Sexualidad y autismo



Descargar 172.5 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño172.5 Kb.
  1   2   3

SEXUALIDAD Y AUTISMO. INFORME DANES

Autor: Demetrious Haracopos & Lennart Pedersen. El original en inglés está en la página de SFTAH

Url: http://www.rmplc.co.uk/eduweb/sites/autism/sexaut.html#report

Traducción:Manuel Rodés

 Prefacio

Este informe trata de los resultados de un estudio, a nivel nacional, sobre la conducta sexual de autistas jóvenes y adultos. El estudio es el primero, dentro de su género, tanto a nivel nacional, como internacional. A pesar de existir un interés cada vez mayor, hay muy poco material empírico disponible y el tema solo recibe una atención marginal en las distintas publicaciones. Las hipótesis y supuestos de los expertos en este campo están basados, sobre todo, en actitudes personales o actitudes influidas por la cultura.

Durante los numerosos años que hemos trabajado con autistas, hemos utilizado nuestro propio esquema de referencia en el momento de describir, analizar y entender los problemas que surgen en su conducta sexual. También hemos definido líneas maestras, estrategias y métodos que pueden usarse con este grupo de gente minusválida.

Muchos autistas tienen un comportamiento sexual anormal, encontrándose con problemas en el momento de satisfacer sus necesidades sexuales. Una conducta sexual inapropiada y los intentos de mantener contactos sexuales son a menudo fuente de tensiones con su entorno inmediato. Ello puede llevar a un tratamiento equivocado o, incluso, a anular las posibilidades del entorno de emprender acciones, con el consiguiente arrinconamiento del problema. De hecho, los problemas sexuales no resueltos pueden provocar una disminución de la calidad de vida. Cuando nos damos cuenta de cómo la sexualidad influye en las emociones y en la conducta humana, resulta obvio que este tema debería merecer más atención.

El estudio va dirigido a profesionales directamente responsables de la educación y tratamiento de autistas. Contiene material documental que tarta de contribuir a un mejor conocimiento de cómo los autistas expresan y tratan su sexualidad. Esperamos también, que los padres de autistas jóvenes o adultos encuentren ayuda en este estudio. Puede ser el punto de partida para discutir con otros padres o expertos sobre este difícil tema, cuando la sexualidad se convierte en un problema para su propio hijo o hija.

El estudio se financió con una subvención del Ministerio Danés de Asuntos Sociales.

Quisiéramos expresar nuestra gratitud a los numerosos padres que facilitaron la recogida de información sobre la conducta sexual de sus hijos e hijas, así como a todo el personal que nos la trasmitió.

Nuestra gratitud también a los numerosos expertos que nos trasmitieron información cualificada sobre cómo iba funcionando el diseño de nuestro estudio:

Preben Hertoft, psiquiatra, Clínica Sexológica, Hospital Nacional de Dinamarca, Copenhague. Torben Isager, psiquiatra, Departamento de Psiquiatría Infantil de día, Nordvang, Glostrup. Tina Harmon, psicóloga, consultora de Colegios, Departamento de Psicología de la Escuela Municipal del municipio de Copenhague.

También estamos en deuda con el psicólogo Per Svarre Rasmussen, quien contribuyó a probar nuestro cuestionario en un estudio piloto realizado antes que la encuesta en sí. Extendemos nuestras gracias al asesor en proceso de datos Benny Karpatschof, M.A., psicólogo del Laboratorio de Psicología de la Universidad de Copenhague, que no sólo realizó los análisis cuantitativos de los resultados, sino que fue también fuente de inspiración y contribuyó con sus propias evaluaciones cualitativas de los resultados. Por último, gracias especiales a David Sansome por su experta asistencia durante las últimas etapas de la edición del informe.

Copenhague, Mayo de 1992

 Introducción

 El hecho que muy pocos informes sobre el síndrome autista se hayan centrado en los problemas sexuales se debe, probablemente, a la tendencia general en la sociedad a ignorar o, incluso, a suprimir la sexualidad como parte natural e integrada en el desarrollo de la personalidad. Esto se puede decir tanto de la parte de la sociedad no afectada por el síndrome , como en particular, de la parte afectada. En el siglo veinte muchos minusválidos físicos y psíquicos han sido recluidos en Instituciones donde su vida cotidiana fue ensombrecida por la vigilancia y el control. Esta gente no ha tenido la oportunidad de tener una vida privada en la cual su sexualidad podía desarrollarse en un marco de seguridad emocional. El resultado fue suprimir la sexualidad, una vida de soltería o la ocultación de la actividad sexual, a menudo en circunstancias que eran humillantes y no deseadas.

El mito sobre la inexistente o reducida necesidad sexual de las personas retrasadas ha crecido hasta hace poco tiempo (Buttenschon, 1987). El mito sobre la irrefrenada y quizás peligrosa sexualidad entre los disminuidos es descaradamente actual. Esto se manifiesta en las personas normales cada vez que personas disminuidas se mudan a zonas residenciales en barrios de tipo medio. En Dinamarca, durante los últimos veinte años, se han hecho esfuerzos para cambiar las condiciones inhumanas en las que han vivido los disminuidos físicos o psíquicos.

En 1986 el Parlamento Danés aprobó un decreto para que se prepararan un conjunto de directrices sobre la educación e instrucción sexual de los disminuidos adultos (Dirección de Asistencia Social, 1989). Estas directrices son el resultado de un debate entre expertos que trabajan con disminuidos jóvenes y adultos, debate que subrayó la importancia de considerar seriamente la sexualidad y problemas relacionados. El objetivo de las directrices es permitir a los padres y profesionales emprender la acción adecuada cuando se enfrentan a los problemas sexuales de los disminuidos.

Las directrices establecieron las cuestiones éticas más importantes y los aspectos legales y legislativos, de una manera que hacen posible adoptar las acciones pertinentes. Por otra parte, falta información sobre los problemas específicos asociados con el desarrollo sexual de los autistas. Asimismo, tenemos información y experiencia limitadas en lo que respecta a las formas de abordar e intervenir en los problemas sexuales de este grupo de personas discapacitadas.

Haracopos (1988) apunta la necesidad de proteger a los autistas y a otra gente psíquicamente disminuida, ya que pueden convertirse en víctimas de explotación sexual. Por otro lado, hay que ir con cuidado para no limitar sus oportunidades de relacionarse con otra gente. Haracopos argumenta que el esfuerzo en el tratamiento se ha de centrar en enseñar a los jóvenes la conducta que favorece su capacidad para establecer relaciones en general y no solo las de tipo sexual.

Gillberg (1983) menciona los tres problemas principales que surgen en los debates sobre la sexualidad entre autistas:

1) Tienen tendencia a masturbarse en público

2) Muestran una conducta sexual inapropiada hacia otra gente y

3) Muchos emplean técnicas de automutilación cuando se masturban.

Padres de jóvenes con desórdenes en el desarrollo informan que surgen problemas si su hijo o hija dirigen su interés sexual hacia otra gente (Ford, 1987). De Myer (1975), basándose en una encuesta en la cual los padres fueron entrevistados estando sus hijos en la pubertad, comenta que cuando crece el deseo sexual, muchos buscan el contacto físico con los demás frotando sus genitales contra ellos.

Por otro lado, los informes publicados tratan principalmente de los problemas que los autistas jóvenes y adultos de alto funcionamiento encuentran cuando comienzan a manifestar interés sexual por otra gente. Dewey y Everad (1974) sugieren que los autistas pueden sentirse atraídos por otras personas, pero que la expresión de su sexualidad es, a menudo, ingenua, inmadura y falta de experiencia. A pesar de los problemas de desarrollo social que tienen los autistas, no consideran probables los problemas de sexualidad descontrolada. Esto es debido a que el trastorno autista inhibe el desarrollo de las técnicas que gobiernan el intercambio de signos sexuales entre dos personas que se atraen mutuamente.

Casarse también parece descartado. En una encuesta hecha a 63 niños autistas, ninguno de ellos se había casado cuando llegó a la edad adulta (Rutter, 1970). En una encuesta importante hecha por Kanner y cols. (1972) a 96 autistas, ninguno había considerado seriamente la posibilidad de casarse. En otra encuesta hecha a 21 autistas de alto nivel de funcionamiento, se les preguntó sobre su experiencia, conocimiento y deseos relacionados con su sexualidad (Ousley & Mesibov, 1992). Los resultados sugerían que hay una mayor frustración sexual en los hombres autistas, como resultado de las discrepancias entre su interés por la actividad sexual y su falta de experiencia sexual. Este no es el caso de las mujeres internas, que tienen más experiencia sexual con otras personas. Este estudio también muestra que el grado de experiencia sexual en un grupo de personas psíquicamente disminuidas es generalmente mayor que en un grupo de autistas.

Existen sugerencias claras sobre cómo se puede ayudar, enseñar y educar a autistas en relación con sus necesidades sexuales (Melone y cols., 1987; Ford, 1987). Cuando se trata de satisfacer una necesidad sexual, se centra la atención en las prácticas masturbatorias del joven y raramente en cómo ayudar al joven en sus contactos sexuales.



Autismo

Aunque los casos de autismo son pocos (aprox. 1 por 1.000), se le dedica una gran atención por parte de los profesionales. Las contribuciones para entender la causa y la patología del síndrome autista provienen de campos tan diversos como: neurobiología, neuroanatomía, neurofisiología, psicología del conocimiento, psicología del aprendizaje, etc. Hoy en día se acepta que el autismo es un trastorno del desarrollo de naturaleza biológica. La psiquiatría clasifica el autismo como un trastorno que afecta a todo el desarrollo, basándose en los sistemas de clasificación de diagnósticos ICD 10 y DSM III R (Lier y cols., 1983).

El trastorno autista ya se presenta durante los primeros meses de vida o aparece durante los primeros 3 años. Los niños autistas manifiestan retraso y un desarrollo desviado del normal en capacidad para el lenguaje, así como en técnicas sociales y de comunicación. Además, manifiestan modelos de conducta estereotipados, repetitivos o ritualizados. Además de estos síntomas fundamentales, el niño autista tiene trastornos en la percepción y en la sensomotricidad. Se presentan a menudo conductas agresivas y de automutilación, como puedan ser negarse a comer e insomnio. Los niños también pueden sufrir otros trastornos de tipo neurológico o biológico. Por ejemplo, se pueden encontrar hasta un 20-30 % de casos de epilepsia durante la niñez y la adolescencia.

El problema primordial de los autistas - especialmente en relación con la sexualidad - es su falta de capacidad para iniciar, mantener y entender las relaciones sociales con otras personas. Cualquiera que sea su nivel cognitivo y su capacidad para el lenguaje, y a pesar de su interés en tener contactos con otros, el autista sufre de un trastorno básico en lo que respecta a su capacidad para interactuar socialmente. Este trastorno puede llevarle a ser rechazado por el entorno, resultando en un retraimiento del autista.

La mayoría de personas que han padecido autismo en su juventud o vida adulta, pueden seguir desarrollándose en otra áreas (Mesibov, 1983; Pedersen et al.,1985). Pero la desventaja comunicativo-social permanece como un problema general. Parece que la conducta ritualizada y estereotipada disminuye, desaparecen los problemas de insomnio y del comer, la hiperactividad se reduce notablemente. Continúan desarrollándose habilidades prácticas y de autoayuda. Se manifiesta un interés por la interacción y la comunicación social, a pesar de la dificultad para percibir el estado emocional de otras personas y la incapacidad de sentir empatía por ellas.

Los autistas jóvenes y adultos tienen también dificultad para expresar sus propios sentimientos de forma que los otros puedan entenderlos o aceptarlos. Parece ser que casarse no es la única cosa que los autistas no pueden conseguir. Amigos y conocidos en general parecen estar fuera de su alcance. Incluso con un nivel de funcionalidad alto y siendo capaz de cuidar de sí mismo en el contexto de la vida cotidiana, el autista producirá una impresión ingenua e inmadura.

Otro problema básico de los autistas es su inadecuada o total carencia de capacidad imaginativa. La falta de capacidad para percibir y entender la expresión emocional de otras personas parece relacionada con la nula o limitada capacidad de imaginar nada en absoluto. La capacidad de imaginar cuáles pueden ser los resultados de nuestras acciones y de retener experiencias y consecuencias previas, que pueden ayudar a imaginar lo que sucederá en la actualidad o en el futuro, parece estar fuera del alcance de los autistas. El resultado es, a menudo, un comportamiento impulsivo o una forma rígida y previsible - incluso ritualizada - de organizar sus acciones. El trastorno básico que caracteriza a los autistas tiene un efecto profundo en su desarrollo sexual.

Sexualidad y Autismo

Como ya se ha dicho, hoy en día hay muy poco material empírico disponible sobre la conducta sexual de los autistas. Es, sin embargo, obvio que los trastornos generales a los que da lugar el autismo han de llevar a problemas considerables en el desarrollo y conductas sexuales.

La sexualidad es parte del crecimiento orgánico y del proceso de maduración, conectado con el desarrollo del sistema nervioso, el metabolismo y la secreción de hormonas. La sexualidad se desarrolla mediante la interacción y comunicación social, mediante el contacto físico, la representación y la asimilación de las reglas y normas sociales. La sexualidad es una experiencia emocional de uno mismo y de los otros. La sexualidad es fantasía, es capacidad de imaginar y es una capacidad basada en la percepción, la comprensión y los conceptos simbólicos pescados en la corriente de las experiencias cotidianas. La sexualidad es deseo, excitación y orgasmo. Ha de ser descubierta, ha de ser practicada y ha de ser experimentada. Esto puede ser conseguido actuando (En el sentido teatral), solo o en compañía de otros.

El desarrollo y el proceso de madurez de los autista puede verse afectado por un gran número de trastornos en el sistema nervioso, en el metabolismo y en el proceso hormonal. La epilepsia es normal y a menudo requiere medicación. También se usa la medicina antipsicótica para suprimir conductas agresivas y automutiladoras, pudiendo ciertamente afectar al impulso sexual. Estudios hechos con pacientes psiquiátricos adultos sugieren que la medicina antipsicótica puede tener un efecto inhibidor de la líbido, de la erección y de la eyaculación (Mitchell & Popkin, 1983; Heroft, 1987).

Por otro lado, sabemos que la interacción social, la comunicación y el contacto físico son las principales áreas problemáticas para los autistas. Sabemos que encuentran dificultades en, o no son capaces de, sentir empatía por otra gente y que también tienen problemas para comprender y expresar sus propios sentimientos, sus necesidades y sus deseos. Sabemos que tanto su fantasía como su capacidad de imaginar son limitadas, así como sabemos que su tendencia a ritualizar y repetir ciertos esquemas de conducta de una forma estereotipada les impide sentir la vida. Tienen una capacidad limitada para explicar sus experiencias, tanto en un contexto físico, social o psicólogico.

La pubertad con su súbito crecimiento y cambio del aspecto físico, y el aumento del impulso sexual a menudo tiene como resultado crear ansiedad en los jóvenes autistas. Una chica autista describía la horrible sensación de picor que sentía en y alrededor del clítoris. A veces le hablaba diciéndole que parara, en situaciones extremas podía llegar a golpearlo con fuerza. Se negaba a tocarse, no por estar asustada de lo que sentía, sino porque encontraba la idea de tocarse "sencillamente, demasiado desagradable". Un joven contaba que tenía miedo a que su pene se quebrara si tenía una erección.

La falta de comprensión de las normas y reglas sociales pueden llevar a un joven a desnudarse en público y, quizás, a empezar a masturbarse. La falta de capacidad para sentir empatía puede llevar a un autista a intentar tocar, besar o arrimarse a un desconocido. Los jóvenes autistas pueden sentirse igualmente atraídos por niños pequeños que por colegas suyos. A pesar de que a los jóvenes les faltan los medios para mantener una relación amorosa, el deseo de tener un novio o una novia puede convertirse en una obsesión. Fracasos en intentos de establecer una amistad o una relación amorosa y/o ser rechazados de un contacto físico con fines sexuales, puede llevarles a sentirse frustrados y resultar en una conducta agresiva o automutilante. La persona puede también encerrarse en sí misma o incluso renunciar totalmente a la sexualidad.

Objetivos de la encuesta

Los objetivos de la encuesta son los siguientes:

1. Describir la conducta sexual de autistas jóvenes y adultos, incluyendo si intentan satisfacer su deseo sexual mediante la masturbación o a través del contacto sexual con otra gente. Además, describir hasta qué punto la conducta sexual parece ser anómala.

2. Examinar las experiencias de la plantilla de personal y sus actitudes hacia los problemas y conductas sexuales de los autistas internos.

3. Definir métodos para valorar los problemas y la conducta sexual de los autistas, definir directrices para intervenir, así como las consideraciones éticas y políticas sobre las que han de fundamentarse.

 

Hipótesis

Antes hacer la encuesta, se anticiparon cinco hipótesis con respecto a los resultados:

1. La conducta sexual se da de forma frecuente entre las personas autistas.

2. La conducta sexual es a menudo expresada de manera inapropiada, hacia el entorno y hacia los propios autistas.

3. La conducta sexual se expresa de forma anómala y rara comparándola con las normas aceptadas.

4. Los problemas de conducta están relacionados con problemas sexuales sin resolver.

5. Los autistas son incapaces de, o tienen dificultades para, establecer relaciones sexuales.

 

Metodología

Los sujetos del estudio

El estudio se hizo sobre 81 personas, de las cuales 57 eran varones y 24 mujeres, entre los 16 y los 40 años de edad. La edad media de la población era de 25,8 años. A todos se les había diagnosticado como autistas en una temprana edad, indicando con ello que cumplían con los criterios basados en DSM-III-R (Amer. Psych. Assoc., 1986). El estudio no incluía a sujetos con grandes discapacidades físicas o sensoriales. Todos vivían agrupados en casas especialmente diseñadas para autistas jóvenes o mayores. También se hizo en una institución para retrasados mentales. Todas las residencias disponían de personal entrenado en labores pedagógicas, muchos de ellos con años de experiencia trabajando con autistas.

Anticipándonos al encuentro de correlaciones entre la conducta sexual de los internos y su grado de desarrollo, incluimos información sobre su nivel general de funcionalidad, grado de autismo, edad mental y nivel alcanzado en el lenguaje hablado. Basándonos en una escala de valoración del autismo (Haracopos & Pedersen, 1992) encontramos a 41 personas con un débil grado de autismo, 21 con un grado moderado y 19 con un grado severo de autismo. Basándonos en una escala de valoración del nivel de funcionalidad general (Haracopos & Pedersen, 1992) encontramos, entre los internos, 22 de alta funcionalidad, 42 de funcionalidad moderada y 17 de baja funcionalidad. La edad mental se valoró usando una escala de valoración que cubría las 6 áreas principales de desarrollo para un niño normal entre las edades de 0 y 6-7 años (Haracopos & Kelstrup et. al., 1975). Por último, mediante una valoración del nivel alcanzado en el dominio del lenguaje hablado, encontramos a 25 con buen nivel, 29 con un nivel bastante bueno y 27 con muy poco o sin dominio del lenguaje hablado. Encontramos también a 16 sujetos con epilepsia (20 %), correspondiéndose este dato con el nivel general encontrado en otros estudios extensivos.

Se incluyó una valoración de los problemas de conducta en los sujetos basado en un método de valoración que divide los problemas en tres categorías: conducta automutilante, conducta agresiva y conducta destructiva. Cada problema de conducta fue calificado de acuerdo con su frecuencia y el grado en que se expresaba. Encontramos que el 80 % de todos los sujetos tenía, al menos, uno de estos problemas de conducta. Otros 32 sujetos (39 %) recibían tratamiento antipsicótico durante el estudio. La tabla 1 muestra los datos de los sujetos clasificados por sexo.



Tabla 1. Perfil de la población

 


 

Hombres

Mujeres

Total

Número

57

24

81

Grado de autismo

Leve

25

16

41

Moderado

17

4

21

Severo

15

4

19

Nivel de funcionamiento

Alto

14

8

22

Medio

30

12

32

Bajo

13

4

17

Nivel en el lenguaje hablado

Bueno

18

7

25

Medio

19

10

29

Poco/Nada

20

7

27

Epilepsia

10

6

16

Medicación antipsicótica

25

7

32

Problemas de comportamiento

Autodestructivo

34

8

42

Agresivo

27

11

38

Tendencias destructivas

28

20

48

Al menos un problema de conducta

44

21

65

 

Material

Además de disponer de datos sobre su pasado, se preparó un cuestionario para recoger datos sobre la conducta sexual de los sujetos: A) Masturbación, B) Conducta sexual dirigida hacia los demás y C) Objetos y otros estímulos utilizados en la fase de excitación sexual o que contribuyen a la satisfacción sexual.

El cuestionario incluía, además, un cierto número de preguntas destinadas a revelar la actitud y experiencia del personal contratado en relación con la conducta sexual de los internos autistas.

Se trató de la masturbación con preguntas concernientes a:

1) Si los hombres tenían erecciones y alcanzaban el orgasmo. En el caso de las mujeres, si podían alcanzar el clímax con la subsiguiente relajación física.

2) Dónde se masturbaban.

3) Con qué frecuencia se masturbaban.

4) Uso de objetos para la estimulación directa de los genitales y

5) Razones por las que los sujetos dejaban de masturbarse.

La conducta sexual dirigida hacia otras personas, a la cual nos referiremos en adelante como sexualidad orientada a personas, se dividió en tres categorías:

1) Signos claros de sexualidad orientada a personas, incluyendo conductas tales como tocar los genitales de otros, provocar para que otra persona le toque los propios genitales, o tocar otras partes del cuerpo, acompañadas de claros signos de excitación sexual (erección, masturbación simultánea) e intentos (fallidos o no) de tener relaciones sexuales plenas.

2) Signos menos definidos de sexualidad orientada a personas, incluyendo conductas tales como cogerse las manos, besarse, abrazarse, conversaciones sobre parejas y sexo, y tocarse otras partes del cuerpo que no sean los genitales, sin signos claros de excitación sexual en el sujeto.

3) Ningún signo de sexualidad orientada a personas.

Entre los objetos y otros estímulos utilizados en la fase de excitación sexual o utilizados durante la actividad sexual, se incluyeron los estímulos sensoriales (visuales, auditivos, olfativos y táctiles), materiales y objetos (goma, piel, muñecas) y gente o partes del cuerpo escogidos como objetos sexuales o de práctica sexual (pelo, pies, brazos desnudos).

Las actitudes y experiencia del personal incluían preguntas sobre:

1) Sus actitudes hacia la sexualidad de los internos en general.

2) Normas para la actividad sexual.

3) Una evaluación sobre qué formas de ayuda y asistencia necesitan los internos en relación con su sexualidad.

4) Analizar y describir los problemas sexuales de los internos.

5) Saber si tenían experiencia en dialogar sobre estos temas con los internos.

6) Saber si habían diseñado programas para tratar problemas sexuales de internos concretos.

7) Saber qué consideraban realista los miembros del personal, en relación con la sexualidad de sus internos autistas.



Procedimiento

Después de discusiones entre padres y el personal, 20 de las 21 casas seleccionadas estuvieron de acuerdo en tomar parte en el estudio. Los cuestionarios (sobre datos del pasado y sexualidad) fueron rellenados por el miembro del personal responsable de cada interno, a menudo en colaboración con el resto del personal. La parte del estudio que trata de las actitudes y experiencia del personal fue rellenada por cada pedagogo individualmente.

 




Compartir con tus amigos:
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad