Sintesis biografica



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BIOGRAFÍA DEL HERMANO BASILIO RUEDA GUZMÁN
Hermano José Flores (Chepo)

I. MÉXICO, AMÉRICA LATINA Y ESPAÑA
PRIMEROS AÑOS
El día 16 de octubre de 1924, en la ciudad de Acatlán de Juárez, en el estado de Jalisco, nació un niño, el cuarto hijo del matrimonio formado por Heladio Rueda y Josefina Guzmán. Fue bautizado el día 31 de marzo de 1925 en el templo de El Sagrario Metropolitano de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, con el nombre de José Basilio y confirmado el 14 de noviembre del mismo año en el templo parroquial de Santa Ana, Acatlán, por el Arzobispo D. Francisco Orozco y Jiménez.
En 1928, debido a un mal cardiaco, la señora Josefina Guzmán, madre de Basilio, tuvo que ser trasladada de su pueblo natal a la ciudad de Guadalajara, en donde falleció el día 22 de febrero de 1929. Antes, ya había puesto bajo la protección de la Inmaculada Concepción a sus cuatro hijos. El niño Basilio quedó al cuidado de sus tías Mercedes y Concepción, que vivían en Guadalajara, quienes lo cuidaron con mucho esmero. Fue inscrito en el Kínder del colegio de las religiosas, en donde estaban internas sus hermanas. Allí fue donde Basilio se enteró de la muerte de su mamá por una de las religiosas, pues hasta ese momento ignoraba el hecho, ya que siempre le decían que su mamá estaba de viaje.
Después de haber sido preparado —con esmero por su tía Mercedes— para la Primera Comunión, recibió la Eucaristía el 12 de diciembre de 1931 en el templo de El Sagrario Metropolitano de Guadalajara.
Basilio fue inscrito en 1932 en el Colegio Jalisco (después Cervantes) con la recomendación de Monseñor José Garibi Rivera, Arzobispo de Guadalajara. Debido a la reforma del Artículo 3º Constitucional, el Colegio Jalisco cerró sus puertas en 1936 y funcionó en 21 casas particulares en forma clandestina. Basilio formó parte del grupo que se instaló en una casa de la calle Juárez. Tuvo que repetir el quinto año de primaria por travieso y juguetón. Cuando estuvo en primero de secundaria, decidió irse a vivir con su papá a Acatlán, para ayudarlo como empleado de una tienda de telas que era patrimonio familiar. En la parroquia, Basilio estuvo de acólito y, junto con sus compañeros, se divertía en un laboratorio de química que improvisó en un tejaván de su casa. Aprendió a jugar ajedrez y se pasaba muchas horas jugando con su padre en el mostrador de la tienda.
De pequeño había aprendido a rezar, y aunque a los 16 años no era muy piadoso que digamos, no dejaba de postrarse buenos ratos delante de la imagen de la Inmaculada, para rezar el Rosario y encomendarse a la Buena Madre.
Acostumbraba visitar los fines de semana a sus antiguos maestros del colegio en Guadalajara. En una de esas visitas se sintió atraído por el modo de vivir de los Hermanos Maristas del colegio, que decidió vivir como ellos. Desde ese momento se dio un cambio en la vida de Basilio y no le fue difícil desplazar sus intereses mundanos hacia una vida de piedad, en donde la Eucaristía llegó a ser en él una verdadera necesidad.
Cuando Basilio expuso a su padre el deseo de ingresar con los Hermanos Maristas, D. Heladio se opuso terminantemente y trató de disuadirlo. El permiso le costó a Basilio, a decir por él mismo: largas horas de oración y de ayuno. Luego, nos relata el hecho en una entrevista que le hicieron más tarde: Después de siete meses de lucha en mi familia obtuve lo que creí era imposible: el permiso que se me negaba aun la víspera de entrar. Fue gracias a María, la misma mañana, que mi padre me lo otorgó. (cfr. revista Señal, noviembre de 1989).
FORMACIÓN INICIAL
Basilio ingresó en la casa de formación Marista ( Juniorado ) en Tlalpan D. F., el día 23 de julio de 1942. Agruparon a los formandos, llamados juniores, por nivel académico de sexto año de primaria a 3º de secundaria; Basilio quedó en el grupo de primero de secundaria. El 26 de enero de 1943, los alumnos mayores de 15 años se quedaron en Tlalpan para iniciar el Postulantado (etapa previa al Noviciado), los demás partieron a la ciudad de Querétaro.
Basilio se había manifestado ya como un líder nato con sus compañeros y también como estudiante tenaz, dedicado y constante, a pesar de tener casi 18 años de edad y de haber dejado de estudiar tres. De sus formadores aprendió el valor de la fidelidad a las pequeñas y grandes cosas, tomadas en su sana jerarquía y la auténtica libertad propuesta por el Evangelio.
Su devoción a la Santísima Virgen se fue transformando, desde la que brota del sentimiento, hasta la que se sustenta en la más auténtica vida teologal. Su vida de oración se fue haciendo más intensa y dedicaba tiempo, después de las oraciones reglamentarias, para estar más ante el Santísimo.
Los postulantes tomaron el hábito Marista el 12 de septiembre y Basilio recibió el nombre de H. José Basilio, que más tarde le fue cambiado por el de H. Basilio Diego.
Durante el Noviciado, el H. Basilio perdió un poco de su espontaneidad y se convirtió en fervoroso novicio, con una espiritualidad un tanto emotiva en cuanto a recogimiento, modestia, dominio de sí y sacrificio, pues trataba de practicar, al pie de la letra, los consejos y enseñanzas de sus formadores. En ese tiempo, debido a que el H. Basilio era desentonado, se le perdonó la clase de canto, pero se le encomendó servir como acólito en las ceremonias religiosas, que no eran pocas. La experiencia adquirida como monaguillo en su parroquia le facilitó su trabajo. En el tiempo que le quedaba libre, después de sus ocupaciones, se dedicaba a tomar apuntes para ponerse al corriente en sus estudios.
Desde su llegada a la casa de Tlalpan, se interesó en atender a los niños pobres. Cuando salían a jugar fútbol los Novicios a unos campos deportivos, el H. Basilio, que jugaba de portero por tener los pies planos, agrupaba en la portería a los niños que iban a jugar, regalando dulces y estampitas y luego los invitaba a la casa para enseñarles el catecismo. Los preparaba a la Primera Comunión, la cual se efectuaba en el templo de San Fernando. Tomaba tan en serio su oficio, que en una ocasión, antes de la misa de Primera Comunión, llevó a confesar a dos niños que se habían peleado en el atrio del templo.
El día 8 de diciembre de 1944, Basilio y sus compañeros pronunciaron sus primeros votos de consagración religiosa. En una carta a su hermana Guadalupe, escrita el día de su santo de ese mismo año, le dice: …Tuve la dicha de unirme a Jesús, por los lazos de pobreza, de castidad y de obediencia; a María y a mi Instituto; pide a Dios que yo sea fiel a Jesús toda mi vida. (cfr. Correspondencia).
El día 5 de enero, el grupo de nuevos profesos partió para la ciudad de Querétaro para iniciar sus estudios de Normal y obtener el título de maestro de educación primaria elemental y superior. El H. Basilio, al igual que otros Hermanos que adeudaban cursos completos, tuvieron que presentar exámenes extemporáneos. El local en donde estaba la Escuela Normal Queretana, era una antigua fábrica de hilados a medio adaptar, las carencias eran muchas. El H. Basilio, que ya había recuperado su espontaneidad y el sentido del humor que le caracterizaban, destacaba en abnegación y cuidado de los enfermos de la casa, desde llevarles comida, hasta ofrecerles servicio de ayuda médica y los más humildes menesteres; si era necesario pasaba la noche en vela cuidando al enfermo y al día siguiente, a pesar de la desvelada, cumplía sus obligaciones como si nada hubiera pasado, siguiendo el ritmo del estudio y del trabajo de todos los días. Pedía que le asignaran más horas de clase para poder estar al corriente en sus estudios.
Fue notorio su empeño en conseguirse un director espiritual y de llevar con seriedad y fidelidad la cuenta de conciencia (acompañamiento, le llaman ahora) la cual siguió durante toda su vida. Tuvo la fortuna de encontrar en el P. Ramón Martínez a un excelente director espiritual, con el que permaneció en contacto hasta la muerte del piadoso sacerdote.

APOSTOLADO



Después de dos años de estudio en la Escuela Normal, el H. Basilio se integró al cuerpo docente del Instituto Queretano, que funcionaba en la misma propiedad de la Normal, donde impartió sus clases en el tercer grado de primaria. Sus compañeros de la Normal lo observaban y se iban dando cuenta de los progresos que, en disciplina, iba logrando con sus alumnos.
En una carta escrita por uno de los superiores al papá del H. Basilio, le decía: Puede Ud. sentirse orgulloso pues nuestro Hermanito es un religioso modelo… quiera Dios conservarlo siempre en los hermosos sentimientos que lo animan y hacer de él un sabio y santo educador de la juventud. (cfr. H. Leoncio. Correspondencia).
Durante el mes de mayo de 1947, el H. Basilio recibió la noticia de la gravedad del estado de salud de su padre, y se trasladó a la ciudad de Guadalajara para acompañarlo en su enfermedad. Don Heladio falleció el día 22 y el H. Basilio permaneció en Guadalajara hasta dejar las todo en orden. En una carta dirigida a su hermana Guadalupe, hace suyas las palabras de Job: El Señor nos lo dio, el Señor nos lo quitó, bendito sea su Santo nombre; y añadía: Hay momentos en los que siento que el corazón se resiste a aceptar la realidad y se rebela contra lo que no hubiera querido que sucediera… Dios es nuestro Padre y sabe lo que nos conviene… Quiero corresponderle consagrándole mi vida sin reservas. (cfr. Correspondencia).
El H. Basilio prosiguió su vida de trabajo y estudio en el Instituto Queretano y en la Normal, hasta sustentar su examen profesional con la tesis titulada: El Educador Modelo. La coherencia fue siempre notoria en su vida; lo que decía brotaba de su profunda convicción de pensamiento y esto se transformaba en acciones que llevaban el sello de la autenticidad.
En el mes de enero de 1948, el H. Basilio fue destinado a la comunidad del Instituto México Primaria. Durante los cinco años que permaneció el H. Basilio en este colegio, fue maestro titular de los grupos de tercero, quinto y sexto años de primaria y luego de primero de secundaria, a la vez que impartía clases en segundo y en tercero. Este mismo año empezó a estudiar la carrera de Filosofía en el Centro Universitario México. Otros Hermanos del mismo colegio también asistían a los cursos. Éstos se impartían en el turno vespertino y apenas si había tiempo para que los Hermanos estudiantes cumplieran con los rezos reglamentarios, además de preparar la clase del día siguiente y hacer las tareas universitarias. Durante toda su carrera, el H. Basilio no dejó de cumplir fielmente con sus obligaciones religiosas. Preparaba sus clases con esmerado profesionalismo y daba tal cantidad de ejemplos, que hacía interesantes todas sus exposiciones. Cuando se percataba de que algún alumno tenía un problema, se le acercaba amablemente. Para todos tenía la palabra adecuada y el consejo oportuno. De manera especial preparaba la catequesis diaria, tanto en los contenidos como en la forma de exponerla. La catequesis Mariana la preparaba con peculiar empeño; ponía tal énfasis cuando hablaba de la Santísima Virgen, que sus exalumnos todavía lo recuerdan con mucho cariño. Siguiendo el impulso que desde el Noviciado lo había llevado hacia los niños pobres, se comprometió de lleno a esa labor en los barrios cercanos al colegio. Involucraba a los Hermanos de su comunidad religiosa y a algunos seglares adultos e invitaba a los alumnos de secundaria a llevar, todos los domingos junto con la Palabra de Dios, algunos dulces, estampitas y ropa que recogían en el colegio cada semana.
Durante más de un mes dedicó cuidados especiales a un Hermano que había venido a la ciudad de México y que estaba afectado de fiebre tifoidea; le dedicó todo el tiempo libres del que disponía y también atención durante las noches, sin dejar, por ello, de levantarse a la hora reglamentaria: 4: 30 a.m., y de cumplir con sus obligaciones de profesor y de estudiante. Cuando alguien de la comunidad enfermaba hacía todo lo posible para que sobrellevara su enfermedad aceptando de la voluntad de Dios.
En el año de 1951, la generación de Toma de Hábito y Primera Profesión del H. Basilio, hizo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio como preparación a la Profesión Perpetua en la ciudad de Querétaro. Después de haber hecho su confesión general con su director espiritual, el P. Martínez, y de haber escuchado de boca del P. Predicador esta cita del libro Un llamamiento al amor: No me hables de pecados, háblame de amor; El H. Basilio, escribió en su libreta de resoluciones: Sí, Jesús mío, quiero, ansío amarte más y más. Quiero amarte sin medida, con todas mis fuerzas, con un amor intenso, generoso, verdadero, con un amor apasionado… Quiero amarte en gratitud al amor que tú me has tenido… Haz que comprenda plenamente ese amor para amarte más y más… Jesús, llévame hasta las nubes de tu amor; hasta donde fueron tus Santos, aunque ello signifique vida de inmolación, de humillación y de pobreza, en una palabra, de dolor y de cruz. (cfr. Apuntes).
Al salir de los Ejercicios, recibió los siguientes consejos de su director espiritual: … ahora que va a salir cuide, sobre todo, dos cosas: su meditación bien hecha cada mañana y su unión con Dios. Esta unión con Dios le es sumamente necesaria porque sin ella su vida se hace vacía, perdida y todo un torbellino lo arrastrará acabando con su vida interior. (cfr. Apuntes).
Otro día del mismo retiro, el P. Martínez le insistía:¡Métase en Dios! ¡Métase en Dios! Únase a Él en la parte más alta de su alma, viva con Él, acuda a María para que ella le ayude. No era el H. Basilio de los que echan los consejos en saco roto, sino que se esforzaba en practicarlos.
Tres llamadas había sentido el H. Basilio durante el retiro: llamada al amor de Dios; llamada a la devoción a la Santísima Virgen y llamada a la caridad fraterna. El P. Martínez le impulsó con los siguientes consejos: Abandónese al amor de Dios y acepte lo que Dios, su buen Padre, le mande; usted no pida ni rehúse nada, sólo abandónese en las manos de Dios y esté dispuesto a lo que Él quiera enviarle. Repítale muchas veces a Jesús, que se da totalmente a Él; pídale que se posesione siempre de usted; a fuerza de insistirle, de repetirle, Él terminará por adueñarse de usted, de sus pertenencias y sentidos, de llenarlos de amor y de transformarlos en Él. (cfr. Apuntes).

Sin embargo, al correr del tiempo, el H. Basilio (1954) se quejaba ante el P. Martínez de que le apenaba ver que transcurrían los meses y años y no ascendía en el amor de Dios. El director espiritual le aconsejó: Hermano, rindámonos ante Jesús, confesemos nuestro fracaso y pidámosle que Él nos ayude a glorificarlo, a amarlo y a servirlo totalmente; nuestra vida se acaba y tal vez no hemos llegado hasta donde Dios quiere. Luchemos por mejorar para poderlo amar y servir como Él quiere ser amado y servido. (cfr. Apuntes).


JUNIORADO DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
El H. Basilio había terminado sus estudios universitarios y comenzado su investigación para elaborar su tesis de Filosofía, cuando, a principios de 1954, fue destinado al Juniorado en la ciudad de Querétaro. Fue a encontrar a su maestro, el Dr. Oswaldo Robles, para darle la noticia de su cambio, quien le dijo sin rodeos: Hermano, si Dios le pide marcharse, no cabe discusión. Yo me muevo en el fenómeno de la ciencia y la ciencia no vale lo que vale Jesucristo. El H. Basilio no vaciló ni un instante sobre la preferencia de su carrera universitaria y el nuevo cargo al que le destinaba la obediencia. Así fue toda su vida, siempre atento a reconocer la mediación para buscar la voluntad de Dios. En el Juniorado se cursaban los dos últimos años de secundaria. El H. Basilio impartió las materias de Biología y de Religión.
El año de 1954 fue declarado, por el papa Pío XII, Año Mariano, y el H. Basilio organizó con los juniores, cada primer sábado de mes, un Acto Mariano. En las vacaciones de fin de curso fue a la ciudad de México para proseguir la elaboración de su tesis con la dirección del Dr. Oswaldo Robles.
El año de 1955, el H. Basilio fue nombrado director del Juniorado, cargo que desempeñó hasta el mes de julio de 1957. Ponía todo su empeño y entusiasmo en el acompañamiento vocacional de sus formandos y les dedicaba todo tipo de cuidados, tanto materiales como espirituales: la vida de oración, rezo del Rosario, trabajo, estudios, visitas al Santísimo, todo estaba tan bien organizado que no quedaba tiempo para el aburrimiento.
Compartía juegos, paseos y recreos comunitarios organizaba encuentros con los familiares de los juniores, cosa que nunca antes se había hecho. Impartía las materias de Biología y Civismo y era exigente respecto a la calidad del aprendizaje, pero siempre con mucho cariño. Al decir de algunos de sus antiguos alumnos, era un padre para ellos. Organizó el trabajo en equipo junto con los Hermanos que lo ayudaban, había retiros durante el curso escolar y todos los días había un tiempo para la Lectura Espiritual de temas apropiados con la formación espiritual de los juniores. Ponía especial empeño en enseñar meditación todos los días.
A raíz de su nominación como director del Juniorado, el H. Basilio rendía cuenta de su vida espiritual a su director, el P. Martínez y éste le daba los siguientes consejos; Usted no ha buscado, ni deseado, ni quiere eso; tenga confianza, Dios así lo ha querido, Él lo ayudará… Tenga, pues, mucha confianza y espere mucho en Dios… En esta vía de la espiritualidad en que todo es renuncia, no se puede dar un solo paso sin Dios; así es que aquí, más que nunca, se necesita una gran humildad y un total abandono en Dios. (cfr. Apuntes).
En la dirección espiritual del mes de noviembre de 1955, el P. Martínez le decía: Creo yo, Hermano, que Dios quiere de usted una comunicación más íntima, una permanencia constante en su presencia… ya es mucha insistencia de Dios hacia usted pidiéndole una vida de unión, ese contacto permanente. Esa inspiración repetida no puede venir sino del Señor… Dé al Señor cuanto le pida para que después su alma sea toda de Dios, para que usted sea un instrumento más útil para su gloria y bien de los demás. (cfr. Apuntes).
NUEVOS HORIZONTES
Durante el Retiro Anual (una semana) de diciembre de 1955, el H. Basilio escribe al día siguiente de haber comenzado: … Me encuentro con una gran facilidad para orar, la plática trató sobre la muerte pero yo la relaciono con la vida; o se emplea en Dios o está perdida. (cfr. Apuntes).
Como objetivos de este retiro se expresa de la siguiente manera: Revisar mi vida en orden a la voluntad de Dios sobre mí, y especialmente, en orden a mi postura actual frente al querer divino para mí… revisarla en orden a la respuesta de mi voluntad: mi querer a su total Voluntad. La vida activa me gusta pero me deja poco tiempo para mí y muchas veces dando, me siento vacío; necesito un tiempo para mí solo, para rehacerme de nuevo, para equilibrarme y para volver a afinar el tono y el ritmo de mi vida espiritual, para orar y estar con Dios. Contemplar, acercarme al Misterio, ser envuelto por Él, estremecido por Él y al calor del amor y la ternura que de Él nace, dejar que nazca la vida… estar abiertos al Espíritu Santo como la flor al rocío, al sol…. (cfr. Apuntes).
En la dirección espiritual del 8 de febrero de 1956, encontramos: Qué dulce es saber que Dios es realmente nuestro Padre. Confíe en Él, Hermano, entréguese a Él, déle sus miserias, su indigencia; dejemos nuestros pecados en esa hoguera inmensa, infinita de amor y de misericordia que es su corazón para que Él los consuma. (cfr. Apuntes).
A mediados de 1957, el H. Basilio fue destinado a la comunidad de Tlalpan para que pudiera terminar su tesis de Filosofía. Durante el tiempo que permaneció en la comunidad fue modelo de trabajador incansable, de regularidad a toda prueba en los ejercicios de comunidad, de cooperación incondicional en todos los trabajos de la casa, de atención esmerada a los Hermanos ancianos y a los enfermos, de buen humor en todo momento y ejemplo para los Novicios y Postulantes. Adelantó bastante la redacción de su tesis, de modo que sólo le faltaban los detalles.
Para el curso escolar que se iniciaba en 1958, el H. Basilio fue nombrado para trabajar en el Centro Universitario México (CUM) en el Distrito Federal. Pronto se ganó la simpatía de los Hermanos mayores de su comunidad, a quienes atendía de manera solícita y les prodigaba toda clase de detalles en el servicio, como prepararles algunas tisanas, llevarles la comida a la cama y cuando era necesario, comprarles y darles su medicina o ponerles alguna inyección, o bien, reemplazarlos en el salón de clase. Con los demás Hermanos era bromista, servicial y animador en los recreos comunitarios.
Con los alumnos del CUM se llevó de maravilla. Promovió el acompañamiento espiritual invitando a algunos sacerdotes, pues él mismo estaba convencido de sus ventajas para el progreso espiritual. Organizó retiros y círculos de estudio, con temas de actualidad, los cuales se trataban a profundidad. Brindaba todo su apoyo a los grupos apostólicos: como La Legión de María, La Acción Católica y al grupo de catecismo de Cristo Rey y al Grupo Vocacional. Al terminar uno de los retiros dirigido por el P. Pedro Hernández, operario diocesano, surgió la invitación hecha por el mismo padre, de participar en el lanzamiento de los Cursillos de Cristiandad en la República Mexicana. Como todavía no había seglares preparados para dirigirlos y exponerlos, fueron los Hermanos Maristas del CUM, los elegidos para iniciarlos. El H. Basilio secundó la iniciativa del P. Hernández y ambos contagiaron, con su entusiasmo, a los demás Hermanos.
Después de los preparativos, se tuvo la primera tanda de cursillos en el siempre acogedor Molino de San Antonio, en Querétaro, los días 21, 22, 23 y 24 de marzo de 1959. En el cursillo se debe orar mucho y fervorosamente. La Santa Misa, el Rosario y demás oraciones van siempre guiados con un gran sentido de la presencia de Dios. Una decisión brotó de los asistentes: la de vivir siempre la vida de Gracia y de vivirla a presión. No se le teme al heroísmo; mientras más alto esté el ideal propuesto, más luminoso y convincente será.
Es importante decir que los rollistas (expositores) y el padre espiritual deben recurrir, frecuentemente, a la oración y servirse de la penitencia para implorar del Señor gracias excepcionales para esos días. El H. Basilio como rollista participaba en todas las tareas y en exponer los rollos, especialmente el de la Santísima Virgen y lo hacía con tal fervor y entusiasmo que, después de la exposición del tema, uno que lo escuchaba exclamó: Nunca había oído hablar tan bonito y tan bien de la Santísima Virgen.

Se organizaron, ese mismo año, otros dos cursillos con el H. Basilio: uno en el Internado México, de la capital de la República, y el otro, en la ciudad de Cholula, en el estado de Puebla.


Aunque la preparación del cursillo llevaba tiempo, eso no era obstáculo para que todos los actos de comunidad se realizaran con estricta regularidad. Era necesario restar horas al sueño para poder cumplir con las obligaciones comunitarias.

MOVIMIENTO POR UN MUNDO MEJOR



El P. Ricardo Lombardi S. J., fundador del Movimiento por un Mundo Mejor, desde el año 1957, había venido a México para establecerlo. Ya contaba con oficinas en la capital a cargo del P. Genaro Alamilla como Secretario General. Faltaba integrar el Grupo Coordinador para lo cual el P. Lombardi convocó a los Superiores de las Congregaciones Religiosas, tanto masculinas como femeninas, que estuvieran dispuestas a colaborar. Les pidió que mandaran a dos de sus miembros a la ciudad de Morelia para hacer las Ejercitaciones por un Mundo Mejor y luego elegir al personal. El H. Provincial de los Hermanos Maristas de México Central propuso al H. Basilio y a otro Hermano.
Al terminar las Ejercitaciones, el P. Lombardi dijo a los participantes: Los que estén dispuestos a participar, pasen acá adelante. El H. Basilio pasó adelante. Había decidido participar en el Movimiento durante tres años.
Cuando el H. Provincial notificó al Consejo General acerca de ceder al H. Basilio tres años al Movimiento, a un Consejero no le pareció muy acertada la decisión y comentó que más de algún miembro de otra congregación religiosa no había vuelto a integrarse a su Instituto. El H. Provincial le dijo al H. Basilio el comentario del Consejero General al respecto y el H. Basilio repuso inmediatamente: Tenga la seguridad, H. Provincial, de que nunca dejaré el Instituto de los Hermanos Maristas en el que he profesado y al terminar mi servicio en el Mundo Mejor, volveré a integrarme a las filas y en todos los lugares en que me encuentre mantendré el contacto con mis Hermanos. (cfr. Testimonio).
El 13 de noviembre de 1960, en el Consejo Provincial, con la presidencia del H. Jesús M. Rodríguez, Provincial, se hizo la petición formal para que, según el Canon 606, el H. Basilio Rueda pudiera vivir fuera de la comunidad por el término de tres años acordado por La Sagrada Congregación de Religiosos, a fin de prestar sus servicios al Movimiento por un Mundo Mejor después de que el R. P. Genaro Alamilla, encargado del Movimiento en México, hiciera la petición formal.
La voluntad de Dios, que tanto amaba el H. Basilio, se iba manifestando con claridad a través de la mediación de los superiores y de la misma Iglesia. Por su parte, el Superior General de los Maristas expresó al P. Lombarda, por medio de una carta: Muy Reverendo Padre, tengo el gusto de comunicarle que, después de haber estudiado el asunto propuesto por el H. Provincial de México, se ha dado respuesta positiva y el H. Basilio Rueda podrá colaborar en el Movimiento por un Mundo Mejor. A lo que el P. Lombardi, con fecha del 14 de enero de 1961, profundamente agradecido contestó: Su carta ha sido para mí de un gran consuelo ya que he oído hablar muy bien de su H. Basilio Rueda y saber ahora que se une a nuestro modesto esfuerzo, es realmente un gran motivo de esperanza. (cfr. Correspondencia).
El H. Basilio se unió al Grupo Promotor en México cuya residencia y oficinas se encontraban a unas cuantas calles de la comunidad del CUM. La colaboración del H. Basilio comenzó a fines de 1960 en la ciudad de México; en 1961 pasó al Centro Internacional de Rocca di Papa, cerca de Roma y de ahí fue nombrado Director Nacional del Movimiento en la ciudad de Quito, en Ecuador. Mientras el H. Basilio estuvo en México, no dejaba de visitar a los Hermanos de la comunidad del CUM con quienes seguía llevando un trato cordial y bromista, lo mismo hizo durante su estancia en Quito.
En otra ocasión, el mismo Padre Lombardi se expresó así al presentarlo ante el cardenal de Caracas y algunos obispos, monseñores, sacerdotes, seminaristas y algunos religiosos y religiosas que asistían a las Ejercitaciones: El H. Basilio Rueda, Marista mexicano, asistió en su tierra a un curso como éste. Dos, tres, intervenciones suyas me bastaron para darme cuenta de lo valioso de su persona y me dije: Lo quiero en mi equipo. Como buen religioso que es, se sometió al parecer de su Superior Provincial, el que con gran sentido eclesial, no opuso resistencia a que se integrara al Movimiento. Al final ustedes mismos me dirán su parecer.
El día 17 de noviembre de 1961, ya trabajando en el Movimiento por un Mundo Mejor, el H. Basilio presentó su examen profesional con la tesis titulada Ser y Valor, para obtener el grado de Maestría en Filosofía de acuerdo con los estatutos de la Universidad Nacional Autónoma de México. El examen profesional se desarrolló a profundidad, tanto por los miembros del Jurado como del sustentante, quien fue aprobado con la calificación Magna Cum Laude. Después, en la sala de la comunidad Marista del CUM se ofreció un brindis. El H. Basilio, al agradecer las palabras de felicitación, se expresó: Antes del examen así hablé a Jesús: No sé cuál va a ser el resultado de este examen, si tu mayor gloria es que yo quede humillado, acepto con gusto esa humillación y si Tú has previsto que yo quede bien, entiendo que eso sea para mayor gloria de la causa católica a la que nuestros enemigos quieren tildar de oscurantista… Como final quiero asentar que hoy me siento más Marista que nunca. (cfr. revista Ecos de familia, México).
El H. Basilio estuvo en Roma a fines de 1962, y comenzó un intercambio epistolar con el H. Leonidá, antiguo Superior General, que se prolongó hasta 1968.
En otra ocasión, el P. Lombardi decía del H. Basilio: Este Hermano Marista es muy brillante en las conferencias que da a los obispos y personalidades civiles; sin embargo, al terminar sus ponencias ya de regreso a casa, se pone a hacer el aseo de las habitaciones y después de las comidas se pone a fregar platos. (cfr. Testimonios).
Para el mes de septiembre de 1961, encontramos al H. Basilio en la ciudad de Caracas, Venezuela, ayudando al P. Lombardi en unas Ejercitaciones en el seminario diocesano.
En 1963, en la ciudad de Quito, las Hermanas de la Comunidad del Buen Pastor de La Recoleta acogieron al equipo del Movimiento por un Mundo Mejor. El apostolado de las Ejercitaciones se realizaba en grupos especiales de las ciudades de Quito, Riobamba, Guayaquil y Cuenca. También en algunas ciudades de Colombia y República de Chile.
El H. Leonidá le dice al H. Basilio, en una carta del 18 de enero de 1963: Creo que usted no sentiría ninguna pena si tuviera que continuar más allá de los 3 años previstos. Todo eso es legítimo, ya que usted permanece, a pesar de todo, disponible y además puede estar seguro de hacer la voluntad de Dios. (cfr. Correspondencia).
Uno de los logros del paso del H. Basilio por Ecuador y de su misión eclesial, fue la buena relación que, desde entonces, llevaron las congregaciones religiosas femeninas que antes apenas se relacionaban y ahora participaban en proyectos comunes de formación, de servicio social y de educación. La Hermana Teresita Coello, de las Siervas del Buen Pastor, se expresa: El H. Basilio era un testimonio vivo de amor a la vida consagrada, de obediencia, de pobreza y dedicación a su misión. Muy humano, con delicadeza y finura en los detalles, especial capacidad de estímulo y muy agradecido a las muestras de atención o servicio que se le prestaban. En nuestro país dejó en todas y todos los que lo conocimos un recuerdo imborrable, una huella de santidad sencilla y amable pero firme. (cfr. Testimonio).
Por su parte, el doctor Conto Patiño, político y hombre de empresa, nos dice: Conviene recordar que al pasar el H. Basilio Rueda por estas tierras con sus charlas y con su trabajo, pudimos apreciar las cualidades que adornaban su persona, destacándose sobre todo su capacidad intelectual, su brillantez de pensamiento, su dinamismo contagioso, pero más que nada su santidad. (cfr. Testimonio).
El H. Basilio, después de haber dado una serie de pláticas en la ciudad de Guayaquil, tuvo que viajar a otra ciudad durante la noche; sin importar si tenía que hacerlo en el toldo del autobús. En uno de esos viajes le regaló su chamarra a un hombre que lo acompañaba; era tanto el frío, que contrajo un malestar en las vías respiratorias que le duró hasta el fin de su vida.
En el mes de enero de 1963, el P. Lombardi preveía el fin del contrato del H. Basilio con el Movimiento. Las buenas relaciones habían estrechado los lazos de amistad entre ambos. Por otra parte, en las Actas del Consejo de la Provincia de México Central encontramos: Se encargó al Hno. Provincial para que escribiera al P. Lombardi, recordándole que para enero próximo recogerá al H. Basilio, actualmente en Quito. El H. Basilio ha manifestado que está en manos de los superiores y que aceptará la decisión que sobre él se tome. (cfr. Actas).
Mientras tanto, el H. Basilio seguía su apostolado con mucho entusiasmo en el Movimiento. Sin embargo, ya había cierta inquietud entre los obispos de Ecuador, pues dependían totalmente del H. Basilio para mantener la obra.
El P. Lombarda, quien seguía de cerca los acontecimientos, escribía al H. Basilio: Aprovecho la ocasión para decirle, una vez más, la profunda edificación que usted ha dejado en todos los de la casa. Ha dado ejemplo de sacrificio y responsabilidad, que jamás podremos olvidar. Dios lo bendiga. Por otra parte, el éxito tan bello de este último curso, Pro Ecclesia, es una corona que el Señor ha querido darle… el problema económico pone a prueba la fe de todos, pero tengo la seguridad de que el Señor no les faltará. Respecto a la residencia de Quito, tienen ustedes, en las buenas Hermanas que los han hospedado, unos verdaderos Ángeles Custodios. (cfr. Correspondencia).
Dadas las circunstancias, el H. Basilio llevaba una vida de austeridad y de pobreza extremas. De no haber sido por la caridad de las Hermanas del Buen Pastor hubiera padecido hambre, pues la superiora de la comunidad, en más de una ocasión, le compró prendas de ropa para el frío.
Los obispos de Ecuador, conscientes de que iba a desaparecer el Movimiento con el regreso del H. Basilio a México, hicieron lo imposible para prolongar su estancia en Quito y, sin previa consulta al H. Basilio, expusieron sus inquietudes al Consejo Provincial de México; el Provincial contestó que el tiempo concedido por la Sagrada Congregación ya había expirado y que correspondía al P. Lombardi hacer la petición formal. El día 14 de febrero de 1963, el P. Lombardi escribe al H. Basilio: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!... se ha concedido finalmente la prórroga que tanto deseábamos. ¡Estoy profundamente conmovido! Ahora veo cómo Jesús ha organizado todo de un modo maravilloso. El año que ha sido concedido de prórroga deberá servir para poner en marcha el equipo de sacerdotes del Ecuador. (cfr. Correspondencia).
El H. Basilio prosiguió su trabajo en el Movimiento y también sirviendo a sus Hermanos Maristas de Colombia con retiros y cursillos que le solicitaban. El año de 1963 dio dos jornadas de Vida Marista organizadas por la Provincia Marista colombiana en la ciudad de Popayán. La revista Ecos de Familia, de circulación interna, trae una reseña de la que citamos los siguientes párrafos: El contenido Eclesial y Cristocéntrico primó en todos los momentos en las exposiciones doctrinales del H. Basilio. Más de un centenar de Hermanos vibraron frente a las grandiosas posibilidades que la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, ofrece a nuestro apostolado. Transcurrían las horas sin sentirlo, ante la palabra incansable de nuestro Hermano… las meditaciones, impregnadas de amor a la congregación, abrieron con amplitud, serenidad y brillantez los panoramas de la vocación, los votos, formación, caridad, oración, apostolado. Todos cuantos participaron están acordes en afirmar que estas Jornadas fueron una especial bendición de Dios para nuestra Provincia. (cfr. revista Ecos de familia, México ).
Sobre este periodo en el Movimiento por un Mundo Mejor, el H. Basilio nos comunica su experiencia: Sin que yo lo buscara, la obediencia me envió a ejercer un apostolado en lugares fuera de lo normal en mi congregación… En este trabajo pude comprobar que Dios está presente por doquier, más de lo que yo mismo hubiera imaginado. Me bastó para ello presentar el Evangelio tal cual es, sin camuflarlo, con todas sus exigencias y el poder del heroísmo que nos es dado en Jesucristo… raras veces encontré grupos o personas que se cerraran a la acción de la Gracia. (cfr. Entrevista).
Siguió siempre en contacto con el Movimiento, especialmente con el P. Lombardi quien le escribía, cuando el H. Basilio ya era Superior General: ¡Cuánto bien está haciendo usted ¡Yo le doy la vuelta al mundo y en muchas partes encuentro eco de sus cursos. Verdaderamente el Señor le dado la misión de animador y usted está cambiando, de alguna manera, la figura del General.
En una ocasión se dirigió así al P. Lombardi: Mil gracias por los delicados sentimientos de amistad y felicitación que me envía. El Señor conoce mis enormes limitaciones. Lo único que queda como cierto, posiblemente, es que de veras lo amamos a Él y a su Iglesia y que soñamos con ser un modesto instrumento, en el gigantesco proceso de renovar la vida religiosa, y hacer pasar el Concilio, de los libros a la vida de la Iglesia.
En la reunión, llamada Cenáculo, del Grupo Promotor del Movimiento en el año 1983, en Roma, fue invitado el H. Basilio a dar una conferencia; citamos aquí algunos extractos: Voy a hablarles con el corazón y con la confianza de quien ha sido uno de ustedes y que, en cierto modo, no ha dejado de serlo… los invito a aislarse… a estar a solas con el Espíritu, en amplio tiempo de oración… que nadie vuelva a la comida sin haber sentido el palpitar del corazón de Dios… ustedes deben ser profetas… pero hay un precio que pagar, a menos que queramos quedarnos en simples expertos en técnicas y en dinámicas o simples facilitadores… Para poner la voz, para poner la mirada a lo largo y a lo ancho de la Iglesia, se requieren precio y condiciones… como mínimo la oblatividad plena y apuntar hacia la Puerta y a los pastos auténticos, apuntar hacia Jesús con un corazón de profeta y una entrega de la vida libre y amorosa… ¿Cómo se puede, sin largos espacios de oración y de contemplación, leer los signos de los tiempos en un mundo terriblemente complejo?… si en toda vida cristiana la relación ser-misión, vida-obras, es una condición fundamental de credibilidad, de honestidad, no debe ser descuidada en un Grupo que está pidiendo conversión a los demás. (cfr. Conferencia).
Con ocasión de dos retiros predicados a los Hermanos Maristas de la Provincia de Chile, en enero de 1965, el H. Basilio dejó marcados los lineamientos de la renovación de la vida religiosa: Quedarse al margen del quehacer de la Iglesia en el Concilio, en esta Hora de Dios en la que se están tomando decisiones, sembrando ideas, trabajando en objetivos que darán una nueva fisonomía a la humanidad angustiada, sería un pecado de omisión de imperdonables consecuencias. (cfr. Ecos de Familia, México).
Uno de los asistentes se expresó así de la actuación del H. Basilio: Los Hermanos descubrimos que su presencia y sus mensajes eran los de un nuevo profeta para nuestro tiempo, un portento de sabiduría y vida interior. Luego, la revista Laudetur resume así este primer contacto del H. Basilio con la Provincia de Chile: Los temas, incidiendo en el espíritu del Concilio, y la consecuente renovación general de la Iglesia, han sido decisivos en una conveniente puesta al día de nuestra Provincia. (cfr. Laudetur, Chile).
Ya para despedirse del Movimiento, a principios de enero de 1965, el H. Basilio escribe al P. Lombardi desde Cali, Colombia: … sólo me queda pedirle de rodillas perdón por todas las imprudencias, infidelidades o incapacidades que durante mi estancia en el Movimiento haya cometido. Durante este tiempo (casi cinco años) he sido colmado de gracias y he tenido un encuentro maravilloso y un enamoramiento progresivo con el Misterio de la Iglesia. Siento que no era el hombre para este privilegio y agradezco al Señor haberse fijado en un servidor. Llamado por la obediencia, me retiro sin nostalgia, pues voy a donde Dios quiere. Pero si la obediencia me hubiese dejado más tiempo en el Movimiento, lo habría aceptado con gratitud y entusiasmo. Vi que mi Instituto deseaba que volviera y por eso no quise secundar la insistencia de los señores obispos. (cfr. Correspondencia).



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