Sintesis biografica



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XIX CAPÍTULO GENERAL
Para el Capítulo General que tendría lugar en 1993 le tocaba al H. Basilio por derecho y por cuarta vez asistir al Capítulo. Tomó muy en serio su compromiso y se preparó lo mejor posible para participar. La revista México Marista le hizo una entrevista en relación con su postura ante el Capítulo. ¿Cómo ha preparado el Capítulo desde su postura de ex Superior General? He aquí algunas opiniones: … desistí de escribir, traté de pasar a la penumbra a pesar de las múltiples peticiones de diversos lugares y de otros religiosos, pues he querido evitar, a toda costa, lo que hubiera podido parecer un magisterio paralelo o cualquier otra cosa semejante. Lo que ahora considero es que queda mucho trabajo, mucha oración por el Capítulo, mucha oración para ponerme en las actitudes ideales de un Capitular. Mucho estudio y reflexión a partir de toda la documentación que ha mandado el Superior General; mucha apertura a los demás Capitulares, tratando de escuchar la Palabra de Dios… ir muy abierto a escuchar lo que los demás quieran decir y sobre todo una actitud de mucho discernimiento de espíritu.
En cuanto a la capacitación del laicado tenemos que trabajar para que nuestros maestros se vuelvan más llenos de la mística Marista, más despiertos en las tareas de la educación como misión, como vocación y no simplemente como profesión asalariada. Ahora, desde el punto de vista personal del aporte mío, yo sería un poco más exigente. Creo que un antiguo Superior General debe tener mucha discreción, mucha delicadeza, mucha prudencia; al ir al Capítulo debe acordarse de que fue pero ya no es y eso es incuestionable. Respecto a la Espiritualidad Apostólica Marista no hay que olvidar que donde no existe la espiritualidad, tampoco existe la Espiritualidad Apostólica Marista. Respecto a la vida Marista actual mi percepción es la siguiente: que el Hermano crea en su vocación y se afirme vigorosamente en ella con la seguridad de su calidad, su importancia e identidad. (cfr. México Marista).

PEREGRINACIÓN DE SOLIDARIDAD
Antes de asistir al Capítulo, el H. Basilio hizo el viaje que el H. Superior General pidió a todos los Capitulares. Tenía por objeto visitar los lugares más necesitados. El viaje fue a África: En cuanto a la invitación de realizar este viaje me planteé la pregunta de ir o no ir. De hecho ya había tenido oportunidad de vivir experiencias de todo tipo, desde la vivencia de los colegios clásicos, hasta poder vivir en lugares sumamente pobres; sin embargo me dije: cuando tú eras Superior General pediste a los Capitulares que fueran a alguna misión de África o Asia para darse cuenta de realidades y responder a necesidades; entonces, también tú tienes que ser solidario en esto… cuando estaba buscando dónde hacer la experiencia, el H. Antonio Cavazos, Provincial de México Occidental, me invitó a la misión de Tanzania, allí la pobreza es más severa que en América Latina, que también tiene lo suyo. Acogí la invitación con mucho interés… fue como un deber y un gozo acompañar al H. Provincial en su visita. (cfr. México Marista).
Salieron los capitulares mexicanos rumbo a África en visita previamente programada. De esto nos habla el H. Antonio Cavazos: Visitamos Nairobi… los Hermanos Africanos jóvenes preguntaban al H. Basilio si él era el autor de las gruesas circulares y éste reía de buena gana. Ya en Masonga, Tanzania, nos hospedamos con los Hermanos. Los niños se nos acercaban curiosos. Yo ya había ido en otras ocasiones a visitar a los Hermanos y conocía a varias personas de la aldea, entre ellas a Marcelo, un niño de unos nueve años. Desde recién nacido tenía el cuerpo cubierto de granos (infecciones en la piel) especialmente en las piernas, en los brazos y en la cabeza.
Dice la gente, que de recién nacido fue tirado en un basurero y que una señora de edad madura lo había recogido. Marcelo… causaba repugnancia. Al H. Basilio le fue confiada la curación del niño. Como pudo le explicó lo que tenía que hacer para poder curarlo todos los días, mañana y tarde… luego comenzó el tratamiento. Marcelo no acudía a las citas y el H. Basilio lo empezó a corregir y a animar, a educar. Marcelo comprendió el bien que le hacían la limpieza y la aplicación de los medicamentos. El H. Basilio lo cuidaba con dedicación y cariño. Cada día se notaba el avance de la curación en la piel de Marcelo. Cuando terminó la visita, le costó trabajo a Marcelo despedirse. La tarde anterior llevó, en una bolsa de plástico, todos los algodones usados que el H. Basilio había empleado para curarlo. Le decíamos que los tirara, que ya no servían, que estaban llenos de infección… los quería conservar como recuerdo. Su cara expresaba agradecimiento. (cfr. Testimonio). Cuando murió el H. Basilio, en 1996, y le comunicaron a Marcelo la noticia, dicen que se puso muy triste y lloró desconsoladamente.
Después del Capítulo General, el H. Basilio fue invitado por la Provincia Marista de Madrid para predicar el Retiro Anual a los Hermanos, sobre los documentos del XIX Capítulo General. Los temas fueron los relativos a lo más apremiante de la actualidad Marista: Educadores Cristianos; Formación Permanente; Solidaridad; Misión; Vocación Personal y Comunitaria; Estilo de Vida, Sobrio y Sencillo, Promoción Vocacional. Como siempre, el H. Basilio fue objeto de particulares muestras de afecto de muchos de sus amigos españoles. En ningún momento dejó de sentirse en casa.
IV. EL CREPÚSCULO
HACIA EL OCASO

El 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, se rindió homenaje a los Hermanos Jubilares de México Central en el Noviciado de Tlalpan. Era la promoción 1944 de primera profesión religiosa, la del H. Basilio Rueda. Cincuenta años de generosa entrega al Señor, en la misma casa pero medio siglo más tarde, ahora como maestro, en compañía de sus novicios, de sus Hermanos, familiares y amigos. Días después en Guadalajara, el 25 de diciembre con los Hermanos de México Occidental y sus familiares y amigos de infancia.


En el discurso de homenaje el orador se dirigió al H. Basilio: Estimado Basilio, tu actuación es historia. Te hemos escuchado, te leímos, te observamos. Hay dos cosas que no podemos ignorar: tu pasión por lo Marista y lo humano de tu lenguaje y de tu acción. Tus Hermanos te agradecemos que hayas sabido seguir siendo el mismo. Que la autoridad fuera para ti un ministerio y que tu actuar está enmarcado por los apasionantes límites de lo humano… sabemos que opinas con prudencia, pides en el ámbito de las posibilidades y prodigas amistad a todos. No quiero terminar sin reconocer y agradecerte esa labor profunda y callada del Noviciado…sigue siendo el Hermano entre Hermanos, a quien queremos, agradecemos, escuchamos y pedimos al Señor junto contigo. (cfr. México Marista).
A fines de enero de 1995 el H. Basilio fue intervenido quirúrgicamente en la ciudad de México a fin de ponerle una prótesis de fémur. Su operación estaba programada desde principio del mes, pero un cuadro de neumonía que le venía aquejando hizo que la operación se pospusiera. Fue operado y a los pocos días regresó a casa y en unas cuantas semanas ya se había incorporado nuevamente a las labores del Noviciado. Alguien se había expresado del H. Basilio: Es buen paciente pero mal convaleciente.
En abril recibió la visita del P. Juan Cappelaro, del equipo promotor del Movimiento por un Mundo Mejor, amigo de siempre y que vino expresamente con él por unas cuantas horas.
El 9 de mayo apareció la noticia en L´Osservatore Romano de que el H. Basilio Rueda había sido nombrado Consultor de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. El texto dice así: Con carta n. 374,007 del 10 de abril u.s. el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, ha notificado que Su Santidad Juan Pablo II ha querido nombrarlo Consultor de esta Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica ad quinquenium según las normas vigentes. Firmado. Eduardo Cardenal Martínez Somalo. Prefecto.
El mes de julio asistió a la Asamblea de discernimiento de la Provincia de México Central en Querétaro. Un cuadro de malestar de las vías respiratorias que venía arrastrando de tiempo atrás no lo dejaba en paz. El día 24, a pesar de todo, fue a cumplir un compromiso de predicar ejercicios espirituales a los Misioneros del Espíritu Santo. Regresó sin haberse recuperado del todo. Una semana después volvió otra vez con los Misioneros sin estar bien de salud. A pesar de todo siguió aceptando compromisos.
En agosto empezó el movimiento para el traslado del Noviciado a la ciudad de Morelia. Además de ordenar sus pertenencias, impartió un curso a los Hermanos Formadores de la Provincia. En septiembre se incorporó al Noviciado en Morelia. A pesar de que su salud no andaba bien, se desplazó a la ciudad de México para asistir a las sesiones del Consejo Provincial y para visitar al H. Leonard, profesor de los novicios que había sido intervenido quirúrgicamente y se encontraba todavía en el hospital. Visitó a un amigo médico quien le recomendó que se hiciera unas pruebas de respiración, a lo cual accedió.
Al ver los resultados y percatarse de la insuficiencia respiratoria, se le recomendó la visita al neumólogo. A su regreso a Morelia todavía presidió las sesiones para la elaboración del Proyecto Comunitario de los novicios. Empezó a presentar síntomas de presión elevada, fiebre y congestión pulmonar.
El 16 de octubre le celebraron la fiesta de su cumpleaños número 71. Participó en el festejo sin dejar entrever su malestar, pues los novicios no notaron ningún síntoma de enfermedad. En los anales del Noviciado no aparece tampoco señal de alarma.
Una maestra socióloga, que había participado en la elaboración del diagnóstico de discernimiento de la Provincia, estuvo en Morelia para felicitarlo. En un rato de plática el H. Basilio le confió: Tengo los pies muy hinchados y me siento sumamente cansado. He visto que varios Hermanos que tienen la misma edad que yo están estupendamente bien de salud. Yo me he acabado antes que ellos. El día 18 llegó el H. Franco, Provincial de la Provincia de Italia, acompañado del H. Bernardino que venía a pasar un año en México en compañía del H. Basilio. Los recibió y atendió como era su costumbre. Se preocupó de que visitaran algunos lugares y que no les faltara nada de lo necesario y de lo conveniente.
Empezaron las visitas al neumólogo, al cardiólogo, al nefrólogo; radiografías, análisis clínicos etc. El resultado fue que había retención de agua prácticamente en todo el cuerpo. Se inició el tratamiento y sólo se notó una leve mejoría. Esto no impidió que siguiera trabajando. Todavía asistió en la ciudad de México al Consejo Provincial, en los primeros días de noviembre.
Las flemas se le acumulaban en la garganta y luego le causaban náuseas. Por la noche su sueño era escaso. Pedía permiso para quedarse en su cuarto a hacer sus oraciones, pues la subida de las escaleras le causaba mucha fatiga.
En carta fechada 7 de noviembre, el H. Basilio escribió al H. Quentin Duffy, antiguo Vicario General: A medida que pasan los años y reflexiono sobre usted, bendigo más y más al Señor por el regalo excepcional que hizo al Instituto en su persona y especialmente a mí, cuando recibiendo el exigente cargo de pastor de la congregación, fue elegido usted como Vicario General. A lo largo de 18 años admiré su sabiduría, su testimonio de religioso íntegro, su eficiencia en el trabajo de la administración, en la animación del Consejo General, en el trato de personas y de asuntos, así como su lealtad sin fisura a la persona del Superior General, a pesar de mis evidentes limitaciones. Una vez más gracias, Brother Quentin, por todo lo que ha hecho y sido para el Instituto. El Señor, que no deja un vaso de agua sin recompensa, le colmará de gracia y felicidad. Luego prosigue contándole detalles sobre su salud: Este año (1995) ha sido particularmente difícil para mi salud. Recibí el Año Nuevo con una pulmonía que tardó unas tres semanas en desaparecer. No guardé cama, pero sí se redujeron mis energías y mi trabajo. A fines de enero fui sometido a la operación del fémur. Hacia el fin de agosto se presentó una aparente y pertinaz bronquitis que degeneró en un cuadro complejo y preocupante del metabolismo, fatiga y acrecentamiento del corazón, disturbios en el estómago, vías urinarias,. etc. El mes de septiembre fue particularmente difícil y hasta pensé dimitir como maestro de Novicios. Parece que el asunto se ha circunscrito a que en la orina tengo cuatro veces más proteínas que las normales, lo cual me provoca retención de agua en el organismo… un poco de esfuerzo me acarrea mucha fatiga. Como ve, estoy lejos de la capacidad de trabajo que tenía en Roma. Es normal a causa de la edad y de la salud. (cfr. Correspondencia).
El 8 de noviembre le hablaron de Guadalajara para comunicarle que su hermana Josefina iba a ser intervenida quirúrgicamente de una hernia y se preparó para estar con ella. Dejó pendiente la visita al cardiólogo. La noche anterior le había sido difícil conciliar el sueño y su ritmo cardiaco había estado débil. Sin embargo, no creyó prudente aceptar las objeciones del H. submaestro para suspender el viaje y partió para Guadalajara. No era la primera vez que anteponía el cuidado de los demás a su propio cuidado. Él hubiera suspendido el viaje de cualquier Hermano que se hubiese encontrado en esa situación. El H. submaestro, preocupado por el estado de salud del H. Basilio, habló a la casa Provincial de Guadalajara para prevenir al H. Provincial de la gravedad de su salud y para que lo convenciera de ir al cardiólogo.
Al llegar a Guadalajara, el H. Basilio se comunicó por teléfono con el H. Provincial, quien lo invitó a cenar. Al llegar el H. Basilio, el H. Provincial ya lo estaba esperando en la puerta. Al subir los escalones hacia la entrada se le notó fatigado. Ya dentro de la casa caminaron un poco por el corredor. El H. Basilio se sintió mal y se sentó en una banca de las que había allí y se desvaneció por unos treinta segundos. El H. Provincial se lo hizo notar y él lo aceptó.
Durante la cena estuvo bromeando con los Hermanos de la comunidad sin perder en ningún momento su sonrisa. El H. Provincial pidió una cita con el cardiólogo, la que fue concedida para la mañana del día siguiente.
El cardiólogo ordenó una serie de estudios que dieron como resultado amiloidosis en ambos riñones, debido a una sustancia que cristaliza los órganos y los deja sin funcionar y sin posibilidad de recuperación. Lo indicado para esos casos es la diálisis continua o un posible trasplante de riñón, cuando el corazón estuviera en condiciones.
Al saber los resultados, el H. Provincial empezó a comunicarse con los Hermanos en el exterior de la República Mexicana: Empecé -nos dice- a escribir al Superior General y a muchos de los amigos del H. Basilio. Envié muchos faxes para enterar a los de Roma, España, Corea, Australia, Brasil y a muchos lugares más. Empezaron a llegar las respuestas vía fax también. Él me pedía que contestara en su nombre dando las gracias y pidiendo oraciones para que se hiciera la voluntad de Dios, sin dar muestras de impaciencia o desesperación. Empezó a tener atención de enfermeras día y noche; a los pocos días ellas notaron que el paciente que cuidaban era un enfermo nada común. (cfr. Testimonio).
Dócilmente se ponía el H. Basilio en manos del Superior, y sería éste quien debía o no estar de acuerdo con lo que los médicos prescribieran. Tomaba las cosas con gran entereza, no perdía su alegría y seguía orando en compañía de los que lo visitaban. Fluyeron tanto las visitas que los médicos las prohibieron para no cansarlo.
En el reporte médico del 12 de diciembre se lee lo siguiente: Primer ingreso: 10 de noviembre de 1995. Alta: 29 de noviembre de 1995. Diagnóstico de ingreso: 1. Insuficiencia cardiaca. 2. Hipertensión arterial. 3. Isquemia cerebral transitoria. 4. Problema de isquemia cardiaca.
A continuación se consignan en reporte los antecedentes familiares y personales, el resultado de todos los estudios y la relación de la aplicación del tratamiento. En el día 23 aparece: A pesar del buen estado clínico… se decide revisar el uréter… El día 25: La mejoría clínica es evidente, el estado general del paciente es bueno, progresivamente aumenta el apetito, la capacidad de ejercicio es buena y se decide darlo de alta del hospital el 29 de noviembre de 1995. (cfr. Reporte).
Todo parecía marchar bien, el tratamiento se llevaba al pie de la letra. Volvió al hospital el 5 de diciembre para seguir con los estudios, cuyas conclusiones fueron las siguientes: Pronóstico: la posibilidad de un trasplante renal es buena a pesar de los problemas fundamentales en su contra: 1. Edad del paciente. 2. Naturaleza de la lesión renal encontrada, ya que la amiloidosis puede encontrarse en otros órganos. Los familiares (sobrinos) han expresado el deseo de poder donar un riñón; esto deberá tomarse en cuenta. (cfr. Reporte).
En la última carta colectiva que escribió el H. Basilio a sus amigos les dice al respecto: Por las comunicaciones de Roma ya tenía usted las primeras noticias de mi enfermedad. He mejorado mucho en relación con el peor momento… De hecho ninguno de mis riñones funciona ya y todo se orienta en este momento a un trasplante de riñón… Me siento con mucha paz y completamente, así lo espero, abandonado en Dios. No quiero en estas circunstancias, otra cosa que la santa voluntad de Dios para mí. Nadie nos ama tanto y nadie sabe mejor lo que nos conviene. ¡Bendito sea Dios! El día 10, después de los estudios, el H. Basilio fue trasladado a la casa Provincial.
El día 12, celebraron sus familiares el día del Santo de su hermana Guadalupe. Fue un día que transcurrió en medio del ambiente familiar, con alegría y regocijo entre sus hermanos de sangre y los de religión. El día 14 dio una conferencia a los Hermanos encargados de la pastoral vocacional. A la pregunta ¿qué orientaciones nos puede dar a los encargados?, anotamos las principales ideas de su respuesta: 1. Que el Hermano lleve el fuego de la vocación. 2. Con visión pastoral eclesial. Sin proselitismos pero con mucho amor a lo Marista. 3. Ser buen trasmisor. Dar buena imagen de la vida Marista. 4. El Hermano debe tener un ojo clínico vocacional. Los Hermanos deben ser una respuesta viviente a la juventud de hoy. A los novicios les pido: capacidad de don de sí mismos y gozar por ello. Franqueza. Que nunca mientan. Generosidad. Que sean positivos. (cfr. Testimonios).
Para ese momento el H. Basilio estaba en completa lucidez y dispuesto a servir hasta el último momento. Al día siguiente comenzó a preparar un nacimiento en el vestíbulo que está frente al cuarto que ocupaba. Pidió a uno de los Hermanos y a las enfermeras que le ayudaran a ponerlo. Sobre un trozo de tronco de árbol cupieron las figuras principales. Lo demás lo colgó del techo con hilos: estrellas, angelitos, nubes.
LOS ÚLTIMOS DÍAS
Uno de sus novicios nos dejó una reseña de la visita a su querido maestro: Era el día 17 de diciembre, reinaba en el grupo un ambiente de alegría, de mucha ilusión por llegar a la casa Provincial para saludar al Frère, como le llamábamos. Llegamos a mediodía y fuimos recibidos por los Hermanos de la comunidad. Nos dirigimos inmediatamente al módulo donde se encuentra el cuarto que ocupaba el H. Basilio. Nos recibió con los brazos abiertos y a cada uno nos dirigió una palabra amable. (cfr. Testimonio).
Otro de los novicios nos cuenta sus impresiones de esta visita: En Guadalajara tuve una experiencia muy fuerte… El H. Basilio nos decía que ya le costaba mucho trabajo orar, que oráramos por él… que estaba viviendo un tiempo muy fuerte… que se identificaba muy fuerte con Cristo y con su pasión, y que en esos momentos de desesperación, de angustia de verse frente a la muerte, era la cruz que iba cargando con Cristo. Me conmovió el tono triste y al mismo tiempo sereno cuando nos contó todas las atenciones que habían tenido con él los médicos y las enfermeras, los Hermanos y sus familiares. No se sentía digno de tanta delicadeza… ya no pudo continuar, sus ojos se llenaron de lágrimas. Estaba profundamente emocionado… Desde que empezó su enfermedad siempre lo vimos alegre y sonriente, no se quejaba nunca, hasta que ya no pudo… siento vivamente en mi corazón que no podré encontrar a nadie como él… en él encontré el rostro de Cristo y la ternura de María. (cfr. Testimonio).
Antes de retirarse, los novicios cantaron unos villancicos de Navidad. A este acto solamente asistieron ellos y los Hermanos de la comunidad. La despedida fue llena de sentimiento… todos abrigaban la esperanza de la pronta recuperación. Las visitas se sucedieron ininterrumpidamente hasta el día de Navidad. El H. Basilio todavía tuvo tiempo de escribir algunas cartas en la computadora que le habían instalado en el vestíbulo, frente a su cuarto.
El H. Benito Arbués, Superior General, mandó a todos los Provinciales su felicitación de Navidad con fecha 12 de diciembre de 1995. Luego de felicitarlos les comunicaba la situación del H. Basilio, de acuerdo con la información enviada por el H. Provincial de México Occidental, lo mismo que el agradecimiento del H. Basilio a todos los Hermanos del Instituto por sus plegarias para que en su persona se cumpliera la voluntad de Dios.
El día 25 de diciembre se celebró el homenaje a los Hermanos jubilares de las dos Provincias de México. Esa misma tarde comenzó el Retiro Anual para los Hermanos de México Occidental. Casi todos los Hermanos pasaron a saludar al antiguo Superior General y de él recibieron una palabra amable o una sonrisa.
El día 26 por la tarde fue trasladado el H. Basilio al Hospital de El Carmen, en donde estaba programada una serie de estudios para verificar el estado de su corazón y preparar el trasplante de riñón que se realizaría los primeros días de enero. El equipo médico se dio a la tarea de destapar las venas y las arterias del paciente. El día 29 ya estaba de regreso a la Casa Provincial. El 31 terminó el retiro de los Hermanos. El H. Basilio hubiera querido estar en la misa de clausura pero el temor a un resfriado se lo impidió. Sin embargo, hubo celebración eucarística en el vestíbulo, en compañía de sus familiares.
El día primero de enero, hacia el mediodía, la enfermera en turno notó que el H. Basilio respiraba fatigosamente y tenía las pupilas muy dilatadas. Hablaba incoherentemente y se le veía muy demacrado. De acuerdo con los médicos fue trasladado de nuevo al hospital. Dos días después, la situación estaba más o menos controlada. El H. Provincial nos cuenta: El día 3 fui a despedirme del H. Basilio pues tenía que ir a hacer la visita canónica a la comunidad de Tijuana. Al despedirme me dijo que no me preocupara, que dejaba todo en manos de Dios… que sentía que ya se habían complicado las cosas y que era el signo de que el Señor ya lo estaba llamando. Esperé la llegada del médico y me dijo, en privado, que el H. Basilio había cambiado de cuadro: ahora también su hígado estaba paralizado con la amiloidosis y habían tenido que recurrir a trasfusiones de sangre.

La emoción del médico era muy grande, en este caso ya no había nada que hacer, sino esperar la muerte o una curación milagrosa. Luego pasamos a comunicárselo al H. Basilio. El recibió la noticia tranquilo; nos dijo que no nos preocupáramos, que el Señor lo estaba llamando y que quería que se hiciera su voluntad. Le pidió al médico que ya no le diera medicamentos, ni se pensara en operaciones, pero que sí aceptaba algún calmante, si fuera necesario. Me pidió que me fuera tranquilo y me dio la más grande de las bendiciones a mí y a todos los Hermanos que iba a visitar. (cfr. Testimonio).
El H. Basilio llamó a los Hermanos y a todos sus parientes que estaban en el hospital y les comunicó el diagnóstico de los médicos. Todos lloraban y apoyados por el enfermo aceptaban la Voluntad de Dios. Al día siguiente llegó el H. Benito, Superior General, a visitarlo (4 de enero) y a estar con él. Platicaron, rezaron, intercambiaron palabras de consuelo y aliento, todo en las manos del Señor. Cuatro días después el Superior General regresó a su trabajo habitual y desde ese día no dejó de llamar por teléfono para informarse, acerca del estado de salud del enfermo. Cada día recibía el cuerpo del Señor alrededor de las 8 de la mañana, hasta que, impedido por la sonda que le pusieron directa al estómago por la nariz, y la resequedad de la boca, lo mismo que por el estado de ansiedad de los tres últimos días, ya no comulgó. El día 7 de enero recibió la Unción de los Enfermos, conciente de su crítica situación.
Durante los últimos días siempre hubo algún Hermano acompañándolo hasta el momento final. Le leían el Evangelio, le recitaban salmos o bien le leían algún párrafo de las obras de Santa Teresa o de San Juan de la Cruz. Tenía una grabadora y escuchaba cánones de Taizé y cantos religiosos.
El día 17, el H. Bernardino, que había venido ex profeso desde Italia a pasar un año con el H. Basilio, entró a visitarlo. De este encuentro nos dice lo siguiente: Cuando me vio entrar, le dijo a la enfermera que nos dejara solos; luego me dijo con tono triste: ‛Ahorita el Señor me quiere con Él’. Después añadió: ‛Gracias por todo’. ‘¿Gracias de qué? Yo soy el que tiene que agradecer…’ En la mañana, cuando me despedía para regresar a Morelia, me dijo: ‛Diga a los novicios que los quiero mucho a todos, que los dejo en el corazón de María y que sean fieles a su vocación’. Después me dio su bendición. (cfr. Testimonios).
Hubo momentos en los que se perdía y quedaba como fuera de sí. Las molestias eran muchas a causa de las sondas que tenía conectadas en varias partes del cuerpo y no podía cambiar de postura. Cuando alguien le sugería que todo eso se lo ofreciera al Señor por el bien del Instituto decía: con mucho gusto.
Con algunos de sus amigos, antiguos compañeros de formación, cantaba con mucha devoción los cantos religiosos de antaño, como Oh Virgen Santa Madre de Dios… Dios mío, Dios mío, acércate a mí. ¡Toujours, Toujours…! ¡Oh María, Madre mía…! Sub tuum presidium… Pero especialmente la Salve, el Padrenuestro, todo o en partes, recitándolo lentamente. Lo mismo el Avemaría. Jaculatorias varias como Dulce corazón de María; Sagrado corazón de Jesús. La oración de Carlos de Faucauld: Padre, me pongo en tus manos. En los cantos musitaba la letra o simplemente movía los labios.



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