Santo tomas de aquino



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C.30 a.2

C.30 a.3


Pluralidad de las personas divinas

333



medida. Pues al ser idéntica la magnitud de las tres Personas, como se demostrará (q.42 a. 1.4), no cabe el medir lo mismo por lo mismo.


ARTICULO


3


Los términos numerales, ¿ponen o no ponen algo en Dios?


In Sent. 1 d.24 q.1 a.3; Quodl. 10 q.1 a.1; De Pot. q.9 a .7.


Objeciones por las que parece que los términos numerales ponen algo en Dios:


1. La unidad divina es su esencia. Pero todo número es la unidad repetida. Luego en Dios el término numeral sig- nifica su esencia. Por lo tanto, algo pone en Dios.


2. Más aún. Lo que se dice de Dios y de las criaturas, a Dios le corresponde de un modo más sublime que a las cria- turas. Pero los términos numerales po- nen algo en las criaturas. Luego mucho más lo pondrán en Dios.


3. Todavía más. Si en Dios los tér- minos numerales no ponen algo, sino que sólo excluyen, como la pluralidad excluye la unidad, y al revés, no habría más que un círculo vicioso intelectual ofuscando el entendimiento sin esclare- cer nada. Esto es incongruente. Por lo tanto, hay que concluir que los términos numerales algo ponen en Dios.


En cambio está lo que dice Hilario en el IV De Trin.


6: Confesar consorcio (que es confesar pluralidad) arrincona la idea de singular y de soledad. Y, en el libro De Fide


7, Ambrosio escribe: Al decir que Dios es uno, la unidad excluye la pluralidad de dioses, y no ponemos cantidad alguna en Dios. Todos estos términos, pues, parece que se aplican a Dios para excluir algo,

no para ponerlo.




Solución. Hay que decir: En Sententiis


8, el Maestro dice que los términos nume- rales no ponen algo en Dios, sino que sólo excluyen. Otros


9, en cambio, sos-

tienen lo contrario.

Para demostrar la solución a este pro-

blema hay que tener presente que toda




pluralidad es consecuencia de alguna di- visión. Hay una doble división. 1) Una, material, y se hace por la división de lo continuo. De ésta deriva el número como especie de la cantidad. Por eso, este tipo de número no se encuentra más que en los seres materiales, portadores de cantidad. 2) La otra división es for- mal, y se hace por realidades opuestas o por diversas formas. De ésta deriva la multitud, que no se encuentra en algún género, sino que pertenece a los transcen- dentales por cuanto que el ser se divide en uno y muchos. A este tipo de multi- tud sólo le corresponde estar en los se- resinmateriales.


Fue así como algunos, no teniendo presente más que la multitud como espe- cie de la cantidad indivisa, porque veían que la cantidad indivisa no se da en Dios, sostuvieron que los términos nu- merales no ponen algo en Dios, sino que sólo excluyen.


Otros, por su parte, y teniendo pre- sente lo mismo, sostuvieron que así como en Dios se pone la ciencia por la razón propia de ciencia y no por la ra- zón de su género, así también en Dios se pone el número por la razón propia de número y no por la razón de su gé- nero, que es la cantidad.


Nosotros sostenemos que los térmi- nos numerales, atribuidos a lo divino,

no se toman del número como especie de la cantidad, porque, de ser así, no se atribuiría a Dios más que metafórica- mente, lo mismo que otras propiedades corporales, como anchura, longitud y si- milares; sino que los términos numerales

se toman de la multitud como transcen- dente. Tomada así, la multitud es aplica- ble a muchos, como el uno, que es con- vertible con el ser. Este tipo de uno, y tal como ya se dijo (q.11 a.1) al tratar de

la unidad de Dios, no añade al ser más que la negación de división. Pues uno significa ser indiviso. Así, siempre que se dice uno se está indicando aquella reali- dad indivisa; como cuando decimos uno referido al hombre se está indicando la naturaleza o sustancia indivisa del hom- bre. Por lo mismo, al decir muchas cosas, la multitud, tomada en este sentido, indi-




6. § 17: ML 10,111.

7. L.1, c.2 § 19: ML 16,555.


8. PEDRO LOMBARDO, l.1 d.24


c.1 (QR 1,153).




9. La opinión contraria a la de Pedro Lombardo parece ser la sostenida por los Maestros de París. Cf. S. BUENAVENTURA, In Sent. 1 d.24 a.2 q.1 concl. (QR 1,426).

334



La trinidad de personas


C.30 a.4


ca aquellas cosas cada una indivisa en sí misma. Además, el número, como espe- cie de la cantidad, pone un determinado accidente adherido al ser. Lo mismo hace el uno como principio del número.


Por lo tanto, los términos numerales en lo divino indican lo mismo que aque- llo a lo que se aplican; en esto nada aña- den, sino sólo negación, como se ha di- cho. Sobre este punto el Maestro en Sen- tentiis opinó


correctamente.


Como cuando decimos la esencia es una, el uno significa la esencia indivisa; cuando deci-

mos la persona es una, significa la persona indivisa; cuando decimos las personas son varias, significa aquellas personas impli- cando la indivisión en cada una de ellas.

Pues a la razón de multitud pertenece el

estar constituida por unidades.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: el uno, referido a


los transcendentales, es común a la sus- tancia y a la relación. Igualmente la mul- titud. Por eso, puede estar en Dios tanto por la sustancia como por la relación, según corresponda a quienes se aplique. Sin embargo, estos nombres, aplicados a la esencia o a la relación, por su signifi- cación propia, sólo añaden negación de división, como ya se ha dicho (sol.).


2.


A la segunda hay que decir: La mul- titud que pone algo en las cosas creadas

es especie de la cantidad, no atribuible a

la divinidad. Sólo le es atribuible la mul-

titud transcendente, que no añade algo a

lo que se atribuye, sino que indica lo in-

diviso de cada uno. Esta es la multitud atribuible a Dios.




3.


A la tercera hay que decir: El uno no excluye la multitud, sino la división

que es anterior, en cuanto tal, al uno y

a la multitud. Por otra parte, la multitud

no excluye la unidad, sino que excluye la división en cada uno de aquellos de los

que consta la multitud. Y esto ya se ha tratado al hablar de la unidad divina (q.11 a.2 ad 4). Sin embargo, hay que te- ner presente que las autoridades que he- mos mencionado, oponiéndose entre ellas, no prueban suficientemente la cuestión que estamos tratando. Pues, aun cuando con la pluralidad se excluya

la soledad, y con la unidad se excluya la pluralidad de dioses, sin embargo, no se




concluye que con tales nombres no se indique esto. Pues, por ejemplo, la blan- cura excluye la negritud. Sin embargo, con el nombre blancura no se está indi- cando sólo la exclusión de negritud.


ARTICULO


4


El nombre persona, ¿puede o no puede ser común a las tres personas?


In Sent. 1 d.25 a.3; De Pot. q.8 a.3 ad 11.


Objeciones por las que parece que el nombre persona no puede ser común a las tres personas:


1. Nada hay común a las tres perso- nas, sólo la esencia. Pero el nombre per- sona no indica directamente la esencia. Luego no es común a las tres.


2. Más aún. Lo común se opone a lo incomunicable. Pero a la razón de persona pertenece ser incomunicable, se- gún la definición de Ricardo de San Víc- tor aducida anteriormente (q.29 a.3 ad 4). Luego el nombre persona no es co- mún a las tres.


3. Todavía más. Si fuera común a las tres, esto común sería real o de ra- zón. Real no puede ser, ya que las tres personas serían una sola. Tampoco sólo de razón, ya que persona sería universal, y en Dios, como ya quedó demostrado (q.3 a.5), no hay universal ni particular, ni género ni especie. Por lo tanto, el nombre persona no es común a las tres.


En cambio está lo que dice Agustín en el VII De Trin.


10: Si se pregunta ¿Qué tres? se responde: Tres personas, porque persona es común a los tres.


Solución. Hay que decir: Cuando deci- mos tres personas, el mismo modo de ha- blar manifiesta que el nombre persona es común a los tres; como cuando decimos tres hombres, manifestamos que hombre es común a los tres. Resulta evidente que

lo común no es la realidad, como lo es

a los tres la esencia; porque, de ser así, en los tres habría una sola persona como hay una sola esencia.


Qué tipo de comunidad es la que hay entre los tres, los estudiosos se han pro- nunciado con pareceres contrastados. Algunos


11

han dicho: comunidad de ne-


10. Cf. l.c. nota 5.


11. Cf. GUILLERMO ALTISIODORO, Summa Aurea, p.1.a tr.6 c.2


(fol.10c).



C.31 a.1


Unidad y pluralidad en Dios

335

gación. El motivo está en que en la defi- nición de. persona entra incomunicable. Otros

12


han dicho: comunidad de inten- ción. El motivo está en que en la defini- ción de persona entra individuo, como si se dice que ser especie es común al caba- llo y al buey.


Pero ambas opiniones son rechazables, porque el nombre persona no es nombre de negación ni de intención, sino real. De este modo, hay que decir que tam- bién en las cosas humanas el nombre persona es común con comunidad de ra- zón, no como el género o la especie,


sino como individuo indefinido. Pues los nombres de los géneros y de las espe- cies, como hombre o animal, se dan para indicar las mismas naturalezas comunes expresadas con las palabras género o espe- cie. Pero un individuo indefinido, como al- gún hombre, indica la naturaleza común


con el modo concreto de existir que co- rresponde a los singulares, esto es, sub- sistente por sí mismo y distinto de los demás. Pero en el nombre individuo con- creto se está indicando algo determinado que distingue. Como en el nombre Só- crates lo pueden ser esta carne y estos huesos. Sin embargo, hay que advertir que algún hombre indica la naturaleza, o


individuo por parte de la naturaleza, con el modo de existir que le corresponde a los singulares. Y el nombre persona no se da para indicar la realidad subsistente en tal naturaleza. Lo común, por razón, a las tres personas divinas es lo siguiente: que cada una subsiste en la naturaleza divina, siendo distinta de las demás. De este modo, el nombre persona, por ra- zón, es común a las tres personas divi-


nas.


Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: Aquel argumento se


fundamenta en la comunidad real. 2.


A la segunda hay que decir: Aun cuando la persona sea incomunicable,

sin embargo, esta incomunicabilidad, como modo de existir, puede ser común

a las tres.


3.


A la tercera hay que decir: Aun cuando haya comunidad de razón y no real, sin embargo no puede concluirse que en Dios haya universal y particular,

o género y especie. Tampoco en las co- sas humanas la comunidad de personas

es comunidad de género o especie. Las personas divinas tienen un ser; y el gé- nero y la especie, como cualquier uni- versal, se atribuye a muchos en cuanto que tienen ser distinto.


Hay que tratar ahora lo referente a la unidad y pluralidad en Dios. Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:


1. El mismo nombre Trinidad.-2. ¿Puede o no puede decirse: El Hijo es distinto del Padre?-3. ¿Puede o no puede una expresión exclusiva y exclu- yeme unirse a un nombre esencial en Dios?-4. ¿Y a un término personal?


ARTICULO 1


¿Hay o no hay trinidad en Dios?


In Sent. 1 d.24 q.2 a.2.


Objeciones por las que parece que en Dios no hay trinidad:


1. Todo lo que hay en Dios signifi- ca sustancia o relación. Pero el nombre Trinidad no significa sustancia, pues se


predicaría de cada uno. Tampoco signi- fica relación, pues no se aplica con rela- ción a otro. Por lo tanto, no hay que usar el nombre Trinidad al hablar de Dios.


2. Más aún. Trinidad parece nombre colectivo, pues implica multitud. Por lo tanto, tal nombre no le corresponde a Dios, pues la unidad que implica un nombre colectivo es mínima, y en Dios la unidad existente es máxima. Luego a


12. Cf. ALEJANDRO DE HALES, Summa Theol. p.2.a n.389 (QR 1,573).


Sobre lo referente a la unidad y pluralidad en Dios


CUESTIÓN 31

336



La trinidad de personas


C.31 a.2

Dios no le corresponde el nombre Trini-




dad.


3. Todavía más. Todo lo trino es triple. Pero en Dios no hay triplicidad, ya que es una especie de desigualdad. Lue- go tampoco hay trinidad.


4. Y también. Lo que está en Dios está en la unidad de la esencia, porque Dios es su esencia. Por lo tanto, si en Dios hay trinidad, la habrá en la unidad de la esencia divina. De ser así, habría tres unidades esenciales. Y esto es heré- tico.


5.


Por último. En todo lo que se dice de Dios lo concreto se predica de lo abstracto; pues la deidad es Dios y la pa- ternidad es el Padre. Pero la trinidad no puede ser llamada trina; porque, de ser así, habría nueve realidades en Dios. Y esto es erróneo. Por lo tanto, no hay que usar el nombre trinidad en lo refe- rente a Dios.


En cambio está lo que dice Atana- sio


1: Hay que adorar la trinidad en la uni- dad y la unidad en la trinidad.


Solución. Hay que decir: El nombre Trinidad en Dios significa un determina- do número de personas. Así, pues, como se pone pluralidad de personas en Dios, así hay que usar el nombre trinidad; porque lo que de indefinido tiene plura- lidad, de concreto lo tiene trinidad.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Etimológicamente,


el nombre trinidad parece indicar una esencia de tres personas, pues se dice tri- nidad como unidad de tres. Pero, aten- diendo al sentido propio de la palabra, significa más bien el número de perso- nas de esencia única. Por eso no pode- mos decir que el Padre sea trinidad, por- que no es tres personas. Y no significa las mismas relaciones de las personas, sino más bien el número de personas re- lacionadas entre sí. Por eso, el nombre implica relación a otro.


2.


A la segunda hay que decir: El nom- bre colectivo implica tanto pluralidad de sujetos como cierta unidad de orden de

algo. Ejemplo: Pueblo es la multitud de hombres comprehendidos bajo un deter- minado orden. Con respecto a la plurali- dad, trinidad concuerda con el significa-




1. Symbolo Quicumque: MA 2,1355; DZ 39.

2. L.1 c.23: ML 63, 1101.


3. C.4: ML


42,940.



do de los nombres colectivos. Con res- pecto a la unidad, se diferencia en el hecho de que en la trinidad divina no sólo hay unidad de orden, sino que tam- bién la hay de esencia.


3.


A la tercera hay que decir: Trinidad en sentido absoluto significa terna de personas. Pero triplicidad significa pro- porción de desigualdad; pues tal como

dice Boecio en Arithmetica




2, hay una es- pecie de la proporción desigual. Asi, en Dios no hay triplicidad, sino trinidad.


4.


A la cuarta hay que decir: En la tri- nidad divina hay que ver tanto el núme-

ro como las personas numeradas. Al de-

cir Trinidad en la unidad no ponemos el número en la unidad de esencia, como si fuese tres veces uno, sino que en la uni- dad de naturaleza ponemos las personas numeradas, como se dice que los su- puestos de una naturaleza están en aque-

lla naturaleza. Y, al revés, decimos uni- dad en la trinidad, como se dice que la na- turaleza está en sus supuestos.




5. A la quinta hay que decir: Al decir la trinidad es trina, por el número que ahí se incluye, se da a entender multiplica- ción del mismo número por sí mismo. Al decir trino, este número conlleva la distinción de supuestos en aquello de lo que se dice. Así, no puede decirse que la trinidad sea trina, porque se seguiría que, si la trinidad fuese trina, los su- puestos de la trinidad serían tres. Como cuando se dice Dios es trino, se sigue que los supuestos de la deidad son tres.


ARTICULO 2


¿Es o no es el Hijo otro que el Padre?


In Sent. 1 d.9 q.1 a.1; d.19 q.1 a.1 ad 2; d.24 q.2 a.1;


De Pot. q.9 a.8.


Objeciones por las que parece que el Hijo no es otro que el Padre:


1. Otro es un relativo que expresa diversidad de sustancia. Por lo tanto, si

el Hijo es otro que el Padre, parece que sea diverso del Padre. Y esto va contra lo que dice Agustín en el VIII De Trin.3: Cuando decimos tres personas no queremos dar a entender diversidad.




2. Más aún. Los que son distintos

C.31 a.2


Unidad y pluralidad en Dios

337



entre sí, de algún modo se distinguen. Por lo tanto, si el Hijo es otro que el Padre, se sigue que es diferente del Padre. Lo cual va contra lo escrito por Ambro-

sio en I De Fide




4, donde dice: El Padre

y el Hijo son uno en deidad, sin diferencia de


sustancia, sin diversidad alguna.

3. Todavía más. Ajeno significa de




otro. Pero el Hijo no es ajeno al Padre. Hilario en el VII De Trin.5 dice: En las


personas divinas nada es diverso, nada ajeno, nada separable. Luego el Hijo no es otro que el Padre.


4.


Por último. Otro y otra cosa signi- fican lo mismo; diferenciándose sólo por

el género. Por lo tanto, si el Hijo es otro que el Padre, parece deducirse que

el Hijo es otra cosa que el Padre.


En cambio está lo que dice Agustín en el libro De Fide ad Petrum


6: Una es la esencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en la que no es una cosa el Padre, otra el Hijo, otra el Espíritu Santo, aun cuando


personalmente sea uno el Padre, otro el Hijo y otro el Espíritu Santo.


Solución. Hay que decir: Por hacer un uso inadecuado de las palabras se incu-

rre en la herejía, observa Jerónimo




7. Por eso, al hablar de la Trinidad hay

que hacerlo con cautela y modestia. Dice Agustín en I De Trin.8: En ninguna otra materia es tan peligroso errar, ni tan laborio- so investigar, ni tan fructuoso lo que se en- cuentra.




Por lo tanto, es necesario que, al ha- blar de la Trinidad, nos mantengamos alerta ante dos errores opuestos .entre sí: el error de Arrio


9, quien sostuvo que en la Trinidad de Personas hay Trinidad de sustancias; y el error de Sabelio


10, quien sostuvo que a unidad de esencia, unidad de persona. Así, pues, para evitar el error de Arrio, hay que procurar que, al aplicar a la divinidad los términos diver- sidad y diferencia, no anulemos la unidad de esencia; para ello podemos usar el término distinción, por oposición relativa. Por eso, si en los escritos autoritativos encontramos la expresión diversidad o diferencia de personas, diversidad o dife- rencia es tomada por distinción. Para no


anular la simplicidad de la esencia divi- na, hay que evitar los términos separación y división, que van referidos al todo y a las partes. Para no anular la igualdad, hay que evitar el término disparidad. Para no anular la semejanza, hay que evitar los términos ajeno y discrepante. Como dice Ambrosio en el libro De Fide


11: Entre el Padre y el Hijo no hay discrepan- cia, sino una divinidad. Y, según Hilario


12, como ya se indicó (obj. 3), nada es ajeno, nada separable.


Para evitar el error de Sabelio debe- mos evitar el término singularidad, para que no se anule la comunicabilidad de la esencia divina. Por eso dice Hilario en el VII De Trin


13: Llamar Dios singular al Padre y al Hijo es sacrilego. Debemos evi- tar también el término único, para que no

se anule el número de personas. Por eso Hilario en el mismo libro dice: Hay que excluir de Dios los conceptos de singular y único. Sin embargo, decimos único Hijo, porque en Dios no hay varios Hijos. Sin embargo, no decimos único Dios, porque

la deidad es común a varios. Evitamos también el término confuso, para no anu- lar en las personas el orden de naturale- za. Por eso dice Ambrosio en el I De Fide


14: Ni lo que es uno es confuso, ni lo que es indiferente puede ser múltiple. Hay que evitar también el término solitario,

para no anular el consorcio de las tres personas. Dice Hilario en el IV De




Trin.15: No es solitario ni diverso el Dios que confesamos.


El término otro, en masculino, no re- quiere más que distinción de supuestos. Por eso podemos decir correctamente: El Hijo es otro que el Padre, porque es otro supuesto de la naturaleza divina, como es otra persona y otra hipóstasis.




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