Santo tomas de aquino



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C.119a.1


leza puede tomarse en dos sentidos: 1) Uno, universalmente, tomándolo por la esencia específica. 2) Otro, según que está en un individuo determinado. A la esencia de una naturaleza tomada en sen- tido universal pertenecen su forma y su materia concebidas en abstracto. Pero al constitutivo de la naturaleza considerada en un individuo particular pertenece la materia asi particularizada y la forma in- dividualizada por tal materia. Ejemplo: Del constitutivo de la naturaleza huma- na en abstracto son el alma y el cuerpo, pero del de la naturaleza humana en Pe- dro o en Martín son esta alma y este cuerpo.


Sin embargo, hay seres cuyas formas no pueden estar más que en una sola materia determinada, como la forma del sol no puede salvarse a no ser en la ma- teria que es su sujeto en acto. Conforme a esto, algunos supusieron que la forma humana no puede subsistir a no ser en una sola materia determinada, esto es, en aquella materia que al principio fue por ella misma informada en el primer hom- bre. De tal forma que lo que se añadió, al margen de lo transmitido del primer padre a sus sucesores, no pertenece a la esencia de la naturaleza humana, por cuanto no recibe verdaderamente la for- ma de la misma. Pero aquella materia que en el primer hombre fue sujeto de la forma humana, se multiplica en sí mis- ma, y así se forma, del cuerpo del pri- mer hombre la multitud de todos los otros cuerpos humanos. Según los de- fensores de esta opinión, el alimento no se convierte en algo real de la naturaleza humana, sino que ésta lo toma como un remedio de la naturaleza con el que se pueda resistir para que la acción del ca- lor natural no consuma el húmedo radi- cal, como se agrega plomo o estaño a la plata para que ésta no sea consumida por el fuego.


Esta hipótesis no tiene razón de ser por muchos conceptos. 1) En primer lu- gar, porque una misma es la razón de


que alguna forma pueda recibirse en otra materia y de que pueda dejar de es- tar en la suya propia, razón por la cual todo lo generable es corruptible, y al re- vés. Es evidente que la forma humana puede desaparecer de la materia que en


cualquier momento es su sujeto, pues de otro modo no sería corruptible el cuer- po humano. Por lo tanto, puede sobre- venir a tal forma otra materia, con lo cual dicha materia pasaría a ser del cons- titutivo real de la naturaleza humana.

2) En segundo lugar, porque en los casos en que la materia está toda en un indivi- duo, se da un solo individuo en cada es- pecie, como acontece en el sol y la luna. En esta hipótesis no habría más que un individuo de la especie humana. 3) En tercer lugar, porque no se concibe aumen- to de materia sino sólo respecto de la cantidad, como sucede en los fluidos va- porizados, cuya materia adquiere mayores dimensiones; o respecto también de la misma sustancia de la materia. Pero, per- maneciendo única la misma sustancia de la materia, no puede decirse propiamente que ésta se multiplique. Porque una cosa consigo misma no hace multitud, la cual exige esencialmente alguna división. Por eso, para la multiplicación de la materia es necesario que se le añada alguna otra sustancia, ya sea por creación, ya por conversión de otra cosa en ella. Ejem- plo: Para el aumento de la materia se re- quiere o su evaporización, como es el caso del agua, o la conversión de otra cosa en ella, como es el aumento del fuego cuando se le añade leña, o la crea- ción de nueva materia. Es evidente que el aumento de materia en los cuerpos humanos no se verifica por evaporiza- ción, pues de este modo los cuerpos de los hombres en la edad madura serían más imperfectos que los de los niños. Tampoco se hace por creación de nueva materia, porque, según Gregorio




6, todas las cosas fueron creadas a un mismo tiempo en lo que se refiere a la sustancia de la materia, aunque no en lo que se refiere a la especie de su forma. Hay que concluir, por tanto,

que el aumento del cuerpo humano no

se verifica más que cuando el alimento

se convierte en verdadera naturaleza hu-

mana. 4) En cuarto lugar, porque, no di- ferenciándose el hombre de los animales

y las plantas en cuanto al alma vegetati-

va, se seguiría que tampoco los cuerpos

de los animales y de las plantas aumenta-

rían por conversión del alimento en el

cuerpo alimentado, sino por cierta multi- plicación. Semejante multiplicación no




6. Moral. l.32 c.12: ML 76,644.

C.119 a.1


La propagación humana: el cuerpo

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podría ser natural, porque la materia en cuanto tal no se extiende más que a una determinada cantidad. Por otra parte, no vemos que se dé algún otro caso de cre- cimiento natural que no sea por evapori- zación o por conversión de otra cosa. Se seguiría de esta hipótesis que todo el re- sultado de las funciones generativas y nutritivas, que se llaman potencias natura- les, sería milagroso. Esto es completa- mente inadmisible.


Otros dijeron que la forma humana puede originarse de nuevo en alguna otra materia, si se habla de la naturaleza humana en abstracto. Pero que esto no es posible si se trata de la naturaleza hu- mana tal como está en un individuo de- terminado, en el que la forma humana permanece fija en la materia particular concreta en la que originariamente se in- fundió en la generación de tal individuo, de tal modo que nunca desaparece de di- cha materia hasta la corrupción completa del individuo. Dicen que ésta es la mate- ria que principalmente pertenece al cons- titutivo de la naturaleza humana. Sin embargo, como esta materia no basta para la cantidad debida, se requiere más materia por conversión del alimento en sustancia del alimentado, tanta cuanta sea necesaria para el debido desarrollo. Dicen que esta materia pertenece secun- dariamente a la esencia de la naturaleza humana, pues no se requiere para el ser primero del individuo, sino para la can- tidad del mismo. Si por el alimento se añade algo más que esto, propiamente hablando ya no pertenece a la esencia de la naturaleza humana.


También esto es insostenible. 1) Pri- mero, porque en esta opinión se juzga del mismo modo sobre la materia de los cuerpos vivientes y de los inanimados, siendo así que estos últimos, aunque tie- nen capacidad para engendrar semejantes a sí mismos en la especie, sin embargo, no la tienen para engendrar semejantes a sí mismos en el orden individual, como lo hace la potencia nutritiva en los seres vivientes. Por lo tanto, nada se añadiría a los cuerpos vivos por la potencia nu- tritiva si el alimento no se convirtiera realmente en el constitutivo de la natu-


raleza de los mismos. 2) En segundo lu- gar, porque la virtud activa que hay en


el semen es cierto impulso que proviene del alma de quien engendra, como diji- mos anteriormente (q.118 a.1).


Así, pues, no podrá ser de mayor eficacia al obrar que la misma alma de la que se deriva. Si por la virtud del semen una materia recibe la forma humana, con mayor motivo el alma podrá con su po- tencia nutritiva imprimir la verdadera forma de naturaleza humana en la sus- tancia nutritiva unida a sí. 3) En tercer lugar, porque de la nutrición se necesita no sólo para el desarrollo (de no ser así, cuando cesa éste no sería ya necesaria), sino también para restaurar aquello que

se pierde por la acción del calor natural. Pero no habría tal restauración si lo que

se engendra del alimento no reemplazara

lo perdido. Por lo tanto, como la mate-

ria que había inicialmente pertenece al constitutivo real de la naturaleza huma-

na, así pertenece también la que se en- gendra del alimento.




Hay que afirmar, según otros


7, que el alimento se convierte realmente en cons- titutivo de la naturaleza humana, en cuanto que recibe verdaderamente la forma de carne y de huesos y de otras partes. Esto mismo lo dice el Filósofo

en II De Anima




8: El alimento nutre en cuanto que es virtualmente carne.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: El Señor no dice


que todo lo que entra en la boca vaya a la letrina, sino que es preciso que de todo alimento se arroje lo impuro. También puede decirse que todo lo que del ali- mento se engendra puede disolverse por el calor natural y ser expulsado por po- ros ocultos, como dice Jerónimo


9.

2.




A la segunda hay que decir: Algu-

nos



10, por carne según la especie enten- dieron aquello que primero tiene forma humana, después de ser recibido del ge- nerante. Y dicen que permanece mien- tras dura el individuo. Por carne según la materia entienden lo que se engendra del alimento. Y dicen que esta carne no permanece siempre, sino que, lo mismo que viene, se va. Pero esto va contra el pensamiento de Aristóteles


11. Pues dice:

7. Cf. AVERROES, In de Gener. l.1 comm.38


(V,358H).


8. ARISTÓTELES, c.4 n.13 (BK


416b9): S. Th. lect.9 n.340.


9. In Matth. l.2 a 15,17: ML 26,112.


10. Cf. S. BUENAVEN-


TURA, In Sent. l.2 d.30 a.3 q.2 (QR 11,735).


11. ARISTÓTELES, De Gener. l.1 c.5 n.14 (BK


321b20): S. Th. lect.16 n.3.

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Conservación y gobierno de las cosas por Dios


C.119 a.2


Como todo lo que tiene especie en la materia, por ejemplo en la madera o en la piedra, así


en la carne esto es según la especie y aquello según la materia. Es evidente que la dis- tinción hecha no tiene lugar en la cosas inanimadas, las cuales no se engendran seminalmente ni se nutren. Y, por otra

parte, uniéndose lo que se engendra del alimento al cuerpo nutrido a modo de mezcla, como el agua con el vino, ejem-

plo que pone el Filósofo


12, no es posible que sean distintas naturalezas la de lo que se ha convertido y la de aquello en que se ha convertido, habiéndose hecho ya una sola cosa por verdadera mezcla. Por eso, no hay razón alguna para que una de estas cosas se consuma por el ca- lor natural y la otra permanezca.


Puestos en otra dimensión hay que decir que la distinción hecha por el Filó- sofo ha de entenderse no según diversas carnes, sino según una diversa conside- ración de la misma carne. Pues, si se considera la carne según la especie, se- gún lo que es formal en ella, siempre permanece, pues permanece siempre la naturaleza de la carne y la disposición natural de la misma. Pero si se considera

la carne según la materia, no permanece, sino que va consumiéndose y restaurán- dose paulatinamente, como se ve en el fuego de un horno, cuya forma de fuego permanece, en tanto que la materia se consume poco a poco y es reemplazada por otra.




3.


A la tercera hay que decir: En el hú- medo radical está incluido todo aquello en que radica la virtud de la especie; y, su- primido todo esto, no puede restablecer-

se, como en el caso de amputarse el pie,

o la mano. Pero por el húmedo nutrimental

se entiende aquello que todavía no ha llegado a recibir perfectamente la natura-

leza de la especie, sino que está en vías

de recibirla, como la sangre y otras par-

tes semejantes. Por eso, aunque esto se pierda, permanece todavía la virtud de la

especie en su raíz, que no se pierde.




4. A la cuarta hay que decir: Toda vir- tud activa del cuerpo pasible se debilita por la acción continua, por cuanto esta clase de agentes son, al mismo tiempo, pacientes. Por esto, la virtud transforma- tiva al principio es tan fuerte, que puede


convertir en su sustancia no sólo lo que basta para reparar lo perdido, sino tam- bién para el crecimiento. Pero después no puede convertir sino lo que basta para reparar las pérdidas; y entonces cesa el crecimiento; y, por último, falta totalmente la virtud, y el animal muere. Al igual que la virtud del vino, para convertir el agua que se le mezcla, se va debilitando gradualmente por la mezcla hasta que, por fin, se hace totalmente acuoso, como explica el Filósofo en I De Generat.


13


5. A la quinta hay que decir: Como dice el Filósofo en I De Generat.14, cuan- do una materia se convierte en fuego por sí misma, se dice que se engendra fuego de nuevo; pero si se convierte en fuego preexistente, se dice que el fuego se nutre. Por tanto, si toda la materia pierde simultáneamente la naturaleza es- pecífica del fuego y otra materia se con- vierte en fuego, este fuego será numéri- camente distinto. Pero si la leña se va quemando y sustituyendo gradualmente hasta que no quede nada de lo primero, el fuego permanece siempre numérica- mente uno, pues lo que se añade se con- vierte siempre en lo que ya existe. Esto mismo se ha de entender en los cuerpos vivientes, en los que por nutrición se re- para lo que por calor se consume.


ARTICULO


2


El semen, ¿está o no está hecho de lo sobrante del alimento?


In Sent. l.2 d.30 q.2 a.2


Objeciones por las que parece que el semen no está hecho de lo sobrante del alimento, sino que es de la misma sus- tancia del que genera:


1. Dice el Damasceno


15: La genera- ción es obra de la naturaleza, que de la sus- tancia del que engendra produce lo que es en-


gendrado. Pero lo que se engendra, se en- gendra de la sustancia geminal. Por lo tanto, el semen se forma de la sustancia del que engendra.


2.


Más aún. El hijo se asemeja al pa- dre por lo que de él recibe. Pero si la sustancia seminal de la que algo se en- gendra procede del sobrante del alimen-


12. ARISTÓTELES, l.c. nota 11.

13. Ib.

14. Ib.

15. De Fide Orth. l.1 c.8: MG


94,813.


C.119 a.2


La propagación humana: el cuerpo

991



to, no se recibiría nada de los abuelos y otros progenitores en los que de ningún modo estuvo tal alimento. Por lo tanto, no se parecería uno más a sus abuelos y progenitores que a otros hombres.


3.


Todavía más. El alimento del que engendra procede a veces de carnes bo- vinas o porcinas o de cualquier otro tipo. Por lo tanto, si la sustancia seminal procediese del sobrante de tales alimen- tos, el hombre de ella engendrado ten- dría mayor afinidad con estos animales que con sus progenitores y consanguí- neos.


4.

Por último. Dice Agustín en X Super Gen. at litt.




16: Estuvimos en Adán no sólo según la razón seminal, sino también se- gún la sustancia corporal. Pero no sería así


si la sustancia seminal procediera del so- brante del alimento. Por lo tanto, esta sustancia no procede de lo sobrante del alimento.


En cambio está lo que el Filósofo prueba muchas veces en el libro De Ge- nerat. Animal.


17: El semen proviene de lo sobrante del alimento.


Solución. Hay que decir: La solución a este problema depende, de alguna mane- ra, de lo dicho anteriormente (a.1; q.118 a.1). Si en la naturaleza humana hay ca- pacidad para comunicar su forma a otra materia, no sólo en otro, sino en el mis- mo individuo, es evidente que el alimen-

to, desemejante antes, se hace semejante después por la nueva forma adquirida.

Es de orden natural que una cosa se re- duzca gradualmente de la potencia al acto. Así, en las cosas que son engendra- das vemos que todo es imperfecto en un principio y después se perfecciona. Aho-

ra bien, lo común es, respecto de lo pro- pio y concreto, como lo imperfecto res- pecto de lo perfecto. Por eso vemos que en la generación del animal se adquiere




antes la naturaleza de animal que la de hombre o caballo


b. Así también el ali- mento recibe primero una virtud común respecto de todas las partes del cuerpo, y, al final, se concreta en ser esta parte o la otra.


Pero no es posible que se destine a ser sustancia seminal aquello que se ha convertido ya en sustancia de los miem- bros por asimilación. Porque lo ya asi- milado, si no conservara la naturaleza de aquello de que se ha asimilado, dejaría de ser de la naturaleza del que engendra,

al estar en vías de corrupción. Por lo mismo, no tendrá capacidad para con- vertir otra cosa en semejante naturaleza. Pero si conservara la naturaleza de aque- llo de que se ha asimilado, entonces es- taría determinado a ser tal parte, y no tendría capacidad de transformarse en la naturaleza de otras partes del todo, sino solamente en la de una parte, a no ser que se diga que se ha asimilado de todas las partes del cuerpo y que retiene la na- turaleza de todas ellas. De ser así, el se- men sería ya en acto como un animal en miniatura, y la generación de un animal por otro no se daría más que por divi- sión, como del barro sale barro. Pero esto es inadmisible.




Por lo tanto, hay que concluir que el semen no es seccionado de lo que de he- cho era ya un todo, sino que es un todo en potencia, es decir, con capacidad para la producción de todo el cuerpo, capaci- dad que deriva del alma del que engen- dra como dijimos (a.l; q.118 a.l). Pero lo que está en potencia para el todo es aquello que se engendra del alimento an- tes de que éste se convierta en sustancia de alguno de los miembros. De esto se forma el semen. Así es como se dice que la virtud nutritiva suministra a la gene- rativa; porque lo que ha sido transfor- mado por la virtud nutritiva, lo utiliza la


16. C.20: ML 34,424.

17. ARISTÓTELES, l.1 c. 18 (BK 726a26).




b. Sto. Tomás alude aquí a su tesis de la animación gradual, como puede verse en Cont.

Gentes 2,84; 3,44; De pot. q.3 a.9. Cf. BARBADO, M.: ¿Cuándo se une el alma al cuerpo?: Revista de Filosofía 2 (1943) 7-60. La razón que mueve a Sto. Tomás es la consideración de que el

alma humana, de acuerdo con Aristóteles, es el «acto primero de un cuerpo natural orgánico»



(In De anima l.2, lect.1). La idea de «orgánico» parece que debe entenderse como equivalente

a «organizado», es decir, dotado de los instrumentos propios de la forma o acto primero. El

alma no existe con anterioridad a ese momento. El punto importante es que, para Sto. Tomás,

no cabe animación humana mientras no haya una organización embrional adecuada a la forma humana. De ahí que admita la sucesión del alma vegetativa y de la sensitiva antes de que apa- rezca el alma humana. Esta última, siguiendo a Aristóteles, viene de fuera (Cont. Gentes 2,89).



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Conservación y gobierno de las cosas por Dios


C.119 a.2

virtud generativa como semen. Una prueba más de esto la ve el Filósofo


18


en el hecho de que los animales muy corpu- lentos, que necesitan mucho sustento,

son de sustancia seminal escasa en pro- porción al volumen de sus cuerpos; y

son poco prolíficos. Esto sucede tam- bién en los hombres obesos, por la mis- ma causa.


Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Se dice que en los


animales y plantas la generación se hace de la sustancia del que engendra, en cuanto que del alma de éste recibe el se- men su virtud formativa; además, en cuanto que el semen está en potencia para pertenecer a la sustancia del que en- gendra.


2.


A la segunda hay que decir: La se- mejanza entre el que engendra y el en- gendrado no se hace en virtud de la ma- teria, sino en virtud de la forma del agente, que engendra lo semejante a sí.

Por eso, para que uno se asemeje al abuelo, no es necesario que haya estado

en éste la materia corporal de la sustan-

cia seminal. Es suficiente con que en esta sustancia haya alguna virtud deriva-

da del alma del abuelo a través del padre.


3. A la tercera hay que decir: Se puede responder lo mismo. Pues la afinidad no se toma según la materia, sino, más bien, según el influjo de la forma.


4. A la cuarta hay que decir: Lo dicho por Agustín no hay que entenderlo en el sentido de que en Adán estuviesen real- mente ni la razón seminal próxima de tal hombre ni su sustancia corpórea, sino en el sentido de que ambas cosas estuvieron en él en cuanto a su origen. Pues de Adán derivan tanto la materia corporal, que es suministrada por la madre, y que llama sustancia corporal, como también la virtud activa existente en la sustancia seminal del padre, que es la razón semi- nal próxima de este hombre concreto.


De Cristo se dice que estuvo en Adán según la sustancia corporal, pero de nin- gún modo según la razón seminal, ya

que la materia de su cuerpo, que fue su- ministrada por la Virgen Madre, deriva-

ba de Adán. Pero no así la virtud activa, porque su cuerpo no fue formado por

virtud de sustancia seminal de varón, sino por la acción del Espíritu Santo. Tal parto le correspondía a El, QUE ES DIOS BENDITO SOBRE TODAS LAS COSAS POR SIEMPRE. AMÉN.




18. Ib.

SE TERMINO DE IMPRIMIR ESTA CUARTA EDICIÓN DEL VOLUMEN PRIMERO DE LA «SUMA DE TEOLOGÍA»,


DE LA BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS, EL DÍA 23 DE MARZO DE 2001, FESTIVIDAD


DE SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, OBISPO, EN LOS TALLERES DE


SOCIEDAD ANÓNIMA DE FOTOCOMPOSICION,


TALISIO, 9. MADRID




LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI




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