Santo tomas de aquino



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C.21 a.2-3


La justicia y misericordia de Dios

265



corresponde a su naturaleza y condición. El segundo sentido expuesto depende del primero, ya que a cada uno se le debe lo que le está subordinado según lo establecido por la sabiduría divina. Pero, aun cuando Dios dé, en este sentido, lo debido a alguien, sin embargo El no es deudor; porque El no está subordinado a nadie, sino, por el contrario, los demás lo están en El. Por eso, en Dios la jus- ticia es llamada a veces expresión de su bondad; otras veces, retribución de mé- ritos. A todo esto se refiere Anselmo cuando dice


6: Al castigar a los malos eres justo, pues lo merecen; al perdonarlos, eres justo, porque así es tu bondad.


4.


A la cuarta hay que decir: Aun cuando la justicia se concrete en los ac- tos, sin embargo esto no excluye que sea

la esencia de Dios; porque también lo que pertenece a la esencia puede ser principio de acción. Pero el bien no siempre se concreta en los actos, porque se dice que alguien es bueno, no sólo por lo que hace, sino también porque en esencia es perfecto. Y en aquel mismo texto se dice que lo bueno es a lo justo lo que lo general a lo particular.




ARTICULO 2


La justicia de Dios, ¿es o no es la verdad?


In Sent. 4 d.46 q.1 a.1 q.a3.


Objeciones por las que parece que la justicia de Dios no es verdad:


1. La justicia está en la voluntad, ya que, como dice Anselmo7, es la rectitud

de la voluntad. En cambio, la verdad está en el entendimiento, según nos dice el Filósofo en VI Metaphys.


8

y en VI



Ethic.

9


Por lo tanto, la justicia no perte- nece a la verdad.

2. Más aún. Según el Filósofo en IV Ethic.




10, la verdad es una virtud distinta de la justicia. Por lo tanto, la verdad no pertenece a la razón de justicia.


En cambio está lo que se dice en el Sal 84,11: La misericordia y la verdad se en- contraron. Ahí se ha escrito verdad por jus- ticia.


Solución. Hay que decir: Como ya se dijo (q.16 a.1), la verdad consiste en la adecuación entre el entendimiento y las cosas. Y el entendimiento que es causa de las cosas, se relaciona con ellas como su regla y medida; y sucede al revés con

el entendimiento que toma su saber par- tiendo de las cosas. Así, pues, cuando las cosas son la regla y la medida del en- tendimiento, la verdad consiste en que el entendimiento se adecué a las cosas. Esto es lo que sucede en nosotros. Pues de lo que las cosas son o no son depen- de que nuestra palabra sea verdadera o falsa. Pero cuando el entendimiento es la regla y la medida de las cosas, la verdad consiste en que las cosas se adecúen al entendimiento. Ejemplo: El artista hace un buen trabajo cuando es fiel a los principios del arte. Pues bien, la relación entre obra artística y arte es idéntica a la existente entre obra justa y ley. Así, pues, la justicia de Dios, que constituye el orden en las cosas adecuado a su sabi- duría, que es su ley, es llamada correcta- mente verdad. Y así, entre nosotros deci- mos también verdad de la justicia.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La justicia, en cuan-


to ley reguladora, está en la razón o en- tendimiento; en cuanto mandato, por el que se regulan las obras según la ley, está en la voluntad.


2.


A la segunda hay que decir: La ver- dad de la que está hablando el Filósofo

es una determinada virtud por la que al- guien, con palabras y hechos, se mani- fiesta tal cual es. Y consiste en la con- formidad entre signo y significado; pero

no en la conformidad entre efecto y cau-

sa y regla, correspondiente, como se dijo (sol.), a la verdad de la justicia.




ARTICULO 3


En Dios, ¿hay o no hay misericordia?


2-2 q.30 a.4; In Sent. 4 d.46 q.2 a.1 q.a1; In Psalm. 24; Cont. Gentes 1, 91.


Objeciones por las que parece que en Dios no hay misericordia:

1. Como dice el Damasceno




11, la mi-

6. Proslog. c.10: ML 158,233.


7. De Verit. c.13: ML 158,482.


8. ARISTÓTELES, 5


c.4 n.1 (BK 1027b27): S. Th. lect.4 n.1230.


9. ARISTÓTELES, c.2 n.3 (BK 1139a27): S. Th.


lect.2 n.1140.




10. ARISTÓTELES, c.7 n.7 (BK 1127a34): S. Th. lect.15 n.838. 11. De Fide Orth. l.2 c.14: MG 94,932.



266


La naturaleza divina


C.21 a.4


sericordia es una especie de la tristeza. Pero en Dios no hay tristeza. Luego tampoco hay misericordia.


2. Más aún. La misericordia es una disminución de la justicia. Pero Dios no puede omitir lo que es propio de su jus- ticia. Pues se dice en 2 Tim 2,13: Si no creemos, El permanece fiel; El no puede re- nunciar a sí mismo. Como dice la Glosa


12, renunciaría a sí mismo si renunciara a sus palabras. Luego a Dios no le corres- ponde la misericordia.


En cambio está lo que se dice en el Sal 110,4: El Señor es compasivo y miseri- cordioso.


Solución. Hay que decir: La misericor- dia hay que atribuirla a Dios en grado sumo. Pero como efecto, no como pa- sióna. Para demostrarlo, hay que tener presente que misericordioso es como de- cir que alguien tiene miseria en el corazón, en el sentido de que le entristece la mi- seria ajena como si fuera propia. Por eso quiere desterrar la miseria ajena como si fuera propia. Este es el efecto de la mi- sericordia. Entristecerse por la miseria ajena no lo hace Dios; pero sí, y en gra-

do sumo, desterrar la miseria ajena, siempre que por miseria entendamos cualquier defecto. Y los defectos no de- saparecen si no es por la perfección de alguna bondad. Y como ya se demostró (q.6 a.4), el origen primero de la bondad es Dios. Pero hay que tener presente que otorgar perfecciones a las cosas per- tenece a la bondad divina y a la justicia, liberalidad y misericordia. Pero por ra- zones distintas. Pues, considerándolo ab- solutamente, transmitir perfección perte- nece a la bondad. Pero en cuanto a las




perfecciones presentes en las cosas, con- cedidas por Dios proporcionalmente, esto pertenece a la justicia, como ya se dijo (a.1). Y en cuanto a las perfecciones dadas a las cosas no para su utilidad, sino sólo por su bondad, esto pertenece a la liberalidad. Y en cuanto a las perfec- ciones dadas a las cosas por Dios y que destierran algún defecto, esto pertenece a la misericordia.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Esta objeción toma la misericordia como pasión.


2. A la segunda hay que decir: Dios, al obrar misericordiosamente, no actúa con- tra sino por encima de la justicia. Ejem-

plo: Si a quien se le deben cien denarios

se le dan doscientos, quien hace esto no es injusto, sino que obra libre y miseri- cordiosamente. Lo mismo sucede cuan-

do se perdonan las ofensas recibidas. Pues quien algo perdona, algo da. Por

eso el Apóstol, al perdón lo llama don cuando dice en Ef 4,32: Daos unos a otros como Cristo se dio a vosotros. Queda claro, así, que la misericordia no anula la jus- ticia, sino que es como la plenitud de la justicia. Por eso se dice en Sant 2,13: La misericordia hace sublime el juicio


13.


ARTICULO 4


¿Hay o no hay justicia y misericordia en todo lo que Dios hace?


b


In Sent. 4 d.46 q.2 a.2 q.a2; De Verit. q.28 a.1 ad 8; Cont. Gentes 2, 28; In Rom c.15 lect.1; In Psalm. 24.


Objeciones por las que parece que no hay justicia y misericordia en todo lo que Dios hace.

12. Glossa interl. (6,125r); Glossa de PEDRO LOMBARDO: ML 192,370.




13. El texto lati- no al que le corresponde la traducción dada, dice: Misericordia superexaltat iudicium. En cambio,

el texto original griego dice: ?ata?a??3ta? 3?e?? ??3se??. Es decir: la misericordia minimiza el juicio. (N. del T.)




a. Hay que evitar todo antropomorfismo, pero tampoco hay que hacer de Dios un puro «remediador de miserias» que no se inmuta ante el sufrimiento humano. Cf. lo dicho en la nota a 1 q.9. «Dios es feliz cuando los otros son felices gozándole» (3 q.23 a.1).


b. Misericordia y justicia, lejos de oponerse, están hermanadas en Dios. Sin embargo, pue-

de decirse en cierto sentido que Dios es más misericordioso que justo, sobre todo si la justicia se entiende en su dimensión remuneradora. Y es que la misericordia es como la raíz de la bon- dad divina; la justicia es una de sus ramas. «Es más propio de Dios compadecerse y perdonar que castigar, por su infinita bondad» (a.2). «Cuando Dios obra misericordiosamente, no va contra su justicia, pero hace algo que está más allá de la justicia» (a.3 ad 2). Digamos pues, que

si en Dios justicia y misericordia son iguales, con respecto a nosotros la misericordia es mayor.


En todos los problemas ajenos al tema de la voluntad divina -salvación universal (q.19), justicia-misericordia (q.21), predestinación-condenación (q.23)- Santo Tomás es deudor del



C.21 a.4


La justicia y misericordia de Dios

267



1. Algunas obras de Dios, como la justificación del impío, son atribuidas a

la misericordia; otras, en cambio, como

la condena de los impíos, lo son a la jus-

ticia. Por eso se dice en Sant 2,13: Sin misericordia se juzgará a aquel que no obre con misericordia. Luego en todas las obras

de Dios no siempre aparece la misericor-

dia y la justicia.




2.


Más aún. En Rom 15,8s, el Após- tol atribuye la conversión de los judíos a

la justicia y a la verdad; y la de los paga- nos, a la misericordia. Luego en todas las obras de Dios no siempre aparece la misericordia y la justicia.




3. Todavía más. En este mundo mu- chos justos son afligidos. Esto es injus- to. Luego en todas las obras de Dios no siempre aparece la justicia y la misericor-


dia.


4. Por último. Justicia es dar lo de- bido; misericordia es desterrar la mise- ria. Tanto la justicia como la misericor- dia presuponen algo en su obrar. Pero la creación no presupone nada. Luego en la creación ni hay misericordia ni hay justicia.


En cambio está lo que se dice en el Sal 24,10: Todos los caminos del Señor son misericordia y verdad.


Solución. Hay que decir: Es necesario que en todas las obras de Dios se en- cuentre misericordia y verdad. Miseri- cordia, si se toma como destierro de al- gún defecto; pues no todo defecto puede ser llamado misericordia, sino sólo los defectos de la naturaleza racional, a la que le corresponde ser feliz; ya que la miseria se opone a la felicidad. La razón de esto se debe a que, lo debido por la justicia divina o se da a Dios o se da a las criaturas; y nada de esto puede ser omitido en el obrar de Dios. Pues Dios no puede hacer nada que no responda a lo dictado por su sabiduría y bondad, según el modo en que algo es debido a Dios, como ya dijimos (a.1 ad 3). De forma parecida también, lo que hace en las cosas creadas lo hace con el conve- niente orden y proporción; y en esto consiste la razón de justicia. Por lo tan-


to, es necesario que en todo lo que Dios hace haya justicia. Por lo demás, la obra de la justicia divina presupone la obra de misericordia, y en ella se funda. Pues

a la criatura no se debe algo, a no ser por algo preexistente o presupuesto; in- cluso esto se deberá también por algo previo. Y como no se puede llevar un proceso indefinido, es necesario llegar a algo que dependa de la exclusiva bondad de la voluntad divina, que es el fin últi- mo. Como si dijéramos que tener manos

es algo debido al hombre por tener alma racional; tener alma racional, por ser hombre; ser hombre, por bondad divina. De este modo, en cualquier obra de Dios aparece la misericordia como raíz. Y su eficacia se mantiene en todo, inclu- so con más fuerza, como la causa prime- ra, que actúa con más fuerza que la cau- sa segunda. Por eso, también lo que se debe a alguna criatura, Dios, por su mis- ma bondad, lo da con más largueza que la exigida por lo debido. Pues para man- tener un orden justo se necesita mucho menos de lo que la bondad divina otor- ga y que sobrepasa toda proporción exi- gida por la criatura.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Algunas obras son


atribuidas a la justicia y otras a la miseri- cordia, porque en algunas aparece con más relevancia la justicia; en otras, la misericordia. Y sin embargo, en los con- denados aparece la misericordia no por- que les quite totalmente el castigo, sino porque se lo alivia, ya que no los castiga como merecen. Y en la justificación del pecador aparece la justicia, pues quita la culpa por amor, el mismo amor que in- funde misericordiosamente. Se dice de la Magdalena en Lc 7,47: Mucho se le perdo- nó porque mucho amó.


2.


A la segunda hay que decir: La jus- ticia y la misericordia aparecen tanto en

la conversión de los Judíos como en la

de los Paganos. Pero hay una razón de justicia en la conversión de los Judíos

que no se da en la de los Paganos. Y es que aquéllos son salvados por las pro- mesas hechas a sus Padres.




3.


A la tercera hay que decir: También


pesimismo inherente a una tradición atribuida a San Agustín, a quien venera y a quien sigue a veces por respeto a su magisterio. Sin embargo, la originalidad del Santo radica en girar las posiciones hacia un mayor optimismo, subrayando la bondad divina como fundamento de su obrar (cf. notas a q.6; y a q.23 a.3).

268



La naturaleza divina


C.22 a.1


en el hecho que los justos sufran en este mundo aparece la justicia y la misericor- dia. Pues por tales sufrimientos se les limpian pequeñas manchas, y el corazón, dejando lo terreno, se orienta más a Dios. Dice Gregorio


14: Los males que en este mundo nos oprimen, nos empujan a ir a Dios.

4.




A la cuarta hay que decir: Aun


cuando la creación no presuponga nada creado, sin embargo, presupone algo en el pensamiento de Dios. Y ahí se salva también la razón de justicia, en cuanto que las cosas existirán según lo determi- nado por la sabiduría y bondad divinas. En cierto modo se salva también la ra- zón de misericordia, porque pasan de no


ser a ser.


Después de haber analizado lo que corresponde absolutamente a la vo- luntad, hay que introducirse ahora en el estudio de lo que pertenece simul- táneamente al entendimiento y a la voluntad. Y esto, con respecto a todo, es la providencia. Con respecto al hombre en especial en su marcha a la sal- vación eterna, es la predestinación y la condenación con sus consecuencias.

Lo estructuramos así porque, en la ciencia de la moral, después de las virtu-

des morales se estudia la prudencia a la que parece que pertenece la provi- dencia.


La cuestión sobre la providencia de Dios plantea y exige respuesta a cuatro problemas:


1. La providencia, ¿le compete o no le compete a Dios?-2. Todas las cosas, ¿están o no están sometidas a la providencia divina?-3. ¿Hay o no hay providencia inmediata de todas las cosas?-4. La providencia divina, ¿impone o no impone necesidad a las cosas?


ARTICULO


1


La providencia, ¿le compete o no le compete a Dios?


In Sent. 1 d.39 q.2 a.1; De Verit. q.5 a.1.2.


Objeciones por las que parece que la providencia no le compete a Dios:

1.

Según Tulio


1, la providencia es parte de la prudencia. Pero la prudencia que, según el Filósofo


2, aconseja para el bien, no le puede competer a Dios, pues, al no dudar, no necesita consejo. Por lo tanto, a Dios no le compete la providencia.


2. Más aún. Lo que hay en Dios es eterno. Pero la providencia no es eterna, pues su punto de referencia está en las cosas existentes, que, según el Damasce-


no


3, no son eternas. Luego no hay pro- videncia en Dios.

3.



Todavía más. No hay compuestos en Dios. Pero parece que la providencia es un compuesto, pues incluye entendi- miento y voluntad. Luego en Dios no hay providencia.


En cambio está lo que se dice en Sab 14,3: Padre, Tú lo gobiernas todo con


providencia.

Solución. Hay que decir: Es necesario


que en Dios haya providencia. Pues, como se demostró (q.6 a.4), todo el bien que hay en las cosas ha sido creado por Dios. En las cosas se encuentra el bien no sólo en cuanto algo sustancial, sino también en cuanto que las cosas están orientadas a un fin, en especial el fin úl-


14. GREGORIO MAGNO, Moral. l.26 c.13: ML 76,360. 1. CICERÓN, Rhetorica 1.2 c.53 (DD 1,165)


2. ARISTÓTELES, Ethic. 6, c.5 n.1 (BK

1140a26): S. Th. lect.4 n.1162.


3. De Fide Orth. 1.2 c.29: MG 94,964.




Sobre la providencia de Dios


CUESTIÓN


22

C.22 a.2


Sobre la providencia de Dios

269



timo que, como hemos sostenido (q.21 a.4), es la bondad divina. Así, pues, este bien que hay en las cosas ha sido creado por Dios. Como Dios por su entendi- miento es causa de las cosas, y cualquie- ra de sus efectos precisa preexistir en El como en su razón de ser, según se dedu-

ce de todo lo dicho (q.15 a.2; q.19 a.4);

es necesario que la razón de orden hacia el fin que hay en las cosas preexista en la mente divina. Y esta razón de orden al fin, propiamente, es la providencia. Ya que es la parte principal de la providen-

cia a la que están subordinadas las otras partes, que son la memoria de lo pasado

y la comprensión de lo presente; en cuanto que del pasado recordado y del presente comprendido extraemos la pre-


visión del futuro.

Según el Filósofo en VI Ethic.




4, pro- piamente la prudencia es ordenar las co- sas al fin. Bien el propio fin, como cuan-

do se dice que el hombre prudente por el bien ordena sus actos hacia el fin de su vida. Bien el fin de los demás como miembros de la familia o del reino, se- gún lo que se dice en Mt 24,45: Siervo




fiel y prudente a quien el Señor puso al frente de su familia. En este sentido, la pruden-

cia o providencia puede corresponderle

a Dios, pues en Dios no hay nada que esté orientado a un fin ya que El mismo

es el último fin. Así, pues, la misma ra-

zón de orientación a un fin, en Dios se llama providencia. Por eso, en el IV De Consol.


5


dice Boecio: La providencia es la misma rayón divina asentada en el sumo prín- cipe de todo que todo lo dispone. Dicha dis- posición puede ser llamada también or- denación de las cosas al fin como orde- nación de las partes al todo.


Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: Según el Filósofo


en VI Ethic.6, la prudencia es preceptiva de lo que con rectitud la eubulia aconse-

ja y la synexis juzga. Por eso, aun cuan- do a Dios no le corresponde ser aconse- jado en el sentido que el consejo diluci-

da dudas, sin embargo, sí le corresponde determinar cómo se ordenan a El las co- sas, según aquello del Sal 148,6: Estable- ció el precepto y no lo traspasará. En este sentido, a Dios le corresponde la razón


de ser de la prudencia y de la providen- cia. Aunque también puede decirse que esta razón de actuar de las cosas, en

Dios puede ser llamado consejo; no por-

que analice, sino por su certeza de cono- cimiento, certeza a la que llegan los con- sejeros cuando investigan. Por eso se dice en Ef 1,11: Todo lo hace siguiendo el consejo de su voluntad.


2.


A la segunda hay que decir: Cuidar algo implica la razón de orden, que es lla- mada providencia y disposición; y la ejecu- ción del orden, que es llamada gobierno. La primera es eterna; la segunda, temporal.


3.


A la tercera hay que decir: La pro- videncia está en el entendimiento, pero presupone la voluntad del fin; pues na-

die ordena actuar por un fin si no quiere

el fin. Por eso, la prudencia presupone

las virtudes morales, por las que el ape- tito se ordena al bien, como se dice en

VI Ethic.7 Sin embargo, si la providen-

cia mirase por igual la voluntad y el en- tendimiento divino, no se anularía la simplicidad divina, pues en Dios, como

ya se dijo (q.19 a.1; a.4 ad 2), voluntad

y entendimiento son lo mismo.




ARTICULO


2


Todas las cosas, ¿están o no están sometidas a la providencia divina?


q.103 a.5; In Sent. 1 d.39 q.2 a.2; De Verit. q.5 a.2-7; Cont. Gentes 3,1.64.71.75.79.94; In De Div. Nom. c.3


lect.1; Compend. Theol, c. 123.130.132.133.142.




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