armas y productos para las guerras ha crecido de manera espectacular, sin este dato no entenderíamos el coste económico tan grande que suponen las guerras del siglo XX.

Qué duda cabe que es la I Guerra Mundial el primer conflicto donde se ponen en marcha de manera generalizada todas estas características. Que los avances científicos son la base para mantener la supremacía sobre el enemigo lo prueban la gran cantidad de armas que o bien se perfeccionaron o bien se inventaron durante la contienda. Un lugar especial lo ocupan las armas químicas, especialmente la utilización de gases por los militares alemanes para diezmar al enemigo, todo un numeroso equipo de científicos fue puesto a trabajar por el Estado alemán para romper las líneas enemigas, de la misma manera los aliados tienen que desarrollar rápidamente armas similares y perfeccionar la defensa frente a estos ataques.A los gases podemos añadir todo tipo de armamentos:

cañones de más precisión y más mortíferos, perfeccionamiento de aviones y submarinos, utilización de tanques, sobre todo al final de la contienda.

Con el ejemplo expuesto podemos ver que la población civil participa activamente en el conflicto, pero también se convierte en víctima. El aniquilamiento del adversario se entendía como destrucción física de combatientes y no combatientes, dicho de otra forma, la población no militar pasaba a ser objetivo militar. Se inicia aquí un fenómeno que caracteriza a las guerras del siglo XX y que define también a la guerra total: el número de víctimas civiles es más alto que el de militares y este fenómeno que vemos como algo perturbador no hará más que crecer a lo largo de la centuria pasada. Además otro enemigo se ceba en la gente que vive lejos del frente: el hambre y las privaciones, el destinar casi todos los recursos al frente hace que la retaguardia se hunda, el racionamiento no alcanza para garantizar la cantidad mínima de alimentos necesarios y las bajas crecen de manera espectacular. El descontento que esto genera provoca problemas a los gobiernos y en algunos casos ese estado de cosas llega a hacer caer a esos gobiernos, el caso más claro es la caída del zar y la revolución rusa.

En los años treinta se inicia una nueva carrera de armamentos y los conflictos de esa década auguran las nuevas barbaries que se verán en la II Guerra Mundial:

ocupación japonesa de Manchuria, invasión italiana de Etiopía, Guerra Civil Española…



La segunda gran guerra eleva a la máxima potencia las características que ya señalábamos para la primera. En esta contienda vemos una guerra total de principio a fin, pero con una capacidad de destrucción aún mayor. Además la existencia de regímenes totalitarios pone en marcha la eliminación sistemática de parte de la población propia, algo impensable en la Gran Guerra, así el exterminio de importantes contingentes de población por parte de Hitler o Stalin son lo más significativo, pero no los únicos. La gente común que había sido objetivo en la guerra de 1914 es ahora un objetivo ineludible. Los bombardeos aéreos alemanes sembraron el pánico en Londres y en otras ciudades durante la II Guerra Mundial, de la misma manera los ataques de la aviación aliada sobre ciudades alemanas produjeron un sufrimiento también difícil de justificar, el ejemplo de los bombardeos sobre Dresde es de sobra conocido, la ciudad quedó totalmente destruida.

El lanzamiento de las bombas atómicas americanas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto respectivamente, puso fin a la guerra en el Pacífico, ningún ejemplo es más significativo que este para entender qué es la guerra total. De la misma manera introduce al mundo en un tipo nuevo de guerra donde la disuasión y el equilibrio nuclear representarán la división del mundo en dos bloques contrapuestos en el contexto de la guerra fría.


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