Santo tomas de aquino


Sobre la relación personas-actos nocionales



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Sobre la relación personas-actos nocionales


Hay que tratar ahora lo referente a la relación personas-actos nocionales. Esta cuestión plantea y exige respuesta a seis problemas:


1. Los actos nocionales, ¿son o no son atribuibles a las personas?- 2. Dichos actos, ¿son necesarios o voluntarios?-3. Según dichos actos, ¿la persona procede de nada o de algo?-4. En Dios, ¿hay o no hay potencia con respecto al acto nocional?-5. ¿Cuál es el significado de dicha poten- cia?-6. Los actos nocionales, ¿pueden o no pueden terminar en muchas personas?


ARTICULO


1


Los actos nocionales, ¿son o no son atribuibles a las personas?


Objeciones por las que parece que los actos nocionales no son atribuibles a las personas:

1.



Dice Boecio en el libro De Trin.1: Todos los géneros, cuando se atribuyen a Dios, se convierten en la sustancia divina a excep- ción de los que indican relación. Pero la ac- ción es uno de los diez géneros. Así,

pues, si se atribuye a Dios alguna ac-

ción, pertenecerá a su esencia y no a la noción.


2. Más aún. Agustín, en el V De


Trin.


2, dice que todo lo que se atribuye a Dios, o se hace por razón de la sustancia o de la relación. Pero lo que pertenece a la sustancia se expresa por medio de los atributos esenciales. Lo que pertenece a la relación se expresa por los nombres de las personas y por los de las propie- dades. Por lo tanto, excepto éstos, no hay que atribuir a las personas actos no- cionales.


3. Todavía más. Es propio de la ac- ción en cuanto tal imprimir una pasión. Pero en Dios no hay pasiones. Por lo tanto, tampoco hay que atribuirle actos nocionales.


En cambio está lo que dice Agustín

15. PEDRO LOMBARDO, Senf. l.1 d.27 c.1 (QR 1,171). 1. C.4: ML 64,1252.


2. C.4.5: ML 42,913,914.

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La trinidad de personas


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en el libro De fide ad Petrum




3: Es propio del Padre el hecho que engendra al Hijo. Pero engendrar es un determinado acto. Por

lo tanto, hay que atribuir a Dios actos nocionales.




Solución. Hay que decir: En las perso- nas divinas la distinción responde al ori- gen. El origen no se puede designar co- rrectamente a no ser por algunos actos. Así, pues, para designar el orden de ori- gen en las personas divinas fue necesario atribuirles actos nocionales a las perso-


nas.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Todo origen está


designado por algún acto. A Dios se le puede atribuir un doble orden de ori- gen. 1) Uno, en cuanto que la criatura procede de El. Esto es común a las tres personas. De este modo las acciones que se atribuyen a Dios para designar el pro- ceso de las criaturas en cuanto prove- nientes de El, pertenecen a la esencia. 2) El otro orden de origen en Dios res- ponde a la procesión personal. Por eso, los actos que designan este orden de ori- gen son llamados nocionales, porque las nociones de las personas son las relacio- nes que guardan entre sí, como ya que- dó demostrado (q.32 a.2.3).


2.


A la segunda hay que decir: Los ac- tos nocionales se distinguen de las rela- ciones sólo por su modo de significa-

ción. Pero en realidad son idénticas to- talmente. Por eso, el Maestro, en I Sent. d.26




4, dice que la generación y el naci- miento, entre otros nombres, se llaman pa- ternidady filiación. Para demostrarlo, hay que tener presente que lo primero por lo que se puede aventurar que una cosa procede de otra, es el movimiento, pues desde el momento en que la disposición de un ser se cambia por el movimiento, es evidente que se da alguna causa. De este modo la acción, en su acepción pri- mitiva, implica origen del movimiento. Por eso, así como el movimiento, en cuanto recibido por virtud de alguien, se llama


pasión, así también el origen del movi- miento, en cuanto que empieza en algo y termina en aquello que se mueve, se llama acción. Así, pues, si prescindimos del movimiento, la acción no expresa


más que el orden o relación de origen en cuanto que de una causa o principio proviene algo. Puesto que en Dios no hay movimiento, la acción personal del que produce una persona, no es más que

la relación del principio con la persona que procede del principio. Esto es exac- tamente lo que expresan las relaciones o nociones. Pero como quiera que de Dios y de los seres inteligibles no podemos hablar más que según lo hacemos de lo sensible, pues de lo sensible tomamos nuestros conocimientos, y en las accio- nes y pasiones, que implican movimien- to, son distintas en las relaciones que surgen de ellas, fue necesario expresar las relaciones de modo independiente al de las personas. Por una parte, como ac- tos. Por otra, como relaciones. Y así re- sulta evidente que realmente son idénti- cas y que sólo se diferencian por el modo de expresarlas.




3.


A la tercera hay que decir: La ac- ción en cuanto que implica origen del movimiento, imprime, en cuanto tal, pa-

sión. En este sentido no hay que enten-

der la acción en las personas divinas.

Por eso en Dios no hay pasiones a no

ser sólo en sentido gramatical y en cuan-

to al modo de significar. Es así como al Padre le atribuimos el engendrar, y al

Hijo el ser engendrado.


ARTICULO


2


Los actos nocionales, ¿son o no son voluntarios?


In Sent., 1 d.6 a.1-3; Cont. Gentes 4,11; De Pot., q.2

a.3; q.10 a.2 ad 4.5.




Objeciones por las que parece que los actos nocionales son voluntarios:


1. Dice Hilario en el libro De Synod.5:

El Padre no engendró al Hijo llevado por una necesidad natural.


2. Más aún. Dice el Apóstol en Col 1,18: Nos trasladó al reino de su Hijo ama- do. Pero el amor pertenece a la voluntad.

Por lo tanto, el Hijo ha sido engendrado

por el Padre por voluntad.


3. Todavía más. Nada hay más vo- luntario que el amor. Pero el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo


3. Cf. FULGENCIO, c.2: ML 65,675.

4. PEDRO LOMBARDO, c.2 (QR 1,165).


5. Al

canon 25: ML 10,512.

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Relación personas-actos nocionales

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como Amor. Por lo tanto, procede vo- luntariamente.


4. Y también. El Hijo procede inte- lectualmente como Palabra. Pero toda palabra procede del que la dice volunta- riamente. Por lo tanto, el Hijo procede del Padre por voluntad, no por natura- leza.


5. Por último. Lo que no es volun- tario, es necesario. Así, pues, si el Padre no engendró al Hijo por voluntad, pare- ce deducirse que lo engendró por necesi- dad. Esto va contra lo expresado por Agustín en el libro Ad Orosium.6


En cambio está lo que dice Agustín en el mismo libro


7: El Padre no engendró al Hijo por voluntad ni por necesidad.


Solución. Hay que decir: Al decir que algo es o se hace voluntariamente, puede

ser entendido de dos maneras. 1) Una, si

el ablativo tiene sentido de simple con- comitancia sólo. Ejemplo: Yo puedo decir que soy hombre por mi voluntad, porque quiero ser hombre. En este sen- tido puede decirse que el Padre engen- dró al Hijo por voluntad, del mismo modo que es Dios por su voluntad, por- que quiere ser Dios y quiere engendrar al Hijo. 2) Otra manera es cuando el ablativo implica relación de principio. Ejemplo: El artista obra por la volun- tad, porque la voluntad es el principio de


la obra. En este sentido, hay que decir

que Dios Padre no engendró al Hijo por voluntad, sino que por voluntad creó a

la criatura. Por eso, en el libro De Synod.8

se dice: Si alguien dice que el Hijo fue hecho por la voluntad de Dios como cualquiera de las criaturas, sea anatema.




La razón de todo esto está en que la voluntad se distingue de la naturaleza en

su modo de causar, pues la naturaleza está determinada hacia una sola cosa, y la voluntad no. Esto es así porque el efecto se asemeja a la forma del que ac- túa. Es evidente que algo no puede te- ner más que una sola forma natural, por la que algo tiene ser, y, de este modo, tal como es así actúa. Pero la forma por la que actúa la voluntad no es sólo una, sino que hay varias, según el número de conceptos. De este modo, lo hecho por la voluntad no es tal como es el agente,




sino como el agente quiere y comprende que algo sea. Así, pues, la voluntad es el principio de aquello que puede ser de una o de otra manera. El principio por el que algo no puede ser más que de una sola manera es la naturaleza.


Lo que puede ser de una o de otra manera está muy alejado de la naturaleza divina, y esto entra en el concepto de criatura. Porque Dios necesariamente existe por sí mismo, mientras que la criatura fue hecha a partir de la nada. De este modo, los arríanos, empeñados en deducir que el Hijo es una criatura, dijeron que el Padre engendró al Hijo por la voluntad, tomando la voluntad como principio. Nosotros estamos obli- gados a decir que el Padre engendró al Hijo no por la voluntad, sino por natu- raleza. Por eso Hilario en el libro De Sjnod.


9


dice: La voluntad de Dios dio la sustancia a todas las criaturas, pero el naci- miento perfecto de la sustancia impasible e in- génita, dio al Hijo la naturaleza. Todas las


cosas fueron creadas por Dios tal como El quiso que fueran. Pero el Hijo, nacido de Dios, subsiste tal como Dios es.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aquella autoridad


mencionada va contra los que excluyen de la generación del Hijo incluso la con- comitancia de la voluntad paterna, di- ciendo que de tal manera le engendró naturalmente, que incluso le faltó la vo- luntad de engendrar. Sucede algo pareci- do a lo que nos pasa a nosotros, que, por necesidad natural, padecemos mu- chas cosas que van contra nuestra vo- luntad, como la muerte, la vejez y otro tipo de debilidades. Esto es lo que se deduce del contexto. Pues se dice


10: El Padre no engendró al Hijo contra su voluntad, ni obligado ni forzado por una necesidad natu- ral, cuando no quería.


2.


A la segunda hay que decir: El Apóstol llama a Cristo Hijo amado de Dios en cuanto que. es amado por Dios inmensamente, no porque el amor sea el principio del engendro del Hijo.


3. A la tercera hay que decir: Incluso la voluntad, en cuanto que es una cierta naturaleza, quiere naturalmente algo. Como la voluntad del hombre tiende na- turalmente a la felicidad. De modo pare-


6. Cf. S. AGUSTÍN, Dial. Quaest. sexag. quinq. q.7: ML 40,736.

7. Ib.

8. HILARIO,


De Synod. ML 10,520.

9. Ib.

10. Ib.

400



La trinidad de personas


C.41 a.3


cido Dios quiere y se ama a sí mismo naturalmente. Pero en lo que no es El mismo, la voluntad de Dios puede que- rerlo o no, como ya dijimos (q.19 a.3). Así, el Espíritu Santo procede como Amor en cuanto que Dios se ama a sí mismo. Por eso procede naturalmente aun cuando proceda por modo de vo- luntad.


4. A la cuarta hay que decir: También en las concepciones intelectuales hay una reducción a los primeros principios que

son conocidos naturalmente. Dios se co- noce a sí mismo naturalmente. De este modo, la concepción de la Palabra divi- na es natural.




5. A la quinta hay que decir: Se dice que algo es necesario por sí mismo o por otro. Y es necesario por otro de dos ma- neras. 1) Una, por una causa agente y coaccionante. En este sentido se dice que es violento. 2) Otra, por la causa fi- nal. En este sentido se dice que es nece- sario lo que hace de mediación para el fin, sin lo cual no se podría dar el fin o el bien. Ninguna de estas dos maneras es aplicable a la divina generación, porque Dios ni está ordenado a un fin ni tam- poco sometido a coacción. Se llama ne- cesario por sí mismo aquello cuya no exis- tencia es imposible. En este sentido se dice que es necesario que Dios exista. De este modo es necesario también que el Padre engendre al Hijo.


ARTICULO 3

Los actos nocionales, ¿provienen


o no provienen de algo?


In Sent. 1 d.5 q.2 a.1.2; 2 d.11 a.1.


Objeciones por las que parece que los actos nocionales no provienen de algo:


1. Si el Padre engendra al Hijo a

partir de algo, este algo o es El mismo

o es otra cosa. Si se trata de otra cosa, como quiera que aquello de lo que un

ser se engendra permanece en dicho ser, habría que concluir que en el Hijo hay

algo ajeno al Padre. Esto va contra lo

que Hilario dice en el VII De Trin.11:



En ellos nada hay ni diverso ni ajeno. En cambio, si el Padre engendra al Hijo de


sí mismo, como aquello de lo cual se en- gendra algo, si es permanente, recibirá los atributos propios. Esto es lo que su- cede cuando decimos que el hombre es blanco, pues el hombre permanece cuan- do de no blanco se hace blanco. De ser así, hay que concluir o que el Padre des- pués de engendrar al Hijo desaparece, o que el Padre es el Hijo. Esto es falso. Por lo tanto, el Padre no engendra al Hijo de algo, sino a partir de la nada.


2. Más aún. Aquello de lo que se engendra algo, es principio de aquello que se engendra. Por lo tanto, si el Pa- dre engendra al Hijo de su esencia o de su naturaleza, hay que concluir que la esencia o la naturaleza del Padre es prin- cipio del Hijo. Pero no principio mate- rial, porque la materia no se da en Dios. Por lo tanto, se trata de un principio cuasi activo, como el que engendra lo es del engendrado. Así, se concluye que la esencia engendra. Esto fue rechazado


(q.39 a.5).

3. Todavía más. Agustín dice


12


que las tres personas no son a partir de la misma esencia, porque la esencia no es algo distinto de la persona. Pero la per- sona del Hijo no es otro de la esencia

del Padre. Por lo tanto, el Hijo no es de

la esencia del Padre.


4. Por último. Toda criatura existe a partir de la nada. Pero en la Escritura el

Hijo es llamado criatura. Así, en Ecl

24,5 por boca de la sabiduría engendra- da se dice: Yo salí de la boca del Altísimo, primogénita antes de toda criatura. Y más


adelante (v.14) por boca de la misma sa- biduría se dice: Desde el principio, y antes de los siglos, fui creada. Por lo tanto, el Hijo no es engendrado a partir de algo,

sino a partir de la nada. De forma pare-

cida puede objetarse con respecto al Es-

píritu Santo. Así, se dice en Zac 12,1:



Dijo el Señor, el que alarga los cielos y funda- menta la tierra, el que crea el espíritu del hombre dentro de él. Y en Am 4,13: Yo soy el que forma los montes y crea el espíritu.


En cambio está lo que dice Agustín en el libro De fide ad Petrum


13: El Padre Dios engendró un Hijo igual a El de su natu- raleza sin principio.


Solución. Hay que decir: El Hijo no es engendrado a partir de la nada, sino de

11. §39: ML 10,232.


12. De Trin. 1.7 c.6: ML 42,945.


13. Cf. FULGENCIO c 2:


ML 65,676.



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Relación personas-actos nocionales

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la sustancia del Padre. Ya quedó demos- trado anteriormente (q.27 a.2; q.33 a.2 ad 3.4; a.3) que la paternidad, la filia- ción y el nacimiento son algo verdadero y propio en Dios. La diferencia entre la verdadera generación por la que alguien procede como Hijo, y la fabricación, consiste en que el artista hace algo a partir de una materia exterior, como el carpintero hace un banco de madera; en cambio, el hombre engendra al hijo de sí mismo. Así como el artista hace algo a partir de la materia, Dios lo hace a par- tir de la nada, como se demostrará más adelante (q.45 a.2).


No porque la nada sea elemento cons- titutivo de la sustancia de ías cosas, sino porque Dios produce toda la sustancia

de algo sin presuponer cosa alguna. Así, pues, si el Hijo procediese del Padre como algo surgido de la nada, su rela- ción con el Padre sería idéntica a la rela-

ción existente entre el artista y su obra.

Es evidente que no se le podría aplicar propiamente la filiación, a no ser por

una muy tenue semejanza. Por todo lo

cual se deduce que, si el Hijo procediese

del Padre como algo que surge a partir

de la nada, no sería Hijo verdadero y propio. Esto va contra lo que se dice en

1 Jn 3,20: Para que existamos en su verda- dero Hijo Jesucristo. Así, pues, el verdade- ro Hijo de Dios no existe a partir de la nada, ni ha sido hecho, sino sólo engen- drado.


Por otra parte, si las cosas hechas por

Dios a partir de la nada son llamadas hi-

jos de Dios, hay que entenderlo en sen-

tido metafórico y en cuanto que tienen

alguna semejanza con el Hijo verdadero.

Por lo tanto, en cuanto que sólo El es el

Hijo verdadero y natural de Dios, es lla-

mado Unigénito, tal como se dice en Jn

1,18: El Unigénito, que está en el seno del Padre, El mismo nos lo ha contado. En cambio, por lo que respecta a los hijos adoptivos, llamados así por asemejarse a

El, metafóricamente es llamado Primogé-



nito, según aquello de Rom 8,29: A los

que conoció y predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que Este sea el Pri- mogénito de muchos hermanos.


Por lo tanto, hay que concluir que el Hijo de Dios ha sido engendrado de la sustancia del Padre. Sin embargo, hay


que decir también que de forma distinta a como lo es el hombre. Pues parte de la sustancia del hombre que engendra pasa a. la sustancia del engendrado. Pero la naturaleza divina es indivisible. Por eso es necesario que el Padre, engendrando al Hijo, no le transmita parte de su natu- raleza, sino que le comunique toda su naturaleza, permaneciendo tan sólo la distinción de origen, como ya se dijo an- teriormente (q.40 a.2).


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Cuando se dice que


el Hijo ha nacido del Padre, la preposi- ción de expresa principio generador con- sustancial, no principio material. Lo que se produce de la materia, pasa al ser por transmutación de aquello de lo que se produce, pues adquiere una nueva for- ma. En cambio, la esencia divina no es transmutable, ni puede adquirir ninguna forma nueva.


2.


A la segunda hay que decir: Cuando el Maestro en I Sent. d. 5

14


dice que el Hijo es engendrado de la esencia del Padre, se está designando una relación de prin- cipio cuasi activo. Lo explica así: El Hijo es engendrado de la esencia del Padre, esto es, del Padre, que es la esencia. Por lo cual, Agustín en el XV De Trin.15 dice: Cuando digo del Padre, que es la esencia, es lo mismo que si dijera, más claramente, de la esencia del Padre. Pero esto no parece su- ficiente para aclarar el sentido de aquella frase. Pues también podemos decir que

la criatura es de Dios, en esencia, y, sin embargo, no podemos decir que sea de



la esencia de Dios. Por todo lo cual, hay que decir, para una mejor explicación,

que la preposición de implica siempre consustancialidad. Por eso, no decimos

que un edificio sea del constructor, porque

éste no es causa consustancial. En cam-

bio sí podemos decir que una cosa es de

otra siempre que un modo, sea el que

sea, signifique principio consustancial.

Bien principio activo, y así se dice que

el hijo es del padre. Bien principio mate-

rial, y así se dice que el cuchillo es de hierro. Bien principio formal, aunque

esto solamente se puede aplicar a cosas cuyas formas sean subsistentes y no in-


formen a otro, y así se puede decir de un ángel que es de naturaleza intelectual.

14. PEDRO LOMBARDO, c.2 (QR 1,49).


15. C.13: ML 42,1076.

402


La trinidad de personas




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