Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que los Santos Doctores no han atribuido correctamente los atributos esenciales a las personas:


1. Dice Hilario en II De Trin.34: La eternidad está en el Padre, la especie en la Imagen, el uso en el Don. En estas palabras hay tres nombres propios de las perso-

nas: Padre, Imagen, que es el nombre propio del Hijo, como dijimos anterior-

mente (q.35 a.2), y Don o Aval, que es

el nombre propio del Espíritu Santo, como quedó establecido (q.38 a.2). Ade- más hay también tres realidades apropia-




das: La eternidad, al Padre; la especie, al Hijo; el uso, al Espíritu Santo. Y parece que lo hace de un modo poco razonable. Pues la eternidad implica duración de ser; la especie, en cambio, es principio de ser; el uso, por su parte, parece que pertenece

a la operación. Pero la esencia y la ope- ración no se apropian a ninguna perso- na. Por lo tanto, parece que estas apro- piaciones a las personas no las han atri- buido correctamente.




2. Más aún. Dice Agustín en I De

Doctr. Christ.35: En el Padre está la uni-

dad, en el Hijo la igualdad, en el Espíritu Santo la concordia de la unidad y de la igual- dad. Esto parece también que es dicho incorrectamente. Porque una persona formalmente no es denominada por lo

que se apropia a otra. Pues el Padre no

es sabio por la sabiduría engendrada,

como dijimos (a.7 ad 2; q.37 a.2 obi.1).

Pero en el mismo contexto dice: Estas

tres realidades son una por el Padre, iguales


por el Hijo y conexas por el Espíritu Santo. Por lo tanto, no se apropian de forma correcta a las personas.


3. Todavía más. Según Agustín


36, al Padre se le atribuye el poder, al Hijo la sabiduría y al Espíritu Santo la bondad. Y parece que esto no es correcto. Pues la energía pertenece al poder. El poder es apropiado al Hijo según aquello de

1 Cor 1,24: A Cristo, poder de Dios. Y también al Espíritu Santo, según aquello

de Lc 6,19: El poder salía de El, y sanaba a todos. Por lo tanto, el poder no hay

por qué atribuirlo al Padre.




4. Y también. Agustín, en el libro

De Trin.37, dice: No hay que tomar confu- samente lo que dice el Apóstol: De El, por El y en El. De El, lo dice por el Padre; por El, por el Hijo; en El, por el Espíritu San- to. Pero parece que esto no es correcto. Porque la expresión en El, parece que implica relación de causa final, que es la primera de las causas. Por lo tanto, esta relación de causa debería ser apropiada

al Padre, que es el principio sin prin- cipio.




5. Por último. Encontramos que la verdad es apropiada al Hijo, según aque-

llo de Jn 16,6: Yo soy el camino, la verdad




y la vida. Lo mismo el Libro de la Vida,

33. C.1: ML 42,933.


34. § 1: ML 10,51.


35. C.5: ML 34,21.


36. Cf. HUGO DE


SAN VÍCTOR, De Sacram. l.1 p.2.a c.6: ML 176,208.


37. l.6 c.10: ML 42,932; cf. Contra Ma-




ximin. l.2 c.23: ML 42,800.

C.39 a.8


Relación Personas-Esencia

389



según aquello del Sal 39,8: En el encabe- zamiento del libro está escrito de Mi: Glo- sa


38: Esto es, en el Padre, que es mi cabeza. Lo mismo, la expresión El que es; por- que en torno a aquel texto de Is 65,1: Heme aquí, voy a los pueblos, dice la Glo- sa


39: Habla el Hijo que dijo a Moisés: Yo soy el que soy. Pero parece que todo esto

es algo propio del Hijo y no algo apro- piado. Pues verdad, según Agustín en el libro De Vera Religione




40, es la semejanza suma con el principio, sin ningún tipo de dese- mejanza.De este modo, parece que pro- piamente corresponda al Hijo, que tiene principio. También Libro de la Vida pa-

rece ser algo propio, porque significa

que es algo por alguien, pues todo libro

es escrito por alguien. También la expre-

sión El que es, parece ser propia del

Hijo. Porque si, cuando se dice a Moi-

sés: Yo soy el que soy, es la Trinidad la

que habla, Moisés había podido decir: Aquel que es el Padre, el Hijo y el Espíritu



Santo, me envió a vosotros. Y más adelante había podido decir: Aquel que es el Padre,

el Hijo y el Espíritu Santo, me envió a vos- otros, dando a entender una persona de- terminada. Esto es falso. Porque ningu-

na persona es el Padre, el Hijo y el Espí-

ritu Santo. Por lo tanto, este nombre no

puede ser común a la Trinidad, sino propio del Hijo.




Solución. Hay que decir: Nuestro en- tendimiento, que llega al conocimiento

de Dios partiendo de las criaturas, es ne- cesario que considere a Dios según el modo que tiene a partir de las criaturas. A la hora de estudiar una criatura, apa- recen cuatro elementos en el siguiente orden. Primero, se analiza el mismo obje-

to absolutamente, en cuanto que es un determinado ser. Segundo, se le analiza en cuanto que es uno. Tercero, en cuanto que en él hay capacidad para obrar o para causar. Cuarto, la relación que tiene con lo causado. Por lo tanto, al tratar lo referente a Dios nosotros debemos tener también en cuenta esta cuádruple consi- deración.


1) Según la primera consideración, es decir, tratar lo referente a Dios en cuan- to a su propio ser, encontramos la


fórmula de Hilario


41, según la cual la eternidad es apropiada al Padre, la espe- cie al Hijo, el uso al Espíritu Santo (cf. obi.1). Pues la eternidad, en cuanto que significa ser sin principio, tiene semejan-

za con el Padre, que es principio sin principio. La especie o la belleza tienen se- mejanza con lo propio del Hijo, pues para la belleza se requiere lo siguiente: Primero, integridad o perfección, pues

lo inacabado, por ser inacabado, es feo. También se requiere la debida propor- ción o armonía. Por último, se precisa la claridad, de ahí que lo que tiene nitidez de color sea llamado bello. Así, pues, en cuanto a lo primero, tiene semejanza con lo propio del Hijo, en cuanto que el Hijo tiene en sí mismo, de forma real y perfecta, la naturaleza del Padre. Para in- dicar esto, Agustín


42


en su explicación dice: En donde, esto es, en el Hijo, está la suprema y primera vida, etc. Por lo que se refiere a lo segundo, también se adecúa

con lo propio del Hijo en cuanto que es Imagen expresa del Padre. Por eso, deci- mos que alguna imagen es bella si repre- senta perfectamente al objeto, aun cuan-

do sea feo. Y esto es a lo que alude Agustín cuando dice43: En donde hay tan-

ta conveniencia y la primera igualdad, etc. En cuanto a lo tercero, se adecúa con lo propio del Hijo, en cuanto que es Pala-

bra, que es lo mismo que decir Luz, es- plendor del entendimiento, como dice el Da-




masceno


44. Esto mismo lo sugiere Agus- tín cuando dice


45: Como palabra perfecta a la que no le falta nada, especie de arte del Dios omnipotente.


El uso tiene cierta semejanza con lo propio del Espíritu Santo, si tomamos la palabra uso en sentido amplio, pues usar implica disfrutar, ya que usar es disponer de algo, según la propia voluntad, y disfrutar es usar con gozo, como dice Agustín en X

De Trin.46 Por lo tanto, el uso por el

que el Padre y el Hijo se disfrutan mu- tuamente, se adecúa con lo propio del Espíritu Santo, en cuanto que es Amor.

Y esto es lo que dice Agustín


47: Aquel amor, deleite, felicidad o dicha, es lo que él llama uso. El uso con que nosotros dis- frutamos de Dios tiene cierta semejanza


38. Glossa ordin. al salmo 39,8 (3,1438); Glossa de PEDRO LOMBARDO: ML 191,403. 39. Glossa interl. (4,104r).


40. C.36: ML 34,152.

41. L.c. nota 34.


42. De




Trin. 1.6 c.10: ML 42,931.

43. Ib.

44. De Fide Orth. l.1 c.13: MG 94,857.

45. L.c.

nota 42.43.

46. C11: ML 42,982.


47. De Trin. l.6 c.10: ML 42,932.

390


La trinidad de personas


C.39 a.8


con lo propio del Espíritu Santo en cuanto que es Don. Y esto es lo que re- salta Agustín cuando dice48: En la Trini-

dad está el Espíritu Santo, la suavidad del que Engendra y del Engendrado, que nos inun- da deforma inmensa y generosa.


De este modo, se comprende por qué

la eternidad, la especie y el uso, se atribu- yen o se apropian a las personas, y no se

les atribuyen la esencia o la operación. Por- que en su propio concepto, y puesto que

son comunes, no se encuentra algo que

sea semejante a lo propio de las perso-


nas.


2) Según la segunda consideración, es decir, tratar lo referente a Dios en cuan-

to que es uno. Agustín apropia la unidad al Padre, la igualdad al Hijo, la concordia o la conexión al Espíritu Santo49 (cf. obi.2).

Es evidente que estas tres características denotan unidad, pero de manera diferen-

te. Pues la unidad se dice en sentido ab- soluto, y no presupone nada más. De

este modo se apropia al Padre, que no presupone otra persona, por ser princi-

pio sin principio. La igualdad conlleva unidad con respecto a otro; pues igual

es lo que tiene la misma cantidad que otro. De este modo la igualdad se apro- pia al Hijo que es el principio del prin- cipio. Por su parte, la conexión implica unidad de dos. Por eso se apropia al Espíritu Santo, en cuanto que procede


de los dos.


A partir de ahí, puede entenderse lo

que dice Agustín50: Los tres son uno por el Padre, iguales por el Hijo, conexos por el Espíritu Santo. Pues es evidente que cada característica se atribuye a aquel en quien se encuentra primero, así como a todos los seres inferiores se dice que vi- ven por su alma vegetal, por ser la pri- mera en la que se manifiesta la vida de estos seres. La unidad se encuentra inme- diatamente en la persona del Padre, in- cluso si, aunque imposible, desaparecie-

ran las otras personas. De este modo, las otras personas tienen la unidad por el Padre. No obstante, desaparecidas las otras personas, en el Padre no se en- cuentra la igualdad. Pero, existente el Hijo, inmediatamente aparecerá la igual-

dad. De este modo, se dice que todos

son iguales por el Hijo, no porque el

Hijo sea principio de la igualdad del Pa- dre, sino porque, si el Hijo no fuese




igual al Padre, el Padre no podría ser llamado igual, pues su igualdad en pri- mer lugar es considerada en relación al Hijo. Lo mismo cabe decir de la igual- dad que tiene el Espíritu Santo con el Padre, es decir, la tiene por el Hijo. Asi- mismo, excluido el Espíritu Santo, que es el nexo de los dos, no podría enten- derse la unidad de conexión entre el Padre y el Hijo. De este modo, se dice que to- dos están conexos por el Espíritu Santo, porque, existente el Espíritu Santo, se encuentra El donde el Padre y el Hijo pueden llamarse conexos.


3) Según la tercera consideración, es decir, tratar lo referente a Dios en cuan-

to que en El hay capacidad suficiente

para causar, hay que analizar la tercera apropiación, esto es, el poder, la sabiduría

y la bondad51 (cf. obi.3). Esta apropiación

se hace por semejanza, si se considera lo

que hay en las personas divinas; y por desemejanza, si se considera lo que hay

en las criaturas. Pues el poder tiene razón

de principio. Por eso, tiene semejanza

con el Padre del cielo, que es principio

de toda la divinidad. A veces falta en el padre terreno, debido a la vejez. La sabi- duría, en cambio, tiene semejanza con el

Hijo celeste, en cuanto que es Palabra,

que no es otra cosa que el concepto de sabiduría. A veces falta en el hijo terre- no, debido a la poca edad. La bondad,, por ser razón y objeto del amor, tiene semejanza con el Espíritu divino, que es Amor. Pero parece que contradice al es- píritu terreno, en cuanto que éste impli-

ca cierto impulso violento, por lo que

dice Is 25,4: El espíritu de los fuertes es como el huracán que empuja la pared. El po- der se apropia al Hijo y al Espíritu Santo,

pero no en el sentido en que se llama energía al poder de algo; sino porque a veces también se llama energía a la que surge del poder, como cuando decimos

que algo poderoso ha sido hecho por la virtud o poder de un agente.




4) Según la cuarta consideración, es decir, tratar lo referente a Dios en cuan-

to que está relacionado con sus efectos, hay que analizar aquella apropiación a




partir de El, por El y en El (cf. obi.4). La preposición a partir de, a veces, implica relación de causa material, que no se da en las personas divinas. Otras veces, im- plica relación de causa eficiente. Esta es


48. Ib.

49. De Doct. Christ. l,1 c.5: ML 34,21.


50. Ib.

51. Cf. l.c. nota 36.

C.40


Relación personas-propiedades

391



la que corresponde a Dios en razón de su potencia activa. Por eso se apropia al Padre, como potencia. La preposición


por, indica, a veces, causa intermedia, como cuando decimos que el obrero tra-

baja por el martillo. Este por, a veces no

es apropiado, sino propio del Hijo, se-

gún aquello de Jn 1,3: Todo ha sido hecho por El, no porque el Hijo sea instrumen-




to, sino porque El mismo es principio del principio. Otras veces, indica la rela- ción de forma por la que obra el agente, como cuando decimos que el artista obra por el arte. Por eso, así como la sa- biduría y el arte se apropia al Hijo, así también lo indicado con por El. La pre- posición en, indica propiamente relación de continente. Y Dios contiene las cosas de doble manera. Una, según sus seme- janzas. Y, así, se dice que las cosas están en Dios en cuanto que están en su cien- cia. De este modo, la expresión en El, debería apropiarse al Hijo. Otra manera de cómo están contenidas las cosas en Dios, es en cuanto que Dios, por su bondad, las conserva, las gobierna y las conduce al fin más conveniente. De este modo, en El, es apropiado al Espíritu


Santo, como se le apropia la bondad. Tampoco es necesario que la relación


de causa final, aun cuando sea la primera de las causas, se apropie al Padre, que es principio sin principio, porque las perso- nas divinas, de las cuales el principio es el Padre, no proceden para orientarse al fin, puesto que cada una de ellas es fin último, sino por procesión natural, que más bien parece pertenecer al concepto de potencia natural.


Con respecto a las otras apropiaciones (cf. obi.5) hay que decir: La verdad, por pertenecer al entendimiento, como se dijo anteriormente (q.16 a.1), se apropia al Hijo. Sin embargo, no es algo propio suyo. Porque, como dijimos (ib.), la ver- dad puede ser considerada en cuanto que está en el entendimiento, o en cuan- to que está en la realidad. Así, pues, así


como el entendimiento y el objeto son tomados esencialmente, siendo esenciales y no personales, así también la verdad. La definición dada por Agustín corres- ponde a la verdad, que se apropia al Hijo.


El Libro de la Vida directamente im- plica conocimiento; indirectamente, vida. Pues, como dijimos anteriormente (q.24 a.l), se trata del conocimiento que Dios tiene de los que alcanzarán la vida eter- na. Por eso se apropia al Hijo, aun cuan- do la vida se apropie al Espíritu Santo, en cuanto que implica cierto movimien- to interior, y de este modo se adecúa con lo propio del Espíritu Santo, en cuanto que es amor. Lo de ser escrito por alguien, no pertenece al concepto del libro en cuanto libro, sino en cuanto obra hecha. Por lo tanto, no implica re- lación de origen, ni tampoco es perso- nal, sino apropiado a la Persona.


La expresión El que es, se apropia a la persona del Hijo, pero no por sí misma, sino por el añadido, esto es, en cuanto que en la expresión de Dios a Moisés es- taba prefigurada la liberación del género humano, que ha sido hecha por el Hijo. Sin embargo, si Que se toma como rela- tivo, puede referirse a la persona del Hijo. De este modo, se tomaría perso- nalmente, como si se dijera: El Hijo es engendrado el Que es; lo mismo que Dios engendrado tiene sentido personal. Y aun cuando el pronombre éste, desde un pun-

to de vista gramatical, parezca que per- tenece a una determinada persona, sin embargo, cualquier cosa demostrable, también en sentido gramatical, puede llamarse persona, aun cuando realmente no lo sea, y así decimos esta piedra o este asno. Por eso, desde el punto de vista gramatical, la esencia divina, tal como está indicada por la Palabra Dios, puede ser designada con el pronombre éste, según aquello del Ex 15,2: Este es mi Dios y le glorificaré.




Hay que tratar ahora lo referente a la relación personas-propiedades. Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:


1. Relación, ¿es o no es lo mismo que persona?-2. Las relaciones, ¿dis-


Sobre la relación personas-propiedades


CUESTIÓN 40



tinguen y constituyen las personas?-3. Abstraídas mentalmente las relacio- nes de las Personas, ¿permanecen o no permanecen las hypóstasis?-4. Se-

gún nuestro entender, ¿las relaciones presuponen los actos de las personas o los actos de las personas presuponen las relaciones?




ARTICULO 1


Relación, ¿es o no es lo mismo que persona?


In Sent., 1 d.26 q.2 a.1; d.33 a.2; In Io, c.16 lect.4; Compend. Theol., c.67.


Objeciones por las que parece que en Dios relación y persona no son lo mis-

mo:



1. Cuando dos cosas son iguales, multiplicada una se multiplica la otra. Pero sucede que en una misma persona hay varias relaciones. Ejemplo: En el Padre está la paternidad y la común es- piración. También una misma relación está en dos personas: La común espira- ción en el Padre y en el Hijo. Por lo tanto, relación no es lo mismo que per- sona.


2. Más aún. Según el Filósofo en IV Physic.


1, nada está en sí mismo. Pero la relación está en la persona. Tampoco puede decirse que por razón de identi- dad, pues, de ser así, estaría en la esen- cia. Por lo tanto, la relación o la propie- dad y la persona en Dios no son lo mis-


mo,


3. Todavía más. Cuando dos cosas son iguales, están relacionadas de tal for-

ma que, lo que se dice de una, se dice de la otra. Pero no todo lo que se dice de la persona, se dice de la propiedad. Pues decimos que el Padre engendra, pero no decimos que la paternidad sea engendrante. Por lo tanto, en Dios la propiedad no es lo mismo que la persona.




En cambio, como dice Boecio en el libro De hebdom.2: En Dios no hay diferen- cia entre lo que es y aquello por lo que es. Pero el Padre es padre por la paternidad.

Por lo tanto el Padre es lo mismo que la paternidad. La misma razón hay que aplicar a las otras propiedades.




Solución. Hay que decir: Sobre este problema hay opiniones diversas. Pues

algunos

3


dijeron que las propiedades ni son personas ni están en las personas. A de- cir esto les impulsó el modo de entender

las relaciones, que no indican algo en un sujeto, sino más bien algo en orden a otro. Por eso dijeron, como hemos indicado anteriormente (q.28 a.2), que las relacio- nes eran concomitantes. Pero porque la relación en cuanto que es algo en Dios

es la misma esencia, y la esencia es lo mismo que persona, como ya se dijo (q.39 a.1), es necesario que la relación

sea lo mismo que la persona.




Otros


4, teniendo presente esta identi- dad, dijeron que las propiedades eran personas, pero que no estaban en las per- sonas, porque no ponían propiedades en Dios más que en cuanto al modo de ha- blar, tal como se ha dicho anteriormente (q.32 a.2). Es necesario poner propieda- des en Dios, como demostramos ya (ib.). Estas propiedades están indicadas en abs- tracto, como si se tratase de ciertas for- mas de la persona. Por lo tanto, como a la razón de forma pertenece el estar en aquello de lo que es forma, es necesario afirmar que las propiedades están en las personas, e incluso que son las personas, de la misma manera que decimos que la


esencia está en Dios y, sin embargo, es el mismo Dios.




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