Segundo y tercer año de vida: etapa del deambulador (Aranda)



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Segundo y tercer año de vida: etapa del deambulador (Aranda)
INTRODUCCIÓN

Los especialistas en psicología del desarrollo denominan “etapa del deambulador”, al período de la vida que se extiende entre los 15 y 30 meses de edad, aproximadamente. Esto se debe a que alrededor de los 15 meses, los niños abandonan definitivamente el gateo, para preferir la posición bípeda y la autolocomoción. Un deambulador es un niño capaz de pararse por sí mismo, caminar, establecer distancias y desplazarse explorando su entorno inmediato.

Deja de ser un “bebé”, un “infans”(sin habla), para convertirse en un “niño” facultado para hablar, expresar verbalmente ideas y sentimientos.

En el transcurso de esta etapa se completa la dentición transitoria. Comienza a desaparecer lentamente la gruesa capa de grasa que durante el primer año de vida resalta el aspecto de “bebés”. La apariencia de “bebote”, cambia durante los años preescolares a medida que los niños crecen en estatura y sus cuerpos adquieren las proporciones más parecidas a las de los adultos.

La autolocomoción facilita el proceso de familiarización con el mundo, ya que otorga al niño la posibilidad de acercarse por sí mismo a personas, objetos o lugares que antes sólo veía a través de los barrotes de la cuna o en los brazos del adulto.

El deambulador desarrolla las habilidades de caminar, tomar la cuchara, masticar, hablar, y estar algún tiempo solo; estos logros son indicadores de una creciente autonomía psíquica. Desde el psicoanálisis podemos ubicar aquí lo que Winnicott ha denominado “el camino hacia la independencia”, superando la dependencia absoluta y luego relativa del cuidado materno.

Las principales características de esta etapa son:

.Desarrollo motor: destreza manual, posición bípeda y marcha independiente.

. Control de esfínteres: Comienzo del “proceso” que va de la incontinencia a la

continencia.

· Lenguaje: desde las primeras palabras aisladas hasta la construcción de frases de

dos o tres palabras.

· Juegos infantiles: Juego simbólico. Juego dramático. Desde la perspectiva social del

juego: juego paralelo.

· Primeros dibujos: Etapa del garabateo.

· Socialización: Ambito extrafamiliar y jardín maternal.

· Desarrollo cognitivo: finales del período sensoriomotor y comienzos del período

preoperatorio.

· Desarrollo emocional: negativismo infantil, autonomía creciente, proceso de

separación e individuación.


DESARROLLO MOTOR

El progreso madurativo en dirección próximo-distal y céfalo-caudal, permite que durante el segundo y tercer año de vida se adquieran unas habilidades motoras (manuales y locomotoras) fundamentales en el desarrollo y que otorgan al niño la posibilidad de tener una posición más activa en su esfuerzo por explorar el mundo.

En cuanto a las habilidades manuales durante esta etapa el niño avanza desde la prensión fina de finales del primer año, hasta la destreza en el manejo de la cuchara al

intentar alimentarse solo.

En cuanto al desarrollo de la locomoción, se produce el progreso desde la posición erguida y los primeros pasos de finales del primer año, hasta la marcha segura y con demostraciones de ciertas destrezas, propia del tercer año de vida.
La destreza manual

Durante todo el primer año de vida se produce el desarrollo funcional de la mano prensil. Recién a los 12 meses el niño llega a tener una definida prensión fina en forma de pinza.

A partir de entonces el niño puede asir con gran delicadeza una amplia gama de pequeños objetos como migas, bolitas o hilo para arrastrar un auto. Pero para soltar adecuadamente, hace falta avanzar en el nivel de maduración neuromotríz y atencional, ya que se deben coordinar los movimientos precisos del brazo y la mano con el lugar elegido como objetivo.

A medida que se regula el acto de soltar, combinándolo con la prensión y la ubicación espacial, se hace posible aumentar la cantidad de cubos que puede apilar un niño si se le pide que arme una torre.

La maduración de las partes más distales del centro del cuerpo, como las puntas de los dedos, hace que a los 18 meses los niños quieran ellos mismos dar vueltas las hojas del libro que se les está leyendo. A esa edad generalmente lo hacen de a dos o tres páginas por vez.

A los 24 meses el progreso en el control de los músculos flexores y extensores brinda una coordinación manual mayor, con la posibilidad de armar torres de seis cubos, asir mejor los lápices, utilizar una pequeña tijera, y manejar más adecuadamente la cuchara.

En el dibujo puede imitar el trazo vertical y circular y garabatea espontáneamente en forma de círculos.

A medida que nos acercamos al final del tercer año comienza a ceder el gran interés por el movimiento permanente, pudiendo dedicarse a actividades sedentarias por más tiempo.

A los 36 meses como se ha dicho, llega a armar una torre de 9 ó 10 piezas.

Domina el manejo del lápiz al trazar líneas curvas y rectas. Pone nombre a lo que dibuja. Copia el círculo sin ver la demostración y puede imitar el trazado de la cruz.

En relación con la lateralidad, debemos señalar que la preferencia por el uso de una mano y pie en particular se desarrolla con lentitud. Durante esta etapa la acción bilateral va siendo gradualmente reemplazada por la acción unilateral.
La posición bipida y la marcha

Al finalizar el primer año de vida (12 meses) la mayoría de los bebés alcanzan la posición erguida y desde allí comienzan a dar sus primeros pasos, al comienzo con la ayuda de un adulto para mantener la estabilidad o sosteniéndose de los muebles de la casa. Gradualmente, y con el ejercicio, pueden liberarse de la ayuda o el apoyo en los muebles para conseguir mantener por sí mismo el equilibrio mediante la extensión de los brazos y la separación de las piernas. Ante una situación que pueda amenazar la estabilidad, lo más probable es que vuelvan a la posición cuadrúpeda, ya que a los 12 meses para muchos niños el gateo sigue siendo el medio de locomoción más seguro.

En promedio, a los 15 meses de edad se abandona definitivamente el desplazamiento cuadrúpedo. Con la aparición de la marcha independiente el niño se convierte en un deambulador o caminador.

Al comienzo frecuentemente caen sentados, como si se derrumbasen. Pero lo que define la marcha independiente es que luego de caerse, se levantan solos y retoman por sí mismo la caminata. No recurren al gateo, salvo como actividad lúdica.

A los 18 meses la marcha sigue siendo algo rígida y los pasos tambaleantes, debido a la dificultad en conseguir un equilibrio estable y a la poca flexibilidad en las rodillas y

los tobillos.

A esa edad el niño se desplaza rápidamente, muchas veces inclinado hacia adelante, pero no por la intención de correr, sino como un esfuerzo por mantener el equilibrio en la posición erguida.

Gradualmente, hacia los 24 meses se perfecciona la marcha, perdiendo la rigidez, la inclinación y la gran separación entre los pies.

Se consigue una mayor flexibilidad en las articulaciones y un equilibrio superior que da como resultado un desplazamiento seguro, sin tantas caídas y hasta con la posibilidad de correr. El niño de finales del segundo año prefiere correr a caminar. La actividad motriz gruesa es predominante a esa edad. Se divierte con los juegos enérgicos, que pongan en acción la musculatura general del cuerpo.

A los 36 meses puede correr aumentando y disminuyendo la velocidad con más facilidad y detenerse o girar repentinamente.

Hacia el final de esta etapa, con la atenuación de la actividad motriz gruesa, se incrementan los períodos de actividad sosegada, y comienzan a interesarse además por ordenar lo que antes desordenaron.
CONTROL DE ESFINTERES

El control de esfínteres, es un proceso gradual que transcurre a lo largo del segundo y tercer año de vida. Hasta llegar a la autorregulación definitiva, no se avanza de manera fija y uniforme, sino que lo esperable es que ocurran altibajos y periodos de meseta. Esto se debe a que el proceso de control de esfínteres depende de factores fisiológicos y psico sociales, dentro de los cuales la exigencia de los padres juega un rol decisivo.

Es inútil pretender adiestrar al niño en la eliminación antes de haber llegado a un determinado nivel de maduración fisiológica. Por lo general se adquiere el control de intestinos una vez que se ha consolidado la posición erguida y la marcha, momento en que la maduración neuromuscular ha avanzado hasta la zona caudal del cuerpo. A partir de entonces y no antes, el niño está capacitado para establecer las conexiones neuronales que hacen posible otorgar significación a las sensaciones provenientes del interior del organismo.

Depende además de factores psico-sociales. La modalidad que adopten los padres y cuidadores (abuelas, maestras de guardería, niñera) en el transcurso del proceso, va a ser decisivo en los resultados. Una posición muy rígida y exigente que no contemple la posibilidad de retrocesos temporarios, es probable que lejos de adelantar el proceso, lo demore.

Desde el psicoanálisis sabemos que durante la etapa del deambulador el niño transita por la fase anal del desarrollo psico-sexual. El pasaje por dicha fase determina en gran parte los avatares del proceso que culmina con el control definitivo. Cuando el niño es capaz de dominar voluntariamente sus músculos, advierte espontáneamente que puede demorar o provocar la micción y defecación. Este ejercicio de retener y dejar pasar el producto se convierte en esta etapa en un ejercicio cargado de interes erótico.

Freud sostiene que en la defecación se plantea al niño la necesidad de decidir entre la disposicion narcisista y el amor a un objeto: o expulsa dócilmente los excrementos como sacrificio por amor, o los retiene para la satisfacción autoerótica.


Entre los 15 y los 24 meses de edad transcurre una fase de “regulacion parcial”.

Alrededor de los 15 meses los niños comienzan a mostrar desagrado por los pañales sucios, ese puede ser indicador de que está en un momento oportuno para ser entrenado en el control voluntario.

A partir de los15 meses, por la inmadura capacidad de asociar las sensaciones internas con la excreción, todavía no es capaz de comunicar anticipadamente si siente necesidad de evacuar.

A los 18 meses, a veces las incontinencias son intencionales, como un modo de ejercer su voluntad y desafiar al pedido de los padres.

Con el desarrollo del lenguaje, el niño puede utilizar una palabra para comunicar el hecho, aunque todavía no diferencie entre el producto del intestino y de la vejiga.

A los 24 meses adquiere mayor dominio entre la relajación y la contracción del esfínter anal y de la vejiga. Puede anticiparse al hecho y verbalizar la necesidad de ir al baño y hasta quizás pueda diferenciar entre defecación y micción.

Recién a los 30 meses la mayoría de los niños logran el control nocturno de vejiga, si los padres se encargan de levantarlo a mitad de la noche.

A los 36 meses está en condiciones de asistirse solo en las funciones excretoras. Durante la noche puede inhibir la micción y responder positivamente al estímulo levantándose para ir al baño, en lugar de hacerse en la cama.

Ya a los 4 años es capaz de mantener por sí mismo la rutina de la evacuación. Solicita cierta privacidad en el momento de eliminar y muestra fastidio si un adulto pretende esperarlo dentro del baño.

Hasta los 5 años puede haber episodios aislados de incontinencia nocturna o diurna, generalmente ligados a factores emocionales o a episodios de excitación.


LENGUAJE

Adquirir el lenguaje implica desarrollar la capacidad de comprender, producir y usar significantes de una manera ajustada a ciertas reglas convencionales. El lenguaje es una herramienta culturalmente elaborada y aceptada con el fin de regular la comunicación entre los miembros de una sociedad.

El niño participa activamente en el proceso de adquisición del lenguaje: ensaya distintas pronunciaciones, inventa palabras, utiliza las que ya conoce aplicadas a distintas situaciones, y más adelante, prueba combinar esas palabras en lo que serán sus primeras frases.

Al finalizar el primer año de vida (12 meses) los niños son capaces de decir algunas palabras aisladas.

Entre los 12 y los 18 meses el vocabulario aumenta muy lentamente, en comparación con el progreso que se da entre los 18 y los 36 meses; esto parece deberse a que el niño en ese semestre esta más interesado en perfecconar las habilidades motrices.

Según Gesell a los 15 meses suelen tener un vocabulario de 4 a 6 palabras.

Una vez dominadas las primeras palabras, aparece un tipo de lenguaje que es característico de los comienzos de la etapa del deambulador, se trata de la “jerga expresiva”. Consiste en una serie de verbalizaciones que tiene la apariencia de una narración compuesta por palabras, en la que el niño intenta reproducir los sonidos, las pausas y declinaciones del lenguaje adulto.

A los 18 meses tienen incorporadas unas 10 palabras, aunque comprenden muchas mas que las que son capaces de pronunciar. Continuamente señalan objetos para conocer su nombre.

También a la edad de 18 meses, es habitual el uso de holofrases, donde una sola palabra (por ej.“leche”), tiene el valor de una oración entera

A los 18 meses los niños se resisten a la solicitud del adulto sacudiendo la cabeza. Recién a los 24 meses puede decir la palabra “no”. En este punto es importante recordar que el psicoanalista inglés René Spitz, ha ubicado la aparición del “no” como uno de los tres organizadores que indican puntos nodales en el desarrollo psíquico normal de los niños.

Alrededor de los 21 meses, el deambulador de esta edad suele utilizar el lenguaje para manifestar su necesidad de evacuar o ser alimentado, con lo cual se advierte una posición mas activa del niño en sus funciones vitales.

Con la formulación de las primeras frases se da comienzo a las “gramaticas infantiles” en las que el niño desarrolla una serie de reglas para combinar diferentes clases de palabras. Tal combinación de palabras es posible porque ha incorporado la estructura del lenguaje, aunque de manera rudimentaria;

Algunos linguistas señalan que los niños comiezan a construir oraciones mediante la

combinación de dos clases de palabras, las palabras pivote y las palabras abiertas. A medida que el lenguaje se desarrolla, el niño selecciona determinados morfemas como palabras pivote y los ubica en una posición fija en relación con las demás palabras, que constituyen su vocabulario abierto. Son ejemplo de esas primeras frases de dos palabras, “está mamá” (donde “está” es la palabra pivote y “mamá” es la palabra abierta que puede cambiar por “está papá” o “está nene”)

En promedio a los 24 meses, se formulen frases de tres palabras que combinan palabras abiertas y palabras pivote en formas más complejas. Tambien a esta edad comienzan a utilizar los pronombres “mio”, “mi” y “tu”, aunque no siempre de la manera correcta.

El lenguaje del niño de 24 meses está muy ligado a la experiencia inmediata, por lo que es común que relate las acciones que realiza, como si pensase en voz alta. Se nombra a sí mismo en tercera persona, por su nombre o como el “nene”. Como ya se dijo, aprende a enunciar el “no” y con ello se da la posibilidad de formular juicios negativos y rechazos.

Podríamos decir que el “no”, “dame” y “mío” son las palabras más utilizadas por el niño de 24 meses. Esto se debe a su incipiente sentido de la propiedad, al egocentrismo y por lo tanto a la creciente autonomía psíquica.

Alrededor de los 30 meses se agrega una palabra fundamental en su vocabulario, y que da cuenta del progreso en el desarrollo psíquico, se trata del pronombre “yo”.

Entre los 30 y 36 meses las palabras logran independizarse de la acción inmediatamente realizada, permitiendo su uso para designar conceptos, ideas y relaciones en largos monólogos.

Se puede decir que a finales del tercer año (36 meses) los fundamentos del lenguaje están establecidos, sin bien pueden continuar las dificultades de pronunciación, o las hiperregulaciones verbales.


LOS JUEGOS INFANTILES

El juego es fundamental para el desarrollo psicológico de los niños. En el juego despliegan su mundo de fantasía en el que todo es posible sin perder el contacto con la realidad.

Al jugar el niño incorpora y ejercita nuevas habilidades motrices. Asimismo, la imaginación expresada en los juegos pone en marcha capacidades cognoscitivas relacionadas con la simbolización, imitación, anticipación y solución de problemas.

Desde el punto de vista social, en la etapa del deambulador aparece un primitivo

social que se denomina juego paralelo. El deambulador disfruta de la compañía de otro niño jugando al lado suyo, aunque tadavía no le es posible compartir el desarrollo de un mismo juego, no comparte objetos, ni interactúa con el par. A lo sumo el contacto con otro chico se limita a una disputa por la pertenencia de los juguetes, por lo que puede llegar a empujar, pegar o morder.

Entre los 18 y 30 meses de edad las interacciones más frecuentes entre pares son la lucha por la posesión del objeto, la copia motora.

Al final de esta etapa, con el mayor dominio del lenguaje, las disputas por la pertenencia de los objetos se hacen más verbales que físicas.

El deambulador está en continuo movimiento ejercitando sus nuevas capacidades motrices. Prefiere jugar con utensilios de cocina antes que con juguetes pequeños. Objetos grandes, cajas donde poner y sacar elementos, son los que despiertan el interés del niño de esta edad.

Hacia fines de la etapa deambulatoria, los niños comienzan a hacer sus primeros juegos dramáticos. Son juegos en los que se observa una cierta representación ficcional donde se recrean aspectos de la realidad, y en los que interviene algun tipo de simulacro, como jugar a ser un cierto personaje o estar en otra escena.

Por lo general, los primeros juegos dramáticos consisten en pequeñas representaciones de la vida doméstica.

Desde una perspectiva psicoanalitica, S. Freud señala que el juego permite al niño hacer activo lo que antes sufrió pasivamente.

Aberastury sostiene que el juguete se transforma en el instrumento ideal para el dominio de situaciones traumáticas que se le crean al niño con los objetos reales. Permite repetir a voluntad diversas situaciones con la posibilidad de modificar finales, tolerar y recrear algunos eventos. Al jugar el niño desplaza hacia el exterior sus fantasias, temores y conflictos, dominándolos mediante la acción.

Señala Aberastury que el juego que realiza un niño es producto de la conflictiva psíquica particular de la etapa que esté atravesando.

Anna Freud ubica como central a esa edad la relación ambivalente que el niño establece con sus objetos de amor. La ambivalencia afectiva se expresa en el juego en el tratamiento dado a los juguetes, por ejemplo los peluches y los muñecos son acariciados y maltratados alternativamente, por estar catectizados con libido y agresión.

Piaget considera al juego como una asimilación puramente placentera, “determinada por la estructura intelectual que en cada momento fija su posibilidad y su límite”. Piaget ha clasificado el juego en Juego de Ejercicio (durante el período sensorio-motor), Juego Simbólico (durante el Período Preoperatorio), y Juego Reglado (durante el Período Operatorio).

Se puede decir que en los comienzos de la etapa del deambulador, encontramos juegos donde se observa la centración en los intermediarios y la ritualización lúdica

Alrededor de los 24 meses, se hace posible la evocación de situaciones no actuales, inaugurándose el juego simbólico. Este juego es considerado simbólico en tanto permite la utilización de símbolos motivados, construídos a voluntad, al estilo de creaciones individuales. Un objeto puede representar una diversidad de otros objetos.
LOS PRIMEROS DIBUJOS

La edad de aparición de los primeros grafismos es muy variable. Puede variar de una familia a otra, y de un niño a otro. Depende de cierto nivel de maduración neuromuscular, pero además de las condiciones ambientales en que el niño se desarrolla.

Señalan que los primeros trazos están determinados por un lado, por la estructura de palanca del brazo y la progresiva entrada en funcionamiento de las articulaciones del hombro, codo, puño, mano y pulgar; y por otro lado por la creciente participación de la actividad perceptiva y del control visual.
Etapa del Garabateo

Lowenfeld sostiene que a lo largo de la etapa del deambulador nos encontramos con las primeras producciones gráficas que corresponden a “Garabatos”.

La Etapa del Garabateo se extiende de los dos a los cuatro años aproximadamente. Se trata fundamentalmente de una actividad motriz.

Garabato desordenado: Es un garabato que sirve a los fines de la pura ejercitación, el niño realiza esta actividad en tanto le posibilita la descarga kinestésica. Es por ello que no le preocupa centrarse en la hoja, los trazos varían en dirección y longitud. Son dibujos sin orden ni control de los movimientos.

Garabato controlado: El niño descubre que existe una relación entre los movimientos que realiza y los trazos que resultan. Comienza a haber coordinación visual y motora sobre la producción, cuestión que antes no parecía atender. Los trazos se hacen más finos, puede ubicarse mejor dentro de los límites de la hoja de papel.

Garabato nominal (con nombre): Aparece la forma. El niño comienza a establecer cierta relación entre el dibujo realizado y los objetos del mundo que lo rodea, y con ello la asignación de un nombre. En ocasiones el nombre puede anteceder al dibujo, y en otras ir variando a medida que lo realiza. Si el niño puede dibujar ahora con intención de representar algo del ambiente, es porque primero ha podido descentrarse del contacto concreto con los objetos. Pasa así del pensamiento kinestésico al pensamiento imaginativo.

Si se lo requiere, puede hacer una descripción verbal de lo representado.

Puede aparecer alguna zona del dibujo resaltada con colores, pero esto dependerá solamente de la propia significación que el niño le otorgue, no hay aun un uso convencional del color.

Según Luquet este autor, las producciones gráficas, desde el comienzo giran en torno al realismo. Hasta los ocho años el niño es realista de intención, esto es, dibuja más lo que sabe que lo que ve.

Según esta clasificación, para el niño en edad deambulatoria, corresponden el Realismo Fortuito y los comienzos del Realismo Frustrado.

El Realismo Fortuito se refiere a los primeros garabatos con nombre a posteriori, de aparición alrededor de los 2 años de edad. El Realismo Frustrado se extiende de los 2 a los 4 años aproximadamente, es la fase de incapacidad sintética producto de la intensa centración del pensamiento preconceptual.

Aberastury ha señalado que al dibujar, los niños intentan capturar en imágenes inmóviles los objetos que aparecen y desaparecen. De esta manera, pueden recrear y retener los objetos en imágenes estáticas, con la consecuente disminución de la angustia de pérdida.


SOCIALIZACIÓN EXTRAFAMILIAR

Durante los primeros años de vida, la familia es el agente principal de socialización.

Lo esperable es que los padres formen una base segura a partir de la cual el niño pueda salir a explorar el mundo. Bowlby resalta la importancia de que tanto el padre como la madre deben estar preparados para responder activamente sólo cuando es evidente que el niño requiere ayuda; esa es la manera en que se transmite al niño la seguridad necesaria para salir a recorrer caminos cada vez más lejanos y por lapsos cada vez más prolongados.

Los padres que aceptan los progresos del niño, que se sirven de ejemplos y explicaciones en la aplicación de la disciplina, promueven un buen ejercicio de la independencia y la socialización extra-familiar.

Cuando las expectativas de los padres y cuidadores están ajustadas al nivel de desarrollo del niño, permiten un ejercicio adecuado del sentimiento de competencia para cuidar de sí mismo y sus cosas.
El jardín maternal

El jardín maternal funciona para muchos niños como el primer ámbito de socialización extra-familiar. Allí se brinda al niño la posibilidad de enriquecer los contactos sociales con pares y otros adultos. Junto al aumento en la sociabilidad, se produce un aumento en la tendencia del niño a ejercer su independencia, a afirmarse como individuo y a defender sus intereses.

Se ha demostrado además, que estos niños reaccionan con mayor espontaneidad en

la participación social, a la vez que reducen los episodios de temor ante quienes no

pertenecen a su núcleo familiar más próximo.
DESARROLLO COGNITIVO

Los niños llegan a conocer y comprender el mundo circundante a través de los procesos de cognición. Éstos abarcan la percepción de los eventos de su ambiente, la interpretación y organización de esta información y su retención en la memoria. Durante el primer año de vida, el pensamiento está limitado en parte por la falta de un sistema simbólico como el lenguaje.

Según Piaget, en el curso del segundo año de vida se completa el período sensoriomotor del desarrollo de la inteligencia, durante el cual el niño va coordinando su experiencia sensorial con su actividad motriz.

En el segundo año de vida, de los 12 a los 18 meses, se da el quinto estadio del período sensoriomotor, con la reacción circular terciaria. En esta etapa los niños empiezan a hacer “experimentos” en miniatura para ver cómo se producen los resultados, repitiendo estas acciones y también variándolas para lograr variaciones en el resultado. En este estadio los niños son plenamente intencionales, pero todavía no pueden pensar en acciones y resultados posibles. Necesitan hacer sus pruebas y ensayos materialmente. Sin embargo es un progreso en relación a la intencionalidad del 4º estadio (8 a 12 meses), en el que sólo podían aplicar los medios conocidos para resolver las situaciones nuevas. En cambio los niños del 5º estadio pueden descubrir nuevos medios por experimentación activa.

En el 6º estadio – típicamente de los 18 a los 24 meses – se da la invención de nuevos medios por combinación mental. A medida que se acerca al final de la infancia, el niño alcanza el estadio final del período sensorio – motor: se inicia la representación. Ahora puede combinar mentalmente imágenes y anticipar las consecuencias o soluciones antes de ponerlas en práctica.
Permanencia del objeto

El conocimiento de que un objeto continua existiendo aunque esté fuera de la percepción del niño es llamado por Piaget la permanencia del objeto, o noción del objeto permanente. Esto se logra finalmente en el 6º estadio, y es solidaria de la construcción de la noción de grupo práctico de desplazamientos en el nivel de la construcción de la noción de espacio.

Es importante la noción de objeto permanente, esto le permite a los niños tener expectativas y “planes” razonables en relación a su mundo cotidiano. Si los objetos y las personas siguen existiendo aunque no se los perciba, entonces los niños pueden sentir su pérdida cuando están ausentes y sienten que pueden hacer algo para encontrar esos objetos o traerlos de vuelta.
Comienzo de la función semiótica.

A fines de esta etapa de deambulación, los niños empiezan a desarrollar la capacidad para hacer que una cosa represente otra que no está presente, o sea, la capacidad de representar. Han adquirido la función semiótica, que es la capacidad de manejarse con símbolos. Esto se evidencia principalmente con la aparición de la imitación diferida, del uso del lenguaje, el comienzo del dibujo y el juego simbólico.


DESARROLLO EMOCIONAL

El Negativismo Infantil

Los caprichos y berrinches tan frecuentes en el segundo y tercer año de vida, son manifestaciones de lo que se ha dado en llamar “negativismo infantil”. Esta conducta oposicionista puede ser considerada como una característica normal en el desarrollo psicológico de los niños.

El negativismo es la expresión de algo que se está tramitando psíquicamente: la separación respecto de su madre, y con eso la distinción entre él y los otros. Como se ha dicho, al estar aún en los comienzos del camino a la autonomía, los niños de esta edad suelen fluctuar entre la dependencia y la independencia.

Por lo menos al comienzo la actitud oposicionista refleja el marcado interés del niño de 18 meses por lograr liberarse de la ayuda del adulto, hacer las cosas por sí mismo y a su gusto.

Las rutinas diarias que hasta entonces aceptaba sin miramientos, se vuelven un campo de batalla para sus actos de autoafirmación.

En los comienzos de la etapa del deambulador, los niños despliegan su conducta

negativista por medio del llanto, gritos, golpes y otros ataques físicos. Hacia el final de

esta etapa, con la mayor habilidad lingüística, se hacen más sutiles los métodos de

resistencia.
Los rituales para dormir

A partir del año de vida, los niños suelen resistirse a perder el contacto con el mundo que los rodea. La hora de dormir es un momento de máxima soledad, donde es necesario abandonar los objetos del mundo despierto, especialmente a la madre. Esto puede despertar gran ansiedad en el niño.

A menudo a la hora de dormir se registra una variedad de actividades centradas en el propio cuerpo, a las que se denomina “rituales de tranquilización”. Entre estas actividades se encuentra la succión del pulgar, cuya función sería la de interrumpir el contacto con el mundo exterior de manera de poder esperar serenamente que aparezca el sueño.

Puede haber también determinado objeto que el niño prefiera llevarse a la cama cuando va a dormir.

Hacia el segundo año de vida, los objetos y fenómenos transicionales dan paso a ciertas rutinas ritualísticas de aparición a la hora de ir a la cama. La luz prendida, la lectura de un cuento, el vaso de agua sobre la mesita de luz, son las formas de resistirse a abandonar el interesante mundo exterior.

Los rituales para dormir pueden ser considerados como unas tácticas utilizadas por el niño para demorar el momento de la despedida y de quedarse a solas, sin las figuras de apego.


Creciente autonomía psíquica

El periodo que va de los quince meses a los tres años marca la transición del bebé dependiente de la madre, al niño independiente.

Para esa época las experiencias ligadas a la oralidad van perdiendo peso y comienzan a cobrar importancia las experiencias ligadas con el desplazamiento independiente y la conquista del mundo exterior a la falda de la madre. La autolocomoción facilita el proceso de familiarización con el mundo en tanto brinda la posibilidad de acercarse por sí mismo a personas, objetos y lugares.

Paralelamente al progreso en el desplazamiento autónomo, progresan las habilidades lingüísticas y sociales.

La creciente autonomía psíquica sobre la que avanza el deambulador, se refiere a la toma de conciencia de sí mismo como una persona separada, conviviendo en un mundo

de personas.

Las distintas habilidades del desarrollo infantil pueden verse facilitadas o dificultadas por las actitudes conscientes e inconscientes de la madre.

Al respecto Mahler plantea que el nacimiento psicológico del infante humano es un lento proceso intrapsíquico de Separación-Individuación que se extiende entre los 5 y 36 meses y que permite al niño funcionar separadamente en presencia de una madre emocionalmente accesible. En ese proceso o Fase de Separación-Individuación se distinguen cuatro subfases:

1) Subfase de diferenciación y desarrollo de la imagen corporal (5 a 9-10 meses). Se produce el fenómeno de “ruptura del cascarón”; el bebé emerge de la membrana simbiótica que lo unía a la madre como en un segundo nacimiento .

2) Subfase de ejercitación locomotriz (10 a 15 meses) Con el investimiento libidinal de las capacidades de locomoción, el niño vive una etapa de “idilio con el mundo”. Está tan absorto en practicar la marcha que no se preocupa por si al caminar se aleja de la madre. Parece dar por descontada la presencia emocional de la madre, y sólo cada tanto retorna a ella como para reabastecerse libidinalmente, para luego

continuar sus exploraciones autónomas. Tres desarrollos interrelacionados contribuyen hacia la conciencia de separación e individuación: la diferenciación corporal de la madre,

el establecimiento de un vínculo específico con ella, y el desarrollo y funcionamiento de los aparatos autónomos del yo en estrecha relación con la madre.

3) Subfase de reacercamiento (15 a 22 meses) Se produce el reconocimiento de la madre como persona separada. Aumenta la ansiedad de separación y el niño comienza a buscar activamente a la madre, se acerca a ella con mucha frecuencia, o necesita escuchar que está cerca. Las crisis por temor a la pérdida del objeto de amor disminuyen con el progreso del lenguaje, y el juego simbólico.

4) Subfase de consolidación de la individualidad y constancia del objeto (22-24 a 36 meses) Las representaciones de la madre se hacen accesibles intrapsíquicamente. Las huellas mnémicas del objeto de amor hacen posible que el niño pueda estar separado de su madre por un tiempo.




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