Sesion 9: “Problemas nocturnos”



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Problemas nocturnos”
Acostar a un niño no consiste únicamente en acompañarle hasta su habitación, meterle en la cama y darle el beso de buenas noches. Se trata de un rito complicado: es la hora de convertir a un niño que ha estado todo el día moviéndose en otro tranquilo y pacífico con muchas ganas de dormir.

No todos los niños necesitan las mismas horas de descanso. Cada niño es un distinto, y necesita su tiempo. Además, a medida que va creciendo, va cambiando su reloj de sueño, y puede que sea necesario que se acueste más tarde o duerma menos siesta. Lo importante es que descanse.



A la hora de ir a la cama, es muy importante que los niños sigan una rutina Lo que no está recomendado es mantener despiertos a los niños durante el día para que duerman mejor por la noche. Un niño al que se le impide dormir se vuelve irritable y esto suele empeorar su actitud.
Algunas recomendaciones para evitar que surjan problemas:

  • Hablar con ellos un poco antes de ir a la cama, se les puede cantar una canción, contarles un cuento... Si se convierte en un momento especial es más fácil que lo esperen con ganas.

  • Apuntarles a actividades deportivas en las que ejerciten su cuerpo durante el día para que el descanso sea realmente deseado. Evitar que esté muy cansado, ya que el cansancio no le dejará dormir bien.

  • Limitarles las siestas.

  • Hacer que los niños duerman el tiempo que necesitan. Para ello, habrá que observarles y ver cómo reaccionan cuando duermen unas horas determinadas, cuando echan la siesta...

  • Seguir siempre la misma rutina y en el mismo orden. Por ejemplo, bañarse, lavarse los dientes, y por último, ponerse el pijama.

  • Procurar que no tome cenas copiosas o alimentos pesados, cenar algo ligero.

  • Permita al niño, si así lo desea él, que lleve un juguete, un osito, o su manta favorita a la cama.

  • Controlar que la temperatura en la habitación sea agradable y que la ropa sea cómoda.

  • Consentir en dejar una luz encendida, la puerta entreabierta, o un vaso de agua al lado de la cama, si el niño se lo pide.

  • Evitar dormirse con el niño. Le hará más difícil acostumbrarse a dormir solo.






¿Cuáles son las FASES DEL SUEÑO?
5 son las etapas que conforman el ciclo del sueño:



  1. Fase de adormecimiento: La personas esta relajada pero aún se pueden recibir estímulos exteriores. El tono muscular es menor. Esta fase dura unos minutos (el 5% del sueño total)

  2. Sueño ligero: Disminución del ritmo cardiaco y de la respiración. Desaparece la recepción de estímulos exteriores (50% del sueño)

  3. Transición al sueño profundo: Es una fase fundamental para conseguir el descanso óptimo. Cuando a alguien se le despierta en esta fase, se encuentra confuso y desorientado.

  4. Sueño profundo: Relajación muscular total, no se sueña pero sí pueden aparecer imágenes, luces…

  5. Fase REM: En esta fase se dan los sueños. La actividad eléctrica del cerebro es parecida al estadio de vigilia. El ritmo cardiaco y respiratorio son irregulares y se mantiene la atonía muscular. Cuando a alguien se le despierta en esta fase (representa el 25% del sueño en adultos y 50% en bebés) se encuentra descansado y alerta. Esta fase es fundamental para el desarrollo cognitivo y la fijación de los aprendizajes.

  6. Fase de vigilia: Cuando estamos despiertos.

El sueño se organiza en 4 ó 5 ciclos como este de 90 a 120 minutos cada uno según la edad. Durante los ciclos va variando el tiempo de sueño profundo (va en disminución), ligero y REM (van en aumento)


PROBLEMAS CONCRETOS
1. La batalla de irse a la cama.
El niño que se niega a ir a la cama, se entretiene con otras cosas, intenta evitar ese momento (tiene que dar las buenas noches a los muñecos, quiere ir al baño, ordenar sus juguetes, “sólo un cuento más”, recuerda algo que no ha contado a papá)...
ALGUNOS TRUCOS

Es recomendable establecer todos los días la misma rutina (ducha-pijama-cena-baño/dientes-cuento-beso) y marcar un proceso claro al niño/a antes del momento de acostarse.


Ignorar ciertas conductas y ser firme en la decisión de ir a la cama.

Acompañar al niño/a a su cama y dejarle con la misma frase (“es hora de dormir, buenas noches”) tantas veces sea necesario.



2. Constantes llamadas.
AL ACOSTARSE

Se puede acudir una vez para comprobar la necesidad del niño/a y dejarle claro que no se volverá por mucho que insista.

Ignorar el resto de llamadas. En caso de tener que acudir (sobre todo para comprobar que está bien) utilizar una frase tipo “es hora de dormir, hasta mañana”.
Utilizar un tono firme pero tranquilo

DURANTE LA NOCHE

La primera noche inevitablemente se acudirá en cada llamada.

Al día siguiente es importante dejarle claro que no se va a acudir cada vez que llame, ha de aprender a volver a dormirse solo si se despierta, podemos buscar un amuleto/juguete que le guste para que le ayude en esa tarea.

Antes de acostarse llevará agua a su cuarto y habrá ido al baño, con lo cual no nos necesita.


3. El niño que quiere dormir con sus padres.
A los niños les gusta dormir con sus padres, es algo cálido, acogedor y seguro. Algunos padres nunca dejan que sus hijos se metan en su cama, otros dicen: «sólo el domingo». Otros consienten en poner al niño en su cama cuando está enfermo para que pueda sentirse confortable y se quede semidormido. Otros padres permiten que su hijo se meta en su cama hasta que se duerme y después, suavemente, lo llevan a la suya, mientras que otros padres se despiertan por la mañana con el niño en su cama. Más aún, algunos padres llegan a convertirlo en un hábito.
Permitir que el niño duerma con sus padres, excepto en ocasiones especiales, es poco saludable para niño y padres y puede provocar graves problemas. Puede llegar a hacerle excesivamente dependiente. Esta costumbre puede desconcertarle, puede confundirle con respecto a su rol en la familia y respecto a su instinto sexual o pueden angustiarle las relaciones con sus padres. Pero ¿y si ocurre?
Prevenir la costumbre desde su inicio

Desde el principio se debe evitarse esta situación. Cuando el niño está enfermo, un interfono permitirá a sus padres oírle. O, si fuera necesario, uno de los padres puede dormir en su habitación. Si los padres han permitido que el niño duerma con ellos cuando está enfermo, se ha de interrumpir dicha práctica cuando se encuentre bien nuevamente.


Devolver al niño a su cama

Si el niño va hasta la habitación de sus padres, hay que hacerle volver a su cama, y meterle en ella sin demasiadas contemplaciones.



Atrapar al visitante nocturno

Si el niño se mete de hurtadillas en su cama mientras se duerme, pueden intentarse soluciones para pescar a visitante antes de que se meta en la cama, y para que vuelva a su habitación.



  • La campana del gato. Colgar campanillas en la habitación o en la de niño para oírle cuando se presente.

  • Bloquear la puerta. Disponer una barricada ruidosa que bloquee la habitación, de modo que el niño pueda empujar la puerta abierta, pero no sin que los padres se den cuenta.

Esto hará sentir al niño mal y los padres podrán darse cuenta de su visita y devolverle a su habitación.
Táctica de los apretujones

Esta táctica requiere que los padres sean buenos actores y aparentemente puede ser un poco brusca. Su finalidad hacer que el niño se sienta tan incómodo en la cama ajena que la suya va convirtiéndose en algo cada vez más atractivo.



  • Empujarle hacia fuera. Si los padres se despiertan cuando el niño está ya durmiendo en su cama, pueden fingir que siguen durmiendo mientras se vuelven hacia él, pasándole un brazo por la nariz o dándole a su vez patadas. Si el niño se coloca entre los padres, ambos pueden volverse hacia él, dejándole cada vez menos espacio. Si está en la parte externa de cama, hay que moverse y empujarle suavemente hacia la esquina.

  • Fingir que se está cansadísimo. Apretujar es también eficaz cuando los padres se encuentran durmiendo en la habitación del niño porque éste les llama, con frecuencia, a cualquier hora de la noche.


Dar recompensas

Se puede reforzar y recompensar al niño por dormir solo, utilizando un sistema de recompensas.



  • Elogiar y ser afectuoso. Asegúrese de expresar lo orgulloso que se está de él y que es «un chico mayor» que ya duerme solo en su cama. Préstele una atención especial y sea cariñoso con él durante el día.

  • Utilice recompensas. Si el niño ha estado durmiendo en la cama de sus padres durante mucho tiempo, hay que recompensar sus progresos de independencia nocturna. Haced con él un gráfico de noche anotando periodos de la noche, o noches completas en las que el niño duerme solo en su cama. Las recompensas naturales por el hecho de dormir solo pueden ser dejarle pasar una noche junto a un amigo, regalarle un nuevo póster...


Hacer su habitación atractiva

Hacerla atractiva para que el niño la sienta suya, que sea él quien, en la medida de lo posible, escoja su decoración y orden.




4. Los niños con terrores nocturnos.
Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos cosas diferentes. Al contrario que las pesadillas, los terrores no son sueños que produzcan miedo ni un resultado de la actividad del sueño. En su lugar, se cree que reflejan etapas inmaduras del sueño, en las que el niño tiene dificultad para hacer la transición del sueño profundo al sueño más superficial, Aunque el niño con terrores nocturnos no los recuerde, estos episodio nocturnos pueden ser sumamente preocupantes para los padres. Muchos niños sollozan o gritan, presentan sudoración, taquicardias, se agitan o corren por toda la casa con los ojos, abiertos, pero sin ver y sus oídos parecen no percibir las palabras tranquilizadoras de los padres. Cuando cese, el niño se volverá a dormir con tranquilidad no recordará el suceso.

Suelen suceder en el 3 % de los niños alrededor de los 2 ó 3 años por motivos como: estar muy cansado, presentar un hábito de sueño inadecuado y exceso de excitación. Pueden durar hasta 10 minutos.

Poco es lo que se puede hacer para ayudar al niño durante un terror nocturno. Se debe simplemente esperar a que cese y recordar que no ha sido causado por las tensiones y que no tendrá efectos traumáticos ni duraderos para el niño. Únicamente valdrá acariciarlo para que se calme y se vuelva a dormir.


A pesar de que los terrores nocturnos no son en general significativos existe la posibilidad de que sean síntomas de alteraciones neurológicas. Para verificar este extremo, al mismo tiempo que las pesadillas muy molestas, habrá que comentarlo con el médico. Si los terrores se producen con mucha frecuencia, el médico puede sugerir aliviarle con una medicación cuidadosamente controlada.

5. Los niños que tienen pesadillas.
Las pesadillas, al contrario que los terrores nocturnos, pueden ser aterradoras para el niño y también para los padres y son, con frecuencia, resultado de sentimientos de inseguridad, ansiedades, miedos o preocupaciones. Son reacciones de miedo comunes y normales a los sueños (las sufren el 25% de los niños), desagradables que se inician normalmente a los tres años de edad, teniendo su punto máximo a las edades de 4 y 6 años. Las niñas son susceptibles de padecerlas más tarde que los niños. Alrededor de los diez años, la frecuencia de estos sueños desagradables se incrementa otra vez, para remitir más tarde. Las pesadillas difieren de los terrores nocturnos en otros aspectos: mientras que el niño transpira, grita y respira agitadamente al experimentar una pesadilla puede ser despertado rápidamente y se acordará del sueño o de partes del sueño. No duran más de 4 minutos.

La frecuencia de las pesadillas no debe preocupar a los padres, ya que varía a menudo. Por ejemplo, un niño puede sufrir una pesadilla todas las noches, y después ninguna por semanas o meses.


Tranquilizar y dar seguridad

Normalmente, lo máximo que los padres pueden hacer por un niño que sufre pesadillas es despertarle, tranquilizarle y darle seguridad, decirle que todo va bien, que no ocurre nada. Acariciarle y mecerle, pero no dar demasiada importancia a la pesadilla, puesto que de otro modo podría aprender a utilizarla como mecanismo para atraer la atención. No es importante, en este momento, comentar el contenido del sueño.


Evitar la excitación excesiva

Todos los niños deben tener un periodo de calma y relajación antes de acostarse, y por ello es preferible no permitirles que vean programas de televisión violentos o de terror, no contarles historias de miedo ni permitir que realicen actividades físicas violentas.


Comentar problemas, miedos y acontecimientos susceptibles de causar tensión

Utilice la conversación y los sueños como datos de cualquier problema que esté experimentando el niño. Háblele durante el día de sus pesadillas, e intente aliviar sus miedos e inquietudes. También hay que ser previsor y preparar al niño con antelación para acontecimientos que sean susceptibles de causarle tensión, tales como la vuelta a la escuela después de las vacaciones o el salir de viaje. Los miedos en los niños son a menudo causados por la falta de información


Tomar medidas o desarrollar una estrategia nocturna

El saberse defendidos de la pesadilla ayuda normalmente a los niños. Anímele a que hable de su sueño y lo represente despierto con un final feliz.



QUÉ NO SE DEBE HACER...


  • Despertarlo: Si el niño llora pero está todavía dormido, no es necesario despertarlo. La pesadilla pasará.

  • Permitir que el niño duerma con los padres: Se puede convertir en un hábito difícil de romper.

  • Decirle que las pesadillas no son reales: Al niño la pesadilla le parece real y le asusta mucho. Es mejor explicarle lo que es un sueño y que toda la gente los tiene.


6. Miedos
Según las edades:

• 1 - 2 años: a los extraños y a la separación física de los padres

• 3 - 4 años: a la oscuridad, a estar solo y a pequeños animales

• 5 – 6 años: a animales salvajes, monstruos, fantasmas

• 7 - 8 años: a peligros físicos y a fenómenos sobrenaturales

• 9 - 11 años: al fracaso, a la enfermedad, al daño corporal

Casi todos los niños tienen miedo a la oscuridad alguna vez. Los miedos específicos varían de un niño a otro y se modifican con el tiempo. Un día, el niño puede preocuparse por los monstruos del armario y otra noche le puede preocupar un ladrón. Si se lleva con tacto y cuidado, el miedo no crecerá hasta el punto de afectar la vida del niño; pero a veces puede durar especialmente por el pensamiento fantástico que caracteriza a los niños de esta edad.
Estas sugestiones ayudarán a que supere los miedos, más concreto el miedo a la oscuridad, el más frecuente en niños de 3 a 6 años:
Discutir el miedo

No se debe descartar nunca el miedo. Al contrario, es bueno reconocerlo, puesto que para el niño es muy real. Hay que asegurarle que vosotros creéis que no hay nada de lo cual asustarse, pero no ridiculicéis sus sentimientos como si fueran tontos o infantiles.


Juegos para desensibilizar al niño del miedo

Os presento una serie de juegos que pueden ayudar al niño a acostumbrarse a oscuridad para no tener miedo:



  • Seguir al jefe. El papá/mamá hace de jefe y el niño le sigue por todas partes, a sitios tanto oscuros como luminosos, efectuando movimientos con los brazos. Al principio entrar y salir de los sitios oscuros y después aumentar lentamente el tiempo que tanto el jefe como el seguidor pasan en la oscuridad. Cuando el niño esté dispuesto, se pueden intercambiar los papeles, dejando que el niño sea quien dirija.

  • Contar. Entre en un sitio para contar hasta... Primero has tres, después hasta cinco, etc., hasta que el niño pueda estar, acompañado en la oscuridad durante sesenta segundos.

  • Quién es quién en la oscuridad, cantando o haciendo ruidos divertidos para mantener el buen humor del niño.

  • Compartir sobresaltos. Con el niño en una habitación a oscuras mirando las sombras y escuchando los ruidos que puedan sobresaltarle. Explíqueselo todo, encendiendo la luz si es necesario. Hay que dejar que niño intente asustarle haciendo ruidos en la oscuridad, simule un sobresalto para que tenga éxito.

  • Juego del detective. Esconda objetos en sitios oscuros como armarios y recompensa al niño con un punto por cada objeto que encuentre.


Tranquilizar al niño sobre la oscuridad

He aquí algunos puntos prácticos que ayudarán al niño a sentirse cómodo y seguro.



  • Efectúa con el niño comprobaciones nocturnas de seguridad. Por ejemplo, si el niño tiene miedo de los intrusos, hay que decirle que le acompañe a revisar puertas y ventanas. explicándole que los ladrones raramente entran en casas que no estén vacías, pero explíquele también qué haría usted si tal cosa ocurriera.

  • Permitir algún piloto luminoso nocturno para que el niño pueda utilizarlo cuando quiera. Descenderemos el nivel de intensidad de manera que después de un tiempo el niño se acostumbre a la casi total oscuridad para dormir.

  • Ofrecerle un equipo de seguridad, proporciona al niño una serie de herramientas que puede utilizar cuando esté solo en la oscuridad (una pequeña linterna, unas galletas y una cantimplora con bebida). La primera noche, se le puede entregar al niño envuelto primorosamente, siéntese en la oscuridad con él, y enséñele cómo hay que utilizar la linterna. Se puede jugar a «yo soy un espía» con la linterna, para que el niño vaya iluminando distintos puntos de la habitación.

  • Enseñe al niño a hablar de forma positiva. Se puede imaginar a sí mismo siendo valiente en la oscuridad, utilizando estas valerosas palabras: «No estoy asustado, nada puede hacerme daño».


Utilizar refuerzos

A medida que el niño parece menos asustado, hay que animar su éxito, no olvidándose de elogiar sus esfuerzos.

Confeccionar un gráfico de valentía, cuando el niño pueda permanecer en la oscuridad casi tan cómodamente corno un adulto, se puede introducir un gráfico de valentía. Explíquele al niño que el valor supone efectuar tareas o entrar en acción incluso cuando se tiene miedo. Se debe utilizar el equipo de valor y el piloto de luz nocturna para conseguir que se logre el objetivo. Es conveniente ajustar los criterios para ganar triunfos en el gráfico, cuatro minutos la primera noche, cinco minutos la segunda y así sucesivamente, hasta que el niño esté cómodo en la cama, antes de dormirse. Los triunfos pueden intercambiarse por un premio especial.
7. Insomnio.
Se caracteriza por la dificultad del niño para dormirse solo, despertares frecuentes por la noche con dificultad para conciliar el sueño sin ayuda, disminución de la duración del sueño.

Existen 2 causas fundamentales: los malos hábitos (en el 98% de los casos) y los problemas psicológicos debidos a acontecimientos como un cambio de casa, un viaje, el nacimiento de un hermano…

Se puede hablar de insomnio infantil por malos hábitos si entre los 6 meses y los 5 años el niño no es capaz de: acostarse sin llorar, conciliar el sueño por sí mismo, dormir entre 10 y 11 horas seguidas, hacerlo en su habitación y a oscuras.

La solución es: la reeducación de los hábitos del sueño.


8. Sonambulismo.
Partiendo de un sueño profundo, el sonámbulo se incorpora y realiza movimientos complejos, aprendidos y con sentido, como sentarse, caminar, lavarse las manos, mirar la televisión… suele tener los ojos entreabiertos y es capaz de responder a preguntas. Si se le despierta, muestra desorientación y no recuerda lo ocurrido. Los episodios no suelen durar más de 10 minutos y se dan con más frecuencia entre los 4 y 8 años en el 3% de la población infantil. No es perjudicial despertar al niño, pero hay que tener en cuenta que se sentirá desorientado.

Las causas son hereditarias, aunque algunos estudios lo atribuyen a una alteración madurativa que tiende a desaparecer con el tiempo.


9. Apnea del sueño.
Se trata de episodios de cese de la respiración durante el sueño que duran más de 10 segundos, acompañados de fuertes ronquidos y somnolencia diurna. Este trastorno es más frecuente en adultos, aunque se da en un 2% de niños de entre 3 y 8 años.

Requiere asistencia médica.


10. Bruxismo.
Es más conocido como “rechinar los dientes”. Es relativamente frecuente, pues se da en el 25% de los niños. La causa suele ser problemas en la oclusión dental, aunque también puede darse por alteraciones emocionales.

Se recomienda consultar al especialista.



11. Somniloquia.
Tan habitual como inofensivo, este trastorno consiste en hablar dormido y suele tener una base genética. Lo más frecuente es decir frases o palabras con poco contenido semántico, relacionadas con los sueños y que no recuerda al día siguiente.
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Llamamos enuresis a los problemas que presentan los niños para controlar esfínteres. Puede ser diurna (si no controlan por el día) o nocturna (si no controlan por la noche) y a su vez se puede diferenciar entre enuresis primaria (si el niño no ha llegado a controlar esfínteres) y secundaria (si controló durante un tiempo y luego ha vuelto a no controlarlo)
2. Enuresis

Muchos niños consiguen no mojar la cama por la noche entre los dos y los tres años de edad. Aunque algunos, naturalmente, tardan más en desarrollar esta aptitud. Este es un proceso de maduración natural que indica el grado de desarrollo de la capacidad vesical del niño y de su motivación para permanecer seco.

Se pueden esperar accidentes ocasionales, incluso en edades superior que no deben considerarse un problema. Por mayor que sea el niño, nunca se le debe avergonzar o ridiculizar por el hecho de mojar la cama, pues el niño siente una gran vergüenza, angustia y desasosiego y puede provocar serios problemas emocionales. Aproximadamente el 75% de los niños de cuatro años y el 85% los niños de cinco, no mojan la cama excepto en algunas ocasiones, pero algunos niños continúan mojando la cama incluso en la adolescencia y, veces, hasta que llegan a la edad adulta.

Antes de escoger alguna solución, los padres deben determinar la causa probable del problema. Después, se podrá aplicar la solución o las soluciones apropiadas.


Causas

Médicas. Muchos expertos están de acuerdo en que las causas médicas son el motivo de un 1 a un 2% de todas las enuresis. Algunas veces el niño padece problemas físicos como una vejiga pequeña o una musculatura del esfínter débil. O si el niño ya había dejado de mojar la cama y de pronto vuelve a hacerlo, es posible que la causa sea una infección del tracto urinario. Cuando el pediatra o el médico de cabecera excluyan un motivo como una infección, y el problema persista, es deseable que los padres consulten con un nefrólogo o urólogo, antes de pensar en causas que no tengan un origen médico.

Emocionales. Algunos niños a los que se ha proporcionado una educación del control de esfínteres se orinan ocasionalmente en la cama por causa de estrés emocional, a veces provocado por los celos ante la llegada de hermanos pequeños. No obstante, es raro que un niño que siempre ha mojado su cama lo haga por razones puramente emocionales.

De desarrollo. Aunque un niño parezca no tener razones médicas para mojar la cama, esto no indica automáticamente que la causa no sea física. El niño puede no haber desarrollado la suficiente capacidad vesical para contenerse durante toda la noche. O el esfínter vesical que retiene la orina en la vejiga puede no haber madurado lo suficiente.

Patrones de sueño. Muchos niños mojan la cama porque duermen tan profundamente que no se despiertan con la señal vesical que indica plenitud. Así pues, no se despiertan por sí mismos para ir al baño en mitad de la noche. Algunos niños, además, presentan asociados un sueño profundo y una capacidad vesical pequeña. Este patrón de sueño profundo es, habitualmente, hereditario y si los padres comprueban los antecedentes en la historia familiar, probablemente encontrarán parientes con el mismo patrón y con el mismo problema. Esta información puede reconfortar al niño y, además, puede dar la clave a los padres de la edad a la que pueden esperar que deje de mojar la cama.
Soluciones médicas a la enuresis

Hay diversas alternativas médicas que el terapeuta puede prescribir si los síntomas lo justifican. Los antibióticos pueden acabar con las infecciones que provocan enuresis intermitente. Una radiografía de la vejiga puede indicar la necesidad de dilatarla. Muy raramente, se prescribirá algún fármaco que altere el patrón del sueño para que el niño pueda despertarse cuando su vejiga está llena.



Soluciones a la enuresis por problemas emocionales

Si el niño ha permanecido semanas o meses sin mojar la cama y después comienza a mojarla de nuevo, sin ninguna razón física aparente, el problema puede residir en que sea un niño ansioso o un niño rebelde.


El niño ansioso. Si el niño reprime sus sentimientos, pero se afecta profundamente por lo que ocurre a su alrededor, las siguientes sugerencias pueden ser convenientes:

  1. Mantener una agenda o diario de un mes o de más de un mes. Cuando el niño moje la cama se anotará, así como todos los acontecimientos que han ocurrido en la familia, vecindario o en la escuela. Aseguraros de apuntar las riñas entre hermanos o amigos, discusiones con los padres, viajes de los mismos, noches en las que se ha llegado tarde, exámenes, deberes abrumadores, alguna enfermedad en la familia o cualquier otro acontecimiento significativo para el niño. No se lo ocultéis al niño. Los padres deben pedirle que revise el diario junto a ellos y añada otras cosas que piense que son de su incumbencia.

  2. Enseñe al niño a relajarse antes de acostarse después de estas sesiones de intercambio. Hágale, después, un cariñoso masaje en la espalda o ponga música tranquila.

  3. Utilice un gráfico de cama seca en el calendario para reforzar sus progresos.


El niño rebelde. Si el niño es del tipo de los que hacen pataletas, que ni quiere obedecer, o que da un no por respuesta, antes de intentar afrontar el problema de la enuresis en sí, los padres deben hacer frente a todo esto. Cuando se hayan aplicado soluciones para superar el comportamiento rebelde durante las hora en que el niño está despierto, éste podrá, también, superar el problema de la enuresis.

* Es conveniente ignorar sus comentarios negativos sobre el hecho de mojar la cama como “no me importa mojar la cama” o “es culpa tuya que lo haga”.

* Ser tan positivo como sea posible. Muestre al niño cómo cambiar la cama, cómo lavar las sábanas y el pijama. Si se resiste o rechaza hacerlo diríjale manualmente, si es necesario. Recordad que no se debe perder la calma y que no se debe ridiculizar al niño de ninguna manera.

* Incluso si el niño reacciona negativamente, ayudadle a ser consciente de los aspectos positivos de no mojar la cama tales como el hecho de poder ir de campamento, o de pasar una noche en casa de un amigo.

* Manténgase firme en el proceso, recompensando y elogiando cualquier progreso. Se deben esperar recaídas ocasionales que no deben preocupar.
Soluciones a la enuresis causada por factores físicos

Se cree que el 80% de enuréticos tiene problemas de capacidad o control vesical y patrones de sueño profundo. Primero, es conveniente intentar incrementar el control y la capacidad vesical del niño. Si se logra esto, la profundidad del sueño puede dejar de ser un problema (naturalmente, se considera que el médico ya ha descartado antes problemas médicos).



  1. En un recipiente transparente haga marcas de 100 a 600 cm'. Asegúrese de que los números son grandes y visibles para el niño.

  2. Explica al niño que una de las razones de que moje la cama es que su vejiga no puede retener suficiente orina o que su esfínter no es lo suficientemente potente como para que la vejiga se mantenga toda la noche cerrada. Haga un pequeño dibujo de la vejiga con el esfínter, mostrándole que actúan como una válvula de cierre.

  3. Explícale que el aprendizaje incrementará la capacidad y el control de su vejiga, esto probablemente no se producirá de la noche a la mañana, pero dile que mejorará gradualmente con el aprendizaje.

  4. Colocad el recipiente en el baño del niño y enséñele a usarlo y a recoger la orina, cada vez que orine durante el día. Antes de echarla al váter se medirá la cantidad, dejando que el niño coloree el gráfico del recipiente. Cada vez que supere su propio récord, elogiad al niño e indicadle que coloree las líneas adecuadas.

  5. Ayudad al niño a incrementar su capacidad vesical, animándole a que beba abundantemente cada día. Explicadle que esto ayudará a ensanchar el tamaño de su vejiga. Para aumentar la sed dadle galletas saladas y hacedle beber varios vasos de agua en una hora. El agua y los zumos de frutas son las mejores elecciones. Muchos programas de enuresis sugieren eliminar todos los alimentos con cafeína, chocolate o con especias.

  6. Cuando el niño tenga necesidad de orinar, pedidle que intente retenerse por períodos de tiempo más y más largos un minuto cada vez. Elogiadle por su éxito. Si la urgencia pasa, dejar que el niño prosiga con otras actividades.

  7. Cuando el niño vaya al cuarto de baño, enseñadle cómo iniciar y detener la micción, esto reforzará la musculatura del esfínter.


Paula Alvarez Paino (Psicopedagoga)



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