Tema 14: la espiritualidad de la vida religiosa



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TEMA 14: LA ESPIRITUALIDAD DE LA VIDA RELIGIOSA
1. Referencias sobre la vida religiosa1.
En la vida consagrada los fieles cristianos bajo la moción del Espíritu Santo, buscan seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro2. En la Iglesia la vida consagrada aparece como un signo particular del misterio de la Redención; seguir a Cristo desde más cerca, manifiesta más claramente su anonadamiento y se experimenta más íntimamente el Corazón de Cristo en unión con todos los cristianos. Con su ejemplo de vida estimulan con un testimonio admirable a vivir el espíritu de las bienaventuranzas3.

La vida religiosa se distingue de las otras formas de vida consagrada por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraternal y por el testimonio de la unión de Cristo con la Iglesia. Es un don que la Iglesia recibe de Cristo y que se ofrece como un estado de vida estable; con este estado de vida la Iglesia puede manifestar a Cristo y reconocerse como Esposa del Salvador. Los religiosos colaboran con el obispo diocesano en su misión pastoral4.



Existen formas diversas de la vida consagrada: la vida religiosa, la vida eremítica, las vírgenes y la viudas consagradas, los institutos seculares y las sociedades de vida apostólica.
2. La consagración religiosa.
2.1. Generalidades sobre la consagración religiosa.
Sabiendo que en la vida religiosa hay muchos puntos de vista distintos, el P. Mendizábal plantea la consagración religiosa en la línea que marca el Concilio Vaticano II: a partir de su naturaleza íntima, en su núcleo fundamental:
“[...] la naturaleza íntima de la vida religiosa la presenta el concilio como una verdadera consagración a Dios, fruto de una llamada particular del Señor; una verdadera consagración que completa y perfecciona la consagración bautismal y una consagración que implica la observancia plena y radical de lo que se llaman consejos evangélicos: de esta manera nos constituye en una relación especial a Cristo en la Iglesia que es la que el concilio ha querido presentar como algo fundamental para la santidad y la vida misma de la Iglesia”5.
En la esencia de la consagración o de la profesión religiosa se encuentra una llamada de Dios al hombre; esta llamada consiste fundamentalmente en un descubrimiento de amor6: “[…] la virginidad es cuestión del corazón”7:
“La llamada no es una simple orden, sino que la llamada es una atracción. Una atracción de un valor grande, supremo, del cual respondo con una respuesta afectiva proporcionada, que es lo que arrebata a la persona, porque es digna de esa respuesta de la persona”8.
La respuesta de la persona a esa llamada de Dios será una respuesta de amor ante su ofrecimiento: para que se desarrolle todo el valor y el sentido profundo de dicha consagración se necesita un amor verdadero y afectivo: “La consagración religiosa es un misterio de amor: de amor a Jesucristo al alma y de respuesta del alma a Jesucristo. La vida cristiana no es una mera observancia de las leyes. La vida cristiana es una plenitud de amor. Es un diálogo de amor con Jesucristo.”9:
“Nosotros podemos querer sin que el Señor nos invite. El Señor puede invitar sin que nosotros aceptemos. La verdadera perfección de la consagración está cuando el Señor nos invita y nosotros aceptamos. Cuando el señor se nos muestra amable y nosotros recogemos esta invitación del Señor y le seguimos con una donación total, con el sacrificio total de nosotros mismos en una vida austera, sacrificada, pero toda ella suavizada por el aceite íntimo de este amor personal de Jesucristo”10.
La vida religiosa no se puede concebir como una negación de los sentimientos más profundos de la persona humana; no consiste en una renuncia al amor sino justamente lo contrario:
“Hay quien pregunta por qué a una religiosa le está prohibido el amar; por qué le está prohibido eso que pertenece a la esencia misma psicológica de la persona humana, que está hecha para amar. Pues no es ésta la pregunta justa. La pregunta justa sería otra: ¿Por qué a una religiosa se le manda amar tanto? Tanto, que deje todo lo demás. Tanto, que su corazón quede lleno y totalmente consumado en un sacrificio, en un holocausto, desde el principio de su día de la consagración, hasta el momento final de su muerte. […] Lo principal de la vida religiosa no es precisamente una vida de mortificación total, sino que lo principal es una vida de amor a Cristo. Una vida que podemos llamar con un autor del siglo XIII . Ese es el sentido de la vida religiosa. No es puramente reservarse, no es puramente pensar en sí mismo y cuidarse y procurar que no haya una mancha en uno mismo, sino que la consagración religiosa consiste en darse. Darse totalmente al Señor con una donación total; que no deja ninguna posibilidad de volver a tomar lo que hemos entregado a Jesucristo. Se lo damos todo. Como la Stma. Virgen se ofrecía a Jesús, con un amor virginal puro, en el cual el corazón está abierto hacia sólo Dios. Y este es el lema que debe estar escrito sobre el corazón de un alma consagrada: Sólo Dios, sólo Dios. No porque estas cosas de la tierra no sean hermosas; son muy hermosas. No porque la vida de familia no sea magnífica y agradable al Señor, sino porque el Señor con una predilección especial nos ha llamado a algo más alto, a una donación más plena, a una renuncia más perfecta; y eso es lo que está debajo de los tres votos”11.
Es preciso estimar la vida religiosa en la vida concreta y en la vida comunitaria de la Iglesia: aunque la vida consagrada supone grandes sacrificios en el seguimiento a Cristo, es ante todo un amor grandemente manifestado:
2.2. Una nueva y verdadera consagración.
En el concilio se creó una discusión teológica en torno a la consagración bautismal y a la consagración religiosa: ¿el afirmar que la vida religiosa era una verdadera consagración no iba en contra de la santidad laical, habiendo creado como una casta aparte?, dado el carácter de consagración del bautismo, ¿todos los demás aspectos de la vida de la Iglesia debían considerarse simplemente como medios diversos para llegar a la santidad a la cual el bautismo nos había consagrado?: algunos querían eliminar del todo el término consagración aplicado a la vida religiosa y a otros les parecía que se insistía demasiado poco en él. La conclusión la encontramos en el capítulo 6 de Lumen gentium sobre la Iglesia12:
“[...] debe constituir el punto de partida y la base inconmovible para quien quiere hoy tratar la teología de la vida religiosa; es la doctrina más solemne y completa que hoy tenemos dentro de la tradición del magisterio eclesiástico sobre la vida religiosa, podemos incluso ver en ello la providencia del Señor: ante la crisis profunda de la vida religiosa ha querido dar una doctrina sólida y clara para superar esta crisis si se tiene verdaderos deseos de superarla”13.
El P. Mendizábal siguiendo la orientación conciliar de la constitución apostólica Lumen gentium, distingue la consagración bautismal y la consagración religiosa de la siguiente forma:
“La profesión de vida del cristiano no es necesariamente la de ejercitar las actividades propias de la Iglesia en nombre de ésta. Toda la actividad del cristiano tiene un cierto sentido de culto; es en efecto adoración en espíritu y en verdad; pero no es dedicación directa, próxima y exclusiva al culto formal. Todos los cristianos están obligados por el bautismo a cumplir la voluntad de Dios sobre ellos; pero la voluntad de Dios sobre cada uno es diversa; y no de todos pide que se dediquen a su culto formal con dedicación exclusiva [...].

La consagración se hace según un determinado grado de intimidad en la dedicación personal al culto”14.


La consagración bautismal se puede entender como el paso definitivo de lo pagano al culto de Dios; esta consagración definitiva al Señor no elimina la posibilidad de la existencia de otras consagraciones de ofrecimiento o de más dedicación en el seguimiento a Cristo que obligan a cumplir ese ofrecimiento bautismal15:
“La consagración constitutiva de la persona en sentido estrictísimo puede definirse como la acción especial de Dios a través de la acción litúrgica de la Iglesia (sea sacramento o sacramental) por la que la persona en su raíz íntima y posición personal queda perpetuamente dedicada a una determinada actividad de culto formal de Dios, y por la que es constituida sujeto ordinario capaz de recibir una depuración para el ejercicio de ese culto en nombre de la Iglesia”16.
La vida religiosa entendida como una verdadera y nueva consagración sería “[…] la Iglesia en ese miembro suyo [que] se ofrece en amor a Cristo su Esposo”17; el sentido y el fundamento de la nueva consagración religiosa radica en la íntima dedicación personal al Señor, como respuesta a la invitación de Cristo18:
2.3. La profesión religiosa.
En la constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la liturgia, entre los sacramentales de la Iglesia aparece la profesión religiosa: que es una acción litúrgica de entrega del fiel a Cristo y de Cristo al fiel19:

Después del Concilio, el ritual ha recalcado el sentido de la profesión perpetua o definitiva de uno de los sacramentales de la Iglesia; ha querido quitar importancia litúrgica a los primeros votos temporales y acentuar el valor litúrgico de la profesión definitiva20.

Como todo sacramento es una nueva consagración, también lo que se realiza en la profesión religiosa: una nueva consagración significa una nueva acción de Dios que introduce al más adentro de la atmósfera y de la esfera divina; ante ese amor que le atrae a la persona está llamada a entregarse a Dios para que sea introducida a una mayor intimidad y su vida sea expresión de esa intimidad vivida con Dios21; “[...] la consagración religiosa es la respuesta a un amor de particular predilección”22:
“[...] ser llamado a la intimidad de la vida religiosa es ser amado de nuevo con un amor de predilección que hay que reconocer como tal, que no significa desprecio de nada ni de nadie, que no significa gloria de cada uno de nosotros, sino que significa simplemente dignación incomprensible y misteriosa de Dios que quiere a esta persona en un grado de intimidad que le va a imponer unas exigencias que sólo la fuerza de la gracia le va a hacer cumplir”23.
La profesión religiosa como expresión de algo vivido interiormente no impide el perfeccionamiento de la persona humana, más aún, puede realizar y favorecer a la propia persona humana24:

Para ello, hay que hacer la profesión de los votos según el espíritu de los votos y no como algo que tengo que realizar y nada más: sería una deformación de la vida religiosa vivir un cierto nivel de pobreza como una mera práctica, vivir simplemente la continencia de la castidad y vivir la obediencia como una práctica donde yo no digo nada. La observancia de la pobreza, castidad y obediencia no amada, no aceptada en su sentido de amor a Jesucristo, en algunos puede ser causa de neurosis y de daño personal porque no tienen vocación25. Ante una auténtica llamada de Dios a la vida religiosa, la respuesta de la persona a tanto amor ofrecido y atrayente es la práctica de los consejos evangélicos:


“[...] en esa respuesta de la persona, la práctica de eso que llamamos los votos religiosos es la expresión de una respuesta de amor, de una realización de amor [...] según la luz de la fe, es una aceptación del valor, de la realidad que se presenta unida a una respuesta afectiva, que lleva consigo una entrega personal que se vive con esas características de pobreza, obediencia, de castidad”26.
3. El seguimiento corporal de Cristo.
3.1. El seguimiento a Cristo.
El P. Mendizábal presenta el llamamiento del joven rico y la parábola del tesoro escondido como descripción del seguimiento de Cristo: el joven que observa la ley tiene una necesidad de valores que le satisfagan; el Espíritu de Dios le impulsa a buscar y a ponerse en acción. La respuesta de Jesús: (Mc 10, 21); le ofrece la realización de esa tendencia de su naturaleza que le llevará a la perfección27:
“[...] las palabras del joven rico corresponden con la parábola de Jesús donde dice que el Reino de los Cielos se parece a un hombre que encontró un tesoro y por el gozo de haberlo encontrado (notemos bien la palabra: por el gozo de haberlo encontrado) fue, vendió todo lo que tenía y compró aquel campo para apoderarse de su tesoro. Y se hizo con él”28.
La parábola del tesoro escondido que está en el fondo del relato del joven rico nos muestra en el seguimiento de Cristo el haber encontrado un tesoro que apetece, que merece que uno venda todo lo que tiene por ello; su riqueza me lleva a renunciar a otras cosas que yo consideraba antes como tesoros y que no me realizan plenamente: sin dejar lo demás yo no puedo poseer el mejor tesoro29:
“¿Cuál es ese tesoro? Indudablemente es el Corazón del Señor. Entonces, ¿qué quiere decir? Que el Señor me muestra ese tesoro que es su Corazón como atracción y realización plena de mi personalidad, que sólo se realiza como personalidad en el amor, en la donación de sí mismo”30.
Cristo llena la capacidad de amar del hombre cuando la persona se entrega totalmente a él: a eso se la llama seguimiento corporal de Cristo; el hombre está hecho para darse, pero para darse a lo que es digno de aceptar ese don31:
“[...] [Cristo] la llena aún cuando su tendencia, su apetencia de tipo carnal, que acompaña la donación en el orden humano, queda no satisfecha, sino superada por una totalidad de autodonación personal exclusiva y perpetua. ¡Por una más profunda madurez autodonal de la persona humana!”32.
3.2. El consejo de vida apostólica33: la entrega total de sí mismo a Dios.
El fundamento de la vida consagrada no está en la simple práctica de los consejos evangélicos a hacer todo el bien del cual es capaz, ya que todo cristiano está llamado e incluso obligado sea cual sea su estado y sus circunstancias de vida a la santidad34: “[...] los consejos evangélicos en la vida religiosa no se pueden reducir a una simple práctica de esas virtudes más allá de lo obligatorio, sino que implican una entrega total de sí mismo a Dios con una práctica radical de esos tres consejos evangélicos”35.

Más que partir en la reflexión teológica de los tres consejos evangélicos siguiendo el concepto global de vida religiosa, podríamos hablar del consejo de vida apostólica: el consejo de seguimiento corporal de Cristo en virginidad, pobreza y obediencia36. El fundamento de la consagración no es el voto en sí mismo, no es la mera suma de los tres votos, es el estado apostólico de vida:


“Lo constitutivo de la vida religiosa como consagración es la profesión de vida: la adhesión personal-corporal a Cristo-en-la-Iglesia, públicamente ofrecida y prometida, la cual incluye constitutivamente el corazón indiviso en solo Dios con mancipación total y exclusiva (continencia), el real desprendimiento de los bienes y de cuanto secularmente está vinculado a la posesión de los bienes (pobreza) y la entrega total de la disposición de la propia vida en todos sus detalles a Cristo que actúa por el instrumento de su Iglesia (obediencia)”37.
3.3. El seguimiento de Cristo en la Iglesia.
La Iglesia no simplemente nos encomienda a una relación personal profunda, escondida, íntima con Dios sino que es Cristo en la Iglesia el que nos acoge, nos sella y nos consagra. El concilio, dice el P. Mendizábal, presenta la vida religiosa desde un amor y relación personal con Cristo en el misterio de la Iglesia en su aspecto radical; trae otros valores de la vida consagrada que lleva consigo una imitación de Cristo en su intimidad con él, como ser signo y testimonio escatológico38: la vida religiosa “[…] no vale tanto por ser signo sino que es signo porque vale tanto”39:
“[...] esa manera especial de tratar con Dios es visible y da testimonio de la presencia de Cristo cerca de nosotros; Cristo está tan cerca de nosotros que es capaz de polarizar una existencia humana, capaz de ser amado con amor exclusivo y total, capaz de dar sentido a una existencia”40.
Ya que se sigue a Cristo en la Iglesia, es la misma Iglesia la que se alegra de que haya hijos suyos que con su vida testimonien la verdad de Cristo en pobreza, castidad y obediencia, es la Iglesia la que se alegra de la existencia de la vida religiosa:
“Por eso la Madre Iglesia se alegra de que haya en su seno muchos hombres y mujeres que siguen más de cerca y muestran más claramente el anonadamiento de Cristo, escogiendo la pobreza con la libertad de los hijos de Dios y renunciando a su voluntad propia. Estos, pues, se someten a los hombres por Dios en la búsqueda de la perfección más allá de lo que está mandado, para parecerse más a Cristo obediente”41.
Si todos los cristianos están llamados y obligados a la santidad, objetivamente unos son más santos que otros en función de su mayor vinculación a Cristo como estado de vida, aunque subjetivamente la santidad se mide por la intensidad en la entrega de amor: en la vida espiritual se pueden dar grados distintos en la unión con Cristo en la Iglesia: “En cuanto a la profundidad y estabilidad del pacto con Cristo-en-la-Iglesia, se pueden admitir grados. Es lo que dice el Concilio: será más perfecta la consagración cuanto más representa la unión indisoluble de Cristo con su Iglesia”42.
4. Valoración de la vida religiosa.
La vida religiosa es una verdadera consagración a Dios que completa y perfecciona la consagración bautismal desde los consejos evangélicos; no es del mismo carácter o de la misma profundidad que la consagración bautismal; ahora bien, la consagración religiosa se asienta y profundiza la consagración bautismal en la persona llamada particularmente por el Señor a esta vocación. Dios introduce a la persona más adentro de la atmósfera y de la esfera divina con ese amor de predilección que le atrae a entregarse a Él, le invita a una vida de más intimidad con Él por amor desde una observancia más plena y radical de los consejos evangélicos.

Con la suavidad del aceite íntimo de ese amor personal de Jesucristo hay personas llamadas por Dios a una total donación, a un sacrificio pleno de nosotros mismos, a una mayor perfección en la consagración: no supone una renuncia al amor, sino un dejar algo bueno por algo mejor. Lo principal en la vida religiosa es el amor a Cristo y no una vida de negación o de mortificación.

La consagración religiosa consiste en darse totalmente al Señor como María: con un corazón abierto hacia sólo Dios. Las personas que toman este modo de vida de seguimiento corporal a Cristo están dedicadas exclusivamente a hacer que se encarne en ellas mismas la palabra de Dios y a darla a conocer manifestando al mundo este amor de Cristo.

Si todos estamos llamados a adorar a Dios en espíritu y en verdad, aquellos que están llamados a la vida religiosa se dedican con exclusividad al seguimiento corporal de Cristo. Ante tanto amor ofrecido y atrayente a través de una llamada, la persona se entrega totalmente a Cristo desde la práctica de los consejos evangélicos.

Los consejos evangélicos planteados como simples prácticas simbólicas suponen una deformación de la vida religiosa falseando la vocación: cuando la castidad, la pobreza y la obediencia no son aceptadas en su sentido de amor a Jesucristo pueden ocasionar neurosis y daño a las personas. Cuando el tesoro del corazón humano es el Corazón del Señor, apetece y atrae renunciar a otras cosas que antes consideraba apreciables y que ahora experimento que no me ayudan a realizarme plenamente.

El consejo de vida apostólica es el que siguen los llamados a la vida religiosa en la entrega o adhesión personal-corporal a Cristo en la Iglesia, públicamente realizada y prometida, desde un corazón indiviso siguiendo a Jesucristo pobre, casto y obediente. Esta vocación no es obligatoria para todos, es un estado de vida nuevo, definitivo, estable y de entrega total a la que están algunos invitados desde el amor personal de Cristo.

La virginidad consiste en poner el corazón sólo en Cristo con un amor generoso y total: sólo Él le basta, sólo en Él descansa afectivamente. Esta relación esponsal trae la renuncia al amor conyugal y como consecuencia la renuncia a la unión carnal y a los placeres de la carne no considerados como viles, malos o poco santos, sino como dignos del hombre porque son obra de Dios.

La virginidad no es encerrarse en sí mismo en una postura egoísta sino es abrirse a Dios para adquirir las dimensiones de Dios en la inmensidad de horizontes del Corazón de Cristo: supone una dilación del corazón donde se ama todo sin limitarse a nada concreto; para eso hay que entrar en el drama del corazón de Cristo, en las ansias redentoras del Corazón de Cristo.

La pobreza en la vida religiosa supone tener una entrega total en el seguimiento corporal a Cristo para quien Jesucristo es el verdadero tesoro de su corazón. El Señor es el centro psicológico de su vida que trae espontáneamente un desprendimiento interior a los bienes de la tierra, moderándolos en su uso; supone una liberación de la esclavitud de las realidades terrenas que fomentan el amor egoísta, carnal y mundano sembrando en el interior de la persona una gran libertad interior.

Todos los cristianos están llamados a no poner en los bienes de la tierra la seguridad, la confianza o el descanso del corazón; algunos también están llamados a despojarse de todo para tener a Jesucristo como el único tesoro de su corazón.

La obediencia también es una obra de amor que saca de unas condiciones habituales para colocarse en una total disposición a Cristo en la Iglesia: el Señor se da y se le responde con una total disponibilidad para que se realice de la mejor forma su Reino en el mundo; la persona consagrada se deja atar en estado de sumisión por amor a Cristo en la Iglesia.

La renuncia a la independencia personal, a los caprichos, intereses o egoísmos en holocausto de amor total de si mismo se plantea para que se realice la gran empresa de la redención de la humanidad: el amor de Cristo envuelve de tal manera que se busca en todo su agrado. El superior supone para el religioso el instrumento a través del cual el Señor manifiesta su voluntad para la extensión del reino de Dios.


Preguntas:


  1. Características generales de la vida religiosa.

  2. Relación y diferencia de la espiritualidad de laico y de la vida religiosa.

1 Muchos son los libros que se pueden consultar sobre la vida religiosa para hacer una valoración general sobre este estado de vida: A. APARICIO RODRÍGUEZ / J. Mª. CANALS CASAS, Diccionario Teológico de la vida consagrada, Madrid 1992; UNIÓN DE SUPERIORES GENERALES, UNIÓN INTERNACIONAL DE SUPERIORAS GENERALES, Pasión por Cristo, pasión por la humanidad. Congreso internacional de la vida consagrada, Madrid 2004; SECRETARIADO DE LA COMISIÓN MIXTA DE OBISPOS Y SUPERIORES MAYORES, Así somos y vivimos, Madrid 1988; S. M. ALONSO, Para Dios y para los hombres, Madrid 1987; J. PUJOL I BARDOLET, Itinerario de la vida religiosa a los veinte años de post-concilio, Madrid 1987.

2 Cf. CEC nº 916, 262.

3 Cf. CEC nº 932, 265-266.

4 Cf. CEC nº 925-927, 264.

5 L. Mª. MENDIZÁBAL, Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 1 Cinta magnetofónica (4 x 60 mm.): Arch. APOR, Madrid s/a. Cara A.

6 Cf. ID., La profesión Religiosa. Respuesta a un amor personal del Señor, Talavera 1962, 336.

7 ID., Entrañas de misericordia, Madrid 1996, 139.

8 ID., La profesión Religiosa. Respuesta a un amor personal del Señor, Talavera 1962, 337.

9 Ibid., 4.

10 Ibid., 7.

11 Ibid., 4-8.

12 Cf. ID., Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 1 Cinta magnetofónica (4 x 60 m.): Arch. APOR, Madrid s/a., Cara A: Poner el texto de LG 6 ¿?.

13 Ibid., Cara A.

14 ID., La Consagración Religiosa y el sentido de los Consejos, “Manresa”, 37 (1965) 230.

15 Ibid., 228.

16 Ibid., 229.

17 Ibid., 227.

18 Cf. Ibid., 227.

19 CONCILIO VATICANO II, Sacrosanctum Concilium, nº 80.

20 Cf. Ibid., Cara B.

21 Ibid., Cara B.

22 ID., La profesión Religiosa. Respuesta a un amor personal del Señor, Talavera 1962, 4.

23 ID., Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 1 Cinta magnetofónica (4 x 60 m.): Arch. APOR, Madrid s/a., Cara B.

24 Cf. ID., La profesión Religiosa. Respuesta a un amor personal del Señor, Talavera 1962, 323.

25 Cf. Ibid., 336.

26 Ibid., 337.

27 Cf. Ibid., 338.

28 Ibid., 338.

29 Cf. Ibid., 338.

30 Ibid., 338.

31 Cf. Ibid., 339.

32 Ibid., 339.

33 El consejo de vida apostólica o también llamado el estado apostólico de vida se da, según el P. Mendizábal, en la entrega o adhesión personal-corporal a Cristo en la Iglesia, públicamente realizada y prometida, en la cual se supone el corazón indiviso solamente puesto en Dios unido a Cristo pobre, casto y obediente; el autor habla dirigido a la vida religiosa y a la vida contemplativa si participan de este estado apostólico de vida cumpliendo estas condiciones establecidas.

34 Cf. L. Mª. MENDIZÁBAL, Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 1 Cinta magnetofónica (4 x 60 m.): Arch. APOR, Madrid s/a, Cara B.

35 Ibid., Cara B.

36 Cf. ID., Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 2 Cinta magnetofónica (4 x 60 m.): Arch. APOR, Madrid s/a, Cara A.

37 ID., La Consagración Religiosa y el sentido de los Consejos, “Manresa”, 37 (1965) 239.

38 Cf. ID., Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 2 Cinta magnetofónica (4 x 60 m.): Arch. APOR, Madrid s/a, Cara A.

39 ID., Teología de la vida religiosa. Consagración y consejos evangélicos, 1 Cinta magnetofónica (4 x 60 m.): Arch. APOR, Madrid s/a, Cara A Ibid., Cara B.

40 Ibid., Cara B.

41 CONCILIO VATICANO II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, Madrid 2000 (2ª ed.), 121.

42 L. Mª. MENDIZÁBAL, La Consagración Religiosa y el sentido de los Consejos, “Manresa”, 37 (1965) 247.





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