Santo tomas de aquino



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En cambio está lo que dice Jeróni- mo


13: Dios, que todo lo puede, no puede ha- cer de una violada una virgen. Por la misma razón, no puede hacer de algo pasado

algo que no haya sido.




12. ARISTÓTELES, c.5 n.7 (BK 126a34).

13. Epist. 22 ad Eustoch. § 5: ML 22,397.



C.25 a.5


Sobre el poder de Dios

293



Solución. Hay que decir: Como ya se dijo anteriormente (a.3; q.7 a.2 ad 1), bajo la omnipotencia de Dios no cae lo que implica contradicción. Que lo pasa- do no haya sido implica contradicción. Como contradicción implica decir que Sócrates está sentado y no está sentado, como que estuvo sentado y no estuvo sentado. Decir que estuvo sentado indi- ca algo pasado. Decir que no estuvo sentado indica algo que no fue. Por eso, que el pasado no fuera no cae bajo el poder divino. Y esto es lo que señala Agustín en Contra Faustum


14: El que diga: Si Dios es omnipotente, que haga que lo hecho no haya sido, no se da cuenta que está diciendo también: Si Dios es omnipotente, que haga que lo verdadero, por lo mismo por lo que es verdadero, sea falso. Y el Filósofo en VI Ethic.


15

dice: Sólo esto no puede hacer Dios: convertir lo hecho en no hecho.




Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: Aun cuando que lo


pasado no haya existido, si se considera lo que pasó, sea una imposibilidad acci- dental, como, por ejemplo, el correr de Sócrates; sin embargo, si se considera lo pasado bajo la razón de pasado, el que no haya sido no sólo es imposible en sí mismo, sino absolutamente, pues indica contradicción. Y es más imposible que resucitar un muerto, algo que no implica contradicción, que se dice ser imposible para algún tipo de poder, en este caso, el natural. Este tipo de cosas imposibles está sometido al poder de Dios.


2.


A la segunda hay que decir: Así como Dios, por la perfección de su po-

der divino todo lo puede, pero algo, por

no implicar razón de posible, no está so- metido a tal poder; así también, si aten- demos a la inmutabilidad del poder divi-

no, lo que Dios pudo, lo puede. Pero

hay cosas que, antes de que fueron he- chas tuvieron razón de posibles y, des- pués de hechas, dejaron de tenerla. Estas cosas son de las que se dice que no pue- de hacerlas porque no pueden ser he-

chas.



3. A la tercera hay que decir: Dios puede devolver a una mujer violada la integridad de alma y cuerpo, pero no


puede quitarle que haya sido violada. Como tampoco puede quitar a un peca- dor el que haya pecado y perdido la gra-


cia.


ARTICULO 5


¿Puede o no puede Dios hacer lo que no hace?


In Sent. 1 d.43 q.2 a. 1.2; Cont. Gentes 2,23.26.27;

3,98; De Pot. q.1 a.5.




Objeciones por las que parece que Dios no puede hacer más que lo que hace:


1. Dios no puede hacer lo que no conoció previamente ni predeterminó para que fuera hecho. Pero no conoció previamente ni predeterminó para que fuera hecho más que lo que hace. Luego no puede hacer más que lo que hace.


2. Más aún. Dios no puede hacer más que lo que debe y es justo que se haga. Pero Dios no debe hacer lo que no hace; tampoco es justo que haga lo que no hace. Luego Dios no puede ha- cer más que lo que hace.


3. Todavía más. Dios no puede ha- cer más que lo que es bueno y conve- niente para lo hecho. Pero para las cosas hechas por Dios no es bueno ni conve- niente que sean algo distinto a lo que son. Luego Dios no puede hacer más que lo que hace.


En cambio está lo que se dice en Mt 26,53: ¿Acaso no puede rogar a mi Padre y me enviará ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero ni El las pidió ni el Pa-

dre se las envió para enfrentarse a los ju-

díos. Luego Dios puede hacer lo que no

hace.



Solución. Hay que decir: Con respecto a esta cuestión ha habido dos opiniones erróneas. Algunos dijeron que Dios obra como por necesidad natural. Y así como de la acción de los seres naturales no puede provenir más que lo que pro- viene, como, por ejemplo, de un hom- bre otro hombre y de una oliva un oli- vo, así también de la operación divina no pueden provenir ni más cosas ni más orden de cosas que lo que ahora existe.


14. L.25 c.5: ML 42,481.


15. ARISTÓTELES, c.2 n.6 (BK 1139b10): S. Th. lect.2. 16. Cf. AVERROES, Destruct. Destruct. d.3 (9,44L); MAIMÓNIDES, Doct. Perplex. p.2.a c.20


(FR 189). En STO. TOMÁS, De Pot. q.3 a.4 se cita: Liber de Causis. § 9 (BA 173); AVICENA, Me- taphys. tr.9 c.4 (104v); ALGAZEL, Metaphys. p.1.a tr.5 (MK 119,125).

294



La naturaleza divina


C.25 a.5


Pero ya demostramos (q.19 a.3 y 4) que Dios no obra por necesidad natural, sino por su voluntad, que es causa de todo; y que tampoco está determinado necesaria- mente a hacer lo existente. Por eso, de ningún modo el actual orden de las co- sas proviene de Dios con tal necesidad que no puedan provenir también otras.


Otros

17


sostuvieron que el poder de Dios está determinado al estado actual

de las cosas por el orden de la sabiduría

y justicia divinas, sin las que Dios nada hace. Como el poder de Dios, que es su esencia, no es más que la misma sabidu-

ría de Dios, se puede decir correctamen-

te que nada está en el poder de Dios que

no esté en el orden de la sabiduría divi- na; pues la sabiduría divina comprehen-

de todo lo que puede su poder. Sin em- bargo, el orden existente en las cosas y determinado por la sabiduría divina en

el que consiste la justicia divina, como

ya se dijo (q.21 a.4), no se adecúa a la sa- biduría divina como si la sabiduría divi- na estuviera limitada por este orden. Es evidente, por otra parte, que el orden impuesto por el sabio a las cosas que hace, lo toma del fin. Por eso, cuando el fin es proporcionado a lo que por él se hace, la sabiduría del que lo hace se li- mita a un orden fijo. No obstante, la bondad divina es un fin que sobrepasa

sin ninguna proporción lo creado. Por

eso, la sabiduría divina no se limita a un orden de cosas, sea el que fuere, de tal forma que no pueda hacer otro. Por eso, hay que decir que Dios puede hacer ab- solutamente cosas distintas a las que hace.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Como en nosotros


poder y esencia son distintos de la vo- luntad y del entendimiento, y el entendi- miento, a su vez, lo es de la sabiduría, y la voluntad de la justicia, puede haber muchas cosas que caigan bajo nuestro poder, pero no en la voluntad justa ni en el entendimiento sabio. Pero en Dios, poder, esencia, voluntad, entendimiento, sabiduría y justicia son lo mismo; por lo tanto, nada puede haber en el poder di- vino que no esté en su voluntad justa ni en su entendimiento sabio. Sin embargo, porque la voluntad no está determinada necesariamente a esto o a aquello, a no


ser partiendo de un supuesto, como ya se dijo (q.19 a.3), y tampoco la sabiduría

y la justicia de Dios están limitadas a un orden determinado, como también se dijo (sol.), nada impide que algo esté bajo el poder de Dios sin que El lo quiera y que no estén contenidas en el orden que El dispuso. Y como el poder se entiende como lo que ejecuta; la vo- luntad como lo que manda; y el entendi- miento y la sabiduría como los que diri- gen, lo que se atribuye al poder en cuan-

to tal, se dice que Dios lo puede con


poder absoluto. Y esto es todo aquello en

lo que se salva la razón de ser, según se dijo (a,3). Por otra parte, lo que se atri- buye al poder divino en cuanto que eje- cuta lo ordenado por su voluntad, se dice que Dios lo puede hacer con poder de orden.




Por lo tanto, hay que decir que por poder absoluto Dios puede hacer cosas distintas de las que de antemano conoció y predeterminó a que fueran hechas. Sin embargo, no puede hacer cosas distintas a las que de antemano no había concebi- do ni predeterminado que fueran hechas. Porque el mismo hacer subyace a la presciencia y predeterminación; no el mismo poder, que es natural. Así, pues, Dios hace algo porque quiere; sin em- bargo, no puede porque quiera, sino porque así es su naturaleza.


2. A la segunda hay que decir: Dios a nadie debe nada. Sólo a sí mismo. Por

eso, cuando se dice que Dios no puede hacer más que lo que debe, no se está diciendo más que no puede hacer sino lo

que es conveniente y justo para El. Y

esto que digo convenienteyjusto, puede te-

ner dos sentidos: 1) cuando los términos conveniente y justo están unidos previa- mente al verbo es, de modo que la frase

se reduzca a cosas presentes, y así se aplique al poder. En este caso es falso,

pues significaría: Dios no puede hacer sino lo que ahora es conveniente y justo. En cam- bio, 2) si previamente están unidas al verbo puede, que da amplitud de sentido,

y después al verbo es, se daría a entender

un cierto presente indeterminado. En

este caso, la frase sería verdadera, pues significaría: Dios no puede hacer sino aquello que, de hacerlo, sería conveniente y justo.




3.


A la tercera hay que decir: Aun

17. Cf. ALBERTO MAGNO, In Sent. l.1 d.44 a.2 (BO 26).



C.25 a.6


Sobre el poder de Dios

295



cuando el presente orden de las cosas esté limitado a lo que actualmente existe, sin embargo, el poder y sabiduría divinas no se limitan a este orden. Por eso, aun cuando para lo que ahora es ningún otro orden fuera conveniente y justo, sin em- bargo, Dios puede hacer otras cosas e imponerles otro orden.


ARTICULO 6


Lo que Dios hace, ¿puede o no puede hacerlo mejor?


In Sent. 1 d.44 a. 1-3; De Verit. q.29 a.3 ad 6.


Objeciones por las que parece que Dios no puede hacer mejor lo que hace:


1. Todo lo que Dios hace, lo hace con inmenso poder y sabiduría. Pero algo se hace mejor en tanto en cuanto con más poder y sabiduría se hace. Lue- go Dios no puede hacer algo mejor de lo que hace.


2. Más aún. Agustín argumenta así Contra Maximino


18: Si Dios puede engen- drar y no quiso hacerlo a un hijo igual a El,


fue un envidioso. Por lo mismo, si Dios pudo y no quiso hacer cosas mejores de las que hizo, fue un envidioso. Pero la envidia no está en Dios. Luego Dios lo hizo todo lo mejor posible. Por lo tanto, Dios no puede hacer algo mejor de lo que lo hace.


3. Todavía más. Lo que es suma- mente bueno no puede ser superado porque por encima de lo óptimo no hay nada. Pero en el Enchirid.19 dice Agus-

tín: Cada una de las cosas que Dios hizo es buena, pero en su conjunto son buentsimas, porque el conjunto es la admirable belleza del universo. Luego el bien del universo no




puede ser hecho mejor por Dios. 4.


Por último. El hombre Cristo está lleno de gracia y de verdad, y posee el Espíritu sin medida; y no puede ser mejor. La bienaventuranza creada es lla- mada sumo bien, y no puede ser mejor. La bienaventurada virgen María ha sido exaltada sobre todos los coros angélicos; y no puede ser mejor. Así, pues, todo lo que Dios hizo no pudo hacerlo mejor.


En cambio está lo que se dice en Ef 3,20: Dios es poderoso para hacer las cosas de un modo más sublime al que nosotros pedimos o pensamos.


Solución. Hay que decir: La bondad de algo es doble: Una, esencial; como esen- cial al hombre es ser racional. En este sentido, Dios no puede hacer algo mejor de lo que es, aun cuando puede hacer que una cosa sea mejor que otra. Como tampoco puede hacer que el número cuatro sea mayor, pues ya no sería cua- tro, sino otro número. Pues, como se dice en VIII Metaphys.20, la adición de una diferencia sustancial en las definicio- nes es como la suma de una unidad en los números. La otra bondad es la que no es esencial; como es bueno para el hombre ser virtuoso o sabio. En este sentido, Dios puede hacer mejores las cosas hechas por El. Hablando en térmi- nos absolutos, en cualquier cosa hecha por Dios, puede hacer otra mejor


21. Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: Cuando se dice que Dios puede hacer algo mejor de lo que lo hace, si el término mejor es sustantivo, la proposición es verdadera, ya que pue- de hacer otra cosa mejor que cualquiera de las hechas; y aun tratándose de las mismas cosas, puede hacerlas mejor en algunos aspectos, tal como se ha dicho (sol). Si, en cambio, el término mejor es adverbio y supone modo por parte del que hace, en este sentido Dios no puede hacerlo mejor de lo que lo hizo; porque no se puede hacer con mayor sabiduría y bondad. Si conlleva modo por parte de lo hecho, en este sentido puede hacerlo mejor; porque a las cosas hechas por El puede darles un mejor modo de ser en cuanto a lo accidental, pero no en cuan- to a lo esencial.


2.


A la segunda hay que decir: Es esen- cial al hijo que, alcanzando la perfec- ción, iguale al padre; pero no es esencial

a ninguna criatura ser mejor de lo que

Dios la hizo. Por lo tanto, la compara-

ción es inaplicable.




3.


A la tercera hay que decir: El uni- verso, partiendo de lo que ahora lo inte-

18. L.2 c.7: ML 42,762.


19. C10: ML 40,236.


20.ARISTÓTELES, 7, c.3 n.8 (BK


1044a1): S. Th. lect.3 n.1723.




21. Sorprende este final en el cuerpo del artículo. Nunca ha utilizado un Simpliciter loquendo sin previo razonamiento. Aun cuando nos hayamos ajustado al texto literalmente, la traducción más correcta sería: sin más: Dios puede perfeccionar lo existente. Cf. infra q.60 nota 13. (N. del T.)

296



La naturaleza divina


C.26 a.1


gra, no puede ser mejor, ya que el orden dado por Dios a las cosas, y en el que consiste el bien del universo, es insupe- rable. Si fuese mejor, se rompería la pro- porción de orden; como la melodía de una cítara se rompe si una cuerda se ten- sa más de lo debido. Sin embargo, Dios puede hacer otras cosas o añadir otras a las existentes; y así el universo sería me- jor.


4.


A la cuarta hay que decir: La huma- nidad de Cristo por estar unida a Dios;

la bienaventuranza creada por ser goce

de Dios; la bienaventurada Virgen por

ser Madre de Dios, tienen una cierta dignidad infinita que les proviene del bien infinito que es Dios. Y en este sen- tido, nada se puede hacer mejor, pues nada puede ser mejor que Dios.




Por último, y después de haber tratado lo referente a la unidad de la esencia divina, hay que hacerlo ahora sobre la bienaventuranza divina. Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:


1. La bienaventuranza, ¿le corresponde o no le corresponde a Dios?- 2. ¿Por qué se dice que Dios es bienaventurado? ¿Por el acto del entendi- miento?-3. ¿Es o no es esencialmente la bienaventuranza de cada bien- aventurado?-4. ¿Está o no está incluida en su bienaventuranza toda bien- aventuranza?


ARTICULO


1


La bienaventuranza, ¿le corresponde o no le corresponde a Dios?


In Sent. 2 d.1 q.2 a.2 ad 4; Cont. Gentes 1,100.


Objeciones por las que parece que la bienaventuranza no le corresponde a Dios:

1. Según Boecio en el III De Consol.




1, la bienaventuranza es el estado perfecto por acumulación de todos los bienes. Pero la acu- mulación de bienes no se da en Dios, como ninguna composición. Luego la bienaventuranza no le corresponde a Dios.


2. Más aún. Según el Filósofo en I Ethic.2, la bienaventuranza o felicidad es

el premio a la virtud. Pero a Dios no le corresponde el premio, como tampoco el mérito. Luego tampoco la bienaventu- ranza.




En cambio está lo que dice el Após-

tol en 1 Tim 5,15: A quien hará aparecer en el momento oportuno el Dios bienaventura-




do, Único poderoso, Rey de reyes, Señor de se- ñores.


Solución. Hay que decir: La bienaven- turanza le corresponde a Dios en grado sumo. Pues con el nombre de bienaven- turanza no se entiende más que el bien perfecto de la naturaleza intelectual, a quien le corresponde conocer la satisfac- ción del bien que posee; y a quien le co- rresponde también dominar sus acciones y el que le sobrevenga lo bueno o lo malo. Esto es propio del ser perfecto e inteligente, que, en grado sumo, es Dios. Por lo tanto, la bienaventuranza le co- rresponde a Dios en grado sumo.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La acumulación de


bienes se da en Dios, pero no por com- posición, sino por simplicidad. Porque lo que en lo creado es múltiple en Dios preexiste de modo simple y único, como ya se dijo anteriormente (q.4 a.2 ad 1;


q.13 a.4).

2.




A la segunda hay que decir: Ser pre-

1. Prosa 2: ML 63,724. 2. ARiSTÓTELES, c.9 n.3 (BK 1099b16): S. Th. lect.14 n.169.




Sobre la bienaventuranza divina


CUESTIÓN


26

C.26a.2-3


Sobre la bienaventuranza divina

297



mió a la virtud es algo accidental en la bienaventuranza adquirida; como acci- dental es en el ser que sea término de generación en cuanto pasa de potencia a acto. Así, pues, como Dios tiene ser sin haber sido engendrado, así también tiene bienaventuranza sin necesidad de mere- cimientos.


ARTICULO 2


Dios, ¿es o no es llamado


bienaventurado por razón del


entendimiento?


In Sent. 2 d.16 a.2; In 1 Tim. c.6 lect.3.


Objeciones por las que parece que Dios no es llamado bienaventurado por razón del entendimiento:


1. La bienaventuranza es el sumo bien. Pero el bien se atribuye a Dios por esencia, porque el bien contempla al ser que, según Boecio en el libro De Hebdo- mad.3, en Dios es esencial. Luego la bie- naventuranza se atribuye a Dios por ra- zón de la esencia, no del entendimiento.


2. Más aún. La bienaventuranza tie- ne razón de fin. El fin, como el bien, es el objeto de la voluntad. Luego la bien- aventuranza se atribuye a Dios por razón de la voluntad, no del entendimiento.


En cambio está lo que dice Gregorio en el XXXII Moralium


4: Es glorioso quien, para disfrutar de sí mismo, no necesita las alabanzas ajenas. Ser glorioso significa

ser bienaventurado. Así, pues, como go- zamos a Dios por el entendimiento, ya

que, como dice Agustín


5, la visión es toda la recompensa, parece que la bienaventu- ranza hay que atribuirla a Dios por el entendimiento.


Solución. Hay que decir: Tal como di- jimos (a.1), la bienaventuranza indica el bien perfecto de la naturaleza intelectual. Por eso, así como todas las cosas desean su perfección, así también la naturaleza intelectual desea ser bienaventurada. Lo más perfecto que hay en la naturaleza in- telectual es la operación intelectual por la que, en cierto modo, lo capta todo. Por eso, la bienaventuranza de cualquier naturaleza intelectual creada consiste en entender. Y en Dios ser y entender son lo mismo, aunque se distinguen concep-


tualmente. Por eso, a Dios hay que atri- buirle la bienaventuranza por razón del entendimiento; lo mismo cabe decir de los otros bienaventurados, que son lla- mados así por participar de la bienaven- turanza divina.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aquel argumento


prueba que Dios es bienaventurado esencialmente; pero no que la bienaven- turanza le corresponde por su esencia, sino más bien por razón del entendi- miento.


2.


A la segunda hay que decir: La bien- aventuranza en cuanto bien es el objeto

de la voluntad. Pero el objeto es conoci-

do antes del acto de la potencia. Por eso, según nuestro modo de entender, la bienaventuranza divina es anterior al

acto de la voluntad que descansa en ella.

Y esto no puede darse más que por el

acto del entendimiento. Por eso la bien- aventuranza está situada en el acto del entendimiento.




ARTICULO 3


¿Es o no es Dios la única bienaventuranza de los


bienaventurados?

1-2 q.3 a.l; In Sent. 4 d.49 q.1 a.2 q.a1.






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