Sesión II. Curso 2006-07



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Sesión II. Curso 2006-07.

Como dije en la clase anterior, vamos a utilizar una distinción cronológica en la obra de Freud, que a mí me parece que es de primera importancia, seguramente puedan utilizarse otras y se han utilizado. Esta tiene, sin embargo, una importancia fundamental. Señala al momento crítico que es el año 1897, en que como vamos a ver en la clase de hoy, Freud ya ha desarrollado lo que podemos llamar la teoría de la represión anterior a ese año y ese año va a tener lugar lo que llamamos la refundición propiamente psicoanalítica de la teoría de la represión, que es el momento – como expuse en la clase anterior y ahora meramente menciono – en que va a entender que lo que hasta el momento ha entendido como el origen o la fuente etiológica de las neurosis que es la escena de la seducción en la infancia, no ha tenido lugar, que no es necesario que haya tenido lugar porque basta con que la persona haya fantaseado con ella. Esto que pudiera parecer trivial o insignificante, es decisivo porque introduce una escala enteramente nueva a partir de la cual la obra de Freud ya no es una mera psicología, es toda una antropología general muy singular acerca de la condición humana.

Lo que vamos a hacer en la clase de hoy es presentar el desarrollo de la obra freudiana hasta ese momento. Hasta el momento antes de que Freud introduzca esta transformación de su pensamiento, es decir, lo que vamos a hacer es presentar, lo que podríamos llamar la primera teoría freudiana de la represión. Anterior como digo a eso que he llamado la refundición psicoanalítica y esto sin perjuicio de que ya Freud el término “psicoanálisis” lo está usando desde un año antes, desde 1896. Pero lo que podemos llamar el psicoanálisis propiamente freudiano, en tanto que implica todo una teoría general o una antropología de la condición humana, singularísima, por lo demás, tiene lugar a partir de esa introducción de la idea de fantasía desiderativa originaria para entender la escena de la seducción.

Por tanto, lo que voy a hacer en la clase de hoy es llegar hasta ese punto pero sin entrar en él, es decir, presentar la primera teoría freudiana de la represión, es decir, los componentes de la teoría freudiana de la represión anteriores a ese punto crítico.

Ahora bien, a su vez lo que podemos considerar la teoría freudiana primera de la represión, tiene dos fases. Una primera en la que Freud empieza a desarrollar la teoría al compás y en colaboración con un médico vienés de la época, Joseph Breuer, y es lo que podemos llamar la inicial teoría de la represión de Breuer y Freud, incluso de algún modo más de Breuer que de Freud, porque veremos que arranca a partir de un tratamiento que lleva a cabo Breuer con una paciente, la famosa Anna O., pero la cosa es que Freud, que inicialmente empieza a esbozar la teoría de la represión con este colega suyo, vienés, poco a poco va despegándose de él, va desprendiéndose de la tutela de Breuer y va, a partir precisamente del caso que ha trabajado junto con Breuer, el caso de Anna O. va ya… pone su propio despacho, su propio despacho de atención médica, psicológica, y va a desarrollar una teoría de la represión que cada vez es más suya y ya no depende de la inicial relación con Breuer, y que es justamente el segundo momento tras esta primera fase, lo que ya podríamos llamar el primer desarrollo freudiano de la teoría de la represión. Esto tiene una serie de hitos cronológicos que yo aquí voy a seguir, no por una mera cuestión doxográfica o erudita, sino para que se vayan viendo efectivamente las transformaciones en la teoría y en la práctica, como vamos a ver.

Es decir, lo que voy a hacer es presentarles a Uds. la secuencia, la serie, con los distintos hitos y datos biográfico clínicos a través de los cuales Freud, primero en colaboración con J. Breuer desde 1882 hasta aproximadamente 1885, Freud empieza a desarrollar el núcleo o la prehistoria de la teoría de represión con Breuer, y después a partir de 1885 y sobre todo a partir de 1889 hasta 1897 es ya cuando Freud despegándose paulatinamente de Breuer y en base a las experiencias clínicas de su propia consulta, empieza a desarrollar la que podríamos llamar la primera teoría propiamente freudiana de la represión pero que aún no es la que va resultar de la transformación que tiene lugar, en la teoría y en la práctica, a partir de 1897.

Vamos a ver los hitos fundamentales del invento y sobre todo el contenido de las ideas y las prácticas que aquí van desarrollándose, y al compás de esta exposición de la serie iremos haciendo alguna que otra referencia bibliográfica que pueda irles resultando de algún interés a aquellos que quieran ir entrando en este mundo.

Nos colocamos al principio. Quiero seguir una estrategia narrativa que parece casi obligada cuando uno trata de cuestiones psicológicas. Nos colocamos a principio de los años 80 del siglo XIX en que tenemos a un joven Freud, que ha nacido en 1856, por tanto tenemos a un hombre de unos 26 o 27 años, licenciado en medicina y que está ya realizando su doctorado ni más ni menos que con E. Bürcke, que junto con Helmholtz y Du Bois-Reymond acaban de formar el pacto anti-vitalista, para darle un giro lo más mecanicista y cientificista posible a la biología de manera que ahí apenas se diría que estaba gestándose el psicoanálisis. Trabaja con Brücke en el ámbito de la histología del sistema nervioso, se está doctorando con él, además aconsejado por su tutor, por el director de su tesis, asume una plaza de psiquiatra residente. No debía ver Brücke muy clara la vocación científico histológica de Freud, si bien también le mueven intereses económicos.



Tenemos ya una persona que está empezando a tratar enfermedades que en la época se llamaban (más bien indistintamente) enfermedades mentales o enfermedades nerviosas. Solían llamarse antes enfermedades nerviosas. Trataré de ser lo más esquemático posible, lo que no es nada fácil porque sobre todo hablando de cuestiones psicológicas, lo que pudieran parecer las determinaciones de detalle empiezan a consistir en la substancia misma. Trabaja de psiquiatra residente, tratando enfermedades psicológicas, nerviosas o mentales, todavía en la mayor parte de las facultades de medicina de la época, la que luego se llamará psiquiatría, ya entonces empezaba a llamarse así, era una apartado de la medicina interna por eso recibían el nombre de enfermedades nerviosas. Pero en todo caso Freud empieza ya a destacar por inclinarse hacia una concepción, según dice el tópico, una concepción “funcional” y no “orgánica” de la enfermedad mental. Conceptos que también son muy equívocos, pero para atenerme ahora a lo que en su contexto fundamentalmente significaban, una concepción según la cual las alteraciones características de la sintomatología de las enfermedades mentales o nerviosas en lugar de ser vistas como explicables o debidas a alguna alteración identificable y localizable de orden orgánico, morfológico o fisiológico y, sobre todo, se suponía, de orden nervioso, Freud empieza a verlas más bien como teniendo un curso etiológico derivado de conflictos difícilmente resueltos, no bien resueltos en la vida de los individuos, y esto es lo que se entendía como concepción “funcional” frente a concepción orgánica de la enfermedad mental. Una concepción que pone el origen de la enfermedad, su causa patógena, en conflictos biográficos más que en lesiones localizables en alguna zona de la morfología o la fisiología orgánica. ((Es decir: se trata de localizar la “función” en el plano “conductual”, o mejor de la acción humana significativa o intencional (influencia de Brentano; Freud había seguido de joven los seminarios de Brentano en Viena), puesto que también hay “funciones fisiológicas”, y éste es el equívoco de la oposición “funcional”/”orgánico”)). En este contexto, en que tenemos ya un Freud, inclinado – frente a la mayoría del cuerpo médico de la época – hacia una concepción funcional y no orgánica de la enfermedad mental, es el momento en que Freud establece contacto con el médico vienés Joseph Breuer, contacto que podemos considerar que es la raíz última de la prehistoria del psicoanálisis, porque aquí es donde va a tomar contacto con un tipo de tratamiento que Breuer está haciendo a un tipo de paciente muy especial ¿por qué? Porque Joseph Breuer se ha atrevido… es un hombre mayor que Freud, es un hombre que tiene importancia o relevancia médica entre las clases acomodadas vienesas, y se ha atrevido a tratar, de un modo tentativo, mediante hipnosis a una paciente especialmente resistente al tratamiento de los síntomas con los que inicialmente se ha presentado a la consulta.

Ahora bien, J. Breuer no era un médico de los que ya, a la sazón los había, de los que usasen la hipnoterapia o el tratamiento mediante hipnosis de una manera sistemática ni habitual, todo lo contrario, lo que pasa es que a la vista del carácter especial de los síntomas de la paciente y de la resistencia que muestra a los tratamientos convencionales, pues de una manera tentativa y como por ensayo, y si Uds. quieren informal y ocasional, ensaya el método hipnótico a ver si por ahí da resultado el tratamiento. Pero no porque Breuer sea del tipo de médicos que estaban usando ya de manera más sistemática la hipnosis.

Y bien, como ésta es la primera vez que aparece aquí la palabra “hipnosis” que es, como vamos a ir viendo, uno de los lugares críticos acerca de los cuales yo quiero organizar este curso, porque este curso quiere también comprometerse con una determinada interpretación de la hipnosis, quiere ofrecer una idea comprometida – cosa que por cierto forma parte del ambiente misterioso de la hipnosis el que los propios médicos nunca se determinan bien acerca de qué es, verdad, - entonces aquí tengo que hacer una primera anotación acerca de qué era eso de la hipnosis a finales del siglo XIX. Una primera, sólo una primera, en su momento quizá vaya dando alguna bibliografía al respecto.

En efecto, Joseph Breuer no utilizaba la hipnosis, un médico de medicina general, de éxito, con su consulta privada, en el ámbito vienés de fin de siglo, y se pone a usar la hipnosis un poco tentativa u ocasionalmente a ver qué pasa. Pero lo cierto es que la hipnosis ya en las última décadas del XIX está ocupando cada vez más la atención de los médicos y siempre rodeada de una suerte de halo de misterio, a la vez que de un halo de precaución, de rechazo o de distancia. Ya aquí tenemos una primera ambivalencia, como Uds. van a ver la historia del pensamiento y la práctica psicoanalítica está llena de ambivalencias constitutivas que vamos a tratar de detectar en qué consisten.

Ya la mayor parte del cuerpo médico, por lo demás muy corporativo, veían la hipnosis con enorme recelo o mucha distancia, más o menos como un engaño (una posible estafa, un fraude) o, en todo caso, algo que no estaba controlado en su propio proceder técnico, que a veces resultaban allí algunos éxitos terapéuticos, a veces no, pero que en todo caso estaba envuelta mayoritariamente en un halo de rechazo o de distancia que en los casos más críticos asumía la idea de que aquello era un engaño, una farsa o una impostura. Pero por parte de una minoría que, por lo que suele ocurrir en abstracto con las minorías, empezaba a tomar cierto relieve, que tienen ese encanto de la rebeldía, desde luego una rebeldía enteramente abstracta porque se trata de ver cuál es el asunto para ponerse de acuerdo con él o no. En todo caso tenía un cierto halo de interés o de misterio y por eso de atractivo, porque ciertos médicos lo utilizaban cada vez más e insistían en que allí no había estafa, impostura, sino que por el contrario había técnicas controlables, con protocolos controlables, y además se iban proponiendo como desde entonces hasta ahora, sólo que entonces de una manera más descontrolada aún, interpretaciones o explicaciones hipotéticas, presuntamente neurológicas, de aquello que acontecería durante la hipnosis. En todo caso la hipnosis sería algo controlado, sujeto a protocolos, una técnica conductual diríamos hoy, sujeta a protocolos y que además tendría – antes o después – una explicación neurológica, que ya algunos como Charcot se permitían el lujo de dar, se permitían el lujo, como digo, porque desde luego no estaban las correlaciones establecidas.

En todo caso algunos médicos la usaban, y ¿qué es lo que hacían? Lo primera que hay que empezar a ver aquí es que no se puede hacer una descripción neutral porque ya al hacerla estamos tomando un punto de vista u otro. Entonces de momento por razones expositivas, voy a fingir que hago una exposición lo más neutral posible que, naturalmente Uds. irán viendo que no lo es de ninguna manera; porque lo que de ningún modo quisiera es dejar la cosa sumida en la indeterminada equidistancia en la que muchos psicólogos dejan la hipnosis, y no digamos ya si se trata de historiadores de la medicina y de la hipnosis en especial.

De momento, sin embargo, voy a fingir neutralidad para decir lo siguiente: en efecto, había algunos médicos que habían empezado a comprobar que ciertos síntomas, ciertas disfunciones somáticas, parecían experimentar una curación o, al menos, una mejora o un alivio cuando la persona era, una vez en estado de hipnosis, inducida a que desaparecieran los síntomas. Es decir, cuando a la persona se le daban instrucciones, lo que se llamaba el “mandato” (directo) de que esos síntomas debían desaparecer. Y bien ¿qué era la hipnosis? Pues fingiendo de momento una descripción neutral que no puedo asumir diré que la hipnosis era un protocolo por el cual se hacía, lo primero, que el paciente concentrara la atención en alguna situación, algún estímulo, que podía ser un péndulo (o algún otro objeto) pero, normalmente, era la propia persona del terapeuta, por ejemplo, “míreme Ud. a los ojos”. Se suponía que entonces, fijando o concentrando la atención de este modo, empezaba a manifestarse allí, segunda fase, una especie de disociación o escisión de la conciencia, en principio alerta o normal del individuo. O mejor, antecedía un relajamiento o un estado de pérdida de la tensión, y con ello un cierto abandono de la conciencia alerta, un estado hipnoide, hipnosis procede de “hipnos” que significa “sueño”. Un estado semejante al de somnolencia, en el cual se suponía que la persona empezaba a experimentar una escisión o disociación de la conciencia que le iba permitiendo, por un lado, una ampliación de la conciencia respecto de contenidos ideacionales, mentales, que inicialmente no tenía presentes, a la vez que, por otro lado, una suerte de abandono o desatención de la vigilancia consciente ordinaria respecto de dichos contenidos mentales a los que la conciencia ampliada estaba accediendo. (((1) fijación de la atención; (2) relajación/somnolencia y (3) disociación de la conciencia que por un lado la amplia respecto de contenidos inicialmente no presentes y que por otro supone una desatención de la vigilancia consciente ordinaria respecto de dichos contenidos)). Entonces, en semejante estado escindido o disociativo aparecía una cierta disponibilidad por parte del hipnotizado a recibir y asumir instrucciones o, como también se dirá, sugestiones o sugerencias, a recibir instrucciones. Por ejemplo, “las contracturas que Ud. padece no tienen en realidad importancia alguna”, “Ud. no tiene ningún problema en los riñones, no tienen por qué dolerle”, o “Ud. en realidad no tiene ningún problema con la lactancia de su hijo y podrá criarle perfectamente” …

Y, al parecer, en efecto, una vez que el individuo recuperaba la conciencia normal u ordinaria, muchas veces, o al menos algunas veces, en todo caso las suficientes veces como para que pareciera que merecía la pena seguir probando, se experimentaba o una desaparición, o, al menos, un alivio de los síntomas. De esta suerte, cada vez empezaba a creerse más en la posibilidad de que muchos o siquiera algunos de los síntomas, es decir, de las disfunciones somáticas con las que la persona asistía a la consulta, lejos de ser el resultado de afecciones orgánicas estrictas, lejos de ser el resultado de disfunciones morfológicas o fisiológicas identificables o localizables, fueran el resultado de “fijaciones” somáticas o somatizaciones con las que la persona se presentaba en la consulta y que pudieran ser susceptibles de ser eliminadas por instrucción directa en estado de hipnosis. Pero también podía ocurrir, cuando estas fijaciones no desaparecían, o no desaparecían de todo porque volvían a aparecer poco después, que no sirviera la mera instrucción directa, y ello en la medida en que estas somatizaciones de algún modo expresaran algo más de fondo, conflictos biográficos difícilmente resueltos o difícilmente llevaderos de la persona, de modo que fuera necesario, de nuevo en estado de hipnosis, que la persona alcanzara a recordar estos conflictos, en cuyo caso entonces pudieran por fin desaparecer los síntomas que de este modo estaban en lugar de los conflictos no resueltos. Ahora los síntomas con los que inicialmente se presenta en la consulta el paciente, lejos de ser verdaderas afecciones morfológicas o fisiológicas localizables, más bien parecían recubrir la propia zona orgánica que podría haberse lesionado en caso de una lesión efectiva ((ver, por ejemplo, al respecto el trabajo temprano de Freud Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, de 1893)), y ello de modo que dicha somatización estuviera expresando, de una manera obscura, dificultades o conflictos mal llevados o por resolver a lo largo de la vida, y que estos síntomas fueran por tanto de origen biográfico, de tal suerte que en el lugar del conflicto no resuelto estuviese la manifestación sintomática del mismo, esa manifestación que algunas veces, pero seguramente las menos, desaparecía por instrucción directa en estado de hipnosis. Esto es lo que ya comenzaban a descubrir algunos médicos de la época.

Antes del 90 Freud ya está usando este método hipnótico y además bajo la forma del mandato directo. Simplemente como ejemplo, en una obra del 92, de los primeros textos de Freud, que se llama justamente así Un caso de curación hipnótica podemos leer lo siguiente… todavía no es un caso de la complejidad de las histéricas-tipo posteriores, se trata de una paciente de los casos clínicos que aparece ya en los estudios de Freud con Breuer sobre la histeria, uno de los casos clínicos que Freud constata, y que al parecer tras haber tenido un primer hijo y a raíz de tener el segundo se encuentra con sensaciones angustiosas de que no puede amamantar al hijo, porque está muy enferma y además la persona tiene, en efecto, la sensación correspondiente a lo que podría ser también una enfermedad de origen orgánico y no psicológico. Dice Freud:
“en el acto intenté producir la hipnosis, haciendo fijar a la paciente sus ojos en los míos (se lo leo para que vean Uds. el protocolo de hipnotización) y sugiriéndole los síntomas del sueño (ya hasta el sueño es sugerido, no es sólo en estado hipnótico cuando vienen las sugerencias, ya hasta para entrar en la hipnosis se lo sugiere). A los tres minutos yacía la enferma en su lecho con la tranquila expresión de un profundo reposo, sirviéndome entonces de la sugestión para contradecir todos sus temores y todas las sensaciones en las que dichos temores se fundaban: “no tenga Ud. miedo”, “será Ud. una excelente nodriza y el niño se criará divinamente. Su estómago marcha muy bien, tiene Ud. un gran apetito y está deseando comer” etc. La enferma continuó durmiendo cuando la abandoné breves instantes, y al despertarla mostró una total amnesia con respecto a lo sucedido durante la hipnosis.” (Freud. I. pág. 23)

Luego, sigue diciendo Freud, que en efecto bastaron dos sesiones más para que desparecieran todos los síntomas y esta mujer pudiera dar de mamar normalmente a su hijo. Simplemente como una primera referencia al protocolo. Qué era la hipnosis, pues algo parecido a esto: inducir a la persona un estado de somnolencia o relajación que al aparecer le abría paso a una disociación de la conciencia entre en un estado especialmente receptivo y un abandono o ignorancia justamente respecto de dicho estado, de modo que dicho estado receptivo se hacía susceptible de recibir mandatos o instrucciones relativas a los síntomas con los que se presentaba en la consulta, los cuales mandatos a veces tenía el efecto de una mejora o un alivio y a veces incluso una desaparición de los síntomas.

En este contexto es en el que muchos médicos empiezan a pensar que efectivamente estos síntomas, más que responder a una lesión localizable, morfológica o fisiológica, eran más bien una somatización de conflictos y, por tanto, que la etiología de estos síntomas había que empezar a buscarla en la biografía de la persona, en los contenidos significativos de la vida de la persona y no, como por ejemplo en el caso de la señora del ejemplo, en su sistema digestivo.

En este contexto, volvemos a Breuer, y de momento no quiero decir nada de Charcot, de Bernheim o de Liébeault, los tres grandes magos (maestros, o sea, sí, magos) de la hipnosis de la Europa de la época. Volvemos a Breuer, que en este contexto usa tentativamente u ocasionalmente la hipnosis, él no es una persona que esté formada en los protocolos de la hipnosis, pero como médico está al tanto de lo que se está haciendo. Entonces, como Anna O. (Bertha Pappenheim) era una paciente, que se había presentado en la consulta con todo un cuadro sintomático florido, con una enorme floración de síntomas que pudiera ser neuróticos o histéricos, sobre todo se usaba el concepto de histeria para referirse a la enfermedad mental o nerviosa cuya etiología estaría en los problemas del individuo más que en los problemas localizables, entonces, como quiera que Anna O. parecía que era posible que sus síntomas pudieran tener una causa histérica y sus síntomas resistían a cualquier tratamiento, pues entonces, tentativamente, Joseph Breuer empezó allí a probar con la hipnosis.



Por lo que toca a los síntomas el muestrario es inmenso, verdad, es un escaparate florido y además, cuando lo escudriñamos, va tomando ciertas morfologías susceptibles de tipologizarse según el contexto social y cultural. Luego quizás haga alguna alusión a este libro, un extracto de las charlas de los martes de Charcot sobre la histeria.

Los síntomas podían ser muy floridos, como digo, contracturas musculares, parálisis, anestesias, cefaleas, disneas, temblores incontrolados, convulsiones, falta de apetito, toda suerte de molestias gástricas o cardíacas, cansancios y debilidades inexplicables… y Anna O, iba más bien completita, y Breuer ve qué se puede hacer mediante la hipnosis y empieza a descubrir algo que empieza a ser un punto más interesante de lo que de momento imaginaba, y se lo consulta a Freud y Freud se interesa inmediatamente. Es el primer contacto, año 1882, del joven médico Freud con Joseph Breuer. Y lo que Breuer le comunica a Freud es que, en estado hipnótico, no funcionaba con Anna O. la instrucción o el mandato directo, como hemos visto que a veces funcionaban en algunos casos, sino que más bien era la propia paciente la que se mostraba con una especial disposición a hablar, por supuesto en estado hipnótico. Un hablar que es más bien como un susurro, y un hablar de recuerdos de su vida, parecía que la propia paciente tenía una disposición a hablar de recuerdos de su vida, cuyos contenidos ideacionales tenían siempre que ver con conflictos morales y emocionales que, desde luego, ocurría que luego no recordaba después de la hipnosis, y además de tal suerte que en la medida en que hablaba de ellos y abundaba más en ellos, esto parecía ir correlacionando con la correlativa desaparición o, al menos alivio, de los síntomas. Esta es la primera experiencia fundamental que hace Breuer, él inicialmente, insito, va a probar la hipnosis al objeto de, mediante el mandato o instrucción directa, intentar eliminar los síntomas. Pero no lo consigue por mandato directo, sino que se encuentra con que sólo lo va consiguiendo cuando permite que la paciente haga lo que justamente ésta se muestra especialmente dispuesta a hacer en estado hipnótico, que es, permítanme la expresión, desembuchar, o ir soltando, ir hablando de contenidos ideacionales, de sus recuerdos, que precisamente tenían que ver con episodios dramáticos, difíciles, emocional y moralmente conflictivos de su vida, episodios que al parecer no tenía presentes en la conciencia antes de la hipnosis y que después de las sesiones hipnóticas vuelve a no recordar, pero de tal suerte que según iba accediendo a ellos en estado hipnótico parece que iban correlativamente desapareciendo o al menos aliviándose los síntomas. Entonces, aquí Freud ya ve la posibilidad de dar un paso más allá de lo que es el mero uso hipnoterapéutico de la instrucción directa, porque ahora no se trata meramente de dar instrucciones al paciente, sino ir esperando que éste vaya recordando contenidos conflictivos emocionales en cuyo lugar estás precisamente los síntomas para que dichos recuerdos, según afloran, vayan haciendo desaparecer correlativamente los síntomas. Este es, por así decir, la piedra angular, el núcleo, el germen de la teoría de la represión en su conjunto, y ya de la primera o inicial teoría de la represión que empiezan a elaborar conjuntamente Breuer y Freud. Al parecer en estado hipnótico Anna O. llegó a recordar una situación calamitosa desde el punto de vista moral para ella, según parece siendo moza, y además es una chica de la buena sociedad, en el inicio de la adolescencia en que la norma o protocolo social es la puesta en sociedad de estas chicas, un momento en que está establecido en su clase o contexto social o cultural, el coqueteo, la presentación en sociedad y por tanto la relación de seducción con los muchachos, pues entonces esta joven fue sometida a una situación difícil que es la de que el padre estaba muy enfermo y la familia decidió que cuidara al padre y entonces la chica… justo en el inicio de la adolescencia no pudo disfrutar de una vida normal de una chica de su contexto cultural sino que se vio sometida a la esclavitud o la rémora de tener que cuidar del padre, al cual por lo demás adoraba, en todo momento decía que lo adoraba, pero parece que le fue pesando cada vez más la tarea de tener que atenderlo y, al parecer, en algún momento y bajo hipnosis al parecer le dijo a Breuer, que ya harta de la situación, pero totalmente harta, había deseado vivamente que, de una vez, su padre muriera. Cosa que naturalmente no había dicho nunca antes, ni por supuesto recordaba tras la hipnosis, pero en el momento en que lo confiesa en ese momento desaparece la ceguera funcional que era uno de los síntomas con los que iba armada a la consulta, con los que iba compuesta ((Sí: el cuadro sintomático “arma” o “compone” defensivamente los traumas del individuo; recuérdese, por ejemplo, la “coraza caracteriológica” de W. Reich)). En el momento en que por confiesa haber deseado no volver a “verle” jamás, y entonces Breuer, le pregunta qué quiere decir y confiesa su deseo de que se muriera, en ese momento desaparece la ceguera funcional.

Entonces lo que Breuer y Freud empiezan a notar es que hay una relación, y significativa o simbólica, semiótica o hermenéutica, susceptible de ser interpretada, entre los síntomas o las disfunciones somáticas, en principio, luego los síntomas se van complicando muchísimo pero, en principio, las disfunciones somáticas con las que el paciente, por lo general las pacientes, se presentan a la conducta y los episodios de su vida, de su biografía real que suponen un conflicto emocional y moral tal que, precisamente, debido al carácter insoportable de este episodio, han quedado reprimidos (se trata, en efecto, de “conflictos irresueltos”, de contenido inevitablemente moral y dotados de una especial carga emocional). Empieza a aparecer la palabra “represión”. Reprimir es relegar a la ausencia de la conciencia, episodios biográficos que por su contenido son intolerables o difícilmente soportables para la conciencia del individuo, por ejemplo, el deseo de la muerte del propio padre. Quedan reprimidos al inconsciente, inconsciente es aquí un concepto, de nuevo, (al comienzo) enteramente funcional, inconsciente es un concepto que sirve para remitir al hecho de que quedan relegados a una zona que no está accesible inmediatamente a la conciencia normal o alerta del individuo, quedan relegados por su carácter estimativamente insoportable y por ello reprimidos, pero – atención – permanecen activos, es decir, que lo que se reprime, que siempre es algún contenido ideacional, después se llamará representación y carga afectiva o energía impulsiva afectiva, permanece reprimido pero no suprimido porque el contenido y la carga permanecen activos, latentes, empezará a decir Freud, y por tanto pujando una y otra vez por salir, es decir, por volver a manifestarse a la conciencia, sólo que manifestándose ya de una forma que expresa a la vez que deforma el contenido reprimido, es decir, como una manifestación sustitutiva del contenido reprimido. Y esa manifestación sustitutiva es justamente el síntoma. De tal manera que, entonces, vean Uds., allí donde un contenido ideacional de la biografía del individuo, estimativamente insoportable o difícilmente tolerable haya, por esta razón, quedado relegado a una zona no presente conscientemente, pero que – sin embargo – permanece activo, puja por manifestarse bajo la forma del síntoma, es decir, por una forma que expresa a la vez que deforma, reviste deformando, expresa a la vez que deforma, “convierte” – dirá Freud – su primer modelo será lo que llame las “neurosis” de la “histeria de conversión”, pero expresa el contenido.

Ahora bien, un matiz. Aunque se habla de conflictos emocionales, no olviden Uds. que estos conflictos emocionales son totalmente estimativos, sin duda, estimativo-emocionales, siempre implican una valoración o una estimación moral, no olviden Uds. que estos contenidos ideacionales o mentales o estas representaciones patógenas son contenidos o episodios o vicisitudes de la vida del individuo, a los que el individuo somete inexorablemente a valoración, estimativamente significativos para él, es decir, que son episodios ya valorados y valorados además como insoportables. Esta es la cuestión. Es decir, que si se genera un conflicto emocional es justamente por la estimación o por la valoración que lo hace difícilmente soportable. Aquí lo difícilmente soportable es que lo que estoy deseando es que, de una vez, se muera mi padre; esta es la cuestión. No hubiera producido el mismo conflicto emocional el que deseara que de una vez se muriera la avispa que me está molestando, ¿lo ven?.

Entonces, ésta es la primera pieza, el primer bucle, porque ahora – efectivamente – lo que se empieza a descubrir es que en la hipnosis la persona tiende a expresarse y a expresarse recordando justamente esos contenidos que por ser estimativamente insoportables han sido relegados al inconsciente, o sea esos contenidos que se manifiestan como síntomas, es decir, como sustituciones suyas que los expresan y deforman, y tal que en el momento mismo en que los reviven parece que esta reviviscencia correlaciona con la desaparición o, al menos, con el alivio de los síntomas. Hay así, pues, una relación genética y significativa de expresión a la vez que de ocultamiento, una relación sustitutiva de expresión-ocultación entre el síntoma y el contenido reprimido. Esta es la piedra angular: la idea de una represión sintomáticamente sustituida.

Es muy interesante el hecho de que además, y es un dato que hay que considerar con más detenimiento, fuera la propia Anna O. la que en estado hipnótico, le fue sugiriendo a Breuer la propia pauta, la propia pista, verdad, del tratamiento y del descubrimiento. Esta es ya la primera colaboración de los pacientes, lo digo porque después iremos abundando en esta idea. Fue la propia Anna O. la que, primero, se resistía a ser despertada porque quería hablar, y una vez que habló y fue viendo la eficacia del método, fue la propia Anna O. la que conceptuó, o por lo menos dio con los términos de lo que estaba ocurriendo, fue Anna O. la que dijo que era un método de “cura por la palabra”, lo que ha quedado como sintagma clave. Fue ella también la que formuló lo que luego con apariencia mucho más científica se llamaría catarsis, cuando dijo que le estaban haciendo una “limpieza de la chimenea”. Una deshollinación, que luego llaman catarsis, que, en realidad, es esto, un destaponamiento, una descompresión, porque allí los contenidos estaban reprimidos pero no suprimidos, porque permanecían activos, latentes, manifestándose sustitutivamente como síntomas y en cuanto la persona los recordaba y los vivenciaba experimentaba un notable alivio ya en estado hipnótico y después el alivio de los síntomas. Y además notaban que en el contexto mismo de estar recordando los contenidos bajo hipnosis, la persona se recreaba en cierto modo en ellos, es decir, que necesitaba revivirlos, de alguna manera recrearlos y satisfacerlos, es decir, llegar de algún modo a soportar su satisfacción, y entonces esa reviviscencia es la que permitía ya el esclarecimiento o la interpretación, y con ésta el menos el comienzo de la curación. Es decir, la persona “mediante la palabra” tenía que recordar, revivir y recrear lo que había ocurrido, y mientras más abundaba recreando en estado hipnótico lo que la conciencia normal en modo alguno, en estado consciente normal, en modo alguno hubiera consentido, más alivio mostraba. Era como si hubiera que decir no una, sino dos veces, que ya estaba harta de que siguiera viviendo y deseaba su muerte, “se lo voy a repetir y me lo voy a repetir no una sino dos veces para que lo sepa y para que yo misma lo acepte de una vez: sí, deseé su muerte”, y esto mismo ya la aliviaba. Éste es el arranque.

A partir de aquí Freud va a ir recorriendo un camino cada vez más por su cuenta, que la va a llevar al psicoanálisis, y (se trata de) un camino que Breuer (a partir de cierto punto) no quiere ya recorrer. Es importante ver cuáles son los pasos de este camino tanto en cuanto que Freud los va dando, como en cuanto que Breuer no los quiere dar. Antes de entrar en la cuestión de las reservas que hacen que Breuer no quiera seguir ese camino, cuestión crítica… Freud se empieza a manifestar aquí como el Príncipe de los Psicólogos, o al menos de los psicoterapeutas, pero Breuer no estaba por la labor de seguir justamente por ese camino.



Antes de esto, consideremos dos visitas que Freud hace ya movido por el interés que está teniendo la experiencia con Anna O. Dos visitas a los dos centros de Europa donde se está trabajando sistemáticamente con la hipnosis, la primera es en 1885. Ha contactado con Charcot en el 82, en 1885 Freud va a París, a La Salpêtrière, donde como maestro absoluto de ceremonias está, ni más ni menos, que el doctor Charcot, verdad, que este sí, está aplicando sistemáticamente la hipnoterapia a las histéricas. Me gustaría dedicar una clase a Charcot, pero lo consideraré muy sucintamente al objeto de que vean qué es aquello que de Charcot interesa a Freud, precisamente en la línea en la que Freud ya va orientado. Freud va justamente buscando en Charcot algo, eso que ha empezado a conocer o a entender a raíz del tratamiento en que se han visto inmersos Breuer y él con la Srta. Anna O1.

En dos palabras, voy a tratar de resumir lo que hacía Charcot, también aquí es muy difícil fingir una posición neutra, pero yo aquí voy a seguir fingiéndola. ¿Qué está haciendo aquí Charcot? Era célebre en Europa, su clínica era un lugar de reclamo de la aristocracia y la alta burguesía desde Rusia a Gran Bretaña, yo casi me atrevería a decir que entre las damas de la alta sociedad no haber pasado una temporada tratándose con Charcot era como no veranear en Saint-Tropez en la Costa Azul, era como hacerse de menos, verdad. Si uno tenía cierto nivel tenía que haber pasado una temporadita en la clínica de Charcot. Esto es muy importante. Entonces, qué hacía aquí Charcot. Estaba practicando entonces la hipnoterapia en el tratamiento de la histeria pero, fíjense, con cierta circularidad, porque empiezan a definirse como histéricas aquellas personas o aquellos síntomas que son susceptibles de tratarse por hipnosis y empieza a definirse a su vez la hipnosis como el tratamiento idóneo para entrar en la histeria y, de algún modo, intentar aliviarla. Esta es la cuestión, esta circularidad es muy interesante porque la vamos a ver ir cogiendo cuerpo y adquiriendo un radio de acción cada vez más largo, pero no por eso menos circular, a lo largo de toda la historia de la teoría de la represión. Y había ya una ambivalencia dentro de esta circularidad porque el propio Charcot reconocía y luego Freud y Breuer en sus escritos en común sobre la histeria de 1895. En el 95 Freud y Breuer todavía publican Estudios sobre la histeria que refleja sus colaboraciones, aunque ya en los 90 Freud de hecho se estaba separando. Aquí los dos se hacen cargo de la idea que Freud ha aprendido de Charcot, de que la propia histeria es un estado hipnótico, o – mejor – que para que se manifieste en su plenitud se tiene que manifestar en estado hipnoide y que la mejor manera de acceder a la histeria y tratarla, era mediante la hipnosis. La histeria es ya un estado hipnoide y la hipnosis es el mejor modo de acceder a la histeria y tratarla. Solamente cuando la persona estaba en estado hipnoide era cuando podían manifestarse con mayor exhuberancia los estados histéricos, pero a la vez induciendo el estado hipnoide era cuando podía llegarse a dar instrucciones a la persona en el sentido de que cedieran los síntomas histéricos. En Charcot por tanto hay una suerte de circularidad ambivalente entre hipnosis e histeria, pero en Charcot todavía no está la idea que Freud está ya detectando desde su colaboración con Breuer, y es que la etiología de las manifestaciones histéricas tiene que ver con episodios de la vida, con contenidos que tienen sentido o significado en la vida biográfica. Charcot era mucho más “científico”, estaba más hacia atrás de lo que Freud va a hacer, porque pensaba que las personas histéricas eran personas con una disposición constitucional a la histeria por debilidad hereditaria del sistema nervioso. Charcot además lo teoretizaba o conceptuaba como una incapacidad del sistema nervioso para las “síntesis ideacional”. Vean Uds. que especie de puré pseudoexplicativo entre procesos neurológicos y, por decirlo así, procesos noéticos. Había ciertas personas que constitucional o hereditariamente tendrían ciertas dificultades neurológicas para mantener las síntesis eidéticas, y entonces tenían por eso tendencia a la escisión o a la disociación de los contenidos de conciencia, disociación de los contenidos de conciencia que era como se manifestaban todos los síntomas histéricos. Entonces los síntomas histéricos se presentaban en semejante estado de disociación, pero la hipnosis era la técnica mediante la cual el experto obraba la disociación. Y entonces, en realidad, tenerlas tratadas era simplemente comprobar mediante la hipnosis su tendencia o disposición a no mantener las síntesis, a relajar o abandonar la atención y entonces a manifestarse su presunta incapacidad constitutiva del sistema nervioso para mantener sintetizadas, o unidos, contenidos de la vida. Y entonces, vean Uds. que aquí ya la idea de síntesis y de escisión o de disociación está en el origen, conceptuada y no sólo nominada, de lo que después Freud va a llamar psicoanálisis. Porque, aunque a la altura de 1896, Freud ya en su La herencia y la etiología de las neurosis en que utiliza por vez primera el término psicoanálisis, Freud dice que toma el término de la química. La idea de síntesis y disociación está aprendida de Charcot, sólo que en Charcot todavía no está algo que Freud ya ha visto en Anna O. y es que la razón de la disociación o escisión es un conflicto estimativo emocional (precisamente no resuelto, y en esta medida no sintetizado), y no como pensaba Charcot una debilidad nerviosa constitucional. La tendencia a disociar, por tanto, y Freud ya lo está viendo, es por la insoportabilidad moral (del conflicto no resuelto), y no porque uno tenga el cerebro constitucionalmente reblandecido, y en efecto Freud está siendo muy fino, no olviden que les he dicho que Freud ya tiene, desde que ocupa su plaza de psiquiatra residente, una concepción funcional de la enfermedad nerviosa. Freud ya va desde el principio orientado por una idea: son contenidos con significado biográfico de la vida de la persona, que por su especial insoportabilidad moral, estimativa y a la vez (por lo mismo) emocional o afectiva, producen la disociación, quedan disociados de la consciencia en la inconsciencia y manifestados como síntomas, en esa inconsciencia a la que a su vez parece que sólo se accede cuando, en la hipnosis, el individuo disocia su conciencia entre un abandono de la atención y una ampliación respecto de aquello acerca de lo cual la atención se abandona. Entonces, lo que ve Freud en Charcot es que si está utilizando los conceptos de síntesis y disociación o análisis en función de no se qué debilidad nerviosa, aquí lo que en realidad pasa es otra cosa. Es que la persona no soporta ciertas cosas que le ocurren y disocia es decir reprime al inconsciente y substituye sintomáticamente y entonces la tarea es la de llegar a los contenidos mediante la hipnosis, porque en efecto Charcot mostraba que la propia histeria era ya un estado hipnoide y que la hipnosis servía para acceder a la histeria. Ya Freud se trae esto de París.



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