Sexualidad y autismo



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Resultados

Se hizo un test sobre los puntos del cuestionario que trataban de la conducta sexual de los internos. Se recogieron los datos utilizando dos impresos, el primero contenía información general, incluyendo características de desarrollo y de conducta, el segundo trataba de cuestiones específicas de sexualidad. Ambos conjuntos de datos fueron primero estructurados y analizados mediante SPSS. Las variables principales (unas 100) se incluyeron en un archivo del sistema del SPSS y se analizaron. Por último se seleccionaron las 27 variables más importantes y se sometieron a un análisis multivariable mediante DIGRAM, un sistema para tablas pluridimensionales contingentes (Kreiner, 1987). DIGRAM opera con modelos causales en los que las variables seleccionadas se dividen en bloques causales y se les aplican pruebas condicionales exactas usando la colapsibilidad grafoteorética.

Por tanto, todos los resultados significativos que presentamos no están basados en los valores aparentes de un test de poca importancia, sino en la tabla de contingencia total de las 27 variables analizadas en el último paso. Este último paso es una versión del llamado test de correlación de rango de Kendall (Kendall´s gamma). Dos equipos de profesionales investigaron el nivel de confianza inter-ratio, contestando a las preguntas planteadas en el cuestionario sobre sexualidad con una concordancia del 0,86. Un subconjunto de 14 sujetos fue estudiado para determinar el nivel de confianza de la interpretación (la interpretación de ciertas preguntas, por los autores del estudio, para determinar signos de sexualidad). Un total de 733 preguntas mostraron una concordancia del 0,97.

Masturbación

Uno de los objetivos era saber cuántos de los internos se masturbaban y cuántos de ellos alcanzaban el orgasmo. En algunos casos esta cuestión no planteaba dificultad ya que los internos se masturbaban abiertamente y de forma muy normal, por lo que no había duda alguna. Algunos internos mostraban signos de excitación sexual sin masturbarse. Otros "se tocaban los genitales sin mostrar signos de excitación". Estos casos no se contaron como respuesta afirmativa a la pregunta de si el interno se masturbaba. Algunos internos contaban sus conductas sexuales. Otros practicaban sexo en lugares y momentos donde el personal estaba, forzosamente, presente. Por último, otros confinaban su sexualidad en una esfera estrictamente privada con el resultado de que el personal no podía saber nada sobre ella.

En lo que concierne a la cuestión del orgasmo, se anotaba una respuesta afirmativa cuando el personal del centro había observado manchas de esperma en la ropa de cama o en las ropas del interno, o si habían visto a una mujer interna en una fase de excitación con clímax seguida de una clara relajación, tanto física como mental.

 

Los resultados, por lo que respecta a la masturbación y al orgasmo, muestran que el 68% de los internos se masturban. De ellos, el 60% alcanzan el orgasmo. El 74% de los hombres se masturban y de las mujeres el 54%. El 64% de los hombres que se masturban alcanzan el orgasmo mientras que el 46% de las mujeres alcanzan el clímax. La diferencia proporcional entre hombres y mujeres que se masturban y alcanzan el orgasmo es similar a la encontrada en estudios sobre la población normal ( Masters & Johnson, 1988 ).



Tabla 2: Masturbación y Orgasmo

 

Nº de que se masturban

 

Nº que alcanzan el orgasmo

 




Total

% del total

Total

% de los que se masturban

Hombres

42

(73,6)

27

(64,3)

Mujeres

13

(54,2)

6

(46,1)

Total

55

(67,9)

33

(60,0)

 

Se masturban más internos de bajo nivel de funcionalidad (76 %) que internos de alto nivel de funcionalidad (50%). No se encontró relación entre la capacidad de alcanzar el orgasmo y el nivel funcional.



Frecuencia de la masturbación

Los resultados incluyen también datos sobre la frecuencia con que los internos se masturbaban (a diario, semanalmente o con menos frecuencia). Se encontró que el 25 % de los que se masturbaban lo hacía diariamente, el 49% lo hacía aproximadamente una vez a la semana y el 16% lo hacía con menos frecuencia. No hay diferencia entre los sexos en lo que respecta a la frecuencia con la que se masturban. Más aún, la frecuencia en la masturbación se correlaciona con el nivel de desarrollo en el lenguaje hablado y con la edad. Se compara el porcentaje de sujetos que se masturban diariamente con el nivel de desarrollo en el lenguaje hablado. Cerca del 45% de los sujetos sin lenguaje hablado se masturban diariamente, mientras que sólo el 10% de los que tienen un buen nivel de lenguaje hablado lo hacen, lo que muestra una correlación significativamente alta ( p< 0,001).

La frecuencia media de masturbación en los sujetos con niveles de lenguaje hablado medio o alto decrece con la edad. No es el caso de los sujetos con ningún o bajo nivel en el lenguaje hablado ( p<0,05). Los internos autistas con alto nivel de funcionalidad parecen perder el deseo de masturbarse según se hacen mayores, al contrario que los internos de bajo nivel. Aparece una imagen clara cuando se compara la capacidad para alcanzar el orgasmo con la frecuencia con la que se masturban. Los internos que se masturban con más frecuencia son capaces de alcanzar el orgasmo más a menudo. De los que se masturban ocasionalmente, sólo el 40% es capaz de alcanzar el orgasmo, comparado con el 80-90% entre quienes lo hacen diariamente (p<0,001).

Masturbarse públicamente y la utilización de objetos

Los datos incluyen también detalles sobre dónde se masturban los internos. 29 de ellos (el 53% de los que se masturban) lo hacen en público, es decir en una sala de estar o al aire libre. Algunos internos empiezan a masturbarse cuando están desnudos, por ejemplo cuando van a una piscina pública. Un interno varón se excita cuando ve a una chica rubia y empieza a masturbarse cuando ello ocurre. Otro se baja los pantalones en medio de la calle para estimular sus genitales.

Los resultados revelan una mayor tendencia en las mujeres que en los hombres a masturbarse en público. Se obtiene una tendencia más pronunciada si dividimos a los sujetos de acuerdo al nivel alcanzado en el lenguaje hablado: un 90% de los sujetos sin lenguaje hablado se masturban en público, frente al 47% entre el resto de los sujetos.

Por lo que respecta al uso de objetos en relación con la masturbación, se encontró que 17 (31% de los internos que se masturbaban) usaban objetos para estimular sus genitales. Uno de estos objetos podía ser, por ejemplo, una almohada apretada fuertemente entre los muslos. Muchos internos usaban ollas, papeleras u otros objetos duros. Un varón interno usaba un cinturón para frotarse el pene. Algunos usaban el aspersor de la ducha cuando se bañaban. Una interna usaba un vibrador que había aprendido a utilizar. Parece ser que no hay diferencia entre los sexos cuando se trata de la utilización de objetos en relación con la masturbación.

 

Tabla 3: Masturbación en público y utilización de objetos (porcentajes)

 

Masturbación en público

Uso de objetos para masturbarse

Hombres

45

29

Mujeres

77

39

Total

53

31

Nivel de lenguaje hablado

Ninguno

90

 

Poco/medio/alto

47

 

 

Todos los datos han sido procesados con la idea de obtener una valoración más cualitativa de la sexualidad de cada individuo en relación con la masturbación. Los resultados mostraron que:



  • Uno tenía problemas psicológicos con sus genitales, lo que le impedía masturbarse

  • Cinco sufrían problemas de erección

  • Veintidós fueron incapaces de alcanzar el clímax o la eyaculación, a pesar de sus repetidos intentos para masturbarse

  • En siete casos, el personal informó que el interno utilizaba técnicas de masturbación apropiadas. Cuatro corrían el riesgo de lesionarse y tres no eran capaces de alcanzar el orgasmo.

  • 14 internos se masturbaban varias veces al día. No tiene por que ser necesariamente un problema sexual, a menos que tenga un efecto nocivo para el interno. También puede ser debido al hecho de que el interno sea incapaz de alcanzar el orgasmo.

En otros casos, podían surgir problemas por el hecho que el interno solamente era capaz de satisfacer sus necesidades sexuales en circunstancias especiales, aunque inapropiadas, por ejemplo el interno que se excita sexualmente con el tubo de escape de un coche.

Sexualidad orientada hacia personas

La sexualidad orientada hacia personas se dividió en tres categorías

A) Signos claros

B) Signos indefinidos y

C) Ausencia de signos de sexualidad orientada a personas.

Un signo claro podría ser un interno que se sienta en el regazo de un miembro femenino del personal y empieza a masturbarse o, por ejemplo, que toca el pecho de un miembro del personal y se excita. Otro ejemplo puede ser el de un interno que tocaba el trasero de niños pequeños, al tiempo que se frotaba el pene.

Un signo indefinido puede ser el de un interno que se sienta en el regazo de alguien de forma congraciadora y cariñosa, pero sin mostrar signos de excitación sexual.

Algunos internos que no muestran signos de sexualidad orientada a personas son capaces de masturbarse. En otros casos la persona en cuestión puede mostrarse retraída y pasiva y no mostrar signos de deseo sexual.

De los 81 sujetos del estudio, 34 (42%) mostraron signos claros, 23 (28%) signos indefinidos y 21 (26%) no mostraron ningún tipo de signos. Tres casos no fueron clasificados. No se determinaron diferencias significativas debidas al sexo en ninguna de las tres categorías.

La figura 1 muestra una comparación entre el nivel de funcionalidad de los sujetos y su sexualidad orientada a personas. De los sujetos con un bajo nivel de funcionalidad, el 27% mostró signos claros de sexualidad orientada a personas. El porcentaje aumenta hasta el 55% entre los sujetos con un nivel de funcionalidad alto.



Figura 1: Signos claros de sexualidad orientada a personas y nivel de funcionalidad

En construcción

 

Se confirmó la existencia de una conexión similar entre el nivel de lenguaje hablado y la conducta social en general, al compararlos con la categoría de comportamiento llamada de las "manos cogidas". En este informe, esta conducta se considera como signo indefinido de sexualidad orientada a personas. Mientras que ningún sujeto con bajo nivel de funcionalidad quería cogerse de las manos, al 48% de los de nivel de funcionalidad alto les gustaba hacerlo (p<0,001).



De los 34 sujetos que dirigían su contacto social hacia otra gente (signos definidos), 14 lo hacían exclusivamente hacia personas del sexo contrario, 12 hacia ambos sexos y sólo 3 escogían siempre a personas de su mismo sexo. 5 casos no fueron clasificados. 12 sujetos dirigían su conducta sexual hacia una persona elegida. Esto implica a menudo que los residentes tienen preferencias entre los miembros del personal con los que él o ella buscan un contacto físico íntimo que nunca es correspondido. Esta preferencia, sin embargo, a veces puede dirigirse hacia otro minusválido o hacia otra persona de su edad normal.

Los residentes pueden dirigir su conducta sexual o de contacto físico hacia gente que no tiene ningún tipo de interés en tener relaciones sexuales con ellos. Generalmente son los miembros del personal, otros padres, visitantes desconocidos o gente con la que los internos se encuentran por azar. Se dio algún caso de atracción sexual hacia niños más pequeños en los que el interno quería tocar el trasero del niño o su pelo, al tiempo que él o ella se excitaba sexualmente. De los 34 internos que mostraron una sexualidad orientada a personas u otra conducta encaminada a tener contacto físico con otros, 30 dirigieron su atención hacia este tipo de gente inalcanzable.

El nivel de funcionalidad y la edad mental de los internos parecen determinar hacia quién dirigirán su atención sexual. Como se muestra en la figura 2, el 75% de los sujetos con nivel de funcionalidad alto dirigieron su conducta sexual exclusivamente hacia el sexo opuesto. Solo ocurrió en el 27% de los internos con un nivel de funcionalidad medio, no dándose ningún caso entre los de nivel de funcionalidad bajo. Tal como se muestra en la figura 3, se encontró que la tendencia a buscar contacto con una persona previamente elegida aumenta desde el 9% entre los internos con una edad mental por debajo de los 3 años hasta el 42% entre los de una edad mental de 6 años y medio o más.

Figura 2: Heterosexualidad y nivel de funcionalidad

En construcción

 

Figura 3: Personas previamente escogidas y edad mental.

En construcción

Se examinó la relación entre la conducta sexual orientada a personas y los problemas de conducta, encontrándose dos resultados sorprendentes: 1) La frecuencia de conductas automutilantes se mantiene siempre alta en los internos con ningún o poco lenguaje hablado. En los internos con un nivel medio o alto de lenguaje hablado, la frecuencia de conductas automutilantes aumenta particularmente en los que muestran signos de sexualidad orientada hacia personas (p<0,01). 2) Los internos que desean besar o abrazar muestran una mayor tendencia hacia una conducta agresiva. Por ejemplo, el 23% de los internos que nunca son agresivos tienen deseos de besar y abrazar mientras que el 60% de los internos que muestran a menudo conductas agresivas tienen tales deseos (p<0,05).

Estas correlaciones pueden reflejar las frustraciones que surgen al ser rechazados. Teniéndolo presente, se preguntó al personal sobre las razones que pueden llevar al cese de contacto físico entre internos y otras personas.

En 1,4% de los casos la razón fue que el interno había alcanzado el orgasmo o había tenido relaciones sexuales plenas. Fue el caso de dos internos. Uno de ellos era un hombre que eyaculaba y gritaba "Esto es un gran orgasmo!" mientras se abrazaba a un miembro femenino del personal durante un momento. En el otro caso, se trataba de una mujer que tuvo relaciones plenas con un chico normal de su misma edad, quien se aprovechó de su impulso provocativo. En el 50% de los casos la razón fue que el sujeto fue parado o rechazado por la otra persona. En el 41% de los casos el sujeto se retiró voluntariamente del contacto sexual. En el 7% de los casos se dieron otras razones.

Se puede observar una diferencia sorprendente entre las conductas de varones y mujeres comparando los datos sobre masturbación y signos claros de conducta sexual dirigida hacia otras personas. Muchos más hombres (20%) que mujeres (4%) se masturbaban exclusivamente (p<0,05).



Uso de objetos, materiales y otros estímulos

Una tercera área importante del estudio fue examinar la forma en que los objetos y otros estímulos están implicados en la fase de excitación sexual o son utilizados como parte de la misma actividad sexual. Pueden ser estímulos sensoriales como el aroma de un perfume, olores corporales (de los sobacos o de la entrepierna), o estímulos más inusuales como el aroma de un cigarro o el de un motor diesel. Pueden ser la visión del trasero de un niño o la foto de una mujer desnuda. Es posible que se utilicen también materiales y objetos tales como ropa interior sucia, lencería de mujer, guantes de goma, lámparas, ollas, etc. A veces el estímulo es una persona o partes del cuerpo de una persona (pelo, brazos desnudos, pechos..). Este puede ser el caso si la fase de excitación sexual es provocada por una persona en particular o escogida previamente. Para ciertos sujetos, los objetos y otros estímulos parecen ser parte inseparable de su conducta sexual. Puede, por ejemplo, ser de absoluta necesidad para un interno estar sometido a ciertos estímulos durante toda la masturbación para poder alcanzar el orgasmo.

Algunos internos utilizan objetos (cinturones, objetos de plástico como botes o papeleras, objetos metálicos, etc.) en lugar de sus manos o dedos para estimular sus genitales. En otros casos, los objetos/estímulos son simplemente catalizadores cuya presencia, en la actividad sexual propiamente dicha, no es necesaria. Por último, se registraron un número de casos en los que era necesario establecer modelos de conducta rituales para despertar el deseo sexual del interno. Un ejemplo de ello lo tuvimos en un interno que quería que un miembro del personal fumara una marca concreta de cigarrillos frente a él para después retirarse a su habitación y masturbarse. Otro ejemplo puede ser el de un interno que se masturba sólo en cierto momento del día o en un lugar determinado.

En muchos casos, el uso de objetos específicos u otros estímulos pueden reflejar elementos reconocibles de una sexualidad normal. Sin embargo, en otros casos puede involucrar elementos incomprensibles o curiosos. Se encontró que la sexualidad de 15 (62%) del total de las mujeres y de 43 (75%) de los hombres, tenía relación con los estímulos/objetos de esta manera. Un estudio más profundo del uso de objetos y otros estímulos muestra que son más utilizados en el grupo que se masturba con más frecuencia. De la misma manera, los que usan objetos y otros estímulos alcanzan el orgasmo con más frecuencia (p<0,01). Se encontró también una estrecha relación entre el uso de objetos y otros estímulos y la sexualidad orientada hacia personas. De los internos que mostraban signos claros de ello, el 82% habían usado objetos y otros estímulos, mientras que sólo el 52% de los que mostraban signos indefinidos lo habían hecho (p<0,001).

Por último, 8 personas del todo el grupo - 4 hombres y 4 mujeres - no mostraban ningún signo de actividad sexual. Caracteriza a este grupo el estar formado por personas de nivel de funcionalidad bajo o medio, y un grado de autismo moderado o severo. Otro grupo conspicuo era el de los que querían tener un novio o novia. Estos internos - 5 mujeres y 4 hombres - tienen todos un nivel de funcionalidad alto y un grado de autismo moderado o leve.

 

Discusión

Los resultados principales del estudio nos dan nueva y valiosa información, así como un mayor conocimiento, de la sexualidad y el autismo. Se adelantaron 5 hipótesis en relación con los resultados.

Hipótesis 1:

Las personas con autismo presentan, por lo común, una conducta sexual.

Se demostró esta hipótesis por el hecho de que el 74% de todos los internos autistas mostraron signos claros de conducta sexual, ya sea en forma de masturbación, ya sea en forma de conducta sexual orientada hacia personas. La frecuencia en masturbarse varía según edad y sexo. Entre los internos autistas, el 74% de los hombres se masturbaba comparado con el 54% de las mujeres internas. En la población normal, investigaciones recientes han mostrado que la frecuencia en la masturbación va desde el 58% en chicos y 39% en chicas, durante la adolescencia, hasta el 93% de los hombres y el 75% de las mujeres cuando llegan a la edad adulta. (Hertoft, 1987; Masters y Johnson, 1988). Por lo que respecta al número de veces que se masturba la gente normal, hay estudios que indican que los jóvenes lo hacen de una a varias veces al día, disminuyendo hasta una a la semana en la vida adulta (Hertoft). En este estudio se observa una tendencia similar en el hecho de que los autistas jóvenes se masturban más a menudo que los mayores.

Estos resultados sugieren que la mayoría de los autistas aprenden a masturbarse sin ayuda de los demás, si lo hacen con suficiente frecuencia. Sin embargo, algunos sujetos pueden abandonar porque no consiguen aprender a masturbarse o porque los miembros del personal pueden intervenir debido al hecho de que se masturban en ocasiones o formas inapropiadas. Se incluyen, dentro de estas conductas, el masturbarse en la sala de estar o hacerlo usando objetos duros.

El 39% de los hombres y el 47% de las mujeres internas muestran signos claros de conducta sexual orientada hacia personas. Cuando se incluyen signos indefinidos, como besarse, abrazarse o cogerse de la mano, el 68% de los hombres y el 73% de las mujeres muestran esta conducta. Exceptuando a uno o dos internos, las relaciones sexuales entre autistas son cuestiones unipersonales. Lo ilustra el hecho de que cuando los autistas dirigen su deseo sexual hacia otros, el contacto sexual se termina inmediatamente después de comenzado.

Es normal el contacto sexual entre los jóvenes normales. Según un estudio hecho en USA, entre el 40 y el 80% de los jóvenes normales muestran comportamientos amorosos (Master y Johnson, 1988). En Dinamarca cerca del 60% de los jóvenes han tenido su primera experiencia sexual completa antes de los 18 años, y casi el 100% antes de los 25 (Hertoft, 1987). En nuestro estudio, sólo una persona autista, una chica, había tenido relaciones sexuales plenas. Mientras ella quiso, el adolescente normal se aprovechó claramente de ella. Si bien este estudio muestra que los autistas satisfacen sus necesidades sexuales exclusivamente mediante la masturbación y no mediante el contacto sexual con otros, muchos autistas muestran un gran interés y deseo en tener contacto íntimo con otras personas.

Hipótesis 2:

La conducta sexual se expresa, a menudo, en forma considerada inapropiada por el entorno, siendo también inapropiada para los mismos autistas.

Nuestro estudio también confirma esta hipótesis, ya que el 52% de los internos se masturban en público. Además, el 90% de los que muestran signos claros de conducta sexual orientada hacia personas escogen gente que no está interesada en responder a sus ofertas sexuales (padres, miembros del personal, extraños y niños pequeños). La conducta inapropiada de esta naturaleza hace que, a menudo, el personal tenga que intervenir para establecer los límites y tener a los internos bajo control constante. Los problemas que caracterizan el autismo, considerado en relación con la conducta sexual, indican que los autistas tienen una gran dificultad en percibir, entender y aprender las normas y reglas sociales de cómo relacionarse con los demás.



Hipótesis 3:

La conducta sexual se expresa de forma desviada y rara respecto a las normas aceptadas.

Los resultados del estudio proporcionan información detallada sobre el uso, por parte de los autistas, de objetos, estímulos y técnicas para masturbarse. Las actitudes y conducta sexual de la gente normal muestran, a menudo, una gran variedad de modelos aparentemente desviados tales como fetichismo, exhibicionismo, voyeurismo, etc. Por ejemplo, Johansen (1988) informa que la gente normal también utiliza cierta forma de fetichismo con relación a sus deseos sexuales. En este aspecto, la sexualidad de la gente normal puede incluso parecer más desviada y rara que la de los autistas.

Las diferencias entre autistas y gente normal pueden verse desde tres puntos de vista:

1) Los autistas, con excepción del grupo clasificado de alta funcionalidad, no oculta sus deseos y conductas sexuales.

2) El porcentaje de autistas que utilizan objetos y estímulos específicos normalmente no asociados con la sexualidad para excitarse sexualmente es alto. Por ejemplo, de los que se masturban, el 90% utilizan un estímulo específico o un objeto, incluyendo los 17 internos que usan un objeto para masturbarse, los 47 que utilizan estímulos visuales, auditivos o táctiles para excitarse y 23 que escogen una persona concreta o parte de ella para excitarse sexualmente.

3) Algunos internos se inventan ciertos rituales para satisfacer sus necesidades sexuales. Por ejemplo, un autista varón de 25 años explica cómo selecciona figuras de plástico con las que habla mientras se masturba. Utiliza diferentes figuras según el día de la semana.



Hipótesis 4:

Los problemas de conducta están relacionados con problemas sexuales no resueltos.

Sólo de 3 a 5 autistas mostraron conducta agresiva o automutilante durante su actividad sexual. Por ejemplo, un interno mordió el pecho de un miembro del personal estando sexualmente excitado, otro interno se golpeó violentamente el pene cuando tuvo una erección. Entre los internos con un nivel de lenguaje hablado medio o alto que muestran, al mismo tiempo, signos claros de sexualidad orientada a personas, encontramos una frecuencia alta de conductas automutilantes. Estas conductas se pueden interpretar como una reacción al rechazo, debido a que la otra persona no responde de manera positiva.

Entre los internos autistas de bajo nivel de funcionalidad, las conductas automutilantes son, sobre todo, causadas por problemas de comunicación, y no tanto por ver frustradas sus tendencias sexuales. Los internos que muestran, en general, interés por los contactos íntimos, ya sea besándose o acariciándose, tienen tendencia a ser agresivos hacia los demás. Este fenómeno se puede interpretar como un círculo vicioso, donde el contacto íntimo se encuentra con el rechazo. Este, a su vez, provoca una conducta agresiva, la que de nuevo refuerza la frustración y así sucesivamente. Se da medicación antipsicótica sobre todo a los internos con conductas agresivas o automutilantes. Más aún, los resultados del estudio sugieren que los problemas de conducta, los problemas sexuales sin resolver y la medicación antipsicótica, están estrechamente relacionados. A este respecto, podemos asumir la existencia de una cadena de conductas negativa y que se autorefuerza.

Hipótesis 5:

Los autistas son incapaces de establecer relaciones sexuales o tienen serias dificultades para ello.

De los 8 internos que manifestaron un gran deseo de tener novio o novia, sólo una interna tuvo una relación íntima que no incluyó relación sexual plena. Otra interna autista tuvo una única experiencia sexual cuando un adolescente normal abusó de ella para satisfacer sus necesidades. De los otros 32 internos que dirigían sus deseos sexuales hacia otras personas, ninguno fue capaz de establecer una relación íntima y recíproca. Por el contrario, surgieron una multitud de problemas, incluyendo conductas agresivas o automutilantes, cuando la otra persona no respondió de forma positiva a los avances sexuales del autista.

En los acsos en que la sexualidad se dirige hacia otros, 12 (35%) autistas internos expresaron interés sexual hacia ambos sexos, mientras que sólo 3 (9%) mostraron interés en personas del mismo sexo. Entre la población normal, la bisexualidad durante la infancia y la edad preadolescente es normal, decreciendo hasta cerca del 5% de la población en edad adulta. La homosexualidad se da entre el 2-4% de la población normal (Masters y Johnson, 1988).

Sexualidad y nivel de desarrollo.

Se valoraron también los resultados en relación con la edad mental de los autistas, nivel de funcionalidad y capacidad para el lenguaje hablado, clasificando a los sujetos en grupos de bajo, medio o alto nivel de funcionalidad.



Grupo de bajo nivel de funcionalidad.

En este grupo, donde la funcionalidad es baja por definición, la capacidad para el lenguaje hablado era nula o limitada y la edad mental se encontraba entre los 1,5 y 4 años, se encontraron las siguientes tendencias:

1) La masturbación es la forma más común de conducta sexual.

2) Los internos se masturban a menudo en público sin sentirse concernidos por la reacción de los demás.

3) Los internos utilizan frecuentemente ciertos objetos y otros estímulos para excitarse sexualmente, mientras se masturban y cuando intentan alcanzar el orgasmo.

4) Los internos se masturban a menudo, teniendo buenas posibilidades de alcanzar el orgasmo si lo hacen en entornos físicos aceptables y no en público.

5) Algunos internos necesitan utilizar un objeto en particular cuando se masturban. Algunos de estos objetos pueden ser peligrosos.

6) Algunos internos utilizan a otra gente para estimularse sexualmente, en particular ciertas partes del cuerpo (cabello, pies etc.) Frecuentemente no distinguen entre sexos, ni prestan atención a la relación que tienen con la persona (padres, desconocidos, etc.)

En muchos aspectos la conducta sexual del grupo de baja funcionalidad se puede comparar a la de un niño normal de 3 a 5 años. Los niños normales pueden mostrar conductas sexuales tales como estimular sus genitales en público, no hacer distinción entre sexos durante sus juegos sexuales y usar a los padres como objetos sexuales. De hecho, el fetichismo, común en el grupo de baja funcionalidad, también es común entre los niños normales de 3 años (Langfeldt, 1986).

Grupo de funcionalidad media

En este grupo el nivel de funcionalidad y la capacidad para el lenguaje hablado es relativamente buena, estando la edad mental entre 4,1 y 5,4 años. Las siguientes tendencias caracterizan al grupo:

1) Es menor la frecuencia en la masturbación y la mayoría de los internos que se masturban también alcanzan el orgasmo.

2) Si bien algunos se masturban en público, la mayoría no lo hace.

3) El uso de ciertos objetos y otros estímulos para la excitación sexual es considerable, pero sólo algunos internos utilizan objetos para masturbarse con ellos.

4) Comparativamente, un alto porcentaje dirige su conducta sexual hacia otras personas, pero son generalmente más selectivos y escogen a determinadas personas del sexo opuesto.

La conducta sexual del grupo de funcionalidad moderada se puede comparar con la de los niños normales en edad de ir al jardín de infancia. Entre estos niños tocarse los genitales es común, se representan papeles sexuales más elaborados, incluyendo jugar a médicos y a papás y mamás. Como el niño del jardín de infancia, el autista de este grupo puede invitar al padre o a un miembro del personal a observar su pene erecto o, en el caso de las mujeres, sus pechos desnudos; también puede coger la mano de otra persona y llevarla hacia su pene o clítoris, deseando que le toquen.

Grupo de alta funcionalidad.

Este grupo con un nivel de funcionalidad alto, una capacidad para el lenguaje hablado entre media y alta y una edad mental de 5,4 años o más. Despliega las siguientes tendencias:

1) Esconden su conducta sexual, masturbándose en privado mas que en público.

2) Su conducta sexual hacia otros está limitada a otra persona en particular, a menudo un miembro del personal del sexo opuesto.

3) Es general el deseo de encontrar un novio o novia.

4) Algunos internos, en particular los mayores, pierden gradualmente interés en masturbarse.

La similitud más destacable cuando comparamos los autistas con funcionalidad alta con, por ejemplo, adolescentes normales, es su deseo de establecer relaciones íntimas sobre todo con personas del sexo opuesto. Por otro lado, no son capaces de establecer y mantener una relación íntima y sexual.

Diferencias entre sexos.

Este estudio presenta también información valiosa sobre la diferencia entre los sexos.

Para empezar, los autistas varones se masturban más a menudo y alcanzan el orgasmo con más facilidad que las mujeres autistas. Los autistas varones se masturban con una frecuencia más de dos veces superior a la de las mujeres. Como ya se ha dicho anteriormente, los estudios muestran que, entre la población normal, los varones también se masturban con más frecuencia que las mujeres (Hertoft, 1987).

En segundo lugar, más mujeres internas que hombres se masturban en público. Los miembros del personal de este estudio son predominantemente mujeres, lo que puede sugerir que las mujeres del personal son más tolerantes con las conductas socialmente inadecuadas de las internas. Otra posible interpretación es que la conducta sexual inapropiada de los autistas varones es posiblemente más ofensiva para las mujeres del personal.

En tercer lugar, más mujeres que hombres utilizan objetos u otros estímulos en relación con la masturbación.

En cuarto y último lugar, cuando se compara la relación entre masturbación y conducta sexual orientada hacia personas, los resultados muestran que 11 varones (20%) se masturban por sólo 1 mujer autista (4%). Este hallazgo sugiere que las mujeres autistas que expresan abiertamente sus deseos sexuales tienen más probabilidades de dirigir su conducta sexual hacia otras personas que en el caso de los varones autistas.



Intentando comprender la sexualidad de los autistas.

Los trastornos sociales y comunicativos que impiden a los autistas establecer y desarrollar relaciones en su edad temprana les llevan, cuando son mayores, a una ausencia total de relaciones sexuales e íntimas con otras personas. Sencillamente, los autistas jóvenes y adultos no tienen las habilidades sociales y comunicativas necesarias para establecer este tipo de relaciones. Así, aunque los autistas de alto nivel de funcionalidad desean tener un novio/a, casi todos abandonan esta idea antes o después, porque son incapaces de tener experiencias íntimas con otra gente. Un autista varón de 36 años, obsesionado por encontrar una novia, ha viajado por todo Dinamarca tomando fotos de las placas de nombres de calles conteniendo nombres de mujer, que colecciona en un álbum.

En este punto los autistas se diferencian mucho de las personas con retraso mental. En un estudio japonés hecho a 92 personas con retraso mental moderado, el 59% quería casarse y el 29% había tenido relaciones íntimas (Yamashita, 1990). Como ya hemos mencionado anteriormente, dos importantes estudios de seguimiento hechos a un total de 159 autistas adultos (Kanner, 1972; Rutter, 1970) dieron como resultado que ningún solo caso de matrimonio o de relación íntima se había producido, y muy pocos casos de amistad.

Muchos esquizofrénicos también abandonan la idea de tener una vida sexual activa por las dificultades que encuentran para establecer relaciones íntimas (Hertoft, 1987). Pueden asimismo mostrar signos de promiscuidad, conducta violenta y conducta sexual desinhibida hacia otras personas. Además, pueden manifestar problemas de identidad sexual que pueden llevarles a estados de ansiedad al pensar que pueden volverse homosexuales.

Este estudio también ha mostrado que los autistas utilizan frecuentemente objetos y otros estímulos para excitarse sexualmente, para masturbarse y para intentar conseguir un orgasmo. Este tipo de conducta sexual puede interpretarse como manifestación de la falta de capacidad de los autistas para imaginarse cosas. Durante los primeros años, esta falta de capacidad les lleva a desarrollar una conducta ritualizada y estereotipada. Más tarde, el autista encuentra difícil o imposible evocar y conservar una imaginería específica para la excitación sexual. Por este motivo, para excitarse y mantener el deseo sexual, el autista necesita normalmente un estímulo concreto visible o debe usar un objeto en particular cuando se masturba.

Un joven autista debía tener puesta una gabardina antes de empezar a masturbarse. Al principio, un miembro del personal se la quitaba, con lo cual perdía inmediatamente la erección, y el joven reaccionaba golpeándose fuertemente en un lado de la cabeza. Sólo cuando se le permitió conservar la gabardina mientras se masturbaba, fue capaz de satisfacer su deseo sexual. Una vez que los padres de un chico de 17 años le sacaron las botas de agua de goma, salió de casa en mitad de la noche, prácticamente desnudo, para ir a buscar otro par a la zapatería del barrio. Este joven tenía el ritual de ponerse un par de botas de agua de goma mientras se masturbaba. Otro joven se excitaba mucho cuando un miembro del personal encendía un cigarrillo.

Objetos y estímulos como la gabardina, figuras de plástico, botas de agua de goma y otros objetos, pueden considerarse como el medio mediante el cual los autistas evocan, retienen y satisfacen sus deseos sexuales.

Estos objetos particulares y otros estímulos pueden considerarse substitutos de la falta de capacidad del autista para imaginar situaciones sexualmente excitantes. Es común que la gente normal que use su imaginación y tenga fantasías sexuales mientras se masturba. Aunque muchos de los objetos y estímulos que escogen los autistas pueden parecer extraños, se entiende que utilicen estos objetos y otros estímulos en su conducta sexual.

Algunos autistas con alto nivel de funcionalidad, que tienen cierta capacidad imaginativa, la usan de una forma diferente y particular. Por ejemplo, un autista varón le dijo a un miembro del personal que quería tener un orgasmo pero que no se atrevía pues cada vez que empezaba a masturbarse la excitación le provocaba unas fantasías que le asustaban. Otro hombre no se atrevía a eyacular porque le hacía pensar en los miles de niños que nunca nacerían.

Un chico autista de 27 años, con alto nivel de funcionalidad, pensaba en una chica en particular cuando se masturbaba. Decía "Es un sentimiento agradable pensar en ella mientras me toco el pene". Estaba convencido de que esta chica le amaba, aunque nunca había hablado con ella sobre esto, y a pesar de estar la chica felizmente casada y con tres hijos.

En conclusión, la conducta sexual de los autistas no es ni desviada, ni está alterada, es más bien la expresión de una inmadurez social y emocional. De hecho, los autistas desarrollan una conducta sexual inapropiada debido a su incapacidad para entender las normas y reglas sociales y por su incapacidad para comunicarse y establecer relaciones recíprocas. Al mismo tiempo, su incapacidad para imaginar da lugar a la necesidad de disponer de ciertos objetos y otros estímulos como medios para satisfacer sus necesidades sexuales.

Actitudes y experiencias de los miembros del personal.

Lo siguiente es un breve repaso a los resultados sobre las actitudes y experiencias de los miembros del personal en relación con la sexualidad de los autistas y de otros grupos de minusválidos. La información se recogió entrevistando a cada miembro del personal que participó en el estudio.

1. En general, los miembros del personal mostraron actitudes abiertas y de aceptación hacia el derecho de los autistas a tener su propia vida sexual de acuerdo con sus necesidades. Por ejemplo, 79 de los 81 pedagogos entrevistados aceptaban, de forma positiva, que los autistas se masturbasen, mientras que a 30 les parecía bien que los autistas tuvieran relaciones sexuales. Sin embargo, estas actitudes estaban en claro contraste con lo que a los miembros del personal les parecía realista. Mientras que a 79 de los pedagogos les parecía realista que los autistas aprendieran a masturbarse, sólo 3 de los 81 respondieron afirmativamente a la pregunta de si era realista que un interno autista estableciera relaciones sexuales. De hecho, sólo 13 consideraron realista que los internos autistas pudieran desarrollar una amistad.

2. 52 de los 81 pedagogos habían participado en conferencias sobre sexualidad y 49 habían leído las directrices propuestas por el Ministerio de Asuntos Sociales, mientras que sólo un pequeño número de miembros del personal presentaron una descripción sistemática y un análisis de los problemas sexuales entre los minusválidos. Puede darse una intervención inapropiada en los problemas sexuales cuando éstos no han sido debidamente evaluados. La descripción y análisis de las necesidades, conducta y problemas sexuales del interno deberían ser una parte natural del proceso de evaluación, al igual que lo son otras áreas de conducta y desarrollo.

3. Las actitudes del personal en lo que respecta a dar apoyo activo y orientar a los internos con problemas sexuales son en general positivas. Por ejemplo, el estudio mostró que 66 miembros del personal estaban dispuestos a dar instrucción verbal para resolver problemas relacionados con la masturbación. Con respecto al entrenamiento sexual, 28 miembros del personal estaban de acuerdo en usar instrumentos, como el vibrador, 22 estaban dispuestos a dar apoyo físico directo como, por ejemplo, aguantar la mano del autista mientras él/ella se masturba, aunque sólo con la condición de que el interno fuera del mismo sexo que el miembro del personal. Por otro lado, la mayor parte de los miembros del personal entrevistados tenían una experiencia limitada: sólo 6 miembros habían estado involucrados en dar ayuda física a personas minusválidas ( en dos casos, personas con autismo), mientras que 20 miembros habían dado instrucciones verbales a personas minusválidas para enseñarles cómo masturbarse. Los tabúes normales reflejan las dificultades de los miembros del personal para encontrar sus propios puntos de referencia con respecto a la sexualidad, impidiéndoles dar la ayuda y orientación necesarias.

Antes de que los miembros del personal puedan servir de guías, han de estar psicológicamente preparados. Este proceso puede incluir la forma propia de reaccionar y sentir la sexualidad en general, así como ser consciente de las propias emociones cuando se trata con personas minusválidas necesitadas de ayuda. Por lo tanto, es importante hablar francamente de los propios límites, ansiedades e inseguridades, antes de decidirse a dar ayuda activa y orientación. Hay que enfatizar que puede darse cualquier tipo de instrucción y entrenamiento sexual si el miembro del personal sigue las directrices proporcionadas por el Ministerio de Asuntos Sociales. Se hablará de ellas más adelante.

 




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