Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que no todo ser es bueno:


1. El bien añade algo al ser, como quedó demostrado (a.1). Lo que se aña- de al ser le quita universalidad: así la sustancia, la cantidad, la cualidad. Por lo tanto, el bien quita universalidad al ser. Así, pues, no todo ser es bueno.


2. Más aún. Ningún mal es bien. Dice Is 5,20: ¡Ay de vosotros que llamáis mal al bien y bien al mal! Pero algún ser es llamado mal. Por lo tanto, no todo ser es bueno.


3.

Todavía más. El bien tiene razón de apetecible. Pero la materia prima sólo


9. ARISTÓTELES, 8 c.9 n.6 (BK 1051a31).


10. DIONISIO, De Div. Nom. c.1 § 7: MG


3,596.

11. Cf. ARISTÓTELES, Phys. 1 c.9 n.1 (BK 192a2).

12. Ib. cf. ALBERTO MAGNO,




Phys. 1,3 c.16 (BOIII,856).

13. DIONISIO, De Div. Nom. c.4 § 1: MG 3,816: S. Th. lect.3.



130


La naturaleza divina


C.5 a.4


tiene razón de apetecible. Luego la ma- teria prima no tiene razón de bien. Así, pues, no todo ser es bueno.


4.

Por último. El Filósofo en III Metaphys.


14


dice que en las matemáticas no hay bien. Pero las matemáticas son en cierto modo seres. De no serlo, no serían ciencia. Por lo tanto, no todo ser es bueno.


En cambio, todo ser que no es Dios

es criatura de Dios. Pero como dice 1

Tim 4,4: Toda criatura de Dios es buena. Y Dios es el sumo bien. Luego todo ser es bueno.


Solución. Hay que decir: Todo ser, en cuanto ser, es bueno. Pues todo ser, en cuanto ser, está en acto, y de algún modo es perfecto porque todo acto es alguna perfección. Lo perfecto tiene ra- zón de apetecible y de bien, como quedó demostrado (q.5 a.1). Consecuentemen- te, todo ser, en cuanto tal, es bueno


c. Respuesta a las objeciones: 1. A la


primera hay que decir: La sustancia, la can- tidad, la cualidad, y lo que en ellas se contiene,


quitan universalidad al ser adaptándolo a una naturaleza determina- da. Pero el bien no añade algo al ser, sino tan sólo la razón de apetecible y de perfección, lo cual le corresponde al ser en cualquiera de sus estados. Consecuen- temente, el bien no quita universalidad


al ser.

2.




A la segunda hay que decir: Ningún ser en cuanto ser es malo, sino en cuan- to que está privado de algo. Ejemplo: Se llama malo al hombre que está privado

de virtud; o se llama malo al ojo que

está privado de la capacidad de visión.


3.


A la tercera hay que decir: La mate- ria prima, como quiera que no es ser

más que en potencia, así también no es bien más que en potencia. Aunque, se-

gún los Platónicos, puede decirse que la materia prima es no-ser porque le falta

algo de lo que está privado de por sí, sin embargo, participa algo del bien, esto es, por su ordenación y aptitud para el bien. Por eso no es apetecible, sino que tiende a apetecer.




4.


A la cuarta hay que decir: Las ma- temáticas no existen como realidades in- dependientes, pues, de ser así, tendrían en ellas mismas algún fin que sería su mismo existir. Las matemáticas son in- dependientes según el entendimiento, pues son abstraídas del movimiento y de

la materia; de este modo también son abstraídas de la razón de fin, que tiene sentido de motor. No hay inconvenien-

te, pues, para que en algún ser en el or- den del entendimiento no esté el bien o

la razón de bien. Ya se ha dicho (q.5 a.2) que, conceptualmente, el ser es ante-

rior al bien.


ARTICULO 4


¿Tiene o no tiene el bien razón de causa final?


d


In Sent. 1 d.34 q.2 a.u. ad 4; De Verit, q.21 a.1.2; Cont. Gentes 1 40; In De Div. Nom. c.1 lect.3; In


Phys. lect.5.


Objeciones por las que parece que el bien no tiene razón de causa final, sino más bien de las otras:


1.


Dice Dionisio en el c.4 De Div. Nom.15: Se canta al bien por bello. Pero lo


14. ARISTÓTELES, 2 c.2 n.2 (BK 996b1): S. Th. lect.4 n.375.

15. § 7: MG 3,701.




c. Queda así afirmada la bondad radical de todo ser. No hay nada ni nadie que sea total- mente malo. Ni nada o nadie tan malo que en el fondo no sea bueno. No hay mal sin bien. El mal necesita siempre un bien como soporte. Afirmación directamente contraria al dualismo maniqueo. Y un principio de optimismo.


d. Artículo clave de la cuestión. El concepto de bien implica un análisis de la causalidad. Y la respuesta es precisa: «El bien tiene razón de causa final, pero presupone la razón de causa eficiente y de causa formal». Tiene razón de causa final porque su influjo es de atracción, no de empuje. Presupone la causalidad eficiente porque, atrayendo, mueve al agente a ponerse en camino hacia la consecución de lo que se apetece. Presupone la causa formal porque, una vez conseguido, el agente se posesiona de tal forma del bien que llega a identificarse con él. De esta manera, el bien implica un triple dinamismo: atracción o apetibilidad, ser deseado (c. final); dirección hacia, camino hacia (c. eficiente); identificación o posesión (c. formal). De estos tres, lo que primero y principalmente se llama bien es la razón de «ser apetecible» (a.1) y, por tanto, en la línea de una causalidad final. Subrayar esto equivale a decir que el bien (fin) determina la acción y explica la transformación o adquisición de una nueva forma.



C.5 a.5


Sobre el bien en general

131

bello tiene razón de causa formal. Por lo tanto, el bien tiene razón de causa for-

mal.



2. Más aun. El bien tiende a expan- dirse, por lo que se deduce de Dionisio cuando dice16: El bien es aquello en lo que todo es y subsiste. Pero la tendencia a ex- pandirse tiene razón de causa eficiente. Por lo tanto, el bien tiene razón de cau- sa eficiente.


3. Más todavía. Dice Agustín en I De Doctr. Christ.17: Porque Dios es bueno, existimos. Pero nosotros venimos de Dios como de la causa eficiente. Por lo tanto, el bien tiene razón de causa efi- ciente.


En cambio está lo que dice el Filóso-

fo en el II Physic.18: Aquello por lo que algo existe es como su fin y su bien. Por lo tanto, el bien tiene razón de causa final.




Solución. Hay que decir: Como quiera que el bien es lo que todos apetecen, y esto tiene razón de fin, resulta evidente que el bien tiene razón de fin. Sin em- bargo, la razón de fin presupone la ra- zón de causa eficiente y de causa formal. Pues observamos que lo primero que se da en el causante es lo último que se da en lo causado. Ejemplo: El fuego calien- ta los cuerpos antes de infundirles la for- ma de fuego; sin embargo, el calor se deriva de la forma sustancial del fuego. Así, pues, en la causalidad encontramos primero el fin y el bien que impulsan la


causa eficiente; segundo, la acción que im- pulsa la consecución de la forma; tercero,

la llegada de la forma. Por su parte, en

lo causado hay que invertir el orden. Primero, la forma por la que es ser; segun- do, la fuerza efectiva por la que se con- vierte en ser perfecto (como dice el Filó- sofo en IV Meteor.19, nada hay perfecto

si no puede hacer algo semejante a sí mismo); tercero, la razón de bien por la que en el ser se fundamenta la perfec- ción.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Lo bello y el bien


son lo mismo porque se fundamentan en lo mismo, la forma. Por eso se canta al bien por bello. Pero difieren en la razón. Pues el bien va referido al apetito, ya que es bien lo que todos apetecen. Y así, tiene razón de bien, pues el apetito es como una tendencia a algo. Lo bello, por su parte, va referido al entendimien- to, ya que se llama bello a lo que agrada a la vista. De ahí que lo bello consista en una adecuada proporción, porque el sentido se deleita en las cosas bien pro- porcionadas como semejantes a sí, ya que el sentido, como facultad cognosci- tiva, es un cierto entendimiento. Y como quiera que el conocimiento se hace por asimilación, y la semejanza va referida a la forma, lo bello pertenece propiamente a la razón de causa formal.


2.


A la segunda hay que decir: El bien tiende a expandirse del mismo modo que el fin a impulsar


e.

3. A la tercera hay que decir: Todo lo




que tiene voluntad se dice que es bueno en cuanto tiene buena voluntad; pues por la voluntad disponemos de todo lo que hay en nosotros. Por eso no se lla- ma hombre bueno al inteligente, sino al que tiene buena voluntad. Por su parte, la voluntad va referida al bien como a su fin y objeto propio. Así, al decir por- que Dios es bueno existimos


20, hay que refe-

rirlo a la causa final.




ARTICULO 5


El concepto de bien, ¿consiste o no consiste en el modo, la especie y el


orden?

1-2 q.85 a.4; De Verit. q.21 a.6.




Objeciones por las que parece que el concepto de bien no consiste en el modo, la especie y el orden:


16. DIONISIO, De Div. Nom. c.4 § 4: MG 3,700.

17. C.32: ML 34,32.




18. ARIS- TÓTELES, c.3 n.5 (BK 195a23): S. Th. lect.5 n.11. 19. ARISTÓTELES, c.3 n.1 (BK 380a12): S. Th. lect.9 n.347.


20. S. AGUSTÍN, De Doct. Christ. 1 c.32: ML 34,32.


e. Santo Tomás asume repetidas veces el principio neo-platónico de que «el bien es de suyo difusivo». Aquí aclara que, si lo es, lo es por ser causa final (cf. 1-2 q.1 a.4 ad 1). La diferencia entre la c. eficiente y la final está en que aquélla mueve empujando (físicamente) y ésta mueve atrayendo (moralmente). Esto último es lo que pasa con el bien. Una persona buena no necesita imponerse: testifica por si misma, atrae y contagia, se expande y multiplica, no a fuerza de pa- labras sino por la fuerza de su propia bondad. Cf. no obstante la nota a 1 q.19 a.2.

132



La naturaleza divina


C.5 a.5


1. Como se ha dicho (a.1), el bien y

el ser difieren conceptualmente. Pero pa-

rece que el modo, la especie y el orden pertenecen al concepto de ser, porque, como dice Sab 2,21: todo lo dispusiste en su número, peso y medida; y estas tres cosas se reducen al modo, la especie y el orden. Dice Agustín en IV Super Gen. ad litte- ram


21: La medida establece el modo de todo; el número le proporciona la especie, y el peso le transmite reposo y estabilidad. Por lo tan- to, el concepto de bien no consiste en el modo, la especie y el orden.


2. Más aún. El modo, la especie y el orden son ciertos bienes. Si el concepto de bien consiste en el modo, la especie y el orden, el modo tendría modo, especie y orden; lo mismo sucedería con la espe- cie y el orden. Consecuentemente, entra- ríamos en un proceso indefinido.


3. Todavía más. El mal es privación de modo, especie y orden. Pero el mal no aniquila totalmente el bien. Por lo tanto, el concepto de bien no consiste en el modo, especie y orden.


4. Aún más. Aquello en que consis- te el bien no puede ser llamado malo. Pero se dice mal modo, mala especie, mal orden. Por lo tanto, el concepto de bien no consiste en modo, especie y or-


den.


5. Por último. El modo, la especie y el orden son causados por el peso, el nú- mero y la medida, tal como nos consta por la autoridad de Agustín en lo di- cho


22. No obstante, no todos los bienes tienen peso, medida y número, pues dice Ambrosio en Hexaemeron


23: La naturale- za de la luz ha sido creada sin número, sin


peso, sin medida. Por lo tanto, el concepto de bien no consiste en modo, especie y orden.


En cambio está lo que dice Agustín en el libro De Natura Boni


24: El modo, la especie y el orden, estos tres, se encuentran en las cosas hechas por Dios como bienes genera- les. Así, donde están los tres grandes, grandes son los bienes; donde pequeños, pequeños bie- nes. Donde ni grandes ni pequeños, ningún bien. Esto no sería así si en ellos no con-

sistiera el concepto de bien. Por lo tan-

to, el concepto de bien consiste en

modo, especie y orden.




Solución. Hay que decir: Algo es bien en cuanto es perfecto, por esto es apete- cible como se dijo (a.1 ad 3). Y se dice perfecto a aquello que en lo correspon- diente a su perfección no le falta nada. Como quiera que todo es lo que es por su forma, hay cosas que presuponen la forma, y otras que se siguen de ella. Así, para que algo sea perfecto y bueno re- quiere tener, además de la forma, lo que ésta presupone y lo que de ella se sigue. La forma presupone la adaptación de los principios tanto materiales como eficien- tes. A esto le llamamos modo; por eso se dice


25


que la medida establece el modo. Y la misma forma es llamada especie, porque

por la forma algo queda constituido en especie. Por esto se dice que el número proporciona la especie. Porque las defi-




niciones determinantes de la especie son como los números, según dice el Filóso- fo en VII Metaphys.26 porque, así como

la suma o la resta de una unidad hace variar la especie del número, así tam- bién, si se añade o se quita una diferen- cia, varía la definición. De la forma se deriva la tendencia al fin, a la acción y a otras cosas, porque lo que está en acto obra y tiende a lo que le resulta benefi- cioso respecto a la forma. Esto es lo que corresponde al peso y al orden. De ahí que el concepto de bien, atendiendo a la per- fección, consista también en el modo, la especie y el orden.




Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El modo, la especie


y el orden no acompañan al ser sino en cuanto que es perfecto. Por eso es bueno.

2.




A la segunda hay que decir: El modo, la especie y el orden son llama-

dos buenos y seres de la misma manera.

No porque sean como subsistentes, sino porque por ellos otros son seres y bue-

nos. Por eso no es necesario que tengan

otras cosas por las que son buenos. Pues

no se les llama buenas porque formal-

mente sean buenas por otras cosas, sino porque otras cosas son formalmente buenas por ellas. Ejemplo: La blancura

es llamada ser no porque lo sea por algo,

sino porque hay cosas que por ella ad- quieren su accidentalidad: el blanco.


3.


A la tercera hay que decir: Cada

21. C.3:ML 34,299.


22. Ib.

23. 1 c.9: ML 14,154.

24. C.3: ML 42,553.


25. S.

AGUSTÍN, De Gen. ad Litt. 4 c.3: ML 34,299.

26. 7 c.3 n.8 (BK 1043b34): S. Th. lect.3


n.1722-172.



C.5 a.6


Sobre el bien en general

133



manera de ser tiene su forma; por eso, todo ser tiene su modo, especie y orden. Así, el hombre, en cuanto hombre, tiene modo, especie y orden. Igualmente lo tiene por cuanto es blanco, sabio, vir- tuoso o cualquier otra cosa. En cambio, el mal priva de algún ser, como la ce- guera priva de la vista; pero no por eso aniquila del todo el modo, la especie y el orden, sino sólo el modo, la especie y el orden que le corresponde al ser de la vista.


4. A la cuarta hay que decir: Como es- cribe Agustín en el libro De Natura Boni


27: Todo modo, en cuanto modo, es bueno (lo mismo puede decirse de la especie y

del orden); pero el mal modo, la mala espe- cie y el mal orden o se llaman así porque no alcanzan el grado que deberían tener, o porque se aplican a cosas a las que no se los puede aplicar. Y así se llaman malos porque son extraños o ajenos.




5.


A la quinta hay que decir: Que la naturaleza de la luz no tenga número,

peso ni medida, no se dice en sentido absoluto, sino por comparación a lo cor- poral, porque la fuerza de la luz llega a todo lo corporal en cuanto es cualidad activa del primer cuerpo que puede alte- rar, esto es, del firmamento.




ARTICULO 6


¿Es o no es adecuado dividir el bien en honesto, útil y deleitable?


f

2-2 q.145 a.3; In Sent. 2 d.21 q.1 a.3; In Ethic. 1 lect.5; 8 lect. 2.3.




Objeciones por las que parece que no es adecuado dividir el bien en hones- to, útil y deleitable:


1. Como dice el Filósofo en I Ethic.28, el bien se encuentra en los diez predica- mentos. Pero lo honesto, útil y deleita-


ble puede ser encontrado en uno sólo. Por lo tanto, no es adecuado dividir el bien en éstos.


2. Más aún. Toda división se hace por opuestos. Pero estos tres no parecen ser opuestos, pues lo honesto es deleita- ble y nada deshonesto es útil (sin embar- go, debería serlo, si la división se hiciera por opuestos para que se opusiera lo ho- nesto a lo útil). Esto mismo dijo Tulio en el libro De officiis


29. Por lo tanto, tal división no es adecuada.


- 3. Todavía más. Donde hay uno porque hay otro, sólo hay uno. Pero lo útil no es bueno a no ser porque tam- bién es deleitable y honesto. Por lo tan- to, lo útil no debe dividirse por opuesto a lo deleitable y honesto.


En cambio está el hecho que Am- brosio en el libro De officiis

30


utiliza esta

división de bien.



Solución. Hay que decir: Parece que


esta división propiamente es la del bien humano. Sin embargo, si se considera la razón de bien de forma más elevada y universal, encontramos que esta división propiamente corresponde al bien en cuanto bien. Pues el bien es algo en cuanto es apetecible y es fin de la ten- dencia del apetito. El fin de la tendencia del apetito puede ser considerado en su comparación al movimiento del cuerpo físico. El movimiento del cuerpo físico termina definitivamente en lo último; y en su marcha a lo último, también ter- mina de alguna manera en los puntos in- termedios, y éstos son llamados términos en cuanto que en ellos termina una parte del movimiento. El último término tiene que ser entendido bajo dos aspectos: 1) Uno, como aquello a lo que uno se dirige, como puede ser un lugar a una forma; 2) otro, como reposo en aquello. Así, lo que es apetecido como medio para conseguir el fin último de la ten-


27. C.22: ML 42,558.

28. C.6 n.2 (BK 1096a19): S. Th. lect.6 n.79.


29. CICERÓN,




De Officiis, l.2 c.3 (DD 4,463).

30. L.1 c.9: ML 16,35.




f. Se ofrece aquí una división que alcanza gran importancia a la hora de valorar la morali- dad de los actos humanos. Si se considera el bien en su condición de ser, se divide en diez pre- dicamentos, como todas las cosas; pero si se atiende formalmente a su cualidad de bien, se divi-

de en honesto, útil y deleitable (ad 1). No es una división unívoca, sino proporcionalmente análo- ga, de suerte que el contenido del bien se predica primera y principalmente del honesto (ad 3). Honesto no hay que entenderlo como la condición de ser conforme a las reglas morales (cf. 1-2 q.18), e.d. como contrapuesto a des-honesto (cf. ad 2). Honesto se dice aquí del bien que «se desea por sí mismo y por ello es meta y límite último del movimiento apetitivo» (cuerpo).



134



La naturaleza divina


C.6 a.1


dencia del apetito, se llama útil; y lo que es apetecido como fin último de la ten- dencia del apetito, se llama honesto, por- que se llama honesto a aquello que es apetecido por lo que es. Aquello en lo que termina la tendencia del apetito, es decir, la consecución de lo buscado, es el deleite.




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