Santo tomas de aquino



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Objeciones por las que parece que en Dios hay composición de forma y de materia:

1.



Todo lo que tiene alma está com- puesto de materia y forma; puesto que el

alma es la forma del cuerpo. Pero la Es- critura atribuye existencia de alma en Dios, cuando en Heb 10,38 introduce a propósito de la persona del Hijo: Mi jus-



to vive de la fe, pero si se aparta de mí no tendrá la complacencia de mi alma. Por lo tanto, Dios está compuesto de materia y forma.


2. Más aún. La ira, la alegría, etc., son pasiones propias de un ser compues- to, tal como se dice en I De Anima


2. Pero en la Escritura a Dios se le atribu- yen estas cosas, pues dice el Sal 105,40:

El Señor, airado, volcó su ira contra su pue- blo. Por lo tanto, Dios está compuesto

de materia y forma.




3.


Todavía más. La materia es el principio de individuación. Pero Dios aparece como ser individual, pues su ser no se aplica a muchos. Luego está com- puesto de materia y forma.


1. § 5: MG 3,913.

2. ARISTÓTELES, c.1 n.9 (BK 403a3): S. Th. lect.2 n.22.




c. Materia prima y forma sustancial son elementos constitutivos de todo ser corpóreo, de acuerdo a la metafísica aristotélica. Dos sustancias incompletas que no pueden subsistir por se- parado. Unidas forman el ser. La materia es el primer substráete, indeterminado, imperfectísi- mo y en el máximo grado de potencialidad (1 q.4 a.1). La forma es aquello por lo que la mate- ria se determina en su especie y alcanza su perfección como ser (1 q.76 a.4). Según esto, todo cuerpo, y solamente el cuerpo, es un compuesto de materia y forma. Ahora bien, algunos auto-

res, p.ej. Ibn Gebirol (Avicebron) ca.1058, habían llegado a defender que incluso los ángeles tenían tal composición (1 q.50 a.2). De ahí que se interrogue si Dios, a pesar de no ser cuerpo

(a.1) es un compuesto (cf. nota al a.5, obj.2).


La figura de Avicebron resultó enigmática para los escolásticos, que a veces le creyeron fi- lósofo árabe, a veces cristiano. Sólo más tarde se identificó su origen judío (I. HUSIK, A history of medioeval jewish philosophy, New York 1958).

116



La naturaleza divina


C.3 a.3


En cambio, todo compuesto de ma- teria y forma es cuerpo. La cantidad es una dimensión propia de la materia. Pero Dios no es cuerpo, como quedó demostrado (a.l). Por lo tanto, Dios no está compuesto de materia y forma.


Solución.


Hay que decir: Es imposi- ble que Dios sea materia. 1) Primero, porque la materia es lo que está en po- tencia. Pero se ha demostrado (a.l) que Dios es puro acto sin ningún tipo de potencialidad. De ahí que sea imposible que Dios sea un compuesto de materia y forma. 2) Segundo, porque todo com- puesto de materia y forma es perfecto y bueno por su forma; de ahí que sea bue- no por participación, por cuanto la mate- ria participa de la forma. Pero lo que es bueno y óptimo, Dios, no es bueno por participación, puesto que lo bueno por esencia es anterior a lo bueno por parti- cipación. De ahí que sea imposible que Dios sea un compuesto de materia y for- ma. 3) Tercero, porque todo el que ac- túa, lo hace por su forma. La relación de un ser con su obrar está determinada por su relación con la forma. Pero el ser que es el primero y que obra por su propia naturaleza, también será el prime- ro como forma y por su propia naturale-

za. Como quiera que Dios es el primer agente, por cuanto es la primera causa eficiente, tal como se demostró (q.2 a.3),

se concluye que es también por esencia su forma y no un compuesto de materia y forma.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Atribuir alma a


Dios se hace por semejanza con el acto. Porque al querer algo nosotros, lo que- remos por nuestra alma; de ahí que se diga que algo complace el alma de Dios porque es conforme a su voluntad.


2.


A la segunda hay que decir: Atribuir la ira y cosas parecidas a Dios se hace

por su semejanza con el efecto. Porque propio de la ira es castigar; de ahí que

su castigo sea llamado metafóricamente


ira.

3.




A la tercera hay que decir: Las for- mas que se dan en la materia, se indivi- dualizan por la materia que, por ser pri- mer sujeto y fundamento, no puede ser

de otro. La forma, por su parte, en




cuanto tal, a no ser que algo lo impida, sí puede darse en otros muchos. Pero aquella forma que no se individualiza por la materia, sino que se fundamenta en sí misma, se individualiza a sí misma no pudiéndose dar en otro. Esta es la forma propia de Dios. De donde no se concluye que tenga materia.


ARTICULO 3


Dios, ¿es o no es lo mismo que su esencia o naturaleza?


q.50 a.2 ad 3; q.54 a.3 ad 2; In Sent. 1 d.34 q.1 a.1; Compend. Theol. 10; Cont. Gentes 1 21; Quodl. 2 q.2 a.2.


Objeciones por las que parece que Dios no es lo mismo que su esencia o naturaleza:


1. Nada está en sí mismo. Pero la esencia o naturaleza de Dios, la deidad, se dice que está en Dios. Por lo tanto, parece que Dios no es lo mismo que su esencia o naturaleza.


2. Más aún. El efecto se parece a su causa; porque el que obra hace lo seme- jante a sí mismo. Pero en las cosas crea- das no es lo mismo el supuesto que su naturaleza; pues no es lo mismo el hom- bre que su humanidad. Por lo tanto, tampoco Dios es lo mismo que su dei-


dad.


En cambio


3, de Dios se dice que es vida y no sólo que es viviente, como queda claro en Jn 14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. De este modo, lo que es la vida para el viviente, es la deidad para Dios. Por lo tanto, Dios es la mis- ma deidad.


Solución. Hay que decir: Dios es lo mismo que su esencia o naturaleza. Para entender esto hay que saber que en las cosas compuestas de materia y forma es necesario que se distingan la esencia o naturaleza y el supuesto. Porque la esen-

cia o naturaleza comprehende todo lo que entra en la definición de la especie. Así, humanidad comprehende en sí misma lo que entra en la definición de hombre. Pues, decir este hombre es hombre, significa decir humanidad, esto es, aquello por lo que el hombre es hombre. Pero la mate- ria individual, con todos los accidentes




3. En el texto original, y dentro de la estructura del artículo, el sed contra figura aquí sólo diciendo contra. Ver nota 36 a la cuestión 58. (N. del T.)



C.3 a.4


Sobre la simplicidad de Dios

117



propios de su individuación, no entra en la definición de la especie; pues en la de- finición de hombre no entran esta carne o estos huesos, o esta blancura o esta negritud, etc. De donde se sigue que esa carne y esos huesos y otros accidentes que determinan una materia, no entran en la definición de humanidad. Y, sin embargo, sí entran en lo que es el hom- bre; de ahí que lo que es el hombre in- cluye algo que no incluye la humanidad. Por eso no es totalmente idéntico hom- bre y humanidad, sino que por humani- dad hay que entender lo formal del hombre, pues los principios que la defi- nen son el aspecto formal con relación a la materia que individualiza.


Así, pues, en aquellas cosas que no están compuestas de materia y forma, en las cuales la individuación no se da por la materia propia, esto es, por esta mate- ria determinada, sino que se individuali- zan por su misma forma, es necesario que la misma forma sea su principio subsistente. De ahí que en ellas no haya diferencia entre supuesto y naturaleza. De este modo, como Dios no es com- puesto de materia y forma, como quedó demostrado (a.2), es necesario que Dios sea su deidad, su vida y cualquier otra cosa que en este sentido se diga de Dios.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: No podemos hablar


de las cosas simples sino como lo hace- mos de las compuestas, que son la base de nuestro conocimiento. Así, al habla de Dios, hacemos uso de nombres con- cretos para dar a entender su subsisten- cia, pues para nosotros no subsisten más que los compuestos; o hacemos uso de nombres abstractos para dar a entender su simplicidad. Por eso, cuando se dice que la deidad, o la vida, o algo parecido están en Dios, tal distinción se encuentra en nuestro modo de entender y no se debe a que haya una distinción real.


2.


A la segunda hay que decir: Los efectos de Dios son imitación suya, no perfecta, sino limitada. Esto es así por- que lo que es uno y simple no puede ser representado más que en formas múlti- ples; al ser múltiples, son compuestas; y

por ser compuestas no es lo mismo en ellas el supuesto que la naturaleza.




ARTICULO 4


En Dios, ¿es o no es lo mismo su esencia y existencia?


De ente et ess. c.5; In Sent. 1 d.8 q.4 a. 1.2; d.24 q.l

a.l; In De hebdom. lect.2; Cont. Gentes 1 22; 2 52; De




Pot. q.7 a.2; De spir. creat. a.l; Quodl. 2 q.2 a.l.


Objeciones por las que parece que en Dios no es lo mismo esencia y existencia:

1.



De ser así, nada se añadiría al ser divino. Como quiera que el ser al que

no se le añade nada no es más que el ser

en abstracto aplicable a todo, se sigue

que Dios es el ser en abstracto aplicable

a todo. Pero esto es falso, según aquello

de Sab 14,21: A leños y piedras les impusie- ron aquel Nombre sublime. Por lo tanto, la existencia de Dios no es lo mismo que

su esencia.


2.


Más aún. De Dios podemos saber si existe, como se dijo (q.2 a.2). Pero no qué es. Por lo tanto, no es lo mismo la existencia de Dios que su esencia o natu- raleza, es decir, lo que es.


En cambio está lo que dice Hilario

en VII De Trin.4 El Ser en Dios no es un accidente, sino la verdad subsistente. Lo que subsiste en Dios es su mismo ser.




Solución. Hay que decir: Dios no es sólo su .esencia, como quedó demostrado (a.3), sino también su existencia. Lo cual se puede .demostrar de muchas maneras.

1) Porque todo lo que se da en un ser y no pertenece a su esencia, tiene que ser causado, bien por los principios de su esencia, como ocurre con los accidentes de la especie. Ejemplo: El poder reír es propio del hombre y brota de los princi- pios de su esencia. O bien por algo ex- terno. Ejemplo: El calor del agua está causado por el fuego. Si, pues, en un ser su existencia es distinta a su esencia, es necesario que la existencia de dicho ser esté causada por algo externo a él o por los principios propios de su esencia. No obstante, es imposible que los propios principios de la esencia de un ser causen su existencia, porque todo ser creado no




es causa de su propio existir; por eso, siendo distintas en él esencia y exis- tencia, la existencia tiene que ser cau- sada por otro. Nada de todo esto se puede aplicar a Dios, pues sostenemos que Dios es la primera causa eficiente.


4. S. HILARIO, De Trinitate l.7: ML 10,208.

118


La naturaleza divina


C.3 a.5

Por lo tanto, es imposible que en Dios una cosa sea su existencia y otra su esencia.




2) Existir es la forma o naturaleza en acto. De hecho, la bondad o la humani- dad no estarían en acto si no tuvieran lo que nosotros entendemos por existir. Es necesario, pues, que entre la existencia y esencia en un ser veamos la misma rela- ción que hay entre la potencia y el acto. Como quiera que en Dios nada es po- tencial, como quedó demostrado (a.1), se deduce que en El no hay distinción entre su esencia y su existencia. Así, pues, su esencia es su existencia.


3) Así como lo que tiene fuego y no es fuego es fuego por participación, de la misma forma lo que tiene existencia y no es existencia, es ser por participación. Por su parte, Dios es su esencia, como quedó demostrado (a.3). Si, en cambio, no fuera su propia existencia, sería ser por participación, no por esencia. Tam- poco sería el primer ser; y sostener esto es absurdo. Por lo tanto, Dios es su pro- pio existir y no sólo su esencial


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Algo a lo que no se añade nada es una expresión que puede entenderse de dos maneras. Una, cuando por naturaleza no se admite algo. Ejem- plo: Propio del animal irracional es que no tenga razón. Otra, cuando no se aña- de nada a algo porque por naturaleza no hay por qué hacerlo. Ejemplo: El animal


en general no tiene razón porque no es de su naturaleza tenerla, como tampoco


no tenerla. El primer sentido expresado, ser sin adición, corresponde al ser divi- no; el segundo, al ser en general.


2.


A la segunda hay que decir: Ser pue- de tener dos sentidos. Uno, con el signi- ficado de existir; otro, con el significado

de unión en una proposición, esto es, cuando el entendimiento une el predica-

do con el sujeto. Con la primera acep-

ción de ser no podemos conocer el ser

de Dios, tampoco su esencia. Pero con

la segunda acepción sí, pues sabemos que

la proposición que hacemos de Dios al

decir Dios existe, es verdadera. Esto lo sabemos por sus efectos, como quedó dicho (q.2 a.2).




ARTICULO


5


Dios, ¿pertenece o no pertenece a algún género?


De ente et ess. c.6; In Sent. l.1 d.8 q.4 a.2; d.19 q.4 a.2; Compend. Theol. c.12.13.14; Cont. Gentes 1 24.25;


De pot. q.7 a.3.


Objeciones por las que parece que Dios pertenece a algún género:

1.



Sustancia es el ser que subsiste por sí mismo. Esto corresponde sobre todo a Dios. Por lo tanto, Dios pertene- ce al género de la sustancia.


2. Más aún. Cada cosa se mide por algo de su género. Así, las distancias por la longitud; las cantidades por el núme- ro. Pero Dios es la medida de todas las sustancias, como demuestra el Comenta- rista


5e

en X Metaphys.6 Por lo tanto, Dios pertenece al género de la sustancia.




5. La palabra latina Commentator, en español tiene doble equivalencia: comentador, y entonces indica aquella persona que comenta, conversa sobre algo, pudiendo incluso fabular. Y Comenta- rista, indicando aquella persona que analiza científicamente algo y pone sus resultados por es- crito. Consecuentemente, y por tratarse de esta segunda equivalencia, hay que traducir Comenta- rista. (N. del T.)


6. AVERROES, Comm. 7 (VIII, 257A).


d. Los comentaristas han interpretado diversamente a S. T. acerca de su pensamiento sobre

la esencia metafísica de Dios. Pero su idea parece sencilla. «Su esencia es existir», dice aquí. «Su ser mismo es su esencia», decía ya en In Sent. 1 d.8 q.1 a.1. «La existencia es la actualidad de todos los actos, es la perfección de todas las perfecciones» (De Pot. q.7 a.2 ad 9). De ahi que

Yahveh, el que es, sea su verdadero nombre (1 q.13 a.11). Anda lejos de concebir a Dios como

un ser abstracto y universal, al estilo panteísta neoplatónico. Lo piensa como un ser en plenitud,

en el culmen de toda posible perfección, cuya esencia se identifica con su propia existencia. Su ser es existir. Por lo mismo, será un ser personal, o mejor, tri-personal (cf. 1 qq.29ss). Por con- traposición, enseñará en repetidas ocasiones que en todo ser creado hay una disociación entre

esencia y existencia. Cf. 1 q.4 a.1 ad 3; q.13 a.11; q.44 a.1; q.50 a.2 ad 3; q.54 a.3. Esta doctrina

es fundamental en el pensamiento tomista y eje de todo su tratado sobre Dios.


e. Se refiere a Averroes (Ibn Rushd), filósofo árabe, nacido en Córdoba en 1126 y fallecido

en Marruecos en 1198. Tomás conocia sus célebres comentarios a Aristóteles. Para conocer su pensamiento cf. M. CRUZ HERNÁNDEZ, La filosofía árabe (Madrid 1963) p.251-356; J. FERRATER





C.3 a.5


Sobre la simplicidad de Dios

119



En cambio, según nuestro entender, el género es anterior a su contenido. Pero ni en la realidad ni en el entender algo es anterior a Dios. Por lo tanto, Dios no pertenece a género alguno.


Solución. Hay que decir: Se pertenece a un género de dos maneras. 1) Una, propia y directamente, como las especies de un género. 2) Otra, por reducción, como los principios y las privaciones. Por ejemplo, el punto y la cantidad se reducen al género de la cantidad como a su principio; o la ceguera, y toda priva- ción también, que se reduce al género del hábito. De ninguna de estas dos ma- neras pertenece Dios a un género.


Hay tres razones que demuestran que Dios no puede ser especie de género al- guno. 1) La primera, porque la especie consta de género y diferencia. La rela- ción que hay entre aquello de lo que se toma la diferencia que constituye la es- pecie y aquello de lo que se toma el gé- nero es siempre la misma a la que se da entre el acto y la potencia. Así, al llamar

al hombre animal racional, animal se toma, por concreción, de la naturaleza sensitiva, puesto que por tener naturale- za sensitiva se le llama a algo animal.




Nacional se toma de la naturaleza intelec- tiva, puesto que por tener razón se le llama a algo racional. Lo intelectivo se compara a lo sensitivo como el acto a la potencia. Algo parecido sucede clara- mente con otras cosas. Como quiera que en Dios no hay potencia que añadir al acto, es imposible que pertenezca tanto a un género como a una especie. 2) La se- gunda, porque siendo Dios su propia


esencia, como quedó demostrado (a.4),

si perteneciera a algún género, necesaria-

mente el género sería ser, ya que género

significa esencia de una cosa, pues está

en aquello por lo que algo es lo que es. El Fi- lósofo en III Metaphys.7 demuestra que

el ser no puede tener género alguno,




pues todo género tiene diferencias que

no pertenecen a su esencia, ya que no

puede haber diferencia que no sea ser,

porque el no ser no puede ser diferencia.

Se deduce de ahí que Dios no pertenece

a ningún género. 3) La tercera, porque

todas las cosas que pertenecen a un gé-

nero, tienen en común la esencia de di-

cho género, que es lo que se dice de

aquello por lo que algo es lo que es. En cam- bio, se diferencian en el ser, pues no es

lo mismo el ser del hombre que el ser

del caballo, ni el ser de este hombre, ni

el ser de aquel hombre. Así, es necesario

que en las cosas de un mismo género se distinga el ser de aquello por lo que es lo

que es, es decir, la esencia. Como quedó demostrado (a.4), en Dios no hay dife-

rencia. De donde se sigue claramente

que Dios no pertenece a ningún género

ni a especie alguna. Con todo esto queda patente que no tiene género ni diferen-

cia; tampoco definición ni demostración

a no ser por los efectos, porque la defi- nición contiene género y diferencia; y la definición es la base de la demostración.

Que Dios como principio no pertenece a género alguno por reducción, queda cla-

ro por el hecho de que todo principio

que se reduce a un género no va más

allá de dicho género; como el punto no

es más que principio de la cantidad con-

tinua, y la unidad lo es de la alterna.

Dios es principio de todo ser como se demostrará (q.44 a.1). De ahí que no pertenezca a ningún género como prin-

cipio.



Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: La palabra sustancia


no significa solamente lo que subsiste por sí mismo, pues lo que es ser en cuanto tal no es género, como se demos- tró (sol.). Sino que significa la esencia a la que corresponde ser así, esto es, ser por sí misma. Sin embargo, el ser no es su misma esencia. De este modo queda


7. ARISTÓTELES, 2 c.3 n.8 (BK 998b22): S. Th. lect.8 n.432.

MORA, Dice, de Filosofía (Barcelona




51965) p. 162-164; G. FRAILE, Historia de la Filosofía II (Ma-


drid 1960) p.575-670.

Cuando por todas partes en la Edad Media no se veían sino peligros en las nuevas corrien-




tes filosóficas provenientes de los judíos y árabes, Santo Tomás adoptó una actitud de apertu-

ra. Lejos de ponerse a la defensiva, quiso conocerlas a fondo asumiendo de ellas lo que juzgaba

positivo. Era la postura de la naciente Orden de Predicadores y Tomás la heredó directamente

de San Alberto. Cf. S. GÓMEZ NOGALES, Filosofía musulmana y humanismo integral en S. T.: Mis- cell Comill 47-48 (1967) 299-364 donde se hallará abundante bibliografía; C. VANSTEENKISTE,



Autori arabi e giudei nell'opera di San Tommaso: Angelicum 37 (1960) 336-401.



120


La naturaleza divina




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