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Clínica de Niños y Adolescentes

1er Cuatrimestre 2006
Seminario a cargo de Dra. M. Rodulfo y Dr. R. Rodulfo
Clase del 05/jul/2006

Clase a cargo del Dr. Ricardo Rodulfo


























Bebé







Niño







Joven



















Adlc












































































Fobias U

(FUF)












































Bueno, después este esquema, que tiene un poco de abreviaturas, lo explico un poco. Recapitulemos muy brevemente. Partimos de la idea de cuatro posiciones subjetivas después de la niñez, una de las cuales la caracterizamos como adolescencia. Las otras las caracterizamos como posición del niño, del que se mantiene en condición de niño, la posición de sobreadaptación, donde hay que hacerse adulto de golpe, como se pueda, y la posición que caracteriza más como del joven, o del chico joven, en mayor continuidad, y en menor confrontación con relación a la sociedad en general.


Vimos algunas cosas al respecto, y entonces marcamos como primera cuestión clínica, digamos, cuando hay una consulta, antes que cualquier diagnóstico psicopatológico, digamos una cosa básica es ubicarse en: si estamos con alguien de 15 años, alguien que está en una posición propiamente adolescente, si está en una posición más ligada a lo que llamé joven, si sigue en una posición de niño, niño post-púber, porque la pubertad sola no alcanza, o si está en una posición de sobreadaptación.
Después de eso, y de algunas cosas, vimos la última vez -antes que yo no pudiera venir, espero que les haya llegado… yo el lunes traté de avisar- empezamos a ver cuestiones clínicas, de cómo situarse técnicamente frente a un adolescente, distintas especificidades y problemáticas.
Hoy, siguiendo en esa dirección, ya que hoy se cierra este seminario, pensé que convenía caracterizar ciertas situaciones muy típicas de consulta, o alguna de las situaciones que pueden ser típicas de consulta en cuanto a su frecuencia. Porque un adolescente con un brote psicótico lo vamos a ver muy raramente, en cambio, un adolescente o un chico mejor dicho, tratando de ser adolescente y no pudiendo por determinadas razones, lo vamos a ver con mucha frecuencia. Entonces, en lo que hoy me voy a centrar es en un tipo de de problemáticas ligadas a lo que podríamos llamar fobias, problemáticas fóbicas post-puberales. Después voy a explicar, desde ahí, ese esquemita un poco tosco que hice.
Vamos a ver un poquito algunas cuestiones de un paciente, o todavía no un paciente pero que puede serlo. Vamos a llamarlo Daniel, es un chico de 15 años, la secuencia de llegada es más o menos así: me llama su médico pediatra –los pediatras, con frecuencia, siguen atendiendo a pacientes que ya no son niños ni bebés-, diciendo que recomendó a los padres que hicieran una consulta porque él lo ve, en sus términos, como miedoso, con miedos que no puede manejar.
Bueno, me llaman los padres, con un chico caracterizado así, y además que tiene 15 años, sería una de esas situaciones en donde el llamado y la llegada se producen mediado por la familia, por los padres. No sería de esperar que, en una situación caratulada así, llamara él. Y además tiene 15 años. Bueno, los padres lo que me comentan, básicamente, lo de mayor importancia es que cuando él empieza la escuela secundaria, a los 13 años, tiene una cierta crisis, como dificultades para ir al colegio, para ir y para relacionarse, que le costó, además era un cambio de colegio, y que después eso lo superó, pero que el secundario al que él va, cuando se llega a tercer año, hay que optar por una especialización. Entonces, él tuvo que optar, lo cual implica también cambios de grupo, y ahí, nuevamente, notaron que se producían dificultades en ese sentido. Bueno, ése es básicamente lo más importante de la entrevista. No se recordaba nada así en la niñez de él.
Cuando yo lo veo, recibo un chico con un aspecto muy de niño, si quisiera podría –a esa edad no se quiere eso, al contrario- quitarse la edad, quitarse un par de años, un aspecto más bien aniñado, cerrado digamos, en el sentido de que… bueno, había otro tema, además: cuando le preguntan, hablan con él de esto, él dice que le gustaría ver a un psicólogo, es decir que él no sólo estaba de acuerdo con la consulta, sino que conversando con el pediatra y con los padres, él mismo la había pedido de alguna manera.
No obstante, eso no hace que se venga dispuesto como a poder, o a que le sea muy posible decir algo, y tampoco le gusta dibujar, y tampoco pide la computadora para algo, de modo que las vías de entrada son difíciles. Se queda callado, me mira mucho, me mira como interrogativamente digamos, como si esperara algo de mí. No obstante, cuando le pregunto si… habla muy escuetamente, a propósito de alguna pregunta, no voy al grano, en una situación así no sería muy conveniente ser frontal, así como pretender que él nos hablara de sí, sino que más bien busco generar alguna conversación en relación a cosas que él hace, etcétera. No obstante, cuando le pregunto si quiere volver, siempre dice que sí, sin ningún asomo de duda, y dice que quiere venir. De modo que hay como si dijéramos una discordancia entre esa declaración que él sostiene, y su actitud en la consulta donde le resulta difícil sostener él la situación, cosa que un chico de esa edad –y también mucho antes- puede hacer perfectamente: sostener él el espacio, tomar él la iniciativa, hablando, dibujando, haciendo lo que fuere. Es como que, de alguna manera, genera una situación donde uno tiene que sostener, buscar que se encienda alguna llamita, esperarlo mucho. Una de las funciones muy importantes de un analista o de un psicólogo clínico trabajando con adolescentes y con chicos de esta edad, y con chicos como éste en el que al adolescente no lo vemos, es la espera, poder esperar, poder aguantar el silencio sin empezar a pedir cosas, supongamos, empezar a tomar tests, ponerse ansioso y no aguantar el silencio, no presionar, no convertir la situación en un interrogatorio que tendría patas cortas, porque nunca se desplegaría nada, contestaría el interrogatorio, sino, tratar de esperar buscando la forma de generar cierto espacio.
Bueno, es muy serio, difícilmente se le saca una sonrisa, no tiene cara triste pero es muy serio, muy armado digamos. No obstante, poco a poco en estas primeras entrevistas va hablando de alguna situación, sobre todo de lo que le pasa en su escuela. Básicamente, diríamos que no se siente cómodo con su grupo y con el grupo que le tocó, tampoco precisa mucho por qué no se siente cómodo, pero la madre me había dicho que él decía que le parecían tontos y que, escuchando lo que él contaba de ellos, ella le daba la razón. Después volveremos sobre esto. Y bueno, tampoco puede precisar mucho porque él apela mucho al “no sé”, es un chico que cuando uno le pregunta ¿Y a vos qué te gustaría?, él contesta “no sé” y por ejemplo, preguntarle por algo que quiere y el “no sé” es muy fácil. Cuando alguien recurre mucho al ‘no sé’ –esto sería válido para otras edades, pero para ésta muy especialmente- en relación a cuestiones que impliquen deseo, qué querer, inclinación, atracción, estamos, seguramente, en un territorio fóbico, donde la relación entre uno y lo que uno quiere es desencontrada, es evasiva, evitativa, difícil.
Entonces él no puede precisar mucho, porque tampoco es que se lleve mal, no se lleva mal pero se lleva poco, no se siente integrado y se le nota como si dijéramos escasez de amigos, sobre todo de esa categoría especial de amigos íntimos. Al parecer, tiene uno pero tampoco hablan mucho parece. Entonces, tiene la idea de cambiarse de grupo, esto lleva a algunas entrevistas, hay tres terceros años dentro de la especialidad que él eligió, tres divisiones digamos, piensa cambiarse de grupo, pero después resulta que parece que en los otros grupos tampoco, por lo que él ve, le gustarían mucho… finalmente eso se diluye. Un dato interesante, como sintomático, no es un lapsus pero es sintomático, es que él habla de grado, no dice división, dice “mi grado”, cuando no es un grado ya, pero este mantener la clasificación de niño… además cuando le llamo la atención sobre el asunto, se sonríe, no dice nada, y en algún otro momento yo arriesgo algún señalamiento, algo en dirección a una interpretación, algo así como ‘¿será que él añora ser más chico? ¿Será que era más lindo ir a un grado que a una división?’ y lo acepta, me dice que sí, como que la niñez era más linda y, además, lo que pinta no es muy bueno, como que después hay que estudiar y trabajar -después es después del secundario- como algo poco atractivo.
No hay tormentas en la casa, no se habla de relaciones conflictivas ni de esos estados negativistas que serían un poco una especie de síntoma de adolescencia, se lleva bien con todos, dice, no tiene problemas, él es el menor, es así: 15, 18 y 21, es el más chico –también volveremos sobre esto-. El único comportamiento que parece tener más ligado a adolescencia es que pasa bastante tiempo solo en su casa, con la computadora, esas cosas. Sale poco, que no sea con los padres me refiero. Eso es, más o menos, las cosas que va pudiendo, con bastante ayuda, y hablando a veces de bueyes perdidos, del mundial, de dónde fue de vacaciones, ese ‘hablar de bueyes perdidos’ en muchas situaciones, con pacientes de esta edad, es algo que hay que hacer sin vacilar, porque es como decir ‘una especie de pre-calentamiento’, como ‘romper el hielo’. En estas edades es más difícil que en otras que el chico esté medianamente cómodo, que pueda estar sentado en la silla sin estar tenso, sin estar en situación como ‘de examen’.
Además, él no tiene la menor idea de lo que es estar con un psicólogo, no se le ocurre cómo podría ayudarlo, entonces todo eso forma parte de esta espera, este sostén, todo este tipo de intervenciones del analista entraría dentro de lo que Winnicott llama holding, que implica una pluralidad de intervenciones que, en este momento, son mucho más importantes que una interpretación, porque nunca se debe formular una interpretación a un chico que no está cómodo. Porque aunque la interpretación fuera todo lo verdadera de la verdad, lo sentiría como un ataque, lo sentiría como un ataque persecutorio, como una penetración persecutoria en él, como una crítica, como una censura, como que lo estoy criticando, que se tendría que poner a la defensiva, entonces no tendría ningún efecto interpretativo la interpretación. Así que hay que sacarse de la cabeza eso de que la actividad principal del analista es interpretar, porque eso es válido en ciertos momentos, en ciertos casos, con cierto tipo de problemáticas pero, en otro tipo de problemáticas, durante mucho tiempo la interpretación hay que dejarla para después. Y además, hay que ayudar a que el paciente se las haga él solo, es mejor si se va generando, por ejemplo si uno pregunta ¿Y vos qué pensás? ¿Por qué pensás que te pasa eso? Es una pregunta que puede llegar a generar una interpretación. Bueno, eso entonces son cosas que hay que cuidar.
Lo que yo voy viendo, poco a poco, es que no en vano el principal o la cosa más sintomática que le ha pasado ocurre en el área de la escuela, y no en la casa por ejemplo. Bueno, porque allí están los pares, su posible grupo, él no tiene además en otros lados porque tampoco parece gustarle demasiado nada, no le interesa mucho la música, no le gustan los deportes, entonces no va a un club, no frecuenta. Eso aparece por un lado, la falta de alguna pasión propia, que un chico de esta edad puede tener muy desarrollada, puede estar por ejemplo, rascando una guitarra y fantaseando con hacer una banda, o puede estar muy entregado a cosas del deporte, de tal o cual deporte, o puede estar muy fascinado con la noche, la cerveza, los churros y esas cosas, o puede estar, incluso, eventualmente muy interesado en alguna cosa política o incluso intelectual, a veces. Puede estar interesado en el ajedrez, o en el Go… bueno, a él nada parece… lo cual convoca más la idea de inhibición, una situación de inhibición generalizada. No es ese tipo de chico más característico de la posición adolescente, muy desinteresado de toda la escolaridad, pero con algún interés irregular fuertemente acentuado, manejar una moto, cosas por el estilo. Incluso es casi un síntoma de él que, teniendo los padres una situación económica razonable, no tenga celular, un chico de esa edad hace rato que quiere tener un celular, están con los mensajes de texto, todas esas cosas.
Bueno, entonces por un lado eso. Pero por otro lado, lo que voy viendo es que él no puede usar de los chicos de su edad, de los chicos que están a mano, para salir, en un sentido amplio, para crecer, digamos. Su deseo de ser grande parece limitado a cumplir razonablemente –parece un chico inteligente, no tiene dificultades para sacarse notas lo suficientemente buenas como para no tener problemas, como para tener una escolaridad tranquila, se nota que es inteligente-, pero no quiere decir que ponga en eso especial interés o que haya una cosa que le guste más que otra, algo así como ‘me gusta matemática’ o ‘me gusta lengua’ o ‘me gusta sociales’ o ‘me gusta la computadora’ o ‘me gusta un idioma’. Pero lo principal, en donde voy centrando la cuestión es que él no puede usar un grupo de pares para dejar la niñez atrás, está muy solo, auto aislado. En el grupo, por lo que él trae, nadie parece marginarlo ni nada por el estilo, pero él está muy periféricamente, sin llegar a ocupar un espacio fuertemente. A veces sale, pero no hay un investimento para nada de lo que podría ser salir de noche, empezar a tratar de salir de noche, esas luchas por los horarios que a esa edad encontramos. Cuando se trata de un adolescente, incluso de un joven, como posición muy encarnizadas, querer volver tarde, querer volver más tarde aún, bueno… eso, para nada.
Corresponde todo a esa posición de niño, prolongada, pero esta posición de niño aparece, justamente, muy atrancado allí en la medida en que los que más lo podrían ayudar a salir de esa posición y dar otro paso de subjetivación, son los pares, grupos, amigos, tanto grupos de pertenencia como amistades importantes. Y el único amigo que tiene realmente más cercano y más viejo parece tener los mismos problemas que él, o sea que es como juntarse el hambre y las ganas de comer. Es característico eso también, no es alguien que lo puede sacar, alguien más audaz al cual él se pegue y salga, ése es un movimiento que muchos chicos hacen para entrar en la adolescencia, o por lo menos para salir de la niñez, juntarse con uno que va ‘más al frente’ como se dice, que puede animarse a abordar una chica, o a salir muy tarde, o a tener alguna transgresión, alguna travesura importante, alguna cosa de ese estilo, alguna infracción importante, robar algo, alguna cosa así. Él, nada de eso. Es otra línea interesante: su más amigo está en la misma, no se pueden ayudar mucho mutuamente.
Éste es un punto sobre el cual hay que volver, porque él encuentra muchas excusas racionales, lo que en psicoanálisis llamamos ‘racionalización’ para justificar su no usar a los pares: que no le gusta porque hacen lío en la clase, por ejemplo -por supuesto él no hace lío-, pero tampoco le gustan las salidas que hacen, es como si buscara todo lo que no le gusta como para justificar su cierto aislamiento. Y en ese punto, involuntariamente, los padres sin darse cuenta no lo ayudan, o lo ayudan al revés, porque de alguna manera, y como él además es un buen alumno y demás, ello medio que están de acuerdo, como que efectivamente ese grupo serían demasiado chiquilines para él, o algo así, o demasiado desordenados para él. De algún modo no lo confrontan con su dificultad con ser así, más bien lo secundan, lo ayudan.
Éste es un punto muy central por lo que dijimos ya hace unas cuantas clases: la adolescencia es un fenómeno de grupo, no se puede hacer adolescencia uno solo. Y él no puede recurrir a un grupo, podría ser que un grupo no le gustara –cosa que yo le señalo- pero él no se busca otro. Hay chicos que no tienen su grupo en la escuela, lo tienen fuera, en el barrio, en un club, en donde sea, pero él no, él no lo tiene en ninguna parte ni lo busca. En general, pasa mucho tiempo en su casa, no trata de salir mucho de la casa, la calle, para él –otra encuesta que yo hago, digamos- es un lugar para ir de un punto al otro, no un lugar para estar. En Buenos Aires, la calle, en ese sentido, es un sitio muy especial para los chicos, porque no es un mero lugar de tránsito. La calle tiene muchos espacios regionales que a veces vemos caminando: un umbral donde hay chicos sentados, los alrededores de un quiosco, o una esquina, la barra de la esquina que ya el tango evoca… la calle es un lugar de encuentros, a diferencia de lo que pasa en otras ciudades, en otras partes del mundo, en donde la calle es para partir de un lugar a otro y nada más. Pero él la usa así, a él nunca se le ocurre ‘voy a salir por salir’ para estar un rato con algún amigo dando vueltas por ahí, no haciendo nada por ahí, o molestando a alguien por ahí, no, eso no. Lo cual, nuevamente, es un comportamiento muy fóbico, buscarse un espacio aislado, evitar espacios grandes y abiertos… en ese sentido, también es importante lo que le pasa en el colegio, porque él paso de un primario relativamente pequeño en estructura, al colegio que él va, que es un colegio muy grande, es como si dijéramos el Colegio Nacional de Buenos Aires, uno de ese tipo, un colegio muy multitudinario, con muchos pisos, muchísimos chicos, y en ese lugar él no está cómodo, él está perdido ahí. Es un lugar difícil para él.
Un día decido ver a los padres de nuevo, entre otras cosas para ver qué hace él con eso, porque todo este tiempo no los he vuelto a ver, más allá de una primera reunión. Entonces le digo, le cuento esto, a ver si está de acuerdo, le pregunto si él quisiera que yo hablara de algo en particular con los padres. Por supuesto, me dice “no sé” –porque algunos chicos pueden decir, en ese caso, tratan de buscar la alianza, “tratá de ver si me deja salir de noche”, pueden buscar como una especie de abogado, pero no-. Entonces le digo “escuchame, y ¿vos querés venir?” y él me dice “sí, ¿por qué?” muy sorprendido de que yo le preguntara eso. Y yo le digo “bueno, ¿a quién se lo voy a preguntar? Sos vos el que viene, no tus papás, así que a mí me importa, sobre todo, si vos querés venir, no me basta con que tus papás quieran”. “no, sí, yo quiero venir”, “bueno” –le digo, para esto ya hay algunas semanas de entrevistas, hay un terreno un poquito más firme ahí, y le digo “bueno, pero te pregunto porque te cuesta estar”, y entonces le digo “¿hay algo que te gustaría cambiar?” un chico tan tímido, para decir un nombre popular del fóbico, no sería oportuno preguntarle eso en una primera entrevista, como a otro chico sí, un chico más desenvuelto. Sería cohibirlo, además, con un desconocido, con un extraño, en un chico que le cuestan las situaciones nuevas, las situaciones de cambio, que le cuesta hacer relaciones nuevas, que no está todo el tiempo yendo a lugares desconocidos, al contrario, que todavía sale mucho con los padres, cosa que otro chico de 15 años, cuando están en una posición adolescente, casi hacen una especie de norma ética ‘no quiero salir con mis padres’ aunque tuvieran deseos de hacerlo. Sería como una especie de claudicación. En cambio, él no tiene ningún problema en salir con los padres, ir al cine, ir a comer…
Bueno, entonces él me dice “sí”, ahora se anima un poco más, dice “tengo algunos miedos raros”. Bah, raros no, él lo que ha querido decir no es que tiene miedos raros, sino que tiene miedo a cosas que es raro tenerles miedo, sería su perspectiva. Le pregunto cuáles son esas cosas, como si fuera una primera entrevista –y, en cierto modo, lo es-. La primera entrevista, a veces, no es la primera entrevista. A veces, requiere mucho trabajo para generar algo así. Entonces, habla más por su propia boca y cuenta que este año, cuando empezaron las clases, tenía miedo de ir al colegio, le daba susto –él dice miedo o ‘susto’ y, en ese caso, uno toma el vocabulario que propone el paciente, nunca hay que cambiarlo por una palabra técnica, además-. No puede explicar por qué, pero le daba miedo-susto. Después se le fue pasando, dice. Le pregunto si ese susto desaparecía cuando ya estaba en el colegio, es decir si era susto para ir, pero después se le pasaba, porque eso es muy común, eso es un grado de problemática fóbica, digamos: susto para arrancar, pero después me olvido del susto. Me dice que a veces sí, y a veces no. Le pregunto “en el colegio, ¿extrañás a veces? Porque estás todo el día en el colegio”. Para algunos de estos chicos es una tortura eso, los horarios del colegio son extremadamente largos actualmente, ocho horas. “no, no, no” me dice, pero luego dice que a veces quería volver, entonces se da cuenta que sí, me dice “sí, en realidad sí, extraño mi casa a veces”. Bueno, eso es un susto, entonces se acuerda que, en primer año, cuando terminó la primaria, ese susto fue mayor aún, le costaba no tener miedo. Tampoco lo decía mucho, porque no es un chico que vaya a decir fácilmente esto, ni a pedir ayuda, pero habla de que le costó.
¿Y qué otras cosas le dan susto? Bueno, salir de noche. Este año, y el año pasado, empezaron a dejarlo, y este año, por primera vez salió y volvió a las cinco de la mañana, pero sin ningún placer, fue al boliche, no la pasó bien, se sintió extremadamente incómodo, tenso, con una sensación de exposición ridícula y vergonzosa si trataba de bailar. Demasiado fóbico el chico, además, para estar en el medio de un ruido infernal, donde además no se podía hablar, y con tanta gente. Ahí hay una mezcla de cosas que delimitar en el futuro, porque no es obligatorio que le guste eso: es qué parte corresponde a temores y qué parte corresponde a inclinaciones, porque no es que a todos los chicos les tiene que gustar eso, ni mucho menos. Pero muchos chicos de esa edad se adaptan al grupo y al ideal y van, aunque preferirían estar en cualquier otro, pero el grupo, a veces, ni se entera.
Bueno, entonces qué le da miedo de la noche tampoco puede precisarlo, porque aparentemente, no es que lo oscuro le de miedo, duerme con la luz apagada, etcétera… todas cosas que, de paso, voy revisando, a ver si tiene fobias desde niño, pero aparentemente no las tiene, no tuvo ese tipo de cosas, no recuerda, de chico, nada de esas cosas. La única que recuerda es el umbral, cuando terminó séptimo hicieron un viaje que era como la despedida y la entrada en una nueva edad. Más que un viaje de egresados, un campamento. Él, a ese campamento, no quería ir, le daba miedo ir al campamento, nuevamente un miedo indeterminado, difuso, que no hay que tratar de que lo determine a la fuerza, porque entonces va a tener que inventar cosas, ¿no? Entonces lo dejamos así, vamos viendo, pero no la pasó bien, fueron cuatro o cinco días, pero fue porque lo forzaron en realidad. El papá lo forzó porque pensaron que tenía que ir, pero tampoco luchó mucho por no ir, aunque le hubiera gustado no tener que ir. Pero, fuera de eso, no hay otros antecedentes. Sí hay otro tipo de antecedentes, porque le pregunto por sus otras cosas de su manejo cotidiano, en una cuestión importante en cualquier tipo de tratamiento es ir poco a poco y no con un cuestionario predeterminado, sino según la marcha del caso. Ir haciendo el inventario, un barrido cotidiano, porque, a veces, uno sino –y para eso, por ejemplo, la psicopatología no me sirve para nada, a mí no me interesa mucho decir ‘es fóbico’, me interesa mucho más saber, por ejemplo ¿viajó en colectivo alguna vez?-. Él usa poco el lenguaje de esa edad, así como dice ‘grado’, no usa términos que usan los chicos de su edad, no dice ‘el bondi’ por ejemplo, usa más la terminología de los grandes, dice ‘colectivo’. Lo cual es otra señal porque la cultura adolescente, sobre todo la cultura ligada al rock generó toda una serie de efectos de jerga que va cambiando rápidamente a veces, él no usa ninguno de esos términos. Incluso, alguna vez yo uso alguna, a propósito, y no sabe lo que quiere decir.
Bueno, entonces, en general al colegio lo llevan en auto, y se suele volver en taxi con otros, aunque hay muy pocas veces en colectivo. Lo cual también es típico de dispositivos fóbicos, como situaciones muy… en algunos casos, incluso, el taxi llamado previamente, porque es como que los taxistas que anduvieran por la calle serían todos asesinos disfrazados para algunas familias. Con la ayuda de algunos medios sensacionalistas generan un clima como si fuera de terror, está bien, Buenos Aires tiene sus violencias, pero tampoco es la Segunda Guerra Mundial. Entonces, aparecen algunas cosas interesantes, porque él me dice –cosa interesante para situar el medio de cultivo donde pudieron crecer estos miedos de él- que en la casa tampoco les gusta que ande mucho en colectivo. En subte no viajó nunca, ni sabe lo que es un subte, jamás bajó esas escaleras, debe pensar que llevan al infierno, aunque vive en un lugar que le vendría muy acomodado para algunas cosas. Los taxis, el coche del padre, la seguridad como se dice, que es como la seguridad de ser fóbico, porque además a uno lo pueden asaltar en los lugares más insólitos. Pero me dice algo muy interesante, que a los padres no les gusta mucho eso, y me dice que él siempre llega de vuelta del colegio entre 16 y 16.15, y que si llega 16.30 me dice “mi mamá ya está loca, llamando a todos lados”, pensando que le pasó algo. Esto es muy típico, digamos, en problemáticas que llamamos de la ansiedad o de las fobias, un medio familiar que propicia la idea de que lo extraño es peligroso, y donde a veces uno encuentra la contradicción entre el deseo consciente de los padres es que el chico sea más atrevido, no tenga miedos… pero al mismo tiempo no reparan en que ellos mismos están nutriendo eso que tiene que ver con fantasmas fóbicos no superados, se recicla. Y a veces, si no hay cambios, hay que trabajar con la familia para generar aunque sea un par de cambios, porque sino lo que uno trabaje en sesión gira en el vacío si no se cambia ninguna condición. En él no es tanto, hay chicos más… cuya condición está muy encapsulada, chicos que pasan fugazmente por la calle, que están entre la casa y la escuela, y si salen a algún lugar, los llevan al shopping y luego los van a buscar al shopping, que sería como un espacio muy como si dijéramos ‘clase media fóbica’, muy frecuente.
Bueno, entonces a veces hay que plantearles a los padres ‘si ustedes quieren seguir viviendo así… no va a cambiar nada, es inútil que lo manden a tratamiento, el tratamiento no es un milagro que opera en cualquier condición’. Cosa que siempre hay que tener en cuenta. Entonces, ahí uno encuentra más elementos, y entonces me dice una cosa importante, que es como una teoría-insight-interpretación de él, y todo un tema como de mito familiar “lo que pasa es que soy el más chiquitito, y como soy el más chico, siempre soy el chiquito en mi casa” y entonces le pregunto –porque el que le sigue tiene 18- “y cómo eran con tu hermano, ¿te acordás?” y tiene algunos recuerdos que son útiles, por ejemplo que al hermano lo dejaron viajar solo a los 12 años, a él recién a los 14. La primera vez que viajó solo, 14 años, y además un viaje de pocas cuadras, no es que se fue a la Patagonia, viajar ahí es un decir, como decir ir de aquí hasta Belgrano y Entre Ríos. Es un punto importante para trabajar, porque ahí hay un destello en la mirada de él, por primera vez se anima de otra manera, como algo que podría llegar a ser ‘no me gusta esa posición de chiquito, podría querer sacármela de encima’ en el fondo, aunque al mismo tiempo esté tan instalada, y él está llevando un tipo de vida en la cual no hace muchas cosas para dejar de ser el chiquito. Otro chico, supongamos, en las mismas condiciones o peores incluso, en cuanto a un medio ansioso o más controlador, otros chicos entran en conflicto con eso abiertamente, se pelean, luchan forcejean, maltratan, discuten, hacen ruido para que no los tomen, para salir del lugar del más chiquito.
Entonces, ahí tenemos una primera cosa importante a la cual agarrarse. Pero para eso hubo que estar en entrevistas supuestamente diagnósticas que no lo eran. Desde el punto de vista diagnóstico, en este caso, no en otros, una vez que hablé por teléfono con el pediatra, ya podría haber hecho un identikit del paciente, lo cual otras veces no es para nada así, otras veces la situación es mucho más borrosa, pero el diagnóstico no sirve para nada, ponerle un rótulo. Estas entrevistas fueron entrevistas tampoco para un tratamiento que yo no sabía si iba a tener lugar, aunque parece que va a tener lugar, sino generar un clima de trabajo y de ver si él… si se mueve algo en él y él llega a alguna conclusión por sí mismo, y yo voy viendo cómo es posible, por dónde se podría ayudarlo. Que luego eso se acepte o no, es otra cosa. Pero ahora yo tengo algunos elementos para una entrevista con los padres, y para sugerir algo y dar alguna perspectiva.
Ahora bien: acá viene el esquema que hice. El esquema dice lo siguiente: en el pasaje de bebé a niño –bebé se transforma en niño, la flecha doble quiere decir ‘se transforma en’- se genera lo que desde Freud se conoce como ‘fobias universales’, esas fobias propias de los deambuladores, de los chicos pre-escolares. Yo puse ahí, lo que está abajo no es un resoplido, sino que quiere decir Función Universal de las Fobias, remitiendo a ese capítulo de Estudios Clínicos, que es básico para situar este esquema, el capítulo que se llama “De las fobias universales a la función universal de la fobia”. Bueno, ahí se genera ese espacio de las fobias universales, característica de los chicos de esa edad, como pueden ser trastornos de sueño, despertarse llorando, de pronto angustia para quedarse solos en un jardín o cumpleaños, miedos nocturnos, algún sueño de angustia, cosas de ese tipo que, por lo general, coexisten al mismo tiempo con movimientos muy exploratorios, de avanzar en el espacio, de ganar autonomía, la oscilación como si dijéramos entre valentía y cobardía.
Cuando el niño se transforma bien en adolescente o bien en joven, hay otro período de fobias universales, que hace a veces tanto ruido como el otro, o más, o un ruido distinto, pero que es un período típico de fobias universales que podríamos decir ‘post-puberales’. Por ejemplo, un chico a los 13 años –de otro chico hablo ahora- empieza el secundario y tiene una crisis y no quiere salir de la casa, tarda 3 meses en poder ir al colegio, 3 meses e intervenciones, una violenta crisis, un chico con características parecidas a éste. O situaciones donde aparece la oscilación entre encierro y salida, distintas modalidades de angustia que, cuando se complican, como es el caso de Daniel, amenazan con dejarlo en posición de niños. En este caso diríamos, toda esta problemática angustiada tiende a dejarlo en posición de niño y a no permitirle muchos avances en el cambio de posición. Y para dejar la posición de niño no basta con cumplir años, lo volvemos a decir.
Yo tengo un paciente joven, de 25, 26 años que tiene un padre de más de 50. Este padre nunca ha podido comportarse con él como padre, y tiene una sola cosa que le interese, un solo deber familiar, que es con su propia mamá, con la cual tiene una relación de niño, va todos los domingos, religiosamente, a la casa de su madre, pero jamás se ocupa del hijo, sigue en una posición de niño, no puede ser padre.
Entonces, es como decir: hay dos espacios grandes de la fobia universal, en la salida del ser bebé y en la salida del ser niño. Las fobias universales, así como tomando esa tipificación que hizo Freud, si todo va bien, se van solas, desaparecen solas, a la manera de los dientes de leche, esas cosas que caen con la edad. Pero fácilmente se complican, se curan mal, y entonces empiezan a ser fobias propiamente dichas con manifestaciones sintomáticas, o cursando más bien con inhibiciones importantes. Este chico es un chico de inhibiciones más que algún síntoma espectacular, lo que en él predomina es todo lo que él no puede hacer, o todo lo que él no puede disfrutar si lo hace. Es un punto que él tocó ahí, que muchas veces él salía, estaba, pero no lo disfrutaba. Sale, por ejemplo, pero está tenso, en el fondo esperando, no viendo la hora de que llegue el momento de volver a su casa, con lo cual esa salida, en lo subjetivo, fracasa, no tiene mucho valor subjetivo, porque no logra disfrutar de ella, está dominada, en el fondo, por una secreta angustia que habrá que desplegar, trabajar.
Pero bueno, son dos tiempos. Este segundo tiempo de fobia universal es muy frecuente, muy regular. Toma muchas manifestaciones físicas, como por ejemplo distintos grados de vergüenza en lo público, vergüenza para vestirse, vergüenza con el propio cuerpo, vergüenza para usar tal o cual cosa, vergüenza de ser mirado, sobre todo mirado no por los grandes, sino por los pares, o por las ‘paras’ si es un varón. Otras veces, estas manifestaciones tienen que ver con temas alimentarios, o con retracciones físicas, justamente, en otro chico veíamos que él no iba al gimnasio porque no quería echar músculo, echar cuerpo, había como una especie de rechazo a eso que era, en definitiva, tener un cuerpo más de hombre, él quería conservar un cuerpo muy flacuchito y poco coloreado digamos. Otro chico, ya más grande, habla de su incomodidad y vergüenza cuando, por primera vez –tiene 18 años- le ponen un traje para un casamiento muy importante. Un traje es una cosa como… no se puede ver con el traje, que sería ropa de hombre, dice “yo estoy cómodo en buzo y zapatillas” pero en realidad eso tiene que ver con seguir con ropa de niño. Estas fobias tienen curso distinto que en la niñez, no son fobias a lo oscuro, si un chico de esta edad tiene fobia a lo oscuro, no es una fobia de esta edad, es que no se curó una fobia vieja, como a veces hay gente de cualquier edad que no puede dormir con la luz apagada, salvo que tenga encendida la radio o la pantalla de la televisión. No puede dormir en el oscuro absoluto, o no puede cerrar la ventana para que esté oscuro. Una fobia de ese tipo es una fobia que viene teniéndose de niño.
Pero este chico, por ejemplo, no había tenido ninguna fobia de niño, esto arranca ahora. Y arranca con estas manifestaciones, no va a tener miedo a lo oscuro, pero va a estar esa vaga angustia cuando está lejos de la casa, esa dificultad para estar con los de su edad y, sobre todo, lo más llamativo en él y muy ligado seguramente a ser el chiquito, que es que todavía no despunta un deseo propio de –vamos a decirlo así- de que le atraiga más estar fuera de la casa y con otros, que en la casa y con su familia. Entonces, eso llama la atención… la ausencia de eso, que es un movimiento tan típico en el que deja de ser niño, que todo lo que sea fuera de la casa se vuelve mucho más atrayente todo lo que tiene que ver con pares y con otro tipo de exploraciones, que no son las del niño.
Elegí esta temática hoy, para cerrar, porque es con mucho el tipo de problemática más frecuente que uno ve en estas edades, prepondera mucho, hay muchas consultas que tienen que ver con este tipo de cosas. A veces con una apariencia de muy poco problema. No hay un loco, ni un drogadicto, ni un delincuente, ni nada por el estilo, pero estas cosas, que parecen… en definitiva, uno diría ‘bueno, tardará un poco más en crecer’ no, no se va con tiempo, se puede ahondar con el tiempo. Estas cosas pueden, digamos, arruinar la vida de alguien, hacerlo inútil para el amor, inútil para lo que le guste hacer, hacerle imposible conquistar cosas que quiera, o generar, con el tiempo, una disociación característica, una especie de disociación enchapada, una especie de chapa, donde parece que hace lo mismo que los demás, y que superó, pero en el fondo no lo superó nada, se dividió el asunto entre una adaptación social, digamos así, y en el fondo tenemos a una persona que, por ejemplo, tiene muchas dificultades para la sexualidad, el erotismo, distintos ámbitos de la vida cotidiana del más grande, donde el apego a la niñez hace que el placer encontrado en las cosas de grandes sea más bien escaso, donde así como no pudo tener amistades intensos, no pueda tener amores intensos. Todo eso con una máscara de superación.
Cuando uno encuentra un caso como el de este chico sería un error dejar pasar el tiempo pensando que, simplemente, esto con el tiempo… como otras cosas sí podrían pasar, si uno encuentra una crisis aguda, por ejemplo, eso sí podría pasar, si es una crisis aguda y puntual y simplemente hay que acompañar la crisis. Pero esto es una cosa que ya viene cronificada, que ya tiene 3 años o 3 años y pico, y más bien no hay crisis, esto puede extenderse. Una forma típica en que puede extenderse esto es una fobia a la elección de futuro, una fobia a hacer proyectos, no poder encontrar algo que estudiar que realmente suscite deseo, ni encontrar tampoco gusto por un trabajo o por otra actividad, no poder elegir camino. Si terminado el secundario se quedó instalada en este chico la fobia, ese ‘no sé’ va a aparecer así, se puede hacer una apuesta a que va a aparecer en el terreno, vamos a decir de proyectos de futuro, que incluyan proyectos de estudio, de trabajo… proyectos de tipo vocacional, no va a encontrar su vocación. Y, entonces, eso a veces va a suscitar una supuesta orientación vocacional, pero no se trata de una cuestión de orientación vocacional, ningún test puede ayudar a resolver esto, ningún cuestionario, no sirve de nada que le descubran dotes para el teatro, las matemáticas o el fútbol si el chico no se puede mover. Cuando estas cosas van cursando sin resolución, hay que esperar, generalmente, o una desacomodación muy fuerte al terminar el secundario, o una sobreadaptación ‘elegir algo porque hay que elegir algo’, ‘estudiar algo porque hay que estudiar algo’. En su momento ‘ir a trabajar porque hay que ir a trabajar’ pero sobre la base de una cuestión disociada, que no está realmente allí en lo que está. Un poco a la manera en como este chico está en el colegio o con sus pares, donde ya se presenta esto, eligió él la especialización en tercer año, nadie se la impuso, había tres posibilidades y él eligió una, pero no le gusta dice, “¿y las otras?” “tampoco”. Dice que tampoco le gusta nada.
A uno no lo internan por esto, ni sale en ningún historial raro, porque es una cosa muy frecuente, pero en cambio uno puede perder su vida en esto. Digo esto porque a veces la idea de gravedad queda ligada a la idea de alguna patología muy rara y estruendosa, hacer líos, tirarse por las ventanas en cuanto se descuidan los demás, y cosas por el estilo. Por supuesto que esas son patologías importantes pero, en realidad, son más bien raras, su frecuencia es mínima en comparación, mientras que éstas son endémicas y tienen su propia gravedad, la gravedad de la inhibición es una gravedad muy seria, porque no poder hacer, no poder gozar, no poder elegir, no poder desear… lo cual, podríamos decir, una neurosis cronificada como inhibición, o ya todo un modo de existencia cronificado como inhibición, o dicho en otros términos, uno modo de organización de la personalidad no llama la atención, pero es sumamente grave. De hecho daña, además, y a veces irreversiblemente, el potencial creativo de alguien. Termina dañando la inteligencia incluso, en el sentido de que la inhibición afecta todo lo que es curiosidad, exploración, desconocido, y eso acaba por trasladarse al plano cognitivo, intelectual. Digo esto porque muchas veces se piensa que hay una especie de escala que va de lo leve a lo grave, hay un eje que iría de neurosis a psicosis, y no es así, cada problemática tiene su propio nivel de gravedad, es como si dijéramos ‘la gravedad de un tumor maligno no es la gravedad de una afección cardiaca’, o ‘la gravedad de una afección del colágeno o de una enfermedad autoinmune’, pero no es que tener un infarto es leve y tener un tumor es grave, cada una tiene su propio grado de gravedad y su propia manera de matar a alguien. En este caso, de matar o por lo menos de adormecer, de ‘embotar’ psíquicamente a alguien.
Me detengo en esto porque salvo aquellos que se dedican muy especialmente a cierta área clínica, como quien va a trabajar especialmente con drogadicción o con situaciones delincuenciales, o con casos de psiquiatría mayor, o con niños retrasados, el que está en un consultorio más abarcativo, más como el clínico médico de la psicología, de cada 10 casos, 8 son de este tipo, o cosas por el estilo.
Bueno, veamos un último intercambio porque ya no tiene caso seguir con cosas nuevas, pero puede ser que lo de hoy les incite alguna pregunta o comentario, o algo de más atrás también, que les haya quedado.
ALUMNA: en la adolescencia, ¿las fobias universales también son esperables que sucedan, son estructurantes?
PROFESOR: sí, muy buena pregunta. Son estructurantes, si no suceden, hay que pensar, por lo general, en una forma de sobreadaptación, y no es bueno. En otro sentido, uno podría decir lo siguiente: la posición adolescente es un modo particular de curar, superar y atravesar estas fobias, porque el adolescente se hace contrafóbico en grupo y con otros. Por eso la función de la compañía en el adolescente es fundamental. Hay muchos tipos de lugares donde el adolescente jamás iría solo, iría de a dos por lo menos y de a más también. Es lo que este chico no se puede procurar: un acompañante para cursar las fobias, o un grupo de acompañante. Entonces, la posición adolescente tiene una ventaja, que es ésa: en el modo de la posición adolescente parece que nada lo detiene, y a veces hasta que se pasa de la raya, como se dice, y empiezan las cuestiones de que se pasó de revoluciones o que no tendría, supuestamente, límite. Lo cual no es así, simplemente está empujando el límite, pero ese atrevimiento vemos que está siempre condicionado.
Es interesante esto porque a veces, incluso en tratamiento, viene la chica o el chico, pero es como si viniera todo el grupo, porque se acompaña de todos en su discurso. En una sesión despliega 10 ó 15 nombres entre amigas, novios, ex novios, casi novios, amigovios, enemigas, rivales… hay un mundo ahí, es todo el espacio transicional que crea y, en ese punto, es que el adolescente puede sortear esas… es una forma de cursar esas fobias. Pero que no aparezca nada, que no aparezca sería un mal signo, porque una de las primeras manifestaciones de dejar de ser niño es encontrar un extraño en el espejo, lo que es propio de la experiencia puberal, encontrar alguien en el espejo a alguien que no reconozco, no me termina de gustar, no me amigo con él, entonces me tengo que cambiar 100 veces de ropa, me cambio el color de pelo, me pongo esto, me saco… exploraciones de ese tipo que tienen que ver con aceptar un extraño y un cuerpo de extraño con el cual vivir y convivir.
Esa ya también es una reacción como de fobia, fobia a mi propio… bueno, hay chicos que no se miran al espejo ni que los maten. Un chico se preguntaba cómo haría para afeitarse cuando se tuviera que afeitar, porque no le gustaba a él mirarse al espejo, y ahí salió toda una conversación donde él pasaba por los espejos como una ráfaga, lo que él veía allí no le gustaba nada. Era una auténtica fobia al espejo, fobia a su no-ser-ya-niño.
ALUMNO: (comentario inaudible)
PROFESOR: ¿en relación a qué tipo de trastornos?
ALUMNO: trastornos narcisistas
PROFESOR: ¿hablando de trastornos narcisistas no psicóticos?
ALUMNOS: sí.
PROFESOR: bueno, habría que especificarlo un poco más, si por ejemplo se toma en cuenta una vertiente más depresiva, más depresivo-melancólica, si se toma en cuenta una vertiente más retraída, más esquizoide, si se toma en cuenta una dirección más como la que llamamos de trastornos narcisistas no psicóticos, pero allí las cuestiones ligadas a ese relacionarse con su propio deseo están más complicadas y más oscurecidas, más tomadas, más embrolladas por las problemáticas. Por ejemplo, la problemática de la autoestima, una problemática de baja autoestima, colapso de autoestima. O –esta sería una- una problemática de lo que Winnicott llama ‘sentirse real’, una problemática de no sentirse real, una problemática de vacío y pérdida de sentido. Entonces, ahí estas cuestiones no es que no estén, pero se las encuentra en una configuración distinta, más compleja en ese punto y hay otras prioridades de trabajo. En este caso, en estas situaciones típicas y más corrientes, esto está más en primer plano esa cuestión del deseo de ser grande, porque todo lo que dije de Daniel puede perfectamente remitirse a lo que vimos como problemáticas en el deseo de ser grande, que él casi invierte cuando dice “la verdad es que sería mejor seguir siendo niño, sería más feliz”. Mientras que lo habitual, cuando no hay curso patológico, es que se deje lo de niño muy espoleado por la idea de la felicidad de ahora en la posición adolescente, la felicidad del porvenir, en un proyecto más ligado a la posición de joven. Entonces, en ese otro caso, ya son cuestiones… hay otro campo conceptual que movilizar.
Bueno, ¿alguna otra cuestión?
ALUMNA: es algo de las primeras clases. Usted había puntualizado que estos chicos pasan por un momento en que no les interesa nada, y me quedé con la duda: ¿era como una condición para que haya un verdadero cuestionamiento y una verdadera creatividad? Me preguntaba si era necesario, para que haya esa creatividad, pasar necesariamente por esos estados de desinterés, descalificación… pensando en algunos casos en mí misma, como adolescente, donde había una gran pasión por algunas cosas y sí, tal vez, un gran desinterés o furia por otras.
PROFESOR: sí, muy interesante cuestión, a ver. Uno podría confundir, y no debe confundir - este comentario pone el dedo en la llaga aquí- lo que sería el ‘no sé’ de la inhibición de Daniel como un ‘no sé’ pasivo, que sería algo así como ‘no sé qué es eso de crecer, no sé qué es eso de ser grande, no sé si quiero saber qué es eso de querer ser grande’ con lo que vos señalás, que implicaría una posición de activo vaciamiento de sentido, de estado de confrontación donde alguien rechaza activamente algo, temporariamente o no. Y donde, efectivamente, una posición en donde sea condición, ese negativismo sea un pasaje a una elección más auténtica. Elección no hablo sólo de elección de qué estudiar, sino de formas de vida, de formas de existencia, elección de cursos desiderativos. Entonces, ahí sería una condición, lo que pasa es que no sería una condición sine qua non, porque encontramos en otros chicos, lo que yo llamo posición de joven, que pueden tener un proyecto muy temprano sostenido, que a veces se manifiesta en que ya de la pubertad, o a veces antes, ya sabían qué les gustaba y eso se mantuvo toda la vida, y se mantuvo bien. No porque ahí no haya crisis, sino que la crisis era más bien cómo hace eso mismo la otra generación. Pero una cosa es decir ‘no me gusta cómo enseña esto el profesor’ y otra cosa es decir ‘no me gusta que haya cosas que a uno le enseñen’. ‘No me gusta cómo enseñan esto aquí’ no es lo mismo que decir ‘no me gusta aprender’, son dos rechazos distintos. En la posición adolescente se pasa más por eso de ‘no quiero aprender nada, porque nada sirve’, o sólo sirven un par de cosas muy seleccionadas y, por lo general, en escasa armonía con el medio familiar, adulto, etcétera.
Ahora, también eso puede ser algo que se complique, se enferme y se perpetúe, y encontremos a alguien que se pase en una especie de eterna adolescencia, patinando siempre, cambiando de dirección cada año, hasta los 60 ó 70 años. No tenemos nunca que tener confianza en la cronología, decir que va a venir un paciente adulto también es una suposición prejuiciosa.
Bueno, espero que hayan disfrutado la materia, y cualquier cosa en algún momento nos veremos o no, mucha suerte, no sólo con esta materia, y aunque algunos de los que hayan hecho la materia jamás trabaje con un niño o con un adolescente, no me cabe duda que las cosas que estuvimos viendo les pueden servir lo mismo, porque en la práctica uno ve… en la clínica con adultos todo esto se vuelca y se activa de otra manera, y lo mismo trabajando en otros campos, un poco de clínica no viene mal tampoco al que se va a dedicar al campo educacional o al campo laboral, etcétera, porque no es la clínica la única salida. Así que, bueno, hasta cualquier momento, nos vemos.


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