Sunyata conferencia del V



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SUNYATA
Samael Aun Weor
Conferencia del V. M. Samael Aun Weor.
Ante todo, es necesario conocer las leyes del trabajo esotérico gnóstico, si es que en realidad de verdad que­remos un cambio radical y definitivo.
En nombre de la verdad, diremos que si por alguna parte hemos de empezar a trabajar sobre sí mismos, tiene que ser en relación con la mente y con el senti­miento.
Sería absurdo empezar a trabajar con el centro mo­tor, por ejemplo. Como sabemos se relaciona con los hábitos, costumbres y acciones de tal centro. Obviamen­te, esto sería como empezar con un fakirismo absurdo.
A propósito de fakires, en la India hay fakires que, por ejemplo, levantan un brazo en alto y lo sostienen por tiempo indefinido hasta que llega a quedar rígido. Hay otros que permanecen firmes en un lugar durante veinte o treinta años, hasta convertirse en verdaderas estatuas.
Mas, después de todo, ¿qué es lo que ganan esos fakires? Desarrollar un poco la fuerza de la voluntad, y eso es todo. No podemos pensar que ellos vayan a crear el cuerpo de la voluntad consciente. Es claro que no. No se puede crear un cuerpo fuera de la Novena Esfera. Si fuera posible crear un cuerpo en ausencia de la Novena Esfera, nosotros hubiéramos nacido, pues, del aire, de las aguas de un lago o de una roca, y no seríamos hijos de un hombre y de una mujer. Pero, so­mos hijos, en verdad, de un hombre y de una mujer. Entonces, la creación siempre se realiza en la Novena Esfera. Eso es obvio.
Así pues, ningún fakir podría crear el cuerpo de la voluntad consciente lejos de la Novena Esfera.
Nada ganan, pues, los que se dedican al fakirismo. Excepto, desarrollar un poco la fuerza de la voluntad y eso es todo.
Empezar por el centro motor sería absurdo.
Aún más, empezar a trabajar con el centro sexual, sin tener una información correcta del cuerpo de doc­trina gnóstico, es absurdo. Pues, el que empieza en esas condiciones, no sabe lo que está haciendo, no tiene con­ciencia clara sobre el trabajo en la Forja de los cíclopes. Puede caer en gravísimos errores.
Recordemos que el primer centro es el intelectual el segundo el motor, el tercero el emocional, el cuarto el instintivo y el quinto el sexual. Existe también el sex­to que es la emoción superior y el séptimo, el mental superior.
Pero si empezáramos, en realidad de verdad, con los centros inferiores de la máquina orgánica, caería­mos en el error.
Antes que todo, en estos estudios, debemos empe­zar por los centros intelectual y emocional.
Necesitamos cambiar nuestra forma de pensar, de lo contrario, marcharemos por camino equivocado.
¿De qué serviría, por ejemplo, que ustedes asistie­ran a estas cátedras y no cambiaran la forma de pen­sar? Aquí se les dan muchos ejercicios esotéricos, se les orienta doctrinariamente. Pero si ustedes no cam­bian vuestra forma de pensar, ¿de qué sirve todo lo que aquí se les dé? Se les dice que hay que disolver el ego, se les dice que hay que sacrificarse por la humani­dad, se les dice que hay que crear los cuerpos existen­ciales superiores del Ser, etc.
Pero, si ustedes continúan pensando como antes, con los mismos hábitos mentales de otros tiempos, ¿de qué sirve todo lo que están escuchando aquí?
Se les dice que hay que desintegrar el ego, pero us­tedes continúan con vuestros viejos hábitos mentales, con vuestras formas y sistemas caducos de pensar. En­tonces, ¿de qué les sirve la información que se les está dando?
En las Sagradas Escrituras se habla muy claramente y en forma precisa, sobre aquello del vino viejo y el vino nuevo. Como dice el Cristo, nadie echaría, por ejem­plo, vino nuevo en odre viejo. Porque los odres viejos se romperían. Así pues, que para el vino nuevo se ne­cesitan odres nuevos.
También dice el gran Kabir Jesús, que a nadie se le ocurriría remendar, poner remiendos a ropa vieja, con pedazos de ropa nueva. Por ejemplo, romper un traje nuevo para remendar un traje viejo. Eso sería absurdo, ¿verdad?
Así también, esta nueva enseñanza, es como el vino nuevo, necesita odre nuevo. ¿Cuál es ese odre? La mente.
Si no abandonamos la forma caduca de pensar. Si se­guimos pensando con los hábitos que antes teníamos, sencillamente, estamos perdiendo el tiempo.
Es necesario cambiar la forma de pensar. Para el vino nuevo, odre nuevo se necesita.
Así pues, necesitamos cambiar completamente nues­tra forma de pensar, a fin de recibir esta enseñanza. Ese es el punto grave de la cuestión. Porque si recibi­mos esta enseñanza y la añadimos a la forma de pensar que temamos antes, nada estamos haciendo, nos esta­mos engañando a sí mismos. Querer enganchar este carro de la enseñanza gnóstica a nuestro viejo carro todo dañado por el tiempo y lleno de basuras e inmun­dicias, es engañamos a sí mismos.
Se trata, ante todo, de preparar el recipiente para recibir el vino de la enseñanza gnóstica. Ese recipiente es la mente. Sólo así, con un recipiente nuevo, trans­formado, con un recipiente verdaderamente magnífico, se puede recibir ese vino de la enseñanza gnóstica. Y esto es lo que quiero que todos los hermanos vayan comp­rendiendo.
Necesitamos que las emociones negativas sean eliminadas de nosotros. Porque esas emociones negativas no permiten un cambio de fondo.
Es imposible transformarnos si aún poseemos dentro le nosotros emociones negativas. Tenemos que erradicar de nuestro corazón las emociones de tipo negativo, pues son verdaderamente perjudiciales en todo sen­tido.
Una persona que se deja llevar por emociones ne­gativas, se vuelve mentirosa en un ciento por ciento.
Conozco el caso de un señor que actualmente se en­cuentra al borde de la muerte. Este buen hombre vino a tener una embolia cerebral. ¿Motivo?, muy claro: Al­guien le mal informó que su hermana había sido vícti­ma de un fraude. Tal informe fue después examinado y resultó falso. Este señor llama a su hermana y cree en una infundia difamante que ella le cuenta. La tomó tan en serio que le dio una embolia cerebral. En estos mo­mentos se encuentra al borde de la muerte. Vean uste­des este caso.

De manera que las emociones negativas vienen a llevarnos al fracaso.


Su hermana aún sigue convencida de que fue vícti­ma de un fraude. Y es obvio que calumnia a un inocen­te. Pero, ella está segura de que fue víctima. Personal­mente investigué el caso y me di cuenta que ella misma se estaba autoengañando. Se está mintiendo a sí misma, víctima de las emociones negativas y a su vez, calum­niando a otra persona en forma inconsciente.
De manera que he dicho a ustedes y repito: las emo­ciones negativas lo tornan a uno mentiroso.
Observen las gentes como mienten llevadas por las emociones negativas. Lanzan juicios falsos. Y luego, se arrepienten, pero es tarde, ya los lanzaron.
Así pues, debemos eliminar de nuestra naturaleza las emociones negativas.
La mentira, ciertamente, es una conexión falsa. Lo normal es que la energía del Padre, la vida del Anciano de los Días, es decir, de nuestro Ser interior profundo, fluya a través de la organización cósmica interior, hasta llegar a la mente.
Pero, si nosotros producimos una conexión falsa, su energía ya no puede fluir. Es como si se interrumpiera la afluencia de esa energía. La electricidad no llegaría al foco, a los focos que nos iluminan. La mentira es una conexión falsa.
Por lo común, cuando uno se llena de emociones ne­gativas, se torna mentiroso, ésa es la realidad de los hechos.
Si nosotros, verdaderamente, comprendemos todo esto, y empezamos por cambiar en nuestra forma de pensar y de sentir, bien pronto esto se reflejará en nues­tras acciones. Una vez que uno ha cambiado su forma de pensar, de sentir y de actuar, entonces, está perfec­tamente listo para empezar a trabajar con los misterios del sexo.
El error de algunos misioneros es que quieren que las gentes comiencen de una vez a trabajar con el maithuna, en la Novena Esfera, sin conocer siquiera el cuerpo de doctrina, pues esto es absurdo. Las gentes que no han cambiado su forma de pensar, que continúan con sus mismos hábitos, las gentes que tienen sus mismas for­mas de sentir, que son víctimas de las emociones nega­tivas, no comprenden los misterios del sexo, los pro­fanan.
Por eso es que Paracelso insiste en que primero que todo, hay que conocer la ciencia, para luego entrar a trabajar en la Novena Esfera. Y tiene razón en esto, Felipe Teofrasto Bombasto de Honhenein, Aureola Pa­racelso.
Muchos reciben aquí enseñanzas esotéricas, se les da, pero continúan pensando como antes, como pensaban hace veinte años. ¿Qué sucede entonces? ¡Estamos perdiendo el tiempo! Se les da a las gentes la enseñan­za para que se autorrealicen, para que cambien, y con­tinúan pensando como antes.
Obviamente, se marcha muy mal. Conozco hermani­tos gnósticos que tienen veinte y treinta años de estar en las enseñanzas gnósticas, y todavía piensan como pensaban en el pasado. Muy ilustrados, sí, manejan muy bien las ideas, pero si uno les examina detenidamente sus vidas, sus costumbres, verá que son las mismas que tenían antes. Hay hermanos hasta muy juiciosos, misio­neros, que platican muy bien sobre la gnosis, que ma­nejan el cuerpo de doctrina en forma extraordinaria, pero los he estado observando y actúan como cuando no eran gnósticos, actúan como actuaban hace treinta años. Tienen las costumbres viejas que tenían cuando nada sabían de estas enseñanzas. Siguen con sus mismas viejas costumbres. ¿Qué están haciendo esos hermanos? Obviamente, se están autoengañando miserablemente. Eso es obvio.
Así pues, hemos de empezar por cambiar la forma de pensar, y después, la forma de sentir. Poner el vino nuevo, vino gnóstico, en odres nuevos, no en odres viejos.
Una mente decrépita, llena de hábitos viejos, de há­bitos de hace veinte o treinta años atrás, no está pre­parada para recibir el vino de la gnosis. Una mente así, necesita forzosamente pasar por un cambio total, de lo contrario, se está perdiendo el tiempo miserablemente.
Con todo esto, ¿qué es lo que queremos? Despertar conciencia, ¿verdad? Esa es la verdad, eso es lo que queremos: despertar. En el mundo oriental no se ignora que la gente está dormida, nadie lo ignora. Pero en el mundo occidental la gente cree que está despierta y sin embargo hacen cosas que no quieren hacer. Se lanzan a la guerra pero no quieren ir a la guerra, pero siempre van, aunque no quieran. ¿Por qué? Porque están hip­notizados.
Sabemos que a un sujeto hipnotizado, por ejemplo, le ordenamos que vaya a matar a alguien y va y lo mata. Eso ya está previsto en el Código Penal de todos los países de la Tierra. Así también sucede con las gen­tes de todas las latitudes, están hipnotizadas pero creen que están despiertas. Si se les dice que ha llegado la hora de ir a la guerra, van a la guerra. No quieren ir pero van. Porque están hipnotizados. Y el hipnotiza­do, hipnotizado está. Es gravísimo, tremendamente cierto.
Necesitamos salir del sueño hipnótico, eso es ver­dad. Pero bueno, vamos a ver cómo salimos del sueño hipnótico. Si estamos contentos con nuestros hábitos mentales, con nuestro sistema de razonar, con nuestros hábitos sentimentales, con nuestras distintas costumbres adquiridas por herencia y por la familia, entonces, aun­que estemos escuchando, aquí, en esta sala, las enseñanzas, sencillamente estamos perdiendo el tiempo.
Pregúntense ustedes a sí mismos para qué han ve­nido. ¿Con qué objeto están ustedes reunidos en esta sala? Si están reunidos aquí por mera curiosidad, vale más que no hubieran venido. Si de verdad les anima el anhelo de cambiar, pero continúan muy contentos con sus viejas normas de pensar, sencillamente se están autoengañando.
Si es que ustedes quieren enganchar el carro de la gnosis a vuestro tren avejentado por el tiempo y carco­mido hasta el tuétano de los huesos, pues están hacien­do un juego muy tonto que a nada les conduce. Así pues, no nos engañemos a sí mismos. Si ustedes quie­ren cambiar, seamos serios y cambiemos nuestra for­ma de pensar.
Cada cual tiene una forma de pensar, cada cual cree que su manera de pensar es la más correcta. Pero, en realidad de verdad, las dispersas formas de pensar de cada cual o de todos en conjunto, de correcto no tiene nada, puesto que están hipnotizados. ¿Cómo puede pensar correctamente una persona que está hipnotiza­da? Pero ustedes creen que están pensando correcta­mente, he ahí vuestro error. Vuestros hábitos mentales no sirven.
Si es que quieren cambiar, bueno, aquí tienen la enseñanza nueva, aquí tienen el vino de la gnosis. Pero, por favor, traigan odres nuevos para ese vino, no odres viejos. El vino nuevo rompe los odres viejos.
Me interesa darles la enseñanza, mis hermanos, pero darla seriamente. Por eso les invito a cambiar vuestra forma de pensar.
Acaso ustedes, ¿han reflexionado en lo que es la conciencia? ¿ Con qué podríamos comparar lo que es la conciencia? A un rayo de luz que se puede dirigir hacia una parte u otra, eso es obvio. Debemos apren­der a colocar la conciencia donde debe ser colocada. Donde esté nuestra conciencia, allí estaremos nosotros. Ustedes que me escuchan en estos momentos, ¿están seguros de que la conciencia de cada uno está aquí? Si está aquí, gracias. Pero, ¿estamos seguros que está aquí? Puede ser que esté en este momento en la casa. Puede ser que esté en la cantina. Puede ser que esté en el supermercado y que tan sólo estemos aquí viendo la personalidad o fachada de tal o cual hermano. Así pues, donde esté la conciencia, ahí estamos nosotros.
La conciencia es algo que debemos aprender a colo­car inteligentemente donde debe ser colocada. Si colo­camos nuestra conciencia en una cantina, se procesara en virtud de la cantina. Si la colocamos en una casa de citas, allí se procesará y si la colocamos, pues, en un mercado, tendremos un buen mercader o un mal mer­cader.
Donde quiera que esté la conciencia, allí estaremos nosotros.
La conciencia está, desgraciadamente, embotella­da. Un yo de lujuria podrá llevarla a una casa de citas. Un yo de borracheras, se la podrá cargar por una can­tina. Un yo codicioso se la llevará, por allá, a un mercado. Un yo asesino se la llevará a la casa de al­gún enemigo, etc.
¿A ustedes les parece, acaso correcto, no saber ma­nejar la conciencia? Tengo entendido que es absurdo llevarla a lugares en donde no debe estar, eso es obvio.
Desgraciadamente, repito, nuestra conciencia está enfrascada, sí, embotellada entre distintos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos. Necesi­tamos quebrar todos los elementos dentro de los cua­les se halla embotellada la conciencia. Pero, ¿ haríamos eso si no cambiáramos nuestra forma de pensar? Si estamos contentísimos con nuestros antiguos hábitos caducos y extemporáneos que tenemos en la mente ¿nos preocuparíamos por despertar la conciencia? Es claro que no. Si se quiere cambiar, vamos a cambiar desde ahora mismo, cambiando nuestros hábitos men­tales, nuestra forma de pensar.
Cuando uno cambia de verdad, origina cambios in­teriores. Cuando uno cambia su forma de pensar, pue­de, entonces, pensar en cambiar totalmente en su inte­rior. Pero si en la mente, siguen existiendo hábitos extemporáneos, ¿cómo puede decir uno que va ha pro­vocar un cambio en su conciencia interior? Eso no es posible, sería contradictorio que pensáramos una cosa e hiciéramos otra. No es posible.
Así que necesitamos hacemos dueños de nuestra propia conciencia, colocarla donde debe colocarse, ubi­carla donde debe ubicarse, aprender a ponerla en un lugar y aprender a quitarla. Es un don maravilloso, pero es un don que no estamos usando sabiamente.
Realmente lo único que tenemos dentro, es la con­ciencia, es lo más digno que tenemos. Los diversos agre­gados psíquicos que nosotros cargamos, en modo al­guno son dignos. Lo único digno, lo único real, lo que vale la pena en nosotros, es la conciencia. Pero esta dormida, no la sabemos manejar. Los agregados psí­quicos se la llevan por donde ellos quieren. Realmente no sabemos usarla, y eso es lamentable.
Si queremos un cambio, un cambio de fondo, debe­mos también ir aprendiendo qué es eso que se llama conciencia.

En el mundo oriental se nos ha dicho que antes de que nazca en nosotros el bodhisattva, debe surgir en nosotros el bodhisitta.


Pero, ante todo, ¿qué cosa es eso que se llama bodhi­sattva? Algunos de ustedes sabrán y otros no sabrán. Aquél que posea los cuerpos causal, mental, astral y fí­sico, es un bodhisattva. Es decir, el alma humana, o alma causal, vestida con tales cuerpos, es un bodhi­sattva. Hay plena distinción entre un Maestro en sí, que es Atman-budhi, o sea el Intimo y el alma conciencia, y el bodhisattva, que es el alma humana revestida con los cuerpos existenciales superiores del Ser.
Pero el Budhismo del Mahayana o Budhismo ma­hayánico, es más exigente, no reconoce como bodhi­sattvas sino a aquellos que se han sacrificado por la humanidad a través de sucesivos mahamanvantaras.
El budhismo mahayánico dice que hay dos clases de seres. Los unos serían los budhas pratyekas y los aspi­rantes a budhas pratyekas, que son los sravakas. Estos no se sacrifican por la humanidad, jamás, nunca. Lu­chan, sí, por cambiar y cambian. Pero, nunca dan sus vidas por sus hermanos y jamás cargan al Cristo ínti­mo. Los otros son los bodhisattvas, verdaderamente. Aquellos que han renunciado a la felicidad del Nirvana por amor a la humanidad. Aquéllos que en distintos mahamanvantaras han entregado su sangre por la hu­manidad. Que pudiendo vivir felices en el Nirvana, han renunciado a cualquier felicidad por sus hermanos en la Tierra. Son ellos los únicos que verdaderamente pue­den encarnar al Cristo.
Pero, bueno, volvamos a esto del bodhisitta. ¿Qué cosa es el bodhisitta? La conciencia ya despierta, des­arrollada, convertida en el embrión áureo. Es la ver­dadera armadura argentada que nos puede proteger de las potencias de las tinieblas, que nos da la sapiencia y la experiencia.
Antes de que surja un bodhisattva, dentro, en el interior de alguien, surge el bodhisitta, es decir, la con­ciencia despierta y desarrollada.
Vean ustedes, pues, cuánto vale ese don que se llama conciencia.
Es tácito que la humanidad tiene la conciencia en­frascada entre el ego. Es claro que mientras las gentes continúen pensando como piensan, sintiendo como sien­ten y con sus mismas rancias costumbres, no podrán despertar la conciencia, continuará ésta hipnotizada. En secuencia o como corolario, diremos que nunca sur­girá en gente así, el bodhisitta.
Cuando el bodhisitta, que es la conciencia desarro­llada y despierta, surge en uno, en el aspirante, enton­ces, pronto aparece el bodhisattva.
Obviamente, el bodhisattva se va formando dentro del bodhisitta. Es grandioso el bodhisitta...
En realidad de verdad, mis queridos hermanos, es maravilloso cuando uno, verdaderamente, cambia su forma de pensar. Porque entonces, y sólo entonces, tra­bajará para el despertar de la conciencia. Entonces, sólo entonces, hará un trabajo serio que lo conduzca al nacimiento del bodhisitta. Antes, no es posible.
Vivimos en un mundo doloroso. Todos ustedes están llenos de dolor, de sufrimientos. Felicidad, no existe en este mundo, es imposible. Mientras haya ego tiene que haber dolor. Mientras continuemos con nuestra forma rancia de pensar, no podremos ser dichosos. Mientras seamos víctimas de las emociones negativas, cualquier género de felicidad se hace imposible.
Nosotros necesitamos, en verdad, llegar a la feli­cidad. No podríamos conseguir tal logro sino desper­táramos la conciencia. Y nunca despertaremos la con­ciencia si continuamos con la forma de pensar que tenemos actualmente.
Así pues, primero miremos cómo estamos pensando. Cambiemos esa forma anticuada de pensamiento. Pre­paremos odres nuevos para el vino nuevo que es la gnosis y así trabajaremos de verdad y en serio.
Este mundo, en sí mismo, es el producto de la ley de la originación. Este mundo se sostiene con las leyes de causa y efecto que son las leyes del karma. También se les llama leyes de acción y consecuencia. Tal acción, tal consecuencia. Este es un mundo bastante complejo, es un mundo de asociaciones, combinaciones múltiples, dualismo incesante, lucha entre los opuestos, etc. En estas circunstancias no es posible que exista en este mundo la felicidad.
Cada uno de nosotros tiene que pagar su karma, estamos llenos de deudas. Ese karma, obviamente, nos trae mucho dolor, muchas amarguras, no somos di­chosos.
Muchos piensan que podríamos llegar a la felici­dad a través de la mecánica de la evolución. Es un con­cepto falso, pues la mecánica es mecánica. La ley de la evolución, y también la de la involución, constituyen el eje mecánico de esta maquinaria que se llama Na­turaleza. Hay evolución en el grano que germina, en la planta que se desarrolla y al fin da frutos. Hay involu­ción en la planta que entra en decrepitud y por último se convierte en un montón de leños. Hay evolución en el niño que se forma en el claustro materno, en la criatura que nace, que crece, se desarrolla y vive a la luz del sol. Mas, también existe involución en el ser humano que envejece, que decrece, que entra en de­crepitud y al fin, muere. Eso es completamente me­cánico.
La misma ley del karma, en cierto sentido, también es mecánica. Es mecánica en el sentido causativo, mi­rada a la luz de las doce nidanas.
Necesitamos liberamos, precisamente, de la ley del karma. Necesitamos liberarnos de ese movimiento me­cánico de la Naturaleza. Necesitamos hacemos libres y eso no será mediante la evolución mecánica.
Cualquier evolución mecánica se procesa de acuer­do con las leyes de causa y efecto. Las leyes de las aso­ciaciones, de las combinaciones mutuas, etc. Lo que es mecánico, es mecánico.
Necesitamos liberamos de la ley de la evolución y también de la ley de la involución.
Necesitamos dar el gran salto para caer en el vacío iluminador.
Obviamente, existe una contraposición entre la teo­ría de la relatividad, que predicara un Einstein, y el vacío iluminador. Lo relativo es relativo. La maquina­ria de la relatividad funciona con la mente de los opues­tos, con el dualismo.
En la lucha de las antítesis hay dolor.
Si queremos la auténtica felicidad, debemos salirnos de la ley mecánica de la relatividad. Dar el gran salto, repito, para caer entre el seno del Padre.
Yo experimenté el vacío iluminador en mi mocedad. Apenas tendría algunos dieciocho años cuando pude dar el gran salto, más allá del tiempo y vivenciar Eso que no es del tiempo. Eso que podríamos llamar la ex­periencia del prajña-paramita, el más crudo realismo.

No está demás, enfatizarles a ustedes la noticia de que tal evidencia fuese repetida tres veces. Supe lo que era el sunyata, lo pude vivir.


En el vacío iluminador no existe el dualismo con­ceptual. La maquinaria de la relatividad no funcionaría en el vacío iluminador. La ley de las combinaciones y asociaciones mecánicas, no es posible en el vacío ilumi­nador.
Indubitablemente, la experiencia del vacío ilumi­nador sólo es posible en estado de samadhi, o como se dijera también, en estado de prajña-paramita.
En el vacío iluminador no existen formas de ningu­na especie, podría decirse que allí, uno pasa más allá del universo y de los dioses.
En el. vacío iluminador encontramos la respuesta a aquello de que si todas las cosas se reducen a la uni­dad, ¿a qué se reduce la unidad? Tal respuesta no es po­sible para la mente humana, o por lo menos, para la mente que funciona de acuerdo con la lógica formal. Pero en el vacío iluminador, no es necesaria tal res­puesta, tal respuesta es una realidad patente: si todas las cosas se reducen a la unidad, la unidad también se reduce a todas las cosas.
Entonces, el que penetra en ese estado de mahasa­madhi, dijéramos, vive en todas las cosas, desprovisto de todo y esto de por sí ya es grandioso, sublime e ine­fable.
Sumergirse definitivamente en sunyata es el vacío iluminador definitivo. El vacío iluminador sólo es po­sible mediante el gran salto y a condición definitiva de haber pasado por la aniquilación budhista total. De lo contrario no sirve.
En aquélla época, en mi mocedad, aún no había pa­sado yo por la aniquilación budhista y, obviamente, a medida que me acercaba a la gran realidad, la concien­cia se expandía en forma desmesurada. Es obvio, la situación, no habiendo pasado por la aniquilación budhista, sentí indecible terror, motivo por el cual re­gresé al universo de la relatividad de Einstein.
Repito, tres veces experimenté con el vacío ilumi­nador, y supe en el sunyata, que más allá del vacío hay ¿qué?: eso que se llama talidad. Lo supe con una intui­ción de tipo trascendental. Porque en el terreno de la intuición, dentro del mundo de la intuicionalidad, hay distintos grados de intuición.
Incuestionablemente, el grado intuicional más ele­vado es el de las mentes filosófico-religiosas o filosófico-místicas. Ese tipo de intuición, corresponde al prajña-­paramita.
Esta facultad, pues, me permitió saber acerca del mundo del vacío iluminador y que más allá se encuen­tra la gran realidad.
Bien, quiero afirmarles a ustedes en forma enfática, que este camino de la gnosis conduce a la gran realidad. La gran realidad o la talidad, sunyata, prajña-paramita está más allá de este universo de la relatividad, es de­cir, más allá de la mecánica esta de la relatividad y mas allá, mucho más allá, del vacío iluminador.
No es el vacío iluminador la última palabra, es la antesala de talidad, de la gran realidad.
Estoy hablando a ustedes no en forma meramente tierna, en pasados mahamanvantaras experimenté la talidad y como quiera que la conozco, tengo que dar de ello vivo testimonio.

Lo importante para nosotros es pasar por una su­prema aniquilación, a fin de que la conciencia, con­vertida en bodhisitta y totalmente despierta, pueda dar el gran salto para caer dentro del vacío iluminador. Un paso más y llegamos a la talidad.


Pero, como les digo, debemos empezar por cambiar nuestra forma de pensar para trabajar correctamente sobre sí mismos, desintegrando realmente los elemen­tos psíquicos indeseables que llevamos dentro. Así po­dremos conseguir el despertar de la conciencia, el des­arrollo del bodhisitta.
Es necesario saber meditar, comprender lo que es la meditación. El objeto de la meditación es muy sim­ple. ¿Qué es lo que queremos nosotros a través de la meditación? Tranquilidad.
Parecería muy superfluo lo que estamos diciendo. Ustedes podrían objetarme que podríamos tranquili­zarnos con una botella de vino, eso es claro. Podrían objetarme que podríamos tranquilizamos oyendo una sinfonía de Beethoven. Pero, en realidad de verdad, con­seguir la tranquilidad, es lo más difícil que ustedes ima­ginarse puedan.
Nadie podría tener tranquilidad, meditar y tener su mente en santa paz, si no ha eliminado de su centro intelectual el pensar caduco, extemporáneo. Nadie po­dría tener paz en su corazón, si no hubiere eliminado de sí mismo, previamente, las emociones negativas y perjudiciales.
Cuando un gnóstico, un arhat gnóstico, trata de meditar, es que busca la tranquilidad. En esos ins­tantes se propone trabajar sobre algún elemento in­humano que haya descubierto en sí mismo mediante la auto-observación. Si descubrió la ira, se dedicará a comprender el agregado psíquico de la ira para disol­verlo todo con al ayuda de su Divina Madre Kundalini, que deberá invocar. Tal vez descubrió que tiene el agre­gado psíquico del odio, entonces, se propondrá desinte­grar tal agregado para que surja en su reemplazo el amor.
A medida que uno vaya desintegrando todos esos agregados psíquicos inhumanos que en nuestro interior cargamos, la conciencia irá despertando.
Siempre se habla en la gnosis de la importancia del sexo, mas, sólo trabajaremos con éxito en la fragua en­cendida de Vulcano a condición de, primero, cambiar nuestra forma de pensar para que tengamos una rica información y luego, hacernos más conscientes de las enseñanzas.
No queremos, en modo alguno, desmentir los mis­terios sexuales. Espero que ustedes entiendan que el camino que conduce a la talidad es, y subrayo esto: com­pletamente, absolutamente sexual.
Incuestionablemente, un soltero o una soltera, pue­den disolver, a base de mucha comprensión, un cin­cuenta por ciento de agregados psíquicos, siempre y cuando se apele a la Divina Madre Kundalini durante la meditación.
Pero, hay elementos psíquicos muy pesados, que co­rresponden al mundo de las noventa y seis leyes y éstos no se desintegran sino exclusivamente con el movimien­to eléctrico de la swástica en acción, que genera deter­minado tipo de electricidad sexual trascendente.
Obviamente, la mujer-serpiente, o sea, la princesa Kundalini, la Divina Madre Cósmica, es reforzada me­diante ese tipo de electricidad. Entonces puede, con su poder eléctrico, desintegrar atómicamente los elemen­tos psíquicos más pesados, dentro de los cuales está em­botellada la conciencia.
Así, poco a poco, llega el instante en que la con­ciencia queda completamente liberada, despierta, lista para dar el gran salto y caer en el vacío iluminador que es la antesala de la gran realidad.
En todo este mundo se nos ha criticado demasiado porque ponemos énfasis en el sexo y muchos dicen que hay otros caminos que pueden conducir a la gran rea­lidad. Obviamente que cada cual es muy libre de pensar como quiera, pero, en nombre de la verdad, por expe­riencia mística directa acumulada en el fondo de mi conciencia a través de sucesivos mahamanvantaras, pue­do decirles que el camino que conduce directamente a la gran realidad, más allá del vacío iluminador y de la mecánica de la relatividad, es absolutamente sexual en un ciento por ciento.
Quienes disienten en esta cuestión, revelan, con ese proceder psicológico, desconocimiento de la cruda rea­lidad.
Es obvio que quien ha tenido verdadera experien­cia en estas cuestiones, a través de sucesivos mahaman­vantaras, sabe muy bien que así es. No es posible es­caparse definitivamente de la mecánica esta de la rela­tividad por otra puerta o por otro camino que no sea el directo, el que lleva a la gran realidad.
Sunyata es un término budhista muy interesante, nos indica perfectamente la experiencia mística, vívida, del que no sólo ha experimentado el vacío iluminador, sino que ha llegado más allá, mucho más allá, a la talidad, a la gran realidad.
Dentro del terreno exclusivamente esotérico-místi­co, budhista-crístico, disiento con muchos budhistas or­todoxos. Repito, dentro del terreno estrictamente mis­tico-budhista, disiento con respecto a muchos místicos budhistas ortodoxos, que ponen el vacío iluminador co­mo lo máximo.
Nosotros, los gnósticos, vamos más allá de la me­cánica de la relatividad, más allá de esta maquinaria de la teoría de la relatividad de un Einstein, fundamen­tada en el dualismo conceptual, y aún mucho más allá del vacío iluminador.
Nosotros queremos la gran realidad, la experiencia vívida, sunyata. La vívida experiencia de los prajña­-paramitas.
Gracias a Dios, tenemos en nuestro interior a la con­ciencia. Es precisamente el don más precioso, lástima que esté enfrascada entre el ego. Pero, si conseguimos liberar a la conciencia, entonces, estaremos listos para el gran salto, para el salto supremo.
Una conciencia liberada es una conciencia que puede sumergirse en la gran realidad de la vida libre en su movimiento. Esta gran realidad es felicidad inago­table, más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Es una felicidad imposible de describir con palabras.
Todos queremos la felicidad y no tenemos la felici­dad. Necesitamos ser felices, pero no es posible ser fe­lices en un mundo de combinaciones. No es posible ser felices dentro de esta maquinaria de la relatividad.
Recordemos que el ego es ciego, que el ego es un libro de muchos tomos y que está expuesto a las leyes de causa y efecto.
Es hora de que pensemos liberarnos del karma, li­berarnos de este mundo doloroso, de esta maquinaria tan infernal. Es hora de que pensemos en la dicha ver­dadera de la gran realidad.
Por eso les invito a cambiar vuestra forma de pensar. Porque si ustedes cambian, podrán trabajar sobre sí mis­mos para liberar la conciencia. Pero si ustedes no cam­bian vuestra forma de pensar, g sólo quieren esta doc­trina para engancharla a vuestro tren viejo, decrépito y degenerado, pues están perdiendo el tiempo.

Quiero la felicidad para ustedes, la verdadera dicha del Ser.


Necesitamos que ustedes aprendan a meditar, en lo más profundo, que sepan meditar.
Cuando uno ha conseguido una verdadera concen­tración, llega a la verdadera dicha.
Vean ustedes, si yo no hubiera tenido en vida la ex­periencia del vacío iluminador, allá en mi mocedad, no estaría hablándoles ahora en la forma que les estoy ha­blando. Esa experiencia vívida, jamás se borró de mi conciencia ni de mi corazón.
Es posible que en una práctica de meditación pro­funda, pueda la conciencia de un ser humano escaparse de entre el ego y experimentar la dicha del vacío ilu­minador. Es obvio que si lo consigue, trabajará con gusto sobre sí mismo, trabajará con ardor, pues habrá experimentado, ciertamente, en ausencia del ego, Eso que es la Verdad. Eso que no es del tiempo, que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Aquí les he enseñado una forma sencilla de meditar, porque hay un tipo de meditación que está dedicado a la autoexploración del ego, con el propósito de desintegrarlo, volverlo cenizas. También hay otro tipo de me­ditación, que tiene por objeto llegar un día a la expe­riencia de lo real. Ojalá lo lograran ustedes, para que siguieran animados interiormente y trabajaran sobre sí mismos. Sin embargo, conceptúo que es necesario tener algún mantram que sirva.
El mantram que les voy a dar es muy sencillo: gate, gate, paragate, parasamgate, bodhi, swá, ha. Este man­tram se pronuncia así: gaaateeeee, gaaateeeee, para­gaaateeeee, parasamgaaateeeee, booodiiiii, suaaaaa, jaaaaa... En nuestros corazones tiene que haber que­dado grabado.
Este mantram se pronuncia suavemente, profunda­mente y en el corazón. Puede también usarse como ver­bo silenciado, porque hay dos tipos de verbo: verbo ar­ticulado y verbo silenciado. El verbo silenciado es po­deroso.
Este mantram, entiendo que abre el ojo de Dagma. Este mantram, profundo, un día los llevará a ustedes a experimentar, en ausencia del ego, el vacío ilumina­dor. Entonces sabrán lo que es el sunyata, entonces en­tenderán ustedes lo que es el prajña-paramita.
Perseverancia es lo que se necesita, con este man­tram ustedes podrán llegar muy lejos.
Conviene experimentar la gran realidad alguna vez, eso lo llena a uno de ánimo para la lucha contra sí mis­mo. Esa es la ventaja del sunyata. Esa es la ventaja más grande que existe en relación con la experiencia de lo real.
Y para que hoy se aproveche la meditación y el man­tram como es debido, vamos a entrar un rato en medi­tación con el mantram.


PRACTICA DE LA MEDITACIÓN

Ruego a todos los hermanos, pues, entrar en me­ditación.


Se relaja el cuerpo, totalmente, después de relajado nos entregamos totalmente a nuestro Dios interior pro­fundo. Sin pensar en nada, únicamente recitando con la mente y el corazón el mantram completo.
La meditación debe ser honda, muy profunda, los ojos cerrados, el cuerpo relajado, entregados completamente a nuestro Dios interior.
Ni un pensamiento se debe admitir en estos instan­tes. La entrega a nuestro Dios debe ser total y sola­mente el mantram debe resonar en nuestros corazones.
—Apaguen las luces, relajen todo el cuerpo.
—Relajación completa y entrega total a nuestro Dios interior profundo.
—No piensen en nada de nada, de nada, de nada, de nada...
—Recitaré el mantram, lo repetiré muchas veces para que no se les olvide: .gaaateeeee, gaaateeeee, para­gaaateeeee parasamgaaateeeee, booodiiii, suaaaaa, jaaaaa...
—Sigan repitiendo en sus corazones.., no pensar en nada de nada... entreguémonos a nuestro Dios...
—.Siéntanse como un cadáver.., como un difunto...
* * *

GLOSARIO DE TÉRMINOS APARECIDOS EN ESTA CONFERENCIA:



Agre­gados psíquicos: Se les llama así al conjunto de yoes o yo pluralizado. Cuando se habla de ego o yo, queremos referirnos a todo el conjunto de yoes que mantienen dormida la conciencia de un mismo individuo. Cada uno de nuestros defectos es una verdadera persona psicológica interior diferente. El yo es deseo, el yo es el origen del dolor. El yo es legión de diablos. Cada yo tiene sus propios intereses y maneras. Cada yo es una verdadera persona con voluntad propia porque tiene asimilada una parte de nuestra alma humana (al alma humana se le llama también conciencia o esencia). El yo pluralizado es el resultado del pecado original, el resultado de probar el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. La cristalización del fuego Luciferino en nuestro universo interior. En el esoterismo gnóstico se conoce a fondo el yo, cada persona que quiera despertar su conciencia tiene ante si el tremendo trabajo de conocer, comprender y eliminar a sus múltiples yoes. El yo puede ser eliminado con la intervención de la Divina Madre Kundalini. El fuego ha de ser combatido con el fuego. El fuego sagrado tiene poder para aniquilar las malas cristalizaciones del fuego Luciferino.
Aniquilación budhista: muerte psicológica, muerte del yo pluralizado. Eliminación del Ego.
Atman-budhi: El espíritu y el alma Divina unidos por la primera Iniciación de Misterios Mayores. El maestro interno. El ser. Atman es el íntimo, Dios padre, el Primer Logos, la verdad en nosotros, aquel que uno es en el fondo, el que ha sido, es y será, el “padre que está en secreto”. Budhi es el alma Divina, Dios Madre. La madre Divina Kundalini, el Tercer Logos, (el Espíritu Santo), el fuego sagrado, origen de mundos, hombres, bestias y dioses. Atman es masculino. Bhudi es Femenino. Dios es a la vez la trinidad y la unidad. Hay un único Dios: El absoluto Inmanifestado. El absoluto es Dios y el espíritu también es Dios. El Absoluto es la llama de la llama. Cada espíritu es una manifestación del absoluto, pero todas las llamas son a la vez la misma llama. Tal como es arriba es abajo: Dios es tríuno, y el espíritu es también tres. El espíritu y el alma Divina parecen dos amantes que se adoran. Atman es la verdad, Budhi es el fuego creador. Atman-Budhi son el padre-madre de la trinidad sagrada Atman-Buhi-Manas (respectivamente: Padre, Espíritu Santo, Hijo). El hijo (manas) es el Cristo, pero antes es el alma humana. El Cristo es el hijo de Dios Padre y Dios Madre, el salvador, el segundo Logos, el amor. El amor une al padre de la madre, de ellos nace el niño (el alma humana). Cuando el niño crece puede asimilarse el principio Cristo. Eso es lo que vino a enseñarnos el gran Kabir Jesús. Ese es el esoterismo Crístico que le entregó a la humanidad el ser más perfecto que ha pisado este mundo. Jeshua Ben Pandira (Jesús de Nazaret) es el Bodhisattva del maestro Averamento. Jesús encarnó totalmente el principio Cristo. Toda alma humana que alcance la iniciación Venusta (La Iniciación del Sacrificio) encarna al Cristo. El Cristo se hace hombre en el alma humana, y el alma humana se hace Dios en el Cristo. Así pues, el íntimo (Atman) tiene dos almas, una divina (Budhi) y otra humana (Manas). La Divina es Devi Kundalini. La humana es la esencia o conciencia, el cuerpo causal del íntimo, el alma de cada ser humano. Atman-Budhi es la unión del Espíritu y el alma Divina. Normalmente decimos espíritu al Atman-Budhi y alma al alma humana. Atman-Bhudi jamás cae, el es Dios. El alma humana del maestro si puede caer. Los demonios y los hombres somos almas humanas caídas, los hombres hemos caído en la generación animal. Los demonios son almas que han roto con su Dios íntimo y están condenados a perecer con el universo en la noche del gran pralaya. Espíritu se es, alma se tiene, son pues diferentes.
Budha pratyeka: Es uno de los tres senderos del Nirvana y el inferior de todos, en el cual, el yogui —sin maestro y sin salvar a la humanidad—, por la simple fuerza de vo­luntad y las prácticas técnicas, llega a una especie de condición de budha nominal individualmente, sin hacer bien alguno a nadie, sino obrando de una manera egoísta para su propia salvación y para él solo.
Fakires: Los que siguen el camino del fakir. Hay cuatro caminos:

  1. El camino del fakir. Consiguen mayor fuerza de voluntad.

  2. El camino del monje. Consiguen la dicha de la experimentación de la presencia de Dios.

  3. El camino del yogui. Consiguen el desarrollo de los poderes ocultos propios del alma con el fin de llegar a la experimentación de lo real.

  4. El camino del hombre astuto, son los tres recorridos a la vez. El del fakir se recorre ganándonos honradamente el pan de cada día, el del monje adorando a nuestro Dios íntimo y escapando de las garras de nuestro Satán mediante la mística. El del Yogui se recorre practicando magia sexual con la pareja y despertando los poderes internos. Los tres caminos se pueden recorrer al mismo tiempo, y recorrerse mucho más rápido mediante el sacrificio por los demás. A todo esto unido se le llama: Trabajo esotérico Gnóstico.


Gran Realidad: Dios como globalidad de todos los espíritus. El verbo. El absoluto inmanifestado.
Maithuna: Magia sexual.
Nidanas: Las doce causas de la existencia, o una cadena de causación. He aquí la enumeración de los doce eslabo­nes:
1. Jati, o nacimiento, con arreglo a uno de los cuatro modos de entrar en la corriente de la vida y reencarnacion.

2. Jaramarana, decrepitud y muerte, o muerte por vejez.

3. Bhava, el agente kármico que conducee a cada nuevo ser senciente a nacer en tal o cual modo de existencia.

4. Upa­dana, esta causa creadora de nacimiento es el apego a la vida.

5. Trichna, amor, sea puro o impuro.

6. Vedana, sen­sación o percepción por los sentidos.

7. Sparza, el sentido del tacto.

8. Chayadana, los órganos de sensación.

9. Vijñana, perfecto conocimiento de toda cosa perceptible y de todos los objetos en su encadenamiento y unidad.

11. Sams­kara, acción en el plano de ilusión.

12. Avidya, falta de verdadera percepción o ignorancia.



Novena Esfera: o Fragua encendida de Vulcano, o forja de los cíclopes: El sexo. El laboratorium-oratorium de la santa alkimia: los cuerpos masculino y femenino unidos sexualmente. La mejor forma de orar a Dios es en unión sexual con el ser amado. El amor es el sacerdote y el acto sexual el altar del oficio. He ahí la verdadera religión que nos lleva a la unión con Dios mediante el arcano AZF. Sin el arcano, el sexo nos convierte en demonios. Porque del reino humano sólo se sale para ángel o para diablo. El sexo es escalera para subir a los cielos, o para descender a los infiernos.
Mahamanvantara: Literalmente: “el gran intervalo de tiempo entre dos Manús”. El período de actividad univer­sal. Manvantara implica simplemente un período de ac­tividad, en contraposición al Pralaya, o período de reposo, sin referencia alguna a la longitud del ciclo de tiempo.
Ojo de Dagma: El chakra del entrecejo, Ajna. El tercer ojo. Cuando está plenamente desarrollado confiere el poder de la clarividencia.
Prajña-paramita: La perfección de la sabiduría.
Talidad: La sustancia de que está hecha la materia y el espíritu. Véase conferencia de tercera cámara llamada: “Materia y Talidad”.
Samadhi: Estado de calma total de la mente en meditación. Silencio mental, viene acompañado de paz profunda y sentimiento de felicidad.
Sravakas: Discípulo o chela oyente, es decir, el estudiante que concurre a las enseñanzas religiosas.
Sunyata: Vacío, vacuidad, espacio. Más allá del vacío iluminador.

Trabajo esotérico gnóstico: El trabajo de transformación de uno mismo que tiene por objeto desarrollar el alma humana y alcanzar la unión con Dios o Religión (Re-Ligare = reunir). El esoterismo gnóstico o Crístico, se basa en los tres factores de la revolución de la conciencia (alma humana) que son:



Morir: Disolución del yo psicológico, significa el desarrollo o liberación del alma humana, el despertar de la conciencia. Morir en uno mismo. Negarse a uno mismo. Destruir los demonios engendrados por el fuego luciferino en nuestra psiquis.
Nacer: Levantar la piedra filosofal de los alquimistas, crear los cuerpos existenciales superiores del ser, sin tales cuerpos no es posible la unión con Dios (nuestro espíritu) del alma humana o conciencia. Los cuerpos nacen como todo cuerpo, del sexo; son engendrados mediante la magia sexual en el seno de un matrimonio perfecto. Los cuerpos nacen sucesivamente a medida que se suben los siete grados de poder del fuego. Cada grado se consigue cuando el Kundalini (Espíritu Santo) completa su ascenso por la columna vertebral de cada uno de los cuerpos. Se llega al grado de Bodhisattva levantado, u hombre completo, cuando se ha completado el ascenso de las 5 primeras serpientes. El hombre completo ha logrado la encarnación total de su alma humana. Esta es la alta iniciación o 5 primeras iniciaciones de Misterios Mayores. Esas 5 iniciaciones o grados de poder del fuego se resumen así:
Primera iniciación: Cuerpo físico, el alma divina y el espíritu se unen, ha nacido un nuevo maestro que ha de ser encarnado por el alma humana.
Segunda iniciación: nace el Cuerpo Vital o Aura Cristo.
Tercera iniciación: nace el Cuerpo Astral Cristo. Se alcanza la resurrección de los muertos.
Cuarta iniciación: nace el Cuerpo Mental Cristo. Se alcanza el estado de buda o iluminado.
Quinta iniciación: nace el Cuerpo de la Voluntad o Causal Cristo. Se logra la encarnación total del alma humana. Ante el hombre con alma se abren dos caminos: El camino del Cristo: Quedarse en este mundo por amor a la humanidad y enseñar a otros el camino de la liberación final, o habitar en el Nirvana o mundo de los dioses.
Sacrificio por la humanidad: De Sacro-Oficio (oficio sagrado), dar a otros el conocimiento necesario para que también puedan liberarse a si mismos. El verdadero sacrificio es por amor a nuestros semejantes. Quien cumple hasta las últimas consecuencias con este tercer factor se gana más tarde el derecho a encarnar al Cristo.
Todo el trabajo va unido: Se conoce y comprende al yo en meditación y observación del diario vivir, se le elimina por mediación de Dios Madre (Kundalini), al tiempo que se transmuta la energía sexual practicando entre esposos el arcano AZF, paralelamente se hacen obras de amor y caridad a los demás: se le enseña el camino a quienes lo quieren para adquirir méritos que nos hagan merecedores del auxilio imprescindible de la Divinidad, y se lucha porque nuestros semejantes vivan mejor.
Vacío iluminador: Estado avanzado de meditación en el que la conciencia escapa de la cárcel del yo momentáneamente y experimenta la libertad. Es la antesala del estado de Sunyata.


FIN









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