Santo tomas de aquino


La suerte histórica de la «Suma de Teología»



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La suerte histórica de la «Suma de Teología»

La Suma de Teología se escribió en uno de los momentos clásicos de las




tensiones entre cristianismo y cultura no cristiana. En esta mediación, la ta- rea teológica de Tomás de Aquino no rechazó ninguno de los dos polos, sino que los unió en una visión superior. Pero ello lo llevó también a en- frentarse con las posiciones contrapuestas. No sorprende, pues, que, prácti- camente después de la desaparición del maestro dominico, se produzcan las primeras ofensivas a la obra tomista. En realidad, la Suma representaba las exigencias de una clase universitaria preocupada por su fe ante el cúmulo de nuevos conocimientos introducidos en el ambiente, pero ello no significa que fuera el exponente del ambiente eclesiástico en general, ni siquiera del teológico mismo.


En la historia de la teología se caracteriza el último tercio del siglo XIII por el nacimiento de corrientes filosófico-teológicas. La penetración del pensamiento peripatético y la actitud de Tomás ante él lleva a la configura- ción de orientaciones diversas en el pensamiento cristiano. Las medidas dis- ciplinares aludidas anteriormente también afectan a la obra tomista y se con- sideran como el efecto de una corriente de orientación agustiniana. Los re- presentantes de este neo-agustinismo denuncian las innovaciones de Tomás como una infidelidad a la tradición de Agustín, aunque en realidad era un cúmulo de doctrinas asimiladas por la civilización cristiana. Ya hemos visto cómo en vida la polémica mantenida por Tomás con los discípulos radicales de Aristóteles no significó el reconocimiento de los maestros de teología. Es conocido, sin embargo, el reconocimiento de la Facultad de Artes por la carta enviada al capítulo general de los predicadores en mayo de 1274 pi- diendo el cuerpo del maestro y sus últimas obras164. Pero el tema de fondo sobre la actitud frente a la filosofía seguía siendo una cuestión pendiente.


La reacción inmediata más famosa la encabeza Guillermo de la Mare, que publicó el Correctorium fratris Thomae entre los años 1277 y 1279165. La literatura de estas correcciones está orientada a dirigir al lector de la obra tomista. La corriente franciscana se impone en la decisión del capítulo de Estrasburgo, que sonaba así: «El ministro general impone a los ministros provinciales que no permitan que se difunda la Suma del fraile Tomás, a no ser entre lectores notablemente inteligentes, y ello con las declaraciones del hermano Guillermo de la Mare, no puestas marginalmente, sino en los mis-


II.


La Suma en la historia de la teología

43


163

E. GlLSON, El tomismo. Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino (Pamplona


1978) 644.


164



H. DENIFLE-A. CHATELAIN, Chartularium Universitatis Parisiensis I (París 1889) 504; A. A. FRABOSCHI, El primer reconocimiento oficial de la santidad del Angélico: Sapientia 30 (1975) 67-73.


165


F. PELSTER, Das Ur-Correctorium Whilhems de la Mare. Eine theologische Zensur su Lehres des hl. Thomas: Gregorianum 28 (1947) 220-235; ID., Magistri Guilelmi de la Mare, O.F.M., de variis sententiis S. Thomae Aquinatis: Series scholastica 21 (Münster in W. 1956); R. CREYTENS, Autour de la littérature des correctoires: Arch. Fr. Praed. 12 (1942) 313-330.





mos pliegos. Estas declaraciones no sean transcritas entre los seculares»166. Esta obra consiste en 117 artículos, de los que 47 son de la Suma de Teología. Los puntos sobre los que se corrige al tomismo son: la unidad de la forma sustancial en el ser humano, la materia como principio de individuación, la dependencia del conocimiento intelectual del sensible, posibilidad teórica de

una creación eterna, la distinción real entre esencia y existencia, la primacía

de la inteligencia sobre la voluntad. Un solo artículo trata de las cuestiones trinitarias. Este repaso de las tesis incriminadas nos hace ver que práctica- mente todas son de orden filosófico. Y el fenómeno se extiende también a otros lugares


167.

Los discípulos inmediatos de Tomás no abandonaron el patrimonio he-




redado, antes bien surge un tipo de literatura que transforma la palabra co- rrección en corrupción


168. Se puede ver aquí el comienzo de la escuela tomista, que se impone particularmente entre los dominicos. Los capítulos de su Or- den habían iniciado la alabanza del maestro en el de Milán de 1278169 y prácticamente se va imponiendo su enseñanza en los estudios de sus herma-

nos170. El reconocimiento de Tomás hace que se le comience a llamar «ve- nerable hermano y venerable doctor»171. La canonización de Tomás de Aquino en 1323 supuso en cierto modo una consagración de sus doctrinas, ya que incluso se subrayaban los aspectos doctrinales172. También sus her- manos, además de la defensa, trabajaron en la elaboración de formas meto- dológicas, para estudiar mejor al maestro. Ya a finales del siglo XIII conoce- mos la concordancia de doctrinas de las Sentencias con las de la Suma, pero

la más conocida de este tipo de obras es de Benito de Assignano.


Las resistencias a Tomás en el siglo XIV se encuentran en su mismo her- mano de Orden Durando de saint-Pouçain, pero sobre todo en las concep-


166


F. VAN ORTROY, Analecta bolandiana 18 (1899) 292; P. GLORIEUX, Les Correctoires. Es- sai de mise au point: Recherches de théologie ancienne et médiévale 14 (1947) 313-330.


167


P. GLORIEUX, Comment les thèses thomistes furent proscrites à Oxford 1284-1286: Rev. Thom. 10 (1927) 259-291; D. A. CALLUS, La condenación de Sto. Tomas en Oxford: Revista de fi- losofía 6 (1947) 377-416.


168


Esta literatura ha sido atentamente considerada y actualmente conocemos cinco respues-

tas a las correcciones de Tomás: P. GLORIEUX, Les premières polémiques thomistes. I. Le Correcto- rium corruptorii «Quare»: Bibliothéque thomiste 9 (Le Saulchoir-Bélgica 1927); II. Le Correcto- rium corruptorii «Sciendum»: Bibl. thom. 31 (Le Saulchoir 1956); J. P. MÜLLER, Le Correctorium corruptorii «Quaestiones», Texte anonyme du ms. Merton 267: Studia Anselmiana 35 (Roma 1954); ID., Rambert de'Primadizzi de Bologne. Apologeticum veritatis contra Corruptorium: Studi e testi 108 (Vaticano 1943); ID., Le Correctorium corruptorii «Circa» de Jean Quidort de Parts: Studia ansel- miana 12-13 (Roma 1941).




169


J. E. BOLZAN-A. A. FRABOSCHI, Santo Tomás y los capítulos generales de la orden de los Hermanos Predicadores 1278-1370: Sapientia 29 (1974) 263-278; A. WALZ, Ordinationes capitulorum


generalium de S. Thomae eiusque cultu et doctrina: Analec. Ord. Praed. 31 (1923) 168-173.

170



P. MANDONNET, Les titres doctoraux de Saint Thomas d'Aquin: Rev. Thom. 17 (1909) 597-608; ID., Prémiers travaux de polémique thomiste: Rev. Se. Phil. Théol. 7 (1913) 46-70 y 245- 262; M. GRABMANN, De Summae D. Thomae Aquinatis studio in ordine Fratrum Praedicatorum jam saeculis XIII et XIV vigente: Miscellanea Dominicana in memoriam VII anni saecularis ab obitu

S. Patris Dominici (Roma 1923) 151-161.




171


P. MANDONNET, Les titres...; M.-D. CHENU, Maitre Thomas est-il une «autorité». Note sur deux lieux théologiques au X I Ve siècle: Rev. Thom. 7 (1925) 187-194; C. JELLOUSCHEK, Quaestio Magistri Joannis de Neapoli O. P.: «Utrum licite possit doceri Parisius doctrina fratris Thomae quantum ad omnes conclusiones ejus», hic primum in lucem edita: Xenia thomistica 3 (Roma 1925) 73-104. Si- guiendo las técnicas medievales, Tomás es considerado como autoridad, en algunos ambientes,

ya a principios del siglo XIV.




A. WALZ, Bulla canonizationis S. Thomae Aquinatis, a Joanne XXII P.M. emanata: Xenia thomistica 3 (Roma 1925) 173-188; P. MANDONNET, La canonisation de S. Thomas d'Aquin 1317-


1323: Bibliothèque thomiste 3 (París-Kain 1923) 1-48. Como consecuencia de la canonización, el obispo de París anuló allí la condena, que pesaba sobre Tomás, en el 1325.


44


Introducción



dones que parecían desintegrar la unidad adquirida del saber cristiano. La escuela franciscana tiene en Duns Scoto el promotor de una nueva metafísi- ca. Además, en este siglo el aristotelismo radical es reavivado por la escuela de Padua y París, como una auténtica restauración de la filosofía de Ave- rroes. Surgen así productos específicos de escuelas de teología que viven en rivalidad entre sí, de las que la más famosa es el nominalismo. En este am- biente, la Suma se iba imponiendo como texto de enseñanza no solamente entre los dominicos, sino también en algunas universidades alemanas, aunque el texto tradicional continuaba siendo Pedro Lombardo.


En los siglos XIV y XV la escuela tomista comienza a producir sus instru- mentos de trabajo, naciendo así una especie de índices alfabéticos. La prime-

ra tabla la hizo el dominico parisino Hervé de Cauda a mitad del siglo XIV. El trabajo más conocido y que ha sido una base imprescindible para utilizar los escritos de Tomás de Aquino es la Tabula aurea de Pedro de Bérgamo, en el siglo XV




173. Las ventajas de este método estriban en que permite la comparación de las doctrinas del autor. Generalmente estas tablas expresan un juicio favorable sobre la Suma de Teología por relación a otras obras. En el mismo sentido se pueden tener presentes los resúmenes de las ideas fun- damentales de los artículos de la Suma en términos cortos y precisos, que dará lugar a poner delante de cada tratado estas tesis


174. Del siglo xv la obra más importante es de Juan Capréolo: Defensiones Theologiae Divi Thomae Aquinatis


175. Su obra esclarece los pasajes del maestro con textos de las Sen- tencias y de la Suma.


Estos trabajos y el ambiente humanista del siglo XVI constituyen la base sobre la que se funda un período particularmente fecundo del tomismo. Las universidades es un fenómeno general en toda Europa y allí la teología de- bía confrontarse con los nuevos aires renacentistas. Además, el estado de la


teología había llegado a una situación de matices y sutilezas, como conse- cuencia del nominalismo, donde se perdía la mente humana. La visión de la Suma de Teología en su unidad estaba abierta también a las dimensiones de la naturaleza, lo cual la hacía propicia para entrar de nuevo en diálogo con la cultura del tiempo. El siglo XVI se califica desde el punto de vista tomista por la obra de los comentaristas. Baste recordar los nombres de Tomás de Vio Cayetano, Francisco de Vitoria, Silvestre de Ferrara, Domingo Báñez y tantos otros


176.

Para la historia de la Suma el hecho más importante es que se constituye




en el texto básico de la teología. Vitoria la introduce en Salamanca y el mis- mo curso sigue en otras universidades177. Las Sentencias de Pedro Lombar-

do aún permanecen en otros centros, pero ha llegado ya a su ocaso. Los




II. La Suma en la historia de la teología

45


173


P. BERGAMO, In opera sancti Thomae Aquinatis index seu tabula aurea (Alba-Roma 1960 ed. fototypica).


174X. De propositione quadam Hunnaei: Ang. 16 (1939) 59-65: el editor de la Suma de Anver- sa en el 1575 ya empleó este sistema, que se ha extendido también en nuestro tiempo por obra de las ediciones de Marietti.


175


J. CAPREOLO, Defensiones Theologiae Divi Thomae Aquinatis: ed. PABAN-PEGUES (Tours 1900-1908).


176


A. MlCHELITSCH, Kommentatoren zur Summa theologiae des Hl. Thomas von Aquin (Graz- Viena 1924): estadísticamente hay 90 comentaristas de toda la obra; 218 de la primera parte;

108 de la primera parte de la segunda; 89 de la 2-2; 148 de la tercera y 9 del suplemento. Para

las ediciones de estos autores, cf. Suma teológica (Madrid 19572) 14-16.


177


R. MARTIN, L'introduction officielle de la Somme théologique dans l'ancienne université de Lou- vain; Rev. Thom. 18 (1910) 230-239; S. SWIEZAWSKI, Le thomisme à la fin du Moyen Âge: Studi tomistici 1 (Roma 1974) 225-248; R. HERNÁNDEZ, Derechos humanos en Francisco de Vitoria (Salamanca 1984) 21-29.





problemas planteados en la Edad Media por la implantación de un texto di- verso de la Biblia es normal que surjan en los tiempos de la Reforma pro- testante. Además de la reacción global contra la escolástica tal como se reci-

bía en las escuelas, el proyecto de una teología científica se revela como un proyecto imposible para la fe cristiana178. Se proyecta así sobre la Suma de Teología un conflicto que no estuvo presente en su elaboración: la oposición

a la Biblia. De este modo se corre el riesgo de convertirla en paradigma del enfrentamiento entre teología sistemática y teología histórica, cuando la obra tomista es en la tradición de la historia de la salvación donde se hace comprensible. Pero al mismo tiempo, en tanto en cuanto texto básico de la teología católica, también corre el riesgo de convertirse en la única interpre- tación de la fe. Es cierto, sin embargo, que los comentaristas del siglo XVI debaten los grandes temas de las relaciones entre la libertad y la gracia, el natural y el sobrenatural, la naturaleza humana y la persona divina de Cristo

así como otra serie de temas filosóficos. Esto demuestra la grandeza de la Suma para una determinada situación histórica, pero también sus límites.




La tradición nos ha transmitido que en el concilio de Trento la Suma de Teología habría sido colocada junto a la Biblia. Con ello se quiere indicar la importancia que tuvieron las doctrinas de Tomás de Aquino en ese conci- lio179. Poco después de terminado el concilio, en 1567, Pío V declaraba a Tomás doctor de la Iglesia poniendo de relieve la importancia de la doctrina tomista para defender la verdad católica180. Hay que reconocer que estas equiparaciones con la revelación y la verdad del cristianismo han encumbra-

do a esta obra sobre cualquier otra, pero semejante triunfo también significa ponerla como punto de mira de incomprensiones y ataques. Por todo ello puede quedar incapacitada para inspirar nuevos espíritus. No obstante, el si-

glo XVII todavía produce grandes comentaristas de diversas tendencias, como Juan de Santo Tomás, los Salmanticenses, Francisco Suárez181.


La teología posterior vive cada vez más en conflicto consigo misma, tanto por la multiplicación de las escuelas como por la desintegración de la misma en ramas. El sentido unitario que daba la doctrina sagrada como forma global del saber de los antiguos escolásticos se sectorializa. Pero, sobre todo, la teología vive en conflicto con una cultura positiva y científica, re- produciendo una serie de tesis cristalizadas, en las que faltaba el espíritu de asimilación y universalidad expresado por Tomás de Aquino. Así la teología dejaba de ser la ciencia dominante que unía las diversas actividades del inte- lecto humano. Son conocidos los esfuerzos del italiano Ventura, general de los teatinos, que intentó una sorprendente síntesis entre tradicionalismo, autoritarismo y tomismo. Pero el aprecio a la escolástica de Tomás comien- za a abrirse camino en Ñapóles por obra de un descendiente suyo llamado Sanseverino182.


Se crean así las condiciones, tanto positivas como negativas, para que

178



Y. CONGAR, Le moment «économique» et le moment «ontologique» dans la sacra doctrina (Révela- tion, Théologie, Somme théologique): Mélanges M.-D. CHENU (París 1967) 145-149 y 177.


179

A. WALZ, I domenicani al concilio di Trento (Roma 1960).


180



J. BERTHIER, S. Thomas Aquinas «Doctor communis» Ecclesiae I (Roma 1914); S. RAMÍREZ, De auctoritate doctrinali S. Thomae Aquinatis (Salamanca 1952): el texto se encuentra también en español en la edición anterior de la Suma.


181


M. GRABMANN, La somme 56-57; V. BELTRÁN DE HEREDIA, La enseñanza de Santo Tomás en la Compañía de Jesús durante el primer siglo de su existencia: Cienc. Tom. 11 (1915) 388-408 y 12 (1916) 34-48.


182


J. A. WEISHEIPL, El renacimiento tomista: Sapientia 18 (1963) 251-255. A. WALZ, Il tomis- mo dal 1800 al 1879: Ang. 20 (1943) 300-326.


Introducción

46



León XIII anime lo que se conoce como un segundo renacimiento tomista. Preocupado por no quedarse en el simple rechazo del pensamiento moderno

y animado por la fuerza que el tomismo había demostrado en momentos cruciales, publicó en 1879 la encíclica Aeterni Patris




183. Tomás se convertía en un genuino heredero de la inteligencia cristiana y en guía por excelencia

de la teología y de la filosofía. Su patronato sobre universidades, academias




y colegios es consecuencia de este impulso al año siguiente, así como la pro- moción de una nueva edición de sus obras. Los nombres de Tomás Zigliara y Ceferino González son los más destacados en este momento.


Este renacimiento tomista lleva en sí todas las potencialidades de Tomás

de Aquino, pero también lo que el tiempo había añadido a la obra original. El rechazo del escolasticismo, iniciado en los albores de la Edad Moderna, y, en general, del espíritu medieval, coloca a la obra de Tomás en una situa- ción difícil, porque aparecía ligada al espíritu apologético contra la moderni- dad. Además, estos esfuerzos por recuperar el pensamiento cristiano en una dirección choca incluso con otros planteamientos dentro del mismo campo católico. Esta ebullición queda reflejada en los documentos oficiales Pascendi

y Humani generis. Difícilmente se podía pretender hacer un tomismo esencial

y obligatorio184.




Sin embargo, la historia reconoce las virtualidades presentes en el tomis-

mo por el influjo que en la teología del siglo XX han tenido muchos autores que expresamente se han inspirado en él. Este planteamiento está presente en la célebre obra de Chenu




y en el excelente impulso que el medievalista Gilson dio a la escolástica en la historia de la filosofía. La historia podrá di- lucidar qué resultados a efectos del pensamiento cristiano da una actitud u otra, pero en ningún caso la historia justifica que Tomás se convierta en lo que no fue. La tradición, la autoridad y el orden fueron para él principios dinámicos de su acción, no paralizadores. La naturaleza, el ser, la inteligen- cia, la persona quedaron revalorizados en su obra e integrados en ella sin que en ningún momento se convirtieran en categorías que obstaculizaran la reflexión.


Esta descripción de la suerte histórica de la Suma de Teología nos hace comprender que nos alejamos de ella cuando la convertimos en recurso últi-

mo contra la modernidad. Y aquí puede estar una de las causas de las críti-

cas al tomismo. Siguiendo la célebre frase del cardenal Ehrle: «el destino de

la Suma era el de la conciencia eclesiástica», se coloca a Tomás donde nunca él estuvo y con lo que incluso estuvo enfrentado. El Vaticano II y los últi- mos papas han vuelto sobre el tema, pero se advierten ya diferencias de ma-

tiz


186. Tomás fue un consumado sumista, un maestro del método y un sis- tematizador del saber cristiano. Acercarse con él a su obra puede ser motivo

de encuentros afortunados, ya que el consejo de sus discípulos: «Divus Tho- mas sui interpres», sigue siendo válido.




II.


La Suma en la historia de la teología

47


183


Tommaso d'Aquino nel I centenario dell'enciclica «Aeterni Patris»: Atti del convegno organizato a Roma (Roma 1979); L'enciclica «Aeterni Patris»: Studi tomistici 10-11-12 (Vaticano 1981).


184


M. MANSER, La esencia del tomismo (Madrid 1947), que había sido publicada en alemán en 1932; E. HUGÓN, Les vingt-quatre thèses thomistes (París 19272).


185


M.-D. CHENU, Une école de théologie. Le Saulchoir (París 1985), que había sido publicada


en 1937.

186



VATICANO II, OT, 16 y GE, 10; PABLO VI, Lumen Ecclesiae: AAS 66 (1974) 673-702.






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