Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que los nombres esenciales, como el de Dios, no hay que atribuirlos a las tres Perso- nas en singular sino en plural:


1. Como hombre indica el que tiene humanidad, así Dios indica el que tiene di- vinidad. Pero las tres personas son tres que tienen divinidad. Luego las tres per- sonas son tres dioses.


2. Más aún. En Gen 1,1, donde se dice: En el principio creó Dios el cielo y la tierra, el texto hebreo pone Elohim, que puede ser interpretado como dioses o jue- ces. Y esto se dice por la pluralidad de personas. Luego las tres personas son varios dioses y no un solo Dios.


3. Todavía más. La palabra cosa, en sentido absoluto parece referirse a la sustancia. Pero dicha palabra se dice en plural de las tres personas; pues dice


9. § 85.86: ML 10,538.

10. § 71: ML 10,527.

380


La trinidad de personas


C.39 a.3

Agustín en el libro De Doctr. Christ.




11: Las cosas de las que se disfrutará son el Pa- dre, el Hijo y el Espíritu Santo. Luego otros nombres esenciales pueden ser atribuidos en plural a las tres personas.


4. Por último. Así como la palabra Dios indica el que tiene divinidad, así la palabra persona el que subsiste en alguna naturaleza intelectual. Pero decimos tres


personas. Por lo tanto, y por la misma ra- zón, podemos decir tres dioses.


En cambio está lo que se dice en Dt 6,4: Escucha, Israel, el Señor tu Dios es un solo Dios.


Solución. Hay que decir: Los nombres esenciales indican la esencia, unos sustan- tivamente, y otros adjetivadamente. Los que la indican sustantivamente son atri- buidos a las tres personas sólo en singu- lar, no en plural; los que la indican adje- tivadamente, son atribuidos a las tres personas en plural. El porqué de esto se encuentra en que los sustantivos indican algo sustancial, mientras que los adjeti- vos indican algo accidental presente en el sujeto. Y la sustancia, así como en cuanto tal tiene ser, así también en cuan-

to tal tiene unidad o pluralidad. Por eso, la singularidad o pluralidad de los sus- tantivos responde a la forma indicada con el nombre. Por su parte, los acci- dentes, así como tienen su ser en el suje- to, así también de él toman la unidad o la pluralidad. Por eso, la singularidad o pluralidad de los adjetivos responde a los supuestos.




En las criaturas no se encuentra una forma en muchos supuestos a no ser en unidad de orden, que es la forma de una organizada pluralidad. Por eso, los nom- bres que indican dicha forma, si son sus- tantivos, se atribuyen a muchos en sin- gular; pero no si son adjetivos. Pues de- cimos que muchos hombres son un colegio, o un ejército, o un pueblo; y sin embargo, decimos que muchos hombres están colegiados.


En cambio, en Dios, como ya se dijo (a.2), la esencia divina se indica por la forma, la cual, como quedó demostrado (q.3 a.7; q.11 a.4), es una y simple en grado sumo. Por eso, los nombres que indican la esencia divina sustantivamen-


te, se atribuyen a las tres personas en singular y no en plural. Así, pues, el por qué decimos que Sócrates, Platón y Cicerón son tres hombres; y por la que decimos que el Padre, el Hijo y el Espí- ritu Santo no son tres dioses, sino uno solo, radica en lo siguiente: Porque en los tres supuestos de la naturaleza huma- na hay tres humanidades, mientras que en las tres Personas hay una esencia di- vina.


Por otra parte, aquellos nombres que indican la esencia adjetivadamente, se atribuyen a las tres en plural por la plu- ralidad de supuestos. Pues decimos tres vivientes, o tres sabios, o tres eternos, increados e inmensos si se toman adjeti- vadamente. Pero si estos nombres se to- man sustantivamente, decimos un increa- do, inmenso y eterno, como hace Atanasio12.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aun cuando Dios


indique el que tiene divinidad, sin embargo, tiene otra significación: Pues Dios se dice sustantivamente; que tiene divinidad, adje- tivadamente. Por eso, aun cuando sean tres los que tienen divinidad, no se con- cluye, sin embargo, que sean tres dioses.


2.


A la segunda hay que decir: Dis- tintas lenguas, distintos modos de ha- blar. De ahí que, así como los Griegos

para indicar la pluralidad de supuestos

dicen tres hipóstasis, así también en he- breo se usa el plural Elohim. Y nosotros

no decimos en plural ni dioses ni sustan- cias para que la pluralidad no se atribuya

a la sustancia.


3.


A la tercera hay que decir: La pala- bra cosa pertenece a los transcendentales. Por eso, si pertenece a la relación, se atri-

buye a Dios en plural; si pertenece a la sustancia, en singular. Por eso Agustín

allí mismo


13

dice: La misma Trinidad es cierta cosa suprema.


4.




A la cuarta hay que decir: La forma indicada con la palabra persona no es la esencia o la naturaleza, sino la personali-

dad. De ahí que, al haber en el Padre, el

Hijo y el Espíritu Santo tres personali- dades, esto es, tres propiedades persona-

les, no se atribuyan en singular, sino en plural.


11. L.1 c.5: ML 34,21.

12. Cf. Symbolo Quicumque (DZ 39).


13. L.c. nota 11.



C.39a.4


Relación Personas-Esencia

381



ARTICULO


4


Los nombres esenciales concretos, ¿pueden o no pueden sustituir al de


persona?

In Sent., 1 d.4 q.1 a.2; d.5 q.1 a.2.


Objeciones por las que parece que los nombres esenciales concretos no pueden sustituir al de persona, de modo que sea verdadera la expresión Dios en-


gendró a Dios:

1. Como dicen los sofistas14, el tér-




mino singular significa lo mismo que el térmi- no sustituido. Pero la palabra Dios parece

que es término singular, puesto que no puede ser aplicado en plural, como diji- mos (a.3). Por lo tanto, cuando significa

la esencia, parece que sustituye a esencia

y no a persona.




2. Más aún. El término puesto en un sujeto no se restringe, en cuanto al significado, por el término puesto en el predicado; sino únicamente se restringe en cuanto al tiempo que indica. Pero cuando digo Dios crea, la palabra Dios sustituye a la esencia. Por lo tanto, al decir Dios engendró, el término Dios no puede, como predicado nocional, sus- tituir al de persona.


3. Todavía más. Si la expresión Dios engendró es verdadera porque el Padre en-


gendra, por la misma razón será verda- dera la de Dios no engendra porque el Hijo no engendra. Por lo tanto, está el Dios que engendra y el Dios que no en- gendra. De este modo parece que hay que concluir que estamos ante dos dioses.


4. Y también. Si Dios engendró a Dios, o se engendró a sí mismo o a otro Dios.

Pero no se engendró a sí mismo, porque como dice Agustín en I De Trin.15: Nada se engendra a sí mismo. Y tampoco engendró a otro Dios, porque no hay

más que un Dios. Por lo tanto, la expre- sión Dios engendró a Dios es falsa.


5.


Por último. Si Dios engendró a Dios, o engendró al Dios que es Dios Padre o al Dios que no es Dios Padre. Si engendró al Dios que es Dios Padre, Dios Padre es engendrado. Si engendró al Dios que no es Dios Padre, Dios es el que no es Dios Padre. Esto es falso. Por

lo tanto, no se puede decir que Dios en- gendró a Dios.




En cambio está lo que se dice en el símbolo16 (Niceno): Dios de Dios.


Solución. Hay que decir: Algunos

17


di- jeron que la palabra Dios, y similares, por su propia naturaleza, sustituyen a la palabra esencia


a. Pero cuando llevan ad- junto un término nocional, pasan a sus-


14. Cf. PEDRO HISPANO, Summulae Logicae, 7,3. Sobre el particular, cf. PRANTL, Geschichte der Logik c.17, nota 229 (VIII.57).


15. C.1: ML 42,820.

16. DZ 54.


17. Cf. GIL-


BERTO PORRETA, In De Praedicat. trium Pers. § Quod si: ML 64,1310.




a. El artículo descansa sobre la distinción de la lógica aristotélica entre la «significación» de

una palabra y la función que ejerce en una proposición. En efecto, el contenido de un término es amplio, pero en una frase se utiliza para designar una cosa determinada. Se escoge en razón de su significación, pero al usarlo se le restringe a una de las posibilidades que ofrece el diccio-

nario. Sólo el contexto clarifica lo que se quiere expresar. Si la palabra utilizada no es apta para cumplir la misión que se le atribuye se dice que es empleada impropiamente.


Pues bien, el término Dios, siendo concreto, significa la forma (la divinidad) en el sujeto que la tiene (El que tiene la divinidad, el Ser-Dios). Ahora bien, Dios puede ser tanto cada una de las Personas como la Naturaleza divina que subsiste en ellas y que subsiste por sí misma. De ahí que pueda designar: bien una de las Personas (Dios = el Padre. En el NT, Theos supo- ne casi siempre por el Padre); bien dos conjuntamente (como cuando se dice: «Dios espira a Dios» que equivale a decir: el Padre y el hijo espiran al Espíritu Santo); bien las tres a la vez («Gloria a Dios en el cielo...»).


Ahora bien, ¿es necesario distinguir la Esencia, en cuanto subsistente, de las tres Personas a la vez, siendo así que subsiste en las tres? En la realidad divina, evidentemente no. En nues- tro conocimiento, sí, ya que yo puedo conocer que Dios es el Ser subsistente, atribuirle el ser creador, Bien supremo, etc., e ignorar que es trino. O también, sabiéndolo, hacer abstracción de ello. Es el sentido de este apunte de Santo Tomás que sorprende a primera vista: «La esen- cia crea». Quien crea es el Padre y el Hijo y el Espíritu, Dios subsistente en tres Personas dis- tintas. Mas cuando yo le atribuyo la creación, o lo ignoro o no me paro a pensarlo, de suerte que «Dios» en esta proposición designa el Ser puro subsistente, la esencia identificada con el ser (J. H. NICOLAS, Les trois qui sont le Dieu unique: Introduc. a I q.39 a.4 nota 7: Somme Théo- logique I [París 1984] p.424).

382



La trinidad de personas


C.39 a.4


tituir al de persona. Esta opinión parece fundamentarse en aquella consideración sobre la divina simplicidad que precisa que en Dios sea lo mismo el que tiene y lo que se tiene. Así, tener deidad, que es lo que significa la palabra Dios, es lo mismo que deidad.


Pero en las características de las ex- presiones, no sólo hay que tener presen- te el significado, sino también el modo de significar. Y así, porque la palabra Dios significa la divina esencia que se tiene a sí misma, como la palabra hombre indica la presencia de humanidad en el supuesto, otros


18


dijeron, mejor, que la palabra Dios, en cuanto al modo de signi- ficar, tiene la propiedad de poder sus- tituir al de persona, como ocurre con la palabra hombre.


Por lo tanto, algunas veces la palabra Dios sustituye a la esencia, como cuando

se dice Dios crea; porque este predicado le corresponde al sujeto en razón de la forma significada, que es la deidad. En cambio, otras veces sustituye a la perso- na; bien sólo a una, como cuando se dice Dios engendra, bien a dos, como cuando se dice Dios espira, bien a tres, como cuando se dice: Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, etc. (1 Tim 1,17).




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La palabra Dios,


aun cuando coincide con los términos singulares en el hecho de que la forma significada no se multiplica, sin embar- go, coincide con los términos comunes en el hecho que la forma significada se encuentra en muchos supuestos. Por eso, no es necesario que sustituya a la esencia significada.


2.


A la segunda hay que decir: Aquella objeción es viable contra aquellos que sostenían que la palabra Dios, por propia naturaleza, no puede sustituir a la de persona.


3.


A la tercera hay que decir: Es dis- tinta la razón por la cual la palabra Dios sustituye al de persona, de la razón por

la que se utiliza la palabra hombre. Por-

que la forma significada por la palabra


hombre, esto es, humanidad, realmente está dividida en diversos supuestos, y, en cuanto tal, sustituye a la persona. In- cluso aunque no se añada nada que de- termine a la persona, que es un supuesto distinto. No obstante la unidad o la co- munidad de la naturaleza humana no es real, sino sólo conceptual. Por eso, la palabra hombre no sustituye la naturaleza común, a no ser por la exigencia de al- gún añadido, como cuando se dice: El hombre es especie. Pero la forma significa- da por la palabra Dios, es decir, la esen- cia divina, es una y común realmente. Por eso, en cuanto tal sustituye la natu- raleza común. Pero, en virtud de algo que se le añade, puede sustituir a la per- sona. Por eso, cuando se dice Dios engen- dra, por razón del acto nocional la palabra Dios sustituye a la persona del Padre. Pero cuando se dice, Dios no engendra, nada se añade que determine este nom- bre como sustitutivo de la persona del Hijo, pues, más bien, se da a entender que la generación va contra la misma naturaleza divina. Pero si se añade algo que corresponda a la persona del Hijo, entonces la expresión será verdadera; como si se dice: El Dios engendrado no en- gendra. Por eso, no se puede concluir está


el Dios que engendra y el Dios que no engen- dra, a no ser que se añada algo relativo

a las personas; como si se dice, por ejemplo, el Padre es el Dios que engendra, y el Hijo es el Dios que no engendra. De este modo no se sigue que haya varios dioses, porque el Padre y el Hijo son un solo



Dios, como dijimos (a.4).


4.


A la cuarta hay que decir: La expre-- sión el Padre se engendra a sí Dios es falsa. Porque el se, por ser recíproco, repercu-

te sobre el mismo sujeto. Y esto no con- tradice lo que Agustín escribe Ad Máxi- mum




19: Dios Padre engendró otro El. Por- que aquí este El o es acusativo, y, de ser así, significaría que engendró otro distinto a El; o significa simple relación, y, así, iría referido a la identidad de naturaleza;

pero se trata de una expresión impropia

o enfática, cuyo sentido sería: Engendró otro muy semejante a sí mismo. Igualmente, la expresión engendró otro Dios, es falsa.


18. Cf. ALANO DE INSULIS, Theol. Reg. reg.24: ML 210,632; reg.32: ML 210,636; cf. GUI- LLERMO ALTISIODORO, Summa Aurea, p.2.a tr.4 c.4


(fol.6a).

19. Epist. 170: ML 33,749.



C.39a.5


Relación Personas-Esencia

383



Porque, aun cuando el Hijo sea distinto del Padre, como dijimos anteriormente (q.31 a.2), sin embargo, no hay que de- cir que sea otro Dios. Porque se entende- ría que el adjetivo otro pondría algo sustancial a Dios. De ser así, significaría distinción de deidad. Algunos


20, sin em- bargo, admiten la expresión: Engendró otro Dios, siempre que el otro sea sustan- tivo, y que Dios entre en la expresión como aposición. Pero éste es un modo impropio de hablar y que hay que evitar

a fin de no inducir a error.




5.


A la quinta hay que decir: La expre- sión Dios engendró a Dios que es Dios Pa- dre, es falsa. Porque cuando Padre se uti- liza en aposición con Dios, lo restringe a

la simple sustitución de persona del Pa- dre. De este modo, el sentido de la frase sería engendró a Dios que es el mismo Padre. De ser así, el Padre sería engendrado. Y esto es falso. Por eso, la expresión engen- dró a Dios que no es Dios Padre, se trata de una expresión negativa que es verdade- ra. Sin embargo, si se entiende que en dicha expresión no hay una simple apo- sición, sino que entre las dos hay que poner algo, entonces sucedería al revés, es decir, que la expresión afirmativa se-

ría verdadera y la negativa falsa. Su sen- tido sería: Engendró a Dios que es el Dios que es Padre. Pero es ésta una explicación muy forzada. Por lo tanto, es mucho mejor que se niegue totalmente la expre- sión afirmativa y que se use la negativa.


No obstante, Prepositino

21


dijo que tanto la negativa como la afirmativa son

falsas. Porque el relativo que, en la ex- presión afirmativa, puede referirse al su- puesto, pero en la expresión negativa se refiere al significado y al supuesto. Por eso, el sentido de la expresión afirmativa

sería: El ser Dios Padre le corresponde a la persona del Hijo. El sentido de la expre-


sión negativa, por su parte, sería: Ser

Dios Padre no sólo se niega de la persona del Hijo, sino también de su divinidad. Pero esto parece poco razonable, pues, según

el Filósofo




22, de quien se afirma algo también se puede negar algo.


ARTICULO 5

Los nombres esenciales abstractos,


¿pueden o no pueden sustituir al de persona?


In Sent. 1 d.5 q.1 a. 1.2; Cont. Errores Graec. c.4; De


Un. Verbi, a.1 ad 12.


Objeciones por las que parece que los nombres esenciales abstractos pueden sustituir al de persona, de modo que sea verdadera la expresión la esencia engendra la esencia:


1. Dice Agustín en VII De Trin.23:

El Padre y el Hijo son una sabiduría porque son una esencia; y de modo especial, sabiduría de sabiduría, esencia de esencia.


2. Más aún. Cuando nosotros somos engendrados o destruidos, en nosotros se engendra o destruye lo que hay. Pero el Hijo es engendrado. Por lo tanto, como la esencia divina está en el Hijo, parece que la esencia divina es engen- drada.


3.


Todavía más. Como se demostró anteriormente (q.3 a.3), Dios y la esencia divina es lo mismo. Pero, como dijimos también (a.4), la expresión Dios engendra

a Dios, es verdadera. Por lo tanto, la ex- presión la esencia engendra la esencia, es verdadera.


4. Aún más. Lo que se atribuye pro- piamente a alguien, puede sustituirlo. Pero la esencia divina es Padre. Por lo tanto, la esencia puede sustituir la perso- na del Padre. Así, la esencia engendra.


5. Y también. La esencia es algo que engendra, porque es Padre, que es el que engendra. Así, pues, si la esencia no es la que engendra, la esencia será algo que engendra y que no engendra. Esto es imposible.


6. Por último. Dice Agustín en IV De Trin.24: El Padre es el principio de toda la deidad. Pero no es principio más que en cuanto que engendra o espira. Por lo tanto, el Padre engendra o espira la dei-


dad.


En cambio está lo que dice Agustín en I De Trin.25: Nada se engendra a sí mis- mo. Pero si la esencia engendra la esen-


20. Cf. GUILLERMO ALTISIODORO, Summa Aurea p.1.a tr.4 c.4

(fol.5a).


21. Summa


(fol.55vb).


22. ARISTÓTELES, Periherm. c.6 n.3 (BK 17a30): S. Th. l.1 lect.10.


23. C.2:

ML 42,936.

24. C.20: ML 42,908.


25. C.1: ML 42,820.

384


La trinidad de personas


C.39 a.5


cia, no se engendra más que a sí misma, puesto que en Dios no hay nada distinto a la divina esencia. Por lo tanto, la esen- cia no engendra la esencia.




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