Santo tomas de aquino


Respuesta a las objeciones



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Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aun cuando en esta vida por revelación de la gracia no sepa- mos de Dios qué es, y de este modo nos


unamos a El como algo desconocido, sin embargo, le conocemos más profun- damente porque pone a nuestro alcance más y más sublimes obras suyas, y por- que le atribuimos por revelación divina propiedades a las que la razón natural no llega, como que Dios sea trino y


uno.

2.




A la segunda hay que decir: A partir de las imágenes, bien las formadas por los sentidos, según un proceso natural, bien las formadas en la imaginación di- vinamente, tanto más profundo conoci- miento intelectual se tendrá cuanto más intensa sea en el hombre la luz inteligi- ble. Así, por la revelación que se tiene por la infusión de la luz divina, se consi- gue un conocimiento más profundo.


3.


A la tercera hay que decir: La fe es un determinado conocimiento, en cuan-

to que por la fe el entendimiento está orientado a algo cognoscible. Pero esta orientación no proviene de la visión del que cree, sino por la visión de aquel a quien se cree. Así, cuando falta la vi-

sión, el conocimiento de fe es inferior al conocimiento científico, pues la ciencia orienta el entendimiento a su objeto por

la visión y comprensión de los primeros principios.




CUESTIÓN


13


Sobre los nombres de Diosa


Después de haber tratado lo referente al conocimiento de lo divino, hay que introducirse ahora en el estudio de los nombres divinos, pues nosotros llamamos a cada cosa según el conocimiento que de ella tenemos. Esta cues- tión plantea y exige respuesta a doce problemas:


1. ¿Puede o no puede Dios tener un nombre dado por nosotros?-

2. Los nombres dados a Dios, ¿le son o no le son atribuibles sustancial- mente?-3. Los nombres dados a Dios, ¿le son propios o sólo se le atribu-

yen metafóricamente?-4. Al dar muchos nombres a Dios, ¿son o no son todos ellos sinónimos?-5. Los mismos nombres dados a Dios y a las cria- turas, ¿son dados unívoca o equívocamente?-6. Suponiendo que se den análogamente, ¿a quién se dan primero, a Dios o a las criaturas?-7. ¿Son


a. ¿Es posible hablar de Dios? ¿Es significativo nuestro lenguaje? Este es el problema. El desarrollo se divide en dos partes: a) de los nombres divinos (a.1-11); b) de las proposiciones que se afirman de Dios (a. 12).


De los nombres, trata primero en general (aa.1-7), luego en particular (aa.8-11). En general,

se plantea tres interrogantes: an sit, ¿es posible atribuir nombres a Dios? (a.1); quid sit, ¿son sig- nificativos? (a.2); quomodo sit, ¿en qué medida significan: son sinónimos (a.3), tautologías (a.4), análogos (aa.5-6). - En particular estudia dos nombres: Dios (aa.8-10) y El que es (a.11).





C.13 a1


Sobre los nombres de Dios

181



o no son dados a Dios algunos nombres desde el tiempo?-8. La palabra Dios, ¿expresa naturaleza o expresa operación?-9. La palabra Dios, ¿es o no es un nombre comunicable?-10. Lo que significa Dios por naturaleza, por participación o por opinión, ¿es tomado en sentido unívoco o en senti-

do análogo?-11. El nombre El que es, ¿es o no es en grado sumo el nom-



bre propio de Dios?-12. ¿Pueden o no pueden formarse proposiciones afirmativas de Dios?


ARTICULO 1


¿Hay o no hay algún nombre que le convenga a Dios?


b


In Sent. 1 Exp. Text. q.a6; d.22 a.1; In De Div. Nom. c.1lect.1.3.


Objeciones por las que parece que no hay ningún nombre que le convenga a Dios:


1. Dice Dionisio en el c.l De Div. Nom.1: No tiene nombre; no se le concibe


c. Se dice en Prov. 30,4: ¿Cuál es su nombre,


y cuál el de su Hijo, si lo sabes?

2. Más aún. Los nombres o se dicen


en abstracto o en concreto. Pero los nombres con significado concreto no son aplicables a Dios, ya que es simple; y tampoco le son aplicables en abstracto, porque no significan algo perfecto sub- sistente. Luego a Dios no se le puede dar ningún nombre.


3. Todavía más. Los nombres signi- fican sustancia con cualidad. Los verbos y los participios significan temporalidad. Los pronombres, demostración o rela- ción. Pero nada de todo eso es aplicable a Dios, porque no tiene cualidad, ni ac- cidente alguno, ni temporalidad; no es objeto de los sentidos para que pueda ser detectado; ni le son aplicables los re- lativos, pues éstos sirven para reprodu- cir algo de lo dicho anteriormente, bien


de los sustantivos, bien de los partici- pios, bien de los pronombres demostra- tivos. Por lo tanto, Dios de ningún modo puede ser nombrado por nos- otros.


En cambio está lo que se dice en Ex 15,3: El Señor es un guerrero. Su nombre: Omnipotente.


Solución. Hay que decir: Según el Fi- lósofo


2, las palabras son signos de los conceptos, y los conceptos son represen- taciones de las cosas. Así se puede ob- servar cómo las palabras se pronuncian para dar significado a las cosas a través de la concepción del entendimiento. Así, pues, lo que puede ser conocido por nosotros con el entendimiento, puede recibir nombre por nuestra parte. Ha quedado demostrado (q.12 a. 11 y 12) que en esta vida Dios no puede ser visto en su esencia; pero puede ser conocido a partir de las criaturas como principio suyo, por vía de excelencia y remoción. Así, pues, a partir de las criaturas puede recibir nombre por nuestra parte; sin embargo, no un nombre que, dándole significado, exprese la esencia divina se- gún lo que es, como la palabra hombre con su significado expresa la esencia del hombre según lo que es, ya que el nom- bre concreta la definición que pone al descubierto su esencia, pues al concepto


1. § 5: MG 3,593: S. Th. lect.3.

2. ARISTÓTELES, Periherm. c.1 n.2 (BK 16a3): S. Th.


lect.2 n.9.




b. Dios no puede ser encerrado en un concepto humano. Nos es «definible» (1 q.3 a.5). No puede ser descrito exhaustivamente por un nombre. Lo cual no quiere decir que no se pueda hablar de El. Aunque abarcarle en plenitud es un deseo irrealizable, algo puede afirmarse, de Dios en la medida en que El mismo se ha dado a conocer, ya a través de la naturaleza creada,

ya a través de la historia de la salvación u obras de gracia (1 q.1 a.7 ad 1; q.12 a.13 ad 1). Dios

es inefable no porque sea ininteligible, sino porque siempre está más allá y por encima de cuan-

to pueda decirse. Siempre es «más». Precisamente por esto, «es necesario llamar a Dios con muchos nombres» (Comp. Theol. 2; In Boet. de Trin. proem. q.1 a.2). S. T. se coloca en este punto en la más pura línea patrística. «De Dios todo se puede decir, pero es imposible decir nada de El dignamente», resumía San Agustín (In Jn Evang XIII 5; BAC XIII 362-365).




c. Parte de un texto del Pseudo-Dionisio que S. T. comenta ampliamente en su De div. nom. n.77. Su pensamiento es idéntico al de la Suma.

182



La naturaleza divina


C.13 a.2

expresado con el nombre le llamamos de- finición




3.

Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: Se dice que Dios no tiene nombre o que está por encima de todo nombre, porque su esencia supera todo lo que de Dios podemos entender o expresar con nuestras palabras.


2.


A la segunda hay que decir: Porque llegamos al conocimiento de Dios par- tiendo de las criaturas, y a partir de ellas le damos nombre, los nombres que da- mos a Dios tienen el significado que le corresponde a las criaturas materiales, las cuales nos son conocidas por conna- turalidad, como se dijo (q.12 a.4). Y porque, en este tipo de criaturas, las que

son más perfectas y subsistentes son compuestas; además la forma en ellas no es algo completo y subsistente, sino, me- jor, por lo que algo es. Por eso, todos

los nombres que ponemos para expresar algo completo subsistente tienen signifi- cado concreto, cosa que corresponde so-

bre todo a los compuestos. En cambio,

los nombres que ponemos para expresar formas simples, no significan algo que subsiste, sino aquello por lo que algo es, como la blancura significa aquello por lo

que algo es blanco.




Así, pues, porque Dios es simple, porque es subsistente, le damos nombres abstractos para significar su simplicidad, y le damos nombres concretos para sig- nificar su subsistencia y perfección. Si bien ambos tipos de nombres no pueden expresarlo totalmente, como nuestro en- tendimiento en esta vida no le conoce tal como es.


3.


A la tercera hay que decir: Determi- nar la sustancia con la cualidad es deter-

minar el supuesto con la naturaleza o forma concreta en la que subsiste. De

ahí que, si a Dios se le dan nombres concretos para significar su subsistencia

y su perfección, como ya se dijo (ad 1), también se le dan nombres que signifi-

can la sustancia con la cualidad. Por otra

parte, las palabras y participios con sen- tido temporal que se le dan, se hace por-

que la eternidad incluye todo tiempo.

Pues, así como no podemos aprehender

y determinar las cosas simples subsisten-

tes si no partimos de los compuestos, así




tampoco podemos entender y expresar con palabras la simple eternidad si no partimos de las cosas temporales. Esto es así por la connaturalidad existente en- tre nuestro entendimiento y las cosas compuestas y temporales.


Por otra parte, los pronombres de- mostrativos que se dan a Dios, se dan porque concretan lo que de El se entien- de, no lo que se siente; pues lo que de El se entiende eso puede ser concretado. Y así, por el mismo motivo que a Dios se le pueden dar nombres y participios y pronombres demostrativos, se le puede concretar también con pronombres rela- tivos.


ARTICULO


2


¿Puede o no puede darse a Dios sustancialmente algún nombre?


In Sent. 1 d.2 a.2.3; d.35 a.1 ad 2; De Verit, q.2 a.1; In De Div. Nom. c.1 lect.3; Cont. Gentes 1,31; De Pot.


q.7 a.5.


Objeciones por las que parece que a Dios no puede dársele sustancialmente ningún nombre:


1. Dice el Damasceno4: Hoy que seña-

lar que cada uno de los nombres dados a Dios, no se le aplican sustancialmente, sino que muestran lo que no es, o alguna relación o al-


guna consecuencia de su naturaleza u opera- ción.


2. Más aún. Dice Dionisio en el c.l

De Div. Nom.5: De todo cuanto encuentres en los santos teólogos distingue las invocaciones de Dios en cuanto explicativas y de alabanza, de las aplicadas a las procesiones divinas. Esto significa que los santos doctores distinguían entre nombres de alabanza y procesiones del mismo Dios. Pero la procesión de alguna cosa no es lo mis-

mo que su esencia. Luego los nombres dados a Dios no le son dados sustancial- mente.




3. Todavía más. Llamamos a las co- sas según las entendemos. Pero a Dios no se le entiende sustancialmente en esta vida. Luego ningún nombre que le da- mos a Dios le podrá ser dado sustancial- mente.


En cambio está lo que dice Agustín

3. ARISTÓTELES, Metaphys. 3 c.7 n.9 (BK 1012a21): S. Th. lect.16 n.733.


4. De Fide




Orth. l.1 c.9: MG 94,833.

5. § 4: MG 3,589: S. Th. lect.2.



C.13 a.2


Sobre los nombres de Dios

183



en el VI De Trin.6: En Dios, ser y ser fuer-

te o ser sabio es lo mismo; y todo lo que dije- res de aquella simplicidad, lo estarás diciendo de su sustancia. Por lo tanto, todos estos nombres indican la sustancia divina.


Solución. Hay que decir: Los nombres dados a Dios en sentido negativo o refe- ridos a la relación entre El y la criatura, es evidente que de ninguna manera ex- presan su sustancia, sino la distancia existente entre El y los demás, o su rela- ción con alguien, o, mejor, la relación de alguien con El. Pero sobre los nom- bres dados a Dios en sentido absoluto y afirmativo, como bueno, sabio y pareci- dos, hay diversas opiniones.


Algunos dijeron que estos nombres, los que se dan a Dios en sentido afirma- tivo, más bien le son dados para expre- sar algo que no tiene, más que para ex- presar algo que tiene. Ejemplo: Cuando decimos que Dios es viviente, queremos dar a entender que no es como una cosa inanimada; y como este término, otros. Así lo pensó Rabbí Moisés


7d

.

Otros8, por su parte, dicen que estos




nombres dados a Dios se refieren a la relación entre El y las criaturas. Ejem- plo: Cuando decimos Dios es bueno, el sentido de la frase es: Dios es la causa de la bondad existente en las cosas. Y como esta frase, otras.


Ambas posturas son incorrectas. Y esto es así por las siguientes tres razo- nes. 1) La primera, porque ninguna de estas posturas aclara por qué a Dios se

le dan unos nombres y no otros. Pues

así como es causa de los cuerpos, tam- bién es causa de los bienes. De ahí que, si al decir Dios es bueno no se quiere dar a entender más que Dios es causa de los bienes, en la misma línea podría decirse


que Dios es cuerpo porque es causa de los cuerpos. Más aún, al decir que es cuer- po, no se está diciendo que sea sólo ser en potencia, como la materia prima.

2) La segunda, porque habría que con- cluir que todos los nombres dados a Dios sólo le podrían ser dados secunda- riamente. Ejemplo: Sano se dice de la medicina en cuanto que significa causa de la salud en el animal al que, en un principio, se le llama sano. 3) La tercera, porque va contra la intención de quienes hablan de Dios. Pues, sin duda, al decir que Dios es viviente, quieren dar a en- tender algo muy distinto a que sea sólo causa de nuestra vida, o que se distinga de los cuerpos inanimados.




Así, en otra dimensión, hay que decir que todos estos nombres expresan la sustancia divina y se predican de Dios sustancialmente


e, si bien no la expresan totalmente. Esto es así por lo siguiente. Estos nombres expresan a Dios tal como nuestro entendimiento lo conoce. Y nuestro entendimiento, en la medida en que le conozca a partir de las criaturas, así le conoce, por cuanto las criaturas le representan. Se demostró (q.4 a.2) que Dios contiene todas las perfecciones de las criaturas, pues El es simple y absolu- tamente perfecto. De ahí que cualquier criatura le representa y le es semejante en la medida en que tiene alguna perfec- ción. Sin embargo, no le representa como algo de su misma especie o géne- ro, sino como principio sublimef, de cuya forma carecen los efectos, pero que, sin embargo, albergan alguna semejanza, como sucede con los cuerpos de aquí abajo que, de alguna manera, represen- tan la fuerza solar. Esto ya se expuso an- teriormente cuando se trató la perfec-


6. C.4: ML 42,927.

7. MAIMÓNIDES, Doct. Perplex. P.1, c.58 (FR82).


8. ALANO DE


INSULIS, Theol. Reg. reg.21: ML 210,631; reg.26: ML 210,633.




d. Santo Tomás es consciente de colocarse frente a otras corrientes de pensamiento de su época. Hoy citaría, sin duda, al neopositivismo o filosofía del lenguaje, para el que los nombres

son puros signos convencionales.




e. No se trata de nombres vacíos de contenido, sino que, de alguna forma, responden a la realidad divina. La afirmación tomista descansa sobre un doble postulado: 1.° la teoría del co- nocimiento, según la cual el entendimiento conoce la realidad mediante conceptos abstraídos de

la misma; 2.° el principio de causalidad eficiente, según el cual las perfecciones de los efectos deben realizarse con mayor plenitud en la causa.




f. Partiendo de la experiencia sensible resulta inalcanzable la «eminencia» del principio, sa- bemos más lo que no es que lo que es (I q.3 prol.). No obstante, si el contenido del nombre

se busca en la historia de la salvación -en lo que Dios dice de si mismo- entonces el nom-

bre resulta verdaderamente significativo (cf. a.3; 1 q.1 a.7 ad 1; q.12 a.13 ad 1).

184



La naturaleza divina


C.13 a.3


ción divina (q.4 a.3). Así, pues, los nom- bres señalados expresan la sustancia divina, si bien imperfectamente, por cuanto las criaturas la representan im- perfectamente.


Por lo tanto, al decir Dios es bueno, el sentido de esta frase no es Dios es causa de bondad, o Dios no es malo, sino: Lo que llamamos bueno en las criaturas, preexiste en Dios, y siempre de modo sublime. De

todo esto no se sigue que a Dios le co- rresponda ser bueno porque cause bon-

dad, sino, mejor, al revés, porque es bueno derrama bondad en las cosas,

como dice Agustín en De Doct. Christ.9: Porque es bueno, existimos.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El Damasceno dice


que estos nombres no indican qué es Dios, porque ninguno de estos nombres expresa perfectamente qué es Dios. Pero cada uno de estos nombres lo expresa imperfectamente como imperfectamente lo representan las criaturas.


2. A la segunda hay que decir: En la significación de los nombres, una cosa

es su significado original, y otro el sig- nificado que se le da al aplicarlo. Ejem- plo: La palabra piedra (lapis) original- mente significa que lesiona el pie (laedit pedem), sin embargo, al utilizar tal pala-




bra, no le estamos dando el significado de lo que lesiona el pie (laedens pedem), sino que con ella expresamos una especie de cuerpo, en caso contrario, cualquier cosa que lesiona el pie sería piedra.


Así, pues, hay que decir: Aquellos nombres tienen su origen en la partici- pación de la divinidad, pues las criaturas representan a Dios aunque imperfecta- mente, según el grado de participación. Así, nuestro entendimiento conoce y lla- ma a Dios según el grado de participa- ción. Sin embargo, estos nombres no designan las mismas participaciones divi- nas, como si al decir Dios es viviente, su sentido fuera la vida proviene de El, sino que designan el mismo principio de las cosas, esto es, la vida preexiste en El, por supuesto que siempre de un modo más sublime a como se le entiende o ex- presa.


3.


A la tercera hay que decir: En esta vida no podemos conocer la esencia de Dios tal cual es en sí misma, pero la co-


nocemos tal como está representada en las perfecciones de las criaturas. Y así la expresan los nombres que le damos.


ARTICULO 3


¿Hay o no hay algún nombre que se diga de Dios en sentido propio?


In Sent. 1 d.4 q.1 a.1; d.22 a.2; d.35 a.1 ad 2; Cont.


Gentes 1, 30; De Pot. q.7 a.5.


Objeciones por las que parece que no hay ningún nombre que se diga de Dios en sentido propio:


1. Como se ha dicho anteriormente (a.1), todos los nombres que damos a Dios son aceptados por las criaturas. Pero los nombres de las criaturas que se dan a Dios tienen sentido metafórico, como cuando se dice: Dios es piedra o león, y otros parecidos. Luego todos los nombres que se dan a Dios tienen senti- do metafórico.


2.


Más aún. No puede darse en sen- tido propio ningún nombre a alguien cuando más auténtico es negárselo que aplicárselo. Pero todos los nombres como bueno, sabio y similares, es más auténtico negárselos que aplicárselos a Dios, como aparece en Dionisio, c.2 De Cael. Hier.10 Luego ninguno de estos nombres es dado a Dios en sentido pro-


pio.


3. Todavía más. Los nombres de cuerpos no se dan a Dios más que en sentido metafórico, puesto que es incor- póreo. Pero todos los nombres que esta- mos usando, implican condiciones cor- porales, como el tiempo, la composi- ción, etc., que son condiciones de los cuerpos. Luego todos estos nombres son dados a Dios en sentido metafórico.


En cambio está lo que dice Ambro- sio en el c. II De Fide


11: Hay nombres que expresan la realidad divina de forma evidente; otros que expresan la inapelable verdad de la majestad divina; y hay otros nombres que son dados a Dios por razón de semejanza. Así, pues, no todos los nombres son dados a Dios en sentido metafórico, sino que al-

gunos le son- dados en sentido propio.






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