Sobre los instintos



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NOTAS SOBRE LOS INSTINTOS

(Su aplicación en la Pedagogía)

Por

María Consuelo Rengifo Díaz

El asunto de los instintos en el ser humano ha tenido diversas explicaciones y aplicaciones en el campo de la psicología y la pedagogía. Algunas de estas, llegan incluso a desconocerlo; mientras, otras, lo ven como una clase especial de reacciones en el ser humano.

Vigotski, en su texto “Psicología pedagógica”, en el capitulo 5, señala la relación anatómica y fisiológica de la actividad instintiva; hallándola en el área vegetativa del sistema nervioso, que actúa en los órganos, tejidos y cavidades más internas del cerebro.

Acorde con los procesos químicos vegetativos, el complejo instintivo parece ser el resultado de las demandas más intimas que el organismo le hace al mundo. Particularmente el instinto sexual es incitado por los ganglios nerviosos del sistema vegetativo y por la estimulación hormonal de los centros nerviosos del cerebro.

Dada la complejidad, es necesario diferenciar el instinto del reflejo. Este último es una reacción permanente, que no varía en el transcurso de toda la vida; asimismo, es una reacción de los órganos del cuerpo por separado. Diferente es el instinto: éste puede modificarse y desaparecer de acuerdo con la edad, el periodo fisiológico o natural y, aunque es una reacción de la conducta, involucra a todos los órganos del cuerpo (Vágner)*

Con el objetivo de desentrañar el origen de los instintos, Vigotski elige como punto de partida el proceso de automatización, el cual parece iniciarse con las reacciones conscientes.

Bajo este esquema se deduciría como si los instintos obtuvieran su raíz en actos conscientes y, con su práctica, pasaran a tornarse inconcientes, como lo es el acto de caminar, tocar piano, montar en bicicleta etc. El proceso de automatización explica cómo los actos casuales y repetidos constantemente se convierten en actos mecánicos; pero ello no significa que hayan sido originariamente racionales, aunque no se desconoce que algunos actos automatizados hayan sido inicialmente conscientes.

Acorde con las investigaciones sobre el instinto realizadas por el profesor Vágner, se descarta su origen racional y se aclara que la actividad refleja está en la base del instinto y la razón. Estas últimas se han desarrollado, de manera paralela e independiente, como formas de conductas distintas y autónomas.

En efecto, el reflejo es la reacción más primaria y puede ser frenado por el instinto y por la razón. Aunque cabe anotar que también el instinto puede ser frenado por la racionalidad.

Un ejemplo en el que el instinto frena al reflejo se evidencia en insectos decapitados, a los cuales se les intenta golpear. En un primer momento, demostrarán un movimiento giratorio y reiterativo, hasta que el cansancio del sistema nervioso lo permita. Algo distinto sucede si se intenta golpear a un insecto en sus condiciones normales. En una primera etapa, se moverá obedeciendo a sus reflejos y rápidamente éstos serán reprimidos por el instinto de conservación. En consecuencia, sus movimientos se harán más complejos, con el fin de evitar el peligro.

Otro ejemplo, en el que, esta vez, la razón inhibe al reflejo, se retoma de Darwin, quien hace un experimento con 12 jóvenes, quienes motivados por una apuesta, no estornudaron luego de ser afectados por el humo de un tabaco bastante fuerte.

El análisis de casos como éste, en el que se observa cómo la emoción o el miedo puede desorganizar las reacciones inferiores, llevan a una importante reflexión pedagógica: ¿son antipsicológicos los métodos de examen, a los que son sometidos los estudiantes? Lo cierto es que esta práctica sólo puede mostrar una deformación de la conducta y por lo tanto sería complejo encontrar allí una evaluación objetiva.



¿Educar o reprimir los instintos?

Para entrar un poco en la aplicación pedagógica de los instintos, es necesario traer al presente cómo se ha dado la evolución del ser humano. No podemos prescindir de esa importante dependencia que existe entre la ontogénesis y filogénesis de los organismos. En el feto humano, se observan características físicas, que puntualizan etapas superadas por la evolución, específicamente cuando los antepasados del hombre vivían en el agua. De igual manera, una larga serie de hechos demuestra la correspondencia existente entre el desarrollo de un embrión y el desarrollo de la especie humana.

Algunos autores han encontrado equivalencia con etapas que viven los niños, como la de llevarse los objetos que encuentren en la boca, con épocas que vivieron los hombres primitivos, quienes consumían los alimentos que recolectaban sin en el esfuerzo del trabajo. Y etapas de animismo que experimentan los niños, con períodos en los que los hombres primitivos explicaban el mundo por medio de mitos y relatos fantásticos.

Este planteamiento tan primordial requiere una mirada dialéctica, pues no se puede afirmar, siguiendo a Marshall*, que el niño repita “al pie de la letra” lo que ha vivido la especie humana a través de los tiempos. Algunos momentos del desarrollo del niño pueden ser relacionados, a veces más de cerca, a veces más distantes, con distintos momentos de la historia de la humanidad, en los que hay capítulos omitidos, otros deformados o desfigurados.

Bajo la luz de los anteriores planteamientos no se puede hacer un rastreo preciso de los instintos en los seres humanos; sólo podemos establecer algunas comparaciones sobre los instintos del niño con actividades de los “hombres salvajes”, sin dejar de lado el condicionamiento social, que nos permite entender la psique humana como algo dinámico y por consiguiente cambiante. Los instintos cambian al igual que las demás reacciones.

Frente a la aplicación pedagógica de los instintos se han encontrado dos puntos de vista.



  • El primero, ve en el instinto algo contra lo que hay que luchar; por lo cual se procura reprimirlo. Generalmente se desprenden de aquí miradas de tipo religioso.

  • El segundo encuentra en el instinto algo al que se le debe permitir su libre despliegue.

El criterio científico no avala ninguno de estos extremos, sin embargo reconoce aspectos objetivos de ambos puntos de vista. Hallando así en el instinto una enorme fuerza educativa que puede ser nociva o útil, dependiendo de la intención que se tenga, es decir, de la pretensión de dominar o no, dicha fuerza.

Bajo este planteamiento se nutrirá este trabajo. Es necesario dar al instinto una mirada de tipo explicativa que permita entender su naturaleza, hallando, así, su origen en la necesidad de “adaptación al medio” y en contradicción con él en una época determinada.

Ahora bien: el instinto surge en una época arcaica, bajo unas condiciones particulares en las cuales los organismos de una especie tuvieron que responder ante una eventualidad. Filogenéticamente esa huella queda registrada; con el cambio del medio, estas formas de adaptación son inadecuadas, por lo tanto, los instintos, particularmente en la especie humana, deben ser educados o transformados hacia formas superiores de conducta. Por ejemplo el origen del instinto de auto-conservación fue agresivo y defensivo, luego a medida que cambió el medio, surgió el temor como acompañante de este instinto y, por ello, la especie humana pudo sobrevivir ante el peligro, huyendo; sin embargo hoy en día hay ocasiones, donde, para la especie humana, ante el peligro inminente, lo convienente no es huir, sino buscar otras soluciones.

Al respecto debemos reconocer, siguiendo a Vigotski y los ejemplos que trae, la enorme utilidad social del instinto. Frente a la educación, se observan dos propuestas pedagógicas:



  • La primera, plantea llevar al instinto hacia formas pacíficas e inofensivas, con el objetivo de que se reaccione a las excitaciones vinculadas con éste, por medio de actividades artificiales, por ejemplo, ante el “instinto de acumulación y codicia”, se propone “manejarlo”, desde el permitir a los niños o jóvenes que desarrollen la pasión por coleccionar objetos. Así mismo pretenden ver en el deporte una forma de superar el instinto de lucha y rivalidad. Con esta propuesta, evidentemente se corre el riesgo de formar personas excéntricas o personas con fines vacíos e insignificantes. Por otra parte, así no se “educa” al instinto mismo, sino a la esfera de su aplicación y, en el caso del coleccionista apasionado o del deportista obsesivo, se les refuerza el instinto en lugar de su superarlo.

  • La segunda propuesta, incurre necesariamente en una posición dialéctica, en la que se reconoce la base instintual para reelaborar sobre ésta un desarrollo útil al máximo. Retomemos el ejemplo de un sujeto que colecciona postales, el cual se lleva a fines más complejos que la misma actividad, como lo es el estudio de la geografía, la correspondencia con los diversos países y la valoración estética de las postales. Bajo esta idea se traslada el instinto de acumulación de las postales, al conocimiento geográfico y a la comunicación con otros países. Podemos incentivar allí la pasión por el conocimiento.

Lo mismo sucede con el juego del ajedrez, en el cual los jugadores podrán sacar más provecho a la posibilidad de abstraer diversas jugadas, que implican más al ejercicio del pensamiento, que al triunfo en sí mismo.

A cerca de la sublimación

El psicoanálisis, acertadamente, ha señalado que en la vida psíquica, los sujetos padecen una serie de conflictos que evidentemente tienen que ver con impulsos no satisfechos, los cuales pasan al inconsciente, a causa de la represión y el olvido, para retornar luego deformados, generando así un conflicto, el cual posteriormente tendrá como producto, una neurosis.

La neurosis es una enfermedad en la cual el conflicto entre los instintos y el medio, ha llevado a la insatisfacción de los mismos, produciéndose así la disociación de la vida síquica. Bajo las neurosis las personas podrían adoptar formas aberrantes de conducta, tales como formas egoístas, que no posan sobre principios colectivos.

Una nueva educación al servicio de una nueva cultura, requiere tener como tarea fundamental resolver el asunto de los instintos; de lo contrario, se convierte en una fábrica de neuróticos. Un inquietante ejercicio de investigación consistiría en indagar sobre la fábrica de neuróticos que seguramente está edificando el actual sistema capitalista.

La salida importante a los conflictos generados por los impulsos insatisfechos, es el proceso de sublimación, el cual consiste en la transformación de pasiones inadmisibles en formas más elevas y complejas de actividad. Es aquí donde la educación debe cumplir un papel crucial.

Sobre el instinto sexual

Es preciso referirnos a éste, ya que representa la fuente más poderosa de los impulsos psíquicos. A él se asocian sentimientos de goce, dolor y deseo. Presenta una increíble fuerza en los seres humanos, de ahí su interés no sólo en los jóvenes y adultos si no también en los niños.

Lo que tiene que ver con la instrucción sexual ha tenido principalmente dos orientaciones.


  • La primera, es el señalamiento de los impulsos sexuales como algo “feo y sucio”, siguiendo así el camino de la represión y la negación de la sexualidad, por siguiente la formación de sujetos inmersos en innumerables patologías.

  • La segunda, podríamos nombrarla como una instrucción descriteriada de la sexualidad. Un ejemplo contemporáneo de ello es el bombardeo de información frente a temas sexuales, fundamentalmente en la televisión y la Internet, en donde se evidencia el cuerpo de hombres y mujeres como mercancía (gajes del capitalismo), promoviéndose así la pornografía y otras prácticas que reducen el ser humano a su ser sexual realizado en el mercado, rescatándose aquí una esencia, esa sí… “bárbara”.

Una nueva educación, diferente a la del sistema actual, requiere apropiase de la sublimación, con el objetivo de reconocer el potencial sexual de la humanidad, desde la infancia hasta la edad adulta y construir sobre la base de sus instintos, formas más elevadas de conducta, como aquellas que tienen que ver con el amor, la amistad, el arte y la intelectualidad.

Muchos docentes ignoran cuánto potencial se halla en la sexualidad. “Vinculada con otras medidas educativas, la instrucción sexual impartida con cierto tacto pedagógico, puede ser útil e importante… Hace tiempo se observó que la secreción interna de las glándulas sexuales está relacionada estrechamente con formas superiores de la actividad humana, de la creación y del genio”1

Al parecer la edad más creativa del ser humano coincide con la edad de su plenitud sexual, precisamente por ello el desplazamiento del instinto sexual al inconsciente para alimentar desde allí la creatividad, es la línea más importante de la educación sexual. De allí el propósito de asumir el camino de la sublimación.

En este proceso es necesario que niños y jóvenes conozcan el criterio científico de la sexualidad, aunque se aclara que es en la juventud donde se dan las llamadas “generalizaciones científicas”. En la niñez, aunque debe maniobrarse bajo este criterio, es preciso armarse de mucha cautela para no caer en deformaciones.

En todas las etapas de la vida humana, es importante tener en cuenta el acompañamiento de la posición científica con principios de vida colectiva, que estimulen el compartir en relaciones de amistad y amor.

Del mismo modo, es decisivo, tener presente que una educación en la sexualidad, requiere involucrar la interacción de ambos sexos; algunos docentes, equivocadamente han creído que la educación sexista favorece el desarrollo sano de la sexualidad. A pesar de estos preconceptos se ha descubierto que ello puede formar neuróticos, puesto que obedece a una prohibición, implícita o explicita, que niega una vida sexual plena, lo cual da como resultado mujeres y hombres reprimidos o mal sanos sexualmente ya en la edad adulta.

Ilustremos el siguiente ejemplo: “En ninguna otra parte, ni en los sitios más depravados, la opinión sobre la mujer se vincula tanto con las peculiaridades sexuales, como en los monasterios”2

Cuando se educa mujeres en una institución y hombres en otra por separado, se puede crear en ambos sexos una deformada curiosidad por el sexo opuesto, la cual es la menor de las dificultades susceptible de convertirse bien, en satanización o bien, en sobre-valoración o sobre-dimensión de la sexualidad y, en cuyos términos, es factible reducir las relaciones entre los seres humanos a formas aberrantes o aberradas como las que venimos de señalar.

Podemos, sin embargo, obtener un resultado contrario a la mera y mezquina relación signada por el mercado y el utilitarismo, cuando mujeres y hombres se educan desde niños, en una misma institución, en una permanente relación que hace tan cotidiano, lleno de afecto asumido sin tabúes todo lo que tiene que ver con el sexo y la sexualidad que, así deja de ser “lo” tan “advertido”, objeto de mera curiosidad o cargado de misterios.

Es necesario enfatizar la importancia de la mediación docente, pues de nada sirve que una institución mixta que reprima el potencial sexual con fines moralistas y religiosos, que renuncia al proceso del sublimación no patológico, el cual tiene que ver con el interés cultural que se despierta en niños y jóvenes, hacia la producción artística e intelectual, hacia el alcance pleno del saber y la realización de la condición humana.



HACIA UNA PROPUESTA PEDAGÓGICA SOBRE LA BASE DE LOS INSTINTOS

(Los intereses de niños y jóvenes: una opción pedagógica)

La forma principal de manifestación del instinto en la infancia es el interés, es decir, la inclinación del aparato psíquico del niño, a uno y otro objeto”3, dice Vigotski. El interés es, en tanto, el motor de la conducta en los seres humanos y fundamentalmente en los niños. Por ello es importante encontrar el interés más no sustituirlo por el fin pedagógico. En otras palabras, no dejar de lado el interés científico al cual deben ser llevados niños y jóvenes.

Algunos docentes se ingenian formas de despertar el interés momentáneo en los niños, sin embargo no logran el real interés por la ciencia, pues centran su atención en lo atractivo de un objeto y cuando ya se pierde lo novedoso, los niños suelen exigir algo más atrayente, pues aún no se ha trascendido hacia el concepto y hacia la posibilidad de abstraer por medio de cadena de relaciones.

Un ejemplo muy común se observa en el uso de la anécdota para la enseñanza de la historia, en la cual no se logra trascender de dicha anécdota, se demuestra con esto que los estudiantes sin la adecuada mediación docente, desconocen el valor de los determinantes históricos.

Otro caso común es el propuesto por el conductismo, donde los intereses de los niños, son llevados al plano del estímulo-respuesta, de los “refuerzos positivos y negativos”, de los cuales son hijos los premios y los castigos. En esta propuesta los niños no centrarán su interés en las matemáticas sino en el dulce que obtendrá por realizar la tarea; así mismo podrá rendir aparentemente en lo académico, por el temor ha ser castigado.

“El castigo educa esclavos” dice un antiguo principio, inevitablemente bajo el castigo no se enseña otra cosa que el temor y la posibilidad de regular la propia conducta a causa de este mismo. Además el castigo es el recurso pedagógico más fácil y mediocre, que aparentemente da resultados rápidos, pero internamente puede crear en los niños lo que podríamos llamar una doble moral y por lo tanto no educa al instinto.

Otra pedagogía de los intereses debe tener presente la correcta orientación de los instintos, hacia fines más elevados. En este sentido los intereses pueden ser un medio o un fin, pues algunos son puente para acercar los niños y jóvenes hacia el conocimiento; otros intereses al contrario, deben permanecer en el proceso de aprendizaje, como lo es el interés por la ciencia.

Como complemento de lo anterior, digamos que un tema educativo debe estar subordinado a un interés específico del plano personal, para relacionarlo posteriormente con algo ya conocido y provisto de un componente nuevo de actividad; lo anterior permitirá que se avance hacia la intelectualidad, las artes o los deportes.

Veamos tres conclusiones frente a los intereses como exigencia en la pedagogía de la mediación:


  1. Vincular los diversos temas de un curso para despertar el interés, concentrándolo en un solo eje, con el objetivo de captar una idea completa y no fragmentaria de lo que se quiere enseñar.

  2. Evitar la repetición mecánica como método de enseñanza y hacer que dicha enseñanza sea concéntrica, o sea, disponer de un tema de tal modo que se recorra en su totalidad de la forma más breve y sencilla; luego el maestro debe volver sobre el mismo tema, para recorrerlo de una manera más profunda y ampliada, con hechos y conceptos nuevos. En la ciencia lo nuevo a cerca de lo viejo puede despertar un gran interés (el conocimiento se produce en espiral).

  3. Partir de los intereses personales y (o) colectivos de niños y jóvenes, sobre cosas que viven en la vida cotidiana como por ejemplo las ocupaciones de los adultos, el afecto, la vida sexual etc, con el fin de preparar el terreno para los intereses de tipo intelectual.

El juego como instrumento pedagógico

Reiteradamente se ve en el juego una actividad con un único valor de “distracción” o diversión. Sin embargo, su significado psicológico y biológico evoca hasta las épocas más primitivas de la humanidad, por lo tanto es una necesidad vital, de liberar energía, no sólo en los niños sino también en los cachorros de la especie animal. Sin embargo no es sólo eso, también está cargado de sentido, acorde con la edad y los intereses de los niños. Casi todas las reacciones se van elaborando y creando en el proceso del juego infantil, por ejemplo los bebés juegan con sonajeros y ello despierta su interés a causa del desarrollo de los sentidos, en términos de la manipulación de los objetos (tocándolos y llevándolos a su boca). El periodo posterior del juego, que incluye el esconder y escapar, tiene que ver con la habilidad que va adquiriendo el niño para desplazarse y orientarse en el ambiente. Lo mismo sucede con los juegos de imitación, que obedecen a la asimilación, de diversos aspectos de la vida humana.

Otro tipo de juegos como los constructivos, enseñan a que los niños se propongan objetivos, coordinen sus movimientos y gobiernen sus propios órganos, en síntesis estos juegos, organizan la experiencia externa.

No podemos dejar de lado los juegos reglados, los cuales organizan las formas superiores de conducta, exigiendo del jugador tensiones, conjeturas, ingenio; en dichos juegos se hace evidente la experiencia social y por ende, permite la regulación de la propia conducta y la de los demás. Precisamente por esto se constituye en una experiencia social colectiva de la que hace parte el niño, por lo cual es una forma irremplazable de educar hábitos y aptitudes sociales.

Una propuesta pedagógica, al servicio de una nueva sociedad, requiere inevitablemente, apoyarse en el juego como instrumento de mediación, para tener así éxito, en la importante tarea de educar los instintos.

Indudablemente todo ello tiene como meta, ir ampliando cada vez más el medio social de los estudiantes, pues la familia y la escuela no son suficientes para formar sujetos capaces de transformar. Por lo tanto se hace necesario:



  • Educar el instinto en formas tales que rompan y trasciendan los muros del hogar, partiendo de la base de los muros de la escuela; luego, los muros de ésta sobre la base de la unión de todas las escuelas, para formar así grandes movimientos de estudiantes que abarquen todo el país o el mundo, como el movimiento de pioneros y el movimiento de juventudes comunistas en Rusia y Cuba. En este sentido, niños y jóvenes pueden aprender a vincular su conducta con la de las enormes masas del mundo.

  • Elaborar y pulir las formas de comunicación social, que permita a los estudiantes ampliar sus horizontes comunicativos, hacia las complejas relaciones sociales que determinan las distintas sociedades. Y. bajo este criterio, posibilitar el desarrollo de principios sociales, como lo son el amor y la amistad, sin dejar a un lado el desarrollo de la creatividad que subrayamos en párrafos anteriores.

  • El juego debe constituirse en un medio para enseñar conductas racionales y conscientes, por lo cual es necesario planearlos desde obstáculos reales que viven los niños, pues allí donde no hay problemas, el pensamiento no fluye. “El juego es la forma natural de trabajo del niño, pues le es inherente para prepararse para la vida futura” *(Groos, Karl)

BIBLIOGRAFÍA

VIGOSKY, Liev Semiónovich. Psicología pedagógica: Un curso breve. Aique editor. Buenos Aires. 2001.

VIGOSKY, Liev Semiónovich. El desarrollo de los procesos Psicológicos superiores. Biblioteca de bolsillo. Barcelona. 2000.



* Biólogo reconocido de la época de Vigotski, citado en Psicología pedagógica, un curso breve. Cap 5 pag130.

* Citado por Vigotski. Biólogo evolucionista inglés.

1 VIGOTSKY, Liev Seminóvich. Psicología pedagógica. Un curso breve. Pag 145

2 Ibíd., Pág. 147

3 Ibíd., Pág. 152

* GROOS, karl (1861-1946). Citado por Vigotski. Desarrolló una teoría del juego según la cual el juego es una actividad que prepara a los niños para momentos críticos de la vida.





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