Significado y representación desde una perspectiva dinamicista



Descargar 115 Kb.
Página2/3
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño115 Kb.
1   2   3

El segundo problema, el del nivel de abstracción, es todavía más importante. No es fácil explicar los conceptos al modo del “embodied meaning” y dar cuenta de cómo puedan seguir desempeñando el rol psicológico que suponemos a nuestros conceptos –como nuestro modo de generalizar, de abstraer, a partir de nuestra experiencia. Ciertamente este enfoque comparte la intuición básica que la comprensión depende, en el nivel de la fundamentación, de la interacción del organismo con su ambiente, pero al centrar su explicación en las trazas cerebrales de tal interacción, parece que se resuelve el problema de la abstracción por eliminación. Al menos si el modo de entender su propuesta consiste en la versión según la cual sus “símbolos perceptivos” sustituyen a los símbolos abstractos y amodales del lenguaje del pensamiento, pues entonces nos falta la explicación de por qué, cuando tales trazas corticales se reactivan, obtienen un contenido conceptual que no tienen en primera estancia, cuando se toman como activaciones corticales sensoriales o motoras. Por el contrario, si se entiende que la propuesta mantiene la idea de conceptos abstractos, como a veces parece sugerirse, solo que fundados en categorías perceptivas (al modo en que el propio Harnad propuso resolver el problema del anclaje simbólico en 1990), entonces no parece que se haya modificado la idea clásica de comprensión como traducción, de un código simbólico a otro, después de todo, por lo que no puede hacer frente a las dificultades generales del cognitivismo.

El problema de fondo, bien conocido en relación al programa empirista, es el de la abstracción. El lenguaje expresa sin duda significados abstractos, que sin duda captamos. Pero si el modo de explicar cómo lo hacemos no mantiene el nivel de abstracción necesario, la explicación no puede ser satisfactoria. En el empirismo tradicional, el problema se planteó en relación a las imágenes mentales (¿cómo puede la imagen de un triángulo constituir la comprensión de lo que es un triángulo, dado que cualquier imagen de triángulo será un triángulo particular?), y ahora se plantea en términos de trazas corticales, pero la dificultad es la misma. Si entender la palabra “cavar” requiere la activación de determinado patrón neuronal en el córtex premotor, un apráxico que tenga afectada su capacidad motora debería perder su capacidad para entender lo que cavar significa, lo que no ocurre. Del mismo modo, podemos entender el significado de volar aunque no hayamos volado nunca, y aunque nuestras trazas experienciales relacionadas con “volar” sea ver volar aviones o pájaros. El empirismo tradicional suponía un proceso de abstracción que permitía captar lo que podían tener en común todos esos casos relacionados con volar. La propuesta neoempirista del “significado corporeizado” parece ignorar simplemente el problema de la abstracción.3 La discusión tradicional, por cierto, llevó a la noción kantiana de esquema, como mediación necesaria entre la imagen –concreta- y el concepto –abstracto-: como el procedimiento para pasar de uno a otra. Veremos como recuperarla en el contexto de la discusión de nuestra propuesta en la sección siguiente.

4. Una propuesta post-cognitivista: codificación pragmática de la percepción y esquemas sensoriomotores

Hasta ahora, hemos establecido en primer lugar la importancia de la activación sensorial o motora en actividades cognitivas que suponen abstracción, como la comprensión del lenguaje, y hemos cuestionado la interpretación neoempirista del programa del “significado corpóreo” y los “símbolos perceptivos”, que sigue concibiendo nuestra comprensión conceptual en términos de “símbolos mentales” –solo que ahora constituidos, no por relaciones con otros símbolos, sino por trazas sensoriales y motoras de la experiencia efectiva de interacción, con aquello que tales símbolos representan. Nos queda ofrecer una interpretación alternativa de tales evidencias experimentales, de un modo que evite caer en los problemas que hemos identificado en la sección anterior, que es lo que vamos a intentar en esta sección.

La clave, como ya hemos anticipado, radica en la noción de esquema como modo de substanciar el contenido abstracto de nuestros conceptos, a partir de nuestras interacciones con nuestro contexto. Y en la idea de que el modo en que podemos hablar de representaciones mentales no es como símbolos con propiedades sintácticas o patrones conexionistas, sino desde el enfoque de la mente como un sistema de control predictivo, que trata de anticipar el curso de sus interacciones con su medio a través de la emulación de ese proceso.

Un modo conveniente de introducir y motivar nuestra propuesta en tal sentido consiste en partir de la discusión sobre el modo de funcionamiento de las “neuronas espejo” (Gallese, Fadiga, Fogassi, y Rizzolatti, 1996; Rizzolatti, Fadiga, Gallese, y Fogassi, 1996) –en el caso humano, dada la evidencia disponible, del sistema especular del cerebro (Fadiga, Craighero & Olivier 2005; Iacoboni et al., 1999). Con frecuencia, las neuronas espejo son vistas como bimodales: como neuronas que pertenecerían tanto al sistema visual como al motor. El sistema especular del cerebro se asocia al funcionamiento de áreas corticales tradicionalmente vinculadas a la preparación y ejecución de movimientos, pero el impacto de estas investigaciones se debe a que revelan que estas regiones también intervienen en la percepción visual de acciones intencionales: en estas regiones se encuentra una selectividad de respuesta tal que sugiere el solapamiento de los programas de acción y percepción. Desde nuestro punto de vista, la interpretación correcta consiste en entenderlas como ilustración del fenómeno, más general, de que la codificación de los estímulos visuales se lleva a cabo en términos de habilidades motoras (o más en general, pragmáticas, relativas a la acción), tal como se ha propuesto desde la teoría ideomotora de la representación (Prinz, 1997, 2002; Rizzolatti y Craighero, 2004; Wilson y Knoblich, 2005; James 1890).

En efecto, estas evidencias neurocientíficas sugieren que la codificación perceptiva de las acciones está ligada a la codificación de los patrones motores involucrados, hasta el punto de que los mismos recursos utilizados para actuar intervienen también al percibir. No se trata, por tanto, de la mera asociación –más o menos aleatoria o casual- de elementos sensoriales y elementos motores en un “archivo”, un haz de trazas experienciales, sino que el modo de captar los inputs sensoriales involucra capacidades motoras. Es más, la evidencia apunta a una codificación con diferentes niveles de abstracción con respecto a la especificación de las acciones (Umiltá et al., 2001). En este sentido, las neuronas espejo han sido divididas funcionalmente a partir de la especificidad de su activación (Fogassi et al., 2005). Algunas neuronas se disparan ante acciones muy específicas como coger comida con el índice y el pulgar, por ejemplo. En cambio otras neuronas se activan ante la acción de coger para comer sin importar el modo en que se realice la acción, lo que supone un mayor nivel de abstracción. Ello sugiere que el sistema especular estaría organizado de forma jerárquica, de modo que el patrón de activación estaría definido a partir de la objetivo que se quiere conseguir, para luego refinarse y producir una codificación de acción motora específica (Umiltá et al. 2008). Esta organización jerárquica permite hablar también de comprensión pragmática de los objetos (Murata et al., 1997), especificándose propiedades distintas del objeto en función del patrón de interacción en cuestión.

Las neuronas espejo nos proporcionan, de este modo, una ilustración de la actividad de abstracción del cerebro, que podemos concebir como esquemas sensoriomotores, que median la interacción efectiva con el medio. La explicación del componente motor lo encontramos, como ya hemos anticipado, en la función anticipatoria que parece llevar a cabo, precisamente para facilitar el proceso perceptivo (Grush 2004; Wilson y Knowblich, 2005; Gomila, 2008; Pezzulo, 2008). El proceso perceptivo no se lleva a cabo de modo pasivo y dependiente del estímulo, sino que el sistema trata de anticipar el curso de la interacción poniendo en marcha un modelo interno predictivo (Jeannerod, 2001; Wolpert, Doya & Kawato, 2003). El acoplamiento sensoriomotor efectivo estaría mediado por modelos internos, entendidos como emuladores de la propia interacción, que reciben copias eferentes de las órdenes motoras, proporcionando una señal predictiva, una anticipación de cómo espera el sistema que la interacción vaya a desarrollarse.

Este enfoque se vincula con naturalidad con el papel activo del sujeto en el descubrimiento y la configuración de las regularidades sensoriomotoras propias de su interacción con el entorno, que le permiten el acoplamiento adaptativo, en la línea propuesta por la psicología ecológica y el enactivismo, pero permite entender también de qué modo son posibles también procesos cognitivos “desacoplados”, desconectados del contexto externo inmediato: el sistema puede poner en marcha su conocimiento acumulado, sus esquemas sensoriomotores, de modo “offline”. Estos modelos internos, consistentes en esquemas continuos, pueden ser ejecutados también de modo offline (en la imaginación), para estimar consecuencias de diferentes acciones y evaluar y desarrollar programas motores. Los mismos mecanismos pueden dar cuenta de la imaginería motora en términos de activación offline de un emulador vía copias eferentes (Grush, 2004).

Estos esquemas sensoriomotores, que sostienen el proceso de emulación, proporcionan, a nuestro modo de ver, la solución al problema de la comprensión del significado y la representación, de un modo que evita las dificultades del cognitivismo. La perspectiva aquí propuesta se diferencia de la neoempirista en dos aspectos principales: en el carácter activo, estructurante, del sujeto respecto a los elementos sensorio-motores que median nuestra interacción significativa con el entorno, y respecto a la propia naturaleza de la representación conceptual, que deja de ser discreta para verse de modo continuo. Respecto al primer punto, si la interpretación neoempirista sigue dando por supuesto una concepción de la representación mental representación de tipo descriptivo, en la tradición moderna de la mente, la postcognitivista propone una noción de representación pragmática, en la que la información se integra con referencia al objetivo de una acción –y por tanto, un mismo objeto puede activar trazas diferentes en función de la tarea o del contexto. La representación visual del mundo está dominada por la utilidad de la información para la acción más que por la eficiencia descriptiva. De este modo puede explicarse la evidencia empírica que pone de manifiesto que qué aspectos de la situación son atendidos y procesados depende del contexto pragmático. Así, por ejemplo, Fogassi (Fogassi et al., 2001; 2005) muestra que, ante la posibilidad de interactuar con un objeto (por ejemplo, comer una banana), sus características visuales (textura, tamaño, dureza, color) se relacionan con distintos modos de agarre. Y los trabajos sobre control motor de Smeets y Brenner muestran igualmente que no existe algo así como “la” representación del objeto, que puede guiar la acción, sino que diferentes propiedades controlan diferentes tipos de procesos (Smeets y Brenner, 2008).

Una de las propuestas pormenorizadas de llevar adelante esta nueva forma de concebir la mediación cognitiva que sostiene nuestra interacción significativa con el entorno, de un modo motivado a nivel de realización neuronal, es la teoría de la “Affordance Competition Hypothesis” de Cisek (2007), según la cual los procesos de decisión en un contexto determinado son el resultado de la competencia entre diferentes programas motores posibles, activados por el contexto, tanto situacional como pragmático, en que se encuentra el sujeto. Desde esta perspectiva, el cerebro procesaría información sensorial y especifica en paralelo distintas acciones potenciales que compiten hasta que una es seleccionada.

Este modelo permite dar cuenta del modo en que un percepto contiene información significativa, que integra aspectos sensoriales y motores, sin apelar a una formalización abstracta. El anclaje semántico de ese objeto estaría ligado a las implicaciones que tiene en la preparación de las acciones del sujeto. La correlación entre estímulos visuales y programas motores se explica desde la ACH por la participación de una red de regiones cerebrales sensibles a activación sensorial y motora. Tradicionalmente se ha concebido al córtex parietal posterior (PPC) como generador de las representaciones preceptuales que servirían como entradas sensoriales en el sistema cognitivo. Sin embargo, -tal como explica Cisek- las investigaciones muestran que la actividad cortical parietal contiene representaciones de acciones -tradicionalmente entendidas como salidas (output) del sistema (Andersen, 1995; Kalaska, Scott, Cisek, y Sergio, 1997; Mazzoni, Bracewell, Barash, y Andersen, 1996; Platt y Glimcher, 1997; Snyder, Batista, y Andersen, 2000). Cisek propone que el córtex parietal posterior está involucrado en la especificación de los parámetros de acciones potenciales relacionando información sensorial y motora.

Por otro lado, Cisek insiste en el carácter distribuido, y no central, del modo en que se controla la ejecución de un programa u otro –y por tanto, qué información sensorial resulta ser la relevante para guiar la acción. Las teorías tradicionales han ubicado la toma de decisiones a cargo del sistema cognitivo por medio de un ejecutivo central (Simon y Newell, 1962). Sin embargo, registros neuronales en tareas de decisión han mostrado actividad distribuida y no convergente en un “centro de control”. Por ejemplo, el control de los movimientos oculares involucra al área Lateral IntraParietal (Dorris y Glimcher, 2004; Janssen y Shadlen, 2005; Platt y Glimcher, 1999). Lo mismo sucede para el control de brazos, donde la decisión de realizar una acción involucra áreas identificadas como motoras o pre-motoras (Romo et al., 2002; Cisek y Kalaska 2005). La Affordance Competition Hypothesis defiende que no existe un ejecutivo central sino que las decisiones son alcanzadas en el cerebro gracias a un consenso distribuido del que también participan áreas tradicionalmente identificadas como pre-motoras o periféricas. En muchas de estas regiones las neuronas primero representan la información sensorial de objetivos relevantes y luego reflejan una decisión hacia uno de estos (Castiello, 1999; Tipper, Howard, y Houghton, 1998; Tipper, Howard, y Houghton, 2000; Welsh, Elliott, y Weeks, 1999). El hecho de que áreas vinculadas con la preparación y la ejecución del movimiento sean sensibles a procesos de elección sugiere la posibilidad de un consenso distribuido. Todas las áreas involucradas en la ejecución de la acción proveen información que apunta a escoger el programa motor global más adecuado. Por tanto, la especificidad de la acción seleccionada es el resultado de la participación de distintas áreas activas durante los procesos de selección, preparación y ejecución de la acción. Para la ACH decidir la ejecución de una acción (agarrar un plátano) forma parte del mismo proceso de selección de la acción (agarrar un plátano con un gesto manual específico), y está guiado por la información perceptiva del contexto disponible.

El modelo propuesto por la ACH recoge además la idea de control predictivo, para el que la participación del cerebelo parece ser capital (Imamizu et al., 2000, 2003). El consenso distribuido daría lugar a la selección de la acción pero también a copias eferentes que reingresarían al sistema permitiendo la especificación y el afinamiento característico de las respuestas. También la existencia de copias eferentes permitiría la posibilidad de un registro de las respuestas producidas para un posterior almacenaje. Este modelo, por tanto, proporciona una aproximación dinamicista de la comprensión, que no necesita recurrir a representaciones abstractas discretas: la comprensión abstracta está posibilitada por estos modelos internos que regulan nuestras interacciones y nos proporcionan la base de nuestra comprensión conceptual desacoplada.

Esta perspectiva se diferencia de la neoempirista en dos aspectos principales: en el carácter activo, estructurante, del sujeto respecto a los elementos sensorio-motores que median nuestra interacción significativa con el entorno, y respecto a la propia naturaleza de la representación conceptual, que deja de concebirse como una amalgama de experiencias concretas, para verse como un esquema, un procedimiento de generalización, resultado de la capacidad de abstracción del cerebro. Respecto al primer punto, si la interpretación neoempirista sigue siendo fiel a una concepción de la representación mental de tipo descriptivo, en la tradición moderna de la mente, la postcognitivista propone una noción de representación pragmática, en la que la información se integra con referencia al objetivo de una acción –y por tanto, un mismo objeto puede activar trazas diferentes en función de la tarea o del contexto. En otros términos, desde este punto de vista la representación visual del mundo está dominada por la utilidad de la información para la acción más que por la eficiencia descriptiva.

5. Conclusión: representación mental dinamicista

Haciéndose eco de las reflexiones fenomenológicas de Merleau-Ponty, Maturana y Varela (1987) expresaron la idea de que la noción de representación resulta, como mínimo, problemática: “…sabemos que el sistema nervioso como parte de un organismo opera con determinación estructural y, por tanto, que la estructura del medio no puede especificar sus cambios, sino solo gatillarlos… Aunque nosotros como observadores, por tener acceso tanto al sistema nervioso como a la estructura del medio en que este está, podemos describir la conducta del organismo como si surgiera del operar de su sistema nervioso con representaciones del medio…” (Maturana y Varela, 1987 pág. 112). Para Maturana y Varela, las descripciones exteriores de la conducta del organismo son el origen de la idea clásica de representación pero sólo tienen una utilidad comunicativa y no un valor explicativo científico. Estos autores ponen también de manifiesto la dificultad de un planteamiento puramente dicotómico para explicar los procesos de adaptación basados en el conocimiento: entre procesos representacionales y procesos reactivos. La conclusión de este tipo de razonamiento puede ser escéptica con respecto a la noción de representación (Thelen y Smith, 1994), pero también puede llevar a reconocer la necesidad de reformularla, evitando tomar el modelo descriptivo y simbólico del cognitivismo.

En este trabajo hemos propuesto entender la representación mental en términos dinamicistas, como estados internos esquemáticos y pragmáticos, como regiones en un espacio de atractores (Spivey, 2008), que median nuestras interacciones con el medio sobre la base del conocimiento previo acumulado, que permiten anticipar su curso. Estos esquemas constituyen la base de nuestra comprensión del significado lingüístico, y sostienen nuestros procesos cognitivos desacoplados del contexto inmediato, o procesos de alto nivel. Consisten en los esquemas sensoriomotores obtenidos de la interacción directa que se convierten en modelos predictivos que permiten una mayor optimización adaptativa de tales interacciones. Se trata, por consiguiente, de un enfoque distinto del del “significado corporeizado” y de la noción de simulación con que suele acompañarse: prescinde de símbolos discretos como las unidades del procesamiento cognitivo, y en esa medida, evita los problemas generales del cognitivismo.4

REFERENCIAS

Andersen, R. A. (1995). Encoding of intention and spatial location in the posterior parietal cortex. Cerebral Cortex, 5(5), 457-469.

Andersen, R. A., y Buneo, C. A. (2002). Intentional maps in posterior parietal cortex. Annual Review of Neuroscience, 25(1), 189-220.

Arbib, M. (2012). How the brain got language: the mirror system hypothesis. Oxford: Oxford University Press.

Arbib, M. A. (2008). From grasp to language: embodied concepts and the challenge of abstraction. Journal Of Physiology Paris, 102(1-3), 4-20.

Barresi, J. & Moore, C. (1996). Intentional relations and social understanding. Behavioral and Brain Sciences, 19, 107-154.

Barsalou, L. W. (1999). Perceptual symbol systems. Behavioral and Brain Sciences, 22(4), 577-660.

Barsalou, L.W., Santos, A., Simmons, WK, & Wilson, C. (2008). Language and simulation in conceptual processing. In De Vega, Glenberg & Graesser (2008), pp. 245-284.

Barsalou, L.W., Simmons, W.K., Barbey, A., & Wilson, C.D. (2003). Grounding conceptual knowledge in modality-specific systems. Trends in Cognitive Sciences, 7, 84-91.

Beer, R. (2000). Dynamical approaches to cognitive science. Trends in Cognitive Sciences, 4, 91–9.

Berenson, D., Diankov, R., y Kuffner, J. (2007). Grasp planning in complex scenes. 7th IEEERAS International Conference on Humanoid Robots, pp. 42-48.

Bickhard , M. H. & Terveen , L. (1995). Foundational Issues in Artificial Intelligence and Cognitive Science: Impasse and Solution. Amsterdam: Elsevier.

Binkofski F., Buccino G., Posse S., Seitz R. J., Rizzolatti G., Freund H. (1999). A fronto-parietal circuit for object manipulation in man: evidence from an fMRI-study. European Journal of Neurosciencie, 11 (9), 3276-3286.

Binkofski, F., & Buccino, G. (2004). Motor functions of the Broca’s region. Brain and Language, 89, 362-369.

Blakemore, S.J. & Decety, J. (2001). From the perception of action to the understanding of action. Nature Reviews Neuroscience, 2, 561-567.

Block N (1990). The computer model of the mind. In D Osherson, E Smith, Eds. Thinking,Vol. 3: An Invitation to Cognitive Science. Cambridge, MA: MIT Press.

Brooks , R. A. (1986). A robust layered control system for a mobile robot . IEEE Journal of Robotics and Automation , 2 ( 1 ), 14 – 23 .

Brooks , R. A. (1991). Intelligence without representation . Artificial Intelligence , 47 , 139 – 159.

Brooks , R. A. (1999). Cambrian Intelligence . Cambridge, MA : MIT Press.

Buccino, G., Binkofski, F., Fink, G. R., Fadiga, L., Fogassi, L., Gallese, V., et al. (2001). Action observation activates premotor and parietal areas in a somatotopic manner: an fMRI study. The European Journal of Neuroscience, 13(2), 400-404.

Cangelosi, A. and Harnad, S. (2001) The adaptive advantage of symbolic theft over sensorimotor toil: Grounding language in perceptual categories. Evolution of Communication, 4(1):117-142.

Castiello, U. (1999). Mechanisms of selection for the control of hand action. Trends in Cognitive Sciences, 3(7), 264-271.

Chao LL. & Martin A. (2000) Representation of manipulable man-made objects in the dorsal stream. Neuroimage,12, 478–484.

Cisek, P. (2007). Cortical mechanisms of action selection: the affordance competition hypothesis. Philosophical Transactions of the Royal Society B Biological Sciences, 362(1485), 1585-1599.

Clancey , W. J. (1997). Situated Cognition. Cambridge : Cambridge University Press .

Colby, C. L., y Goldberg, M. E. (1999). Space and attention in parietal cortex. Annual Review of Neuroscience, 22(1), 319-349.

Collins, A.M. & Loftus, E.F. (1975). “A spreading activation theory of semantic processing”, Psychological Review, 82, 407-428.

Damasio, Antonio  (1999).  The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness. New York: Houghton Mifflin Harcourt.

De Vega, M., Graesser, A.M., & Glenberg, A. (eds.) (2008). Symbols and Embodiment. Debates on Meaning and Cognition. Oxford University Press.

Dehaene, S., Le Clec'H, G., Cohen, L., Poline, J. B., van de Moortele, P. F., Le Bihan, D., et al. (1998). Inferring behavior from functional brain images. Nature Neuroscience, 1(7), 549-550.

Dorris, M. C., y Glimcher, P. W. (2004). Activity in posterior parietal cortex is correlated with the relative subjective desirability of action. Neuron, 44(2), 365-378.




Compartir con tus amigos:
1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad