Tatuajes hoy



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TATUAJES HOY.

Ana Lía López de Schroeder

Introducción


El tatuaje se nos propone a la mirada, hoy, cada vez con mayor frecuencia. Y como psicoanalistas nos convoca a pensar.

El hombre ha manifestado siempre, por distintos motivos, la necesidad de cambiar su cuerpo. Y la piel humana es muy receptiva a cualquier cambio que queramos introducir en ella. “El tatuaje es la modificación superficial más sencilla y a la vez más elaborada, que el hombre ha practicado a lo largo de la historia. Consiste básicamente en realizar punciones en la piel con la suficiente profundidad como para que en ellas se pueda alojar un pigmento. Para conseguirlo se puede utilizar cualquier instrumento punzante: huesos de aves, espinas de pescado, conchas de tortuga afiladas en sierra, dientes de tiburón, una caña de bambú, una aguja de cactus, un alfiler, una hoja de afeitar o un trozo de cristal, en fin, cualquier cosa que perfore la piel”1. Hoy en las urbes modernas se utilizan también sofisticados instrumentos eléctricos.

La palabra tatuar procede del inglés tattoo, voz tomada de los indígenas de la isla de Tahití en la Polinesia. Es una costumbre muy extendida entre muchos pueblos de Asia, Oceanía y América, entre los marineros, delincuentes, marginales, y hoy cada vez más frecuente en la “población común” de los países “civilizados”.

En occidente, la Iglesia Católica prohibió toda modificación del cuerpo, ya que éstas quedaban del lado de los estigmas. Pero hoy, donde esa prohibición ha perdido bastante de su fuerza represora tanto como habilitadora; y necesariamente ha debido compartir su eficacia con otras legislaciones; aceptamos con más frecuencia que el cuerpo sea modificado.

El tatuaje comenzó por hacerse más común en ambientes llamados “alternativos”, hasta que hoy se ha convertido en moda, traspasando los límites de determinado grupo. Moda elegida prioritariamente por los adolescentes y los jóvenes, adalides o “usuarios frecuentes” de las nuevas propuestas culturales.

Es una modificación permanente –en la mayoría de los casos- que el hombre ejerce sobre su cuerpo; primer aspecto que parece contradecir la perentoriedad de una moda. De todos modos decir moda, nos lleva a pensar en ideales de belleza, o sea, en ideales. Ideales éstos que muchas veces se transforman en referentes para construir modelos de subjetividad que nos ayuden a vivir y a “no morir”.

El dolor moderado en un cuerpo sano, y cuando está acompañado de un ritual, da entrada a significaciones que lo ubican en otro registro (religioso, mítico, simbólico).

Tal vez estemos presenciando también la “ilusión narcisista” de construcción y gestación del propio cuerpo, sirviéndonos de modificaciones en la piel, de su aspecto. Surge entonces la cuestión de cómo poder pensar estos cambios en el cuerpo propiciados voluntariamente, pensar sus efectos y sentidos.

Pensar también de qué modo se someten a las leyes del inconsciente nuevas propuestas culturales que intervienen en la historia del sujeto. Cómo se conjugan lo privado y lo público, lo singular y lo colectivo en la vida psíquica es preguntarse también cómo se anudan, colisionan en el cuerpo.


Algunas ideas acerca del Cuerpo en Psicoanálisis.


El interés por “síntomas en el cuerpo” ha estado presente en la inauguración del Psicoanálisis, cuando la conversión histérica empieza a tener “letra” y a ser escuchada. En Estudios sobre la histeria, Freud al utilizar el término simbolización en el sentido de conversión simbolizadora, anuncia un inconsciente reprimido y representado, la sexualidad infantil, el deseo prohibido, etc... O sea que con la fundación del psicoanálisis surgen conceptos tales como cuerpo pulsional, cuerpo sexual y cuerpo erógeno.

A su vez en Psicoanálisis el cuerpo ocupa un lugar privilegiado en torno a los momentos iniciales de la fundación del psiquismo. Es a través de los actos y gestos de cuidado, en esos procesos sensoriales donde el cachorro humano establece sus primeros intercambios con el otro auxiliador, y se va haciendo estrucutración psíquica. El cuerpo puede ser pensado como el “soporte material de ese proceso”. (Como lo denomina P. Aulagnier).



Coincidimos en pensar al cuerpo como una realidad en construcción, en el transcurso de una historia, del armado subjetivo, del armado de un cuerpo erógeno, siempre en relación a otro. Conceptualización que no debe desconocer la ruptura radical entre sujeto del inconsciente y yo psicológico de la conciencia, ni al Yo-cuerpo de la biología.

Hablar de cuerpo es también hablar de imagen, de lenguaje y de inscripción, traza, marca. Imagen del cuerpo y cuerpo pulsional están unidos y separados por una irreductible ambigüedad. La imagen unificada del cuerpo no es el final de un proceso natural, sino una adquisición en relación a otro. Freud en el Proyecto enuncia: “De aquí que sea en sus semejantes que el ser humano aprende por primera vez a reconocer”. Se trata de una imagen especular fundante, que irá dando paso al reconocimiento de alteridad y separación. Condiciones indispensables para existir como sujeto.

El cuerpo indefenso hereda una ubicación en un lenguaje que lo antecede (siguiendo a Lacan), resignificándose repetidamente. Es un cuerpo con amarras. Éstas, son las marcas de la relación pulsional con el semejante que se encuentra a su vez marcado, que está inserto en la cultura. Serían señalizaciones, balizas para el curso del goce y el deseo. Deseo que está presente en el origen y destino del cuerpo.

P. Aulagnier concibe lo que denomina pictograma: como escritura, inscripción psíquica de estas primeras percepciones somáticas en lo que para ella es el proceso originario. En la construcción del cuerpo propio, serán variados signos e inscripciones los que sirvan de referentes identificatorios, proceso impredecible y largo.

¿Por qué hablamos de marcas? Marcas que alejan la imagen metafórica de tabla rasa, de liberdad absoluta, de omnipotencia, de naturaleza ideal. Y nos remiten a códigos, a mensajes de legitimación, a ordenamientos. Nos acercan a pensar un cuerpo mapeado erógenamente, siguiendo pautas de la historia singular y cultural de cada sujeto, de dolor y placer, de encuentro y pérdida.

Estas marcas hacen a la imagen del cuerpo, son el cuerpo, se sienten de algún modo en el cuerpo, están “encarnadas”2, pero no se ven. Es un desafío para nosotros hacerlas trabajar con las que si se ven, y sobre todo con las marcas que se propician voluntariamente sobre la piel, y quedarán para toda la vida.


Tatuaje y modificación del cuerpo


Los sociólogos describen distintas motivaciones por las que el ser humano se hace, o se ha hecho, tatuajes: como paso iniciático (el dolor es la iniciación, endurece el cuerpo y el espíritu, y el tatuaje queda como signo visible de ese rito de paso); para adquirir una vistosa imagen de valor y fuerza; como arma psicológica (maorís que se afean para la guerra); como incentivo sexual; como protección mágica; para adquirir determinadas características a través de diseños ancestrales o totémicos; para ser reconocidos después de la muerte; para asegurar la pertenencia a un grupo; para reafirmar adhesión a causas políticas o religiosas; como marca identificatoria; etc.

En relación a la semántica de las imágenes elegidas en la actualidad, si bien es variadísima, en muchos casos se nutre de lo atávico. Pero también se nutre de la etnia, -mítico origen de una cadena filogenética- y del valor ritual en su trabajo de ejecución.

Por lo tanto en algunos el acento está puesto en el efecto que conscientemente se aspira producir en el que mira ese dibujo-imagen en el cuerpo; y en otros, en el efecto que esa marca y el ritual que lo lleva a cabo, producen en el sujeto tatuado. De este modo puntualizo dos aspectos: uno el de la imagen mirada, y otro, el de la marca realizada.

El tatuaje implica “hacer” sobre el cuerpo, puede tener un valor de investidura, que a su vez, redimensiona el valor de la imagen del cuerpo, (así como puede tener un valor de agresión sobre éste).


Tatuajes hoy


En una mirada diacrónica de la cultura en que vivimos, nos encontramos con la globalización de usos y costumbres, que en muchos casos diluye las diferencias. Diversos intermediarios3 contribuyen a expandir formas homogeinizantes de la realidad: los medios de comunicación, los portales informáticos, las cadenas de restaurantes de comida rápida, acontecimientos que nos proponen concebir un modelo uniforme de la vida. ¿Podrán ser estos los sustitutos de los megarrelatos e ideales abatidos?

“Se nos impone una peculiar relación con la tradición, en la medida que se pone en jaque el sentimiento de continuidad existencial”, (Appadurai, A.)4 en tanto historia y memoria; y se facilita la continuidad geográfica. Hablamos de la destrucción de las estructuras colectivas, y le damos al mundo el paradójico nombre de aldea global. Hablamos de “el ansia de ser visto”, de sustituir la privacidad por la exhibición.

Con el tatuaje, lo que antes era oculto, hoy se exhibe. También se defiende la reapropiación de un espacio sagrado, de la palabra mágica. Cada vez más es considerado un arte, que correspondiéndose con las modernas concepciones vale en el momento de su realización -que es efímero y compromete al cuerpo-, además de por su valor estético.

Imagen mirada - Imagen creada

Dejaremos de lado, a propósito, aquellas ocasiones en que la necesidad de producir una marca en el cuerpo, y el cuerpo mismo, aparecen como lugar donde se detiene la posibilidad de elaboración psíquica, donde la cadena de significación pierde su posibilidad simbólica, tan frecuente en la patología grave y en algunas situaciones traumáticas.

En el cuerpo tatuado, en tanto imagen mirada, reconocemos un cuerpo-señuelo convocante de un movimiento en el otro. No se trata sólo de lo que quiere lucir –que sería del orden más consciente-, sino de lo que quiere recibir, no tanto denotar sino convocar en la mirada del semejante. Actualizando una escena que como mito de origen contiene vestigios del encuentro-desencuentro entre la indefensión del sujeto y el semejante auxiliador. El cuerpo tatuado sorprende, más aún cuando se descubre en la intimidad. Muchas veces el tatuaje sólo es visto en la desnudez, adquiriendo así sucesivos sentidos en el cuerpo sexual, donde la seducción no está ausente.

Se hace necesaria una ubicación respecto del símbolo y la simbolización. Ya no sólo nos preocuparemos de entender lo que pueda simbolizar sino de un gesto que parece ser realizado en una búsqueda simbolizante. Es que la marca en el cuerpo, así como el lenguaje pueden evocar objetos ausentes, perdidos, añorados.

Tal vez pueda servir de mojón de amarre para que una nueva cadena de significación se arme. En la búsqueda de recapitular un orden generacional, linajes, y tradiciones. Dolor y placer se ponen en marcha. Placer e ilusión de recuperación de lo perdido y deseo de que nada cambie. Dolor asociado al cambio, a lo prometeico. Dolor soportable y poder sobre el cambio, la pérdida y la muerte.

Pensar esto es tratar de entender la moda del tatuaje, el autotatuaje en tanto no propuesto por el rito tribal con ascendencia cultural. No podemos unificar sentidos del tatuaje actual, y en ese mismo orden tampoco podemos decir que los tatuados pertenecen a una misma tribu.

La relación con el tatuaje por momentos también parece recrear una transicionalidad winiccotiana. No se ubica ni adentro, ni afuera, como aquel espacio donde se desarrolla el juego, la creatividad, siendo a veces un intento de acomodación y apropiación de una realidad temida.

Está todo bien que te duela un poco. Es parte de lo que es el tatuaje en sí, por algo no se tatúa todo el mundo. Porque no sale y porque te duele, son dos cosas que tiene el tatuaje como para que no te lo hagas”,( y para que algunos se lo hagan)



En muchos adolescentes el tatuarse se asemeja a un juego, de ilusión de creación de objeto, de intento de dominio, trascendencia; acercándose a una posibilidad simbolizable. El cuerpo del adolescente, marcado por el tatuaje, redimensiona también la imagen del cuerpo “con el que se ha nacido” 5, propone apropiación y diferenciación frente a los progenitores. En otro extremo puede transformarse en la constatación de una fantasía de completud y autogestación donde el efecto de esa marca en el cuerpo rige su vida.

Ej esvástica. Skinhead

Si pensamos que por el juego se accede al sistema y al código; por el juego se infunde entropía y se decodifica el código, que “es saber que se va a morir, y a la vez es un escamoteo a la muerte”.(Daniel Vidart)6, que el juego hace circular el deseo inconsciente; cuántas preguntas se abren para ese singular juego de tatuarse.



El adolescente que dice: me hice dos tatuajes, este – serpiente de origen celta que se asoma en el hombro con algunas vestimentas sin mangas- me une a mis amigos, me gusta mostrarlo. Cuando lo ven los que no lo vieron siempre preguntan qué es. Se ve que es. Pero les gusta preguntar. No es un tema para todos. Tengo otro, pero es más mío, no se ve cuando estoy vestido.

Es por lo tanto, una marca perdurable en el cuerpo que restaura un gesto con la ilusión de creación, una marca que modifica su imagen, que reitera infinitamente una demanda identitaria, que lo libidinal sea convocado y se renueve incansablemente ese lazo especular con el semejante, buscando capturar al otro.

Un tatuaje te lo podrás borrar, pero dárselo a otro nunca. Hacérselo a otro sí Pero darle uno tuyo no, se hace una vez y es intransferible. Podés sacarlo, taparlo, pero es algo que no va a mudar de lugar nunca.

Lo vas a tener ahí, vas a convivir con tu tatoo toda la vida, y lo vas a mirar y vas a tener ochenta mil años como los viejitos de los libros y vas a estar todo tatuado”

También puede pensarse que el discurso de la violencia y el dolor obtienen con el tatuaje de esta manera un espacio propio, y una vía de expresión dentro de la legalidad.

Tatuaje y cultura. Marca en el cuerpo- Rito

Al proponernos no mirar los tatuajes como síntomas, alejarnos de una mirada estrictamente hermenéutica, adjudicadora de sentidos, nos preguntarnos: ¿por qué, hoy, recurre el hombre a la marca en el cuerpo?. No es síntoma, no es simple mensaje comunicacional, asimilable a un lenguaje, aunque es escritura, inscripción, memoria. ¿Cuánto de rito tienen los tatuajes hoy? En el ritual del tatuaje se nos presenta la escenificación, y la puesta en sentido.

En los ritos “el cuerpo es esta peculiar superficie, única, a la cual la ley escrita lo transforma en monumento”. Existe una “unión indisoluble entre la ley, la escritura y el cuerpo”. 7( Daniel Gil)

En el rito el cuerpo lleva la marca y de ese modo la ley -humana, mítica, o religiosa- es revelada, sostenida en la “carne doliente”, es inscripta en el cuerpo. La palabra no es dicha sino “incorporada”. Esa palabra se corresponde con una ley, con un mito fundante de una cultura.8 “Los ritos dan explicación a este ser indefenso, inmaduro, arrojado al mundo, de las preguntas acuciantes sobre el mundo y su origen”.

Podemos preguntarnos si estamos ante un rito sin mito. Tal vez el tatuaje actual intenta repetir lo que los dioses hicieron, reinventar un dios, una relación con el poder, que permita adjuntar un sentido a la existencia y al origen de la misma. Que le otorgue algo de su continuidad perdida.

Los tatuajes rituales existen como marcas, como heridas con eficacia simbólica, en la medida que transforman la realidad del sujeto. Con el tatuaje de hoy ( especialmente en los adolescentes) algo de esa eficacia podría anhelarse, el encuentro con nuevos discursos de legitimación, nuevas vías para el reconocimiento de la singularidad del sujeto social.

Resulta interesante pensar si el rechazo actual frente al tatuaje –porque también lo hay- también se inscriba en que la transformación del propio cuerpo contradice la creencia de un hombre natural para situarlo como hombre cultural, sujeto mortal y sexuado, que posee un cuerpo con el cual goza, y es capaz de transformar su imagen.

En el tatuaje de hoy no estaríamos ante la inscripción ritual, heredera del mito, representante de su fe en él. Y sí estaríamos tal vez tratando de acercarnos a la recreación de un mito, privado, inconsciente, que señala una parte del cuerpo, que reordena una singular erogeneidad. Tal vez, como aldea global se nos hace necesario reavivar la historia mítica, que nos ubique en una etnia, en una cadena filogenética, en una estructura de parentesco. Se están haciendo necesarios ritos que restablezcan o produzcan nuevos modos de subjetivación, y a la vez, donde aparezca un redimensionamiento de la imagen propia como lugar donde volver a buscar una función identificatoria, y creadora de sentido. A partir de lo cual realizar nuevos engarces para las preguntas acerca del origen y sentido de la vida.

bibliografía

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DUQUE, PEDRO. Tatuajes. El cuerpo decorado. 1996. Editorial Midons. España.

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Hornstein, Luis y otros. Piera Aulagnier: De lo originario al proyecto identificatorio. 1991. En: CUERPO, HISTORIA, INTERPRETACIÓN. Ed. Paidós. Buenos Aires.

LE GAUFEY, GUY. El lazo especular.1998. Ed. Edelp. Buenos Aires.

LECLAIRE, SERGE. Conferencia en Apu. 1975. RUP. Nº 14. Uruguay.

NACHON, A Y SASTURAIN, D. El libro del tatuaje. Ed. Need. 1997. Argentina


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Winnicott, D.W. Objetos Transicionales y Fenómenos Transicionales. En: Realidad y Juego. 1971. E. Gedisa. Bs.As.


Silvestre Blanco 2462. Montevideo. E-mail: analialb@internet.com.uy





1
 Pedro Duque. Tatuajes.





2
 Como plantea S. Leclaire.





3
 Como los llama Espina. “Pérdida de la Torre de Babel horizontal.” Observador. 8/03/02. Montevideo.





4
 Appadurai, Ajurn. 1996. Modernity at Large Cultural Dimension of Globalization. University of Minessota Press. Minneápolis.





5
 Imagen soñada, y materialidad del cuerpo, que se conjugan para crear ese yo anticipado del hijo, en el discurso materno, como lo plantea P.Aulagnier.





6
 Daniel Vidart





7
 Daniel Gil. El cuerpo en los ritos. Alusión a la novela de Kafka: La colonia carcelaria. Clastres “un saber se inscribe en el cuerpo”.





8
Mauss citado por D.Gil.





Ana Lía López Brizolara Página de



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