Santo tomas de aquino



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C.10 a.1


Sobre la eternidad de Dios

153



ARTICULO 1

¿Es o no es correcto definir la


eternidad como la posesión total, simultánea y completa de la vida


interminable?


In Sent. 1 d.8 q.2 a.1; In De Div. Nom. 10 lect.3; In


Phys. 4 lect.18 n.5; De causis lect.2.


Objeciones por las que parece que no es correcto definir la eternidad como lo hace Boecio en V De consolatione


1


al decir: la eternidad es la posesión total, simul- tánea y completa de la vida interminable.


1.


Lo interminable tiene sentido ne- gativo Pero lo negativo no es aplicable más que a lo deficiente. A la eternidad no le corresponde lo deficiente. Luego en la definición de eternidad no debe en- trar el término interminable.


2. Más aún. La eternidad tiene cier- to sentido de duración. La duración afecta más al ser que a la vida. Luego en la definición de eternidad no debe entrar el término vida, sino, más bien, el térmi-


no ser.

3.



Todavía más. Se llama todo a lo que tiene partes. La eternidad, por ser simple, no admite partes. Luego no es correcto decir total.


4. Aún más. Muchos días y muchos tiempos no pueden existir simultánea- mente; pues se dice en Miq 5,2: Su origen

está en el principio, en los días eternos; y en Rom 16,25: Siguiendo la revelación de los misterios guardados en el silencio desde los tiempos eternos. Luego la eternidad no es

total y simultánea.


5. Y también. Todo y completo es lo mismo. Así, pues, establecido el total sobra añadir completa.


6.


Por último. La posesión no cua- dra con la duración. Pero eternidad im- plica cierta duración. Luego la eternidad no es posesión.


Solución. Hay que decir: Así como lle- gamos al conocimiento de lo simple par- tiendo de lo compuesto, así también lle- gamos al conocimiento de eternidad par-

tiendo del tiempo, que no es más que el número de movimiento según el antes y el des- pués2. Como en todo movimiento hay




sucesión, y una de sus partes viene des- pués de la otra, contando el antes y el después del movimiento, conseguimos la


noción de tiempo, que no es más que el número de lo anterior y de lo posterior en el movimiento. En cambio, en lo que carece de movimiento no es posible dis- tinguir un antes y un después, ya que siempre está del mismo modo. Así, pues, como el concepto de tiempo con- siste en la numeración de lo anterior y de lo posterior en el movimiento, así el concepto de eternidad consiste en la concepción de la uniformidad de lo que está absolutamente exento de movimien- to. Además, se dice que son cronometra- bles aquellas cosas que en el tiempo tie- nen principio y fin, como consta en el IV Physic.3 Esto es así porque en todo lo que se mueve hay algún principio y algún final; mientras que en lo comple- tamente inmutable, como no hay suce- sión, tampoco puede haber principio ni fin. Así, pues, entendemos la eternidad partiendo de dos aspectos. El primero, referido a lo que se da en la eternidad y que es interminable, esto es, carente de principio y de fin (a lo cual se refiere el término). El segundo, referido a la misma eternidad como carente de sucesión, esto es, siendo toda ella simultaneidad.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Es costumbre defi- nir lo simple por negación. Ejemplo: El punto es aquello que no tiene partes. Y esto es así no porque la negación sea esencial


a lo simple, sino porque nuestro enten- dimiento, que primero comprehende lo compuesto, no puede llegar al conoci- miento de lo simple más que siguiendo un proceso de eliminación de lo com- puesto.


2.


A la segunda hay que decir: Lo que es verdaderamente eterno no sólo es ser, sino viviente; y el mismo vivir compren-

de en cierto modo la acción, no así el

ser. De esta manera, la amplitud de la duración más bien parece que deba to- marse de la acción más que del ser. De

ahí que el tiempo sea el número del mo- vimiento.




3.


A la tercera hay que decir: La eter- nidad es llamada total no porque tenga partes, sino porque nada le falta.


4.


A la cuarta hay que decir: Así como a Dios, que es incorpóreo, en la Escritu-

ra se le aplican metafóricamente nom-




1. L.5, prosa 6: ML 63,858; cf. l.3, prosa 2: ML 63,724.

2. ARISTÓTELES, Phys. 4, c.11


n.12 (BK 220a25).


3. ARISTÓTELES, c.12 n.13 (BK 221 b28): S. Th. lect.20 n.6.



154


La naturaleza divina


C.10 a.2


bres de las cosas materiales, asi a la eter- nidad, que es totalidad simultánea, se le aplican nombres de las realidades tempo- rales sucesivas.


5.


A la quinta hay que decir: En el tiempo hay que considerar dos aspectos. Uno, el tiempo en sí mismo, que es suce-

sivo. Otro, el ahora del tiempo que es in- completo. A la eternidad se la llama tota- lidad simultánea para eliminar el tiempo; y completa para excluir el ahora del tiempo.




6.


A la sexta hay que decir: Lo que se posee, se tiene firmemente y seguro. Para designar la inmutabilidad e indefec- tibilidad de la eternidad, se usa la pala- bra posesión.


ARTICULO 2 Dios, ¿es o no es eterno?


In Sent. 1 d.19 q.2 a.1; Cont. Gentes 1 c.15; Compend. Theol. c.5.7.8


Objeciones por las que parece que Dios no es eterno:

1. Nada de lo hecho es atribuible a Dios. Pero la eternidad es algo hecho. Dice Boecio




4: El ahora que fluye hace el tiempo; el ahora que permanece hace la eterni- dad. Y Agustín en el libro Octoginta trium quaest.5: Dios es el autor de la eternidad. Luego Dios no es eterno.


2. Más aún. Lo que es anterior y posterior a la eternidad no puede ser medido por la eternidad. Pero Dios es anterior a la eternidad, tal como se dice

en el libro De Causis6; y posterior a la eternidad, como se dice en Ex 15,18: El Señor reinará eternamente y aún más. Luego a Dios no le corresponde ser eterno.




3. Todavía más. La eternidad es una cierta medida. Pero a Dios no le corres- ponde ser medido. Luego no le compete ser eterno.


4.


Por último. En la eternidad no hay presente, pasado ni futuro, ya que es totalidad simultánea, como quedó dicho (a.l). Pero en la Escritura se dicen de


Dios cosas en presente, pasado y futuro. Luego Dios no es eterno.


En cambio está


a


lo que dice Atana- sio7: El Eterno Padre, el Eterno Hijo, el Eterno Espíritu Santo.


Solución al problema. Hay que decir: El concepto de eternidad se deriva de la inmutabilidad, como el de tiempo del movimiento, según ha quedado dicho (a.1). Como quiera que Dios es lo más inmutable, a El le corresponde en grado máximo ser eterno. No sólo es eterno, sino que es su misma eternidad. Por otra parte, ninguna otra cosa es su propia duración, porque ninguna es su propio ser. Dios es su mismo ser uniforme. Por lo cual, lo mismo que es su esencia, así también es su eternidad.


Respuesta a las objeciones. 1. A la primera hay que decir: Según nuestro


modo de entender, el ahora permanente hace eternidad. Del mismo modo que nuestra noción de tiempo la provoca nuestra percepción del fluir del ahora, la noción de eternidad la provoca nuestra idea del ahora permanente. Lo que dice Agustín8, Dios es autor de la eternidad, debe entenderse de la eternidad partici- pada. De hecho, Dios comunicó a algu- nos su eternidad como también su inmu- tabilidad.


2.


A la segunda hay que decir: La res- puesta a esta objeción resulta evidente después de lo dicho. Pues, decir que

Dios existe antes de la eternidad, se en- tiende que se trata de la eternidad parti- cipada en las criaturas inmateriales. De

ahí que en el mismo texto9 se diga que

la inteligencia se equipara a la eternidad. Lo que dice en el Éxodo (16,18): El Señor reinará eternamente y aún más, según otra versión, allí eterno es igual a siglo. Por

eso se dice que reinará aún más porque

su reino dura más que cualquier siglo, es

decir, más que cualquier duración esta- blecida. El siglo no es más que el perío-


4. De Trin. c.4: ML 64,1253.

5. Q.23: ML 40,16.


6. § 2 (BA 165.4): S. Th. lec-


t.2.

7. In Symbolo Quicumque: MG 28,1581. Cf. MA 2,1354; DZ 39.

8. Octoginta trium




Quaest. q.23: ML 40,16.

9. L. De Causis § 2 (BA 165.5): S. Th. lect.2.




a. La autoridad aducida por Santo Tomás se lee en el símbolo «Quicumque», atribuido a San Atanasio (295-373), que alcanzó tanta autoridad en la Iglesia hasta entrar en el uso litúrgi- co y aceptarse como expresión de la verdadera fe. La crítica moderna ha esclarecido que su autor no es San Atanasio (cf. MANSI II 354; ML 88,585; J. QUASTEN, Patrología II (Madrid 31977) p.35-37.



C.10 a.3


Sobre la eternidad de Dios

155



do de duración de una cosa, como se dice en el libro I De caelo10. También se dice que reinará eternamente y aún más, porque, de existir algo que siempre hu- biese sido, como el movimiento del cielo según algunos filósofos11, sin embargo, Dios reinará aún más en cuanto que su reino es totalidad simultánea.


3. A la tercera hay que decir: La eter- nidad no es más que el mismo Dios. Y no se dice que Dios sea eterno porque

de algún modo sea mensurable, sino que se toma el concepto de medida sólo por nuestro modo de entender.




4.


A la cuarta hay que decir: Los tiem- pos de los verbos son aplicados a Dios

en cuanto que su eternidad incluye to-

dos los tiempos, no porque El varíe por

el presente, el pasado o el futuro.




ARTICULO 3


Ser eterno, ¿es o no es propio de Dios?


In Sent. 1 d.8 q.2 a.2; 4 d.49 q.1 a.2 q.a 3 ad 3; In De Div. Nom. c.10 lect.3; Quodl. 10 q.2; De causis


lect.2.


Objeciones por las que parece que ser eterno no es propio sólo de Dios:

1. Se dice en el libro de Dan 12,3: Quienes preparan a los pueblos en la justicia




serán como estrellas en perennes eternidades. No habría muchas eternidades si sólo

Dios fuese eterno. Así, pues, no sólo

Dios es eterno.


2. Más aún. Se dice en Mt 25,41: ¡Malditos, id al fuego eterno! Así, pues, no sólo Dios es eterno.


3. Todavía más. Todo lo necesario es eterno. Pero muchas cosas son nece- sarias, como todos los principios de de- mostración y todas las proposiciones de- mostrativas. Luego no sólo Dios es eter-


no.


En cambio está lo que dice Jerónimo a Marcelo12: Sólo Dios no tiene principio. Todo lo que tiene principio no es eter- no. Luego sólo Dios es eterno.


Solución. Hay que decir: Verdadera y propiamente sólo en Dios está la eterni-


dad. Porque, tal como se dijo (a.1), la eternidad deriva de la inmutabilidad, y sólo Dios es completamente inmutable, como quedó demostrado (q.9 a.2). Sin embargo, en la medida en que algunos participan de su inmutabilidad participan también de su eternidad. Por otra parte, hay seres que obtienen de Dios la inmu- tabilidad, pues no dejarán de existir. Así, Eclo 1,4 dice que la tierra permanece tier- namente. Hay algunas cosas que, por su duración, la Escritura también las llama eternas aunque sean corruptibles. Así, el

Sal 75,5 dice: montes eternos; y en Dt 33,15: collados eternos. Otros participan en mayor grado del concepto de eternidad por ser inmutables en cuanto al ser y también en cuanto a la operación, como ocurre en los ángeles y en los santos que ya gozan de la Palabra, porque por lo que respecta a la contemplación de la Palabra, en los santos no hay pensamien- tos cambiables, como dice Agustín en XV De Trin.




13


De ahí que, de quienes con- templan a Dios, se diga que tienen la vida eterna, siguiendo aquello de Jn 17,3: Esta es la vida eterna, que conozcan, etcétera.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Se dice que hay muchas eternidades porque son muchos los que participan de la eternidad por la misma contemplación de Dios.


2.


A la segunda hay que decir: El fue- go del infierno es llamado eterno como sinónimo de interminable. Sin embargo,

puede haber cambio en las penas de los condenados, según aquello de Job 24,19: Pasarán de aguas de nieve a un calor inmenso. De ahí que en el infierno no haya autén- tica eternidad, sino tiempo más largo, se-

gún aquello del Sal 80,16: Su tiempo du-

rará por los siglos.


3.


A la tercera hay que decir: Necesario expresa un modo de la verdad. Y lo ver-

dadero está en el entendimiento, como

dice el Filósofo en VI Metaphys.


14


Así, pues, según eso, lo verdadero y lo nece- sario es eterno porque se da en el único entendimiento eterno, que es el divino. Pero de ahí no se deduce que, fuera de Dios, haya algo eterno.


10. ARISTÓTELES, c.9 n.10 (BK 279a23): S. Th. lect.21 n.9.

11. Cf. infra q.46 a.1 ad


3.5.

12. S. JERÓNIMO, Epist. 15 Ad Damasum: ML 22,357.

13. C.16: ML


42,1079.


14. ARISTÓTELES, c.4 n.1 (BK 1027b27): S. Th. lect.4 n.1230-1232.

156


La naturaleza divina


C.10 a.4


ARTICULO 4


¿Hay o no hay diferencia entre tiempo y eternidad?

Infra a.5; In Sent. 1 d.8 q.2 a.2; d.19 q.2, a.1; In De




Div. Nom. c.10 lect.3; De Pot. q.3 a.14 ad 10.18.


Objeciones por las que parece que la eternidad no es distinta del tiempo:

1.



Es imposible que puedan aplicar- se simultáneamente dos medidas de du- ración, a no ser que una sea parte de la otra. De hecho no hay simultáneamente dos días o dos horas; pero el día y la hora son simultáneos, porque la hora es parte del día. Pero la eternidad y el tiempo son simultáneos, pues ambos son cierta medida de duración. Como quiera que la eternidad no es parte del tiempo porque la eternidad incluye y sobrepasa el tiempo, parece que el tiempo es parte de la eternidad y no algo distinto de la eternidad.


2. Más aún. Según el Filósofo en el IV Physic.15, el ahora del tiempo perma- nece idéntico mientras dura. Pero esto parece ser lo constitutivo del concepto de eternidad, que es la identidad indivi- sible en el transcurrir del tiempo. Luego

la eternidad es el ahora del tiempo. Pero el ahora del tiempo no es algo sustancial- mente distinto del tiempo. Luego la eternidad no es sustancialmente distinta del tiempo.




3.


Todavía más. Así como la medida del primer movimiento es la medida de todos los movimientos, como se dice en IV Physic.16, parece que la medida del primer ser es la medida de todo ser. Pero la eternidad es la medida del pri- mer ser, que es el ser divino. Luego la eternidad es la medida de todo ser. Pero el ser de las cosas corruptibles se mide con el tiempo. Luego el tiempo o es la eternidad o algo de la eternidad.


En cambio está el hecho de que la eternidad es totalidad simultánea. En el tiempo se da lo anterior y lo posterior. Luego el tiempo y la eternidad no son lo mismo.


Solución. Hay que decir: Es evidente que el tiempo y la eternidad no son lo

mismo. El fundamento de su diversidad consiste para algunos


17


en que la eterni- dad no tiene ni principio ni fin, mientras que el tiempo sí tiene principio y fin. Pero es ésta una diferencia accidental, no esencial. Porque, aun considerando que el tiempo no hubiese tenido principio ni fuera a tener fin, como sostienen quie- nes


18


tienen por eterno el movimiento det cielo, aún se mantendría la diferencia entre eternidad y tiempo, como dice Boecio en el libro De consolat.19, porque la eternidad es totalidad simultánea, cosa que no le corresponde al tiempo; puesto que la eternidad es la medida del existir permanente, mientras que el tiempo lo es del movimiento. Sin embargo, si la anterior diferencia la aplicamos a lo me- dido, pero no a las medidas, nos encon- tramos con otra fuerza argumental; pues con el tiempo se mide sólo lo que en el tiempo tiene principio y fin, como se dice en el IV Physic.20 De ahí que, si el movimiento del cielo durara siempre, el tiempo no se mediría por su duración total, pues lo infinito no es medible; pero sí podría medirse alguna rotación que en el tiempo tiene principio y fin. Sin embargo, puede haber otra razón ar- gumental por parte de estas medidas, si se toma el fin y el principio en cuanto potencia. Porque, aun considerando que el tiempo siempre dure, sin embargo es posible señalar en el tiempo el principio y el fin siempre que tomemos alguna de sus partes, como, por ejemplo, decimos principio y fin del día o del año. Y esto no es aplicable a la eternidad. Sin em- bargo, estas diferencias presuponen lo que es la diferencia en sí misma, es de- cir, que la eternidad es totalidad simultá- nea y el tiempo no.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Aquel argumento


tendría razón de ser si el tiempo y la eternidad fueran medidas del mismo gé- nero. Pero es falso si se analiza a partir de lo medido por el tiempo y lo medido por la eternidad.


2.


A la segunda hay que decir: El ahora del tiempo es el mismo sujeto en todo el

tiempo, pero lo captamos como diferen-




15.

ARISTÓTELES, c.11 n.8 (BK 219b11); c.13 n.1 (BK 222a15): S. Th. lec-


t.18.21.




16. ARISTÓTELES, c.14 n.5 (BK 223b18): S. Th. lect.23 n.11. 17. Cf. ALEJAN- DRO DE HALES, Summa Theol. p.1 n.65 (QR 1,100).


18. Cf. infra q.46 a.1 ad 3.5 y las refe-

rencias allí indicadas.


19. L.5 prosa 6: ML 63,858.


20. ARISTÓTELES, c.12 n.13 (BK


221b28): S. Th. lect.20 n.6.



C.10 a.5


Sobre la eternidad de Dios

157



te. Pues, así como el tiempo responde al movimiento, el ahora del tiempo respon- de al móvil. El móvil es siempre el mis- mo a lo largo del tiempo, pero unas ve- ces captado estando aquí, y otras allí. Esta alternancia es el movimiento. Algo parecido le sucede al ahora, pero aten- diendo a la razón de la alternancia, que es el tiempo. La eternidad, en cambio, permanece la misma como sujeto y como realidad entendida. De ahí que la eternidad no sea lo mismo que el ahora del tiempo.


3.


A la tercera hay que decir: Así como la eternidad es la medida propia

del mismo ser, el tiempo lo es del movi- miento. Por eso, cuanto más apartado está algo de la permanencia en el ser, viéndose sometida al cambio, tanto más apartada estará de la eternidad y someti- da al tiempo. Por lo tanto, el ser de lo corruptible, que es variable, no puede ser medido por la eternidad, sino por el tiempo, ya que el tiempo mide no sólo

lo que varía realmente, sino todo lo que

es variable. De ahí que no sólo mida el movimiento, sino también lo estable, que, al fin y al cabo, es el estado de aquello que ha nacido para estar en mo- vimiento y no se mueve.




ARTICULO 5


Sobre la diferencia entre evo y tiempo


In Sent. l.1 d.8 q.2 a.2; d.19 q.2 a.1; 2 d.2 q.1 a.1; Quodl. 10 q.2; De Pot. q.3 a.14 ad 18.




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