Sistemas de información y vigilancia Nuevas tecnologías de la comunicación y control social



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Sistemas de información y vigilancia
Nuevas tecnologías de la comunicación y control social

Francisco SIERRA * mailto:fsierra@cica.esm
ailto:fsierra@cica.es

La miniaturización de los equipamientos electrónicos y los avances en la producción de armamentos y equipos informáticos merced a los avances tecnológicos de los sistemas de información y conocimiento han llevado a algunos teóricos a definir la guerra de la era de la información como una guerra digital. El factor tecnocomunicativo es hoy una referencia permanente tanto en las crecientes necesidades de movilidad y actuación rápida de las fuerzas aéreas y terrestres, como en la gestión de los datos de estrategia e intervención, la ramificación descentralizada de las fuerzas de contingencia, la coordinación operativa de las diferentes divisiones del ejército y, por supuesto, el control de los sistemas de información y decisión, concentrando en el mando militar las acciones políticas, diplomáticas y civiles por mediación de las diversas formas de control de la opinión pública y de manipulación de la información de actualidad.

Como marco doctrinario de pensamiento y estrategia militar, la noción de guerra digital comprende la reelaboración global de la doctrina y los programas de investigación y desarrollo del ejército, en la consecución de los objetivos y la aplicación de los medios tecnológicos de organización y actuación militar de la fuerza del siglo XXI.

La concepción cibernética, la logística y la ingeniería armamentista basada en la computación, los sistemas de información en línea y la inteligencia artificial participan de una teoría y una práctica castrense dirigida e integrada por un modelo de análisis globalizado de la fuerza y la acción bélica del siglo XXI. La doctrina política es asimismo asimilada en el marco de una doctrina de seguridad internacional en la que el cuestionamiento del concepto de soberanía, de los límites y fronteras regionales, de los límites entre la guerra y la paz o el frente y la retaguardia orienta la acción del nuevo pensamiento estratégico del Pentágono :



"El concepto de guerra se está expandiendo, como mínimo, hacia dos direcciones. En primer lugar, ya no podemos ver la guerra simplemente como los ejércitos de una nación-estado o grupo de naciones estado combatiendo entre sí (...) La segunda manera en que se está ampliando el concepto de guerra se relaciona con el combate convencional" (1).

La noción de "desarrollo progresivo" sintetiza clarificadoramente esta concepción cualitativa más que gradual de la escalada bélica en nuestro tiempo, legitimada en los medios como nueva ideología en la conciencia bélica de la opinión pública internacional. Se trata, en fin , de un significativo cambio de una estrategia de despliegue (concepción distributiva de la guerra) a una visión proyectiva de los ejércitos y la táctica militar, siendo lógicamente la información (el espacio de los medios y tecnologías comunicacionales) el principal instrumento de intervención, y la guerra una estrategia de vencimiento por el con-vencimiento, esto es, una guerra informativa, una guerra mediática y de propaganda, que, desde el conflicto del Golfo Pérsico, viene legitimando la actuación de un discurso y una política informativa regida, como se puede observar en los documentos oficiales estadounidenses, por el principio absoluto de la seguridad pública .

En las nuevas formas de guerra, basada intensivamente en las fuentes y recursos informáticos, la victoria se dirime en la capacidad de destrucción y dominio de los sistemas de información. Las nuevas tecnologías constituyen un aporte a la esfera militar integradas en las diversas instituciones de seguridad pública, asumida por principio la intencionada confusión entre estrategias de televigilancia y operaciones bélicas. Así, por ejemplo, el espacio es definido, en la doctrina estadounidense, como un área estratégico de interés nacional en la concepción comunicativa del ejército, imbricando en la responsabilidad del control de las redes satelitales al sector privado (2). La política de uso del espacio radioeléctrico y las tecnologías de telecomunicaciones al servicio de la doctrina de seguridad nacional no es nueva. Constituye, de hecho, históricamente uno de los ejes centrales de expansión del poder internacional de los Estados Unidos en el mundo, mediante la coordinación de las redes telemáticas militares con el sector civil y comercial (Teledesic, Global Star, Orbicom, . . . ) en función de las actividades de inteligencia.

Hoy, sin embargo, a diferencia de la clásica doctrina de seguridad nacional, la extensión de la filosofía de la guerra total y permanente presupone la realización hasta sus últimas consecuencias de una cultura mediática de videovigilancia global, en la que la seguridad es consagrada en principio rector de la vida pública, en nueva disciplina de regulación y acomodamiento social de la conciencia cívica a las necesidades de orden y control político-militar por razones preventivas (3). La pedagogía militar de la guerra de la información consiste precisamente en la calculada y ambigua extensión de la lógica bélica a la vida civil y política. La política de seguridad nacional, y supranacional, se extiende hoy a todas las formas de comunicación electrónica (4). Si la construcción de sistemas de inteligencia artificial, espionaje, rastreo y teledetección satelital han venido reforzando los tradicionales sistemas de inteligencia del Estado y un estricto control de las comunicaciones electrónicas , hoy el FBI ha extendido a la red Internet y los sistemas de telefonía móvil la política de supervisión y control para responder al reto de los nuevos medios y tecnologías de la comunicación, reformulando incluso las bases del pensamiento político-militar sobre la seguridad pública y hasta la propia cultura informativa y la propia doctrina del derecho a la información que hoy circula entre los profesionales de los medios y los ciudadanos, a partir de una agresiva política de intervención en el ámbito de la comunicación pública. Programas como INFOSEC OUTREACH, creado para el diseño y evaluación de los sistemas de seguridad informativa, o la MISSI NETWORK SECURITY INITIATIVE, para el desarrollo y la coordinación de las redes modulares de seguridad en las redes de información para la Defensa de la Infraestructura Nacional de Información (NII), son algunos de los proyectos sectoriales que la National Security Agency ha puesto en marcha en Estados Unidos para la planeación de la guerra digital, bajo la supervisión de la Secretaría de Defensa para el Comando, Control, Comunicaciones e Inteligencia, dependiente del Departamento de Defensa, según un modelo panóptico de observación y control informativo. De acuerdo con Virilio :



"Desde el momento en que el mercado sólo es mundial en tiempo real y que el espacio real de la geopolítica económica declina de día en día, se hace indispensable la sobreexposición óptica para el comercio global con una puesta en marcha de la competencia de las diversas fuentes de información visuales y audiovisuales" (5).

El dispositivo mediático de televigilancia instituye así, simbólica y prácticamente, un complejo aparato de control despersonalizado, automático, invisible y totalizador en el que el sujeto es reducido a un apéndice archivado por los medios de visibilidad y transparencia del Estado. La omnivisión, como apunta Virilio, crea un sistema de vigilancia doméstica bajo la observación de la óptica global, cuya mercantilización de la mirada transforma el espacio-tiempo y la experiencia de lo público del espectador desde modelos de representación reactivos de televigilancia mundial :



"Hacer ver lo que se produce en el instante presente (telepresente) en el mundo, he aquí un mercado, un mercado de la mirada cuyo carácter panóptico de vigilancia doméstica rebasa con mucho la puesta en escena de emisiones televisadas para el gran público, tal como las conocemos desde hace más de medio siglo. Hasta el carácter transitorio de la emisión y de la recepción programadas se ve puesto en tela de juicio a favor de la posibilidad inaudita de una permanencia del directo que revoluciona el estatuto de la recepción, a una hora fija, de un mensaje de información, tal como la CNN lo hacía hace veinte años, con el éxito que se sabe" (6).

La banalización de la guerra , la redundancia terrorífica de las máquinas de muerte difundida por el sistema mediático-comercial establece de este modo las bases de un nuevo sistema de dominio, bajo la lógica militar que atraviesa y determina el conjunto de las actividades sociales en coherencia con la cultura de consumo. Así, la sofisticación tecnológica y la pregnancia de una retórica de esceneficiación militar espectacularizada, característica de los sistemas imperiales, envuelve hoy los discursos económicos, informacionales y bélicos de la aldea global en el manto seductor de la guerra de las galaxias.

Si la guerra y la paz no son hoy situaciones diferenciables u opuestas, sino componentes de un mismo proceso a escala de gestión de un orden mundial precario y acechado por nuevos conflictos internacionales, las turbulencias y desórdenes globales de una "geopolítica del caos" legitimaría como necesaria una estrategia de guerra total permanente en la que se relacione adecuadamente la aplicación de la fuerza con los resultados políticos deseados, de manera combinada, recurriendo a los medios y las técnicas de desinformación y propaganda como soportes indispensables de los ejércitos.

Desde la experiencia traumática de la fracasada intervención militar en Vietnam, el alto mando del Pentágono ha enfatizado el carácter político de toda acción bélica para favorecer un enfoque centrado en las causas fundamentales de conflicto más allá de las dimensiones militares. De hecho, la concepción de guerra prolongada en los medios procede, básicamente, de la experiencia bélica contrainsurgente. El conocimiento adquirido en este tipo de operaciones especiales ha favorecido en las últimas décadas un rol político fundamental en la doctrina estadounidense de seguridad internacional. Las formas irregulares de guerra informal y el incremento del rol desempeñado por las operaciones encubiertas han convertido incluso la estrategia de baja intensidad en un referente doctrinal básico de la actual política del Pentágono (7) que incluye desde niveles de disuasión y agresión directa, políticas y estrategias pacificadoras, hasta acciones de guerrra masiva como en el bombardeo de Yugoeslavia, a partir de una nueva correlación y equilibrio entre las accciones de fuerza y la negociación política que ya en los años cincuenta los teóricos de la comunicación estadounidenses denominaron "nueva diplomacia pública".



PERSUASIÓN Y DISUASIÓN

"La guerra es un acto de fuerza

para imponer nuestra voluntad al adversario"

Karl Von Clausewitz

Para lograr la unidad de esfuerzos y el plegamiento de los objetivos políticos de la administración pública (Departamento de Estado) a los objetivos militares (Departamento de Defensa) a través de la coordinación del Consejo Nacional de Seguridad, el Alto Mando del Ejército norteamericano propone en primera instancia como acción militar prioritaria la estrategia de manipulación informativa a partir de la comunicación y la acción disuasora, las filtraciones administradas, la guerra psicológica y la centralización de fuentes por los medios, agencias y servicios especiales de los Estados Unidos. La doctrina de la guerra informacional tiene como referente, en este punto, la experiencia del Golfo Pérsico, donde la experiencia tecnomediática y comercial ha servido para relanzar proyectos herederos de la filosofía de la guerra de la galaxias para alcanzar la preeminencia absoluta de Estados Unidos en el próximo milenio tanto en el potencial de recursos materiales como en la distribución informativa y las redes de telecomunicaciones :



"Para Estados Unidos, el objetivo central de una política exterior en la era de la información ha de ser el de ganar la batalla de los flujos de la información mundial, dominando las comunicaciones, al igual que Gran Bretaña dominó una vez los mares" (8).

Tradicionalmente, Estados Unidos ha privilegiado el control de las comunicaciones internacionales como principal estrategia de propaganda en la confrontación bélica regional. Así , por ejemplo, continuando con esta estrategia de control y dominio de los sistemas de comunicaciones, en Oriente Próximo el poder informativo de la BBC y la Voz de América ha sido complementado por diversas alianzas político-mediáticas con países amigos como Arabia Saudí a través de empresas multimedia como NBC, ORBIT Communications y la Arab Network Agency, en la particular cruzada occidental contra el avance islámico y los movimientos políticos nacionales antiimperialistas que afectan a los intereses estratégicos de Estados Unidos en la zona (9).

Ahora, si bien la política informativa de manipulación y ocultación de los hechos considerados sensibles ha sido en el siglo XX un elemento estratégico en la planeación y desarrollo de los conflictos bélicos por los estados mayores de los ejércitos, el diseño actual de la política de información sobre la guerra administrado por el "grifo de imágenes" es planteado de manera flexible y multifuncional según el caudal de noticias y las necesidades de mayor o menor saturación mediática por los actores protagonistas del conflicto, al fin de convertir los acontecimientos mediáticos en un hecho banalizado y asimilable para los profesionales de los medios, desde una filosofía y estrategia global de la sociedad de la información, como ha sucedido en el último bombardeo de Irak y la novelada crisis Lewinsky, siguiendo la experiencia de la guerra del Golfo (10).

Esta nueva estrategia asume como propios los principios de la Guerra de Baja Intensidad manejando en función de la situación y características del conflicto formas distintas de intervención, de la persuasión a la disuasión, pasando por el uso de la violencia política y militar masiva y coordinada. Así, por ejemplo, en el conflicto de Kosovo, la cadena CNN ha pasado de ser, en palabras de Madeleine Albright, el decimosexto miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para convertirse en medio de difusión de la doctrina estadounidense de la OTAN, mientras en conflictos como el bombardeo de Irak se ajustaba punto por punto en la línea editorial a las tesis y deliberaciones de la ONU, según las exigencias de la diplomacia estadounidense.

Tal política militar, y su integración definitiva en el sistema mediático y las redes e infraestructuras de información, es, en cualquier caso, planificada en función de lo que Chomsky denomina la producción del consentimiento. En palabras del profesor Steven Metz :

"Debemos fomentar un consenso general para apoyar el empleo de la fuerza y sólo se puede lograr lo anterior usando objetivos imprecisos y simbólicos, que constituyen una base estratégica muy débil. Cuando existen reales objetivos, normalmente son secretos" (11).

Los medios tienen, por ello, como función crear las condiciones adecuadas para mantener los verdaderos objetivos de la intervención oculta a la opinión pública y difundir, en su lugar , un objetivo de tipo simbólico, imaginario, que refuerce el apoyo de la población, como en el conflicto de Granada y Panamá, así como el respaldo de la opinión pública internacional, trabajando con los aliados en el terreno de la guerra psicológica de percepciones y creencias administradas por el sistema institucional de los medios de comunicación periodística (12). Una función que sin duda ha incidido indirectamente en la falta de credibilidad de los medios (13).

Las operaciones psicológicas (PSYOP) de las fuerzas especiales comprenden el recurso a estrategias de información, propaganda y desinformación a todos los niveles. La instrumentación mediática admite grados y escalas diferentes de manipulación, control, censura y desinformación, conforme a la intensidad del conflicto y la escalada militar en el continuum de gradación de la guerra a la situación de paz, mediante la propagación de los intereses militares en la prensa, los medios audiovisuales, los líderes de opinión e incluso la comunicación interpersonal cara a cara, al fin de influir en el conjunto de las audiencias y lograr :

1º ) El desarrollo a largo plazo de los objetivos estadounidenses, influyendo en las actitudes de la población de forma determinante.

2º) El control militar de las instituciones y los poderes políticos nacionales y las agencias civiles bajo la supervisión del ejército y la Agencia de Información de los Estados Unidos a través del establecimiento de la Junta de Jefes de Estado (JCS).

3º) La efectividad de las campañas de planeación informativa desarrolladas por los técnicos de la división de las PSYOP en diferentes segmentos específicos de audiencia.

4º ) La penetración de las técnicas audiovisuales entre diferentes grupos de población (target) y la difusión de los mensajes planeados para promover el respaldo o la neutralidad amistosa de las audiencias durante la misión militar, al fin de evitar las resistencias y oposiciones al cumplimiento de los objetivos tácticos y estratégicos de la guerra psicológica.

Haití es un caso representativo de esta nueva estrategia de contención y manipulación informativa basada en operaciones psicológicas (14). La política de guerra psicológica permanente descansó en el conflicto haitiano sobre dos áreas de intervención : la defensa de restablecimiento de la democracia y la contención antimigratoria de la población huída de la isla.

Las operaciones psicológicas fueron integradas directamente en los programas de información del gobierno coordinando la actividad del Consejo de Seguridad Nacional, la CIA, el Departamento de Defensa, el Departamento de Justicia, el Departamento de Estado, la USIA, la USACOM y, por último, el gobierno de Aristide en el exilio. Por supuesto, los canales de información del gobierno haitiano en el exilio estuvieron controlados por Estados Unidos desde el primer momento a través del Equipo de Apoyo de Información Militar (MIST) con sede en Washington, D.C.

Las operaciones de apoyo a la política diplomática estadounidense contemplaron la emisión de programas radiofónicos en el Caribe y las campañas de persuasión y convencimiento público de las representaciones diplomáticas comprometidas en el conflicto. Además de las transmisiones de la Estación Nacional Roosevelt en Puerto Rico, la 193 división del Grupo de Operaciones Especiales en Pennsylvania difundió numerosos programas en el interior de Haití a través de la señal Radio Democracia, en las que se prometería la reconciliación entre los haitianos y el restablecimiento de la democracia. Las emisiones de Radio Democracia incluyeron la difusión de los planes de la administración Aristide en educación, trabajo, servicios sociales y desarrollo económico, con apoyo de la comunidad internacional. A la vez que a través de Radio AM940, diversos mensajes de guerra psicológica diseñados por expertos norteamericanos en propaganda disuadían a la población haitiana para detener la oleada migratoria hacia los Estados Unidos.

La estrategia de guerra psicológica fue planeada gradualmente conforme la evolución diplomática del conflicto. Conforme fueron evaluadas las respuestas politicas y sociales a los mensajes de las autoridades y fuerzas de oposición en el interior de la isla, la unidad de operaciones especiales fue ampliando su campo de acción a nuevos sectores de la audiencia a fin de intensificar la penetración informativa y el respaldo a la política norteamericana en Haití. El Grupo de Trabajo Interagencias de Información (IIWG) aprobaría incluso el envío de aproximadamente 10.000 receptores de radio, introducidos en Puerto Príncipe por aire para incrementar el número de receptores de los mensajes transmitidos por el gobierno Aristide en el exilio bajo la supervisión del Pentágono. Un mes más tarde, se establecía además el programa "Television Democracy" con el objetivo de preparar al pueblo haitiano en la restauración democrática y la llegada de las fuerzas militares estadounidenses. A través de los programas de radio y televisión, Bill Clinton, el Secretario de Defensa y algunos oficiales del ejército norteamericano fueron consecutivamente informando a la población de los programas de ayuda económica a Haití y los apoyos internacionales a la democracia previstos con el desembarco en la isla.

Las contradictorias informaciones y cruces de rumores en esta última fase de la crisis hizo de las operaciones psicológicas un factor esencial a nivel táctico y operativo (15). En la operación militar, helicópteros y unidades de Fort Bragg volaron sobre Puerto Príncipe anunciando el apoyo de las tropas estadounidenses al restablecimiento democrático y pacífico en el país con el objeto de facilitar la actitud favorable al proyecto y la estrategia de planeación diseñado por la coordinación de las PSYOP. Los objetivos entonces de la guerra psicológica con la invasión de la isla por Estados Unidos fueron dirigidos a :



  1. Informar a la población acerca de las razones de la presencia del ejército estadounidense.

  2. Minimizar las críticas a la acción militar estadounidense.

  3. Ocultar las hostilidades públicas a las fuerzas estadounidenses.

Los mensajes de las fuerzas de operaciones psicológicas fueron encaminadas a justificar la presencia de los ejércitos extranjeros en territorio haitiano basado en la noción de no interferencia y en la contrapropaganda que minimizara las imágenes sobre inicidentes protagonizados por soldados extranjeros en la isla. En este punto, las campañas informativas procuraron :

  • Convencer a la población civil para dispersar posibles oposiciones.

  • Disuadir a la población de penetrar en las zonas de seguridad bajo control estadounidense.

  • Convencer al pueblo de no obstaculizar las operaciones de los marines.

En una fase posterior, la estrategia de las PSYOP buscó reducir los efectos del enfrentamiento y la violencia entre grupos políticos y la sociedad civil haitiana mediante una campaña orquestada con temas centrales como los siguientes :

  • Stop a la violencia y la venganza. La violencia produce más violencia.

  • Democracia significa paz.

  • La violencia no es una respuesta en el largo camino hacia la paz y la democracia.

La campaña procuraba convencer a los sectores políticos y militares de Haití lo inconveniente de una guerra civil, persuadiendo a su vez a la población de respetar los principios constitucionales en la restauración de la democracia. En esta etapa de la intervención estadounidense, los mensajes de tolerancia y no violencia emitidos por radio por el propio Aristide procuraron en toro momento movilizar a la población con el fin de evitar actitudes violentas y de venganza, en favor de la reconciliación y la justicia nacional. La campaña comprendía la composición y multidifusión de la canción "Long Live Peace" compuesta por encargo de los servicios de guerra psicológica ("All Haitians must be the messengers of peace").

Estas actividades de guerra psicológica planeadas fueron además acompañadas por :



  • Numerosas ruedas de prensa internacionales.

  • Entrevistas con autoridades y mandos del ejército seleccionados por la Junta de Información en radio, prensa y televisión.

  • Análisis de audiencia sobre los efectos de las campañas de propaganda.

  • La planeación publicitaria en soporte video de mensajes en apoyo a las campañas de información como variable determinante de las operaciones logísticas del Ejército.

En la nueva doctrina militar, las operaciones psicológicas concentran la mayoría de los esfuerzos de planeación estratégica militar ante la complejidad y simultaneidad de las situaciones de conflicto. En el Manual de Operaciones 100-5 (FM), el Ejército estadounidense renovó sus principios de estrategia y táctica militar en razón de los cambios posteriores al fin de la Guerra Fría, posteriormente revisados en el Documento FM 100-23. La tesis central defendida en ambos documentos es la legitimidad e importancia de las operaciones psicológicas en una lógica bélica sustentada en la aceptación y respaldo de la opinión pública y en la implementación de las políticas nacionales según los objetivos definidos militarmente. En el mencionado documento, se establece explícitamente que los programas de información pueden facilitar la vía de legitimación y apoyo a los programas militares entre las audiencias nacionales y la opinión pública internacional. Las PSYOP son pues el factor de construcción de la legitimidad, las creencias y el impacto público de los intereses militares en un contexto atravesado por continuas tensiones sociopolíticas y actividades desestabilizadoras contrarios a los planes del alto mando. La constelación mediática y el entorno cultural inflacionista de noticias sesgadas por las fuentes oficiales favorecería así, en nuestros días, un marco comunicativo dirigido por los intereses del complejo militar-industrial del Pentágono y el medio de gestión de la incertidumbre en el teatro de operaciones de la comunicación-mundo.



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