Santo tomas de aquino



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En cambio está lo que dice el Filóso- fo en II Periherm.


23: La falsa opinión es contraria a la verdadera.


Solución. Hay que decir: Lo verdadero y lo falso se oponen como los contrarios y no como la afirmación a la negación, como sostuvieron algunos


24. Para pro- barlo, hay que tener presente que la ne- gación ni añade algo al sujeto ni tampo-

co lo determina. Por eso es aplicable tanto al ser como al no ser; como el que



no ve, el que no está sentado. La privación, por su parte, no añade nada al sujeto, pero lo determina; ya que se trata de

una negación en el sujeto, como se dice en IV Metaphys.




25. Ejemplo: Ciego no se dice más que del nacido para poder ver.


En cambio, lo contrario pone algo y determina al sujeto. Ejemplo: Negro es una especie de color. Y lo falso pone algo. Ya que, como dice el Filósofo en IV Metaphys.


26, falso se dice de aquello que parece ser lo que no es, o no ser lo que es. Pues así como lo verdadero aña-

de algo adecuado al objeto, lo falso aña-

de lo inadecuado. Por lo tanto, es evi- dente que lo verdadero y lo falso son contrarios.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: En las cosas, lo que


en ellas es, es su verdad; pero lo que es aprehendido, es lo verdadero del enten- dimiento, en el que, como lo primero, está la verdad. Por eso, lo aprehendido como lo que no es, es lo falso. Aprehen- der el ser y el no ser implica contradic- ción, como prueba el Filósofo en II Pe- riherm.


27, según el cual, el contenido de

la expresión lo bueno es bueno, es contraria al de lo bueno no es bueno.




2.


A la segunda hay que decir: Lo falso no se fundamenta en lo verdadero como

algo que le es contrario, como tampoco

lo malo se fundamenta en lo bueno como algo que le es contrario, sino que

se fundamenta en lo que lo soporta. Y




18. Octoginta trium quaest. q.32: ML 40,22.

19. Soliloq. 1.2 c.5: ML 32,889.


20. L.2

c.10: ML 32,893.

21. C.2: ML 41,350.


22. Glossa interl, a Ier. 8,5 (4,123v); cf. S. JERÓ-


NIMO, In Ierem. 1.2: ML 24,765.


23. ARISTÓTELES, c.14 n.10 (BK 23b35).


24. Cf. ALE-


JANDRO DE HALES, Summa theol. p.1 n.101 (QR 1,159).


25. ARISTÓTELES, 3 c.2 n.8 (BK


1004a15): S. Th. lect.3 n.564-566.




26. ARISTÓTELES, 3 c.7 n.1 (BK 1011b26): S. Th. lect.16 n.720. 27. ARISTÓTELES, c.14 n.10 (BK 23b35).



C.18 a.1


Sobre la vida de Dios

237



esto es así porque tanto lo verdadero como el bien son generales y se identifi- can con el ser. Por eso, así como toda privación se fundamenta en el sujeto que es el no ser, así también todo mal se fundamenta en algún bien, y todo lo fal- so en algo verdadero.


3. A la tercera hay que decir: Porque los contrarios y los opuestos están he- chos como realidades privativas acerca de lo mismo, así también en Dios nada hay que se le oponga a sí mismo, ni con


respecto a su bondad, ni a su verdad, puesto que en su entendimiento no pue- de haber falsedad alguna. Pero en nues- tra aprehensión algo hay de contradic- ción: pues la verdadera opinión de algo se opone a la falsa contradicción de lo mismo. Por eso, los ídolos son llamados mentiras con respecto a la verdad divi- na, en cuanto que la falsa opinión sobre los ídolos contradice la verdadera opi- nión sobre la unidad de Dios.


Puesto que entender lo hacen los vivientes, después de haber tratado lo referente a la ciencia y entendimiento de Dios, hay que analizar ahora lo concerniente a su vida. Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro pro- blemas:


1. Vivir, ¿quién lo hace?-2. ¿Qué es la vida?-3. Dios, ¿vive o no vive?-4. En Dios, ¿todo es o no es vida?


ARTICULO 1


¿Viven o no viven todas las cosas naturales?


2-2 q.179 a.1; In Sent. 3 a.35 q.1 a.1; 4 d.14 q.2 a.3 q.a 2; d.49 q.1 a.2 q.a 3; De Verit. q.4 a.8; Cont. Gen- tes 1, 97; 4, 11; In De div, nom. 6 lect.1; De Pot. q.10


a.1; In De anima 1 lect.l4; 2 lect.1; In Io c.17 lect.1.


Objeciones por las que parece que todas las cosas naturales viven:


1. Dice el Filósofo en VIII Physic.1:

El movimiento es como una determinada vida en la naturaleza de todo lo existente. Pero todas las cosas naturales participan del movimiento. Luego todas las cosas natu-

rales participan de la vida.




2. Más aún. Se dice que las plantas viven en cuanto que en sí mismas tienen el principio del movimiento, de su desa- rrollo y de su declive. Pero el movimien- to local es, por naturaleza, anterior y más perfecto que el movimiento de desarro- llo y declive, tal como se prueba en VIII Physic.2 Así, pues, como quiera que todos los cuerpos naturales tienen algún prin-


cipio de movimiento local, parece que todos los cuerpos naturales viven.


3. Todavía más. Entre los cuerpos naturales, los más imperfectos son los elementos. Pero a ellos se les atribuye la vida. De hecho se dice: aguas vivas. Lue- go con más razón los otros cuerpos na- turales tienen vida.


En cambio está lo que dice Dionisio en el c.VI De Div. Nom.3: Las plantas vi-

ven por la última onda de la vida. De lo cual parece deducirse que las plantas tie- nen el grado vital más ínfimo. Pero los cuerpos inanimados son inferiores a las plantas. Luego no viven.


Solución. Hay que decir: Por los seres que, evidentemente, viven, podemos sa- ber quiénes viven y quiénes no viven. Vivir les corresponde, evidentemente, a los animales; pues se dice en el libro De vegetabilibus


4: La vida en los animales resul- ta evidente. Por lo tanto, hay que dis- tinguir entre vivientes y no vivientes, distinción por la que se dice que los ani-

males viven. Es decir, lo primero y lo




1. ARISTÓTELES, c.1 n.1 (BK 250b14): S. Th. lect.1 n.2.

2. ARISTÓTELES, c.7 n.2 (BK


260a28): S. Th. lect.14 n.3-6.


3. § 1: MG 3,856.


4. ARISTÓTELES, De Plantis 1 c.1 (BK


815a10).



Sobre la vida de Dios


CUESTIÓN 18



último por lo que la vida resulta eviden-

te. Lo primero, por lo que decimos que un animal vive, es el movimiento que empieza a tener por sí mismo; y decimos que vive mientras manifiesta tener tal movimiento. Pero cuando no tiene mo- vimiento por sí mismo, o tiene que ser movido por otro, entonces se dice que está muerto, que le falta la vida. Por lo cual, resulta claro que son propiamente vivientes por moverse a sí mismos con algún tipo de movimiento; bien se tome el movimiento en sentido propio, cuan- do es denominado acto imperfecto, es decir, en sentido potencial; bien se tome el movimiento en sentido general, cuan- do es denominado acto perfecto, como cuando al entender y al sentir se les lla-

ma moverse, tal como se dice en el III De Anima


5. Así, son llamados vivientes aquellos seres que se mueven o actúan por sí mismos; aquellos que, por natura- leza, ni se mueven ni actúan, no pueden ser llamados vivos, a no ser sólo por se- mejanza.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Lo dicho por el


Filósofo puede ser entendido bien del movimiento primero, el de los cuerpos celestes; bien del movimiento en gene- ral. En ambos sentidos no es atribuible, con propiedad, a la vida de los cuerpos naturales; sólo lo es por semejanza. Pues el movimiento del cielo está en el uni- verso de las naturalezas corpóreas, como en el animal está el movimiento del co- razón por el que conserva la vida. De igual forma, cualquier movimiento natu- ral tiene con las cosas naturales algo pa- recido a la operación vital. Por eso, si todo el universo corporal fuese un ani- mal, cuyos movimientos tuvieran su ori- gen en un motor intrínseco, como sos- tuvieron algunos, se seguiría que el mo- vimiento sería la vida de todos los cuerpos naturales.


2.


A la segunda hay que decir: A los cuerpos pesados y a los ligeros no les corresponde moverse, a no ser cuando

no tienen la situación que les correspon-

de por naturaleza, como, por ejemplo, cuando están fuera de su lugar propio.

Pues cuando están en su lugar propio y




natural, descansan. Por su parte, las plantas y los demás vivientes se mueven con movimiento vital por su propia dis- posición natural, no por acercarse o ale- jarse más o menos de ella. Más aún, en la medida en que se alejan de tal movi- miento, tanto más se alejan de su dispo- sición natural.


Por otra parte, los cuerpos pesados y los ligeros son movidos por un motor extrínseco, o generador, que da forma o quita obstáculos, como se dice en VIII Physic.6 Por lo tanto, no se mueven a sí mismos como los vivientes.


3.


A la tercera hay que decir: Se lla- man aguas vivas porque fluyen constan- temente; en cambio, las aguas estanca-

das, que no responden al principio del constante fluir, se llaman aguas muertas,

como las aguas de las cisternas o las de

los embalses. Y son llamadas así por se- mejanza; pues en cuanto que parece que

se mueven, se asemejan a lo vivo. Pero

en ellas no hay verdadera vida, pues no

se mueven por sí mismas, sino por una causa que las genera. Lo mismo cabe de-

cir de lo pesado y lo ligero.




ARTICULO 2


La vida, ¿es o no es una operación determinada?


q.54 a.1 ad 2; 2-2 q.179 a.1 ad 1; In Sent. 3 d.35 q.1 a.1 ad 1; 4 d.49 q.1 a.2 q.a 3; Cont. Gentes 1, 98; In


De div. nom. 6 lect.1.


Objeciones por las que parece que la vida es una operación determinada:

1.



Nada se divide más que en partes de su género. Pero el vivir se divide en operaciones, como consta por el Filóso- fo en II De Anima


7, el cual pone cuatro: comer, sentir, moverse y conocer. Lue- go la vida es una operación determinada.


2. Más aún. Se dice que la vida acti- va es distinta de la contemplativa. Pero los contemplativos no se distinguen de los activos más que por ciertas operacio- nes. Luego la vida es una operación de- terminada.


3.


Todavía más. Conocer a Dios es una operación determinada. Y es vida, como resulta de aquello de Jn 17,3: Esta

es la vida eterna: que te conozcan sólo a Ti,


5. ARISTÓTELES, c.7 n.1 (BK 431a6): S. Th. lect.12 n.765-767.

6. ARISTÓTELES, c.4 n.7


(BK 255b35): S. Th, lect.8 n.8.


7. ARISTÓTELES, c.2 n.2 (BK 413a22): S. Th. lect.3 n.253-


255.

238


La naturaleza divina


C.18 a.2

C.18 a.3


Sobre la vida de Dios

239



Dios verdadero. Luego la vida es una ope- ración.


En cambio está lo que dice el Filóso- fo en II De Anima


8: En los vivientes la


vida es el ser.


Solución. Hay que decir: Como ya se dijo (q.17 a.1 y 3), nuestro entendimien-

to, que propiamente tiene por objeto co- nocer la esencia de las cosas, empieza a conocer por el sentido que tiene por ob- jeto propio los accidentes externos. Y lo que de las cosas aparece externamente, constituye el punto de partida para lle- gar a conocer la esencia de las cosas. Y como nombramos a las cosas tal como las conocemos, según dijimos (q.13 a.1), frecuentemente de las propiedades exter- nas se toman los nombres para indicar las esencias de las cosas. Por eso, algu- nas veces estos nombres son tomados propiamente por las mismas esencias de las cosas y son dados principalmente para indicarlas. Otras veces, pero menos propiamente, son tomados y dados para indicar las mismas propiedades. Ejem- plo: El nombre cuerpo es dado para indi- car cualquier género de sustancias en cuanto que en ellas hay tres dimensio- nes; y así, el nombre cuerpo se da para indicar las tres dimensiones, pues el cuerpo es tenido como una especie de la cantidad. Lo mismo cabe decir de la vida. Pues el nombre vida está tomado de algo aparente de una cosa como es el moverse por si misma. Sin embargo, no se da para indicar eso, sino para indicar la sustancia que le corresponde según la naturaleza que conlleva el moverse por sí misma, o, también, y de algún modo, su impulso para actuar. Según esto, vi- vir no es más que el ser en tal naturale- za; y vida no significa más que lo mis- mo, pero en abstracto; como carrera sig- nifica en abstracto lo mismo que correr. De ahí que vivo sea un predicado sustan- cial, no accidental.




Sin embargo, algunas veces, si bien con menos propiedad, indica las mismas operaciones de la vida, de las cuales toma el nombre, como dice el Filósofo en IX Ethic.9: Vivir principalmente consis- te en sentir y conocer.


Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: Allí, el Filósofo toma vivir como operación vital. Pero hay que decir, mejor, que sentir, cono- cer y similares, algunas veces son toma- dos por operaciones vitales; otras, por el mismo ser del que actúa. Pues en IX Ethic.10 se dice que ser es sentir o conocer, o sea, poseer naturaleza para sentir o para conocer. En este sentido el Filósofo distingue el vivir entre aquellas cuatro operaciones. Pues, en este mundo, cua- tro son los géneros de vivientes. Algu- nos sólo están capacitados para comer y sus derivados, como desarrollarse y re- producirse; algunos, además, llegan a sentir, como sucede en los animales in- móviles, por ejemplo, los astros; otros, además, pueden moverse localmente como animales perfectos; es el caso de los cuadrúpedos, las aves y similares; y otros, además, están capacitados para co- nocer, como los hombres.


2.


A la segunda hay que decir: Se lla- man operaciones vitales aquellas cuyos principios están en quienes actúan, de tal manera que ellos mismos impulsan tales operaciones. Sucede a veces que, para al- gunas operaciones, en los hombres no

sólo están los principios naturales, como son las potencias, sino también algunas añadidas, como son los hábitos, que tien-

den, como por naturaleza, a cierto tipo

de operaciones, haciendo que sean satis- factorias. Por eso se dice, por cierta se- mejanza, que aquella operación que al hombre le resulta satisfactoria, a la que tiene, en la que se ocupa o a la que dedi-

ca su quehacer, es vida humana. Por eso, algunos la llaman vida licenciosa; algunos, vida honesta. Por eso se dis- tingue la vida activa de la contemplati-

va. Y por este modo de conocer a Dios

se llama vida eterna.


3.


A la tercera hay que decir: En lo di- cho está incluida la respuesta.


ARTICULO 3


Dios, ¿vive o no vive?


Cont. Gentes 1, 97.98; 4, 11; In Metaphys. 12, lect.8; In Io c.14 lect.2.


Objeciones por las que parece que Dios no vive:

8. ARISTÓTELES, c.4 n.4 (BK 415b13): S. Th. lect.7 n.319.


9. ARISTÓTELES, c.9 n.7


(BK 1170a18): S. Th. Iect.11 n.1902.


10. ARISTÓTELES, c.9 n.9 (BK 1170a33): S. Th.


lect.11 n.1908.

240


La naturaleza divina


C.18 a.3


1. Como se dijo (a.1 y 2), vive aque- llo que se mueve por sí mismo. Pero el moverse no es propio de Dios. Luego tampoco el vivir.


2. Más aún. En todos los que viven hay algún principio que les hacen vivir. Se dice en el II De Anima


11: El alma es causa y principio del cuerpo del viviente. Pero Dios no tiene principio alguno. Luego

no le corresponde vivir.




3. Todavía más. El principio vital en las cosas vivientes que están junto a nosotros, es el alma vegetal, que no está más que en las cosas corporales. Luego a las cosas incorpóreas no les correspon- de vivir.


En cambio está lo que se dice en el

Sal. 83,3: Mi corazón y mi carne se llenaron de gozo en el Dios vivo.




Solución. Hay que decir: Propiamente y en grado sumo está la vida en Dios. Para demostrarlo, hay que tener presente que, si se dice que vive aquello que se mueve por sí mismo y no por otro, cuanto más perfecto sea esto en alguien, tanto más perfecta en él será la vida. En los seres que se mueven y en los movi- dos se encuentran los siguientes tres ti- pos: 1) Primero, el fin, que es el que mueve al agente; el agente principal que actúa por su propia forma, aunque a ve- ces lo hace por medio de un instrumen- to que no tiene fuerza operativa, sino que se la da el agente, ya que al instru- mento no le corresponde más que ejecu- tar la acción. 2) Hay algunos que se mueven a sí mismos, pero no relaciona- dos con la forma y el fin, connatural en ellos, sino sólo relacionados con la eje- cución de un movimiento; pero la forma por la que actúan y el fin por el que ac- túan están determinados por la naturale- za. Así son las plantas, que, por la forma impresa en su naturaleza, se mueven a sí mismas orientadas al desarrollo y declive.


3) Hay otros que se mueven a sí mis- mos, pero no relacionados sólo con la ejecución del movimiento, sino también con la forma principio del movimiento, que adquieren directamente. Así son los animales, cuyo principio de movimiento no es la forma impresa en su naturaleza, sino adquirida por el sentido. Por lo tanto, cuanto más perfecto sea su senti- do, tanta mayor perfección hay en su


movimiento. Pues aquellos animales que no tienen más sentido que el tacto, se mueven a sí mismos sólo con el movi- miento de dilatación y contracción, como las ostras, cuyo movimiento es muy poco superior al de las plantas. Por

su parte, aquellos que tienen facultades sensitivas capaces de conocer no sólo lo que está junto a ellos tocándolos, sino también lo que está distante, se mueven

a sí mismos desplazándose con movi- miento progresivo. Pero, aun cuando es- tos animales adquieren por el sentido la forma que es su principio motor, sin embargo, por sí mismos no establecen el fin de su operación o de su movimiento, sino que está impreso en su naturaleza, cuyo instinto los inclina a hacer lo que hacen movidos por la forma adquirida por los sentidos. Por lo tanto, por enci- ma de estos animales están aquellos que

se mueven a sí mismos, también orienta- dos al fin que se fijan. Lo cual no se hace más que por la razón y el entendi- miento, a los cuales les corresponde fijar

la proporción entre el fin y lo que puede proporcionar, y orientar lo uno a lo otro. Por lo tanto, el modo más perfecto de vivir está en aquellos que tienen en- tendimiento; y éstos son los que también

se mueven a sí mismos más perfecta- mente. Prueba esto el hecho de que en un mismo hombre la facultad intelectiva mueve las potencias sensitivas; y éstas por su poder mueven los órganos que ejecutan el movimiento. También sucede esto en las artes, pues vemos que el arte al que le corresponde el uso de la nave, esto es, el arte de la navegación, instruye

al que le da forma, y ésta al que sólo la ejecuta, construyéndola.


Pero aun cuando nuestro entendi- miento esté orientado a algo, sin embar- go, algunas cosas están impresas en su misma naturaleza, como los primeros principios, que no pueden cambiar, y el último fin, que no puede no querer. Por lo tanto, aun cuando se mueva por algo, empero es necesario que, por lo que res- pecta a algunas cosas, sea movido por otro. Así, pues, aquello cuya naturaleza sea su mismo conocer, y a lo que esté orientado y que no esté determinado por otro, ése tiene el grado de vida más alto. Ese tal es Dios. Por lo tanto, en Dios está la vida en grado sumo. Por eso, el


11 ARISTÓTELES, c.4 n.3 (BK 415b8): S. Th. lect.7 n.319.

C.18 a.4


Sobre la vida de Dios

241



Filósofo en XII Metaphys.12, asentado que Dios es inteligente, concluye que posee la vida más perfecta y eterna, por- que su entendimiento es absolutamente perfecto y siempre en acto.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Como se dice en IX


Metaphys.13, hay un doble tipo de acción:

1) Una, que actúa sobre una materia ex- terna al que actúa. Ejemplo: Calentar, cortar. 2) Otra, que permanece en el que actúa. Ejemplo: Entender, sentir, querer. La diferencia está en que la primera no perfecciona al agente, sino a quien reci- be la acción, mientras que la segunda perfecciona al agente. Así, porque el movimiento es un acto del que mueve, el segundo tipo de acción, por ser un acto del que actúa, es llamado movi- miento. Ahí reside la semejanza por la que, así como el movimiento es un acto del que mueve, así también la acción es un acto del que actúa. Y aun cuando el movimiento sea un acto imperfecto, por estar en potencia, la acción es un acto perfecto por estar en acto. Esto lo expli- ca el III De Anima14. Así, pues, en la medida en que conocer es un movimien- to, se dice que lo que se conoce se mue- ve. En este sentido sostuvo Platón15 que Dios se mueve a sí mismo; no en el otro sentido, en el que el movimiento es un acto imperfecto.




2.


A la segunda hay que decir: Así como Dios es su mismo ser y su mismo conocer, así también es su propio vivir. Por eso, su modo de vivir no tiene prin- cipio vital.


3.


A la tercera hay que decir: En los seres inferiores la vida está impresa en

una naturaleza corruptible que necesita

la generación para conservar la especie y

el alimento para conservar al individuo.

Por eso, en los seres inferiores no se en- cuentra la vida sin el alma vegetal. Esto

no se da en lo incorruptible.




ARTICULO 4


En Dios, ¿todo es o no es vida?


De Verit, q.4 a.8; Cont. Gentes 4, 13; In Io 1 lect.2.




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