Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que el nombre Dios es comunicable:

1.



A quien se le comunica lo signifi- cado por el nombre, también se le co- munica el nombre. Pero, como se dijo (a.8), el nombre Dios indica la naturaleza divina, que es comunicable a otros, se- gún aquello de 2 Pe 1,4: Nos hizo prome-


sas grandes y preciosas para que participemos de la naturaleza divina. Luego el nombre Dios es comunicable.


2. Más aún. Sólo los nombres pro- pios no son comunicables. Pero el nom- bre Dios no es nombre propio, sino ape- lativo, hecho este que resulta evidente

por aquello del Sal 81,6: Yo dije: Sois dio- ses. Luego el nombre Dios es comuni- cable.




3. Todavía más. Como se dijo (a.8), el nombre Dios se da por la operación. Pero todos los otros nombres que se dan a Dios por las operaciones o por los efectos, como bueno, sabio y otros, son comunicables. Luego el nombre Dios es comunicable.


En cambio está lo que se dice en Sab 14,21: El incomunicable nombre se lo dieron a maderos y piedras. Está hablando del nombre de la deidad. Luego el nom- bre Dios es nombre incomunicable.


Solución. Hay que decir; Un nombre puede ser comunicable de dos maneras: Una, propiamente; otra, por semejanza. Un nombre es comunicable propiamente cuando toda la significación del nombre es comunicable a muchos. Es comunica- ble por semejanza, cuando algo de mu- chos está incluido en la significación del nombre. Ejemplo: El nombre león es co- municable propiamente a todos aquellos en quienes se encuentra la naturaleza in- dicada con el nombre león. Es comunica- ble por semejanza a aquellos que tienen algo de leonino, como la audacia o la fuerza, los cuales, metafóricamente, son llamados leones.


Para saber qué nombres son comuni- cables propiamente, hay que tener pre- sente que toda forma presente en un su- puesto por el que queda individualizado, es común a muchos realmente o, al me- nos, conceptualmente. Ejemplo: La na-


33. De Fide Orth. l.1 c.9: MG 94,836.

34. ARISTÓTELES, 3 c.8 n.9 (BK 1012a23): S. Th.


lect.16 n.733.




(fines s.v). Aquéllos llegaban a defender la posibilidad de comprehender a Dios por las solas fuerzas naturales; éstos negaban cualquier posibilidad de alcanzar el ser divino. S. T. se apoya en el principio de causalidad. Esto le permite deducir la existencia de una Primera Causa. Lue-

go, por lo mismo que el efecto ha de realizarse más límpidamente en su fuente, logra afirmar de Dios una serie de perfecciones positivas. Ayudado por la revelación, consigue conocer algo

de la «eminencia» entrevista por la razón. De esta forma, aunque la naturaleza de Dios esté más allá del ser -no porque no sea ser, sino porque lo es en un grado supereminente- el hombre

puede conocer, siquiera sea deficientemente la naturaleza divina. Con lo que la palabra Dios se refiere a la naturaleza.





C.13 a.9


Sobre los nombres de Dios

195



turaleza humana es común a muchos real y conceptualmente; en cambio, la naturaleza solar no es común a muchos realmente, sino


sólo conceptualmente, pues la naturaleza solar puede ser enten- dida como existente en muchos supues- tos. Esto es así porque el entendimiento comprende la naturaleza de cualquier es- pecie por la abstracción que hace de lo singular; de ahí que, existir en un su- puesto o en muchos, está fuera del con- cepto de naturaleza de la especie; por eso, manteniendo el concepto de la espe- cie, puede ser entendido como existente en muchos. Pero el singular, por lo mis- mo que es singular, se diferencia de to- dos los demás. Por lo tanto, todo nom- bre dado para indicar algún singular, es incomunicable tanto real como concep- tualmente; pues la pluralidad de un indi- viduo ni siquiera puede entrar en la aprehensión. Por eso, ningún nombre que indique a un individuo puede ser comunicable a muchos propiamente,


sino sólo por semejanza. Ejemplo: Meta- fóricamente, alguien puede ser llamado Aquiles, por tener alguna de las caracte- rísticas de Aquiles, como la fuerza.


Por otra parte, las formas que no se individualizan por algún supósito, sino que lo hacen por sí mismas (como las formas subsistentes), si fueran entendi- das tal como son en sí mismas, no serían comunicables ni real ni conceptualmen- te; quizá lo fueran por semejanza, tal como se ha dicho de los individuos. Pero, porque no podemos entender las formas simples tal como son en sí mis- mas, sino que las entendemos como los compuestos cuyas formas se dan en la materia, así también, como ya se dijo (a.l ad 2), les damos nombres concretos que indican la naturaleza presente en algún supuesto. Por lo tanto, en lo referente al concepto de los nombres, usamos el mismo concepto para los nombres que damos para indicar las naturalezas de los compuestos y para los nombres que da- mos para indicar las naturalezas simples subsistentes.


Por lo tanto, como quiera que el nombre Dios es dado para indicar la na- turaleza divina, como se dijo (a.8), y como quiera que la naturaleza divina no


es multiplicable, como quedó demostra-

do (q.11 a.3), se sigue que el nombre Dios es incomunicable en su contenido, pero comunicable con el pensamiento;

del mismo modo que el nombre Sol se-

ría comunicable con el pensamiento po- niendo muchos soles. Así, dice Gál 4,8: Rendíais culto a quienes no eran, por su natu- raleza, dioses. Glosa




35: no son dioses por na- turaleza, sino por el pensamiento humano.


No obstante, el nombre Dios es co- municable si bien no en toda su signifi- cación, sino sólo en parte, por semejanza. Como son llamados dioses quienes parti- cipan por semejanza de algo divino, se-

gún aquello del Sal 81,6: Yo dije: dioses sois.




Por lo demás, si hubiera algún nom- bre dado a Dios para indicar no la natu- raleza, sino el supuesto, queriendo decir: éste, dicho nombre sería totalmente inco- municable: como quizá ocurre con el nombre Tetragrammaton para los He- breos. Algo parecido si alguien diera nombre al Sol indicando su individuali-


dad.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La naturaleza divina


no es comunicable, a no ser por la parti- cipación de semejanza.

2.



El nombre Dios es apelativo y no propio, porque indica la naturaleza divi- na como presente en alguien; aun cuan- do el mismo Dios realmente no sea ni universal ni particular. Pues los nombres no siguen al modo de ser presente en las cosas, sino al modo de ser presente en nuestro conocimiento. Y, sin embargo, según la verdad real, es incomunicable, por lo mismo que se ha dicho del nom- bre sol (sol.).


3.


A la tercera hay que decir: Nombres como bueno, sabio y similares son dados por las perfecciones que, procedentes de Dios, están en las criaturas; sin embar-

go, no son dados para indicar la natura- leza divina, sino para indicar absoluta- mente las mismas perfecciones. Y así, también por la verdad real son comuni- cables a muchos. Pero el nombre Dios es dado desde la acción propia de Dios,

que


continuamente

experimentamos, para indicar la naturaleza divina.




35. Glossa de Pedro LOMBARDO a Gál 4,8: ML 192,139; Gloss. interl. a Gál 4,8 (6,84v): ib.

196



La naturaleza divina


C.13 a.10


ARTICULO 10


El nombre Dios, ¿es o no es por participación, naturaleza y opinión


dado a Dios unívocamente?


Objeciones por las que parece que el nombre Dios, por participación, natura- leza y opinión es dado a Dios unívoca- mente:


1. Donde hay una significación di- versa no hay contradicción del que afir- ma o del que niega; pues la equivocidad impide la contradicción. Pero el católico que dice: El ídolo no es Dios, contradice al pagano que dice: el ídolo es Dios. Lue- go en ambos casos el nombre Dios es dado unívocamente.


2. Más aún. Como el ídolo es Dios según la opinión y no según la verdad, así también al placer del deleite carnal se le llama felicidad según la opinión y no según la verdad. Pero el nombre felicidad se da unívocamente tanto a la felicidad opinada como a la felicidad verdadera. Luego el nombre Dios es dado unívoca- mente tanto al Dios verdadero como, al Dios opinado.


3. Todavía más. Unívocos son aque- llos incluidos en un solo concepto. Pero el católico, cuando dice que Dios es uno, con el nombre de Dios indica algo omnipotente y digno de ser venerado por encima de todo. Esto mismo entien- de el pagano cuando dice que el ídolo es Dios. Luego en ambos casos el nombre Dios es dado unívocamente.


En cambio, como se dice en I Peri- herm.36, lo que está en el entendimiento es imagen de lo que está en la realidad. Pero el nombre animal, dado al animal real y al animal pintado, tiene sentido equívoco. Luego el nombre Dios, dado al Dios verdadero y al Dios opinado, tiene sentido equívoco.


Más aún, nadie puede indicar lo que no conoce; pero el pagano no conoce la naturaleza divina; luego, cuando dice: el ídolo es Dios, no indica la verdadera dei- dad. Esta la indica el católico que dice que no hay más que un Dios. Luego el nombre Dios no es dado unívocamente, sino equívocamente, al Dios verdadero y

al Dios opinado.




Solución. Hay que decir: El nombre


Dios, en las tres acepciones indicadas, no se toma en sentido unívoco o equívoco, sino análogo. Es evidente por lo si- guiente. Porque los unívocos tienen completamente el mismo concepto; en los equívocos, completamente diverso; en los análogos, en cambio, es necesario que el nombre tomado con una signifi- cación se mantenga en su definición aunque sea tomado con otros significa- dos. Como ser dicho de la sustancia, se mantiene en su definición de ser cuando se dice del accidente; y sano dicho del animal se mantiene en la definición de sano cuando se dice de la orina y de la medicina, pues cuando se habla de la sa- lud del animal, la orina indica salud; la medicina, causa.


Así sucede en el caso que estamos tra- tando. Pues el nombre Dios dado al Dios verdadero entra en el concepto de Dios cuando se da a Dios por opinión o por participación. Pues cuando a alguien le llamamos Dios por participación, con el nombre Dios entendemos algo que tiene semejanza con el Dios verdadero. Parecidamente, cuando al ídolo lo llama- mos Dios, con el nombre Dios entende- mos que se indica algo que algunos opi- nan que es Dios. Así resulta evidente que, aun cuando la significación sea va- riada, uno de sus significados está inclui- do en los demás. Por lo tanto, también es evidente que se da en sentido analó- gico.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La multiplicidad de


nombres no depende de su aplicación, sino de su significado, pues hombre, se dé a quien se dé, tanto de forma auténtica como falsa, se da en un solo sentido. Pero tendría sentido múltiple si por hombre intentáramos exponer cosas dis- tintas. Ejemplo: Si uno, con hombre qui- siera indicar lo que es verdaderamente hombre, y otro, con el mismo nombre, quisiera indicar lo que es un piedra o cualquier otra cosa. Así, resulta claro que el católico, al decir que el ídolo no es Dios, contradice al pagano que lo afir- ma; porque ambos usan el nombre Dios para indicar al verdadero Dios. Pues cuando el pagano dice que el ídolo es Dios no usa el nombre en el sentido de un Dios opinable; pues en tal caso ha-


36. ARISTÓTELES, c.1 n.3 (BK 16a5): S. Th. Iect.2 n.

C.13 a.11


Sobre los nombres de Dios

197



blaría correctamente, como también los católicos lo usan en este sentido como, por ejemplo, al decir: Todos los dioses de los paganos son demonios (Sal 95,5).


2 y 3.


A la segunda y a la tercera hay que decir: Se puede responder algo pare-

cido. Pues aquellos argumentos se cen-

tran en la diversa aplicación del nombre

y no en el diverso significado.




4.


A la cuarta hay que decir: Animal, dicho del animal real y del animal pinta- do, no tiene simplemente sentido equí- voco; sino que el Filósofo


37


toma los equívocos en sentido amplio, en cuanto que incluyen los análogos. Porque ser,

que es análogo, a veces se aplica equívo- camente a diversos predicamentos.




5.


A la quinta hay que decir: Ni el ca- tólico ni el pagano conocen la naturaleza

de Dios en sí misma; pero cada uno la conoce por alguna razón de causalidad,

de excelencia o de remoción, como se

dijo (q.12 a.12). Por eso, el pagano, al decir que el ídolo es Dios, puede tomar el nombre Dios con el mismo significado

que el católico cuando dice que el ídolo

no es Dios. Pero si hubiera alguien que

no conociera a Dios bajo ningún aspec-

to, no lo nombraría, a no ser, tal vez,

que lo nombrara como nosotros pro- nunciamos nombres cuyo significado desconocemos.




ARTICULO 11


El nombre «El que es», ¿es o no es en grado sumo el nombre propio de


Dios?


In Sent. 1 d.8 q.1 a. 1.3; In De Div. Nom. c.5 lect.1;


De Pot. q.2 a.1; q.7 a.5; q.10 a.1 ad 9.


Objeciones por las que parece que el nombre «El que es» no es en grado sumo el nombre propio de Dios:


1.


Como se dijo (a.9), el nombre de Dios es incomunicable. Pero este nombre El que es no es nombre incomunicable.


Luego este nombre El que es no es en grado sumo el nombre propio de Dios.


2. Más aún. Dionisio en el c.3 De Div. Nom.38 dice: La palabra bien mani-


fiesta todo lo que proviene de Dios. Esto le corresponde en grado sumo a Dios, que es principio universal de todas las cosas. Luego el nombre bueno y no El que es es

en grado sumo el nombre propio de Dios.




3. Todavía más. Todo nombre divi- no parece que conlleva relación a las criaturas, pues Dios no nos es conocido más que a través de las criaturas. Pero el nombre El que es no conlleva ninguna relación con las criaturas. Luego el nom- bre El que es no es en grado sumo el nombre propio de Dios.


En cambio está lo escrito en Ex 3,13s, cuando Moisés dice: Si me pregun-

tan cuál es tu nombre?, ¿qué les respondo?, el Señor le contesta: Les responderás: EL


QUE ES me envía a vosotros. Luego el nombre El que es es en grado sumo el nombre propio de Dios


l.


Solución. Hay que decir: Tres razones explican por qué El que es es en grado sumo el nombre propio de Dios. 1) Por

su significado. Pues no significa alguna forma, sino el mismo ser. De ahí que, como el ser de Dios es su misma esencia y esto no le corresponde a nadie más, como ya quedó demostrado (q.3 a.4), es evidente que, entre todos los otros nom- bres, éste es el que en grado sumo pro- piamente indica a Dios, pues todo es de- signado por su forma. 2) Por su universa- lidad. Pues todos los otros nombres o son menos comunes, o, si le son equiva- lentes, sin embargo le añaden algún con- cepto por el que, en cierto modo, lo in- forman y determinan. Además, en esta vida nuestro entendimiento no puede conocer la presencia de Dios en sí mis- ma, sino que, aun cuando exprese lo que entiende de Dios, nunca expresará todo




37. Las objeciones 4 y 5 a las que se da respuesta, están incluidas en el sed cont. ARISTÓTE- LES, Cat. c.1 n.1 (BK 1a1). 38. § 1: MG 3,680.


l. Lo fundamental es penetrar en el misterio de Dios gracias a que Dios mismo ha hablado de sí mismo. Lo esencial para el teólogo es que Dios ha pronunciado su nombre, se ha autoco- municado. No es que Santo Tomás parta de una filosofía para llegar al nombre de Dios, sino al revés: porque sabe que la Revelación ha dado su nombre, elabora una metafísica (cf. LE GUI- LLOU, Le Dieu de Saint Thomas: Tommaso d'Aquino nel suo VII Centenario, Congresso Inter- nazionale, I [Roma-Nápoles 1975] p.161-171).

198



La naturaleza divina


C.13a.12


lo que Dios es en sí mismo. Y así, cuan- do algunos nombres son menos determi- nados y más comunes y absolutos, tanto más propiamente son dados a Dios por nosotros. Por eso dice el Damasceno


39: Entre todos los nombres que se dan a Dios, el


principal es El que es; pues este nombre todo lo abarca, e incluye al mismo ser como un pié- lago infinito de inabarcable sustancia. Pues cualquier otro nombre determina de al-

gún modo la sustancia de la cosa; pero

este nombre El que es no determina nin-

gún modo de ser, sino que va referido a todos; por eso lo llama piélago infinito de sustancia. 3) Por el contenido de su significa- do. Pues significa existir en presente. Y

eso en grado sumo propiamente se dice

de Dios, cuyo existir no conoce el pasa-

do ni el futuro, como dice Agustín en el

V De Trin.40




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El que es es el nom- bre de Dios más propio que el nombre


Dios, tanto en cuanto a su origen, esto es, el ser, como a su significado y al con- tenido de su significado, como ya se dijo (sol.). Pero en cuanto a lo que se quiere indicar, es más propio el nombre Dios, pues se da para indicar la naturaleza di- vina. Y todavía más propio es el nom- bre Tetragrammaton


41


que se da para in- dicar la misma sustancia incomunicable o, si se puede decir así, singular, de Dios.


2.


A la segunda hay que decir: El nom- bre bueno es el principal nombre de Dios

en cuanto causa, sin embargo, no en sen-

tido absoluto, pues en sentido absoluto

el ser es entendido como anterior a la

causa.


3.


A la tercera hay que decir: No es necesario que todos los nombres divinos conlleven relación a las criaturas; basta

con que sean dados partiendo de algunas perfecciones que, provenientes de Dios,

están en las criaturas. Y entre todas las perfecciones, la primera, de la que se

toma el nombre El que es, es el mismo




ser.


ARTICULO 12


¿Pueden o no pueden formarse proposiciones afirmativas de Dios?


In Sent. 1 d.4 q.2 a.1; d.22 a.2 ad 1; Cont. Gentes

1,36; De Pot. q.7 a.5 ad 2.




Objeciones por las que parece que no pueden formarse proposiciones afir- mativas de Dios:

1.



Dice Dionisio en el c.2 De Cael. Hier.42: Las negaciones sobre Dios son verda- deras; las afirmaciones, poco consistentes.


2. Más aún. Boecio, en el libro De Trin.


43, dice: La forma simple no puede ser sujeto. Pero Dios es en grado sumo for- ma simple, como se demostró (q.3 a.7). Luego no puede ser sujeto. Pero todo aquello de lo que se hace una proposi- ción afirmativa es tenido como sujeto. Luego no pueden formarse proposicio- nes afirmativas de Dios.


3. Todavía más. Es falso todo en- tendimiento que entiende una cosa de manera distinta a lo que es. Pero Dios tiene el ser sin composición, como se probó (q.3 a.7). Así, pues, como quiera que todo entendimiento afirmativo en- tiende algo con composición, parece que no pueden formarse verdaderamente proposiciones afirmativas de Dios.


En cambio está el hecho de que lo falso no es contenido de fe. Pero hay al- gunas proposiciones afirmativas que sí son contenido de fe, como que Dios es trino y uno, y omnipotente. Luego ver- daderamente pueden formarse proposi- ciones afirmativas de Dios.




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