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TRANSPORTE ASISTENCIAL

EQUIPAMIENTO, UTILIZACIÓN Y MANTENIMIENTO DEL

MATERIAL DE INMOVILIZACIÓN, TRANSPORTE Y ASISTENCIA.


PRINCIPIOS Y FISIOPATOLOGÍA DEL TRANSPORTE EXTRAHOSPITALARIO

La asistencia médica extrahospitalaria, ya sea en los domicilios o en la calle difiere de la realizada en centros de asistencia, además de por su estructura (no existe techado, hay “mirones”, llueve, temperaturas extremas, aire, etc..), por el material que se utiliza para este tipo de trabajo.

En nuestro medio tal vez el instrumento más importante sea la ambulancia, ya que como vehículo, nos sirve para desplazar al equipo hasta le lugar de actuación y después para realizar el transporte del paciente hasta un servicio donde le presten el tratamiento definitivo o para devolver al equipo actuante hasta su base.

Podemos diferenciar distintos tipo de transporte según sean sus características, así existe:



  • Urgente o programado; según exista o no limitación en el tiempo para su realización.

  • Individual o colectivo; dependiendo del número de pacientes a los que se traslada.

  • Asistido o no asistido; si el enfermo recibe durante el transporte cuidados para su patología.

  • Medicalizado o no medicalizado; si dentro del equipo que lo atiende existe o no personal facultativo.

  • Primario o secundario; según se realice desde el lugar del accidente o el domicilio del paciente hasta el primer centro de asistencia o si se hace entre dos centros asistenciales.

Ambulancia, es todo aquel vehículo destinado al transporte de enfermos o heridos, auxilios y elementos o material de cura. Por tanto podemos considerar como ambulancia a cualquier tipo de vehículo ya sea terrestre, aéreo o marítimo.

La diferenciación dentro de estos vehículos, viene determinada según la capacidad de tratamientos que puedan prestar, así existen ambulancias no asistenciales, que son aquellas que trasladan a pacientes que no necesitan de tratamiento durante el traslado (rehabilitación, consultas, etc). Y ambulancias asistenciales, que son aquellas que están preparadas para poder dar asistencia al paciente desde su llegada hasta su transferencia en el centro receptor. Estas a su vez pueden dar asistencia programada o urgente, la primera para aquellos pacientes que requieren de cuidados en los traslados de un centro a otro (secundarios), y la segunda a aquellas personas para las que la ambulancia representa su primera asistencia. En este caso estamos ante una ambulancia asistencial urgente, que a su vez puede estar compuesta por parasanitarios con material para Soporte Vital Básico, e inmovilización considerándola en tal caso como ambulancia, o estar compuesta por personal sanitario (médico y enfermería) y parasanitario con material para realizar Soporte Vital Avanzado siendo en este supuesto una Unidad de Vigilancia y/o Cuidados Intensivos Móvil.

La ambulancia por tanto no sólo sirve como vehículo, no es una furgoneta, ¿en qué se diferencia nuestro vehículo de otro?. La respuesta es obvia, además de llevar un equipo asistencial de cuatro miembros, posee una dotación farmacológica e instrumental capaz de donar asistencia integral a los enfermos.

Uno de los principales problemas que van a tener nuestros pacientes, será precisamente el transporte desde el lugar de asistencia hasta el hospital adecuado para tratar su patología, aunque este es el principio del transporte sanitario no se encuentra exento de riesgos.

No se debe olvidar que el movimiento provoca distintas alteraciones en los individuos, el primer problema producido por el movimiento afecta a los receptores del equilibrio, y se traduce en una sensación de inestabilidad y mareo que puede provocar incluso vómitos, esto se conoce como cinetosis o enfermedad del viajero, que puede afectar no solo al paciente, también lo hace sobre el personal de la propia ambulancia.

Todas las alteraciones que puede sufrir un enfermo trasladado en un móvil también pueden ser sentidas por el personal que le atiende, con la salvedad de las modificaciones orgánicas causadas por la patología que sufra el enfermo.

Además de la cinetosis podemos encontrar otras muchas alteraciones que son consecuencia directa de las distintos factores mecánicos, de altitud, acústicos, dependiente de la velocidad y la aceleración que afectan a todo móvil, los factores más habituales son:


  • Altura, en los transporte aéreos es más palpable.

  • Alteraciones de la temperatura, sacamos a los pacientes desde los domicilios a la calle o son atendidos directamente en la calle.

  • Vibraciones que serán de dos tipos, mecánicas y acústicas.

  • Alteraciones provocadas por la fuerza de la gravedad y

  • Alteraciones dependientes de la acción de la velocidad.

Existen bastantes respuestas fisiológicas a estos diferentes factores, pero en el caso de los enfermos estas pueden ser distintas y más peligrosas que las que los individuos con buen estado de salud pueden sufrir, precisamente por los cambios sufridos en su organismo por la acción de la enfermedad.

El primer problema que tienen un paciente trasladado, lo representa su consciencia, si está consciente sentirá una alteración psicológica causada por la ansiedad sobre la situación de su salud, que responden a preguntas como; “¿Estoy muy mal, por eso me trasladan?, ¿Tal vez no llegue al Hospital?, ¿ Seguramente

moriré?, ¿el personal está preparado para atenderme?.”

Esta alteración va a crear una serie de respuestas de su sistema vegetativo como taquicardia, aumento de la sudoración, temblor que el personal de la ambulancia debe diferenciar de la aparición de estos signos en caso de shock.

Las alteraciones que mayor problema para el mantenimiento del enfermo nos pueden provocar, debido a que son las más comunes en el móvil que utilizamos habitualmente, serán provocadas por las fuerzas de aceleración e inercia, ello va a tener consecuencias sobre diferentes sistemas y regiones del organismos, así nos provocaran problemas sobre los compartimentos internos del organismo, provocando desplazamientos, alterando el equilibrio hidrostático del organismo, puede provocar roturas o microroturas, microtraumatismos y distintos cambios fisiológicos que en algunas ocasiones pueden resultar muy abruptos y poco convenientes, ya que las respuestas orgánicas del enfermo pueden estar disminuidas.

Probablemente el problema que más fácilmente puede valorarse es el que representa la aceleración, la situación del paciente en la ambulancia, en el eje longitudinal, provoca que los movimientos de aceleración y/o deceleración que aparecen pueden alterar distintas constantes físicas. Teniendo en cuenta que los pilotos de cazas militares en las situaciones de máxima aceleración soportan aceleraciones entre 7 y 9 G durante décimas de segundos, yendo provistos de pantalones antiG y aún así tienen serios problemas para mantener la consciencia y la respiración, nosotros tendremos en nuestros enfermos dos formas distintas de aceleración, la G (+) que tendrá un sentido desde la cabeza hacia los pies y va a ocurrir en los momentos de aceleración del vehículo, arranque y cambio de marchas siendo su intensidad entre 0,3 y 0,8 G, y tendremos una G (-) cuyo sentido será desde los pies a la cabeza y se va a producir en las frenadas y también en los cambios de marcha soportando intensidades entre 0.5 y 0.9 G.

Estas aceleraciones en condiciones normales pueden llegar a resultar molestas, pero en condiciones de enfermedad puede ser letales.

También se debe valorar que estos cambios de velocidad, aceleraciones y deceleraciones puede hacer “volar” a los ocupantes del vehículo dentro de la cabina, de tal forma que el riesgo de lesiones traumáticas entre el personal de este tipo de servicios es alta.

No sólo el sentirse desplazado es un problema, las aristas o salientes puntiagudos dentro de las ambulancias deben estar prohibidos ya que el choque contra ese tipo de estructuras puede resultar muy nocivo.

Los materiales e instrumentos de la ambulancia deben tener por tanto bordes redondeados y poco peso, además de firmes sujecciones que eviten sus caídas y desplazamientos durante la marcha, evitando de esta forma la aparición de lesiones por impacto.

El personal en orden de marcha debería asegurarse con métodos de fijación (cinturón de seguridad), pero la mayoría de las veces la asistencia al paciente hace que no sea posible que los que le asisten puedan permanecer sentados, por lo que el riesgo de lesión grave en caso de deceleración brusca o choque (no olvidemos que la ambulancia es un vehículo más), está casi asegurado.

La aceleración positiva (G+ o cabeza-pies) provoca en el paciente disminución del gasto cardiaco, disminución de la perfusión cerebral (pudiendo provocar pérdidas de conciencia), hipotensión arterial con taquicardia compensadora y disminución de la presión venosa central (PVC). Mientras la deceleración (G- o pies-cabeza) hace aparecer respuestas como aumento del gasto cardiaco, aumento de la presión IntraCraneal (PIC), aumento de la tensión arterial, con bradicardia compensadora que en ocasiones puede ser tan severa que provoque parada cardiaca en asistolia y aumento de la PVC entre otros.

Cuando los enfermos tienen alteraciones hemodinámicas importantes como las situaciones de hipovolemia, las respuestas que acabamos de determinar pueden afectarse y ser hasta 10 veces superior, por ejemplo un herido con una importante pérdida de sangre puede parase en asistolia al realizar un frenazo brusco, o un paciente con un grave Traumatismo Craneo Encefálico, puede empeorar su estado por el mismo proceso, o un enfermo consciente puede perder la consciencia con los riesgos que implica por un brusco arranque.

Otro problema añadido a las aceleraciones es que los objetos del interior de la ambulancia que no se encuentren bien sujetos o incluso los propios profesionales podemos convertirnos en proyectiles dentro del habitáculo al ejercerse sobre nosotros la acción de la inercia.

En cuanto a las vibraciones mecánicas o trepidaciones que se observan en este medio tenemos que el organismo acepta como vibraciones nocivas por sus efectos en el organismo de microtraumatismos sobre los vasos y las vísceras, aquellas que se encuentran entre 4 a 12 Hz al provocar resonancia en diferentes órganos. En la ambulancia, nuestras vibraciones mecánicas se encuentran en un rango de entre 4 a 16 Hz, y se incrementan con la velocidad del móvil, entre las alteraciones que las vibraciones mecánicas pueden provocar en los pacientes, se encuentran dolor a la ventilación, torácico, abdominal, mandibular o lumbosacro tenesmo rectal o vesical, afasia y/o cefalea.

Estas situaciones podrían mejorarse con la utilización de mejores suspensiones y materiales aislantes entre el paciente y la camilla.

Las vibraciones transmitidas por medio elástico o vibraciones acústicas de nuestro lugar de trabajo se encuentran entre los 69 a los 75 dB que aumentan en el caso de utilización de señales sonoras (sirenas), provocando sensaciones de miedo, estrés, inseguridad e incluso reacciones vegetativas sobre el paciente.

Las sirenas que utilizan nuestras ambulancias tienen un rangoi de actuación entre 1 y 4 KHz, ya que los sonidos por debajo de 1 KHz no son audibles y los que quedan por encima de 4 KHz son difíciles de localizar, los sonidos deben poder diferenciarse de los creados por el resto de la circulación y atravesar los actuales aislamientos de los vehículos modernos, además de ser más potentes que los autorradios que suelen tener un volumen elevado, esto hace que el poder de penetración de nuestras sirenas puede quedar entre 8 a 10 m. en los cruces con el consiguiente riesgo de no ser vistos por otros conductores, ello hace que la velocidad en este tipo de cruces deba ser modificada llegando incluso a establecerse como seguridad los 15 km/h.

Otro problema derivado del uso de las sirenas es la disminución de audición del personal que trabaja en este medio.

Por tanto la utilización de sirenas debe estar reservada a aquellos casos en los que la rapidez sea necesaria para la asistencia al paciente, NUNCA si el paciente se encuentra asistido, salvo para evitar demoras en su asistencia completa.

La temperatura es un dato a tener en cuenta, ocurre con demasiada asiduidad que los pacientes atendidos en la vía pública son descubiertos para realizar técnicas de asistencia, pero como los profesionales que los atienden se encuentran uniformados y correctamente equipados contra el frío, en casi todos los casos, olvidan que el paciente está perdiendo toda su protección al retirarle la ropa, y quedar expuesto, y sus defensas están debilitadas por la agresión procedente de la enfermedad o traumatismo.

Por este motivo y si es posible se deben realizar las técnicas que requieren exposición del enfermo dentro de la ambulancia y con temperatura correcta dentro de esta, o en caso de no poder realizar la movilización se tapará al enfermo lo antes posible, el frío puede empeorar la situación de los enfermos de manera muy rápida, también el calor excesivo debe ser conbatido intentando procurar sombra y situación aireada a las víctimas, el paciente puede tener quemaduras provocadas por el asfalto o en estados de alteraciones de líquidos orgánicos puede deshidratarse.

Un material que para este fin aparece en la ambulancia es la manta térmica, que puede utilizarse tanto para guardar el calor del paciente (parte dorada hacia fuera), como para enfriar al individuo si fuese necesario (parte dorada en contacto con el paciente).

Los pacientes que mayor labilidad presentan frente a las alteraciones de la temperatura son los neonatos, ancianos, lesionados medulares, quemados y cardiópatas.

También la temperatura afecta al personal que atiende al paciente y a diferentes partes de nuestros instrumentos. De hecho las asistencias en los días fríos pueden provocar menores capacidades de concentración por parte del personal actuante.

Algunos instrumentos pueden afectarse con la temperatura, sobre todo aquellos que tienen componentes electrónicos que soportan muy mal las temperaturas extremas.

Incluso algunas medicaciones pueden ver alterada su acción por efecto de la temperatura, por ello algunas ambulancias medicalizadas ya cuentan en su equipo con neveras de frío y calor dotadas de termostatos.

Otras situaciones que no debemos olvidar cuando estamos trasladando a un paciente es el respeto a su intimidad, en muchas ocasiones la situación de emergencia que estamos tratando o solucionando provoca que olvidemos este problema pero cuando los enfermos han sido valorados absolutamente nada impide que podamos cubrirlo, para protegerlo del frío y también para preservar su intimidad.

También debemos preocuparnos de un aspecto asistencial que solamente se plantea en nuestro tipo de trabajo, la fijación y el transporte de los medios que el paciente utiliza para su tratamiento y/o control (sistemas de sueros, sondas, bolsas colectoras). En el hospital poseen formas estandarizadas de fijación a la cama o el techo de la habitación, nosotros tendremos que ingeniarlas para evitar problemas de desajustes, arrancamientos o desprendimientos, habitualmente el medio más seguro es la fijación con espradrapo al propio paciente o a la camilla, en el caso de sistemas de suero, sondas o drenajes.

Otro problema es el transporte del paciente desde el lugar de asistencia hasta la ambulancia y posteriormente en el propio vehículo, siempre tenemos que asegurar a los pacientes, es la única forma segura de evitar caídas o traumatismos dependientes de nuestra forma de actuación.

Otros tipos de transporte que se utilizan en la emergencia son los aéreos y los marítimos, en cuanto a los primeros los métodos utilizados son el helicóptero y el avión medicalizado o ambulancia y el convencional adaptado, y el segundo se constituye por el barco y el barco hospital.

En el transporte aéreo se pueden determinar aceleraciones verticales y angulares que pueden sumarse a las longitudinales del terrestre, en este caso la respuesta a los cambios del equilibrio hidrostático y desplazamiento de vísceras puede ser mayor que en los vehículos terrestres por ser de mayor potencia.

En el caso del helicóptero, las vibraciones a las que se hacía referencia antes, se sitúan entre 12 y 28 Hz, con lo que su capacidad lesiva es mayor, además este medio tiene en contra que provoca una gran cantidad de ruido que dentro del aparto puede llegar a alcanzar entre 90 y 110 dB, con lo que además de aumentar considerablemente la angustia y ansiedad del paciente, evita el poder detectar alteraciones dependientes del oído como la auscultación, escucha de alarmas de los aparatos, posibles fugas de aire en los pacientes intubados y se altera notablemente la comunicación entre el equipo y con el paciente, así como con el equipo que realiza el traslado desde el helicóptero hasta el centro de asistencia.

La aparición de turbulencias y las sacudidas bruscas que estas producen hace ver la necesidad de una perfecta fijación del paciente, material y personal dentro del helicóptero para evitar accidentes.

Las aproximaciones al helicóptero deben ser realizadas por personal con experiencia en este tipo de transporte y guardando una serie de normas de seguridad:


  • Nunca acercarse por la zona de cola, podemos chocar contra el rotor de cola.

  • Aproximarnos por la zona de la cabina a la vista del piloto.

  • En la aproximación debemos agacharnos, ya que las palas tienden a bajar en sus extremos por acción de su propio peso.

  • Nunca portar objetos por encima de la cabeza.

  • Si el aparato esta posado en una ladera nos acercaremos desde la zona del valle.

  • El paciente y el material que este transporte se deben encontrar perfectamente fijados.

  • Nunca se debe transportar a pacientes agitados o agresivos en este medio salvo que se mantengan sedados.

En el caso del helicóptero la altura no suele determinar problemas derivados como dilatación de gases o disminución de la presión de oxígeno, pero cuando se utilice el avión y aunque todos llevan su cabina presurizada, deberemos realizar todas las técnicas para asegurar que no existirá dilatación por la altitud y asegurar la existencia de oxígeno medicinal, por si debe ser utilizado.

La dilatación o expansión de los gases en función de la altitud hace que tengamos que estar pendientes de todos los materiales que actúan con el enfermo y que lo hacen mediante métodos neumáticos, como las sondas, los tubos endotraqueales, férulas de inmovilización de vacío (pierden parte de su efecto) o neumáticas (aumentan su fuerza), los débitos de las perfusiones de sueros disminuyen su ritmo, etc. También el organismo tiene cavidades donde los gases pueden dilatarse como vísceras abdominales, o los oídos para evitar que estas dilataciones afecten a la situación del enfermo, se debe realizar sondaje nasogástrico y vesical antes del vuelo, controlando el aumento del globo de fijación con la altura.

En el transporte marítimo sólo hacer referencia a la importancia de la fijación del paciente a la estructura de la embarcación para evitar accidentes y la fijación del material, y por otro punto el conocer que el mar es reconocido por el enfermo como un medio agresivo lo que aumenta su ansiedad pudiendo ocasionar úlceras por estrés, teniendo que realizar protección médica contra este tipo de agresión.

Para conocer que medio es el idóneo en función de la distancia de traslado, se puede utilizar el siguiente cuadro:




DISTANCIA

TIPO DE TRANSPORTE

< 150 km

Terrestre o helicóptero.

150 – 300 km

Helicóptero medicalizado

300 – 1000 km

Avión ambulancia.

>1000 km

Avión regular adaptado.

Especiales

Barco o tren

Otros aspectos a tener en cuenta para proceder al transporte y a la elección del medio son además de la distancia:



  • Climatología, agua lluvia, nieve, viento, etc.

  • Estado del paciente, estable o inestable.

  • Orografía del terreno, montaña, vadeo de ríos, etc.

  • Estado del asfalto si se quiere hacer por tierra, virada, mal asfaltada, camino, etc.

El siguiente paso de la atención tras determinar el tipo de transporte será, la realización del traslado, para ello se debe tener en cuenta varios aspectos de la preparación de paciente previos a su desplazamiento, como son:

  • Realizar todos los cuidados posibles en el primer lugar de asistencia.

  • Explicar al paciente y/o a la familia el motivo del traslado, los riesgos y dificultad si existieran y sobre todo su necesidad.

  • Duración aproximada del transporte dejando bien claro que “CORRER NO CURA”.

  • Hacer hincapié en la familia para que no siga a la ambulancia, que acuda al centro de asistencia en otro móvil conducido por alguien ajeno a la situación. Su familiar ya se encuentra tratado.

  • Si el traslado está determinado por un médico o un sanitario que no nos acompaña, es indispensable que éste emita un informe de su asistencia que entregaremos en el centro de referencia.

Cuando se realiza un traslado secundario (de un centro asistencial a otro), es indispensable que determinados criterios de este tipo de traslado se mantengan, como:

+ Ayunas del paciente 2 horas previas al traslado (prevenir cinetosis).

+ Higiene completa del enfermo.

+ Vaciado de bolsas colectoras y drenajes si los hubiere.

+ Fijación de los sistemas de infusión y/o colectores.

+ Aspiración de secreciones previa a la movilización.

+ Toma completa de constantes.

Estas son unas medidas que se deben considerar de forma previa a la realización del traslado, y su realización asegura que durante el trayecto en la ambulancia solamente se deberán realizar las técnicas más indispensables, ya que con el movimiento del vehículo es difícil realizar muchas técnicas asistenciales. En el caso del traslado en helicóptero es indispensable este requisito, ya que en este tipo de vehículo es imposible realizar casi ninguna técnica salvo en aparatos de gran tamaño.

También en estos traslados hay que tener gran atención en cuanto a la documentación que se debe transportar con el paciente, esta consta principalmente de:

 Filiación del enfermo (nombre, apellidos, edad...)

 Lugar de ingreso actual y motivo de la asistencia.

 Diagnóstico principal y/o problema de salud.

 mecanismo lesional o estado evolutivo de la enfermedad.

 Técnicas y/o tratamientos realizados.

 Causas que indican el traslado.

 Lugar donde debemos dejar al paciente.

 Nombre del centro receptor, habitación o servicio que ocupará y persona responsable de la recepción.

 Es importante tanto en estos traslados como los que se realizan en domicilios y en lugares de difícil acceso que algún miembro del centro receptor, o en los otros casos algún familiar o amigo, nos espere en un sitio facilmente visible para poder indicarnos donde dejamos al enfermo o la forma de llegar hasta él.

Por último y a modo de resumen del transporte, hay que recordar dos aspectos del transporte urgente primario, la información al hospital y a la familia, en el primer caso hay que asegurar llevar el máximo de información para que los responsables hospitalarios del paciente puedan realizar un trabajo basado en una eficaz información, para ello intentaremos conseguir informes clínicos o médicos que valorados por el médico del equipo podamos posteriormente trasladar a los profesionales a los que dejaremos al enfermo, el otro lado de la información es el trasladado a la familia, estos deben conocer el estado de su familiar (lo hará el médico del equipo) y el lugar de traslado (hospital) y la forma en la que se tienen que dirigir hasta allí, informaremos sobre la entrada y toma de datos, así como la documentación que deban aportar, debemos hacer hincapié en evitar que sigan a la ambulancia, ellos se deben dirigir por sus medios y de forma ordenada hasta el centro de tratamiento, preferiblemente que sean llevados por amigos o en otro transporte que no conduzcan ellos, y haremos saber que no es posible acompañar al paciente en la ambulancia, exceptuando aquellos casos en los que sea indispensable y pueda beneficiar al paciente disminuyendo su estrés cuando sus condiciones evitan una comunicación fluida con el equipo (niños).

Por todos esto motivos tenemos que procura que la actitud del personal de transporte frente al paciente ha de guardar los siguientes criterios:



  • El enfermo debe estar asegurado a la camilla, silla o medio de transporte.

  • Todos los medios de tratamiento o diagnósticos que porte el paciente deben estar fijados convenientemente para evitar tirones o arrancamientos (vías, monitores, sondas, etc.)

  • Debe ser trasladado hasta la ambulancia en el medio más idóneo, cuchara, lona, silla, etc.

  • Sería deseable que en todos los traslados se utilizara el colchón de vacío para aislar al enfermo de vibraciones durante el transporte.

  • El enfermo debe ir correctamente tapado y aislado del frío.

  • Colocarle con la cabeza hacia la cabina de conducción.

  • Guardar la posición más idónea para el tipo de patología y traslado.

  • Si se trata de un traslado secundario debemos asegurarnos de que el paciente permanece en ayunas (evitar vómitos), que tenemos sus informes, se han registrado sus constantes vitales en ese instante, está asegurado en el medio y su familia se encuentra informada de la situación del enfermo, y el lugar de traslado.

La posición que mantendrá el paciente durante el tiempo de traslado puede ocasionar diferentes alteraciones y todavía más importante, puede ser utilizada como tratamiento para intentar mejorar o aliviar los síntomas de la patología observada, la bancada de nuestras camillas permiten el desplazamiento horizontal de la misma, y aún más importante, pueden ser elevadas o inclinadas en los pies o la zona de la cabeza, cuando la inclinemos colocando la cabeza en un plano inferior al que están conservando los pies, estaremos utilizando la posición de Trendelenburg, útil para aquellas situaciones en las que el riego o el flujo al cerebro no son los óptimos. Cuando situemos los miembros inferiores del enfermos en un plano inferior a la cabeza pero con el cuerpo alineado, estaremos utilizando la posición de Antitrendelenburg, que suele utilizarse para las situaciones en las que conviene disminuir la presión IntraCraneal del paciente evitando articular su columna.

Otra posición que nunca debemos olvidar es la que mantiene a los pacientes sentados, nosotros trasladamos a un gran número de pacientes con patologías cardiorespiratorias, cuyo signo más angustioso es la disnea y el aumento del trabajo respiratorio, para intentar disminuir esta sensación de ahogo, además del tratamiento oportuno de su enfermedad, debemos utilizar una posición que mantenga al individuo sentado totalmente para mejorar su capacidad ventilatoria, mejorando y facilitando los movimiento s de su tórax.

Las posiciones de traslado son importantes para determinadas enfermedades a continuación se presentan las más habituales.

Posición de traslado

Situación del paciente

Decúbito supino

Semiincorporado (30º)



Posición standard, pacientes sin alteraciones, respiratorias, cardiológicas ni neurológicas

Decúbito supino incorporado

o Fowler (45º a 90º)



Alteraciones respiratorias de origen pulmonar

Sentado con piernas colgando

ICC y EAP

Decúbito supino horizontal , alineando cabeza y tronco

Politraumatizados, alteraciones CV, patologías espinales o hipoTA al levantar cabeza y tronco

Trendelenburg

Hipotensión y Shock

Antitrendelenburg

Patologías con aumento de PIC

Decúbito lateral izquierdo

Embarazadas, lesiones en hemicuerpo contrario.

Genupectoral

Prolapso de cordón umbilical, parto en curso, con coronación.

Seguridad

Disminución del nivel de conciencia sin posibilidad de aislar la vía aérea

En cuanto a la conducción durante el traslado para poder minimizar las alteraciones provocadas por el movimiento, debería ser la siguiente forma:



  • Suave, sin alteraciones.

  • Constante en cuanto a velocidad.

  • Capacidad para mantener los cuidados ya iniciados.

  • La velocidad de elección si el estado del enfermo lo permite debe ser de moderada a lenta.

  • Adecuarse a las normas de circulación.

  • Evitar en lo posible los cambios bruscos de velocidad y tirones (aumenta las aceleraciones y las vibraciones, y el riesgo de lesión por caída de material).

  • Comunicación fluida entre el equipo y el conductor y entre el vehículo y el centro receptor y el centro coordinador.

  • Se deben realizar correctamente señalizadas las paradas imprescindibles para realizar tratamientos (técnicas, masajes, cambios de posición, etc.) al enfermo.

  • Se debe utilizar toda la gama de luces de aviso durante el traslado.

  • Utilizaremos las señales acústicas sólo cuando resulte necesario.

  • Utilizar rutas con poco tráfico para tener menos deceleraciones.

  • Si se traslada a pacientes de alto riesgo por zonas urbanas o con alta densidad de tráfico, se debe solicitar escolta policial.

Cuando lleguemos al hospital, es imprescindible como ya se ha dicho trasladar la información que tenemos sobre el enfermo al personal que le seguirá atendiendo. Para ello debemos realizar un preaviso en el caso de pacientes graves para que los sistemas del hospital se encuentren preparados a nuestra llegada (IAM, politraumatizados, paradas, etc.), tras ello dirigiremos al paciente junto con el personal hospitalario hasta el lugar de asistencia definitivo o que se indique (REA, UVI, observación, etc.), dando toda la información de forma verbal y entregando los registros en los la hemos escrito de forma clara y concisa para facilitar el trabajo hospitalario.

Tras ello limpiaremos nuestro material y repondremos el gastado para recuperar la operatividad del equipo de forma rápida.






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