Santo tomas de aquino



Descargar 21.74 Mb.
Página84/197
Fecha de conversión26.03.2018
Tamaño21.74 Mb.
1   ...   80   81   82   83   84   85   86   87   ...   197

Objeciones por las que parece que el Hijo no está en el Padre ni el Padre en el Hijo:

1. El Filósofo en el IV Physic.


27


esta- blece ocho modos de estar una cosa en otra. De ninguno de estos modos está el

Hijo en el Padre ni el Padre en el Hijo,

como puede comprobar quien los es- tudie uno por uno. Por lo tanto, el Hijo

no está en el Padre, ni al revés.




2. Más aún. Nada que haya salido

de algo está en aquello. Pero el Hijo

desde la eternidad salió del Padre, según aquello de Miq 5,2: Su salida desde el prin- cipio, desde los días de la eternidad. Por lo tanto, el Hijo no está en el Padre.


3. Todavía más. Cuando dos seres

22. § 73: ML 10,527.


23. Symbolo Quicumque (DZ 39).


24. § 54: ML 10,325.


25. § 79: ML 10,532.


26. L.2 c.18: ML 42,786.


27. ARISTÓTELES, c.3 n.1 (BK


210a14): S. Th. lect.4 n.2.




C.42a.5

411


412


La trinidad de personas


C.42 a.6


son opuestos, uno no está en el otro. Pero el Padre y el Hijo se oponen relati- vamente. Por lo tanto, uno no puede es- tar en el otro.


En cambio está lo que se dice en Jn 14,10: Yo estoy en el Padre y el Padre está


en Mí.


Solución. Hay que decir: En el Padre y

en el Hijo hay que tener presente la esencia, la relación y el origen. Según

cada una de estas tres cosas, el Hijo está

en el Padre, y al revés. En cuanto a la esencia, el Padre está en el Hijo, porque

el Padre es su esencia y comunica su esencia al Hijo sin cambio alguno, de

donde se sigue que, como quiera que la esencia del Padre está en el Hijo, en el

Hijo está el Padre. Asimismo, como quiera que el Hijo es su esencia, se sigue

que está en el Padre en quien se halla su esencia. Esto es lo que dice Hilario en V



De Trin.28: El Dios inmutable, por decirlo de alguna manera, continúa su naturaleza engen- drando un Dios inmutable. Así, pues, conce- bimos en él la naturaleza subsistente de Dios,


ya que en Dios se halla Dios. En cuanto a las relaciones, es evidente que uno de los términos opuestos relativamente, en- tra en el concepto de otro. En cuanto al origen, es evidente que la procesión de la Palabra inteligible, no es hacia el exte- rior, sino que permanece en el que la pronuncia. Estos argumentos son aplica- bles también al Espíritu Santo.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Lo que hay en las


criaturas no representa suficientemente lo que hay en Dios. Por eso tampoco ninguno de los modos enumerados por el Filósofo


29


es suficiente para expresar cómo el Hijo está en el Padre y al revés. Sin embargo, el modo que más se acerca a lo correcto es aquel según el cual se dice que algo está en el principio del que se origina, aun cuando en las criatu- ras falta la unidad de esencia entre el principio y lo que procede del principio.


2.


A la segunda hay que decir: La sali- da del Hijo con respecto al Padre se da según el modo de procesión interior, como la palabra sale del corazón y per- manece en él. Por lo tanto, esta salida de

Dios solamente indica la distinción de relaciones, no distinción esencial alguna.




3.


A la tercera hay que decir: El Padre y el Hijo se oponen en cuanto a las rela- ciones, no en cuanto a la esencia. Sin embargo, cada uno de los opuestos está

en el otro, como dijimos (sol.).




ARTICULO 6


El Hijo, ¿es o no es igual al Padre en cuanto al poder?


In Sent. 1 d.20 a.2; Cont. Gentes 4 c.6-8.


Objeciones por las que parece que el Hijo no es igual al Padre en cuanto al poder:

1.



Se dice en Jn 5,19: El Hijo no pue- de hacer nada por sí mismo, sino lo que ve ha- cer al Padre. Pero el Padre puede obrar

por sí mismo. Por lo tanto, el Padre es mayor que el Hijo en lo que se refiere al

poder.


2. Más aún. Mayor poder tiene el que manda y enseña que el que obedece

y escucha. Pero el Padre manda al Hijo, según aquello de Jn 14,31: Tal como me mandó mi Padre, así actúo. Y el Padre también enseña al Hijo, según aquello

de Jn 5,20: El Padre ama al Hijo y le ense- ña todo lo que El hace. Y el Hijo escucha, según aquello de Jn 5,30: Según escucho,


juzgo. Por lo tanto, el Padre es mayor que el Hijo en cuanto al poder.


3. Todavía más. A la omnipotencia

del Padre pertenece el que pueda engen-

drar un hijo igual a sí mismo. Dice Agustín en el libro Contra Maximin.30:

Si no pudo engendrar a alguien igual a sí mis- mo, ¿dónde está la omnipotencia del Padre? Pero el Hijo no puede engendrar un

Hijo, como se demostró anteriormente

(q.41 a.6 ad 1.2). Por lo tanto, el Hijo

no puede hacer todo lo que hace la om- nipotencia del Padre. Consecuentemente,

no es igual a El en poder.


En cambio está lo que se dice en Jn 5,19: Todo lo que hace el Padre, lo hace el Hijo.


Solución. Hay que decir: Es necesario afirmar que el Hijo es igual al Padre en poder. Pues el poder para actuar es una consecuencia de la perfección de la natu- raleza. Pues vemos en las criaturas que, cuanto más perfecta es la naturaleza de un ser, tanto mayor es su poder para


28. § 37: ML 10,155.

29. ARISTÓTELES, l.c. nota 27.


30. L.2 c.7: ML 42,762.



C.43


La misión de las personas divinas


obrar. Quedó demostrado anteriormente (a.4) que los mismos conceptos de pater- nidad y filiación divinas exigen que el Hijo sea igual al Padre en grandeza, esto es, en la perfección de la naturaleza. Por eso hay que concluir que el Hijo ha de ser igual al Padre en potestad. Lo mis- mo cabe decir del Espíritu Santo con respecto a ambos.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: En la expresión el


Hijo no puede hacer nada por sí mismo, al Hijo no se le quita ninguno de los pode-

res que tiene el Padre, puesto que a con- tinuación se añade: Todo lo que el Padre hace, lo hace el Hijo. El objetivo es de- mostrar que el Hijo tiene su poder del Padre, del cual tiene también su natura- leza. Por eso dice Hilario en IV De




Trin.31: La unidad de la naturaleza divina es ésta: Que de tal modo obre el Hijo por sí mismo que no obre de sí mismo.


2.


A la segunda hay que decir: En aquello de enseñar el Padre y escuchar el Hijo, no hay que entender más que el

que el Padre comunica al Hijo la sabidu-




ría, como le comunica su esencia. A esto puede aplicarse también el mandato del Padre, puesto que al engendrarle le dio desde la eternidad la ciencia y la volun- tad para actuar. O, más bien, hay que aplicar esto a Cristo según la naturaleza humana.


3.


A la tercera hay que decir: Así como la misma esencia que en el Padre

es paternidad, en el Hijo es filiación, así también, uno mismo es el poder con el-

cual el Padre engendra y por el que el

Hijo es engendrado. Por eso es evidente

que todo lo que puede el Padre, también

lo puede el Hijo. Sin embargo, no se puede concluir que pueda engendrar,

pues esto sería pasar de la sustancia a la relación, pues la generación en Dios sig-

nifica relación. Por lo tanto, el Hijo tie-

ne la misma omnipotencia que el Padre,

pero con otra relación. Porque el Padre

la tiene como el que da, y esto es lo que


se indica cuando se dice que puede en- gendrar. El Hijo la tiene como el que recibe, y esto es lo que se indica cuando se dice que puede ser engendrado.


Hay que tratar ahora lo referente a la misión de las personas divinas. Esta cuestión plantea y exige respuesta a ocho problemas


b:


a. La cuestión de las «misiones» es la última en el estudio tomista de la Trinidad. Se trata

de la orientación del misterio hacia la creación y, particularmente, hacia el hombre; y viene a ser el fundamento de toda espiritualidad, la explicación de la «deificación» humana: la plenitud de la realización del hombre es su transformación en dios. El hombre es un ser fronterizo y su perfección está más allá de sí mismo en Dios, que lejos de alienarle le plenifica, le endiosa.




Del estudio de la Trinidad en si (ontológica, inmanente) pasa el Angélico a la reflexión so- bre la Trinidad para nosotros (económica, salvífica). Quienes acusan a S. T. del «aislamiento» con que el misterio trinitario se ha visto rodeado, tanto en la espiritualidad popular como en

la teología-, parecen desconocer esta cuestión. A Tomás le preocupa el enfoque antropológico

del estudio de Dios, por mucho que juzgue lícito también indagar el en sí de las cosas. La bre-

vedad de esta cuestión no significa minusvaloración u olvido, sino más bien síntesis de lo que analiza con mayor amplitud en otros lugares paralelos (cf. In Sent. 1 dd.14-18; Cont. Gentes 4,20- 23) y en las cuestiones que dedica a los dones del Espíritu Santo (2-2 qq.8,9,19,45,52,121,139).




b. el orden es muy similar a otras cuestiones. Primero se interroga sobre el hecho de las misiones, an sit (aa.1-2). Segundo, indaga su razón formal, quid sit (a.3). Tercero, estudia diver- sos aspectos, quomodo sit (aa.4-8). En este tercer apartado mira por una parte lo referente a las misiones invisibles: quiénes son enviados (aa.4-5) y a quiénes son enviados (a.6) y, por otra, lo referente a las misiones visibles (aa.7-8).


La bibliografía sobre esta cuestión es muy abundante y el problema muy complejo. Lo más asequible para el lector es G. PHILIPS, Inhabitación trinitaria y gracia (Salamanca 1980) donde ha- llará una visión panorámica a través de la historia. Cf. también S. FUSTER, Presencia de Dios tri- nitario en el hombre creyente según el pensamiento de Tomás de Aquino: ErcVed XIII (1983) 35-58.


413


Sobre la relación de las personas divinas entre sí. La misión


a


CUESTIÓN


43

31. §48: ML 10,319.



1. A alguna persona divina, ¿le corresponde o no le corresponde ser enviada?-2. La misión, ¿es eterna o solamente temporal?-3. ¿Por qué es enviada una persona con misión invisible?-4. ¿Le corresponde o no le co- rresponde a cada persona ser enviada?-5. ¿Son o no son enviados con mi- sión invisible tanto el Hijo como el Espíritu Santo?-6. ¿A quiénes va diri- gida la misión invisible?-7. Sobre la misión visible.-8. Alguna persona, ¿se envía o no se envía a sí misma visible o invisiblemente?


ARTICULO 1


¿Le corresponde o no le corresponde a alguna persona divina ser enviada?


In Sent. 1 d.15 q.1 a.1; Cont. Gentes 4 c.16.23; Cont. Errores Graec. c.14.


Objeciones por las que parece que a la persona divina no le corresponde ser enviada:


1. El enviado es inferior al que en- vía. Pero una persona no es menor que otra. Por lo tanto, una Persona no es en- viada por otra.


2. Más aún. Todo el que es enviado, se separa del que le envía. Por eso dice Jerónimo en Super Ezechiel


1: Lo que está unido y forma un solo cuerpo, no puede ser en- viado. Pero, como dice Hilario


2: En las personas divinas nada es separable. Por lo

tanto, una Persona no es enviada por otra.




3. Todavía más. Todo el que es en- viado se aleja de un lugar y va a otro. Pero esto no le corresponde a la persona divina, que está en todas partes. Por lo tanto, a la persona divina no le corres- ponde ser enviado.


En cambio está lo que se dice en

Jn 8,16: No soy yo solo, sino yo y el Padre, que me ha enviado.




Solución. Hay que decir: En el concep- to de misión, están implícitos dos aspec-


tosc: 1) Uno es la relación del enviado con quien le envía. 2) Otro, la relación del enviado con aquello a lo que es en- viado. El hecho de que alguien sea en- viado pone al descubierto que el envia- do procede de alguna manera de quien le envía. Bien a modo de orden, como el señor envía al siervo. Bien a modo de consejo, como el consejero envía al rey a la guerra, si puede decirse así. O a modo de origen, como cuando decimos que el árbol emite (envía) la flor. También se pone al descubierto una relación con respecto a aquello adonde se envía, bien porque antes nunca hubiera estado allí, bien porque empieza a estar de un modo distinto a como estuvo antes.


Así, pues, la misión le puede corres- ponder a una persona divina en cuanto que implica relación de origen con quien le envía, y, también, porque implica un nuevo modo de estar en alguien. Así se dice que el Hijo ha sido enviado al mun- do por el Padre (Jn 10,36), en el sentido en que empezó a estar en el mundo de una forma visible por la carne que tomó. Sin embargo, existía ya antes en el mundo, como se dice en Jn 1,10.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La misión implica


inferioridad del enviado, en cuanto que el modo como procede del principio es

1. Com. a Ez. 16,53, 1.5: ML 25,164.


2. De Trin. 1.7 § 39: ML 10,233.




c. El concepto de misión supone tres elementos: un principio, el que envía; un término, el

que es enviado; cierta novedad en la situación del enviado en cuanto que, o bien está donde no estaba, o bien está de manera nueva donde ya estaba. Al trasladar estos conceptos al orden trinitario se hace preciso despojarlos de cuanto implique imperfección (a.2 ad 2).




Las misiones son comunicaciones divinas que terminan en la inhabitación (a.3). Pero resulta que inhabitan los Tres y sólo el Hijo y el Espíritu pueden ser enviados. La inhabitación del Padre se explica por la donación de sí mismo.


Donación viene a ser la autocomunicación gratuita de Dios al hombre con la facultad de po- derlo gozar y disfrutar libremente (aa.2-3). El concepto de donación es, pues, más universal que el de misión. Y, así, el Padre no puede ser enviado pero se dona (a.4). El Hijo y el Espíritu son enviados y se dan. De otra forma: las Tres Personas divinas se donan; el Hijo y el Espíritu son también enviados; el Padre solamente se da (a.4; In Sent. 1 d.15 q.3 a.1; d.14 q.2 a.2 ad 2).


414


La trinidad de personas


C.43 a.1

C.43 a.2


La misión de las personas divinas

415



el consejo o el mandato, porque quien ordena es superior, y el que aconseja es más sabio. Pero en las personas divinas no implica más que una procesión de origen, la cual requiere igualdad, como dijimos anteriormente (q.42 a.4.6).


2.


A la segunda hay que decir: Aquello por lo que el enviado empieza a estar donde antes no estuvo, exige movimien-

to local. Por esto, es necesario que local- mente se aparte de quien le envía. Pero

no es esto lo que sucede en la misión de la persona divina, porque la persona di- vina enviada no empieze a estar donde

antes no estuvo, ni tampoco deja de es-

tar donde estaba. Por eso, la misión no implica separación, sino sólo distinción

de origen.




3.


A la tercera hay que decir: Aquel argumento es viable siempre que se trate

de la misión que supone movimiento lo- cal. Pero esto no se da en Dios.




ARTICULO


2


La misión, ¿es eterna o solamente temporal?


In Sent. 1 d.15 q.4 a.3.


Objeciones por las que parece que la misión puede ser eterna:

1. Dice Gregorio




3: Aquello por lo que

el Hijo es enviado, por lo mismo es engendra- do. Pero la generación del Hijo es eterna.

Por lo tanto, la misión también lo es.




2.


Más aún. Aquel a quien le corres- ponde algo de forma temporal, cambia. Pero la persona divina no cambia. Por lo tanto, su misión no es temporal, sino eterna.


3. Todavía más. La misión implica procesión. Pero la procesión de las per- sonas divinas es eterna. Por lo tanto, la misión también lo es.


En cambio está lo que se dice en Gál 4,4: Al llegar la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo.


Solución. Hay que decir: En aquello que implica origen de las personas divi- nas, hay que tener presente una serie de diferencias. Pues hay una serie de térmi- nos que, en su significación, solamente implican relación con el principio. Así, procesión y salida. Otros, junto con su re-


lación con el principio, expresan el tér- mino de la procesión. Unos determinan el término eterno. Así, generación y espira- ción, ya que la generación es la procesión de la persona en la naturaleza divina, y la espiración, en sentido pasivo, implica la procesión del Amor subsistente. Otros, junto con su relación con el principio, expresan el término temporal. Así, misión

y donación, ya que, si se envía algo, es para que esté en alguna parte, y si se da, es para que se tenga. El hecho de que la persona divina sea poseída por alguna criatura o que se dé un nuevo modo de estar en ella, es algo temporal.




Por eso, misión y donación en Dios son exclusivamente temporales. Generación y espiración, son exclusivamente eternas. Procesión y salida en Dios son eternas y temporales. Pues, el Hijo procede desde

la eternidad para ser Dios y desde el tiempo para ser hombre, atendiendo a la misión visible, o también para que esté en el hombre atendiendo a la misión in- visible.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: En aquel texto,


Gregorio está hablando de la generación temporal del Hijo, pero no como proce- dente del Padre, sino de la madre. Tam- bién puede entenderse que, por haber sido engendrado desde la eternidad, pue- de el Hijo ser enviado.


2.


A la segunda hay que decir: El he- cho de que la persona divina esté en al- guien de un modo nuevo, o que sea po- seída por alguien temporalmente, no se debe a la mutación de la persona divina,

sino a la de la criatura. Así se dice que, debido a un cambio en la criatura, tem- poralmente Dios es llamado Señor.




3.


A la tercera hay que decir: La mi- sión no solamente implica procesión con respecto al principio, sino que también determina el término temporal de la pro- cesión. Por eso la misión es sólo tempo- ral. O puede decirse también que la mi- sión implica procesión eterna y añade algo, esto es, el efecto temporal. Pues la relación de la persona divina con su principio no se da más que desde la eter- nidad. Por eso se habla de una doble procesión, la eterna y la temporal, no en

el sentido en que se dupliquen las rela- ciones con el principio, sino que la du-




3. In Evang. 1.2 hom.36: ML 76,1198.

416


La trinidad de personas


C.43 a.3

plicidad viene de parte del término, que es temporal y eterno.




ARTICULO 3


La misión invisible de la persona divina, ¿se hace o no se hace sólo


por el don de la gracia santificante?


In Sent. 1 d.14 q.2 a.2.


Objeciones por las que parece que la misión invisible de la persona divina no se hace sólo por el don de la gracia san- tificante:


1.


Que la persona divina sea enviada significa que es dada. Así, pues, si sola- mente fuera enviada por la gracia santifi- cante, no sería dada la misma persona divina, sino solamente sus dones. Este es el error de los que dicen que el Espí- ritu Santo no es dado, sino sólo sus do-


nes.


2. Más aún. La preposición por im-

plica relación causal. Pero la persona di-

vina es causa de que se tenga el don de

la gracia santificante, y no al revés, pues

se dice en Rom 5,5: El amor de Dios ha

sido difundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Por lo tanto, no es correcto decir que la perso-

na divina es enviada por cuanto que son enviados los dones de la gracia santifi-

cante.


3.


Todavía más. Agustín, en el IV

De Trin.4, dice: Se dice que el Hijo es en- viado porque es percibido con la mente desde el tiempo. Pero el Hijo es conocido no sola-


mente por la gracia santificante, sino también por las gracias dadas gratuita- mente, como la fe y la ciencia. Por lo tanto, no es la gracia santificante lo úni- co por lo que es enviada la persona di- vina.


4.

Por último. Rábano


5


dice que el Espíritu Santo fue dado a los Apóstoles

para hacer milagros. Pero esto no se tra- ta de una gracia santificante, sino de una gratuita. Por lo tanto, la persona divina

no se da solamente por la gracia santifi- cante.




Compartir con tus amigos:
1   ...   80   81   82   83   84   85   86   87   ...   197


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad