Sigmund Freud MÁs allá del principio del placer y otras obras



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VII
Si realmente es un carácter tan general de las pulsiones el de querer restablecer un estado anterior, no podemos asombrarnos de que en la vida anímica tantos procesos se consumen con independencia del principio de placer. Acaso este carácter se comunica a toda pulsión parcial: en estas, se trataría de recobrar una determinada estación de la vía de desarrollo. Pero de que el principio de placer aún no haya recibido poder alguno sobre todo eso, no se sigue que todo eso haya de estar en oposición a él; y sigue irresuelta la tarea de determinar la relación de los procesos pulsionales de repetición con el imperio del principio de placer.
Hemos discernido como una de las más tempranas e importantes funciones del aparato anímico la de «ligar» las mociones pulsionales que le llegan, sustituir el proceso primario que gobierna en ellas por el proceso secundario, trasmudar su energía de investidura libremente móvil en investidura predominantemente quiescente (tónica). En el curso de esta trasposición no es posible advertir el desarrollo de displacer, mas no por ello se deroga el principio de placer. La trasposición acontece más bien al servicio del principio de placer; la ligazón es un acto preparatorio que introduce y asegura el imperio del principio de placer.
Separemos función y tendencia de manera más tajante que hasta ahora. El principio de placer es entonces una tendencia que está al servicio de una función: la de hacer que el aparato anímico quede exento de excitación, o la de mantener en él constante, o en el nivel mínimo posible, el monto de la excitación. Todavía no podemos decidirnos con certeza por ninguna de estas versiones, pero notamos que la función así definida participaría de la aspiración más universal de todo lo vivo a volver atrás, hasta el reposo del mundo inorgánico. Todos hemos experimentado que el máximo placer asequible a nosotros, el del acto sexual, va unido a la momentánea extinción de una excitación extremada. Ahora bien, la ligazón de la moción pulsional sería una función preparatoria destinada a acomodar la excitación para luego tramitarla definitivamente en el placer de descarga.
Dentro de este mismo orden de consideraciones, nos preguntamos si las sensaciones de placer y displacer pueden ser producidas de igual manera por los procesos excitatorios ligados y los no ligados. Pues parece fuera de toda duda que los procesos no ligados, los procesos primarios, provocan sensaciones mucho más intensas en ambos sentidos que los ligados, los del proceso secundario. Además, los procesos primarios son los más tempranos en el tiempo; al comienzo de la vida anímica no hay otros, y podemos inferir que si el principio de placer no actuase ya en ellos, nunca habría podido instaurarse para los posteriores. Llegamos así a un resultado nada simple en el fondo: el afán de placer se exterioriza al comienzo de la vida anímica con mayor intensidad que más tarde, pero no tan irrestrictamente; se ve forzado a admitir frecuentes rupturas. En épocas de mayor madurez, el imperio del principio de placer está mucho más asegurado, pero él mismo no ha podido sustraerse al domeñamiento más que las otras pulsiones. Comoquiera que fuese, aquello que en el proceso excitatorio hace nacer las sensaciones de placer y displacer tiene que estar presente en el proceso secundario lo mismo que en el primario.
Este sería el punto en que habría que iniciar otros estudios. Nuestra conciencia nos trasmite desde adentro no sólo las sensaciones de placer y displacer, sino también las de una peculiar tensión que, a su vez, puede ser placentera o displacentera. Ahora bien, ¿hemos de entender que por medio de estas sensaciones diferenciamos los procesos de la energía ligada y los de la no ligada, o la sensación de tensión ha de referirse a la magnitud absoluta, eventualmente al nivel de la investidura, mientras que la serie placer-displacer apunta al cambio de las magnitudes de investidura dentro de la unidad de tiempo?93. También tiene que llamarnos la atención que las pulsiones de vida tengan muchísimo más que ver con nuestra percepción interna; en efecto, se presentan como revoltosas, sin cesar aportan tensiones cuya tramitación es sentida como placer, mientras que las pulsiones de muerte parecen realizar su trabajo en forma inadvertida. El principio de placer parece estar directamente al servicio de las pulsiones de muerte; es verdad que también monta guardia con relación a los estímulos de afuera, apreciados como peligros por las dos clases de pulsiones, pero muy en particular con relación a los incrementos de estímulo procedentes de adentro, que apuntan a dificultar la tarea de vivir. Aquí se anudan otros problemas, innumerables, a los que todavía no es posible responder. Pero debemos ser pacientes y esperar que la investigación cuente con otros medios y tenga otras ocasiones. También hay que estar preparados para abandonar un camino que se siguió por un tiempo, si no parece llevar a nada bueno. Sólo los creyentes que piden a la ciencia un sustituto del catecismo abandonado echarán en cara al investigador que remodele o aun rehaga sus puntos de vista. En cuanto a lo demás, un poeta (Rückert) nos consuela por la lentitud con que progresa nuestro conocimiento científico:

«Lo que no puede tomarse volando

hay que alcanzarlo cojeando.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

La Escritura dice: cojear no es pecado»94.


1 [Cf. «Lo inconsciente» (1915e), AE, 14, pág. 178.]

2 [El examen más exhaustivo de los conceptos de «cantidad» y de «excitación ligada», de los que están penetrados todos los escritos de Freud, es quizás el efectuado en el temprano «Proyecto de psicología» de 1895 (1950a). Véase en especial el largo análisis del término «ligado» en la parte III de dicha obra, AE, 1, págs. 416-7. Cf. también AE, 18, págs. 34-5.]

3 [Vuelve a hacerse mención a esto AE, 18, pág. 61, y se lo desarrolla en «El problema económico del masoquismo» (1924c). Véase también el «Proyecto» (1950a), AE, 1, pág. 354.]

4 [Cf. el «Proyecto» (1950a), AE, 1, pág. 357. Aquí el adjetivo «estética» está usado en el antiguo sentido de «relativa a la sensación o a la percepción».]

5 [El «principio de constancia» se remonta a los comienzos mismos de los estudios psicológicos de Freud. El primer examen publicado sobre él de cierta longitud es el que hace Breuer (en términos semifisiológicos) en su contribución teórica a Estudios sobre la histeria (Breuer y Freud, 1895), AE, 2, págs. 208-11. Allí lo define como «la tendencia a mantener constante la excitación intracerebral». En ese pasaje atribuye el principio a Freud, y en verdad el propio Freud sólo había hecho antes breve referencia a él en una o dos oportunidades, en escritos póstumos. (Cf. Freud, 1941a, y Breuer y Freud, 1940.) También lo examinó en detalle en el «Proyecto» (1950a), AE, 1, págs. 340-2, titulándolo allí «principio de inercia neuronal».]

6 [Cf. «Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico» (1911b).]

7 [Nota agregada en 1925:]

Lo esencial es, sin duda, que placer y displacer están ligados al yo como sensaciones concientes. [Esto se elucida con más detalle en Inhibición, síntoma y angustia (1926d), AE, 20, pág. 87.]



8 Cf. la discusión sobre el psicoanálisis de las neurosis de guerra por Ferenczi, Abraham, Simmel y Jones (Ferenczi et al., 1919). [Freud redactó la introducción de este trabajo (1919d). Cf. también su «Informe sobre la electroterapia de los neuróticos de guerra», de edición póstuma (1955c).]

9 [La palabra «pleno» fue agregada en 1921.]

10 [Freud dista mucho, en verdad, de hacer siempre el distingo que traza aquí. Con suma frecuencia usa la palabra «Angst» {«angustia»} para designar un estado de temor sin referencia alguna al futuro. No es improbable que en este pasaje comenzara a vislumbrar la distinción que haría luego, en Inhibición, síntoma y angustia (1926d), entre la angustia como reacción frente a una situación traumática -algo probablemente equivalente a lo que aquí se denomina «Schireck» {«terror»}- y como señal de advertencia de la proximidad de un suceso tal. Cf. también infra, pág. 31, su empleo de la frase «apronte angustiado».]

11 [Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar» (1893a), AE, 2, pág. 33.]

12 [Todo lo que sigue al punto y coma fue agregado en 1921. Para esto, cf. La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, págs. 543 y sigs.]

13 Esta interpretación fue certificada plenamente después por otra observación. Un día que la madre había estado ausente muchas horas, fue saludada, a su regreso con esta comunicación: « ¡Bebé o-o-o-o! »; primero esto resultó incomprensible, pero pronto se pudo comprobar que durante esa larga soledad el niño había encontrado un medio para hacerse desaparecer a sí mismo. Descubrió su imagen en el espejo del vestuario, que llegaba casi hasta el suelo, y luego le hurtó el cuerpo de manera tal que la imagen del espejo «se fue». [Otra referencia a esta historia se hallará en La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, pág. 459, n. 3.]

14 Teniendo el niño cinco años y nueve meses, murió la madre. Ahora que realmente «se fue» (o-o-o), el muchachito no mostró duelo alguno por ella. Es verdad que entretanto había nacido un segundo niño, que despertó sus más fuertes celos.

15 Cf. «Un recuerdo de infancia en Poesía y verdad » (1917b).

16 [Esta observación se repite en «Sobre la sexualidad femenina» (1931b), AE, 21, pág. 237.]

17 {Aquí, «Spiel» en el sentido de representación escénica. Preferimos una traducción forzada para que no se pierda la asimilación con el juego infantil (también «Spiel»).}

18 [Freud había hecho un estudio provisional de esto en su trabajo póstumo «Personajes psicopáticos en el escenario» (1942a), cuya redacción data probablemente de 1905 o 1906.]

19 Cf. mi trabajo «Recordar, repetir y reelaborar» (1914g). [También se hallará en ese trabajo una temprana referencia a la «compulsión de repetición», uno de los temas principales que se examinan en la presente obra. (Cf. asimismo mi «Nota introductoria», AE, 18, pág. 6.) La frase «neurosis de transferencia», en el sentido especial con que se la usa pocas líneas más adelante, aparece también en el trabajo mencionado.]

20 [Véase un examen de esto en mi «Introducción» a El yo y el ello (1923b), AE, 19, pág. 8.]

21 [Esta formulación fue corregida en una nota al pie de El yo y el ello (1923b), AE, 19, pág. 30.]

22 [En su forma actual, esta oración data de 1921. En la primera edición (1920), rezaba: «Es posible que en el yo sea mucho lo inconsciente; probablemente abarcamos sólo una pequeña parte de eso con el nombre de preconciente».]

23 [En el cap. XI de Inhibición, síntoma y angustia (1926d) se examinan en forma más completa y algo diferente las fuentes de la resistencia.]

24 [Nota agregada en 1923:] En otro lugar [1923c] expongo que aquí viene en ayuda de la compulsión de repetición el «efecto de sugestión», vale decir, la obediencia hacia el médico, profundamente arraigada en el complejo parental inconsciente.

25 [Véase el empleo alegórico que hace Freud del cuento tradicional de los «tres deseos» en Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17), AE, 15, pág. 198.]

26 [Las dos últimas oraciones fueron agregadas en 1921.]

27 Cf. las oportunas observaciones que hace al respecto C. G. Jung (1909).

28 [Antes de 1923 la última cláusula rezaba: «se diría que la compulsión de repetición es llamada en su auxilio por el yo, que quiere aferrarse al principio de placer».]

29 {«TrieMaft»; véase la nota de la traducción castellana en AE, 18, página 35.}

30 [Cf. La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, págs. 598 y sigs., y «Lo inconsciente» (1915e), sección II.]

31 [El sistema P (percepción) fue descrito por primera vez por Freud en La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, págs. 531 y sigs. En un trabajo posterior (1917d) argumentó que dicho sistema coincidía con el sistema Cc.]

32 Lo que sigue se basa en las opiniones expuestas por Breuer en Estudios sobre la histeria (Breuer y Freud, 1895) [AE, 2, págs. 203-14. Freud examinó el tema en La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, págs. 531-2, y ya antes lo había considerado cabalmente en el «Proyecto de psicología» de 1895 (1950a), AE, 1, págs. 343-6. Volvió a él más tarde en «Nota sobre la "pizarra mágica"» (1925a).]

33 [AE, 5, pág. 532.]

34 [Un preanuncio de este pasaje se hallará en el «Proyecto» (1950a), AE, 1, págs. 344-6.]

35 Breuer y Freud, 1895. [Cf. la sección 2 de la contribución teórica de Breuer, AE, 2, págs. 204 y sigs., esp. págs. 205-6n. Cf.. también AE, 18, pág. 7, n. 2.]

36 [Cf. el «Proyecto» (1950a), AE, 1, págs, 349 y sigs., 356 y sigs.]

37 [Cf. la sección V de «Lo inconsciente» (1915e).]

38 [Freud vuelve a ocuparse del origen de la idea de tiempo en «Nota sobre la "pizarra mágica"» (1925a), AE, 19, págs. 246-7; ese mismo trabajo contiene un nuevo examen de la «protección antiestímulo»]

39 [Cf. el «Proyecto» (1950a), AE, 1, págs. 359-61.]

40 [Cf. el «Proyecto» (1950a), AE, 1, pág. 349.]

41 Cf. «Pulsiones y destinos de pulsión» (1915c). [Cf.. también el «Proyecto» (1950a), AE, 1, pág. 351, y el capítulo XI de Inhibición, síntoma y angustia (1926d), AE, 20, págs. 158-61.]

42 [Cf. el «principio de la inexcitabilidad de los sistemas no investidos», en «Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños» (1917d), AE, 14, pág. 225, n. 14, y 233, n, 38.]

43 {Véase la nota de la traducción castellana en AE, 18, pág. 41.}

44 [Cf. La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, pág. 550, y la sección IX de «Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños» (1923c).]

45 [La frase entre paréntesis remplazó en 1923 a «no inconsciente», que aparecía en las ediciones anteriores.]

46 Véase mi «Introducción» (1919d) a Zur Psychoanalyse der Kriegsneurosen.

47 Cf. mis observaciones en otro lugar (Tres ensayos de teoría sexual [AE, 7, págs. 183-4]) sobre el efecto de los sacudimientos mecánicos y los viajes en ferrocarril.

48 Véase mi trabajo «Introducción del narcisismo» (1914c) [AE, 14, págs. 80-1].

49 Cf. La interpretación de los sueños (1900a), cap. VII [AE, 5, págs, 578 y sigs., y Breuer y Freud (1895), AE, 2, págs, 204-14.]

50 {«Triebbalt», aquí y al comienzo del párrafo siguiente. Es término de vieja raigambre en la literatura alemana desde fines del siglo XVIII; traduce lo «impulsiv», lo «passioné» de la Ilustración francesa: lo impulsivo, apasionado, irreflexivo; lo opuesto a la conducta racional y esclarecida.}

51 [Véanse algunas observaciones de Freud al respecto en su libro sobre el chiste (1905c), AE, 8, págs. 123 y 214.]

52 [Las últimas seis palabras fueron agregadas en 1921.]

53 No dudo de que conjeturas semejantes acerca de la naturaleza de las pulsiones ya se han formulado repetidas veces.

54 {«Reproduktionsvermögen»; no se confunda con «reproducción» («Fortffianzung») en el sentido de multiplicación de la especie; cf. AE, 18, pág. 18, la diferencia implícita entre «reproducir» y «recordar». «Repetición» compulsiva y «repetición» (recapitulación) del desarrollo filogenético, por un lado, y «reproducción» (sin mediación reflexiva en el recuerdo) con el señalado correlato en el reino animal: he ahí unos paralelismos terminológicos que el texto sugiere y hemos cuidado de conservar.}

55 [Lo que sigue al punto y coma fue agregado en 1921.]

56 [Nota agregada en 1925:] No se olvide que a continuación desarrollamos una argumentación extrema, la cual hallará restricción y enmienda cuando se tomen en cuenta las pulsiones sexuales.

57 [En las ediciones anteriores a la de 1925 acompañaba a este pasaje la nota siguiente: «Más adelante se corrige esta concepción extrema de las pulsiones de autoconservación».]

58 [Nota agregada en 1923:] ¡Y a pesar de ello son lo único que podemos aducir en favor de una tendencia interna al «progreso» y a la evolución ascendente! (Cf. infra [AE, 18, págs. 41-2].)

59 [Nota agregada en 1925:] El contexto deja entender bien que aquí «pulsiones yoicas» es considerada una designación provisional, que retoma el primer bautismo que les dio el psicoanálisis. [Cf. AE, 18, págs. 49-50 y 59n. ]

60 [Estas cinco palabras aparecen en bastardillas en las ediciones de 1921 en adelante.]

61 Por otro camino, Ferenczi (1913c, pág. 137) llegó a la posibilidad de la misma concepción: «La aplicación consecuente de esta argumentación no puede menos que familiarizarnos con la idea de una tendencia a la perseveración, y alternativamente a la regresión, que gobierna también la vida orgánica; en cambio, la tendencia a la evolución ascendente, a la adaptación, etc., es animada sólo sobre la base de estímulos externos».

62 {«Triebverdrängung», «esfuerzo» de desalojo o de suplantación de las pulsiones. Obsérvese, líneas antes, la mención de las fuerzas externas que «esfuerzan» («drängen»), la adaptación; luego, el «esfuerzo» («Drang») de perfeccionamiento cultural de una minoría.; y más adelante, el paralelismo entre la «pulsión» reprimida y el factor «pulsionante» que acicatea el perfeccionamiento. Cf. también AE, 18, pág. 53.}

63 Mefistófeles en Fausto, parte I [escena 4]

64 [Este último párrafo, agregado en 1923, anticipa la descripción de Ercs del próximo capítulo, págs. 49 y sigs.]

65 [En lo que sigue, Freud parece emplear indistintamente los términos «protista» y «protozoo» para designar a los organismos unicelulares.]

66 [Primera vez que apareció esta expresión en una obra publicada.]

67 [Schiller, Die Braut von Messina, acto I, escena 8.]

68 Weismann (1884).

69 Weismann (1882, pág. 38).

70 Weismann (1884, pág. 84).

71 Weismann (1882, pág. 33).

72 Weismann (1884, págs. 84-5).

73 Cf. Hartmann (1906), Lipschütz (1914) y Doflein (1919).

74 Hartmann (1906, pág. 29).

75 Para esto y lo que sigue, véase Lipschütz (1914, págs. 26 y 52 y sigs.).

76 Schopenhauer (1851a) [Sämtlicbe Werke, ed. por Hübscher, 1938, 5, pág. 236)].

77 [La última oración fue agregada en 1921.]

78 [Como, por ejemplo, en el trabajo sobre la perturbación psicógena de la visión (1910i).]

79 {Aparentemente, Freud. alude aquí a una frase de Schiller; cf. AE, 18, pág. 250.}

80 [Esta idea fue formulada cabalmente por Freud en la sección 1 de su trabajo sobre el narcisismo (1914c). Véase, sin embargo, su corrección posterior de este enunciado en El yo y el ello (1923b), AE, 19, pág. 32, n. 7, donde describe al ello como «el gran reservorio de la libido».]

81 Véase mi trabajo sobre el narcisismo (1914c) [sección I.]

82 [Las dos oraciones precedentes fueron agregadas en 1921.]

83 [En la primera edición había este agregado, que luego se eliminó: «por "entrelazamiento" pulsional, para emplear un término de Adler [19081-»].

84 Ya fue así en la primera edición de Tres ensayos de teoría sexual , de 1905 [AE, 7, págs. 143 y sigs.]

85 [Un anticipo del examen de la «mezcla» pulsional realizado en El yo y el ello (1923b), AE, 19, págs. 41-3.]

86 Véanse mis Tres ensayos (1905d) [AE, 7, pág. 144] y «Pulsiones y destinos de pulsión» (1915c).

87 Sabina Spiclrein, en un trabajo sustancioso y rico en ideas (1912), aunque por desdicha no del todo comprensible para mí. ha anticipado un buen fragmento de esta especulación. Designa allí al componente sádico de la pulsión sexual como «destructivo». Y por otra parte, A. Starke (1914) intentó identificar el concepto mismo de libido con el concepto de impulsión hacia la muerte, que es preciso suponer en la teoría biológica. (Cf. también Rank, 1907.) Todos estos empeños, lo mismo que el del texto, son testimonios de un esfuerzo, que todavía no ha cuajado, por obtener claridad en la doctrina de las pulsiones. [Un posterior examen de la pulsión destructiva por parte del propio Freud ocupa el cap. VI de El malestar en la cultura (1930a).]

88 Cf. el informe de Lipschütz (1914) citado AE, 18, pág. 46, n. 11.

89 [Cf. AE, 18, págs. 7 y sigs. El tema en su conjunto es reconsiderado en «El problema económico del masoquismo» (1924c).]

90 No obstante, Weismann (1892) niega también esta ventaja: «La fecundación en manera alguna significa un rejuvenecimiento o renovación de la vida; ella no sería necesaria para la persistencia de la vida, no es más que un dispositivo que sirve para posibilitar la mezcla de dos diversas tendencias hereditarias». Empero, considera que un efecto de esa mezcla es cierto incremento de la variabilidad de los seres vivos.

91 Traducción de U. v. Wilarnowitz-Müllendorff (Platon, I, págs. 366-7). [Agregado en 1921:] Al profesor Heinrich Gomperz (de Viena) debo las indicaciones siguientes acerca del origen del mito platónico, que reproduzco en parte con sus propias palabras: Querría llamar la atención sobre el hecho de que la misma teoría, en lo esencial, ya se encuentra en los Upanishad. En efecto, hallamos el siguiente pasaje en los Bribadâranyaka-upanishad , 1, 4, 3 [traducción de Max-Müller, 2, págs. 85-6], donde se describe el surgimiento del universo a partir del Atman (el Sí-mismo o Yo): « . . . Pero él [ el Atman (el Sí-mismo o Yo)] no tenía ninguna alegría. Efectivamente, uno no tiene alegría alguna cuando está solo. Por eso anhelaba un segundo. Y era él tan grande como una mujer y un hombre enlazados. Y dividió en dos partes este Sí-mismo suyo: de ahí nacieron marido y mujer. Por eso este cuerpo es en el Sí-mismo, por así decir, una mitad separada, como lo dijo Yajñavalkya. Por eso este espacio vacío, aquí, es llenado por la mujer».

El Brihadâranyaka-upanishad es el más antiguo de todos los Upanishad, y ningún investigador competente lo sitúa después del año 800 a. C., aproximadamente. Oponiéndome a la opinión dominante, yo no daría de plano una respuesta negativa a la pregunta de si Platón pudo retornar esta idea hindú, siquiera en forma mediata; en efecto, no puede cuestionarse semejante posibilidad respecto de la doctrina de la trasmigración de las almas. Pero aun si se estableciera esa dependencia (por intermedio de los pitagóricos), la coincidencia conceptual difícilmente perdería significación. En efecto, Platón no habría hecho suya esta idea que la tradición oriental pudo aportarle, y menos aún le habría concedido un lugar de tanta importancia, si a su juicio no contenía un núcleo de verdad.

En un metódico ensayo consagrado a la exploración de esta idea en el período anterior a Platón, Ziegler (1913) la hace remontar a representaciones babilónicas.

[Freud ya había aludido al mito platónico en sus Tres ensayos 1905d), AE, 7, pág. 124.]



92 Agreguemos aquí algunas palabras destinadas a esclarecer nuestra terminología, que en el curso de estas elucidaciones ha tenido un cierto desarrollo. Supimos qué eran las «pulsiones» sexuales por su relación con los sexos y con la función de reproducción. Y después conservamos ese nombre cuando los resultados del psicoanálisis nos obligaron a aflojar el nexo de esas pulsiones con la reproducción. Con la tesis de la libido narcisista y la extensión del concepto de libido a la célula individual, la pulsión sexual se nos convirtió en Eros, que procura esforzar las partes de la sustancia viva unas hacia otras y cohesionarlas; y las comúnmente llamadas pulsiones sexuales aparecieron como la parte de este Eros vuelta hacia el objeto. Según la especulación, este Eros actúa desde el comienzo de la vida y, como «pulsión de vida», entra en oposición con la «pulsión de muerte», nacida por la animación de lo inorgánico. La especulación busca entonces resolver el enigma de la vida mediante la hipótesis de estas dos pulsiones que luchan entre sí desde los orígenes. [Agregado en 1921:] Menos abarcable es quizás el cambio experimentado por el concepto de «pulsiones yoicas». Originariamente llamamos así a todas aquellas orientaciones pulsionales que nos resultaban menos conocidas, que podían diferenciarse de las pulsiones sexuales dirigidas al objeto; pusimos las pulsiones yoicas en oposición a las pulsiones sexuales, cuya expresión es la libido. Más tarde entramos en el análisis del yo y discernimos que también una parte de las «pulsiones yoicas» es de naturaleza libidinosa y ha tomado por objeto al yo propio. Estas pulsiones de autoconservación narcisistas debieron computarse, entonces, entre las pulsiones sexuales libidinosas. La oposición entre pulsiones yoicas y pulsiones sexuales se convirtió en la que media entre pulsiones yoicas y pulsiones de objeto, ambas de naturaleza libidinosa. Pero en su lugar surgió una nueva oposición entre pulsiones libidinosas (yoicas y de objeto) y otras que han de estatuirse en el interior del yo y quizá puedan pesquisarse en las pulsiones de destrucción. La especulación convirtió esta oposición en la que media entre pulsiones de vida (Eros) y pulsiones de muerte.

93 [Cf. AE, 18, págs. 7-8. Estas cuestiones ya habían sido abordadas por Freud en el «Proyecto de psicología» (1950a), AE, 1, por ejemplo en págs. 356 y 416-8.]

94 [Últimos versos de «Die beiden GuIden», versión de uno de los Macamas {cuadros literarios} de Abu Hariri {escritor y filólogo árabe}, efectuada por Rückert. Freud citó estos versos, asimismo, en su carta a Fliess del 20 de octubre de 1895 (Freud, 1950a, Carta 32).]




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