Sintesis biografica



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SUS CIRCULARES
Las Circulares del H. Basilio se inscriben, al igual que la Visita Canónica, en el contexto de Renovación y Adaptación de la Vida Religiosa Marista, como pide el Vaticano II. Estas comunicaciones van a explicitar la teoría para llevarla a la práctica en la plataforma del Aggiornamento para traducirse en acciones concretas. Cinco de ellas se refieren al XVI Capítulo General. Las tres primeras tratan asuntos del Capítulo y los dos restantes sobre la respuesta de la congregación a las llamadas del Concilio. La principal es Un Capítulo para el mundo de hoy.
En 1970 aparece la circular sobre La Vida Comunitaria, que causó impacto dentro y fuera de la Congregación Marista. Ediciones Paulinas la publicó en español con el título de Apología y Desmitificación de la Vida Comunitaria. Para el año de 1973 era considerada, por esa Editorial, como best-seller de las publicaciones sobre vida religiosa, con un tiraje de 30 000 ejemplares.
La circular sobre La Primera Conferencia General que fue exclusiva para los Hermanos Provinciales, contiene una parte que el mismo H. Basilio tituló: Meditación en voz alta de un Superior General a sus Hermanos Provinciales; en ella se hizo célebre la frase 'Hay que ayudar a la aurora a nacer', cuyo tono profético destaca en el siguiente párrafo: Hoy tengo que decir, que veo cada vez con mayor claridad, cómo se está imponiendo un cambio que dé una respuesta dinámica al Evangelio, al carisma, a la historia… siento crecer en mí, con fuerza irresistible que nace en mí, sin mí, la decisión de apoyar, en los límites de mi autoridad puesta en juego con entera lealtad y en el ámbito de la colegialidad y subsidiaridad, el hallazgo y realización de la forma conciliar y postconciliar de la vida Marista. (cfr. Circular).
En 1973 aparece la circular titulada Charla sobre la oración. Es un folleto de unas cien páginas, sobre realidades, interrogantes, respuestas y soluciones a la vida de oración. En una ocasión el H. Basilio expresó sin ambages: Los Maristas no somos hombres de oración. Cuando esta circular cayó en manos de un Superior General de otra congregación, le dijo al H. Basilio: Es usted muy valiente, al hablar tan francamente sobre la vida de oración de sus Hermanos. Esta circular fue editada dos veces por la Editorial Ancora, de Milán, en mayo de 1975, con el título de Conversazioni sulla Preghiera.
Casi al mismo tiempo sale a la luz la circular sobre La Obediencia. Sobre este tema el H. Basilio se expresó: Este nuevo enfoque de considerar la Obediencia, requiere, tanto por parte del Superior como de los súbditos, una intensa vida de oración. Esta circular complementa la de la Vida Comunitaria: mediación de la comunidad y mediación del Superior en orden a descubrir la voluntad de Dios. Constituye una de las más valiosas aportaciones al tema de la obediencia para la vida religiosa en la actualidad.
En septiembre del mismo año, sale la circular Convocatoria al XVII Capítulo General. El H. Basilio hace una reseña de lo que se ha intentado hacer hasta el momento y lo que falta por hacer en la tarea asignada. El mismo año también, a tan sólo algunos meses de la anterior, aparece la circular sobre El Espíritu del Instituto, en la que aclara el significado de las virtudes Maristas de humildad, sencillez y modestia considerándolas en su justo valor como patrimonio del Instituto.
En vísperas del XVII Capítulo General, el H. Basilio hace realidad un sueño que, desde que trabajaba en el Movimiento por un Mundo Mejor, había tenido: escribir sobre la Santísima Virgen. Su devoción a la Buena Madre estaba profundamente enraizada en su vida y en su corazón desde la infancia. En sus primeros años de apostolado, hablar de la Santísima Virgen era una necesidad, una ilusión y un gozo. Cuando hablaba a los alumnos pequeños lo hacía con entusiasmo y empleaba tal cantidad de ejemplos y de anécdotas que los tenía a todos atentos. Cuando hablaba a los adultos lo hacía de una manera magistral, profunda y con un gran amor filial. Se hermanaban en sus exposiciones marianas la sencillez del niño y la erudición del teólogo. Así nació la circular Un nuevo espacio para María, de la cual alguien dijo, al terminar de leerla: Esta circular conjunta los sentimientos filiales del Superior General y de sus Hermanos a la Buena Madre. Con esta circular cerraba con broche de oro su desempeño como Superior General. Fue publicada por la Librería Parroquial de Clavería, de la ciudad de México, en 1982, la cual va ahora por la cuarta reimpresión de 10,000 ejemplares.
En su segundo período como Superior General, el H. Basilio escribió dos circulares, una con el título de Proyecto Comunitario, el 19 de marzo de 1978, y la otra el 21 de noviembre de 1980. La primera fue publicada por el Instituto Teológico de Vida Religiosa, en España en 1980. Ambas circulares son una aportación al discernimiento comunitario que va más allá del simple reglamento de la vida en común.
En diciembre de 1982 aparece Carta sobre la oración, que había escrito para los Hermanos Provinciales el año anterior y que, a petición de algunos de ellos, se hizo extensiva a todos los Hermanos del Instituto. Propone algunos principios para intensificar la vida de oración, que aún sigue siendo débil en muchos Hermanos.
El 1º de octubre de 1984 aparece la Convocatoria al XVIII Capítulo General, en la que hace una evaluación de su mandato como Superior General, tomando en cuenta las realizaciones y las carencias.
Finalmente publica una recopilación de testimonios vivenciales de más de un centenar de Hermanos, la cual dio origen a la circular La Fidelidad, que es un anhelo de esperanza, en los últimos días de unos Hermanos que ya recorrieron un buen tramo del camino; un grito en la noche, de otros que se debaten en la crisis de la edad madura y un himno de alabanza y de acción de gracias, de muchos que hicieron de su vida un monumento a la fidelidad.
Las circulares fueron el resultado de largas vigilias en la lectura, en las entrevistas, en la investigación, en la reflexión y la oración. También de la recopilación de conferencias sobre el mismo tema y el trabajo en equipo de varios Hermanos que contribuyeron a la elaboración de las mismas.
Durante el primer periodo como Superior General. El H. Basilio había hecho un mea culpa, por no haber hablado todavía más, en los Retiros de Renovación, sobre la Santísima Virgen, en la línea del Vaticano II, para presentar la devoción sólidamente fundamentada en los siguientes aspectos: a) Bíblico, ya que María, la Madre de Cristo, está presente en la dinámica de la Historia de la Salvación. b) Patrístico, es decir, ver el rostro de María como lo presentan los Padres de Iglesia, en la más auténtica tradición y más pura ortodoxia. C) El Litúrgico, tomando como base la Constitución Sacrosanctum Concilium.
La Lumen Gentium y el documento Marialis Cultus, invitan a los fieles a que busquen a María, sobre todo en la Liturgia ecuménica y misional, el presentar a María como la Mujer Nueva, modelo y ayuda, en un humanismo cristiano y una auténtica liberación humana.
En este primer mandato como Superior General, el H. Basilio se distinguió como un director espiritual intuitivo, seguro y comprensivo de la realidad humana y religiosa de sus Hermanos y como líder carismático para los Hermanos del Consejo General.

XVII CAPÍTULO GENERAL
El 1º de septiembre de 1975, el H. Basilio anunció la apertura del XVII Capítulo General que se inauguraría en el mes de septiembre del siguiente año. En la circular se expresaba: Cierto que un Capítulo General constituye por sí mismo, un hecho importante en la vida de una Congregación, el que les anuncio reviste, además, la siguiente peculiaridad: en él va a ser evaluada nuestra actual experiencia de Vida Religiosa... los cauces por los que ha transcurrido dentro de la fidelidad al Concilio Vaticano II y a los impulsos del soplo del Espíritu. (cfr. Circular).
En la inauguración del XVII Capítulo, el H. Basilio se dirige a la Asamblea colocó en el altar, unido a la oblación de nuestro Señor Jesucristo, todos los ideales, inquietudes, sufrimientos de los Hermanos de este Capítulo General.
Aunque en su informe el H. Basilio había manifestado su deseo de no continuar, los Capitulares no habían cerrado los ojos a las evidencias de continuidad, ni tapado los oídos al clamor casi unánime de la congregación, de proseguir una labor emprendida nueve años antes. Su edad (52 años), su conocimiento del mundo Marista, su gran experiencia eclesial y religiosa, disipan las dudas acerca del candidato. Luego vino la votación y los resultados no se hicieron esperar: ¡fue reelecto!

Luego el comisario de la Asamblea Capitular preguntó al H. Basilio si aceptaba. Él contestó: Yo me había forjado la ilusión de que mi mandato había terminado y hasta lo he dicho públicamente... cuando participaba, esta mañana, en la Liturgia de la Palabra me decía: Si nuestra vida está en manos del Espíritu, es imposible que Dios no nos conceda al hombre querido por Él mismo. Pues bien, si yo soy el hombre que Él quiere, acepto, pero pido al Señor la gracia de cumplir su voluntad, no sólo con el corazón, sino también de la manera que Él quiere que la cumpla. (cfr. Actas).


A las 13 horas, Radio Vaticana difundía la noticia de la reelección y en los comentarios se oía: El Hermano Rueda, consiguió engendrar un vasto Movimiento de renovación espiritual empleando un método especial de Ejercicios organizado por él... los Hermanos Maristas son actualmente 7 500 Religiosos repartidos en 52 Provincias. (cfr. F.M.S., Revista).
En la conferencia que el Cardenal Pironio, Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos, dijo a los Hermanos Capitulares: Agradezco muy de corazón las palabras tan íntimas, cordiales y fraternas del querido amigo Basilio y subrayo lo de 'querido amigo' porque como él lo ha recordado ahora, es una amistad que viene muy atrás, unos quince o dieciséis años. Amigos que solamente hemos estado unidos en el Espíritu, en el Señor y en la común desgracia... yo quisiera decirle con qué alegría, en la Sagrada Congregación y con qué alegría en la Unión de Superiores Generales presentes en Arica el 7 de octubre, se recibió la noticia de su nombramiento como Superior General. Tengo que agradecerle, en nombre de la Iglesia, la fidelidad con que, como buen Marista, ha vuelto a decir sí como María. Hace tiempo leí una magnífica circular del H. Basilio sobre la oración. Me parece que por ahí debe ir la renovación auténtica hoy, para ser una presencia profética en el mundo. (cfr. F.M.S., Revista).
Al terminar la segunda sesión del Capítulo General, el H. Basilio insistió: A cualquier costo, es preciso evitar el error del Capítulo anterior... algunas Provincias han tardado dos, tres años; otras seis o siete para descubrir los Documentos Capitulares y llegar a simpatizar con toda la Congregación. No podemos permitirnos el lujo de tan semejante desperdicio de tiempo. Sin tardanza tenemos que descubrir y amar lo que hemos producido. (cfr. Actas).

ACCIONES SIGNIFICATIVAS COMO SUPERIOR GENERAL
De acuerdo con el Concilio Vaticano II, expresado en el Decreto Perfectae Caritatis, La Unión de Superiores Mayores, creada unos años antes, organizaba reuniones periódicas a las que asistían los superiores presentes en Roma. En ella el H. Basilio era sumamente reconocido y estimado por su prudencia en los asuntos que implicaban a la colegialidad, a la vida religiosa o a la Iglesia. Su doctrina, sobre aspectos específicos de la vida religiosa, era muy apreciada y algunas circulares ya publicadas fueron leídas en muchos Institutos Religiosos. Participó como asesor en varios Capítulos Generales de Congregaciones Religiosas tanto másculinas como femeninas.
Cuando el P. Pedro Arrupe, General de los Jesuitas, se encontraba enfermo, en una de las varias cartas que le escribió el H. Basilio, le decía: Recuerdo con emoción los numerosos contactos tenidos con usted como Superior General y sobre todo la visita que tuve la dicha de hacerle en su cuarto de enfermo, antes de salir de Roma. Le prometí enviarle unas líneas de cuando en cuando... que ellas le digan que lo estimo mucho y que lo acompaño en su doloroso, pero fecundísimo calvario... cuando llegue mi turno quisiera saber llevar la cruz de la enfermedad con la entereza con que usted lo ha hecho.
Siempre estuvo pendiente de la salud del P. Arrupe, hasta el día su muerte el 5 de febrero de 1991. Con otros Superiores Generales también estuvo en contacto, particularmente con el H. Charles Henry, de los Hermanos de las escuelas cristianas.
El H. Basilio tomó un cariño especial a la Casa Madre de El Hermitage, en Francia. Construida e inaugurada por el Fundador, en 1824. Había quedado un tanto ignorada debido a los conflictos bélicos de las dos guerras mundiales.
A partir del XVII Capítulo General, el H. Basilio se propuso crear un Centro de Estudio e Investigación, que fuera el núcleo y el corazón de la Congregación Marista y al mismo tiempo un Centro de Espiritualidad y de Acogida para todos los Hermanos y miembros de la Familia Marista. Las visitas que hacía las aprovechaba para recorrer cada rincón e impregnarse, mediante un diálogo profundo, en clima de oración, del espíritu de Marcelino Champagnat, lo mismo que para unirse a María, La Buena Madre, a quien el Fundador había proclamado Primera Superiora de la Congregación. Miles de Hermanos y colaboradores Maristas se han beneficiado espiritualmente de este centro, que acoge a todos con espíritu de familia, según los deseos del H. Basilio.
El Centro de Acogida de El Hermitage, con su excelente equipo de investigadores constituye, actualmente, una gran riqueza de materiales que han dado luz numerosas obras sobre los orígenes y la espiritualidad del Instituto Marista.
De acuerdo con el Decreto Perfectae Caritatis del Concilio Vaticano II, se dejó abierta la posibilidad de la ordenación sacerdotal a algunos miembros de los institutos laicales. Se hicieron consultas y se recurrió al pensamiento del P. Fundador, a la tradición del Instituto y a las necesidades actuales.
Se le pidió al H. Basilio que emitiera su juicio sobre este asunto tan importante para la congregación: No me toca a mí tomar una decisión. Es incumbencia del Capítulo. Mi deber es, ciertamente, no poner ningún impedimento para que exista entera libertad de estudio y de meditación acerca de este punto.
Desde el Capítulo habían ingresado al seminario 30 Hermanos; luego de los estudios previos, el Capítulo se pronunció definitivamente: Después de haber estudiado el sondeo efectuado por el Consejo General, después de haber escuchado ampliamente los pros y los contras sobre la introducción del sacerdocio en nuestro Instituto y después de haber rezado en un clima de serenidad…. El XVII Capítulo General ha decidido que el Instituto permanezca, por el momento, con su carácter laical sin ningún sacerdote. (cfr. Actas).
Los que de buena fe estaban a favor del sacerdocio hicieron su opción y se ordenaron. Muchos de ellos se la deben al consejo sabio y a la comprensión de su situación y mantuvieron contacto epistolar con el H. Basilio hasta su muerte.
Teniendo en cuenta los buenos resultados de los retiros de Renovación, algunos Hermanos Provinciales comenzaron a sugerir temas específicos para los retiros de los Hermanos de sus Provincias. Así surgieron los temas de: Hermanos Maristas hoy, la Oración del Hermano Marista, Discernimiento de la voluntad de Dios sobre la Provincia; Clarificación de la Opción por los Pobres; la urgente necesidad de la Pastoral Vocacional; la Planificación Adecuada de la Formación Permanente de los Hermanos; etc. El tema que más se repitió fue el de la oración y del cual perfeccionó un esquema que se desarrolló en varias Provincias.
Estos retiros daban resultados concretos al tema tratado y fueron de mucho provecho para los Hermanos. Sobre la participación doctrinal del H. Basilio, un Hermano se expresó así: Con su palabra viva y activa ha encendido una llama de gozo y esperanza en todos los Hermanos… insistió en crear, por todas partes, un clima de oración, el único medio capaz de predisponer las almas para la escucha del Espíritu y un clima de amor fraterno en torno a Cristo en un ambiente Mariano. (cfr. Testimonio).
En otra ocasión invitó a los Hermanos de una Provincia a lanzar una nueva edición de los Santos de Casa, nuestros Hermanos que nos han precedido y que ya gozan en la casa del padre. Alguien le preguntó por la insistencia de la publicación de las biografías y él contesto: Es bueno conocer a los que nos han precedido en la misma fe y en el mismo estilo de vida, pues nos dieron ejemplo de fidelidad y, además, para ver si el Carisma del Fundador sigue vigente entre nosotros y también para ver si los Hermanos de ahora, somos tan generosos, tan llenos del Espíritu del Instituto y de las virtudes Maristas como lo fueron ellos. (cfr. Testimonio).
En una reunión con los Consejos de las cinco Provincias francesas, se comentó que el espíritu de los Hermanos había mejorado y se daban pasos agigantados en la búsqueda de soluciones a los problemas más urgentes: porvenir y relevo de los Hermanos, animación pastoral de las escuelas, vida comunitaria y oración profunda.
El H. Basilio dejaba por escrito las indicaciones pertinentes a fin de mantener vivas las resoluciones del retiro y continuar con la renovación Conciliar y Capitular.
SÍNODO SOBRE LA FAMILIA CRISTIANA
El H. Basilio fue invitado por S. S. Juan Pablo II a participar, como auditor, en el Sínodo de los Obispos sobre la Familia Cristiana. Consultado con varios meses de anticipación, creyó deber suyo prestar este servicio a la Iglesia. Días antes de la clausura recibió la invitación para dirigirles la palabra a los obispos. A pesar del poco tiempo pudo ordenar sus ideas, seleccionar las más pertinentes, redactar, pulir y dejar todo listo unas horas antes de su intervención.
Muchos obispos habían manifestado interés en la participación del H. Basilio en el Sínodo, pues consideraban importante hablar de la escuela católica dentro del tema de la familia. No obstante que la intervención se limitaba a ocho minutos, en el momento de la exposición le concedieron el tiempo necesario para terminar su tema. Se expresó de la siguiente manera: En este momento formulo mi deseo y voluntad de sensibilizar, todo lo posible, a mi Congregación, a las instituciones y a los demás educadores con los que tenga contacto, a fin de responder específicamente a la tarea de una real educación para la vida familiar y de modo especial, orientar este servicio hacia aquellos que, por provenir de familias incompletas o rotas o por carecer de amor o de cualidades relevantes; por ser pobres en dinero, en rango social, en cualidades intelectuales o físicas, necesitan más vivamente que nuestra acción les haga tangible el rostro paternal de Dios y la ternura de la Iglesia, madre y educadora. (cfr. Sínodo).
Más adelante, reunió a los moradores de la Casa General para comentar sobre algunos de los puntos tratados en el Sínodo: Tengo que afirmar, con gran pena, que salvo excepciones, en este terreno del apostolado nos hallamos fuera de órbita... El P. Champagnat nos concibió y formó para ser educadores de la fe y de la vida cristiana, pero nosotros, poco a poco sin quererlo, hemos ido perdiendo terreno reduciendo casi exclusivamente muestro campo al de la instrucción científica y preparación profesional de nuestros alumnos. (cfr. F.M.S. Revista).
Algunos testimonios referentes a las participaciones doctrinales del H. Basilio, nos muestran el aprecio y reconocimiento que le profesaban los que tuvieron el privilegio de escucharlo: Se puede afirmar que fue uno de los guías más escuchados y más equilibrados de los años de la Renovación Conciliar, no sólo en el Instituto de los Hermanos Maristas, sino en general, de toda la Vida Religiosa. (cfr. Revista Vida Religiosa, marzo de1996).
Era un orador incisivo y agradable: Hombre de Dios, lanzaba su mensaje con corazón evangélico. Derrochaba una gran simpatía. Sus exposiciones resultaron sólidas, amenas, bien estructuradas y atrayentes. Siempre admitía preguntas y sus respuestas eran atinadas y convincentes. Amenizaba sus charlas con algún chascarrillo que le brotaba espontáneo y servía para distensionar a los oyentes. (cfr. Testimonio).
HERMANO ENTRE SUS HERMANOS
Desde los primeros años de comunidad, el H. Basilio se preocupó por atender a los Hermanos ancianos. Lo hacía con mucho cariño y dedicación, los entretenía contándoles chistes, anécdotas jocosas, haciéndoles bromas livianas; velaba porque no les faltaran los medicamentos que él mismo, muchas veces, iba a conseguir personalmente; les llevaba la Comunión y estaba al pendiente de lo que pudieran necesitar. Siendo Superior General les reconocía los méritos de sus acciones, ya fuera en el campo de batalla a los que habían participado en cualquiera de las dos guerras mundiales, o en otras actividades sociales o académicas. Los animaba a que, dejando a un lado su modestia, le mostraran las medallas o los diplomas obtenidos. Les escribía y los hacía sentir importantes, al ofrecerles su amistad. Tan convencidos estaban de que sus cartas agradaban al Superior General, que hasta llegaban a pedirle disculpas por no haberle escrito con más frecuencia.
Visitaba a los Hermanos ancianos o enfermos cuando ya se encontraban en casas de asistencia de las Provincias Maristas: Lyon, en Francia; Villalba, en España; Santa María del Cerrito, en Brasil o Morelia, en México. Se preocupaba de que fueran debidamente atendidos y reconocidos sus méritos en el servicio a la congregación, en donde habían quemado los mejores años de su vida al servicio del Señor.
No dejaba pasar ninguna ocasión de felicitar a los Hermanos Jubilares y muchas veces estuvo presente en los homenajes y él mismo dirigió las palabras de ocasión. Cuando los visitaba en la enfermería o en la habitación los abrazaba con cariño y los animaba a que pidieran lo que necesitaran. Les solicitaba una fotografía para ubicarlos mejor y tenerlos presentes en sus oraciones y rezar personalmente por ellos. En el fallecimiento de algún Hermano, pedía que le enviaran la esquela para seguir ofreciendo sus oraciones.
Muchos Hermanos agradecían las atenciones que el H. Basilio tenía para con ellos.
He aquí algunos testimonios: Estimadísimo Hermano Basilio, Superior General, recibí con alegría su carta que tuvo la generosidad de enviarme, la cual agradezco profundamente... recuerdo con satisfacción los tres encuentros anteriores en que me dio muestras de gran amistad. Fueron para mí de mucho provecho espiritual. Me encomiendo a sus valiosas oraciones. ¿Si fuera posible, podría, el apreciado Superior, enviarme algunos rosarios benditos por el Santo Padre? Si puede atender a mi petición le quedaría inmensamente agradecido. Por supuesto que los rosarios fueron enviados lo más pronto que fue posible. Otro le escribía en el reverso de una fotografía: En recuerdo de su afecto paternal y de las buenas palabras que me reconfortaron y me animaron a permanecer en la ruta, siguiendo al Divino Maestro. Pido a Dios todos los días por el Buen Superior. Uno más se expresaba de la siguiente manera: Sé que su amistad me toca profundamente y que su estima me invita a asegurarle mi fidelidad y de rezar por usted, a fin de que su tarea sea fecunda para todos los miembros del Instituto. Que Nuestro Señor, Nuestra Señora y Nuestro Santo Fundador lo conserven mucho tiempo para que sus Hermanos permanezcan disponibles al servicio de la Iglesia. (cfr. Testimonio).
Cientos de cartas dan fe del cuidado que tenía el H. Basilio de los Hermanos ancianos y de la respuesta cordial y desinteresada de parte de ellos.
Con los Hermanos de edad madura fue cordial, directo y franco; con los jóvenes, paternal, cariñoso y compasivo.
Uno de los medios que empleó el H. Basilio para la animación de los Hermanos del Instituto, fue la correspondencia epistolar, al mismo tiempo que le sirvió para estrechar los lazos de amistad con muchos Hermanos. Fuera de la congregación, otras personas también mantuvieron esta relación en plan de ayuda espiritual.
La correspondencia reforzaba lo tratado en las entrevistas y daba un sentido de continuidad al acompañamiento espiritual de los Hermanos y venía siendo un complemento de la misma. El estilo de las cartas es siempre coloquial, ya se trate de agradecer un simple favor, dar el pésame por la muerte de un ser querido, Hermano Marista o familiar; confortar a un enfermo, consolar a algún atribulado, sacudir a algún indeciso, mantener los lazos de amistad o para compartir los dones de Dios.
Hubo un tipo de correspondencia con aquellos Hermanos que se ofrecieron a dar testimonio de su vida, por escrito, en vistas a la elaboración de las circulares: Un espacio para María, y La Fidelidad.
En las fiestas de Navidad y de Año Nuevo, el H. Basilio enviaba una carta colectiva a todos sus amigos íntimos. Con el correr de los años, el tiempo dedicado a la correspondencia personal fue insuficiente, por lo que se hizo necesaria la participación de cuatro secretarios, uno por cada idioma oficial del Instituto, para poder cumplir con los compromisos epistolares.
Llevaba un registro de quienes cumplían 50, 60 o más años de profesión religiosa para mandarles la felicitación correspondiente y en el tiempo oportuno del homenaje jubilar. Les agradecía los años entregados a Dios en la congregación y los animaba a seguir fieles al Señor el tiempo que aún les quedaba de vida. He aquí unos extractos de la correspondencia dirigida a los Hermanos: Muchas gracias por su cariñoso saludo y su preocupación por mi estado de salud... yo también me intereso por su salud. Supe que había sido operado... debo manifestarle cuánto me ha emocionado su cristiana disposición de ponerse en las manos de Dios, para realizar con cierto optimismo este viaje a la eternidad. Sigamos unidos en el Señor. A otro Hermano le escribía: A bordo del avión de la línea Iberia, le envío estas brevísimas líneas, mi amistad y recuerdo. Espero que mi encuentro lo haya convencido de emprender una etapa más de superación y madurez. Hubiera querido que nuestro encuentro hubiera sido más largo. Después de usted entrevisté a seis más, antes de ir a dormir y cada uno con asuntos graves que tratar. Al día siguiente, aunque me levanté una hora y media antes, fue igual… ocupado hasta el momento de salir para el aeropuerto. A un tercero le escribía: Muchas gracias por su felicitación del día de San Basilio. Es una de esas cartas que leo con verdadero placer, porque viene de un amigo cuya limpia trayectoria al servicio del Instituto constituye, para mí, la mejor prueba de amistad y de adhesión. Dios le pague la entrega total y esa fidelidad inquebrantable. A uno más le decía: Le agradezco, de modo especial, las expresiones de condolencia y solidaridad en ocasión del sismo pasado que se abatió sobre México. Gracias a Dios no he tenido noticias de que alguno de mis familiares haya sufrido o haya sido víctima del terremoto. Finalmente: Siento la muerte de su mamá y me atrevo a encomendarme a su intención, pues era una verdadera santa. Lo felicito por haber tenido tan amorosa madre. Que ella nos proteja. En medio de sus enfermedades sea como ella. (cfr. Correspondencia).
¿De dónde sacaba tiempo el H. Basilio, Superior General, para escribir y leer cartas, grabar casetes con las confidencias y problemas de los Hermanos? No hay referencias de que se le viera por ahí leyendo correspondencia en sus tiempos libres. Más bien fueron las altas horas de la noche las testigos, en su despacho, de la lectura y escritura de la correspondencia en un ambiente de oración para pedir las luces del Espíritu Santo y poder dar el consejo oportuno o la recomendación adecuada. De ahí salían consejos como éstos: Siga cuidando mucho su vida interior. Es en largos ratos de contacto cariñoso con el Señor, estando presente simplemente sin decir nada, el uno frente al otro, sin fatigar su cabeza, como recuperará la paz, la tranquilidad, una amistad y cariño que nadie podrá ofrecerle nunca por más afectuoso y admirable que sea. A otro Hermano le decía: Agradezco la confianza que de unos años acá viene depositando en mí, abriéndome su alma hasta los más recónditos pliegues… en horas difíciles le consolé y animé con la ternura de un padre y vi que ese afecto que le profesé, en nombre de Dios y con el mejor deseo de que fuera signo de la ternura de Él y de la Congregación hacia usted, le curó heridas, le afianzó en la esperanza y hoy, sereno y contento, sigue siendo un religioso ejemplar con selecto espíritu Marista, piadoso, abnegado y repleto de amor por sus Hermanos y por todo lo que se refiere a la Congregación. (cfr. Correspondencia).
En muchas ocasiones el H. Basilio empleó el audiocasete para enviar mensajes. Lo hacía principalmente en los viajes o cuando no tenía a la mano la máquina de escribir o cuando quería mandar un mensaje extenso. Generalmente iniciaba la grabación con una recomendación: Esta grabación es confidencial, si cae en sus manos tenga la bondad de destruirla. Gracias. A continuación un ejemplo: Hago esta grabación, hoy 3 de mayo de 1988 y las circunstancias me parecen ideales. Contemplo el carácter sublime de la Resurrección de Jesucristo… de la muerte, de los tormentos, de la persecución, del abandonado de todos… pero estamos, además, en tiempo mariano, el mes de María en este año de 1988 declarado Año Mariano por el Papa. Estamos en la espera de la venida del Espíritu Santo… y finalmente estamos en la fiesta de la Santa Cruz… en este cuadro de la Cruz, de María y de la Resurrección, le mando mi reflexión y mi afecto. (cfr. Testimonios).
Con la elección del H. Charles Howard como Superior General, en el XVIII Capítulo General, el H. Basilio no cambió a los destinatarios de su correspondencia, pero sí bajó el ritmo de ella.

Su gran experiencia y la minuciosa organización de su tiempo le ayudaron a terminar, sin mayores contratiempos, la larga carrera de dos generalatos. La circular de convocatoria al Capítulo, con fecha 1º de septiembre de 1984, está escrita en un tono de despedida y de nostalgia: A punto de acabar mis dieciocho años de Superior General, considero una obligación el dedicar unas palabras: … ha estado mi vida tan vinculada a todos los Hermanos del Instituto que esta relación con todos ustedes ha venido absorbiendo casi el cien por ciento de mis desvelos, trabajos, deseos, preocupaciones, etc. Y creo poder expresarles mis sentimientos de manera breve e intensa diciéndoles un 'hasta luego' definitivo como Superior General. Debo antes, dar gracias a Dios, a la Santísima Virgen y al P. Champagnat con toda sencillez, que los he querido con locura, que por ustedes he echado sobre mis hombros un trabajo por encima de toda medida, sin que ello haya supuesto un sacrificio para mí, sino un auténtico solaz. Hablando con sinceridad, hubiera querido ver a un santo gobernando al Instituto. Sí, un hombre de Dios más que un hombre de técnicas… claro está que al término de mi largo mandato. desearía, de veras, tener un tiempo de paz para reparar y reponer energías… este deseo, de un alto en el camino, lo pongo en manos del que va a sucederme y del que sea mi Provincial. Ya desde ahora les brindo mi entera colaboración, en una visión de fe, para reconocer su autoridad con el mayor afecto y disponibilidad de mi parte. (cfr. Circular).


El H. Basilio no vio a un santo gobernando al Instituto, pero muchos sí lo vieron, quizá algunos tampoco lo vimos, pero en realidad sí es posible que un santo haya gobernado el Instituto de Hermanos Maristas durante 18 años. También expresó a sus amigos íntimos, en su última carta colectiva: Ignoro completamente a dónde iré o de dónde me pedirá la obediencia, sé simplemente que estoy aguardando que mi futuro Hermano Provincial me designe el campo en que debo servir al Señor; haciendo votos a fin de que Dios inspire para que esa designación realice el Plan de Dios sobre mi futuro. (cfr. Circular).



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