Social representations of parliamentary candidates in new media



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Ilustración 4.Propaganda de campaña de Marcela Sabat.

Fuente: Captura realizada por la autora desde Twitter @MarceSabat,

(23 de octubre de 2013)
El resalte de sus atributos estéticos y aptitudes para el cargo parlamentario por parte de sus seguidores de esta red social son altamente difundidos por Sabat, a quien se le denomina de “bella”, “guapa”, “simpática” o “la estupenda”, y además, de mujer “trabajadora”, “preparada” “perseverante”, (ibíd., 25 de octubre-11 de noviembre).

En materia de educación, se refiere únicamente a la impronta de incluir a niños con necesidades educativas especiales y en beneficiar a la juventud con la eliminación de cobros de titulación y un plan facilitador de inserción laboral.

Sobre el aborto, con la siguiente expresión es categórica con el rechazo a la legislación cuando está en peligro la salud de la madre: “@MarceSabat eso requiere una ley de aborto terapéutico?// No” (ibíd., 30 de octubre).Esta mujer no expone los argumentos de su tajante negativa, por lo que se infiere tampoco estaría de acuerdo con otras situaciones que pudieran desembocar en la interrupción de la gestación.


En términos de políticas de género, la candidata solo indica la inauguración de un nuevo “Centro penitenciario femenino de San Miguel. [lo que significa] un gran avance en polít.carcelaria [sic] con enfoque de género” (ibíd., 25 de octubre).



Significados locales de carácter indirecto o implícito:

La candidata confiere fragilidad a los infantes y a los adultos mayores, para los cuales ella aparece como eminente protectora de estos sujetos “más vulnerables” y “abandonados”. Sus variadas fotografías la representan como mujer afectuosa, pero a la vez con carácter para la política, dado el eminente respaldo ciudadano que recibe para que continúe con la labor legislativa. De tal modo, es que se defiende de las acusaciones de privilegios de campaña realizados por Luis Mariano Rendón, contra el edil de Ñuñoa, Pedro Sabat, a favor de la publicidad de la candidatura de su hija, a quien trató “pinturita”. A lo que Marcela respondió que ello se trataba de “violencia contra la mujer” (ibíd., 29 de octubre).



Estructuras formales sutiles:

Acerca del proyecto que pretende rebajar la remuneración económica de aquellos parlamentarios que no asisten suficientemente al Congreso: “Parlam. q [sic] no trabaja no recibe sueldo" (ibíd., 30 de octubre), Sabat refuerza la impresión de haber realizado un trabajo efectivo en su anterior periodo legislativo, motivo para seguir en el cargo. Esto se ve reforzado con las expresiones de apoyo que la califican de trabajadora y con capacidad sobresaliente. Llama la atención que cuando se refiere a avances en materia de género en las cárceles, Sabat no brinda detalles en qué aspectos estas instituciones de control social implementarían medidas para su funcionar, que consideren las relaciones socioculturales entre mujeres y hombres.



Contexto:

En estos comentarios se distingue una mirada de beneficencia-caridad por sobre los derechos sociales para los adultos mayores, jóvenes e infantes. La excesiva cercanía a los niños, población no votante, destacan la alegoría de la madre. Junto a su belleza, es que intenta permanecer en el escaño parlamentario, aprovechando elementos los roles tradicional de género como son la reproducción, la superioridad moral femenina.



DISCUSIONES
A partir de los discursos construidos por las mujeres candidatas en sus respectivas cuentas de Twitter, se encontraron diversas representaciones en lo que a política y género concierne mediante el análisis crítico.

Camila Vallejo, candidata del Partido Comunista salió electa Diputada (2014-2018) por la comuna de La Florida. Ella privilegió los elementos de la desigualdad de clase en desmedro de la de género y siempre en términos macro o estructurales, pero no los obstáculos y dificultades que enfrentan las mujeres para desempeñarse en política y en otras esferas de la sociedad. En este nuevo medio de comunicación, y desde su evidente progresismo en política por su relación con las Juventudes Comunistas, se representa a sí misma como candidata distante del bloque Nueva Mayoría. En cuanto al género, aparece indiferente (ni progresista ni tradicional) a esta desigualdad relacional basada en los cuerpos y en los roles y significados atribuidos socialmente. Llama la atención, dado que parte de la discusión mediático-público meses antes en otros medios (Cooperativa, 2013; La Nación, 2013), fue precisamente la aparente contradicción entre el rol materno y el rol político que pudiese desarrollar una mujer.


Maya Fernández, candidata del Partido Socialista, salió electa Diputada (2014-2018) por las comunas de Providencia y Ñuñoa. Ella sí se posicionó en cuanto a problemáticas que afectan de manera específica a las mujeres en sus discursos on line de campaña política, tanto en temas que generan controversia y otros que aún no despiertan la discusión pública. Sin embargo, no hizo reiteración o argumentación mayor acerca de sus convicciones, por lo que podemos decir se encuentra a medio cambio entre el progresismo de género y la indiferencia. En política y a diferencia de Vallejo, brindó espacio y atención a la Nueva Mayoría y en especial, a Michelle Bachelet para las elecciones de 2013. Podemos decir, que se auto representa medianamente progresista en esta materia, por su inclinación hacia las reformas más que hacia la transformación.
Mónica Zalaquett, candidata por la Unión Demócrata Independiente, no salió electa en los últimos comicios parlamentarios. Ella se representó a sí misma como promotora de la normatividad y mantención del orden para el eventual siguiente periodo legislativo, en vez de cambios profundos a las estructuras de la sociedad chilena o la invitación de otras y otros actores sociales a participar de la actividad política. En ese sentido, constituye una mujer tradicional en el eje política. En cuanto al género, enfatizó la mayor presencia de mujeres en el Congreso, no obstante, mantuvo intactos los roles de madre y esposa para las mujeres, no apuntando a desentrañar los núcleos duros en materia de derechos. Pese a que se refirió a algunas problemáticas específicas relacionadas con el género, predominó el resguardo de la familia y la mantención del lugar histórico de las mujeres en lo privado, por lo que podemos decir que encarna un tradicionalismo moderado en género.
Marcela Sabat, candidata por Renovación Nacional, salió electa Diputada (2014-2018) por Providencia y Ñuñoa. Ella se representó en su red social como mujer-madre y guardiana de niños y ancianos en su condición de vulnerables, tajantemente defensora de la vida y no de los derechos de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos. Su perspectiva de cambio social gira en torno a compensaciones económica, no así a cambios culturales, como podrían ser las relaciones entre hombres y mujeres. Su representación es totalmente tradicional tanto en materia de género, como en política, donde se sirve de su objetivación estética para proponer la mantención social mediante su quehacer como parlamentaria.
Es posible aseverar que en estos nuevos medios de comunicación, se vislumbra la promoción de actitudes favorables respecto a la participación política formal de mujeres para el Estado, pero rara vez de forma directa. En su posición de candidatas, solo aquella de la UDI, logró referirse sin disfraces a la importancia de que haya mayor cantidad de mujeres en el Parlamento chileno. El problema es que no se hace desde una perspectiva de género, sino meramente mujerista, donde, al igual que la candidata RN, no trastocan las atribuciones sociales hegemónicas que recaen sobre los cuerpos femeninos. La candidata del PS, se acerca, pero no alcanza a apropiar más profundamente la importancia de la distribución del poder al interior de los escaños del Congreso Nacional. Por último, la carta parlamentaria del PC no se posicionó en torno a los debates sobre las relaciones sociales construidas sobre el sexo y solo refiere a cómo combatir las desigualdades de clase.Las Representaciones Sociales analizadas y discutidas, se muestran de manera resumida en el siguiente plano cartesiano teórico cuyos ejes son tradicionalismo-progresismo en género y política (ver ilustración 5).

         Ilustración 5. Clasificación de las representaciones sociales de las candidatas parlamentarias en las cuentas de twitter



Fuente: Elaboración propia.
El trasfondo teórico-práctico acerca de la relaciones de género, es decir, la problematización en torno a la desigualdad que enfrentan las mujeres, no fue un asunto relevante en los medios controlados por estas cuatro mujeres en su condición de aspirantes a la Cámara Baja del Congreso Nacional. Esto último tiene relevancia en torno a las posibilidades reales de llevar demandas de género a la discusión legislativa para el desarrollo democrático. Es, precisamente, en el desarrollo de la conciencia de género de las mismas mujeres donde ha de esperar acciones y medidas orientadas a la transformación del sistema patriarcal (Araujo, 2002). Si ni las candidatas o los medios de comunicación son referentes orientadores para que más mujeres cuestionen la lógica de la diferencia sexual (Castillo, 2011) y puedan sumarse e irrumpir en el espacio público, a hacer valer sus derechos y hacer escuchar sus demandas más allá de la expectativa de reproducción social, posiblemente las desigualdades en estos espacios permanecerán en relación a los hombres.
Lo expuesto puede interpretarse como una hábil maniobra que extiende la aprobación y la legitimación social del patriarcado, al no problematizar de manera amplia las relaciones desiguales entre los géneros. Las (auto)representaciones sociales, como maneras de interpretar y de pensar la realidad, construidas y difundidas por las redes sociales -ahora también una nueva estrategia política de campaña- deja entrever la persistencia de aquellos sistemas cognitivos preexistentes, que más que modificar, adecúan los antiguos sistemas de creencias (Sandoval, 2004) acerca del lugar que le corresponde a la mujer y al hombre en sociedad. Por consiguiente, resulta ser que las mujeres en el uso y apropiación de estos medios tienden a reproducir y difundir estereotipos sociales sin cuestionarlos mayormente.
Así es como se comprende la imbricación entre la dominación política y la dominación cultural. En las representaciones sociales mediáticas analizadas se deja entrever la “aporía de la inclusión política” formal y práctica analizada por Castillo (2006), según la distinción general/particular, a la que los medios contribuyen con la expectativa de “Madres Públicas” (Vera, 2009), reforzando una sujeción femenina de larga duración.

Frente a lo anterior, es preciso abrir los medios de comunicación al género para cambiar estereotipos, ampliar imágenes y modelos de mujer para las actuales y nuevas generaciones (Marco, 1996, p.80). Los persistentes “criterios ideológicos o pautas culturales arraigadas en la sociedad, constituye el principal enemigo de la libertad y la democracia” (ibíd., p.79). De este modo, “si se quiere combatir las desigualdades profundas existentes por razón de sexo […] se ha de modificar el comportamiento [y apropiación] de los medios de comunicación (Rovetto, 2010, p.220) en torno a la representación de las mujeres. Las problemáticas sociales de género aún no resueltas, posibles de tematizar por las representantes políticas de la ciudadanía debiesen ser más protagonistas en los medios, como “reclamo vinculado a la justicia, a la paridad y a la democratización de la sociedad” (ibíd., p.223).





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