Sentencia número veintiuno (21)



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Segovia dijo que ingresó. Que las condiciones en que fue creada la policía responde al principio de represión. Que el fiscal, naturalmente se vale de la policía para tomar las medidas más próximas, pero hoy la policía de Córdoba está altamente cuestionada, por corrupción, armado de causas, detenciones ilegales, ello se refleja en la contradicción entre Chirichian y Segovia. Se alteró lo básico. En relación a la prueba genética, manifestó que se cuestiona por sí misma, habla de tipos compatibles con los de Pacheco y es obvio si se tiene en cuenta que él lo justificó diciendo que había hecho el amor con su mujer, puso el ejemplo de que si la policía se sentaba sobre la mancha después podía alegar haber sido violada. Argumentó que es característico en estos delitos el ocultamiento, lo que aquí no ocurrió, el auto estaba en marcha con las luces encendidas, en la vía pública, que es una zona de riesgo o caliente, no es “villa cariño”, por lo que no es posible la atribución; además, la nena estaba adecuadamente vestida y si había semen en el asiento pudo alojarse en su ropa íntima. El semen hallado en el pañuelo pudo ser la forma natural de Pacheco de higienizarse después de tener relaciones con su mujer, siendo que no fue secuestrado en el mismo momento que el auto. Cuestiona que el proceso judicial y el de la SeNAF, deben determinar qué proteger, porque ahora dejan a la niña sin sus lazos, sin la madre; el padre -quien hacía un año que no la veía- reconoce que la nena quiere estar con la madre, quien destacó que la nena está bien, no dijo que esté afectada psicológicamente. En este sentido, es el padre quien da la versión que más se acerca a la realidad, y eso es que la nena está bien. Que el imputado declaró y al hacerlo puede mentir, pero lejos de eso justificó diciendo que en su casa lavan la ropa toda junta. No hay andamiaje ni solidez probatoria para descreer de Pacheco y creer en la acusación. Que el representante promiscuo se ha ido apoyando en lo que el acusador ha ido sosteniendo, pero la realidad de los hechos no ha quedado clara. En relación a los términos “manguerita”, “lechita”, según dichos del padre la nena no está sexualizada, recién ahora se está interiorizando en el conocimiento del cuerpo. Señala que la niña necesita ser interpretada por un especialista en psicología evolutiva. No se ha podido instalar en la niña lo que se pretendía instalar y eso se vio en la C. Gesell. Cuestiona que se ha quebrado la paridad de armas. El examen médico arroja lo que llamó “la buena nueva”, refiriéndose a la noticia de que la nena “no tenía nada”, a ello se agrega lo que dijo en la C. Gesell: “que no le pasó nada”, y los dichos de su padre biológico de que la nena actualmente “está bien”. Asevera que se ha tratado a la niña como objeto de prueba y no como sujeto de derechos. Que el hecho del auto no ha sido acreditado, las lágrimas que vieron los policías fueron porque estaban sometiendo a su papá H.A.P.D.V.. Que ingresó al debate para garantizar la paridad de armas. A la madre le dijeron que la nena no tenía nada y aún así la llevó a otra revisión. Fue la única que creyó en Pacheco. En el careo no hubo acuerdo, pero una cosa es lo que se dice y otra distinta es lo que se interpreta de lo que se dice. El hecho de que la nena haya estado adentro del auto comiendo un bizcochuelo no se condice con el estado de una menor víctima de abuso sexual. Más allá de la explicación médica de que hay años retráctiles y otros no y que por eso la nena no tenía nada, hubiera evidenciado suciedad de las manos de Pacheco, quien dijo que las tenía engrasadas. Que el primer hecho nunca existió sino que fue tomado pícaramente por el acusador a partir de enterarse de que durmieron la siesta juntos, pero no hay elementos que lo confirme. Intentar buscar en la madre un indicador de “facilitador” le parece inapropiado, más en esta situación en la que Marcela se había quedado con dos hijos e intentaba formar una nueva familia. El hecho de que le hayan informado que su hija “fue violada”, denota la falta de preparación de la policía. Introducir a la madre como denunciante también indica un mal proceder. Finalmente, pide que el tribunal analice el hecho en relación a lo ajustado de tribunales y la actuación policial, y solicita la absolución de su defendido.

  1. Fundamentación: El material probatorio legalmente incorporado al debate, a la luz de la sana crítica racional (art. 193 del C.P.P.) permite tener por acreditados, con la certeza requerida en esta etapa del proceso (C.P.P., art. 406 cuarto párrafo “a contrario sensu”), los extremos fácticos de los hechos contenidos en la Acusación de fs. 618/668, esto es, la existencia material de los sucesos signados “Primero a Tercero”, tal como han sido descriptos en dicha pieza acusatoria, y la participación penal responsable del acusado en cada uno de dichos eventos. Se brindarán las razones de hecho y de derecho que permiten arribar a esta conclusión conforme la manda constitucional del art. 155 Const. Prov. y su correlato en el art. 142 del C.P.P.

En primer término, y en virtud de que constituye un deber legal valorar las circunstancias pertinentes y útiles esgrimidas por el imputado (C.P.P., art. 267) me permito adelantar que ha quedado totalmente desvirtuada su posición exculpatoria. Al respecto, cabe recordar que tal como ha sostenido reiteradamente el Tribunal Superior de Justicia de la Provincia, nadie pone en duda hoy en día que la declaración del sometido a proceso, analizada desde la óptica del imputado, importa un medio idóneo para la materialización de su defensa en juicio. Por ello, dicho acto desde la perspectiva del juez en lo penal, puede constituir una fuente eventual de pruebas, pues, de lo contrario, si las manifestaciones del imputado estuvieran ajenas a todo tipo de valoración, no pasarían de ser meras expresiones formales, ineficaces desde el punto de vista de la defensa material (T.S.J., Sala Penal, S. n° 45, 28-07-98, “Simoncelli”; A. n° 175, 13/5/99, "Olmos"; A. n° 361, 6/10/99, "Ramallo López"; A. n° 464, 20/12/99, "Bustos"; A. n° 96, 25/4/00, "Guzmán"; A. n° 254, 23/8/00, "Oliva"; A. n° 327, 11/10/00, "Guardatti"; S. 20, 12/4/02; "Santalises"; A. n° 53, 10/3/03, "Oviedo"; "Esteban", cit., entre muchos otros).

Asimismo, vale señalar, que el análisis de la prueba legalmente recepcionada, se efectuará de acuerdo al sistema de la sana crítica racional (C.P.P., art. 193) que está conformado por las reglas de la experiencia común, la psicología y la lógica con sus respectivos principios (identidad, no contradicción, razón suficiente bajo las normas de la coherencia y derivación y tercero excluido).



También corresponde anticipar, que en el sub-judice, existen una serie de indicios unívocos y concordantes que analizados conjuntamente permiten arribar, con el estado intelectual de certeza, a tener por acreditados los extremos fácticos de la imputación penal, debiendo destacar que la prueba indiciaria tiene cabida en el proceso penal, ya que entre las reglas que regulan el instituto de la prueba rige el principio de la libertad probatoria establecido en el art. 192 del C.P.P., que establece que: “Todos los hechos y circunstancias relacionados con el objeto del proceso pueden ser acreditados por cualquier medio de prueba ....”. Asimismo, la prueba indiciaria ha tenido acogida jurisprudencialmente, bastando con que los indicios sean, unívocos, precisos y congruentes (cfr. C.S.J.N. “Martínez, Saturnino”, 07-06-88, Fallos 311:948; T.S.J., Cba., Sala Penal, autos “González - Rec de Casación-“, S. n° 3, del 01-03-96; “Medina Allende -Rec de Casación-“, S. n° 16, del 17-04-97; “Simoncelli, Ángel Fabián -Recurso de Casación-“, S. n° 45, de fecha 28-07-98; “García -Rec. de Casación-“S. n °107 del 06-06-07, y muchos otros más).

  1. Defensa material esgrimida por el acusado H.A.P.D.V.: Adelanto que a mi ver la defensa material esgrimida por el acusado, está desvirtuada. Véase que del análisis de las declaraciones prestadas por ante la instrucción y en el debate, surge que el acusado, coincide en mantener su negativa respecto de la comisión de los hechos que se le enrostran. Brinda argumentos en el debate y se predispuso a contestar preguntas. El Tribunal ordenó la incorporación de su declaración inicial prestad ante la Fiscalía de Instrucción (C.P.P., art. 385, segundo párrafo), en la que se limitó a negar los hechos y abstenerse de declarar (fs. 421/422). Durante el juicio, en la oportunidad procesal oportuna, el acusado se abstuvo de declarar. Luego de recibidos los testimonios, los cuales presenció, e incorporado el resto del material probatorio manifestó su voluntad de declarar y se mostró predispuesto a contestar preguntas. En esa oportunidad negó los hechos y dijo, en lo medular, que había tomado ese camino para ver si encontraban a “La Nona”, mujer a quien suelen llevar a la casa por lo peligroso del lugar y que en el camino tuvo que detener el auto para irse al asiento trasero a reprender a S. quien le estaba pateando el asiento, se había empacado porque él no quería detenerse a cortar moras. Es ahí cuando advierte que frena un auto y se bajó a la defensiva para proteger a la niña, tratándose de una zona peligrosa. Sabido es que quien se encuentra imputado y opta por declarar, no está obligado a decir la verdad (C.P.P.., art. 259), y que es obligación del MPF el descubrimiento de la verdad a través de la evacuación de sus citas (C.P.P.,, art. 267).

En efecto, todos los testimonios recabados dan cuenta de que se trata de una zona de alto riesgo delictual, es una zona roja, peligrosa, él mismo lo admite, por lo que de conformidad a las reglas de la sana crítica racional y la experiencia común no se entiende cómo una persona adulta conocedora de tal circunstancia detiene el auto allí -aun con el motor en marcha- simplemente para retar a una nena, más teniendo en cuenta que el rodado presentaba fallas mecánicas. Por otro lado, si bien es cierto que los agentes policiales Chirichian y Brizuela se manejaban en un móvil oficial no identificable, fueron contestes en afirmar que el hombre -H.A.P.D.V.- se les acercó nervioso, como para atajarlos y que no llegaran al auto, so pretexto de que estaba con una mujer. La concordancia de los testimonios en relación a este punto, la jerarquía de los efectivos y su función, me llevan a considerar que Pacheco no salió rápidamente para proteger a la nena, si esa hubiera sido su intención genuina, no se hubiera estacionado ahí, menos aún si no se trataba de una urgencia. Por otro lado, en nada modifica su conducta el hecho de haber puesto en conocimiento de los policías “desde el inicio” de que estaba con su hijastra de diez años y no con una mujer mayor. Es que si los agentes lo hubieran sabido antes o después de ver a la niña en el asiento trasero, hubieran procedido de la misma manera, ante tal impresionante situación, Chirichian, ya en ese entonces Comisario Mayor -lo que denota su experiencia y trayectoria- calificó el hecho como “aberrante”. Repárese en que Pacheco se empecina por hacer notar que el procedimiento “estuvo armado”, pero los oficiales llegaron al lugar por estar patrullando, se acercaron al auto pensando que era robado o que se había quedado y que los ocupantes podían necesitar ayuda, que en principio no advertían la presencia de persona alguna hasta que al acercarse notaron en la parte de los asientos traseros la silueta de una persona sobre otra de menor contextura. Fue esto lo que los motivó al control, y no un encono personal hacia el sindicado, a quien ni siquiera conocían. En ese interín Brizuela ve que había una menor, le da aviso a su jefe y se pone en marcha el operativo dando noticia a la central para pedir colaboración. La circunstanciada deposición en el plenario de los agentes que participaron en el procedimiento - Chirichian, Brizuela y Segovia- la concordancia de sus versiones, y la impresión que el evento dejó en su espíritu -que pese a haber transcurrido dos años y medio, a los tres todavía se les llenan los ojos de lágrimas al recordarlo- me convence de la veracidad de sus dichos. Además, sin entrar a hacer un análisis pormenorizado de la prueba objetiva, lo que se hará al tratar el hecho, la excusa de Pacheco contrasta con elementos de prueba objetiva e indubitable, como lo son el informe de la central de comunicaciones (fs. 163/166), el secuestro de: un recorte de tapizado del asiento trasero, un pañuelo, y la bombacha de S., todos con presencia de semen (inf. técn. químicos de fs. 177/178); además, analizados los perfiles genéticos arrojaron que se trata de los perfiles de H.A.P.D.V. (mayoritariamente) y de S.N.M.M. (en forma minoritaria), al menos en el pañuelo y en la prenda íntima de la niña (fs. 390/398).

No se deben soslayar los dichos de la menor víctima inmediatamente de ocurrido el suceso. Así, tenemos que a Karina Segovia le contó que su padrastro la había retirado de su clase de danzas, y que yendo en el auto en dirección a su casa, detuvo el auto e intento introducirle su dedo en la cola, que hace cuatro años que su padrastro la toca y le introduce su dedo en la cola, haciéndola doler y que le decía que si le contaba algo de todo esto mataría a su mamá (fs. 63 y en el juicio). En la entrevista de atención primaria expuso que su papá -luego explicó que era el padrastro- le estaba haciendo cosas malas y lo estaba viendo la Policía, que le estaba tocando la cola, metiendo el dedo, por debajo de la ropa. Que ese día ocurrió dos veces, una en su casa temprano mientras veían la tele y otra en el auto después de danza. Que desde que ella tiene 8 o 9 años su padrastro le decía en escondidas que cuando cumpla 10 le iba a meter el dedo en la cola; que le decía que mataría a su mamá si ella hablaba, “siempre lo quise decir pero nunca pude” (fs. 13). En el ítem “Antecedentes del hecho” del informe médico de S.N. se consignó “... la menor refiere que H.A.P.D.V. le bajó el pantalón y la bombacha y le metió el dedo en la cola de atrás cuando fue a buscarla a danza anoche, refiere que esto sucedió un par de veces... que siempre la amenazó que iba a matar a su madre si lo contaba a lo cual le preguntó si antes sucedieron estos hechos y me refiere que sí... que algunos días cuando la madre se va a trabajar H.A.P.D.V. la mete en su cama y le apoya la manguerita en la cola (haciendo referencia al pene) y que tira la lechita en el baño. Refiere que en la vagina la acaricia con la mano sin causarle dolor. Que solamente le apoyaba sin llegar a introducirle el pene en la cola...” (fs. 16/17). Es imposible que todos los profesionales intervinientes -policías, médicos, psicólogos, bioquímicos, genetistas, se hayan puesto de acuerdo para mentir y a la vez coincidir en lo que es el eje de la atribución. Es importante destacar además, que no es de recibo el argumento de que la niña dijo que estaba bien, o que en el examen no se detectaran lesiones, o sus dichos en la Cámara Gesell, puesto que desde el comienzo de la investigación su madre, M. V. M., procuró por todos los medios de que su hija no hablara: 1.- Le apretó la mano en la entrevista de contención: se lo dijo ella misma a la maestra Norma Cruceño (que los policías la habían retado por ese motivo, fs. 605/606), y fue advertido por el padre M. M. M. (lo dijo en el juicio). Adviértase que estos testigos no se conocen (al colegio siempre fue H.A.P.D.V. y hacía un año que M. M. M. no veía a la niña), ni tuvieron la posibilidad de encontrarse para convenir en ese punto (M. M. M. lo detecta en el acto, pero lo declara espontáneamente recién en el debate, mientras que a la maestra le llega por comentarios de la madre). 2.- La incitó luego a que en la Cámara Gesell cambiara su versión. En ese encuentro, de fecha 06 de noviembre de 2014 (pasados apenas dieciséis días de aquélla primera entrevista en la U.J.), S. manifiesta que su padrastro H.A.P.D.V. está en la cárcel y que la madre le dijo que ella (la nena) tenía que hablar con el juez para “... ver si lo podemos sacar, porque ahora lo necesitamos... porque él consigue más plata que nosotras. Mamá trabaja muy poquito, él trabaja mucho más... ”, es por esto que esta vez la nena mantiene un discurso sostenido en que su padrastro le estaba apretando un granito, que su mamá le dijo que era como los que tenían los bebés,

o un virus. Quién podría creer que un varón adulto va a detener el auto en semejante zona de riesgo, a esa hora de la noche, para apretarle un granito a una niña?. Obsérvese también la contradicción con lo que alega Pacheco de estar retándola por patearle el asiento frente a su negativa de parar a “cortar moras”, claramente no es lo mismo que “apretarle un granito que tiene en el pecho”. Y es que estamos hablando de situaciones totalmente diferentes. Si fuera cierta la postura de Pacheco, es probable que la niña hubiera reconocido que la estaba reprendiendo por su berrinche; en contraposición, si fuera cierto lo del granito, Pacheco no hubiera dudado en informarlo de inmediato. Es evidente que ninguna de las dos es verdadera, pero en seguida veremos por qué la nena dijo lo que dijo (“confabula”). 3.- Por más que lo desconoció en el careo con Segovia, M. V. M. le había contado a su hermana Gabriela (fs. 607/608), y a la maestra (fs. 605/606), que anteriormente le había llamado la atención a H.A.P.D.V. por una conducta inapropiada -lo vio acostado con la nena en la misma cama- pero él le dijo “que había visto mal”. 4.- Todo esto se condice con la actitud posterior de la madre: se quejó, realizó presentaciones, formuló denuncias en contra del sistema, todo con el objeto de dejar en claro que fue engañada al momento de prestar su declaración -la que a su entender fue un simple testimonio- que no era para inculpar a su pareja, ya que su hija estaba bien. Esta negación de la madre tuvo impacto en la nena, lo que se vio reflejado en su pericia psicológica: “... confabula. Su capacidad de sugestionabilidad es alta, pegándose a las necesidades de la madre y sugerencias de la misma, expresadas literalmente por la pequeña y haciéndolas propias...” (fs. 350/354). Esa proyección se advierte sin dudas en ese mismo documento, cuando la nena insiste en que es su responsabilidad sacar a su padre de la cárcel para costear los gastos que le demanda su actividad (la danza): viajes, ropas, pestañas postizas, y por eso expresa que H.A.P.D.V. solamente le quería apretar un granito del pecho. Aun teniendo ante sus ojos el expediente, con las constancias de toda la prueba convergente en la incriminación, M. V. M. se empeña en apoyar a Pacheco.

Tampoco es de recibo la afirmación de que fue golpeado por la policía, ya que en el informe médico de fs. 42 se constató la ausencia de lesiones, únicamente se registró que eritemas en las muñecas de gravedad leve, que demandaron dos días de curación.

Se mostró ofuscado en el juicio porque los uniformados no verificaron que estaba indocumentado: no le pidieron su identificación, ni la de su hijastra, ni del vehículo, como si frente a ese cuadro de situación, y en la emergencia, fuera un requisito indispensable.

Se formula la siguiente pregunta: si le metió el dedo en la cola por qué no sale en el examen. Es que en realidad, la acusación en ningún momento le enrostra a Pacheco el acceso carnal, sino que los abusos -en términos generales-, consistieron en manoseos en la vagina y en la cola de S., en apoyarle en pene en el ano y en meterle el dedo en el ano provocándole dolor. Es por eso que, la sola invocación de la falta de lesiones no lo excusa, de conformidad a la modalidad comisiva intimada. Además sabido es que las lesiones en el esfínter anal si no son de gran magnitud no dejan huellas físicas, como es el caso de los presentes.

El argumento defensivo de que tenía las manos manchadas de grasa y que si hubiera tocado a la menor se hubiera ensuciado, no es de recibo, pues esas circunstancias no han sido acreditadas independientemente ni obra ni en el examen físico del imputado de fs. 285, ni tampoco es traído por los numerosos testigos presenciales ni por la niña víctima, por lo que son manifestaciones dogmáticas sin ninguna corroboración de prueba independiente.

Para seguir con su línea discursiva, a continuación cuestionó los fundamentos de la prisión preventiva diciendo que le pidieron que de un domicilio alternativo y eso fue lo que hizo, y que no se negó a firmar el acta. Este punto ha sido tratado exhaustivamente reiteradas veces, ante cada una de las presentaciones formuladas por Pacheco, a saber: 1.- Por el Juzgado de Control n° 3 en el Auto n° 19 del 19 de febrero de 2015, que no hace lugar a la oposición a la prisión preventiva planteada por el Dr. Merlini a favor del inculpado (fs. 312/321); 2.- En las razones esgrimidas por la Cámara de Acusación en el en el



Auto n° 275 del 05 de junio de 2015 al tratar la apelación de aquél pronunciamiento (fs. 370/378); 3.- En el A.I. n° 40, de fecha 07/07/2016, dictado por este tribunal, denegando un pedido de Habeas Corpus, en el cual aduce que su encierro es absolutamente arbitrario en razón de que la F.I. ha llevado un procedimiento absolutamente nulo desde un comienzo, toda vez, que su concubina y madre de la presunta víctima jamás actuó en la causa como denunciante y por lo tanto se ha inobservado el art. 6 del C.P.P., en función del art. 72 del C.P. ese pronunciamiento fue casado. Concedido el recurso, fue resuelto por el T.S.J., que lo declaró inadmisible mediante Auto n° 516 de fecha

  1. de noviembre de 2016 (incidente SAC n° 2862884); 4.- En el Auto n° 19, del 17 de abril de 2017, dictado por este tribunal con motivo de la solicitud del cese de la medida cautelar por considerar que se han vencido los dos años de encierro (CPP., art. 283 inc. 4), cuestionando asimismo las prórrogas (incidente SAC n° 3309821, a la fecha en el TSJ). De todo ello, Pacheco fue notificado oportunamente. Sin embargo, brevemente diré -para satisfacer su inquietud-, que debía exponer un domicilio alternativo donde poder ser ubicado, no un lugar donde funciona un comercio y que ni el propietario ni los vecinos próximos lo conocen (ver la declaración del comisionado Martínez de fs. 38).

Cuando el Fiscal de Cámara le cuestionó qué hace su semen en el tapizado, en el pañuelo y en la bombacha de la niña, H.A.P.D.V. se mostró desconcertado, dijo no entender la pregunta y la suscripta tuvo que reformularla: “por qué había semen suyo en.?. Respondió que no sabe de dónde sacaron el pañuelo, que no estaba en el auto; que la mancha del tapizado estaba seca, era vieja y se debía a que había tenido relaciones con su pareja; y que su semen se pudo haber alojado en la bombacha porque en su casa lavan toda la ropa junta. En relación a ello, vuelvo a insistir, los dichos del acusado contrastan con la prueba objetiva recabada, a saber: el secuestro de parte del tapizado y del pañuelo -obtenido del interior del rodado- (fs. 177), el informe técnico químico que da cuenta de la existencia de semen en ambos elementos (fs. 178), el secuestro de las prendas de vestir de la nena -un pantalón negro de algodón y una bombacha- (fs. 180), el reporte técnico químico del que surge la presencia de semen en la prenda íntima (fs. 179), el acta de secuestro de las ropas que vestía Pacheco (fs. 21), el correspondiente examen químico de esas prendas en la que se verifica la existencia de semen en el calzoncillo (fs. 213); el cotejo de material genético -de ambas partes: H.A.P.D.V. y S.N.M.M.- positivo en los casos del pañuelo y la bombacha (fs. 390/398), las fotografías tomadas al momento de recolectar esas pruebas (fs. 203/209). Estos elementos de convicción, serán ponderados exhaustivamente al analizar el tercer hecho, por lo que aquí solamente se enuncian. Sin embargo, no puedo dejar de considerar que es un hecho notorio y evidente (según las reglas de la experiencia común), que cuando se meten prendas de vestir en el lavarropas, precisamente se lavan, se limpian; por lo tanto, resulta totalmente absurdo que el líquido seminal de Pacheco se haya adherido a la bombacha de S. justamente por mezclarla con sus ropas en la misma tanda. Por otro lado, Pacheco desconoce de dónde salió ese pañuelo -otro elemento definitivamente comprometedor- siendo que los testimonios policiales, las fotografías de fs. 206/207, y el acta de secuestro de fs. 177, claramente indican que se hallaba a la vista, en el asiento del acompañante.

Alega también que no pudo haber participado del hecho ocurrido en horas de la mañana, porque a esa hora la nena asiste al colegio. Lo desacertado de tal afirmación será abordado líneas más abajo, al considerar las probanzas relativas a la existencia material de dicho evento -primera parte del hecho nominado tercero-.




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