Santo tomas de aquino



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C.28 a.1


Relaciones de las personas divinas

315

mismo, tampoco las otras relaciones que allí se colocan.

4.



Por último. En las personas divi- nas la generación lo es por la procesión intelectual de la Palabra. Pero las rela- ciones que son consecuencia de la opera- ción del entendimiento, son relaciones de razón. Luego la paternidad y la filia- ción, que en las personas divinas se dice que son por generación, son sólo rela- ciones de razón.


En cambio está el hecho que el pa- dre es llamado así por su paternidad; y el hijo lo es por su filiación. Así, pues, si la paternidad y la filiación en Dios no son reales, hay que deducir que Dios no es realmente Padre e Hijo, sino que lo son sólo según un modo de entender. Esta es la herejía sabeliana.


Solución. Hay que decir: En las perso- nas divinas, realmente, hay determinadas relaciones. Para demostrarlo hay que te- ner presente que sólo en las relaciones hay algunas que son exclusivamente de razón y no reales. Esto no sucede con otros géneros; porque otros géneros, como la cantidad o la cualidad, en su propia razón de ser llevan implícita la relación de algo a algo. En cambio, las relaciones en su propia razón de ser lle- van implícita la relación a otro. Esta re- lación a veces se encuentra en la misma naturaleza de las cosas; así sucede con algunas cosas que por su misma natura- leza tienden a una relación recíproca por estar ordenadas unas a otras. Estas rela- ciones necesariamente tienen que ser rea- les. Como, por ejemplo, los cuerpos pe- sados implican orden y tendencia al pun-

to central; por eso están relacionados con el centro. Lo mismo sucede con co- sas parecidas.




Otras veces, el orden indicado por los extremos de la relación se encuentra sólo en la aprehensión que la razón hace. En- tonces la relación es sólo de razón; como cuando se compara el hombre al animal como la especie al género.


Cuando algo procede de un principio de su misma naturaleza, es necesario que ambos, el que procede y el del que pro- cede, concuerden en un mismo orden; siendo necesario también que su relación mutua sea real.


Así, pues, como en las personas divi- nas las procesiones son de idéntica natu- raleza, tal como se demostró (q.27 a.3 ad


2), es necesario que las relaciones resul- tantes de las procesiones divinas sean reales.


Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: Al decir que la rela-


ción a algo no puede ser atribuida com- pletamente a Dios, hay que entenderla en el sentido de la razón propia por la que se dice relación a algo. Esto es, no en cuanto referido a lo que implica la comparación que hay en una relación, sino en cuanto relación a otro. Pero con eso no quiso excluir las relaciones en Dios, sino que se le atribuyeran como algo inherente tal como implica la rela- ción, sino, más bien, por su referencia a otro.


2.


A la segunda hay que decir: La rela- ción indicada con lo mismo, es sólo una relación de razón si se toma lo mismo tal

cual; porque en este sentido la relación

no consistiría más que en un cierto or-

den de alguien consigo mismo y que sólo ve la razón considerándola dos ve-

ces. Pero no es esto lo que ocurre cuan-

do se dice que dos cosas son lo mismo,

no numérica, sino genérica o específica- mente. Así, pues, las relaciones que hay

en las personas divinas, Boecio las ase- meja a la relación de identidad, no en cuanto a todo, sino sólo en cuanto a lo

que en las relaciones, como ocurre con

la relación de identidad, no se diversifica

de la sustancia.


3.


A la tercera hay que decir: Como la criatura procede de Dios con diversa na- turaleza, Dios está fuera del orden de todo lo creado; tampoco por su natura-

leza tiene relación con las criaturas. Pues

no produce las criaturas por necesidad natural, sino por entendimiento y volun-

tad, como ya se dijo (q.14 a.8; q.19 a.4). De este modo, no hay relación real entre

Dios y las criaturas. Pero sí es real la re-

lación entre las criaturas y Dios, porque

las criaturas están contenidas dentro del orden divino, y por naturaleza dependen

de El. Pero las procesiones divinas se

dan en su misma naturaleza. Por eso no

le es aplicable la misma razón.




4.


A la cuarta hay que decir: Las rela- ciones que son sólo consecuencia de la operación del entendimiento y que se dan en lo conocido, son sólo relaciones

de razón; porque el entendimiento las establece




entre dos cosas conocidas. Pero las relaciones que son consecuencia

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La trinidad de personas


C.28 a.2


de la operación del entendimiento y que se dan entre la palabra que procede inte- lectualmente y aquello de lo que proce- de, no son sólo relaciones de razón, sino reales. Porque el mismo entendimiento y razón es algo real que se relaciona real- mente con lo que procede intelectual- mente, como lo corporal se relaciona con lo que procede corporalmente. De este modo, en las personas divinas la pa- ternidad y la filiación son relaciones rea-


les.


ARTICULO 2


En Dios, la relación, ¿es o no es lo mismo que su esencia?b


In Sent. 1 d.33 a.1; Cont. Gentes 4, 14; Compend. Theol. c.54.66.67; De Pol. q.2 a.5; q.8 a.2; Quodl. q.1.


Objeciones por las que parece que en Dios la relación no es lo mismo que su esencia:


1. Dice Agustín en el V De Trin.3:

No todo lo que se atribuye a Dios se atribuye sustancialmente. Pues se le atribuye relación, como la del Padre al Hijo. Pero esto no es atribuible sustancialmente. Luego la rela- ción no es la esencia divina.


2. Más aún. Dice Agustín en el VII

De Trin.4: Todo lo que tiene relación, además es algo. Asi, el señor es hombre y hombre es el siervo. Así, pues, las relaciones que hay

en Dios es necesario que, además de las relaciones, sean algo más. Pero esto otro

no puede ser más que la esencia. Luego

la esencia es algo distinto de las relacio-




nes.


3. Todavía más. Ser relativo es estar relacionado con algo, como se dice en Praedicamentis


5. Así, pues, si la relación es la misma esencia divina, se sigue que el ser de la esencia divina está relaciona- do con algo; lo cual contradice la perfec- ción del ser divino, que es en grado sumo absolutamente subsistente en sí mismo, como ya quedó demostrado (q.3 a.4). Por lo tanto, la relación no es la misma esencia divina.


En cambio está el hecho que todo lo que no es la esencia divina, es criatura. Pero en Dios hay relación real. Por lo tanto, si no es la esencia divina, será criatura; y, de este modo, no habrá que rendirle adoración de latría. Contra esto se canta en el Prefacio


6: Como se adora en las Personas su cualidad; en su majestad hay que adorar la igualdad.


Solución. Hay que decir: Sobre este problema se equivocó Gilberto Porreta


7, si bien en el concilio de Reims se retrac-




8. Había sostenido que en las Personas divinas las relaciones son concomitantes o adheridas extrínsecamente.


Para solucionar este problema hay que tener presente que en cada uno de los nueve géneros de accidentes hay que considerar lo siguiente: 1) Por una parte, el ser que a cada uno le corresponde en cuanto que es accidente. Esto, común a todos, está impreso en el sujeto. 2) Por otra, la razón propia de cada uno de aquellos géneros. Así, exceptuando la re- lación, encontramos que en los demás, como la cantidad y la cualidad, por ejemplo, su razón propia de género se


3. C.5: ML 42,914.

4. C.1: ML 42,935.


5. ARISTÓTELES, c.5 n.24 (BK 8a39).


6. Fiesta ss. Trinidad (W1.243).




1. In De Trin. § Non igitur: ML 64,1292; In De Praedicat. Trium Pers. § Quo fit: ML 64,1309.


8. Cf. referencia dada por S. BERNARDO, In Cant.

hom.80: ML 183,1170.




b. ¿Puede decirse que las relaciones divinas se identifican con la esencia? Con otras pala- bras: ¿es posible afirmar que la paternidad es la divinidad; que la filiación es la divinidad; que

la espiración es la divinidad? Si se identifican totalmente con la esencia, parece tener razón Sa-

belio cuando dice que Padre, Hijo y Espíritu son puros conceptos, puros modos de pensar.


Por el contrario, ¿qué ocurre si las relaciones se distinguen de la esencia? Entonces tenemos

que el Padre no es Dios, que el Hijo no es Dios, que el Espíritu Santo no es Dios. Supuesto que sean reales, paternidad, filiación y espiración serían esencias distintas, lo cual es lo que ve-

nía a decir Arrio al defender que eran criaturas (e.d. que no eran de la sustancia divina).


Gilberto Porretano y Joaquín de Fiore habían defendido que las relaciones no se distinguen realmente de la esencia divina. S. T. se sitúa en una posición de equilibrio entre la distinción real y la distinción de pura razón o nominal. Entre las dos, está la distinción de razón con funda- mento en la realidad. Según esto: a) las relaciones divinas se identifican realmente con la esencia divina; b) distinguiéndose de ella tan sólo con distinción de razón con fundamento en la rea- lidad.



C.28 a.3


Relaciones de las personas divinas

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toma por su comparación al sujeto; pues la cantidad es llamada medida de la sus- tancia, y la cualidad es llamada disposi- ción de la sustancia. Pero la razón pro- pia de la relación no se toma por su re- ferencia a aquello en lo que se encuentra, sino por su referencia a algo externo.


Así, pues, si consideramos, incluso en lo creado, las relaciones en cuanto rela- ciones, encontramos que son concomi- tantes no adheridas intrínsecamente, ya que indican algo tangencial, pues la rela- ción tiende a algo externo. Pero si se considera la relación como accidente, en- tonces es algo inherente al sujeto tenien- do en si mismo un ser accidental. Gil- berto Porreta tuvo presente sólo el pri- mer modo.


Y lo que en las cosas creadas tiene ser accidental, al transferirlo a Dios tiene ser sustancial, pues en Dios nada está como el accidente en el sujeto, sino que todo lo que está en Dios es su misma esencia. Así, pues, por lo que respecta a la rela- ción que en las cosas creadas tiene ser accidental en el sujeto, la relación real en Dios tiene el ser de la esencia divina, idéntico completamente a ella. Con la re- lación se está indicando no alguna rela- ción con la esencia, sino con su opuesto. Y, en este sentido, es evidente que la re- lación real en Dios es la misma esencia en cuanto tal; y no tiene más distinción que la de razón, pues toda relación im- plica referencia a su opuesto, y esto no lo incluye la esencia. Por lo tanto, queda claro que en Dios el ser de la relación y el ser de la esencia no son distintos, sino uno y el mismo.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aquellas palabras


de Agustín no quieren decir que la pa- ternidad o cualquier otra relación en Dios en cuanto tal sea lo mismo que la esencia divina, sino que no se atribuye por modo sustancial, como presente en aquello de lo que se dice, sino como re- lacionado con otro. Por eso se dice que en las personas divinas sólo hay dos pre- dicamentos. Porque los otros predica- mentos implican relación con aquello de lo que se dicen, tanto por su ser como


por la razón propia de su género. Pero nada de lo presente en Dios tiene rela- ción con aquello en lo que está o de lo que se dice, sino que tiene relación de identidad debido a la suma simplicidad de Dios.


2.


A la segunda hay que decir: Así como en las cosas creadas en lo llamado relativo no sólo se encuentra relación a algo, sino incluso algo absoluto, así tam- bién sucede en Dios, pero de forma dis- tinta. Porque lo que se encuentra en la criatura, además de lo contenido en el significado por relativo, es otra cosa. En cambio, en Dios no es otra cosa, sino una y la misma, que no se expresa total- mente con el nombre de relación, pues desborda su significado. Se dijo ante- riormente, al tratar de los nombres divi-

nos (q.13 a.2), que en la perfección de la esencia divina se contiene más de lo que

se pueda expresar con un nombre. De ahí no se concluye que en Dios, además

de la relación, haya otra realidad; sino

sólo si se la considera bajo la razón no- minal.


3.


A la tercera hay que decir: Si en la perfección divina no hubiera más que lo significado por el nombre relativo, se concluiría que su ser es imperfecto, ya

que estaría relacionado con algo. Lo mismo sucedería si no hubiera más que

lo significado por el nombre sabiduría,

pues ya no sería el ser subsistente. Pero como la perfección de la esencia divina

es mayor que lo contenido en el signifi- cado de cualquier nombre, aun cuando

el nombre relativo o cualquier otro que

se dé en Dios sea imperfecto, no se con- cluye que el ser de la esencia divina sea imperfecto, pues la esencia divina com- prehende toda perfección, como ya se dijo (q.4 a.2).


ARTICULO 3

Las relaciones que hay en Dios, ¿se


distinguen o no se distinguen realmente entre sí?c


De Pot. q.2 a.5.


Objeciones por las que parece que


c. Pregunta ahora por la distinción de las relaciones divinas entre sí, no ya con respecto a la esencia. La respuesta es afirmativa, de acuerdo con la fe de la Iglesia. No diferenciarlas equi- vale a aceptar el sabelianismo y a apartarse de las enseñanzas del Magisterio (cf. DENZ. 279- 280,428,703, etc.). La clave del artículo está en la distinción entre relaciones opuestas (p.ej., pa- ternidad y filiación) y relaciones no opuestas (p.ej., paternidad y espiración pasiva).



318


La trinidad de personas


C.28 a.4

las relaciones que hay en Dios no se dis- tinguen realmente entre sí:


1.



Las cosas idénticas a otra, son idénticas entre sí. Pero toda relación que hay en Dios es realmente idéntica a la esencia divina. Luego las relaciones no se distinguen realmente entre sí.


2. Más aún. Como la paternidad y la filiación se distinguen nominalmente de la esencia divina, también se distinguen la bondad y el poder. Pero esta dis- tinción de razón no es una distinción real de la bondad y poder divinos. Lue- go tampoco la de la paternidad y de la


filiación.

3.



Todavía más. En las personas di- vinas no hay distinción real más que en cuanto al origen. Pero no parece que una relación surja de la otra. Luego las relaciones no se distinguen realmente entre sí.


En cambio está lo que dice Boecio en el libro De Trin.9: En las personas divinas la sustancia contiene la unidad, y la relación constituye la trinidad. Por lo tanto, si las relaciones no se distinguen entre sí realmente, en las personas divinas no ha-

brá trinidad real, sino sólo de razón. Este es el error sabeliano




10.

Solución. Hay que decir: Por el hecho


de que algo se atribuye a alguien, es ne- cesario que se le atribuya todo lo referi- do a su razón de ser. Ejemplo: Atribuir- le a alguien ser hombre es atribuirle ser racional. A la razón de relación pertene- ce la relación de uno con otro en cuanto que en lo relativo se opone uno a otro. Así, pues, como en Dios realmente hay relación, como ya se dijo (a.1), es nece- sario que haya oposición. La oposición que se da en lo relativo implica dis- tinción. Por eso es necesario que en Dios haya distinción real, no en cuanto a la realidad absoluta, que es la esencia, en la cual se da la suma unidad y simpli- cidad; sino en cuanto a la realidad rela- cionada.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Según el Filósofo en el III Physic.


11, aquel argumento de


que las cosas idénticas a otra son idénti- cas entre sí, es viable cuando se trata de cosas cuya identidad es real y de razón, como túnica y vestido. No es viable cuando la identidad es sólo de razón. Por eso, allí mismo se dice que, aun cuando acción y pasión se identifiquen con el movimiento, sin embargo, no se concluye que acción y pasión sean lo mismo; porque en la acción la relación va referida a aquello por lo que hay mo- vimiento; en la pasión, en cambio, va re- ferida al movimiento producido por otro. De modo parecido, aun cuando la paternidad realmente sea lo mismo que la esencia divina, e igualmente la filia- ción, sin embargo, ambas, paternidad y filiación, conllevan relaciones opuestas. Por eso se distinguen entre sí.


2.


A la segunda hay que decir: El po- der y la bondad no encierran en su pro-

pia razón ninguna distinción. Por eso, el argumento no es viable en este caso.




3.


A la tercera hay que decir: Aun cuando no se dice propiamente que las relaciones surjan o procedan una de otra, sin embargo, son tomadas como lo opuesto que procede de otro.


ARTICULO 4

En Dios, ¿hay o no hay sólo cuatro


relaciones reales, a saber: Paternidad, Filiación, Espiración y Procesión?


d


In Sent. 1, d.26 q.2 a.3.


Objeciones por las que parece que en Dios no hay sólo cuatro relaciones rea- les, a saber: Paternidad, Filiación, Espi- ración y Procesión:


1.


En Dios hay que tener presente las relaciones entre el que entiende y lo entendido; entre el que quiere y lo que- rido, que parecen ser relaciones reales y que no han sido citadas. Luego las rela- ciones reales en Dios no son sólo cua-


tro.

2.



Más aún. Las relaciones reales en Dios son tomadas según la procesión in- telectual de la palabra. Pero las relacio- nes intelectuales se multiplican hasta el


9. C.6: ML 64,1255.

10. Cf. S. AGUSTÍN, De haeres. § 41: ML 42,32.


11. ARISTÓTE-


LES, c.3 n.4 (BK 202b13): S. Th. lect.5.




d. Aunque en Dios se dan cuatro relaciones reales, sólo tres de ellas son opuestas entre sí -paternidad, filiación y procesión- lo que explicará la tripersonalidad divina.



C.28 a.4


Relaciones de las personas divinas

319

infinito, como dice Avicena


12. Luego en Dios hay infinitas relaciones reales.

3.



Todavía más. Como se dijo ante- riormente (q.15 a.2), en Dios las ideas están desde la eternidad. Y no se dis- tinguen entre sí más que con respecto al objeto, como también se dijo (q.15 a.2). Luego en Dios hay muchas relaciones eternas.


4. Por último. La igualdad, la seme- janza y la identidad son determinadas re- laciones. Y están en Dios desde la eter- nidad. Luego en Dios desde la eternidad hay más relaciones que las mencionadas.


En cambio parece que son menos. Porque según el Filósofo en III Physic.13: El camino que va de Atenas a Tebas es el mismo que va de Tebas a Atenas. Luego parece que, por idéntica razón, es la mis-

ma la relación Padre-Hijo llamada pater- nidad, y la relación Hijo-Padre llamada filiación. De este modo, las relaciones en Dios no son cuatro.




Solución. Hay que decir: Según el Fi- lósofo en V Metaphys.


14, toda relación se fundamenta o en la cantidad, como do- ble y mitad; en la acción y pasión, como hacer y hecho, padre e hijo, señor y sier- vo, y similares. Como en Dios no hay cantidad (ya que es grande sin cantidad como dice Agustín15), resulta que la re- lación en Dios no puede fundamentarse más que en la acción. Pero no en las ac- ciones en cuanto que por ellas algo pro- cede al exterior de Dios, porque las rela- ciones de Dios con las criaturas no están realmente en él, como se dijo anterior- mente (a.1 ad 3; q.13 a.7). Por eso resul- ta que las relaciones reales en Dios no pueden ser tomadas más que en cuanto acciones por las que la procesión de Dios no es hacia fuera, sino hacia el pro-

pio interior. Estas procesiones son dos sólo, como ya se dijo anteriormente (q.27 a.5). Una de ellas, la procesión de la Palabra, es tomada en cuanto acción del entendimiento; la otra, la procesión

de amor, es tomada en cuanto acción de la voluntad. Según cada una de estas procesiones hay que tomar dos relacio- nes opuestas, una procedente del princi- pio; y otra, del mismo principio. La pro- cesión de la Palabra es llamada genera-


ción

por la

propia

razón

que


le corresponde a los vivientes. La relación

del principio de generación en los vi- vientes perfectos es llamada paternidad;

y la relación procedente del principio es llamadafiliación.


Por su parte, la procesión de amor no tiene nombre propio, como ya se dijo (q.27 a.4); por lo tanto, tampoco lo tie- nen las relaciones que se deducen de ahí. Pero a la relación del principio de esta procesión la denominamos espiración; la relación del que procede, procesión. Si bien estos dos nombres les corresponden a las mismas procesiones u orígenes, no a las relaciones.




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