Sentencia número veintiuno (21)



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Todo lo hasta aquí expuesto, echa por tierra la posición exculpatoria del imputado, apoyada básicamente en que alguien trata injustamente de inculparlo.

Mención aparte merece el argumento de la defensa técnica, empleado en sus conclusiones, de que se ha quebrado la paridad de armas. Ello va de la mano con lo expresado por el inculpado al finalizar el debate, que no se ha podido defender adecuadamente. Para responder a esta cuestión, adviértase que se han generado varios incidentes en la causa -promovidos tanto por el acusado como por su abogado defensor- y que cada uno ha sido debidamente atendido, hasta ser revisados en casación por la Sala Penal de Tribunal de Justicia. De esta forma, cumplimentados los actos procesales previstos en el art. 361 del CPP, ofrecida y admitida la prueba (arts. 363, 364 del mismo cuerpo legal), se fijó fecha de juicio en tres oportunidades: 7 y 8/04/2016, 13 y 14/04/2016, y 30 y 31/05 y 01/06/2016 -habiendo comparecido incluso en las dos primeras oportunidades los testigos citados-. Cada una de estas ocasiones fue frustrada por las presentaciones del defensor, primero por cuestiones de salud, luego al plantear la extinción de la acción penal por conciliación (Expte. Ppal. SAC n° 2057873, resuelto mediante Sentencia n° 11 dictada por el TSJ el 13 de febrero de 2017, fs. 816/838), la recusación del Vocal Alejandro Weiss (incidente SAC n° 2777217, resuelto por la Sala Penal del T.S.J. mediante Auto N° 2 del 3 de febrero de 2017), y el cuestionamiento de las prórrogas de la prisión preventiva de su asistido (incidente SAC n° 3309821, en trámite ante la Sala Penal del Alto Cuerpo), sin contar la tramitación del habeas corpus ya analizado supra (incidente SAC n° 2862884, resuelto por Auto n° 516 del TSJ., del día 01 de noviembre de 2016). Véase entonces que la crítica del abogado no es de recibo, pues ha hecho uso en forma acabada de las facultades defensivas que la ley de rito le otorga.

En conclusión, como ya anticipara supra, por las razones expuestas considero que se hallan plenamente desvirtuadas las manifestaciones efectuadas por el acusado en ejercicio de su defensa material.

b. Valoración de la prueba:

Se ha acreditado la menor edad de la víctima S.N.M.M. con el certificado de nacimiento de fs. 97, que da cuenta de que nació el seis de octubre de dos mil cuatro (06/10/2004), como así también que es hija de M. M. M. y de M. V. M..

La madre de la niña, salvó el obstáculo de procedibilidad (art. 72 C.P.). En la parte final del formulario obrante a fs. 9/12, titulado “DECLARACION TESTIMONIAL DE”, consta que se le ha informado el contenido y alcance del art. 72 del CP., ante lo cual optó por instar la promoción de la acción penal. Ese texto se destaca por estar escrito en letra mayúscula, resaltado en negrita y subrayado, por lo que es captable a simple vista; y aunque después pretenda ampararse en que “fue engañada por la instructora”, en el debate reconoció su firma inserta al pie de cada una de las fojas de la 9 a la 12.

Como cuestión preliminar, debo destacar que en este tipo de hechos, en los que se afecta la integridad sexual, adquiere suma importancia lo narrado por la víctima. Respecto del valor de este relato, el T.S.J. ha sostenido que "...en los delitos contra la honestidad la prueba de cargo no suele ser copiosa y dada la naturaleza de los mismos no existen testigos presenciales del acontecimiento, razón por la cual la declaración de la víctima puede llegar a considerarse suficiente para tener por acreditada la realidad del hecho incriminado y la culpabilidad del prevenido, cuando va unida de prueba indirecta que la confirma..." (T.S.J. Sala Penal, “Díaz”, S. n° 12, 20/02/2008). En este caso, doy crédito a los dichos de S. en el momento inicial de la investigación, los que sin lugar a dudas han sido más auténticos y espontáneos, por la inmediatez; considerando que luego se mostró reticente en la Cámara Gesell (fs.144/149), con un relato que no se compadecía con lo expresado ante los profesionales de la Unidad Judicial, a consecuencia de la presión ejercida por su madre y el convencimiento -implantado también por ésta- de que sería privada de hacer las cosas que le gustan porque su padrastro -quien solventa económicamente tales actividades- se encuentra preso, trasladando a la niña la responsabilidad de tener que hacer lo necesario para que sea liberado.

Se encuentra probada con certeza la participación del sindicado H.A.P.D.V.en los hechos que se le enrostran -nominados Primero, Segundo y Tercero-. En apoyo de tal afirmación, tengo en cuenta que en la Entrevista de Contención (fs. 13), S.N.M.M. sindicó con como autor de los abusos sexuales a su padrastro, H.A.P.D.V., a quien solía llamar “papá”, diferenciándolo de su padre biológico (M. M. M.) al que llamaba “mi anterior papá o mi otro papá ”. A ello se le suma que en la descripción de las conductas de la plataforma fáctica, S. no mencionó a otro sujeto como autor que no fuera el conviviente de su madre. Véanse al respecto la entrevista de fs. 13; el informe médico de fs. 16 vta. y la C.

Gesell de fs. 144/149. Finalmente, el señalamiento de H.A.P.D.V. se evidencia con su aprehensión, que se produjo sin solución de continuidad al ser sorprendido en flagrancia por el personal policial (ver acta de aprehensión a fs. 04) mientras acaecía el último ultraje en el auto, sobre Avda. La Costanera -hecho nominado Tercero-.

A su vez, la pericia psiquiátrica efectuada en la persona del encartado, determinó que es punible (pudo comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones, CP. Art. 34 inc. 1 “contrario sensu”, fs. 73).

b. 1) Hecho Nominado Primero:

Respecto de las circunstancias de tiempo, conforme la plataforma fáctica, se lo tuvo por acaecido entre los días 06/10/2012 y 06/10/2013 (las fechas en que la niña cumplió 8 y 9 años, respectivamente, según su partida de nacimiento de fs. 97) y el 21/10/2014 (fecha de la detención, fs. 04), probablemente con una frecuencia diaria.

En el abordaje psicológico S.N.M.M relató de manera contundente que cuando tenía 8 o 9 años, su padrastro le decía que cuando crezca, más precisamente cuando tuviera 10 años, le iba a meter el dedo en la cola, se lo decía todos los días a escondidas. Precisamente, cumplió los 10 años el 6 de octubre de 2014, escasos días antes de sucedido el tercer hecho, en el cual Pacheco fue aprehendido en flagrancia concretando esa conducta previamente anunciada (fs. 13).

En cuanto a la modalidad comisiva, en el abordaje psicológico la niña explicó claramente y sin titubeos que cuando crezca, cuando tuviera 10, le iba a meter el dedo en la cola, que ella le pedía que no haga eso “porque eso hace mal”, “me lastima porque él me cuida desde los 4 años”, refiriéndose a que la lastima “en el alma” (fs. 13). Ello se condice con lo manifestado por S. a su progenitor, M. M. M.: “...su hija...le contó que H.A.P.D.V. le había dicho que cuando cumpliera 10 años iba a abusar de ella...” (fs. 111).

Efectivamente, H.A.P.D.V. le anunciaba a su hijastra que padecería un daño, grave, inminente, que atentaría contra su integridad sexual, al llegar a los diez años de edad. Como se verá a continuación, esa advertencia fue materializada.

Los hechos se tuvieron por acaecidos en el domicilio familiar de calle Solares N° de B° Müller de esta ciudad de Córdoba. Según el informe socio- ambiental, M. V. M. vivió siempre en este domicilio, que es el de sus padres. De ello se deduce que la víctima vivió en el mismo sitio desde que nació y aproximadamente desde que tiene cuatro años, se agregó la presencia de Pacheco en ese mismo lugar, como concubino de la madre (cfr. informe de fs. 338/341).

Se infirió -ante la negativa de S.N.M.M. a hablar- que éste es el lugar probable de los eventos. Si H.A.P.D.V. debía esconderse (“me lo decía a escondidas”, fs. 13), significa que no estaban solos, sino que había terceros que podrían escuchar estos anuncios. Entonces, se descartaron lugares donde podrían haber estado ambos, solos. Además, surge del informe de fs. 338/341 que tanto el sindicado como su hijastra compartían la misma habitación.

Los croquis de fs. 39/40 y 85, respectivamente, ilustran respecto de la ubicación del inmueble y de su interior. Véase también la Cooperación Técnica de Fotografía y Planimetría Legal de fs. 188 y s.s.

b. 2) Hecho nominado Segundo:

Se lo tiene como ocurrido en una fecha que no se ha podido determinar con exactitud, probablemente en un día de un fin de semana ubicable a principios del año dos mil catorce (2014), ya que S. afirma que sucedió cuando su madre se fue a trabajar. Un dato relevante en el que me baso para ubicar temporalmente este episodio es que Nora Torres, la abuela materna de la niña, apuntó que su hija Marcela colabora con una repostera de nombre Ester, para algún trabajo puntual, en el domicilio de ésta, los fines de semana, puede ser los días sábados o incluso los días domingos, y que Pacheco no trabajaba los fines de semana (fs. 283/284).

En relación a la modalidad fáctica, en el diálogo con la Agte. Segovia -al momento de la aprehensión de Pacheco- la niña le confió, que una vez (sin precisar mes y año) el denunciando se acostó en su cama, le bajó sus pantalones y se bajó él sus pantalones, y le pasó su manguerita por la cola mientras la tocaba adelante y que cuando le estaba por salir la leche se fue al baño (fs. 63). El mismo día, momentos más tarde, con la misma convicción y sin contradicciones S. le refirió a la galena que la examinaba que algunos días, cuando la madre se va a trabajar, H.A.P.D.V. “... la mete en su cama y le apoya la manguerita en la cola (haciendo referencia al pene) y que tira la lechita en el baño.”, pero no supo precisar cuándo comenzaron a suceder estos hechos ni cuántas veces, también dijo que Pacheco le acaricia la vagina con la mano (fs. 16/17). El progenitor de la menor, M. M. M., a fs. 111 manifestó que estando en la Unidad Judicial su hija muy asustada le contó que el concubino de su madre, todos los domingos cuando su madre se iba a trabajar, le tocaba la cola con la manguerita, le tocaba la vagina por debajo de la ropa; dato importante que rememoró en el debate. Obsérvese hasta aquí que la niña ha transmitido a tres personas, en contextos diferentes, exactamente la misma conducta desplegada por su padrastro, aunque sin poder determinar si fueron una o más veces. Por eso, al momento de elevar la causa a juicio, la Fiscal de Instrucción estuvo a la situación más favorable para el imputado, considerando que se habría tratado de un evento, acaecido a principios de 2014; postura que comparto, asumiendo que esto indudablemente ocurrió en la forma en que la niña lo cuenta.

Ciertamente, aunque M. V. M. en la audiencia, estando frente a frente con Segovia lo desmienta, éste es el hecho que le reprochó a su concubino. En efecto, relata a fs. 10 vta. que hace aproximadamente dos años regresó al hogar y los observó durmiendo juntos en la misma cama, vestidos y les advirtió a ambos que esa conducta no era apropiada. Y a decir verdad, por algo debe haber desconfiado, ya que no sólo les llamó la atención a ellos dos, sino que luego lo comentó con su hermana Gabriela y con la docente de S.

Es por ello que le creo a Segovia, puesto que es un dato que no pudo haber inventado, ni pudo oírlo de otra persona que no fuera la madre, ya que fue a la única que entrevistó -además de la nena- claro está-. Además, es la propia Marcela quien le dijo a la agente que lo había hablado con la maestra, aunque ahora parezca haberlo olvidado. Cabe acotar, a modo de refuerzo, que Estela

Coronel -la maestra de la pequeña- depuso a fs. 418/419 que M. V. M. al momento de informarle que su marido había sido detenido, le dijo que a principios de ese año (2014) en el interior de la vivienda había visto una situación que le resultó sospechosa entre su pareja y la nena y que al increparlo él le dijo que había visto mal, porque a la nena la quería como una hija. G. M., refirió a fs. 607/608 que mucho tiempo antes del hecho (tercero), una noche su sobrina le relató incómoda que su padrastro H.A.P.D.V. la había tocado señalando su cuerpo, que fue en el año 2013, que la niña días después se desdijo y le preguntó qué podían pensar de ella si mentía, que ella se lo mencionó a su hermana, quien lo minimizó; pero meses después, Marcela le contó que encontró a Pacheco durmiendo en la cama con S., que le refirió que habló con él y le dijo que eso no era correcto, que no quería se repitiera, cree que fue a principios de 2014.

Teniendo en cuenta que el suceso ocurrió en la cama del domicilio familiar, son útiles los croquis de fs. 39/40 y 85. El croquis de fs. 85 exhibe una habitación en la que hay una cama matrimonial y dos camas chicas -las que ocupaban S. y su hermano Yamil-. Las tomas fotográficas de fs. 195/196 muestran la habitación y las de fs. 197 el baño. En el plano scopométrico (fs. 200) se observa con mayor claridad la distribución interna de los espacios, y la cercanía entre la habitación y el baño.

Otro aspecto a considerar es que los términos “manguerita” y “lechita”, empleados por S.N., según la madre, no son propios del vocabulario de su hija. Sin embargo, si se presta atención a las constancias de la causa, es el modo natural, espontáneo -acorde a su corta edad-, en que la nena denomina al pene y al líquido espermático, evidentemente por su semejanza. Tan es así que desde el inicio, en la charla con Segovia (fs. 63), S. ya usa esas palabras. Nótese que en el juicio la agente, con lágrimas en los ojos, justamente señaló que fueron términos “tan fuertes” que se le quedaron grabados, tanto que los recuerda a pesar del tiempo que ha pasado. Luego, S. reproduce las mismas palabras ante la profesional que la examinó en la Unidad Judicial (fs. 16), y con su padre M. M.

M. (fs. 111 y en el juicio). La reiteración de estos vocablos -invariable en cada oportunidad en que la niña se refirió al miembro y al semen-, me convence de que son auténticos.

En definitiva, en este caso, el testimonio de la menor damnificada - apoyado en la manera fidedigna en que transmitió sus padecimientos a Segovia, a la Dra. Bustamante (fs. 16), y a su padre biológico- es prueba suficiente, pues es preciso, sincero, sin fisuras ni defectos (a pesar de la indeterminación en cuanto a la cantidad).



  1. 3) Hecho nominado Tercero.

Este evento se desdobla. El primer ultraje tuvo lugar el día 21 de octubre de 2014 antes de las 08:00 hs. (horario en que S. ingresa a la escuela). Esta información surge de lo aportado ese mismo día por S. a la psicóloga Roxana Zárate en la entrevista primaria: que los ocurrieron dos veces en el día de hoy, el primero a la mañana, solos, en la cama (fs. 13). A su vez, de las declaraciones testimoniales de su progenitora (fs. 285/287), de su abuela materna (fs. 283/284), y del informe de la Escuela Martín Miguel de Güemes (fs. 335/336), es posible inferir que S.N.M.M. asistió a clases ese día (21 de octubre), a las 8 de la mañana. Por ende, antes de las 08:00 hs., tanto la niña como el acusado se encontraban en su casa.

Respecto a la conducta desplegada por Pacheco, S.N.M.M. se refirió primeramente al hecho que acaeció en La Costanera y motivó la aprehensión (segundo ultraje), para luego referirse a lo que pasó más temprano: “mipapá me estaba haciendo cosas malas... tocando la cola... metiendo el dedo por debajo de la ropa... ” (fs. 13). Luego, sin variaciones en cuanto a la modalidad comisiva, le manifestó a la entrevistadora que los hechos narrados ocurrieron dos veces el día de hoy: el primero, esa mañana en su casa en circunstancias en que se quedaron solos, en la pieza -donde duermen todos-, acostado en la cama grande (fs. 13).

El relato de S. es franco, espontáneo, unívoco y no presenta fisuras. No tiene razones para inventarlo o para querer perjudicar a su padrastro, por quien siente un gran afecto, desplazando en él la figura paterna (fs. 350/354). Además, se condice con el resto del material probatorio.

El segundo momento ocurrió cuando H.A.P.D.V. fue aprehendido en flagrante delito el mismo día (21 de octubre de 2014), a las 21:15 en Av. Costanera Sur entre puente Calingasta y Circunvalación de B° Maldonado de esta Ciudad (ver acta de fs. 04). El Crio. Mayor (hoy retirado) Fabián Marcelo Chirichian, llevó a cabo el procedimiento. En sus declaraciones -vertidas en la instrucción (fs. 1/2 - 44/45) y en el juicio-, indicó que en la fecha, siendo las 21.10 hs. aproximadamente circulaba en contramano por la Costanera junto a su chofer Brizuela cuando divisó un vehículo R.18 de color gris estacionado en sentido de la circulación vehicular (con su frente al oeste), próximo a donde se encuentran las bombas cloacales al margen del río Suquía, llamándole la atención por la zona - la llamó de “alto riesgo delictual”-. Que al aproximarse percibió a través de la ventanilla trasera la silueta de dos cuerpos inclinados, uno sobre otro (fs. 01/02, 44/45), que el hombre salió nervioso a su encuentro tratando de evitar que se acerque al automóvil, pero el alcanzó a divisar dentro del vehículo a una nena de diez años llorando, angustiada, y en forma espontánea le manifestó que el sujeto le hacía cosas, por lo que de inmediato convocó personal femenino por frecuencia. En igual sentido declaró su dupla Adrián Marcelino Brizuela (fs. 07/08 y fs. 47/48). En efecto, se acompañaron los registros de la Central de Comunicaciones de la Policía de la Provincia de Córdoba (fs. 163/166). Arribó al lugar la Agte. Segovia, una de las primeras personas en recibir la versión de la víctima, fue terminante: “que el hombre que estaba con ella era su padrastro, que la había retirado de su clase de danzas, y que yendo en el auto en dirección a su casa, detuvo el auto e intentó introducirle su dedo en la cola (textual) ” (fs. 63).

Los tres efectivos policiales depusieron en el juicio, se mostraron seguros, con un recuerdo claro y circunstanciado de lo acontecido. Además, ninguno de los tres pudo contener las lágrimas al rememorar el suceso. El Crio. Mayor dijo que fue “aberrante”, Segovia expresó que las palabras que uso la nena “manguerita”, “lechita”, fueron tan fuertes que le quedaron marcadas. Ello me convence de su sinceridad.

Otros policías intervinientes fueron Cristian José Cepa (fs. 112), y Melisa del Valle Castro (fs. 114). El testimonio de los nombrados concurre a abonar al de los anteriores en cuanto son coherentes en afirmar el estado emocional de la menor. El primero la vio llorando, conversaba con Segovia; la segunda la visualizó angustiada, llorando y temerosa.

Respecto de este tópico, en C. Gesell, la pequeña expuso que ese día, como todos los martes y jueves, H.A.P.D.V. la llevó hasta la escuela de danzas “El Talero” y la retiró al finalizar la clase. Cuando volvían hacia su casa, desvió su camino y la llevó hasta un lugar que logró identificar como “La Costanera”, se trasladaban en el auto de su abuela. No se discute que era Pacheco quien la llevaba y la buscaba de danza, actividad que practicaba los martes y jueves de 19 a 20:30. Lo dicen la nena en la C.G (fs. 144/149) y su madre (fs. 285/287). También lo corrobora el informe del Instituto “El Talero” (S. concurrió el día 21/10/14 y fue retirada por Pacheco a las 20:45 hs., fs. 127). Ahora bien, de la investigación practicada surge que el trayecto que realizó H.A.P.D.V. ese día, para regresar hasta el domicilio, no era el más corto, como indicó la madre; es más, ni siquiera era necesario transitar por Av. Costanera para ir de un punto a otro, según la constatación del comisionado Mario Ruiz (fs. 297). H.A.P.D.V., se excusó en el juicio diciendo que se desvió del trayecto para ver si encontraba a “la nona”, a quien solían alcanzar hasta la casa, pero resulta que era la primera vez que iban por ahí, según sostuvo su hijastra. Es innegable que buscaba un lugar apartado para llevar a cabo sus designios, siendo donde finalmente resultó aprehendido.

Ya vimos como en la entrevista atención primaria, a cargo de la Lic. Roxana Zárate (fs. 13), S.N.M.M. reveló que su papá (H.A.P.D.V.) le estaba haciendo cosas y lo estaba viendo la Policía, le estaba tocando la cola, le metía el dedo, la tocaba solamente atrás, por debajo de la ropa; más adelante, vuelve a remarcar que cuando tenía 8 o 9 años le decía que cuando crezca, cuando tuviera 10, le iba a meter el dedo en la cola, se lo decía en escondidas todos los días. Un verdadero martirio. En el informe médico de fs. 16/17, la Dra. Marina Bustamante anotó en los antecedentes del hecho y de acuerdo a lo que le transmitía S., que H.A.P.D.V. le bajó el pantalón y la bombacha y le metió el dedo en la cola de atrás cuando fue a buscarla a danza anoche. Estando todavía en la Unidad Judicial le dijo a su tía Gabriela que el H.A.P.D.V. le estaba haciendo cosas malas (fs. 607/608), también a su papá M. M. M. (fs. 111).



Con posterioridad a la aprehensión de Pacheco, se secuestraron las vestimentas de la niña (fs. 180) así como las del nombrado (fs. 21), un recorte del tapizado del asiento y un pañuelo que se hallaba en el asiento de adelante, el del acompañante (fs. 177, y fotos de fs. 203/209), y se solicitó informe químico. Del análisis del material secuestrado, surgió la presencia de “semen”: en el tapizado y el pañuelo (fs.178), en la bombachita (fs. 179), y en el calzoncillo de Pacheco (fs. 213). En virtud de ese hallazgo se ordenó la realización de una pericia genética sobre los efectos, a los fines del cotejo con muestras indubitadas que fueron extraídas tanto de la víctima S.N.M.M., cuanto del incoado. Es esta la pericia genética, la que echa luz sobre cualquier posible interrogante, siendo una prueba objetiva, incuestionable, y categórica. En el documento, agregado a fs. 390/398, la Dra. en Bioquímica Nidia Modesti, concluye: 1.- En la evidencia denominada “tapizado” se recuperó una mezcla de perfiles genéticos: un perfil de ADN mayoritario compatible con el perfil genético del imputado H.A.P.D.V., y uno minoritario que por su escasa cantidad no fue factible asignarlo con certeza. 2.- En la evidencia denominada “pañuelo” se recuperó una mezcla de perfiles genéticos compatible con la superposición del perfil de ADN del imputado H.A.P.D.V. en forma mayoritaria y del perfil de la víctima S.N.M.M en forma minoritaria. 3.- En los marcadores genéticos autosómicos en la evidencia denominada “bombacha”’ se recuperó un único perfil compatible con el perfil genético de la víctima S.N.M.M, y se agrega que “.en los marcadores genéticos de cromosoma Y (propio de individuos masculinos), se recuperó un halotipo Y compatible con el halotipo Y de H.A.P.D.V.... ”. En conclusión, el patrón genético del sindicado está mezclado con el de la nena, por lo tanto su argumento defensivo cae ante semejante prueba indubitable.

Véase que la Lic. Laura Beltramino destacó que la vinculación de S.M.M. con su padrastro (el agresor), se evidencia fuerte, afectiva y en calidad de suplente de la función paterna, haciendo notar que S., “...se posiciona con el mandato de “salvar” a su padrastro... ” (fs. 350/354). El ejercicio del rol paterno que asumía H.A.P.D.V. respecto de S.N.M.M., se pone de manifiesto en las declaraciones de Nora Torres (la abuela materna. Fs. 285/287), del informe socio ambiental e institucional y del Colegio Martín Miguel de Güemes. En el informe de progreso escolar (fs. 335/336), se desprende que el encargado de llevar y retirar a los niños es Pacheco, quien además asiste asiduamente a la escuela cada vez que se convoca a la familia (supliendo a la madre de la niña, quien asiste en pocas ocasiones siempre en compañía de él), se ocupa de controlar el rendimiento y los problemas vinculares que se presentan ocasionalmente que afecten a los niños. Conteste con ello es lo verificado por las encuestadoras en el informe socio-ambiental, en el cual se agrega, con referencia al vínculo puntual de S. con el Sr. Pacheco, que las autoridades de la escuela advirtieron que éste realizaba cuidados exagerados con la pequeña, en situaciones que los niños vivenciaban en lo cotidiano. Incluso refieren que en una oportunidad amenazó a las autoridades exigiéndoles que expulsaran a una alumna que había peleado con S. expresándoles a las docentes “...yo hago un llamado y vuelan todos aquí...”, entendiendo las docentes que el conflicto infantil habría sido magnificado (también lo señaló la maestra Coronel, fs. 418/419). En el mismo informe, la Lic. Alejandra Raya, registró en atención a la dinámica familiar que tanto la abuela (Nora Torres) como su madre expresan que con S. la relación del imputado era cercana, que él les ayudaba a los niños a realizar las tareas escolares, aunque también lo describen como autoritario, protector, depositario de una situación de confianza incuestionable -al menos para su mujer-. El imputado ocupaba en la nueva configuración familiar un lugar de protección, autoridad y de soporte familiar. Tanto la madre como la abuela de la pequeña, habrían mantenido con el imputado un tipo de vinculación dependiente desde lo simbólico, ya que lo habrían instalado en la realidad familiar como un sostén, otorgándole además un espacio de poder. Al punto tal que ninguna de ellas se habría permitido dudar de él y por ende no habrían tenido entonces la posibilidad de contener a la pequeña ni siquiera desde la escucha, ya que ambas presentan un discurso sólido en cuanto a la defensa del imputado (fs. 338/341). Este enceguecimiento de la madre, en desmedro de su propia hija víctima, motivó que se iniciara un proceso ante la SeNAF para reubicar a los niños S. y Y. en un espacio de resguardo y contención (fs. 437). Tan obstinada fue M. V. M. que no sólo se mostró desconforme con el proceso judicial iniciado formulando denuncias contra el personal policial (fs. 803/804), porque a su entender su marido había caído en una “trampa” (término que empleó al contarle a la maestra), sino que además entorpeció la convivencia de sus hijos con sus guardadores. También buscó influir en su hija para que “salve” al imputado en la Cámara Gesell. El abuelo paterno, Oscar, ventiló que el primer tiempo aquélla les daba un teléfono celular para que hablaran con ella y con Pacheco, les mostraba fotos y videos del padrastro de su propio teléfono celular para evitar que los chicos perdieran contacto con él (fs. 431/432). Esta postura se reiteró en la sala donde también sostuvo la conjura policial-judicial contra Pacheco, acusando los policías, la Fiscal interviniente, SeNAF y a la Cámara de querer perjudicarlo. Al ser preguntada de cuál sería el objetivo de tanto encarnizamiento sostuvo que la prensa y la sociedad reclaman culpables de estos hechos, y que por ello se lo había elegido a Pacheco a tal fin. Lo triste de todo este cuadro familiar es que se advierte el poco rol de cuidado ejercido por M. V. M. quien priorizó la relación de pareja antes que la maternidad, con todas las graves consecuencias que su conducta conlleva. Es por esta razón que se desecha el pedido del Sr. Fiscal de que se remitan antecedentes.

Frente a este contexto, es posible comprender por qué la Lic. Beltramino opina que la niña confabula (modifica las situaciones vivenciadas tanto de forma consciente, como también inconsciente), su capacidad de sugestionabilidad es alta, pegándose a las necesidades de la madre. No se puede pasar por alto, que es a partir de la entrevista en Cámara Gesell que la niña cambia su discurso. Como se apuntó anteriormente, el influjo de la madre se vio reflejado desde el inicio del proceso, cuando le apretaba la mano en la Unidad Judicial para que no hable (le dijo a la maestra que la retaron por ello y lo vio el padre), también le dijo que “estaba enferma, que tenía un virus ” y por eso en esta entrevista con Beltramino se enfocó en el irrazonable pretexto de que su padrastro le estaba sacando un granito, que la policía vio mal. Además en esta ocasión S. inocentemente saca a relucir que su mamá le dijo que tenía que hacer una junta para sacarlo porque lo necesitaban, para solventar justamente la continuidad en la actividad que ella disfrutaba: el baile (fs.144/149 vta.). Pero pese a los esfuerzos de la progenitora por torcer el relato de S., la experta captó indicadores de victimización de hechos de índole sexual tales como: las dificultades de contacto con el entorno, la afectividad aplanada, la evitación, negación e intelectualización, la implementación de mecanismos histéricos, como la seducción, la adopción por momentos de roles adultizados, también menciona la culpa (fs. 167/168). Estos signos, sumado a lo infalible de la pericia genética, no dejan margen de duda respecto a la existencia del hecho.




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